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lunes, 14 de marzo de 2022

Isaak Bábel / Petróleo

 



Isaak Bábel


Petróleo

Traducción de Helena Guardia

Tengo, como siempre, muchas cosas que contarte. A Sabsovich le dieron un premio en la refinería, a todos lados va muy atildado con la ropa “extranjera” de relumbrón y lo promovieron. Cuando la gente supo de su ascenso, por fin vieron la luz: el chico está escalando. Por eso dejé de salir con él. “Ahora que ha escalado,” el chico siente que conoce la verdad oculta de todos nosotros los simples y pobres mortales, y se ha convertido en el “Camarada Perfecto”, tan ortodoxo (“ortoboxo”, como dice Kharchenko) que ya no puedes hablar con él. Hace dos días, cuando nos encontramos, me preguntó por qué no lo había felicitado. Le pregunté que a quién debía felicitar, si a él o al gobierno soviético. De inmediato entendió a qué me refería, tosió y tartamudeó, y dijo: “Bueno, llámame algún día.” Pero su esposa, ni tarda ni perezosa, recogió la indirecta. Ayer recibí una llamada. “Claudia, querida, si necesitas ropa interior, ahora tenemos importantes contactos en la Tienda de Acceso Restringido.” Le dije que confiaba en salir adelante con mi propia ración de cupones de ropa interior hasta que la Revolución Mundial estallara.

sábado, 14 de octubre de 2017

Vargas Llosa elogia a Tolstoi al recoger el premio Yásnaia Poliana en Moscú

El escritor Mario Vargas Llosa pronuncia su discurso tras recibir el premio en Moscú.


El escritor Mario Vargas Llosa pronuncia su discurso tras recibir el premio en Moscú. MAXIM SHIPENKOV

Vargas Llosa elogia a Tolstoi al recoger el premio Yásnaia Poliana en Moscú

El Nobel de literatura dijo haber experimentado una “gran influencia” del autor ruso, quien además “estuvo profundamente implicado en los problemas de su tiempo”


Pilar Bonet
Moscú, 13 de octubre de 2017 

El escritor peruano Mario Vargas Llosa elogió la figura de León Tolstoi el jueves por la noche al recoger el premio Yásnaya Poliana (en su modalidad de literatura extranjera) por su novela Un héroe discreto. En la sala Beethoven del teatro Bolshói de Moscú, donde se celebró la ceremonia, el Nobel de literatura dijo haber experimentado una “gran influencia” del autor ruso, quien además, subrayó, “estuvo profundamente implicado en los problemas de su tiempo”.

domingo, 10 de julio de 2016

Detenida en Moscú una mujer con la cabeza cortada de una niña en la mano

Captura del vídeo donde una mujer sujeta la cabeza de una niña en Moscú

Detenida en Moscú una mujer con la cabeza cortada de una niña en la mano

Según las primeras investigaciones, la arrestada era la niñera de la menor


AGENCIAS
Moscú 29 FEB 2016 - 14:15 COT

La policía rusa ha detenido este lunes en Moscú a una mujer que se ha paseado con una cabeza decapitada en la mano, al parecer de una niña que tenía a su cargo. Horas antes había trascendido que el cuerpo decapitado de una niña había sido hallado en un apartamento de Moscú al ir los bomberos a apagar un incendio.

viernes, 9 de enero de 2015

Karl Schlögel / Moscú, año 1937

Stalin

Moscú, año 1937

La nueva sociedad moscovita que despuntaba en 1937 culminaba con una terrible onda represiva de Stalin



    Vista de Moscú en los años treinta.
    Hay annus mirabilis y annus horribilis. En lo que concierne a la historia de Moscú, capital de la URSS, 1937 fue ambas cosas y ello es lo que realza su significación, comparable en ese sentido a lo que representó 1968 para la historia europea. No fue precisamente el azar lo que en uno y otro caso dio lugar al haz de convergencias. Por una parte, el proceso de mutaciones económicas soviéticas iniciado tras la deskulakización y la hambruna de 1932-1933 permitía que por primera vez despuntase el alumbramiento de la nueva sociedad, y nada mejor que Moscú, la sede del poder, para expresarlo. Pero en la vertiente opuesta, la onda represiva de Stalin, desencadenada tras el asesinato de Kirov, culminaba en 1937 con la puesta en marcha del Gran Terror. El sueño de la conversión de la patria del socialismo en microcosmos del que surgiera la nueva humanidad se trocaba en una pesadilla, en cuyo interior la destrucción física de los hombres iba a superar todo límite imaginable.

    El sueño de la conversión de la patria del socialismo en microcosmos del que surgiera la nueva humanidad se trocaba en una pesadilla
    El magnífico libro de Schlögel lleva el título, tal vez inexacto, de Terror y utopía. Inexacto ante todo porque el autor lo tituló en alemán Terror und Traum, y "Traum" es sueño, no utopía. La dimensión utópica resulta innegable, en cuanto supuesto ideológico fundacional de la Rusia comunista, pero los rasgos de la transformación —desde la planificación de Moscú hasta un fingido consumo de masas— encajan más en el sueño de poder del estalinismo. Como prueba Schlögel al analizar uno tras otro los haces de esa realidad, al modo de las categorías filosóficas del islam siempre impregnadas de religión, cada relato en apariencia positivo encierra el desenlace terrible de la represión, trátese de un congreso de geólogos o del regreso de un patriota exiliado. En esta sucesión de aciertos, el principal consiste en arrancar con la evocación de El maestro y Margarita, de Bulgakov, para hablar sobre la vida de los ciudadanos de Moscú bajo la sombra invisible de la NKVD.
    A favor de una doble centralidad, la de 1937 como punto de encuentro en el tiempo de los procesos, de cambio y de terror, que caracterizan a la Rusia de Stalin, y de Moscú en cuanto espacio —urbano, sociológico, cultural, político— donde aquellos se concentran, Schlögel va desplegando ante el lector las piezas de un puzle de elementos dispares, pero que una vez reunidos generan una imagen compleja en su gestación —¿qué relación podía existir entre la convocatoria de elecciones y el terror de masas?—, y articulada en los resultados, casi sin fisuras.
    El análisis del cronotopos, del marco en que se funden tiempo y espacio siguiendo a Bakhtin, da como balance que procesos opuestos en principio respondan a un proyecto deliberado, el del estalinismo, consistente en la creación de la "unidad del pueblo soviético", por la forja de un nuevo sentimiento comunitario en torno a los logros del socialismo, y la permanente depuración, que evitaría toda tentación de pluralismo y oposición interna. El sueño llevaba dentro la inevitable pesadilla. Conviene recordar que si 1937 registra el cénit del terror asesino, en cuanto al Gulag, el máximo se alcanza en 1953, el año de la muerte de Stalin.

    La onda represiva de Stalin, desencadenada tras el asesinato de Kirov, culminaba en 1937 con la puesta en marcha del Gran Terror
    Una composición múltiple, donde se suceden las aproximaciones al urbanismo y a la historia cultural, el estudio pormenorizado de los dos primeros grandes procesos más la gestación del tercero (punto culminante del libro en lo político, con la reseña de la celebración del 7 de noviembre por Stalin y los suyos) y la monografía sobre la fábrica de automóviles Stalin, tiene inevitablemente sus puntos débiles (la guerra de España, el acomodaticio embajador norteamericano Davies). Por encima de ello, no es solo un libro que "invite a pensar", como sugiere una reseña. Al lado de Los susurrantes, de Orlando Figes, constituye la mejor radiografía de la sociedad soviética bajo Stalin.
    Terror y utopía. Moscú en 1937. Karl Schlögel. Traducción de José Aníbal Campos. Acantilado. Barcelona, 2014. 999 páginas. 45 euros



    viernes, 26 de diciembre de 2014

    Antonio Muñoz Molina / Lugares públicos



    Lugares públicos

    Cuanto menos se consideren los hechos, con rigor contrastado, más prevalecerán los exabruptos, la incompetencia práctica en el ejercicio del poder, los desatinos colectivos


    Antonio Muñoz Molina
    26 de diciembre de 2014

    Como dentro de poco me iré para una larga temporada, paseo por unas cuantas ciudades españolas fijándome instintivamente en lo que más me gusta, en lo que se me volverá más valioso cuando lo examine en el recuerdo y tal vez lo añore. Es raro hablar afirmativamente de algo en España, quizá porque la toxicidad de la atmósfera política lo impregna casi todo, y la política se hace en nuestro país sobre todo a base de furiosas negaciones, cuya finalidad parece más irritar al contrario que comprender la realidad y buscar maneras racionales y no delirantes de mejorarla. Observar la realidad con sentido común y con las herramientas adecuadas para evaluarla —más números y menos palabras, quizá— parecería la condición mínima para formar opiniones personales y tomar decisiones políticas; además, cuanto más información objetiva se maneje, más fácil será ponerse de acuerdo en lo evidente y reducir a sus términos adecuados y beneficiosos el espacio para la discordancia. Como decía el senador demócrata Daniel Patrick Moynihan, las personas tienen pleno derecho a sus propias opiniones, pero no a sus propios hechos. Y cuanto menos se consideren y se evalúen los hechos, con rigor contrastado, más prevalecerán los exabruptos, la incompetencia práctica en el ejercicio del poder, los desatinos colectivos.
    Estas semanas de viajes me ha acompañado por los hoteles y los trenes un libro pavoroso, Terror y utopía: Moscú en 1937, de Karl Schlögel, traducido por José Aníbal Campos para Acantilado. Con su bibliografía enorme y sus notas copiosas, el libro tiene casi mil páginas, y casi ninguna de ellas deja de ser aterradora. Schlögel concentra su lupa erudita de historiador en una sola ciudad, en un solo año, el del despliegue máximo de las purgas de Stalin, fijándose en detalles singulares en los que nadie más ha reparado: por ejemplo, en el estudio de ediciones sucesivas de los directorios y las guías de teléfonos de Moscú, que de un año a otro sufrían variaciones espectaculares, según arreciaba la carnicería de las persecuciones y desaparecían de golpe millares de nombres.
    Schlögel cuenta el caso más extremo que conozco de negación política de la realidad. A principios de enero de 1937 se emprendió la tarea inmensa de completar el censo de toda la Unión Soviética. Durante meses, los dirigentes del Partido Comunista y los medios oficiales —todos— habían anticipado un aumento de población que desbordaría a los países capitalistas, minados por la decadencia, y mostraría el progreso de bienestar y riqueza logrado al cabo de 20 años de revolución. Pero cuando llegaron los resultados, el censo se declaró secreto y los demógrafos y estadísticos responsables de su organización fueron fusilados de inmediato o murieron en el cautiverio de los campos. La razón se supo muchos años después, cuando el censo escondido y nunca usado se rescató de los archivos, en los años noventa. Resultó que la población real no había crecido hasta los 172 millones como tan triunfalmente se había anunciado, sino que se había reducido enormemente, por culpa de la guerra civil, de las hambrunas desatadas por la colectivización forzosa de la agricultura, de la mortalidad infantil, de las matanzas políticas, de las condiciones atroces de vida en los campos de prisioneros en los que se reinventó el trabajo esclavo para completar a pico y pala colosales obras públicas que en muchos casos no sirvieron de nada. Tan solo en 1933 habían muertos seis millones de personas por encima de la media estadística de defunciones.
    El libro de Schlögel agrava los insomnios de los hoteles. Nada mejor que los eslóganes y los sambenitos para desacreditar las facetas inconvenientes de la realidad. Soy consciente de que todavía hoy, en España, habrá personas que me llamen reaccionario o incluso fascista —los adjetivos son gratis— por citar esos hechos, esas cifras ofensivas. Me acuerdo del dictamen de Orwell sobre el esfuerzo constante que es necesario para ver lo que está delante de los ojos. No es casual que las ideas liberales y democráticas surjan al mismo tiempo y más o menos en los mismos lugares que el empirismo científico. No hay ciudadanía sin racionalidad. La vida del mayor número posible de personas puede mejorarse duraderamente con políticas a la vez imaginativas y sensatas que fortalezcan lo público al mismo tiempo que respeten y protejan el albedrío individual, las iniciativas comunales de los ciudadanos.
    En cada ciudad a la que voy visito librerías, bibliotecas, algún museo, espacios públicos. Es una obligación cívica observar y denunciar lo que se ha hecho muy mal, pero no lo es menos celebrar lo bien hecho, agradecer lo logrado, velar para que no se degrade o se pierda. En Bilbao vuelvo a la extraordinaria biblioteca municipal de Bidebarrieta, con su lujo austero de maderas labradas, su atmósfera de ilustración liberal sostenida desde las guerras civiles del XIX, prolongada hasta ahora mismo. Y a la mañana siguiente, bajo una llovizna que no llega a ensombrecer la ciudad y le da brillos de charol al asfalto y resalta los amarillos de las hojas, paso unas horas en el admirable Museo de Bellas Artes, que tiene una sobriedad acogedora y contemplativa, solo alterada de vez en cuando no por masas de turistas errantes, sino por grupos de escolares que atienden explicaciones en castellano o en euskera. Conocí la Bilbao de finales de los años setenta, con su niebla de contaminación, su herrumbre de decadencia industrial, sus muros sucios de pintadas celebrando el crimen: nadie habría imaginado entonces que Bilbao pudiera convertirse en la ciudad que es ahora y no en otra versión espectral de Detroit.
    El espacio público de una plaza o una calle es el mismo de la librería y de la biblioteca. Libros tangibles y presencias humanas reales corrigen el ensimismamiento de lo virtual, el hipnotismo solitario de las superficies lisas y las pantallas luminosas. Librerías mejores que la mayor parte de las que sobreviven en Nueva York pueden encontrarse en capitales españolas que no son ni Barcelona ni Madrid. Me acordaré de la librería Ramon Llull, de Valencia; de Antígona y de Los Portadores de Sueños, en Zaragoza; de la espléndida Luz y Vida, en Burgos: cada una de ellas regentada por libreros vocacionales y tenaces, tan entregados a su trabajo como los bibliotecarios al suyo en las bibliotecas públicas. He vuelto a la Jaume Fuster en la plaza de Lesseps de Barcelona, con su limpia arquitectura de paredes blancas y ventanales, y a la gran biblioteca de Toledo, colgada tibetanamente sobre los barrancos del río y los murallones del Alcázar. En Burgos, en un salón de actos del Museo de la Evolución Humana, me he encontrado con una comunidad, mayoritariamente femenina, de clubes de lectura, y después me he dejado guiar por Juan Luis Arsuaga, cada vez más despeinado, más canoso, más sabio, más entusiasta de la actualidad del paleolítico, a través de los espacios interiores de ese edificio, uno de los que más me gustan de Juan Navarro Baldeberg.
    Tantas cosas logradas, con tanto esfuerzo, tan bien hechas, tan habitadas, siempre tan en peligro: la falta de ayudas a las librerías y a la industria del libro, los recortes miserables en los presupuestos de las bibliotecas. Será mejor ver a tiempo la realidad de lo valioso que añorar luego en vano lo que no se supo defender.
    Terror y utopía: Moscú en 1937. Karl Schlögel. Traducción de José Aníbal Campos. Acantilado. Barcelona, 2014. 998 páginas. 45 euros

    lunes, 8 de julio de 2013

    Tilda Swinton enarbola la bandera arco iris frente al Kremlim


    Tilda Swinton, en Moscú, durante la protesta.
    Tilda Swinton, en Moscú, durante la protesta.

    Tilda Swinton enarbola la bandera arco iris frente al Kremlim

    La actriz protesta contra ley rusa que permitirá sancionar la información sobre "relaciones sexuales no tradicionales"


    8 de julio de 2013

    No hay duda de que Tilda Swinton, ganadora de un Oscar, es una actriz comprometida. Lo ha demostrado en más de una ocasión. Su último gesto ha sido fotografiarse enarbolando la bandera del arco iris frente al Kremlim de Moscú en defensa de la comunidad de lesbianas, gay, bisexual y transgénero (LGBT), que vive asediada de Rusia. La imagen se ha convertido en un fénomeno en viral en las redes sociales. "En solidaridad desde Rusia con amor”, declaró la actriz tras este gesto.

    La Duma rusa acaba de aprobar casi por unanimidad (436 votos en una cámara de 450 diputados) la ley que permitirá sancionar la información sobre "relaciones sexuales no tradicionales", es decir, no se podrá dirigir a menores informaciones sobre la homosexualidad. Frente al edificio ha habido hoy martes por la mañana manifestaciones de los activistas en favor de los derechos de gais y lesbianas y la policía ha efectuado cerca de 30 detenciones. Los gais han sido perseguidos y golpeados por representantes de grupos ortodoxos radicales.

    "Diputados, proteged al pueblo de los degenerados", se leía en una de las pancartas frente a la Duma Estatal de Rusia (cámara baja del Parlamento) donde apenas sin discusión se ha aprobado ley que prohíbe lo que considera propaganda de la homosexualidad entre los menores de edad. En otra pancarta había dos fotos, una de un desfile militar de soldados eslavos, todos con el mismo gesto marcial, y otra de un desfile de gais. "¿En qué desfile participarán nuestros hijos?", se preguntaba en el cartel.

    Además, el pasado 18 de junio, Putin firmó una ley según la cual las parejas homosexuales extranjeras no podrán adoptar niños rusos. La prohibición se extiende también a los solteros de los países donde se ha legalizado el matrimonio entre personas del mismo sexo. Las nuevas restricciones han sido propuestas después de que una serie de países europeos adoptara leyes de unión homosexual.

    Estas limitaciones a la adopción por parte de extranjeros se aprueban seis meses después de que entrara en vigor la ley que puso fin a la entrega de niños rusos a los estadounidenses. Pero si la llamada ley Dima Yákovlev (en recuerdo del niño ruso que pereció al ser olvidado por sus padres adoptivos en un auto a pleno sol) tenía en realidad motivaciones políticas y era una respuesta al acta Magnitiski promulgada en Washington, que castiga a funcionarios rusos relacionados con la violación de derechos humanos, las motivaciones de las nuevas restricciones son exclusivamente homófobas.

    Rusia no permite el matrimonio entre personas del mismo sexo y las marchas del orgullo gay están prohibidas.

    Otras celebridades también se han sumado a este movimiento en defensa de la comunidad  gay como Madonna y Lady Gaga.

    EL PAÍS


    DRAGON
    Tilda Swinton: collaborative chameleon who doesn't court Hollywood

    DANTE




    sábado, 31 de enero de 2009

    Limónov / Detenido en Moscú el líder opositor bolchevique en protestas contra la política anticrisis

    Momento de la detención del líder opositor bolchevique en Moscú AFP


    Detenido en Moscú el líder opositor bolchevique en protestas contra la política anticrisis

    Eduard Limónov intentaba participar en una manifestación contra el Gobierno de Mevdévev


    EFE
    Moscú 31 ENE 2009 - 09:11 COT

    El líder del proscrito Partido Nacional Bolchevique, el escritor Eduard Limónov, ha sido detenido hoy en Moscú al intentar participar en una protesta no autorizada contra las medidas anticrisis del Gobierno. Limónov ha sido arrestado en la céntrica plaza moscovita Triunfálnaya, cerca de la sede de la Duma o congreso de los diputados, donde antes ya se habían congregado miles de partidarios del Partido Comunista.
    Limónov, cuyo partido fue ilegalizado en 2005 por el Tribunal Supremo, ha sido detenido en varias ocasiones en los últimos años durante actos de protesta contra el Gobierno. Varios jóvenes opositores asimismo fueron detenidos hoy en Moscú durante las concentraciones contra las medidas anticrisis del Gobierno convocadas por los comunistas y ultranacionalistas.
    A su vez, en Vladivostok y otras ciudades siberianas se repitieron las protestas de finales de 2008 -las mayores contra el Kremlin desde 2005- contra el aumento de los aranceles para la importación de automóviles decretado por el Gobierno.

    EL PAÍS




    lunes, 9 de octubre de 2006

    Anna Politkóvskaya escribía un artículo sobre torturas en Chechenia

    Anna Politkóvskaya escribía un artículo sobre torturas en Chechenia

    La policía se incauta del ordenador y los apuntes de la periodista crítica con Putin


    Rodrigo Fernández
    Moscú, 9 de octubre de 2006

    La policía continuó ayer los registros en el periódico Nóvaya Gazeta, donde Anna Politkóvskaya, asesinada el sábado en el ascensor de su casa, trabajaba desde 1991, y se incautó del disco duro de su ordenador y de todos los apuntes que le pertenecían. Mientras, el fiscal general de Rusia, Yuri Chaika, anunciaba que ha tomado bajo su control personal la investigación del asesinato. Politkóvskaya trabajaba en un artículo sobre los secuestros y las torturas en Chechenia, que debía aparecer hoy en Nóvaya Gazeta, uno de los pocos periódicos críticos con el Kremlin que todavía quedan en Rusia.
    "Politkóvskaya molestaba con su independencia, con su honradez, con su lucha sin compromisos contra la arbitrariedad", declaró ayer Valeri Bórshchev, copresidente del grupo de derechos humanos del partido Yábloko, en la plaza Pushkin, donde se congregaron unas 2.500 personas para honrar la memoria de la periodista asesinada. A la manifestación acudieron los líderes de los partidos democráticos y de las organizaciones de defensa de derechos, políticos, colegas y simples lectores. También en San Petersburgo se celebró un mitin en memoria de la periodista, que se había dedicado ante todo a denunciar los crímenes cometidos en Chechenia por los militares y las estructuras gubernamentales.
    La fiscalía ha determinado varias direcciones en la investigación del asesinato, una de las cuales son precisamente las denuncias que la periodista hacía sobre la conducta de las fuerzas del orden público en Chechenia. Las investigaciones que ella realizó fueron motivo para la apertura de causas criminales contra militares por crímenes cometidos en esa república norcaucásica, como el abierto en 2002 contra el oficial Serguéi Lapin.
    Hoy debería haber aparecido en Nóvaya Gazeta su investigación consagrada a los secuestros y torturas perpetrados en Chechenia por las fuerzas que controla el primer ministro del Gobierno checheno prorruso, Ramzán Kadírov. Politkóvskaya había conseguido una serie de testimonios e incluso fotografías, según cuentan sus colegas, pero el artículo nunca llegó a la redacción del periódico. Verdad es que Politkóvskaya tenía plazo hasta ayer para entregar el material, que probablemente pensaba terminar quizá el mismo sábado, cuando fue asesinada. Dmitri Murátov, director del bisemanario Nóvaya Gazeta, dijo ayer que tenían algunos materiales que Politkóvskaya iba a utilizar y que publicarán sin falta.

    Investigación de la fiscalía

    Si Politkóvskaya tenía el artículo en su casa, es posible que ahora esté en manos de los que investigan su asesinato, ya que la policía hizo registros no sólo en Nóvaya Gazeta, sino también en su apartamento, llevándose consigo todo lo que considera que puede ayudar a resolver el caso. Su diario, sus agendas, sus notas, el disco duro de su ordenador: todo está ahora siendo estudiado por la fiscalía.
    Kadírov había sido blanco de las denuncias de Politkóvskaya en más de una ocasión, y de ahí que algunos de sus colegas piensen que él pueda haber organizado el asesinato. Sin embargo, Kadírov no es su único enemigo. Como dijo el ultranacionalista Vladímir Zhirinovski, vicepresidente de la Duma estatal o Cámara baja del Parlamento ruso, Politkóvskaya normalmente no se andaba con rodeos y nombraba directamente los apellidos de los hombres a los que acusaba de cometer crímenes. "Lo más probable es que sea alguna de esa gente que ha ajustado cuentas con ella", declaró Zhirinovski.
    "Politkóvskaya se distinguía por llevar una lucha sin compromiso, intransigente", manifestó por su parte el diputado Alexandr Jinshtein, conocido por sus buenos contactos con los órganos de seguridad. "Seguramente, uno de los héroes de sus escritos decidió vengarse", señaló.
    La periodista también investigaba los casos de corrupción en el Ministerio de Defensa y en las tropas federales emplazadas en Chechenia. Además, ayudaba a los chechenos que llevaban sus denuncias al tribunal de Estrasburgo. El círculo de sus enemigos era muy amplio y, como subrayó Alexéi Venedíktov, director de la prestigiosa radio El Eco de Moscú, Politkóvskaya atacaba los intereses de "poderosos grupos políticos".
    Nóvaya Gazeta ha decidido realizar su propia investigación independiente. "La experiencia de otras investigaciones confirma que nosotros podemos conseguir más información que los órganos de seguridad. Lo que sucede es simplemente que ellos no tienen las fuentes con las que nosotros contamos", explicó el subdirector, Vitali Yaroshevski.
    El asesinato de Politkóvskaya ha tenido gran repercusión, tanto en Rusia como en el extranjero. Estados Unidos, el Consejo de Europa, y organizaciones de periodistas y derechos humanos han pedido a las autoridades rusas que realicen una rápida investigación del asesinato y un juicio abierto contra los ejecutores y organizadores. Incluso el presidente checheno, Alú Aljánov, dijo sentirse conmocionado por la muerte de Politkóvskaya, aunque no compartía su visión de lo que sucedía en Chechenia. Quien no ha roto su silencio es el líder ruso, Vladímir Putin, aunque ayer se reunió en el Kremlin con los miembros del Consejo de Seguridad.
    * Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 9 de octubre de 2006