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miércoles, 20 de febrero de 2019

Se fue Bruno Ganz, el antihéroe de otras épocas

Bruno Ganz
El hundimiento


Se fue Bruno Ganz, el antihéroe de otras épocas

La muerte del actor suizo marca también la agonía de un tipo de cine europeo de autor



Carlos Boyero
19 de febrero de 2019






Dennis Hopper (izquierda) y Bruno Ganz, en un fotograma de la película 'El amigo americano' de Win Wenders.
Dennis Hopper (izquierda) y Bruno Ganz, en un fotograma de la película 'El amigo americano' de Win Wenders.

Al escuchar la luctuosa e ingrata noticia de la muerte de Bruno Ganz hago memoria de su obra y me asalta la sensación de que también marca la agonía de un tipo de cine europeo que disfrutó de mucho y distinguido público durante los años 70 y 80. Ganz, que era suizo y hablaba con fluidez un monton de idiomas fue el actor más requerido por el cine de autor europeo. Para los sensibilizados y cultos espectadores su presencia implicaba que esas películas poseerían calidad, trascendencia, reflexión. Y, por supuesto, las interpretaciones de Bruno Ganz tenían imán, seducción y casi siempre un punto de tormento. Revelaban, más allá de sus personajes, un intimo y tortuoso mundo interior, zozobra, complejidad psicológica, esas cositas tan prestigiosas. Que están muy bien, aunque a primera vista (y a la décima) yo no las vislumbre en mis actores favoritos: gente como Cary Grant, James Stewart, Robert Mitchum, John Wayne, José Isbert, Marcello Mastroianni... gente así.

domingo, 17 de febrero de 2019

Muere el actor Bruno Ganz, el Hitler de ‘El Hundimiento’

Bruno Ganz



Muere el actor Bruno Ganz, el Hitler de ‘El Hundimiento’

El suizo, que también protagonizó 'El amigo americano', 'Tan lejos, tan cerca' o 'El cielo sobre Berlín', fallece a los 77 años



Alex Vicente
Berlin, 16 de febrero de 2019




Bruno Ganz
Bruno Ganz recoge un premio de la Academia Alemana en 2014, en Berlín.  AFP

El actor suizo Bruno Ganz, famoso por papeles como el de Adolf Hitler en la controvertida película alemana El Hundimiento, ha muerto este sábado a los 77 años en su Zúrich natal, según ha informado su agente. Ganz era portador del Anillo de Iffland, que tradicionalmente lleva el que es  considerado mejor actor en lengua alemana del momento y que, a su muerte, debe heredar otro intérprete, por lo que deberá buscarse un sucesor.
El pasado año, los médicos diagnosticaron que el actor padecía un cáncer intestinal, que le obligó a seguir un tratamiento con quimioterapia y a abandonar los escenarios. Su último trabajo fue el de narrador en la ópera de Mozart La flauta mágica durante el Festival de Salzburgo (Austria).

viernes, 5 de octubre de 2007

Bruno Ganz / "Me temo que Hitler sea el papel de mi vida"



BRUNO GANZ

"Me temo que Hitler sea el papel de mi vida"

Bruno Ganz, protagonista de 'El hundimiento', estrena en España 'Vitus', una historia centrada en un niño prodigio


José Comas
Berlín, 5 de octubre de 2007

De Bruno Ganz, el actor suizo de 66 años, se puede afirmar sin exageración que se caracteriza tanto por la calidad de sus trabajos en cine y teatro como por una extraordinaria polivalencia. Cuando apenas se habían apagado los elogios y el debate sobre su interpretación de Hitler en la superproducción El hundimiento,basada en el libro de Joachim Fest, aceptó un papel en Vitus, una película suiza de bajo coste que hoy se estrena en España, en la que representa el papel de un abuelo soñador que se convierte en refugio para su nieto prodigio. Antes de Vitus, Ganz aceptó un breve papel encarnando al cardenal polaco Stefan Wyszynski en un filme sobre el papa Juan Pablo II, y después intervino en una película dirigida por Francis Ford Coppola, todavía sin estrenar.

Sostiene Ganz que a la hora de decidirse por una película el guión es decisivo. Ahora, con toda la experiencia que le proporciona haber participado en muchas producciones y moverse entre gente famosa, se fija un poco más en quién participa y, sobre todo, en quién dirige. "Pero lo esencial sigue siendo el guión", afirma el actor con rotundidad. No obstante, Vitus ha sido una excepción en ese sentido. El director de la película, Fredi Murer, vive en Zúrich, la ciudad natal de Ganz. Ambos se conocían y charlaban de vez en cuando. El actor consideraba excelente una de sus películas y tenía ganas de trabajar con él. Surgió esa posibilidad y la aceptó, aunque el texto -que hubo que reescribir por un problema de presupuesto- no le pareciera tan bueno.
Ganz asegura que la historia de Vitus, un niño superdotado y sus dificultades por ser un niño que juega como los demás pero que al mismo tiempo es una criatura excepcional, "le resultó fascinante" por el retrato de sus problemas y por la relación de amistad que existe con el abuelo, que trata de ayudar a su nieto y a la vez intenta no entrometerse.
La variedad de personajes que lleva interpretados convierte a Ganz en un actor difícil de encasillar. "Es lo fascinante de mi profesión. En eso soy anticuado; me encanta que cada papel sea diferente, es un reto". El actor lo atribuye a su relación con el teatro donde trabajó durante 15 años. "Allí es mucho más fácil cambiar de papel, transformarse. Basta una barba pegada a la cara. En el cine es mucho más complicado, porque la cámara lo ve todo". Vitus tiene además una complicación añadida: el trabajo con un menor. "No se puede hablar con los niños como se habla con un actor; la comunicación es más difícil. Los niños están en su mundo y no se les puede pedir que actúen de esta o aquella manera. Sólo saben ser ellos mismos. No son actores. Hay que mirar cómo son, tratar de acercarse. Cuando funciona, es muy bonito, porque es muy auténtico. Me gusta trabajar con niños".
Al niño de la película, Teo Gheorghiu, "un chico superdotado de veras", Ganz lo escuchó en Zúrich interpretar a Beethoven. La secuencia final de la película es documental, un concierto real que dio Teo. "La decisión fue difícil", afirma el actor. "¿Queríamos un niño con mucho talento como actor y que tocara en play back? A mí me pareció que era mejor buscar a un verdadero niño superdotado que supiera tocar el piano. Lo de la actuación ya lo arreglaríamos".
A Ganz no le gusta hablar de su papel en El hundimiento por su complejidad. Teme que el de Hitler será el papel de su vida, que así pasará a la historia, "si es que no me dan otro papel importante antes de que me muera. Hitler es una figura controvertida, y si la representas como yo lo hice es normal que se te quede pegada". Muchas personas muy importantes para él, que le recomendaron rechazar el papel, lo criticaron con dureza tras el estreno. A él la película le parece correcta, y su trabajo, bueno. Piensa que no tiene de qué arrepentirse ni disculparse: "Estoy orgulloso de haberlo hecho y de las críticas positivas de personas que admiro, como Coppola. Así que está bien".
Bruno Ganz también ha trabajado en Der Baader-Meinhof Komplex [El complejo Baader-Meinhof], que se estrenará el año que viene. En el filme sobre el grupo terrorista que puso en jaque al Estado alemán en los años setenta del siglo XX, el actor interpreta al gran jefe de la policía alemana Horst Herold. La historia está contada desde la perspectiva de los terroristas de la Fracción del Ejército Rojo (RAF). El Estado apenas se menciona, y ni el canciller ni los ministros aparecen en la historia. Sólo el jefe de policía Herold. A la pregunta de qué aportará esta nueva película cuando Alemania está inundada de filmes, libros, documentales y publicaciones con motivo del 30º aniversario del terrorismo del "otoño alemán", el actor responde que tampoco El hundimiento decía nada nuevo, y piensa que la forma de Der Baader... puede aportar mucho.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 5 de octubre de 2007


viernes, 17 de septiembre de 2004

El Hitler de Bruno Ganz conmociona a los alemanes


Bruno Ganz como Hitler



El Hitler de Bruno Ganz conmociona a los alemanes

Los críticos encumbran al actor y se dividen respecto a 'El hundimiento', de Hirschbiegel


JOSÉ COMAS
Berlín 17 SEP 2004

La película Der untergang (El hundimiento), dirigida por Oliver Hirschbiegel y producida por Bernd Eichinger, que relata los últimos 12 días de Adolfo Hitler en el búnker en Berlín al final de la II Guerra Mundial, se estrenó ayer en Alemania en medio de una catarata de debates y con división de opiniones entre la crítica. No obstante, reina casi total unanimidad en reconocer el papel destacado del actor suizo afincado en Alemania Bruno Ganz en su interpretación de Hitler. El escritor Joachim Fest, autor del libro El hundimiento, que sirvió de base al guión, resumió en dos palabras la actuación de Ganz: "Es Hitler".
Al final de la proyección de la película unos textos dan cuenta del destino de sus protagonistas, de los que vivieron en el búnker el hundimiento del nazismo, el suicidio de Hitler y el terrible asesinato de los seis hijos de Joseph Goebbels, cometido por su fanática madre Magda, que no quería que sus vástagos viviesen en un mundo sin nacionalsocialismo. La casi totalidad de los testigos han muerto: suicidados, ejecutados tras el proceso de Nuremberg, en el cautiverio en la Unión Soviética o en la cama.
La película llega casi 60 años después de los hechos reales, cuando en Alemania parecían agotados ya todos los ejercicios espirituales de exorcizar el pasado y afrontar la propia historia. El filme se estrenó ayer con 400 copias en medio de una Alemania en crisis con elementos inquietantes como un incremento de la protesta social y el desencanto de amplios sectores de la población, sobre todo en el este. Se ponen en tela de juicio principios básicos del sistema democrático y casi el 50% de la población se refugia en la abstención electoral. El este alemán, donde al nazismo sucedió una dictadura prusiano-estalinista que duró más de 40 años, expresa su protesta y desencanto con el voto por el partido heredero de los comunistas y hasta se advierte un cierto auge de la ultraderecha con cierto tufo neonazi.
En este contexto llega la película de Eichinger, Hirschbiegel y Ganz que ha costado 14 millones de euros y se rodó en la ciudad rusa de San Petersburgo, donde se reproducen los exteriores del Berlín del final de la guerra, y en el búnker de Hitler, reconstruido en los estudios de Múnich. El guión se basa en la obra de Fest y en el libro de memorias Hasta la última hora, en el que Traudl Junge, la secretaria de Hitler, relata sus experiencias desde su llegada con 22 años al puesto hasta su salida del búnker.
La figura de Junge sirve de hilo conductor desde el inicio de la película con su primer contacto con un Hitler que se presenta como un jefe simpático y comprensivo, con el nerviosismo propio de esa joven de 22 años que aspira al puesto de secretaria. El final de la película es un añadido de un documental con Junge en el que la secretaria realiza una especie de autocrítica sobre su pasado al relatar cómo un día en Múnich, donde falleció hace dos años tras la publicación de sus memorias, se encontró con una placa conmemorativa de dos chicos héroes de la resistencia, los hermanos Scholl, ejecutados en 1942 por repartir en la universidad panfletos contra el nazismo. Junge se dio cuenta de que los ejecutados tenían la misma edad que ella cuando comenzó su trabajo con Hitler y "en ese momento sentí que no es ninguna disculpa haber sido joven entonces".
El gran personaje que devora con su interpretación a todos los otros y los reduce a una condición casi de extras es Bruno Ganz. La interpretación de este icono del teatro y del cine alemán está llamada a entrar en los anales de la cinematografía. Para ello, Ganz estudió tres meses la literatura sobre el tema, tomó clases del acento austriaco de Hitler con un actor de Linz, cerca del pueblo natal del Führer, y visitó una clínica de enfermos de Parkinson para mimetizar sus movimientos de manos temblorosas. El resultado es espléndido porque el papel de Hitler, así lo quería el guión, no es el de un monstruo, sino el de un personaje de carne y hueso que acaricia a los niños de Goebbles y a su perra Blondi, se muestra amable con su entorno personal y alaba un plato de espaguetis poco antes de su suicidio. El riesgo de ofrecer esta visión de Hitler es enorme en un país que, por imperativos categóricos, está obligado a actos de contricción, dolor de corazón y propósito de enmienda.
En dos horas y media, que se consumen como en un suspiro, la película ofrece un espléndido relato cinematográfico del Berlín exterior donde mueren los niños en defensa de la ciudad frente a los rusos que avanzan y donde todavía se ejecuta a los desertores horas antes del final. Bajo tierra, el microcosmos de Hitler y su entorno en el búnker. El estreno de la película ha hecho correr ríos de tinta en la prensa y ocupado muchas horas de debates y entrevistas en la televisión. Como no podía ser de otra forma, la crítica se divide. El prestigioso y temido jefe de las páginas de cultura del Frankfurter Allgemeine Zeitung, Frank Schirrmacher, publicó casi una sábana completa titulada "El segundo descubrimiento de Adolfo Hitler". En un subtítulo resume que, "con riesgo y premio" los autores "hacen visible lo que hasta hoy día nos persigue". Schirrmacher centra su crítica y elogios, además de en Ganz, en el papel del productor y guionista Eichinger, un producto del pijerío muniqués que "ha conseguido lo que nadie había logrado: descubrió por segunda vez a Hitler. Él, por extraño que parezca, ha hecho por primera vez controlable a Hitler. Por primera vez es posible situar a Hitler en un contexto que no nos han prescrito de forma póstuma". Añade Schirrmacher: "Sin Bruno Ganz esto habría sido impensable, pero éste es sólo un aspecto de la inteligencia de la obra".
Entre las críticas negativas llama la atención la del Spiegel Online, la edición digital del semanario que hace un mes ya había dedicado en la edición impresa la portada y 20 páginas a la película. Spiegel Online llega a la conclusión de que "su necesaria renuncia ante toda calidez, épica e interpretación hace de El hundimiento una película, en definitiva, superflua. Para la banal comprensión de que en lo humano existe la maldad no habría sido necesaria una cara producción cinematográfica de 14 millones de euros que en la pantalla grande resulta tan plana e inofensiva como una serie de dos entregas en la televisión".
* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 17 de septiembre de 2004


miércoles, 25 de agosto de 2004

La asombrosa transformación de Bruno Ganz en Hitler

Bruno Ganz interpreta a Hitler en la película El hundimiento, de Oliver Hirschbiegel.


La asombrosa transformación de Bruno Ganz en Hitler

El actor dudó mucho antes de protagonizar la película alemana 'El hundimiento', sobre los últimos días del Führer. Su interpretación es magistral



CIRO KRAUTHAUSEN
25 AGO 2004


Es un papel que en Alemania rara vez se había interpretado, y de él se ha hecho cargo un gigante de la interpretación: el suizo Bruno Ganz, personificación de Adolf Hitler en El hundimiento.
El filme, producido por Bernd Eichinger (Resident evil, El nombre de la rosa) y dirigido por de Oliver Hirschbiegel, describe los últimos 12 días del dictador, entre el 20 de abril y el 2 de mayo de 1945, fecha de la capitulación alemana en la Segunda Guerra Mundial. Según todos los que ya lo han visto, el trabajo de Ganz es magistral. "De verdad es Hitler. Da escalofríos verlo", afirmó el historiador Joachim Fest, sobre cuyas investigaciones está basada parte de El hundimiento. El filme fue presentado a la prensa el lunes y se estrenará en Alemania a mediados de septiembre, pero ya está causando polémica. "No es la primera vez que Hitler se muestra en pantalla, pero es la primavera vez en la que se intenta dar un toque humano a este monstruo", según explicó Rolf Fiesen, del Museo del Cine en Berlín, en una entrevista en la BBC.
¿Es un papel de ensueño el de interpretar a uno de los personajes más detestables que ha dado la humanidad? No, al menos no para Ganz, de 63 años. Dudó mucho en aceptar la oferta. Lo primero que hizo fue encerrarse en su estudio y leer algunos de los muchos libros sobre el Tercer Reich, y repasar también unos cuantos de los exaltados discursos del Führer. Conclusión: "Hitler es un fenómeno incomprensible, inaprehensible. Por lo visto, se esforzó al máximo en esconder su personalidad. Y ahora creo que lo hizo para ocultar el vacío que reinaba en su interior", según afirmó Ganz durante el rodaje.
El actor visitó varios días un centro médico en el que se trata el mal de Parkinson. El dictador lo padecía. Necesitaba familiarizarse con un Hitler distinto al de la maquinaria propagandística nazi, con un Hitler profundamente malvado y sumido en la locura, pero humano, al fin y al cabo. "Nunca intentaría comerme una sopa de manera malvada", explicó Ganz. "Hitler podía ser incluso amable con su secretaria Traudl Junge. La realidad fue muy diferente de lo que sugiere el tópico del demonio".
¿Hasta qué punto, entonces, sintió compasión por él? "A mí lo que me sucede es que suelo sentir compasión hasta por los peores personajes, aunque, claro, nadie alcance su talla. No me avergüenzo de haber sentido compasión por Hitler durante unos cuantos segundos. Si no fuese capaz de movilizar estos sentimientos, no hubiera podido interpretar su papel", sugirió Ganz en la presentación del filme.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 25 de agosto de 2004