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sábado, 4 de diciembre de 2021

La FIL de Guadalajara vuelve a abrazar al público

Un hombre pasa a través de un filtro a la entrada de la FIL.GLADYS SERRANO
 

La FIL de Guadalajara vuelve a abrazar al público

El gran evento editorial del español regresa a la presencialidad con un cuarto de su aforo habitual y estrictos controles sanitarios

CONSTANZA LAMBERTUCC
JOSÉ PABLO CRIALES
Guadalajara (México) - 27 NOV 2021 - 21:24 COT


Al menos tres controles separan las calles de Guadalajara del evento cultural más importante de Latinoamérica. La edición número 35 de la Feria Internacional del Libro (FIL) ha vuelto a la presencialidad tras el parón impuesto por la pandemia en 2020. Tras el control de entradas y el de seguridad, una cápsula con una regadera de desinfectante abre las puertas del predio a los visitantes. La FIL, que en ediciones pasadas convocó a más de 800.000 participantes, espera recibir este año a un cuarto de los asistentes. Las restricciones sanitarias se han sentido en su jornada inaugural: solo se permiten mascarillas quirúrgicas, el flujo de visitantes está controlado y los pasillos más anchos que en otras ediciones separan a las editoriales. Pero sí, sí se pueden tocar los libros. Y los visitantes han copado la entrada de Expo Guadalajara con el mismo fervor de antes.

miércoles, 10 de octubre de 2018

El Nobel Pamuk y Portugal, las grandes apuestas de la FIL 2018







Presentación del programa de la FIL 2018, este miércoles en Guadalajara (México).
Presentación del programa de la FIL 2018, este miércoles en Guadalajara (México).


El Nobel Pamuk y Portugal, las grandes apuestas de la FIL este año

Tres premios Nobel serán los invitados de honor de la cita editorial en español más grande del mundo, que tendrá lugar a finales de noviembre en México

MARIÉN KADNER
Guadalajara (México) 3 OCT 2018 - 18:40 COT


En un momento histórico marcado por el auge de las fake news, la crisis de la democracia y el alza del populismo o la aparición del movimiento Me Too, la mayor cita editorial en español –y la segunda más grande del mundo detrás de Frankfurt– será más política que nunca. De la mano de la ciencia y la cultura, la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL), que se celebrará en México del 24 de noviembre al 2 de diciembre, invita en su 32ª edición a la reflexión sobre la sociedad actual. Para fomentar la excelencia en los debates, tres Nobel serán invitados de honor en el evento: el premio Nobel de Literatura de 2006 Orhan Pamuk, el físico George F. Smoot y el químico Mario Molina.

miércoles, 29 de noviembre de 2017

FIL 2017 / La ciudad sin atributos

 



La ciudad sin atributos

En la FIL un mexicano puede dar una lección magistral sobre España y viceversa



Javier Rodríguez Marcos
29 de noviembre de 2017


El viernes pasado, un Airbus llamado Vicente Aleixandre salió de Barajas camino de la FIL. Al llegar a México se bajó del avión una cuerda de artistas y escritores entre los que había gente de Buenos Aires, Asturias, Tenerife, Cáceres, Almería y Guanajuato. Pura identidad madrileña. Los periódicos venían llenos de artículos sobre Madrid, todos tan elogiosos que daban ganas de volverse a España. Pese a todo, si te olvidas de la contaminación, tal vez sea eso un lugar civilizado: aquel sin atributos divinos, pero con buena agua del grifo.


En una feria dedicada a Madrid lo previsible sería que los madrileños —signifique eso lo que signifique— hablasen de su pueblo y los mexicanos, del suyo. Por suerte, no siempre pasa, sobre todo cuando no está muy claro quién es de cada sitio. Así, Miguel Sáenz, madrileño de Tánger y mítico traductor de Günter Grass, recordó en un coloquio sobre traducción la historia de Carlos Gerhard. Catalán de origen suizo, Gerhard fue diputado durante la República y comisario político en la abadía de Montserrat durante la guerra, periodo al que dedicó un libro “jaleado cuando critica a los fascistas y despreciado cuando critica a los anarquistas”. Murió en el exilio, en México, en 1974. Once años antes, había publicado una “admirable” traducción de El tambor de hojalata en la editorial Joaquín Mortiz, fundada por otro exiliado, Joaquín Díez-Canedo, que bautizó su sello con el pseudónimo que él mismo usaba para despistar a la policía franquista en las cartas que enviaba a su madre. El propio Grass viajó a Ciudad de México en 1964 para presentar la novela junto a Max Aub.


Pocas horas después de que Miguel Sáenz dictara su lección sobre traductores mexicanos (Alfonso Reyes, Octavio Paz, Liliana Valenzuela), el mexicano Julián Herbert dictó la suya sobre poesía española en la presentación de Sombras di-versas (Vaso Roto), una antología de 17 poetas nacidas entre 1970 y 1991 seleccionadas por Amalia Iglesias.


Sentada junto a Herbert, Luna Miguel leyó versos suyos y de otras antologadas como Miriam Reyes, Ana Gorría o Elena Medel. Acostumbrado a las masas que mueve la novela en la FIL, el autor de Canción de tumba, que empezó su carrera publicando poesía, agradeció con una rara mezcla de ironía y emoción, la escasa presencia público. “Me alegra comprobar”, dijo, “que seguimos siendo pocos pero sectarios”.











Javier Rodríguez Marcos

Es coordinador de la información literaria en 'Babelia', suplemento cultural de EL PAÍS. Antes trabajó en 'ABC'. Licenciado en Filología, es autor de la crónica 'Un torpe en un terremoto' y premio Ojo Crítico de Poesía por el libro 'Frágil'. También comisarió para el Museo Reina Sofía la exposición 'Minimalismos: un signo de los tiempos'.


EL PAÍS





lunes, 27 de noviembre de 2017

Enrique Vila-Matas / El antiguo arte de la fiesta


Juan Rulfo
Poster de T.A.


El antiguo arte de la fiesta

Premio FIL 2015, el autor revisa la historia del que sintió como el “más atractivo” galardón en lengua española, al que con los años ha visto algunas sombras



ENRIQUE VILA-MATAS
27 NOV 2017 - 04:16 COT




El escritor Enrique Vila-Matas, en la Feria del Libro de Guadalajara en 2015.Ampliar foto
El escritor Enrique Vila-Matas, en la Feria del Libro de Guadalajara en 2015. SAÚL RUIZ

La prehistoria del Rulfo (que otros llaman Premio FIL y este año se otorga, con buen criterio, a Emmanuel Carrère) se inició para mí una tarde de noviembre de 1992, en la Ciudad de México, cuando subí a un viejo tren con la idea de viajar toda la noche y encontrarme a la mañana en la luz, la calma de una ciudad extrema, Guadalajara. Pero la noche se volvió traidora y el lento viaje acabó siendo lunático, desordenado, alcohólico. El mismo tren tenía un punto chiflado: parecía componerse de un número indefinido, y tal vez infinito, de historias llenas de galerías hexagonales, de relatos cercados por barandas bajísimas que permitían ver lo agolpados que iban allí los 30 escritores de las más diversas nacionalidades que se habían enrolado también en aquel lento viaje al oeste. En aquellas condiciones, no hubo quien pegara ojo en todo el trayecto, por lo que llegamos a primera hora de la mañana, deshechos de fatiga, a la lejana Guadalajara, donde nos dijeron que, sin pasar por el hotel, iban a llevarnos directamente a la inau­guración oficial de la FIL. Algunos nos enteramos entonces de que allí se celebraba una Feria del Libro y también de que habían dado el Premio Internacional Juan Rulfo a Juan José Arreola, el escritor de Zapotlán el Grande.
Todo en aquellos días de México me parecía festivo y nuevo, lo que no dejaba de ser perfecto, aunque hoy veo que me faltaba saber que no hay nada tan eternamente nuevo como lo eternamente viejo. A Arreola, que era de Jalisco como Rulfo y del que al principio sólo sabía que era autor de un celebrado Confabulario, le vi siempre de lejos, paseando enfundado en una imponente capa negra que me hizo ver de pronto lo anchos que podían quedarme los trajes y otros lujos de Zapotlán el Grande. Quizás por esto, el Premio Juan Rulfo empezó siendo para mí una capa negra y durante un tiempo lo asocié a aquella regia estampa inicial, inalcanzable, a la figura inquietante de Arreola, y también al feliz descubrimiento de su prosa en un folleto de la Feria: “Yo, señores, soy de Zapotlán el Grande. Un pueblo que de tan grande nos lo hicieron Ciudad Guzmán hace cien años. Pero nosotros seguimos siendo tan pueblo que todavía le decimos Zapotlán. Es un valle redondo de maíz, un circo de montañas sin más adorno que su buen temperamento, un cielo azul y una laguna que viene y se va como un delgado sueño”.
Cuando volví cuatro años después, el Rulfo había ido a parar a Augusto Monterroso, y dos años antes, a Julio Ramón Ribeyro. Y aquel premio, que había inaugurado Nicanor Parra en 1991, había pasado ya a ser, por su valiente palmarés —en 1997 iba a ganarlo Juan Marsé—, el más atractivo y también menos acartonado y vivo de la lengua española, quizás porque se otorgaba a escritores que no componían el clásico perfil momificado de “gran autor importante sin interés” que con cierta frecuencia parecía requerir el Cervantes.


El reconocimiento se otorgaba a escritores que no componían el clásico perfil momificado que, a veces, parecía requerir el Cervantes

Si el Rulfo había sido para mí una capa negra de Zapotlán, en el año de Monterroso pasó a ser una feliz y brevísima pausa en un baile interminable. Porque aquella edición de la Feria fue una sucesión incesante de celebraciones, todas de final borroso porque iban más allá del amanecer, como si rindieran homenaje a la idea del movimiento perpetuo, de la que Monterroso era el rey. En unas circunstancias como aquellas en las que se rendía culto continuo al antiguo arte de la fiesta —un culto que, aunque allí se trabaje mucho, es la pura esencia de la Feria—, uno podía esperarlo todo, y esto llegó cuando Monterroso nos resumió su estilo literario valiéndose de un solo gesto, de una especie de puesta en escena de un cuento de una sola frase: se detuvo en seco en medio de un baile y utilizó la brevísima pausa para citarnos un palíndromo de Arreola: “Etna da luz a Dante”.
Después de haber vivido aquel momento, ya ni me extrañó que García Márquez recomendara leer a Monterroso “manos arriba, pues su peligrosidad se funda en la sabiduría solapada y la belleza mortífera de la falta de seriedad”. Fue en aquella misma FIL de 1996 donde traté de comprobar si era cierto el rumor, propagado por Octavio Paz, de que los mexicanos conservan intacto el antiguo arte de la fiesta, aunque tienen una manera muy curiosa de divertirse: no se divierten. No logré comprobarlo del todo, ni tampoco en mi siguiente visita, en 1999, cuando Sergio Pitol recibió el Rulfo y volví a viajar a aquella ciudad tan remota y al mismo tiempo extrañamente familiar. De aquella nueva edición del premio recuerdo la diversión de nuevo sempiterna y frenética, sin sombras, y especialmente el momento en que Sergio Pitol, en una sala completamente repleta, en una intervención memorable, terminó dando las gracias al público “por su ausencia”.
Sólo al año siguiente entreví las primeras sombras. Algunos incidentes —­quienes sienten pasión por un país extranjero terminan por conocer el horror insoportable de encontrar a un compatriota en el país adorado— me parecieron señales de que los tiempos estaban cambiando y empezaba a despuntar ya —como si fuera Monterroso quien diera la fiesta y el final se anunciara borroso— un segundo capítulo de la memoria del premio; una etapa en la que ya nada sería tan nuevo y bailable como en los buenos tiempos y requeriría además entrar en otra historia que, por supuesto, estaba ahí, pero estaba por ver.

sábado, 26 de noviembre de 2016

Vargas Llosa / Una literatura despolitizada

Mario Vargas Llosa
Ilustración de Fernando Vicente

Mario Vargas Llosa

Una literatura despolitizada

Menos comprometidas y más ensimismadas. Así son hoy las letras latinoamericanas según Vargas Llosa



Ni todo el ruido del mundo parece distraer del trabajo a Mario Vargas Llosa (Arequipa, Perú, 1936). Este año ha cumplido 80 años —el 28 de marzo—, publicado novela nueva —Cinco esquinas (Alfaguara)— e ingresado en la colección más prestigiosa del mundo —La Pléiade francesa—. Días antes de viajar a Guadalajara (México) para abrir hoy el programa de América Latina como invitada de honor de la FIL, donde además recibe un homenaje múltiple, el Nobel de 2010 trabajaba en Madrid en su próxima obra, un libro sobre el liberalismo que sigue un modelo —mezcla de narración, biografía y ensayo— que le apasiona: Hacia la estación de Finlandia, de Edmund Wilson.

miércoles, 2 de noviembre de 2016

Carlos Manuel Álvarez / Por fin un cubano en la FIL



El escritor y periodista cubano, Carlos Manuel Álvarez, con estudiantes de bachillerato de Guadalajara (México).

Por fin un cubano en la FIL

Carlos Manuel Álvarez es uno de los pocos autores de la isla presentes en una edición sacudida simbólicamente por la muerte de Fidel Castro


Javier Rodríguez Marcos
Guadalajara, 2 de noviembre de 2016

La muerte de Fidel Castro pocas horas antes de la inauguración de la Feria del Libro de Guadalajara marcó simbólicamente el arranque de una edición dedicada a América Latina pero en la que los escritores cubanos, sobre todo los que viven en la isla, brillaron por su ausencia. Una de las excepciones, junto a Wendy Guerra o Jorge Enrique Lage –Leonardo Padura canceló su visita-, es el matancero Carlos Manuel Álvarez, que acudió a la FIL dentro de uno de los programas estrella de este año, Ochenteros: 20 autores de 13 países americanos nacidos en la década de los ochenta.
Álvarez, de 26 años, participó además este jueves en Ecos de la FIL, una iniciativa que por unas horas saca a los escritores de la mastodóntica Expo que aloja los coloquios y stands y los dispersa por las escuelas de la capital de Jalisco. El Centro de Estudios Universitarios de Occidente (CEUNO) había adornado sus paredes con fotografías de La Habana para dar la bienvenida a su invitado, dispuesto a responder a las preguntas de 63 estudiantes que, pese a no ser mucho más jóvenes que él –tenían entre 15 y 19 años-, trataban de usted al escritor. Ni la juventud del autor cubano ni el hecho de que vistiera chándal y deportivas rebajó la respetuosa distancia de los muchachos, que preguntaron de todo: desde si considera que ha escrito su obra maestra hasta su constelación favorita –“no tengo; no miro mucho al cielo”- pasando por el plato que recomendaría de la cocina de su país –“moros y cristianos, pero mejor recomiendo música”- o por los autores que más le gustan –“Martí, Lezama, Rodolfo Walsh, Bolaño…”-.



“La muerte de Fidel Castro, apartado del poder desde hace 10 años, es más simbólica que eficiente”

Impulsor del portal de Internet El estornudo –la “reacción inevitable a algo en medio de un ambiente que produce alergia”-, Carlos Manuel Álvarez ha publicado en medios como The New York TimesEl Malpensante o Gatopardo y es autor del libro de relatos La tarde de los sucesos definitivos (Abril). Además, la editorial Sexto Piso publicará el año que viene La tribu, una colección de crónicas que tratan de dar cuenta del periodo de transición que atraviesa Cuba. Entre ellas está la que el año pasado le valió el Premio Iberoamericano de Crónica Nuevas Plumas: el retrato de una pareja de indigentes que vive en el mayor vertedero de basura de La Habana, un lugar insalubre cuya existencia no reconocen los medios oficiales. “Esa es la función de la crónica: destapar lo que los poderosos no quieren que se sepa”.
Él estudió periodismo como una vía hacia la literatura pero ha decidido hacerlos compatibles pese a que, dijo apesadumbrado, “en Cuba no hay periodismo, los medios hacen propaganda, o sea, lo más opuesto al oficio para el que te preparan”. Con el mismo pesar explicó que un periodista tiene dos opciones en su país: trabajar para un medio de prensa del Estado y “convertirse en vocero de la verdad oficial” o exiliarse. Cualquiera de las dos es “un drama”. Por eso valora especialmente los espacios de libertad abiertos en Internet pese a la precariedad de la conexión.
La muerte de Fidel Castro le pilló en Miami camino de la FIL y su primera respuesta fue un “¡carajo!” nada racional. Pasados los días, considera que esa muerte -"una liberación de fuerzas, como se hubiera roto un dique”- es “más simbólica que eficiente” aunque no quita importancia al peso que los símbolos tienen en Cuba: “Los cubanos nos alimentamos constantemente de símbolos”. Tanto como de política, dice. “El nuestro es un país extremadamente politizado. La casa, el Gobierno y el Estado han difuminado sus fronteras hasta el punto de crear fracturas familiares”.
Castro, recordó Álvarez, llevaba 10 años fuera del Gobierno y los cambios no han esperado a su muerte. Uno de ellos, subraya, tiene que ver con la política migratoria: “Hasta hace tres años el Estado se arrogaba la facultad de decidir quién podía salir de la isla, algo deleznable. Ahora las únicas limitaciones son las de las visas que conceden (o no) los países a los que quieres viajar”. ¿Y qué va a pasar ahora? “Yo no quería el país que teníamos, pero no sé si el que venga va a ser mejor. Tal vez va a venir una sociedad capitalista con desigualdades, algo que tampoco querría yo”. Pase lo que pase, la generación de Carlos Manuel Álvarez se encargará de contarlo. Desde Cuba o desde la FIL.

jueves, 6 de octubre de 2016

La FIL de Guadalajara celebra 30 años como la capital literaria de América Latina

Mario Vargas Llosa

La FIL de Guadalajara celebra 30 años como la capital literaria de América Latina

Mario Vargas Llosa lidera el desembarco de más de 120 escritores latinoamericanos, protagonistas de la próxima edición de la feria


ELENA REINA
Guadalajara (México)
7 OCT 2016 - 12:14 COT

América Latina cabe en Guadalajara, o al menos su literatura. Durante nueve días, la capital del Estado mexicano de Jalisco, cuna del tequila y el mariachi, concentrará en un mismo espacio a lo más laureado de la literatura mundial. Pero por primera vez y, para celebrar sus 30 años, la Feria Internacional del Libro de Guadalajara coloca como cabeza de cartel a la literatura latinoamericana.
Del 26 de noviembre al 4 de diciembre se lleva a cabo en Guadalajara uno de los festivales literarios más grandes del mundo y el más importante de habla hispana. A esta cita acudirán más de 650 escritores y se preparan para unos 800.000 visitantes. Este jueves se ha presentado su ambicioso programa, que se complementa con un festival latinoamericano de las artes, con conciertos de Ricky Martin y Andrés Calamaro y obras de teatro como La Chunga, de Mario Vargas Llosa.
"La FIL cumple 30 años y lo quiere celebrar con América Latina, con las voces de autores desde el Río Bravo hasta la Patagonia; y desde el Caribe hasta el Amazonas", ha anunciado Tonatiuh Bravo Padilla, rector general de la universidad de Guadalajara y parte del equipo organizador. El programa latinoamericano de la feria supondrá un encuentro para la reflexión sobre la indentidad entre los países y la situación actual de las letras latinoamericanas. "Esta será una ocasión especial porque nos encontramos con naciones hermanas que nos unen lazos de identidad, historia y tradiciones", añade Bravo.
Encabezados por el Nobel Mario Vargas Llosa, un grupo de 120 escritores de la región desembarcarán en Guadalajara. Entre ellos se encuentra Leonardo Padura, Alonso Cueto, Sergio Ramírez, Héctor Abad Faciolince, Gioconda Belli, Santiago Roncagliolo, Andrés Neuman y Carlos Wynter Melo. A Vargas Llosa le han preparado una serie de homenajes para celebrar su 80 cumpleaños.
Se trata de una ocasión para recrear los textos de Julio Cortázar, Octavio Paz, Juan Rulfo, Gabriel García Márquez, Gabriela Mistral, Mario Benedetti, César Vallejo. Pero también para escuchar a las nuevas plumas que comienzan a destacar. La FIL cuenta con un progama llamado Ochenteros, en honor a una generación que nació hace 30 años y tiene la misma edad que la feria, que expondrá el trabajo literario del cubano Carlos Manuel Álvarez, la mexicana Ave Barrera, el brasileño Carol Bensimon o la argentina Camila Fabbri.
El escritor rumano Norman Manea, recibirá el galardón de Lenguas Romances "por la agudeza e ironía de su obra". Manea ha sido reconocido por trabajo sobre las migraciones y haber conocido gran parte de las miserias del siglo XX, víctima del dictaduras fascistas y comunistas.
En el festival se lanzarán más de 600 novedades, como Las Indómitas, una loa a las mujeres que van a contracorriente de la Premio Cervantes Elena Poniatowska; La Carne, de Rosa Montero y El laberinto de los espíritus, de Carlos Ruiz Zafón, que supone el desenlace de la saga de El cementerio de los libros olvidados. Y también obras póstumas como Tlatelolco, aquella tarde, del recién fallecido escritor mexicano Luis González de Alba, uno de los intelectuales más importantes del movimiento del 68 en el país.
Uno de los atractivos de la FIL es valorar el pabellón que levanta al país invitado cada año. En esta edición, el despacho internacional MET Estudio ha diseñado un enorme prisma multicolor, como símbolo de la diversidad cultural en América Latina. El pabellón cuenta con un espacio dedicado a las leguas originarias, una librería latinoamericana y un área de cortometrajes.

jueves, 6 de noviembre de 2014

Claudio Magris / Premio de la Feria del Libro de Guadalajara

Claudio Magris
Foto de Carles Mercader

Claudio Magris, ganador del premio de la Feria del Libro de Guadalajara

El padre literario de Trieste es el primer italiano en ganar el galardón de la cita literaria más grande en español del mundo


VERÓNICA CALDERÓN México 1 SEP 2014 - 19:02 CEST


El escritor italiano Claudio Magris. / SAMUEL SÁNCHEZ
Cuando se enteró de que había sido el ganador del premio Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL) en Lenguas Romances, Claudio Magris (Trieste, 1939) recordó que el idioma español “siempre ha sido muy generoso” con su obra. Trieste está a más de 10.000 kilómetros de la ciudad mexicana que es la sede de la cita literaria en español más grande del mundo.
Magris se convirtió este lunes en el primer italiano en ganar este galardón en sus 23 años de historia, en el quinto escritor en lengua no española y en el segundo autor no iberoamericano después del poeta francés Yves Bonnefoy.
El hijo de Trieste es también el padre de la Trieste literaria. Creció en una ciudad a las puertas del mar Adriático, al norte de Italia, a unos kilómetros de Eslovenia y otros tantos de Croacia. Buena parte de su obra se ha dedicado a reflexionar sobre el mito de las fronteras y las identidades, con la calma del que observa el mar pero con el temple del que ha aguantado la bora, los vientos de hasta 100 kilómetros por hora que algunas veces al año azotan las costas triestinas.

martes, 13 de noviembre de 2012

Elena Poniatowska / El éxito es un ratico


Elena Poniatowska



ESPECIAL EL PAÍS EN GUADALAJARA 2012

“El éxito es un ratito. Uno nunca consigue nada”

La FIL de Guadalajara homenajea a Elena Poniatowska en su 80 cumpleaños


MARI LUZ PEINADO / BERNARDO MARÍN
Guadalajara (México) 30 NOV 2012 - 16:09 CET


Dice el escritor Juan Villoro que los mexicanos lo son porque les tocó serlo, pero que el mérito de su amiga Elena Poniatowska es ser mexicana por elección. ¿Y qué cosas le gustaron a esta escritora de origen polaco nacida en París para dejarse adoptar por ese país? En el homenaje que le han dedicado por su 80 cumpleaños en esta edición de la Feria Internacional del Libro (FIL) de Guadalajara, enumeró varias. Primero, las universidades, la UNAM (Universidad Nacional Autónoma de México) y la UAM (Universidad Autónoma Metropolitana). Luego, la FIL. Y después, los oficios callejeros, que se van perdiendo, como el organillero, el abonero (cobrador a domicilio), el afilador o el cartero “a punto de perecer degollado por la cibernética”.
México rinde homenaje a Poniatowska pero ella no le da importancia. En la feria es de las pocas que ha mencionado el escándalo de premio a Bryce porque “la cultura no puede estar al margen de la ética”. Solo un momento, porque la ocasión era para festejar. “Para mí es un gusto, 80 años y 10 nietos son bastantes”. Pero no quiere recrearse en el éxito. “¿Qué es el éxito? El éxito es un ratito. Uno nunca consigue absolutamente nada en esta vida. Como decía mi madre, aquí había un cantante que se llamaba Cri-Cri que cantaba ‘allá en la fuente había un chorrito, se hacía grande, se hacía chiquito’. Así es el éxito”.

Elena Poniatowska y Gabriel García Márquez

¿Y creen que la quieren retirar con tanto homenaje? No lo sabe, pero no se va a dejar. “Uno no se retira hasta el último momento, sobre todo cuando escribe. Carlos Fuentes ya tenía sobre su mesa de trabajo la novela que quería escribir, con su horario y todo”, recuerda. Así que Poniatowska (algunos la llaman Elenita, pero no le gusta porque dice que suena a “albondiguita”) tiene proyectos en marcha. El más inmediato, una biografía de su antepasado Estanislao Augusto Poniatowski, último rey de Polonia y uno de los 40 amantes que tuvo Catalina la Grande de Rusia. “En eso estoy, aunque me cuesta un poco porque de historia de Europa, sé poco”.
En la FIL también se presenta una reedición de La noche Tlatelolco, sobre la matanza de estudiantes en la plaza del mismo nombre en vísperas de los Juegos Olímpicos del 68. ¿Tiene actualidad el libro? “Sí, el país sigue teniendo muchas injusticias. Quizá ya no vayan a matar estudiantes. Pero por el narcotráfico hay más de 60.000 muertos, sobre todo periodistas. Eso no pasa por ejemplo en España”.
Y ya que menciona a España ¿Cómo la ve desde el otro lado del Atlántico? “Amo mucho a España, aunque a mi padre lo metieron allí en la cárcel, en Jaca. Por eso quiero ir algún día a Jaca. Él cruzó los Pirineos para alcanzar a De Gaulle en África, pero lo capturaron. Los presos tenían que decir todos los días ‘Viva Franco’, pero mi padre decía ‘Viva el cerdo’ y lo pusieron a limpiar las letrinas. No todo era malo: decía que la comida era buenísima, fabada con trozos de tocino, y aún conservo su cuchara”.
¿Y a quién daría un premio Poniatowska, a quién le rendiría un homenaje? No se lo piensa: “A los cronistas mexicanos, son extraordinarios, Fabrizio Mejía Madrid, los seguidores de Carlos Monsiváis. Mejores que los novelistas. No escriben confesiones, aunque mezclen su propia vida con sus crónicas. Porque que hay que situar las cosas un poco más allá de nosotros mismos. Y no escribir siempre yo, yo, yo y yo”.

viernes, 30 de noviembre de 2007

García Márquez entrega el Premio Juan Rulfo a Rubem Fonseca

Rubem Fonseca y Gabriel García Márquez
Guadalajara, 2003

García Márquez entrega el Premio Juan Rulfo 

a Rubem Fonseca

La Feria del Libro de Guadalajara celebra la brillante obra del escritor brasileño

JOSÉ ANDRÉS ROJO Guadalajara 30 NOV 2003

"Juan Rulfo sigue teniendo algo que decir a sus lectores y sigue teniendo algo que enseñar a sus colegas de oficio". Con esas palabras terminó Rubem Fonseca (Minas Gerais, 1925) su breve intervención para agradecer el premio que Gabriel García Márquez le entregó ayer en la ceremonia de inauguración de la XVII edición de la Feria del Libro de Guadalajara, en México. Fue un acto cargado de emoción, en el que los dos grandes colosos de la literatura latinoamericana fueron ovacionados por un público entregado.
A lo largo de los pasillos de la Feria del Libro (FIL) cuelgan las imágenes de los diferentes escritores que han ganado el prestigioso Premio Juan Rulfo, y junto a ellas hay una frase que define el talante de cada uno de ellos. "Soy un hombre consumido por el presente", se lee en la que figura al lado del rostro de Rubem Fonseca. Y es verdad que es el presente de Brasil, el mundo cotidiano de sus hombres y mujeres, el que ha alimentado su literatura entera, cargada de latigazos fulminantes y que revela con una prosa descarnada y llena de sentido del humor el frágil esqueleto de unas gentes que habitan una realidad cargada de violencia y a las que el autor se acerca con una inmensa ternura.
Rubem Fonseca no concede entrevistas. Considera que cuanto tiene que decir está en sus obras. No es amigo de campañas de promoción y si firma, que los firma, manifiestos de apoyo a distintas causas lo hace sólo si su nombre no aparece en primer lugar. El fallo del jurado del Premio Juan Rulfo (dotado con 100.000 dólares), concedido por unanimidad, destaca de Fonseca el haber renovado la prosa narrativa en lengua portuguesa, aprovechando y reelaborando las formas de la literatura popular (la novela negra, la política, la social, la erótica). Resalta también su estilo directo, su poética tremendamente personal y su capacidad para reflejar la condición del mundo contemporáneo.
Las pocas palabras que dijo Rubem Fonseca las dijo en portugués y habló despacio. Recordó la vieja anécdota que cuenta García Márquez: hace mucho, un día llegó Álvaro Mutis y le entregó el Pedro Páramo, de Juan Rulfo, "para que aprenda". Su lectura fue una conmoción para el escritor colombiano y lo fue también, contó Fonseca, para él mismo cuando lo leyó por primera vez.
La presencia de Rulfo, pues, llenó los primeros pasos de esta FIL, que tiene a Fonseca como uno de sus grandes protagonistas y a Quebec como invitado de honor. Como todos los años, hubo discursos de distintas personalidades políticas y académicas. La semblanza de Fonseca la hizo Jorge Sánchez, cónsul mexicano en Río de Janeiro, la ciudad donde vive el escritor brasileño desde los ocho años. García Márquez prefirió no hablar ("yo le entrego el premio al flaco Fonseca pero no me pongas ante el terror de tener que escribir algo para una fecha concreta", cuenta que le dijo). Sánchez habló de las dificultades de dar cuenta de un personaje tan esquivo, trazó sus grandes coordenadas biográficas, se detuvo en los problemas que tuvo con la censura de su país (tacharon uno de sus libros de atentado a la moral y a las buenas costumbres y también lo acusaron de incitar a la violencia y de hacer apología del crimen) y analizó los distintos niveles de su escritura, además de llenar su intervención con divertidas anécdotas y brillantes citas de los libros de Rubem Fonseca.
En cuanto a Quebec, fue la ministra de Cultura de la región canadiense, Line Beauchamp, la que se encargó de hacer la presentación oficial. Dijo que una cita de estas características es decisiva para potenciar, reforzar y reafirmar la diversidad cultural, y se refirió a algunas de las semejanzas que comparten México y Quebec: proceden de antiguas colonias europeas, su población es mayoritariamente católica, hablan lenguas surgidas del latín, tienen un vecino poderoso (EE UU) y, sobre todo, insistió, comparten el "sentido de fiesta". Ésa fue la clave, y la invitación para estos días: pasarlo bien.


jueves, 29 de noviembre de 2007

Rubem Fonseca / Rulfo siempre tendrá qué decir y qué enseñar

Rubem Fonseca
Rubem Fonseca
"Rulfo siempre tendrá qué decir 
y qué enseñar"
BIOGRAFÍA DE JUAN RULFO

 El escritor brasileño recibe en la FIL el galardón que lleva el nombre del jalisciense

 Acude García Márquez al encuentro libresco para acompañar en la premiación a su amigo El Flaco 

 El agasajado se abstiene de sus recurrentes efugios y recorre los tendidos de la feria

MONICA MATEOS-VEGA Y JOSE DIAZ ENVIADA Y CORRESPONSAL

Guadalajara, Jal., 29 de noviembre de 2003. La presencia de Gabriel García Márquez a la inauguración de la 27 Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL) provocó que el auditorio donde se celebró el acto se abarrotara. El Nobel colombiano explicó que su asistencia se debía a que deseaba entregar personalmente el Premio de Literatura Latinoamericana y del Caribe Juan Rulfo a su amigo El Flaco: el brasileño Rubem Fonseca.
Ambos escritores fueron recibidos de pie, con una larga ovación que confirmó la presencia de fieles apasionados a la literatura. Fonseca, poco afecto a la vida pública y a la prensa, simplemente se dejó querer, y en su breve discurso de aceptación del galardón manifestó su admiración por Juan Rulfo.
El narrador relató la tarde en que García Márquez dio un libro al escritor Alvaro Mutis con la recomendación: "lea para que aprenda". Se trataba de Pedro Páramo, novela con la que, "cuenta Gabo, se pasó toda una noche leyendo y nunca sintió una conmoción tan grande, a excepción de cuando leyó La metamorfosis, de Kafka, en una lúgubre pensión de estudiantes de Bogotá".
''Era un secreto'', interrumpe García Márquez, bromeando.
Fonseca continúa: "en Gabo ese asombro permaneció intacto. Leí Pedro Páramo y El llano en llamas en una traducción portuguesa, y sentí el mismo impacto. Quedé impresionado con la riqueza de los personajes de Rulfo, que hacen que el lector participe creativamente, mezclando aquello que ha vivido con aquello que ha imaginado, que ha soñado o que es real.
''Carlos Fuentes dice que con Pedro Páramo Juan Rulfo percibió que toda gran visión de la realidad es un producto de la imaginación. Quizá es cierto, y como dice un filósofo, una realidad es una realidad de la imaginación.
''En mayo de 1993 estuve aquí, en México, participando en un homenaje a Juan Rulfo. En aquella ocasión recibí de regalo una foto de él, grabada en metal, la cual tengo en mi librero y la veo constantemente. Pero Rulfo no está reposando, callado en nuestros estantes de libros. Rulfo está entre nosotros, continuamos oyendo lo que él quiere decir. Porque Rulfo tendrá siempre qué decir a sus lectores y qué enseñarnos a sus colegas de oficio."
Jorge Sánchez ofreció una semblanza de Fonseca y reveló por qué el escritor brasileño prefiere permanecer en el anonimato: "él dice que si nadie sabe quién es puede espiar ferozmente a su alrededor''.
Agregó que a 40 años de la aparición de su primer título, Los prisioneros, Fonseca asegura que todo lo que tiene que decir está en sus libros, ''y ha conseguido mantener, ante el asedio de conocidos y desconocidos, un personaje que a veces se confunde con ese yo, primera persona de sus novelas.''
Lo calificó de "espléndido escritor, con una prosa impresionantemente ágil, económica y fulminante, de frases certeras, llenas de humor, a veces negro, no pocas veces pegajoso y acre."
También recordó cuando en 1976 Fonseca fue perseguido por la justicia brasileña, por "atentar contra la moral y las buenas costumbres" con su libro Feliz Año Nuevo. La novela se convirtió en "símbolo y ejemplo de la intolerancia. El escritor emprendió una acción legal contra la unión, lo que significaba demandar a las cámaras legislativas y señalar que el Estado no puede tener el arbitrario poder de prohibir un libro''.
Fonseca ganó la batalla, y a partir de entonces se convirtió en un relator de las injusticias y perversiones de la sociedad que le tocó vivir, en un "inventor de las palabras''.
''Que nadie se engañe: el lenguaje de Rubem Fonseca es altamente sofisticado; el habla de los marginales, por ejemplo, es siempre recreada, lo que le da la autonomía y la resistencia que no se encuentran en las prosas naturalistas condenadas a envejecer, como envejece la jerga callejera", citó Sánchez a un crítico brasileño, al abundar sobre la pasión por el cine de Fonseca, el tenor camaleónico de su personalidad y su fobia a los actos públicos: "él ha dicho: preferiría morir que presentarme a firmar libros".
No obstante, al término de la premiación, Fonseca recorrió las instalaciones de la FIL (que este año espera recibir 400 mil visitantes), en medio de tumultos y apretujones, siempre con una gran sonrisa y saludos. Su amigo Gabriel García Márquez fue quien protagonizó, como siempre, la graciosa huida ante el acoso de la prensa. Pero Fonseca, inclusive, acudió al brindis de honor por la apertura del pabellón dedicado a Quebec, provincia canadiense invitada de honor de este encuentro, y espera gustoso el encuentro Mil jóvenes con Rubem Fonseca, que se realizará el próximo lunes. 

LA JORNADA