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lunes, 20 de julio de 2020

¿Escribió realmente Juan Marsé 'Últimas tardes con Teresa'?


Foto: 'Últimas tardes con Teresa'.¿Escribió realmente Juan Marsé 'Últimas tardes con Teresa'?

¿De dónde vienen los rumores sobre la autoría literaria de la gran novela del escritor catalán recientemente fallecido?


20 de julio de 2020



Fue Carme Riera, escritora y académica de la Lengua, quien hizo saltar la liebre en un artículo de la revista literaria 'Quimera' en 1984: "Lenguas de doble filo, aunque escasamente afiladas, suelen insinuar, en los mentideros literarios de Barcelona, que Jaime Gil de Biedma es poco menos que el autor de 'Últimas tardes con Teresa', la novela que le valió a Juan Marsé el premio Biblioteca Breve, en 1965". Riera no solo aventaba el rumor sino que iba más allá hasta asegurar que ella misma había preguntado a los dos escritores al respecto... ¡y ambos habían confesado que era cierto!

lunes, 30 de diciembre de 2013

Luis Goytisolo / Un escritor de culto

Luis Goytisolo
Foto de Samuel Sánchez

LUIS GOYTISOLO
Un escritor de culto

El País, 29 de diciembre de 2013

El espíritu explorador de su literatura, alejada de modas, se ha visto reconocido con el Premio Nacional de las Letras.

Por Carme Riera

Está claro que a la obra de Luis Goytisolo le sientan estupendamente los años acabados con el número tres, como 2013. En otro año terminado en tres, 1973, apareció Recuento, la primera parte de Antagonía, una ambiciosa tetralogía integrada además por las novelas Los verdes de mayo hasta el mar, La cólera de Aquiles y Teoría del conocimiento, que finalmente la editorial Anagrama ha publicado juntas. Luis Goytisolo, propuesto al Premio Nobel de Literatura, es sin duda uno de los mayores novelistas europeos de la segunda mitad del siglo XX. En 2013 ha obtenido el Premio Anagrama de Ensayo por Naturaleza de la novela, una lúcida reflexión sobre la materia novelable y el arte de narrar, y el Premio de Las Letras Españolas, otorgado al conjunto de su obra por un jurado que tuvo muy en cuenta hasta qué punto la obra de Luis Goytisolo aúna a la perspicacia narrativa la experimentación literaria. Escritor de culto al que le trae sin cuidado ser un best-seller o aparecer en las listas de libros más vendidos, ha contado siempre con el favor de la crítica y de un público que le ha seguido fielmente desde sus inicios.


Carme Riera es escritora y académica de la RAE.



lunes, 30 de abril de 2012

Carme Riera / Académica de la Lengua

Carme Riera


Carme Riera 

ACADÉMICA DE LA LENGUA


“Lo que no te da la vida te lo dan los libros, sobre todo si los escribes”

La nueva académica está un poco harta de que le pregunten por la cuota femenina

Tras ser propuesta, envió su currículo, libros y una carta formal a los académicos

"En ella, les decía que soy traficante de palabras, porque es lo que soy en realidad"




Carme Riera, escritora, filóloga y académica de la RAE / CARLES RIBAS

Pere Gimferrer la llamó a las siete de la mañana. "Te hemos propuesto para la Academia". Carme Riera (Palma de Mallorca, 1948) se quedó estupefacta, por la hora y por el anuncio. "Me habían comentado hacía años si me gustaría entrar en la Real Academia. 'Claro', contesté. No se volvió a hablar más y de repente me llama Pere".
Confiesa que pasó muchos nervios antes de la votación. Por una parte, ya estaba pensando en el tema del discurso y por otra se repetía si-llón,no-llón. Le hacía mucha ilusión y también temía lo peor. Por fin, el 19 de abril fue elegida para ocupar el sillón n. "Entrar en la Academia es el reconocimiento a toda una vida de trabajo y una satisfacción personal por haber sido propuesta por tres personas a las que admiro mucho, Carmen Iglesias, Pere Gimferrer y Álvaro Pombo. Imagino que pensaron en mí porque soy filóloga, porque hago edición de textos, por mi experiencia como profesora, en la narrativa y en el ensayo, o sea como muchos colegas. Lo único que no pienso aportar es un toque femenino".

En la carta a la Academia puse que soy una traficante de palabras
La nueva académica está un poco harta de que le pregunten por la cuota femenina. Tras ser propuesta, envió su currículo, libros y una carta formal a los académicos. "En ella, les decía que soy traficante de palabras, porque es lo que soy en realidad". Riera pensó en esos días de nervios en un posible discurso de ingreso. "Le di vueltas a la idea de escribir sobre alguna de las mujeres que tanto han aportado a la lengua, como María Moliner, Rosalía de Castro o Emilia Pardo Bazán, pero los académicos me dijeron que no, que preferían un discurso de creadora. Esto me hace muy feliz, porque me da mucha más libertad. Trabajaré a partir de ahí".

Carme Riera

Carme Riera es doctora en Filología Hispánica y catedrática de Literatura Española en la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB). Está muy preocupada por el escaso interés de sus alumnos en la lectura. "Estuve en la comida del Premio Cervantes que presidió el Príncipe de Asturias. Citó un comentario de Nicanor Parra de la primera página de El Quijote: En un lugar de la Mancha es un octosílabo y de cuyo nombre no quiero acordarme es un endecasílabo. Se me ocurrió hablar de esa primera página en mi clase de comentario de textos. Pregunté si sabían el nombre del premio Cervantes. Silencio. Dije Nicanor. Silencio. Mencioné a Violeta Parra y ni parra ni olivos. Ni siquiera leen periódicos. Martín de Riquer les preguntaba a sus alumnos si habían leído El Quijote. Cuando le decían que no, respondía siempre: 'Estupendo. Así podrá disfrutarlo ahora'. Pero ni por esas". No tolera faltas de redacción ni de ortografía. "Los alumnos están advertidos en la web de la universidad y al principio del curso. Las faltas bajan puntos".
La escritora maneja de manera envidiable el catalán, la variante mallorquina (cuando la habla deprisa no puedes seguirla) y el castellano. En su vida y en su obra. Escribe en catalán o en mallorquín novelas y relatos y en español, ensayo. "Yo misma escribo las versiones en castellano de mis novelas. No traduzco, hago versiones diferentes que me sirven también para corregir los textos en catalán. Catalán y castellano son dos lenguas vecinas y primas hermanas, pero a veces una sola palabra del título cambia el sentido". De su primer libro, Te deix amor, la mar com a penyora, de relatos, le gustaba el título poético en mallorquín, pero no su traducción al castellano. "Penyora significa prenda, que no suena igual". Así que lo tituló Palabra de mujer. Las versiones y el cambio de título despista a más de uno. "Los hispanistas se vuelven locos conmigo".

Yo no traduzco mis libros al castellano. Hago versiones distintas
Ha hecho incursiones en todos los géneros. Infantil y juvenil, erótico, histórico, policiaco... Con cada uno se plantea un reto. El último, Naturaleza casi muerta, una novela negra. "Había leído a Agatha Christie, Simenon y Alicia Giménez Bartlett, pero nada más. Así que me pasé leyendo dos años para aprender: Donna Leon, Mankell, Camilleri, Fred Vargas, Andreu Martín, Lorenzo Silva, Teresa Solana... Me aficioné y descubrí los trucos".
Riera es infatigable. Ha empezado a escribir unos Diaris d'infància. "Solo puedo escribirlos en mallorquín. Se los debo a mi abuela que tanto me enseñó. Se publicarán en mallorquín o no se publicarán". Para la académica "escribir es una alternativa a la realidad". "Lo que no te da la vida te los dan los libros, sobre todo si los escribes. Vives y piensas en dos vidas, la tuya y la del libro".

viernes, 17 de septiembre de 2004

La literatura como referencia moral de los ciudadanos

Eduardo Mendoza


CITA EN BARCELONA 
DE LOS AUTORES DEL NUEVO SIGLO

Mendoza reivindica la literatura como gran referencia moral de los ciudadanos

Peter Esterhazy, Carlos Fuentes, Juan Goytisolo y Nélida Piñón, entre otros, participan en el debate

MIGUEL MORA Barcelona 16 SEP 2004
      
"La dictadura de Bush es ridícula. Pero ¿cómo acabamos con ella?". La pregunta lanzada ayer al aire por Carme Riera en el diálogo matutino explica bien lo que ha pasado en estos cuatro debates literarios organizados en el Fórum por el escritor mexicano Sealtiel Alatriste. El mundo se hunde bajo nuestros pies y los escritores y los lectores vuelven a hacerse la eterna pregunta: qué hacemos aquí, para qué nos sirve la literatura.
Y así, la discusión que el martes desencantó a algunos sobre el compromiso y la condición (o no) de referente moral de la literatura regresó a la interracial y moderna sala 113 del Centro de Convenciones con renovados bríos y argumentos puestos al día.
Soltó la liebre Eduardo Mendoza, sarcástico y brillante, cuando, hablando de lenguas y lenguajes narrativos y tras confesar que él empezó a aprender idiomas para ligar, dijo: "La diversidad es la literatura, que corta transversalmente todas las lenguas y nos permite entender a los otros. Si leyéramos sólo nuestra literatura, no conoceríamos realmente la literatura. Por eso el escritor es un referente: por el mero hecho de serlo. Una pesada obligación, que no puede rehuir. Porque eso sería como si un delincuente dijera: 'Mire, es que yo robo y mato para ganarme la vida".

Carlos Fuentes: "El escritor no está obligado con la política sino con la imaginación"

Para el húngaro Peter Esterhazy, "la gran batalla de la escritura es el talento"

Tras la primera andanada, Mendoza continuó, sereno y dulce en apariencia, pero igual de incisivo: "El escritor es un referente. No sé si moral, pero desde luego literario. Yo no veo diferencia entre moral y literatura. La moral es una conducta frente al mundo como lo percibimos. Y percibimos el mundo como nos lo enseña la literatura, y el cine, y el teatro. La representación del mundo, con todas sus implicaciones morales, es la literatura".

A su lado estaban la mallorquina Carme Riera, que abogó por el escritor que escribe y el ciudadano que se compromete; y Peter Esterhazy, otro irónico indómito, flamante premio de los libreros alemanes en Francfort, que advirtió de que en su discurso haría varias referencias a la anunciada, pero ausente, Susan Sontag, y lamentó entre bromas la "escasa fiabilidad organizadora" de los españoles.
Luego, el húngaro recogió el guante mendocino. Dijo que la creación es una cosa "oscura y llena de barreras", y que la política sólo es una barrera más. Y afirmó que la novela es una herramienta estética más que moral. Pero se desmintió enseguida: "La gran batalla de la escritura es el talento", dijo Esterhazy, "pero para mí el lenguaje del poder, el ruso, ha sido materia prima. Me permitía jugar, incorporar el habla de la dictadura para ridiculizarla con indirectas. Algunos libros míos de esa época eran puro lenguaje de poder: no se entendía nada, todo eran indirectas, mentiras. Cuando las dictaduras son ridículas, tienen los días contados. Y uno no puede ser apolítico en una dictadura. Pero cuando no se entiende un libro, uno tampoco se entiende a sí mismo. Así que mejor que todo vaya bien: absténganse, por favor, de imponer más dictaduras". Esterhazy también habló de Céline, ese "hijo de puta" que fue "el mejor prosista" de su tiempo, para determinar que es mejor confiar en la obra que en el autor.
Mendoza bromeó: "Sí, también nuestra dictadura tenía los días contados: pero eran 28.500". Entonces, añadió: "Saramago puso ayer el ejemplo de Tolstói para negar que es un referente. Quizá el escritor no es un predicador, pero debemos tenerlo claro: es un referente. Porque colabora en construir el imaginario colectivo".
Saramago no aguantó más alusiones directas y caminó a grandes zancadas hacia la mesa entre los aplausos de todos. "Siento que algunos estén frustrados, pero lo que vieron ayer aquí fue un ejercicio de honestidad intelectual. Una cosa es el compromiso social y otra ser un referente. Referente moral eran esas señoras que iban por el mundo como Dios, Jesucristo o un gurú. Eso no somos. Por lo menos, yo no. Tengo mi sentido moral de la existencia, claro, y respeto esas reglas en la medida que puedo. Compromiso social, todo lo que puedo. Referente moral, lo que ustedes quieran. Puede que lo sea para algunos. ¡Pero yo no busqué esa cruz!".
Ahí estaban otra vez las conciencias en marcha: la vieja polémica del escritor comprometido, de la que el programa había tratado de huir explícitamente, arrasaba de nuevo. Carlos Fuentes, Tomás Eloy Martínez, Juan Goytisolo y Nélida Piñón, moderados por el escritor mexicano Ignacio Solares, se citaron por la tarde para hablar de globalización y centros de poder.
Nélida Piñón realizó un elogio de mestizaje y criticó la forma en que el mercado y las grande corrientes silencian las literaturas periféricas: "Pocos españoles conocen a Machado de Asís, pero seguro que todos conocen el fútbol".
Fuentes declaró solemnemente "superado el mandato sartreano del compromiso político". "El escritor no está obligado con la política, sino con la imaginación y con el lenguaje. Pero, ¿por qué entonces las dictaduras matan, encarcelan o exilan a los escritores? Porque ellos tienen una imaginación distinta de la del Estado, un lenguaje diferente. Eso encumbró a Thomas Mann, a Milan Kundera, a 20 más: el empleo de la imaginación y el lenguaje en plena libertad. Ésa es nuestra única responsabilidad". Y coincidió con Riera: "Después, todos tenemos derecho a tomar la opción política que más nos convenza. Como ciudadanos". También afirmó que hay que luchar por proteger el sentido ético de la palabra frente a los caprichos del comercio: "Si nos quitan eso podemos darnos por muertos".
El argentino Tomás Eloy Martínez cree que no se puede desvincular el texto literario del receptor: "Los referentes morales los construyen los lectores. Cuando hay dictaduras violentas y el poder es sordo y ciego, la literatura no tiene peso ni posibilidad de construir nada. Si el poder es iletrado y analfabeto, la literatura no sirve. Para eso hace falta que el poder se deje impregnar o impresionar. Argentina es la demostración de eso. Y ahora ocurre lo mismo en Estados Unidos: el rol del intelectual ha desaparecido por la ceguera del poder político, que aniquila las voces negándose a oírlas. Por mucha pasión que ponga, el escritor solo no puede hacer nada".
Juan Goytisolo -que denunció la dictadura del mercado y los imperios mediáticos- animó a defender con uñas y dientes el legado de la diversidad cultural y se mostró escéptico respecto al valor moral de la literatura. "Una cosa es la creación y otra la labor cívica. Cada día me veo obligado a tomar partido, sobre todo desde que mi aversión a Aznar se convirtió en una cosa física, en una pesadilla. Fuera de eso, distingo el compromiso y la escritura".