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jueves, 29 de julio de 2021

Dennis Lehane / “Somos la cárcel en la que estamos prisioneros”


Dennis Lehane posa para EL PAÍS en Santa Mónica, California, en 2019.
Dennis Lehane Santa Mónica, California, 2019

Dennis Lehane: “Somos la cárcel en la que estamos prisioneros”

20 años después de la publicación de ‘Mystic River’, el autor reflexiona sobre los grandes temas de su literatura y cómo creó aquella novela que lo cambió todo para él


Juan Carlos Galindo
Madrid, 4 de mayo de 2021

“Los grandes hombres intentan hacer las cosas bien, que es lo único que importa. El verdadero amor es así”, reflexiona el personaje de Annabeth Marcus en las desoladoras páginas finales de Mystic River, una novela publicada hace 20 años y que marcó un punto de inflexión en la carrera de Dennis Lehane y en el devenir del género negro contemporáneo. Annabeth dice esto a su marido Jimmy, un hombre con las manos manchadas de sangre, marcado, como tantos personajes de Lehane, por el peso de la culpa y de un pasado que no termina de irse, decidido a hacer lo que sea por defender a los suyos. “Es uno de los pocos libros que he escrito a los que todavía soporto volver. Salió muy bien, la construcción es sólida, los personajes tienen profundidad. Es lo más parecido a mi voz, puedo escuchar mi propia cadencia cuando lo leo. Y es fiel al mundo en el que crecí, no idealiza, no sentimentaliza”, reflexiona Lehane una tarde de marzo en Nueva Orleans, donde se ha trasladado desde su residencia en Santa Mónica para grabar con Apple una serie para televisión, una labor que ha ido ocupando cada vez más tiempo en el quehacer del autor de Shutter Island.

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Mystic River cuenta la historia de tres hombres —Jimmy Marcus, Sean Devine y Dave Boyle— cuyas vidas dieron un vuelco una aburrida tarde de 1975 cuando se toparon con dos depredadores sexuales. Dave subió al coche de los monstruos, engañado, y pasó cuatro días secuestrado, sometido a las peores vejaciones. Nada volvió a ser lo mismo para ninguno de aquellos niños que 25 años después tratan de sobrevivir a ambos lados de la ley. “Es la destilación de todo lo que pude atrapar acerca del mundo en el que crecí. Capta las alegrías y los horrores, la comedia y el sinsentido de la violencia. Recuerdo haberme dado la misión de desenterrar esos recuerdos solo como fueron, y no como deberían haber sido o como yo querría que fuesen”, rememora Lehane (Boston, 55 años) desde su residencia provisional, rodeado de mansiones de estilo clásico sureño y calles flanqueadas por enormes árboles de los que cuelgan grandes líquenes. Nada parecido a su Boston natal, a esos vecindarios obreros en los que todo el mundo se conocía, parte esencial de su geografía literaria y que ahora han desaparecido. “Prácticamente todos esos barrios están ahora completamente gentrificados y serían irreconocibles para la generación de mis padres”, lamenta Lehane, que ya en Mystic River anticipa un movimiento que luego ha sido imparable.

viernes, 23 de mayo de 2003

Clint Eastwood / El tren irrefrenable del destino

 


El tren irrefrenable del destino

Daniele Creamer
Cannes,23 de mayo de 2003

"La historia trata sobre la fuerza del destino, que es como un tren irrefrenable del cual uno no se puede bajar, te guste o no". Clint Eastwood justificó así la violencia y la fatalidad que envuelven Mystic River, una adaptación del thriller psicológico homónimo de Dennis Lehane. "A los estudios no les interesó en un principio la trama pues no se trataba de Mystic River reloaded", dijo, "sino de cosas serias para adultos. Ya estoy muy viejo para hacer ese tipo de producciones artificiales, o cómics, que son los que más dinero producen".

Eastwood llegó ayer a Cannes acompañado por gran parte de su elenco estelar: Tim Robbins, Kevin Bacon y Laura Linney, quienes se declararon profundamente satisfechos de su participación en la película. "A Sean Penn le fue imposible venir por motivos de agenda", aclaró el cineasta. "Habría recitado hasta la guía telefónica con tal de trabajar con Clint", dijo riendo Linney. "Ni siquiera tuve que leer el guión para aceptar este papel". "Yo sí lo hice, y enseguida continué con el libro, pues me parecía un sueño estar involucrado en esta historia", afirmó Bacon. "Incluso como iniciativa nuestra, seguíamos haciendo lecturas del guión después de cada día de rodaje, aunque no estuviera presente Clint", señaló Robbins. "Y yo los elegí a todos ellos porque yo me veía demasiado joven para la película", continuó bromeando a su lado Eastwood.




También aclaró que en esta ocasión, no ejerce de actor porque "ha sido más descansado estar solo detrás de la cámara. La idea inicial de alternar los dos trabajos era precisamente ésa: una suave transición de la interpretación a la dirección. Con Mystic River lo he conseguido. Pero, ¿retirarme del cine? Lo he pensado durante 30 años, y aquí me tienen. Listo para mucho más".

Además, la Unesco concedió ayer la Medalla de Oro Fellini a Clint Eastwood y al director de Sri Lanka Lester James Peries, informa Efe. Este premio fue creado en 1995 para distinguir "grandes carreras cinematográficas e iniciativas originales tendentes a hacer vivir el séptimo arte". Ambos cineastas recibirán el galardón hoy en Cannes.

* Este artículo apareció en la edición impresa del viernes, 23 de mayo de 2003.

EL PAÍS