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domingo, 15 de octubre de 2017

Julián Herbert / Una oración



Julián Herbert
Una oración

Escúchame, Señor: mi cólera
aventaja a la tuya.
Te suplique no pusieras tu puño
      entre los amantes.
Te pedí salvar de plagas a cuantos pudieras.
Te he rogado mes tras mes
no sea la ruina de los justos
el único juguete de tus fines de semana.

Tú vienes del sueño
como cualquiera de nosotros
y tu sonada vocación por la crueldad
no destruirá las canciones antiguas
ni la fe de mis amigos
en tu santidad.
Intenta oírme, Señor:
has pecado mucho.
Es hora de que salgas al balcón
y nos dirijas unas dulces palabras de consuelo. 

Juian Herbert / Ojos





Julián Herbert
Ojos

La Historia Universal
en los recuerdos de mi casa en Acapulco:
callejón Benito Juárez
con un puesto de aguas frescas
y el perfume de los mangos;
tal vez un costado de la cárcel
insinuándose apenas tras la esquina.

Julián Herbert / Destreza pasajera



Julián Herbert 
Destreza pasajera

3

Hacíamos el amor en colonias oscuras
la espalda contra el muro de un depósito de agua
tres mil cinco mil litros y a veces nos tocábamos
pensando en Jessica
Lange Kim Basinger Belén Ríos
nuestros sueños no daban para mucho
un poco de beisbol
la canción que pedimos y nunca programaron
el soplo de rencor esparcido a medianoche
cuando el himno nacional abría la puerta del insomnio

Julián Herbert / Poemas


Julián Herbert
POEMAS

los poemas en los que te esperé
hasta las once de la noche
con cinco pesos en la mano
y el presentimiento de que ya no pasarías
los poemas oscuros y profundos
en los que caminé promesas que duraban
medio bosque cubierto por la nieve
and miles to go before I sleep
los poemas en los que me casé contigo:
casi siempre tenías los ojos claros
verdes o azules
y una vez eras pelirroja
pero igual nos divorciamos
los poemas donde
nos cagamos de la risa
de los poetas que escribieron
aire altísimo
los poemas donde
nos cagamos de la risa
del poeta que escribió
una cantiga
los poemas donde
nos cagamos de la risa
de los poetas que escribieron
uy uy uy
los poemas que pagaron
con la beca
un volkswagen verde
entre blancas gallinas
[tanto depende de]
los poemas
que leímos mal
los poemas
espanto: un fulgor
de gas de hueso viejo
ardiendo fluorescente en
la noche del panteón:
un pedo metafísico
los poemas
que nos hicieron engordar
los poemas que solo funcionaron
si habías visto la tele:
David Vincent los ha visto
transforma este cuerpo decadente
dónde está mi arco
maldita pobreza
los poemas que solo funcionaron
si no habías visto la tele:
dichoso quien tome a tus niños
y estrelle sus cráneos contra las peñas
los poemas peor de todas
los poemas sombrero de fieltro
los poemas mataviejitas
los poemas ropa sucia
los poemas con dj vj cb doble cabina y
tubo de téibol
los poemas herpes
genital
los poemas realismo chistoso
los poemas Hola!
los poemas del Círculo
los poemas del circo
los poemas de Ciro Gómez Leyva
:
los poemas que escribieron
las mejores mentes de mi generación
destruidas por la brisa

Poesía mexicana contemporánea / Julián Herbert


POESÍA MEXICANA CONTEMPORÁNEA

Julián Herbert




"Los sabios solo escuchan"
Julián Herbert


Ignacio Ballester

domingo, 6 de agosto de 2017



Julián Herbert (Acapulco, 1971) es uno de los escritores que por méritos propios más importancia tiene en la generación de los setenta. Sus poemarios El nombre de esta casa (Tierra Adentro, 1999) y Pastilla camaleón (Bonobos / Reino de Nadie, 2009) están en el Archivo de Poesía Mexa en forma de manuscritos, de ahí que la paginación no se corresponda con la edición final. Además es autor de novelas, ensayos y fue vocalista del grupo de rock Los Tigres de Borges.
            En Vallejo&Co.Tierra AdentroLa ColmenaHorizonte o en las revistas Crítica y Lecturas encontramos algunos de sus poemas. Colabora con Letras Libres o El País y destacan sus «Apuntes sobre poesía mexicana reciente» en Transtierros. Su novela Canción de tumba (Mondadori, 2012) le hizo famoso por retratar el difícil contexto en el que se crio. En La Jornada UNAM Ángel Vargas considera que el ganador de los premios Nacional de Literatura Gilberto Owen, en 2005 o de Novela Elena Poniatowska, en 2012, critica sobre todo en su poemarioÁlbum Iscariote (2013) «la manera de entender y asumir la poesía en México». Por su parte, Arturo Valdez Castro publica en Replicante una exhaustiva nota sobre la poesía de Herbert, para quien «lo que nos falta en realidad es la construcción de una crítica y, además, nos faltan discursos intergeneracionales».
            El nombre de esta casa (1999) comienza con la presentación que Herbert preparó para una reedición de su libro que no se llevó a cabo: «La poesía no es más (ni menos) que una destreza pasajera» (firmada en 2013). En estas líneas el poeta explica su relación con la escritura y la importancia puntual del poema. Dice que este no es su primer libro, pero «debió serlo». Es del que no se avergüenza demasiado. Herbert observa a quienes pasean por el parque y se pregunta hacia atrás rememorando a Gil de Biedma frente al mar de Barcelona. La nostalgia del pasado y el homenaje al presente se ven en el soneto «El abandonado», aunque no estamos ante un poeta que se mueva en las formas clásicas. En la introducción que comentábamos, el autor afirma que si publica su poesía completa será bajo el título «Destreza pasajera». Este es el nombre de uno de sus poemas, cuya quinta parte termina con dos alejandrinos coloquiales que recuerdan una vida descarada: «Y fuimos muy felices, hasta que me dejó / para casarse con el chofer que hoy la maltrata» (35). La separación, el inicio y retorno (que diría Arnold van Gennep en sus rites de passage) rezuman en los poemas de Herbert para nombrar lo invisiblemente cívico, cotidiano y humano. El hecho de que El nombre de esta casa se divido en tres partes («Gentes», «Calles» y «Letreros») recuerda, salvando las distancias, a las prosas de Quirarte, Enseres para sobrevivir en la ciudad (1994). Por otra parte, y tal como hicieron Rosario Castellanos, León Felipe, Antonio Machado, Pablo Neruda, Nicanor Parra u Homero Aridjis, Herbert cultiva un «Autorretrato a los 27» (59) y en el «Bonus Track» (2012) otro «Autorretrato a los 41» (94): crítica mordaz a los harapos de la juventud.
            Pastilla camaleón (2009) se divide en «Pastillero» y «Portaviones»: dos retratos sociales de la cadencia extática. Hernán Bravo Varela, con quien Herbert habla de la nueva poesía en Tierra Adentro, reseñó este poemario del acapulqueño en Letras Libres: « Con su maestría acostumbrada, Herbert pone al mismo nivel las altas cimas y los bajos fondos del lenguaje». La realidad y la ficción motivan la experiencia para decir que «La revolución es el opio del pueblo», nombre de uno de los primeros poemas de este libro y también título del ensayo sobre poesía social que Herbert publicó en la Revista cultural de la Universidad Autónoma de Puebla, Crítica, también en 2009. Así termina la primera parte de «Suburbio de una bala», dirigido a «Mónica:»

[...]
Lástima que no baste con decirlo
(y por eso al escribir
la confesión es el suburbio de una bala que atina
y por eso la poesía es la grieta
menos visible de nuestras urnas funerarias)
para volver redondo el viaje del deseo
al valle de los muertos.
Redondo: una esfera de epifanía
y odio
en la que desnudarte fuera un símbolo de mí (24).

La preocupación por los límites del poema es común en Herbert, según el estudio de Francisco Estrada Medina en el indispensable libro de Alemany: Artes poéticas mexicanas. En «[Johann Heinrich Füssli, La desesperación del artista ante la grandeza de los fragmentos antiguos, 1778-1780, Zurich, Kunsthaus]» (69) pone a dialogar la imagen de un retrato vacío (como vimos con León Plascencia Ñol) con un texto más extenso que lo que podemos interpretar en una primera lectura. Asimismo destaca la herencia de la tradición renovada que mediante los superhéroes, los personajes de ficción o la tachadura, por ejemplo, muestra en Álbum Iscariote (2013). Una antología personal hueca, varios desamores, muchas dudas −«¿Rimaba el Cid Ruy Díaz? / ¿Cabalgaba Cavalcanti? / ¿Desmontaba Lérmontov?» (97)−, una variada referencialidad e infinitas motivaciones construyen un texto que se reconoce por su voz heterogénea.
            En definitiva, estamos ante un poeta que cultiva infatigablemente y con rigor todos los géneros que cada vez más se vinculan con lo que es un poema autónomo y no tanto un poemario convencional. Sus reflexiones sobre la poesía mexicana enriquecen una obra distinta y peculiar, cuya fuerza radica en los temas culturales y no tanto en las formas antiestróficas. Herbet logra concentrar en pocos versos la cruda realidad de un sonido que nos atormenta y nos place.





sábado, 14 de octubre de 2017

Nuevos escritores / Voces emergentes de América Latina


Voces emergentes de América Latina

Una generación libre de complejos del pasado toma el testigo de la gran novela en español. La violencia, el narco y la cruda realidad del continente nutre a estos autores


BERNA GONZÁLEZ HARBOUR
26 AGO 2016 - 13:08 COT





Ilustración de Ana Juan.Ampliar foto
Ilustración de Ana Juan.

Leer a Emiliano Monge es sintonizar con una poesía oculta, una cadencia invisible que acompaña su novela arisca, dura, de tono y trama de lija, pero al fin y al cabo confortable en algún punto, en algún lugar y en algún tiempo inexplicable. Las tierras arrasadas, una novela dedicada a los que él llama los sinalma, los sincuerpo,los sinpatria —y que son los migrantes que atraviesan México hacia el norte—, es el paradigma de una nueva narrativa vital, directa, catártica y sin rodeos que algunas voces potentes de América Latina están colocando en las librerías mientras renuevan el panorama en mayúsculas. Escritores nacidos en los setenta y ochenta de países que alguien dijo que abrazaron la democracia, pero que aún necesitan expurgar la violencia, la crueldad y la sinrazón que siguen enturbiando su progreso.

viernes, 28 de julio de 2017

Boom / La bomba que todavía desnuda


García Márquez, Jorge Edwards, Vargas Llosa, José Donoso y Ricardo Muñoz Suay
1974

BOOM
La bomba que todavía desnuda

Superados ya manifiestos como McOndo o el Crack, hay un víncu­lo secreto entre los autores latino­americanos jóvenes y sus abuelos del boom


RAFAEL GUMUCIO
28 JUL 2017 - 12:29 COT






Imagen de la Feria del Libro de Guadajara, México (FIL) en 2007.
Imagen de la Feria del Libro de Guadajara, México (FIL) en 2007. EFE

Se cumplen 50 años de la publicación de Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez, el libro que hizo completamente inevitable el boom latinoamericano. La mayor parte de los protagonistas de este extraño fenómeno que nos dejó dos premios Nobel, y la costosa ilusión que escribir en latinoamericano podía ser rentable y hasta glorioso, están muertos. Los libros que quedan, los que sobrevivieron a su propia ambición — Conversación en La Catedral, Rayuela o El obsceno pájaro de la noche—, bebían de la idea de absorber todos los demonios de la patria a través de los demonios más personales del autor. Fueron best sellers paradojalmente porque eran libros exigentes, que pedían de alguna forma no sólo la complicidad del lector sino una especie de militancia. Eran libros que le debían mucho a Faulkner, Hemingway, Henry James y Sartre, pero también a Borges, Onetti y Juan Rulfo.

miércoles, 14 de diciembre de 2011

Julián Herbert / "Los libros son más generosos que los hombres"



"Los libros son más generosos que los hombres"

'Canción de tumba' convierte a Julián Herbert en una de las sorpresas del año



JAVIER RODRÍGUEZ MARCOS
Madrid 14 DIC 2011

"Una obra maestra hecha a mano en un mundo de reproducciones de plástico". Las palabras que Tony Judt dedicó a El primer hombre, de Camus, servirían para describir Canción de tumba (Mondadori), el libro con el que el mexicano Julián Herbet (Acapulco, 1971) ha ganado el premio Jaén de Novela. Narrador, poeta y vocalista de la banda de rock Madrastras, Herbert cayó en 2006 como una piedra en el estanque editorial español con Cocaína. Manual de usuario (Almuzara), un texto escrito con el mismo cuchillo con el que ahora relata la vida de su madre, prostituta.
La enfermedad terminal de una mujer cuyo primer recuerdo era una paliza fue el detonante de la historia que su hijo empezó a redactar para sobrellevar las noches de hospital. "Tuve que vencer una vergüenza personal y otra literaria", dice el escritor por teléfono desde Saltillo. "Lo autobiográfico tiene esquinas difíciles". "Madre solo hay una. Y me tocó", reza la cita que abre Canción de tumba. Lo que le sigue es un torrente de nomadismo prostibulario, casas malconstruidas por sus propios inquilinos, desahucios y violencia. "Lo malo de ser el hijo de una puta es que, cuando eres niño, muchos adultos actúan como si la puta fueras tú. Mi hermano mayor tuvo que salvarme de ser violado al menos en tres ocasiones antes de que me graduara de primaria", escribe Herbert, que insiste en que su mayor preocupación no fue qué contar sino cómo hacerlo: "No quería hacer una autobiografía sino algo que funcionase literariamente".


La novela del autor mexicano narra la historia de su madre, prostituta

Dice el novelista que "todo abismo tiene sus canciones de cuna", y por eso subraya que ha querido huir de la "ideología" del dolor: "El dolor es intransmisible, solo admite cómplices. Plantearse otra cosa solo sirve para hacer novelas chantajistas". Tal vez por eso su libro tiene algo de sangrante canción de amor no exenta de redención. La palabra no le convence: "Redención, no. Uno es mejor o peor escritor por lo que hace con lo que le tocó. Tengo amigos nacidos en familias felices que son grandes escritores por otra clase de cicatrices. No reivindico ni la pobreza ni el sufrimiento. Con cualquier vida se puede construir un universo literario".
Julián Herbert
Foto de Mónica Álvarez Herrast

Efectivamente, con un estilo como el suyo, daría igual que Julián Herbert estuviera relatando la vida de la Madre Teresa. Para muchos de los que van a sus conciertos, avisa, la literatura es una lengua muerta. La suya, sin embargo, se alimenta de poesía culta, oralidad callejera y anglicismos sin mala conciencia: "No renuncio a la literatura, pero eso hoy significa algo más que escribir bien. Escribir solo para ser comprendido achata el lenguaje, le quita filo. ¿Los anglicismos? En México todo es frontera".
En Canción de tumba la vida de los personajes va acompañada por una decepcionante sucesión de Gobiernos. Así, asoció a López Portillo el desahucio de sus 12 años : "Le tengo un resentimiento infantil. El desamparo vino de un presidente con discurso de izquierdas". De aquel naufragio rescató un libro de Oscar Wilde y admite que la literatura le salvó de "muchas cosas", pero matiza: "Como a cualquiera. Los libros son más generosos que los hombres". Su manuscrito no lo leyó ninguno de los que salen en él. "No lo voy a leer nunca", le dijo su mujer. Es ella la que en un momento del relato le pide: "Cuéntame ahora un recuerdo feliz".
* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 14 de diciembre de 2011