jueves, 16 de octubre de 2008

Víctor Rodríguez Núñez / Entrada


Víctor Rodríguez Núnez
ENTRADA

No sé por qué camino
pero he llegado aquí
Hasta este raro sitio
sin casas ni paisaje
Este lugar desnudo
de las piedras al alma
donde el mundo germina


Quizás también tú llegas
siguiendo ese camino
En esta vida harta
de aciertos y certezas
sólo el error nos une
La poesía es el reino
de los equivocados


Oración inconclusa, 2000

.

domingo, 12 de octubre de 2008

Luis Cernuda / Donde habite el olvido


Luis Cernuda
DONDE HABITE EL OLVIDO

Donde habite el olvido,
En los vastos jardines sin aurora;
Donde yo solo sea
Memoria de una piedra sepultada entre ortigas
Sobre la cual el viento escapa a sus insomnios.
Donde mi nombre deje
Al cuerpo que designa en brazos de los siglos,
Donde el deseo no exista.
En esa gran región donde el amor, ángel terrible,
No esconda como acero
En mi pecho su ala,
Sonriendo lleno de gracia aérea mientras crece el tormento.
Allá donde termine ese afán que exige un dueño a imagen suya,
Sometiendo a otra vida su vida,
Sin más horizonte que otros ojos frente a frente.
Donde penas y dichas no sean más que nombres,
Cielo y tierra nativos en torno de un recuerdo;
Donde al fin quede libre sin saberlo yo mismo,
Disuelto en niebla, ausencia,
Ausencia leve como carne de niño.
Allá, allá lejos;
Donde habite el olvido.



sábado, 11 de octubre de 2008

Sergio Pitol / El hombre de los peces rojos



Sergio Pitol

Sergio Pitol

El hombre de los peces rojos


REINA MARÍA RODRÍGUEZ
11 OCT 2008

Conocí a Sergio Pitol a partir de sus traducciones de cuentos polacos contemporáneos y gracias a él, encontré a Witold Gombrowicz, a Bruno Schulz y hallé una extensión de las fronteras, donde los sueños son más que fantasías, pronósticos: huevos de avestruz que empollan páginas; carta perdida que aparece denunciando el horror cometido contra Meyerhold; fragmento sobre Marina Tsvietáieva en un vitral de familia donde se pueden tocar, los añicos en los que convirtieron su vida; o las sanguijuelas prendidas a la nariz de Gogol que uno quisiera también, arrancar.
Sergio Pitol, como autores que Angelo Maria Ripellino convirtió en personajes de su Praga mágica: Kafka con traje negro y bombín; Egon Edwin Kisch rayando fósforos hasta llegar a su casa "a través del color ahumado de la oscuridad"; está obsesionado por recuperar las pérdidas de una inminente ruina geográfica, humana, sentimental y literaria. Una aparición repentina se entrecruza con lo real para darnos poblados en un cambio de estación, flora o fauna embrionaria renovando así, las letras hispanoamericanas con "su extraña juventud". Nunca hay un viaje hacia donde presumiblemente se llega sino, a procesos sin géneros, a regodeos con enfermedades, aspirinas, recuerdos, buscando sin querer, ese algo anterior y perdido; corriendo, "la misma suerte que corrió Don Quijote, catalogado... entre lecturas fáciles y divertidas y, más tarde... no como la gran parodia que es" -dice, Luz Fernández de Alba-, uno puede extraviarse por espacios que interactúan en un juego incesante. Porque, Pitol está en el cambio mismo, esa encrucijada, donde contrapone al movimiento del mundo, su propio movimiento. De ahí, su juventud (esa inmadurez que Witold Gombrowicz buscó hasta su muerte). Inmadurez de lo vivo, contra demasiados fines dictaminando la cultura, la vida. Risa, ironía, parodia. Se esconde en los residuos para ganar tiempo; busca autores extraviados de algún centro o poder: Cervantes, Kafka, Bernhard; Bulgákov, Beckett, anteponiendo, como él dice, "el triunfo de la manía sobre la propia voluntad". Esa manía, es su escritura. Un achaque.
Ahora, ha vuelto a La Habana, un lugar detenido en el tiempo y le pregunto, ¿cómo está en el presente, ese sitio que fácilmente extrapolamos y perdemos? No trajo sus libros, sonríe. Sale en busca de otras historias: Victorio Ferri cuenta un cuento; Tiempo cercado; Infierno de todos; Los climas; No hay tal lugar; Asimetría; Nocturno de Bujara; El desfile del amor; Juegos florales, El arte de la fuga que logran, "una visión especial del hombre", en un encuentro casual, trágico y divertido a la vez, devorado desde afuera por su presente porque, la forma puede salir de una conversación intrascendente para quienes olvidan la carnavalización a la que estamos condenados, esa esfera que Bruno Schulz llama, "zona de contenidos subculturales, no acabados de formar y rudimentarios", donde se ahoga la inmadurez del hombre, para construir la madurez de un relato en la próxima aventura: Domar a la divina garza.
El viaje termina con otro proceso que se abre y el niño (Iván, niño ruso), aparecerá persiguiéndolo, cuando atraviesa el ingenio y camina hasta un montón de bagazo de caña. "No logro saber, dice, de qué modo llegó a conocer ese sitio solitario ni quién me enseñó a orientarme en aquel laberinto obstruido a cada momento por máquinas gigantescas. Una vez allí, me sentaba o tendía sobre el bagazo tibio...".
Reina María Rodríguez (La Habana, 1952), poeta, es autora, entre otros libros, de Al menos, así lo veía a contraluz (Archione Editorial). Ha obtenido en dos ocasiones el Premio Casa de las Américas.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 11 de octubre de 2008
EL PAÍS


FICCIONES


Luis Cernuda / Contigo


Luis Cernuda
CONTIGO
¿Mi tierra? 
Mi tierra eres tú. 

¿Mi gente? 
Mi gente eres tú. 

El destierro y la muerte 
para mi están adonde 
no estés tú. 

¿Y mi vida? 
Dime, mi vida, 
¿qué es, si no eres tú?




viernes, 10 de octubre de 2008

Cristina Peri Rossi / Oír a Bach


Cristina Peri Rossi
OÍR A BACH

Oír a Bach
es un insulto
si por mi puerta entran
los más diversos crímenes de la Historia
las más famosas infamias
la desgracia de mi madre
y este amor
que se cae como un espejo
tumbado por el viento.




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jueves, 9 de octubre de 2008

Cristina Peri Rossi / Afrodita

Crows
Nicoletta Ceccoli

Cristina Peri Rossi
Afrodita

Y está triste
como una silla abandonada
en la mitad del patio azul
Los pájaros la rodean
Cae una aguja
Las hojas resbalan
sin tocarla
     Y está triste
en mitad del patio
con la mirada baja
los pechos alicaídos
dos palomas tardas
Y un collar
sin perro
en la mano

          Como una silla vacía.



Cristina Peri Rossi, Diáspora, 1976




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miércoles, 8 de octubre de 2008

Cristina Peri Rossi / R.I.P.



Cristina Peri Rossi

R.I.P.

Ese amor murió
sucumbió
está muerto
aniquilado      fenecido
finiquitado
occiso               perecido
obliterado
muerto
sepultado
entonces,
                        ¿porqué late todavía?




Cristina Peri Rossi, Inmovilidad de los barcos, 1997



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martes, 7 de octubre de 2008

Cristina Peri Rossi / Tango


Cristina Peri Rossi

Tango

La ciudad no eras vos
No era tu confusión de lenguas
ni de sexos
No era el cerezo que florecía -blanco-
detrás del muro
como un mensaje de Oriente
No era tu casa
de múltiples amantes
y frágiles cerraduras

La ciudad era esta incertidumbre
la eterna pregunta -quién soy-
dicho de otro modo; quién sos.



Cristina Peri Rossi, Otra vez eros, 1994




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lunes, 6 de octubre de 2008

Cristina Peri Rossi / Aquella noche

Ilustración de Patrick Nagel

Cristina Peri Rossi
AQUELLA NOCHE

La noche en que nos conocimos
yo empecé a perder
La cerilla explotó
y me quemó los dedos
manché mi blusa con el vino
Olvidé por completo el nombre
del mes y del día

Tanta turbacióm
sólo podía ser la prueba
de un deseo muy grande

tan grande
que ni tú misma
podías satisfacer.





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domingo, 5 de octubre de 2008

Cristina Peri Rossi / Distancia justa

Ilustración de Patrick Nagel

Cristina Peri Rossi
DISTANCIA JUSTA

En el amor, y en el boxeo
todo es cuestión de distancia
Si te acercas demasiado me excito
me asusto
me obnubilo           digo tonterías
me echo a temblar
pero si estás lejos
sufro entristezco
me desvelo
y escribo poemas.



Cristina Peri Rossi
Otra vez eros, 1994





El inquietante atractivo de la guerra

Generation kill


El inquietante atractivo de la guerra

'Generation kill' (Canal +) sigue los pasos de un comando de 'marines' en Irak



GUILLERMO ALTARES
Madrid 5 OCT 2008

Como ocurre cada vez con más frecuencia en Hollywood, la guerra de Irak todavía no cuenta con una gran película, con uno de esos filmes que consiguen que, incluso en la era de YouTube, llegue a confundirse lo real y lo imaginado; pero sí tiene una gran ficción televisiva: se llama Generation kill, sus autores son David Simon y Ed Burns, los creadores de The Wire, y la estrenará Canal + el 7 de octubre (21.30). A lo largo de siete episodios, la serie seguirá a una compañía de reconocimiento de marines estadounidenses durante la invasión de Irak y está labrada en la tradición del mejor cine de combate. De hecho, en algunos momentos aguanta la comparación con Hermanos de sangre, la miniserie sobre la II Guerra Mundial que produjeron Steven Spielberg y Tom Hanks.




La serie refleja la confusión de la batalla, el horror absoluto
Los soldados de la Compañía Bravo van hasta arriba de pastillas de cafeína






Generation kill (Generación matar) está basada en el libro del mismo título del reportero Evan Wright, empotrado con los marines durante los dos primeros meses de la guerra, que comenzó el 20 de marzo de 2003. Ni el libro ni la serie ocultan ningún detalle por desagradable que sea -niños muertos a tiros en controles en los que se dispara contra todo lo que se mueve, bombardeos de aldeas en las que sólo hay civiles, mandos incompetentes- y muestran cómo las normas de enfrentamiento se van endureciendo conforme avanza la invasión. Los periodistas españoles sabemos, tras la muerte del cámara José Couso en el hotel Palestina de Bagdad, hasta qué punto el Ejército de EE UU disparaba contra objetivos claramente civiles.
Sin embargo, y en eso se parece a la obra maestra del reporterismo sobre Vietnam, Despachos de guerra, de Michael Herr, el espectador no puede evitar oleadas de simpatía por unos tíos que idolatran a la muerte, pero que se juegan la vida en los caminos polvorientos de una guerra absurda. Los soldados de la Compañía Bravo van puestos hasta arriba de pastillas de cafeína, tienen problemas de suministros, están obsesionados por encontrar el mejor momento para cagar, apenas cuentan con apoyo aéreo, reciben las emboscadas "como plegarias atendidas", son obscenos hasta la vergüenza ajena, comparan la guerra con el Grand Thef Auto o cualquier otro videojuego; pero son seres humanos, personajes de carne y hueso.
En el Bagdad de los saqueos, cuando un periodista compartía unas cervezas con soldados de EE UU, era frecuente que acabasen enseñándole los vídeos grabados durante su avance por la tierra de los dos ríos: y eran puro Generation kill. A veces retrataban el combate en medio de un ambiente de bromas de campamento de verano, otras eran escenas salvajes. Esta serie ha captado esa autenticidad, la guerra vista desde los ojos de una generación que, como escribe Evan Wright, refleja una "nación que se hundió desde el estado de gracia de Camelot (la Casa Blanca en la época de John Kennedy) hasta la vergüenza del Watergate, unos jóvenes que entraron en Irak con la idea de que las grandes mentiras son tan esenciales para el Estado como los impuestos".
Es una serie capaz de reflejar la pequeña historia de los soldados, la confusión de la batalla, el horror absoluto de la guerra, la locura de la violencia desatada, pero también la fascinación que todo aquello nos produce. Porque, como afirma un fotógrafo en el libro de Michael Herr: "¡Quitarle encanto a la guerra! Bueno, dime, ¿cómo coño vas a poder hacer eso?... No puedes quitarle atractivo a eso, es como intentar quitárselo al sexo o a los Rolling Stones". Cualquier muchacho de Generation kill subscribiría esta enloquecida declaración de principios.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 5 de octubre de 2008



sábado, 4 de octubre de 2008

Cristina Peri Rossi / Y el psiquiatra me preguntó

Fishingroom
Nicoletta Ceccoli

Cristina Peri Rossi
Y el psiquiatra me preguntó...

Y el psiquiatra me preguntó:
-¿A qué asocia el nombre de Alejandra?

-El dulce nombre de Alejandra
el olor de los pinos y cipreses
casas rojas castillos medioevales
una dama en el umbral
muebles púrpuras
la prodigiosa simetría de los parques
una hoja siempre en blanco
delante del ojo que acaricia
la falta de sonido
las lilas de los muros
un dolor enfermizo por casi todo
el muelle gris
las cosas que sólo existen en jardines
para decir cuyos nombres
es necesario empezar por Alejandra
la antigüedad de algunas piedras
respiración entrecortada
la dificultad
para hacer amigos,
en fin, medianoches fatales
en que todo nos falta
especialmente
un amigo
una amiga
inolvidables.



Cristina Peri Rossi, Diáspora, 1976



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viernes, 3 de octubre de 2008

Cristina Peri Rossi / Reminiscencia

Inconnu 01
Laurent Fièvre

Cristina Peri Rossi

Reminiscencia

No podía dejar de amarla porque el olvido no existe
y la memoria es modificación, de manera que sin querer
amaba las distintas formas bajo las cuales ella aparecía
en sucesivas transformaciones y tenía nostalgia de todos los lugares
en los cuales jamás habíamos estado, y la deseaba en los parques
donde nunca la deseé y moría de reminiscencias por las cosas
que ya no conoceríamos y eran tan violentas e inolvidables
como las pocas cosas que habíamos conocido.




Cristina Peri Rossi, Diáspora, 1976



jueves, 2 de octubre de 2008

Cristina Peri Rossi / Escorado


Cristina Peri Rossi
Escorado

Mirándola dormir
dejé que el barco se inclinara
lentamente hacia un costado
precisamente el costado
sobre el que ella dormía
apoyando apenas la mejilla izquierda
el ojo azul
la pena negra de los sueños
y por verla dormir
me olvidé de maniobrar
pensando en las palabras de un poema
que todavía no se ha escrito
y por ello
era el mejor de todos los poemas
tan sereno
tan sutil como su piel de mujer casi dormida
casi despierta,
tan perfecto como su presencia inaccesible
sobre la cama,
proximidad engañosa de contemplarla
como si realmente pudiera poseerla
allá en una zona transparente
donde no llegan las sílabas orando
ni el clamor de las miradas
que quieren acercarse
en la falsa hipócrita intimidad de los sueños.



Cristina Peri Rossi, Descripción de un naufragio, 1974



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miércoles, 1 de octubre de 2008

Francisco Hernández / Radiografía



Francisco Hernández
RADIOGRAFÍA

este poema huele a esperma
a sudor de negra
a pantalón traído de la tintorería:
al amanecer
sabe a vodka con hielo
a camarón gigante
o simplemente a madres.
es más ligero que el sexo de una hormiga
pero no se puede amplificar
ni humedecer
dada su calidad de combustible


sábado, 27 de septiembre de 2008

Héctor Abad / ¿Por qué se mata un escritor?

Yukio Mishima


¿Por qué se mata un escritor?


HÉCTOR ABAD FACIOLINCE
27 SEPT 2008 - 19:13 


Se dice, con más razón que sorna, que el único riesgo profesional de los poetas es el suicidio. No sé si hay estadísticas, pero tengo la impresión de que los escritores se suicidan más, proporcionalmente, que los mortales de otras profesiones. Si hago un rápido censo mental, muchos nombres se me vienen a la mente desde la antigüedad hasta hoy, mujeres y hombres: Safo, Lucrecio, Séneca, Silva, Larra, Woolf, Salgari, Trakl, Lugones, Mishima, Pizarnik, Hemingway, Plath, Márai... Y el pasado 12 de septiembre, la gran promesa de la narrativa estadounidense, David Foster Wallace, a quien hallaron ahorcado en su casa; un novelista de 46 años que ya en otras ocasiones había pedido que le protegieran de su propia pulsión de quitarse la vida.

viernes, 19 de septiembre de 2008

Melania G. Mazzucco / La metáfora de Roma

El Afganistán más veraz
Melanika G. Mazzucco

Melania G. Mazzucco

La metáfora de Roma


Miguel Mora
19 de septiembre de 2008


Melania Mazzucco (Roma, 1966) vive frente a los muros del Vaticano, "para ser consciente cada día de que Roma tiene otra ciudad metida en el corazón".



La capital italiana es la protagonista de su novela Un día perfecto, título de estirpe salingeriana, pero inspirado en una canción de Lou Reed, que edita ahora Anagrama en español, con traducción de Xavier González Rovira.

La autora de Ella, tan amada (Anagrama), novela biográfica sobre la escritora y viajera Annemarie Schwarzenbach (2000), y de Vita (Anagrama y Círculo de Lectores), fascinante saga de la emigración italiana a América que ganó el Premio Strega en 2003, se traslada en su quinta novela hasta el presente, para trazar un vívido y doloroso retrato coral que sirve de descripción y denuncia de los vicios, faltas y carencias que afligen a la desmoralizada sociedad italiana.

Aunque es una poética frase de George W. Bush la que da el tono a la novela en la primera página: "La familia es el lugar donde residen las esperanzas de nuestro país, el lugar en el que a los sueños les nacen las alas".

En sólo 24 horas de paseo por Roma, un paraíso mestizo, hecho de monumentos, simpatía, gracia, falsedades e inmoralidad, Mazzucco disecciona a los miembros de dos familias de clases muy distintas -la del senador Elio Fioravanti y la de su escolta, el policía Antonio Buonocore-, unidas por un proceso similar de demolición inminente.

La novela es tan negra como verosímil, y entra a saco, desnudándolos, en casi todos los mitos y tabúes de Berluscolandia: la familia como núcleo podrido y escenario donde suceden los delitos más abyectos; el machismo y la homofobia como valores supremos; la creciente desesperanza de los jóvenes. Y, como telones de fondo, la corrupción y el racismo, la opresiva hipocresía católica, el poder paralizador de la política y la televisión.

La presencia de Roma como metáfora de la Italia actual es continua en el libro. Página 110: "Esa proliferación de gaviotas en una ciudad sin mar le parecía un absurdo inexplicable. Pero tal vez fuera un signo de los tiempos: las gaviotas son parásitos y viven de la basura. Roma las había acogido. Roma acoge a todo el mundo. Y no perdona a nadie".

Tras vender 300.000 copias del libro, Un día perfecto ha sido llevado al cine -la película fue estrenada en el pasado Festival de Venecia- por Ferzan Ozpetek. Mazzucco viajará en breve a Barcelona y luego a la Feria de Guadalajara (México), donde la literatura italiana es este año la invitada especial, del 27 de noviembre al 7 de diciembre



PREGUNTA. Empecemos por el final. ¿Qué le ha parecido la película?

RESPUESTA. Preferí no participar en el guión porque me gusta ver la película interior del director; yo ya me considero la directora de mis libros. Sólo fui un día al estudio, y vi la escena de la violación... Me gusta la relación tan intensa entre Antonio y Emma, pero del resto no queda nada. A mí me parecen importantes otras cosas, como la historia del profesor gay, que explica muchas cosas de este país, pero a Ozpetek no le interesaba. De todos modos, estoy tranquila, miles de personas han leído ya el libro y se han hecho su película interior. Y yo ya me he habituado a eso, las novelas son de los lectores, no me pertenecen.

P. No sé si suena a insatisfacción

...

R. No, los lectores cuentan cosas muy bonitas de lo que significan para ellos mis historias; a veces interpretan a los personajes como si no fueran míos, y ese significar algo para ellos es una forma de desposesión. Ese camino empieza al entregar la novela, y después, con la película, empieza un camino distinto porque otra gente se acerca al libro.

P. Parece que ahora hay una buena relación entre cine y literatura en Italia...

R. Sí, especialmente con la novela negra, ya sea social o política. Tenemos necesidad de historias que intenten explicar este país de una forma sólida, y desde hace tres o cuatro años los cruces entre cine y literatura son más habituales, bastante frecuentes.


P. Eso pasaba menos en los años de oro del cine italiano.


R. Bueno, Ennio Flaiano, que era un gran escritor, fue guionista de Fellini. El cine robó mucho a la literatura en esos años, aunque no se dice apenas. Ladrón de bicicletas estaba basado en un cuento de Luigi Bartolini... Incluso con un cine tan fuerte, tan exitoso y tan vivo como aquél, los directores tenían la necesidad de contar con la mirada de los escritores. Tonino Guerra o Furio Scarpelli hubieran podido escribir lo que hubieran querido, pero no tenían necesidad porque vivían de las películas.


P. Es curioso que Pavese, Pasolini y tantos grandes de entonces parecen haber sido olvidados.

R. Italia es un país raro con los escritores. Cuando mueren se hace un gran festejo de la pena, luego se les olvida. Pasolini por razones extrañas se lee en el colegio, pero a Pavese, por ejemplo, se le lee muy poco. Vas a las librerías y no hay casi nada de él. Entre mujeres solas (que acaba de publicar Lumen en España) era un libro bellísimo. Ya no lo conoce casi nadie. Ahora se harán algunos actos por su centenario, pero lo importante para un escritor es ser leído, y muchos escritores del siglo XX están desaparecidos. Fausta Cialente ya no está. Hay una especie de cadena de silencio, un problema general de transmisión de la memoria cultural. Es un problema político, pero la literatura no puede huir de ese mecanismo.

P. En Vita analizó el pasado de Italia. ¿Escribir del presente ha sido una experiencia distinta?

R. Vita era un gran viaje a nuestra historia de inmigración y pobreza. Pero lo escribí por un motivo contemporáneo. Cuando Italia se convirtió en un país de inmigración, yo trabajaba con inmigrantes, y era muy interesante escribir sobre el racismo de esa Italia llena de miedos y prejuicios. Al acabar Un día perfecto me di cuenta de que forma un díptico con Vita. Lo que fuimos, lo que somos. Somos ese país que no nos gusta, es una especie de foto de grupo: Italia al principio de esta década. Lo escribí entre 2002 y 2003, y es inquietante pensar que resultó profético: los temas sociales están todavía ahí, me hubiera gustado fracasar, entre comillas, no haber acertado tanto. Siempre me gustó mucho El grupo, una novela de Mary McCarthy, en la que un círculo de mujeres evoca su época. Y eso es lo que intenté hacer, reunir todos los lugares comunes, las cosas que se dicen, se leen y se hacen, una especie de foto fija del presente.



P. La novela habla de cosas de las que se oye hablar poco en Italia, quizá la más importante, la violencia de género.

R. Nadie habla de ello, es como si no existiera. Es un tabú más, pero las estadísticas demuestran que la violencia de género es la principal causa de muerte entre las mujeres de 16 a 45 años. El delito en familia, según me contaron los policías con los que hablé para documentarme, se comete cada vez más en los últimos diez años; eso debe significar algo.

P. Seguramente que el mundo se descompone alrededor del núcleo fundamental de las sociedades.

R. La familia es el último pilar social de Italia. No hay otro. Pero se hace un uso torcido y loco de la palabra familia. Cada vez que un político pronuncia esa palabra no sabemos a qué se refiere. La familia no existe, no se ve, está viviendo una crisis profundísima pero sigue siendo un mito inamovible. De las dos familias del libro, una se deshace y la otra se mantiene extremadamente tradicional en su destrucción. La familia es parte de nuestra debilidad histórica. Nunca hemos tenido instituciones sólidas aparte de ésa, salvo quizá los ayuntamientos aunque fueran administrados por la aristocracia y el pueblo no influyera. Familia de sangre, clientelismo, la familia como institución legal... Todo eso forma parte de un problema nacional de carácter, y es muy difícil cambiarlo.

P. Pero los políticos italianos siempre hablan de la familia.

R. Aquí se habla más de la familia y se hace menos por ella que en ningún sitio. Paradójicamente, nadie las ayuda. Mandar a los niños a las guarderías públicas es imposible. Sólo ese dato explica muchas cosas. ¿Qué quieres, que las mujeres no trabajen? ¿Así queremos mantener a las familias? La hipocresía tiene una razón política, el Estado sospecha que es mejor que las mujeres tengan trabajos secundarios. Las cifras dicen que una de cada dos deja el trabajo después de los 35 años.

P. Todo sea por la mamma...

R. Sin decirlo, es así. No se deja trabajar a las mujeres. Es una elección política muy precisa. Hace 20 años que se debería haber hecho algo pero nadie lo ha hecho.

P. La novela se lee también como una descripción del berlusconismo sociológico, si es que eso existe.

R. La ambienté en 2001, al principio del quinquenio del regreso de Berlusconi, con la neta percepción de que caería y luego volvería. Los cambios en el país eran ya evidentes entonces. Creo que la literatura debe contar ese viraje de Italia. Cuando vas a las provincias, sientes cómo ha cambiado el humor de la gente, cómo el país ya no es el mismo. Y no podemos ignorar eso. Él es la gran figura de estos años, el responsable de que haya cambiado la mentalidad de la gente. Ésta es su era.

P. El libro narra un mundo despreciable y que parece desmoronarse. Pero, al mismo tiempo, hay gente como usted, o como Roberto Saviano, con Gomorra, y tantos otros escritores que están denunciando esa situación.

R. El país se descompone, y eso hay que afrontarlo. La inmigración ha producido una enorme transformación, una revolución cultural de la que nadie ha querido hablar. No ha habido una política sensata de inmigración, todo se ha hecho sin principios ni proyecto, se ha impuesto la cultura de la emergencia para que alguien saque beneficio. Todo eso nos ha puesto a pensar. Lo que hizo el cine en los años cincuenta o sesenta, lo hace ahora la literatura. Aunque hay películas preciosas, amargas, documentales estupendos que cuentan la relación con los inmigrantes, poca gente los ve. Pero hay un fermento, sí, una necesidad de comprender y explicar lo que está pasando.

P. Y una pulsión de huir. Zero, el personaje joven de la novela, sólo piensa en emigrar a Barcelona.

R. Hay muchos jóvenes en Italia que no tienen nada que ver con Berlusconi. El último gran sobresalto fue el 68 y a partir de ahí empezó una guerra contra los jóvenes que no se reconoce pero que dura todavía. El país está estático, completamente parado, y para los jóvenes es dificilísimo encontrar un sitio. Una generación entera de amigos y conocidos se ha visto obligada a emigrar a España, Francia, Suiza, Canadá, Alemania. Ninguno ha logrado entrar en la universidad italiana. Hemos mandado fuera a gente de enorme talento, científicos, investigadores, literatos, han salido corriendo de un país depauperado. Hace 20 años que sucede eso y todo sigue igual, sin que ello dependa de quien gobierne. No hay perspectivas, y tenemos una enorme masa de precarios y explotados a quienes aterroriza la idea de quedarse para siempre en el mismo sitio. Es una situación de explotación y chantaje, terrible para el futuro del país.

P. No se le ve muy optimista...

R. Hay una relación demasiado estrecha de la política en la vida cotidiana. Desde hace 50 años o más en Italia no sucede nada si la política no lo permite. Es como un cáncer, un precio que el país no puede pagar más. Todos lo sabemos, pero no se puede cambiar el sistema. Incluso para trabajar como médico necesitas un carné político.

P. Volviendo a la novela, es notable el esfuerzo por reflejar los diferentes lenguajes de los personajes.

R. Eso es lo que más me gusta del libro. Todo ese trasfondo social y político debe ser finalmente literatura. Decidí no utilizar un narrador externo y asumir las voces de cada personaje, sus jergas, para tratar de mostrar la estratificación de la lengua. La madre de Emma habla como una romana de la periferia, Antonio habla feo aunque piensa profundamente, el joven tiene su jerga alternativa, la adolescente su idioma sms. Cada una tiene su música...

P. Supongo que haría mucho trabajo de campo.

R. En Vita, la investigación era de archivo y de escuchar a los testigos. Grabé cientos de conversaciones. Aquí pedí ayuda a gentes de oficios diversos, policías, escoltas, una política a la que seguí en campaña electoral... Se trataba de reflejar cómo suena la vida cotidiana. Estuve unos días en una tienda de tatuajes oyendo a los jóvenes que se hacían piercings, tratando de ser invisible; y con una enfermera del Policlínico hice un reportaje recogiendo las cosas que decían las mujeres agredidas por sus maridos, fingían haber caído por las escaleras...

P. Ahora está investigando en Venecia. ¿Es el próximo libro?

R. Cada libro es una aventura y llevo muchos años detrás de esa historia; surgió cuando escribía Ella, tan amada. Trata de otra familia italiana, la de Tintoretto, el pintor. Tuvo nueve hijos, cinco de ellos mujeres, y siempre me ha gustado moverme ahí, padres, hijos, hijas... Y siempre me interesó Tintoretto, es un tipo fascinante, otro olvidado en buena medida. Al final, han salido dos libros gemelos, ya están acabados. Una novela, ficción libre, que cuenta la historia de una típica familia veneciana en esa época fascinante, y un ensayo, una especie de historia de la familia, biografía de 40 personas y de su vida cotidiana, que trata de recuperar la memoria del papel de las mujeres. He aprendido a leer los documentos del siglo XVI en veneciano, ha sido muy gratificante.

P. El Véneto siempre ha sido considerado territorio extranjero...

R. Sí, siempre se dice que Italia era la República independiente de Venecia en el norte, el Papa en el centro y un sur italiano. Curiosamente, el carácter de la Italia actual es muy parecido al del Véneto antiguo, la estructura social, la democracia, las relaciones con la juventud. En el siglo XVI todo eso estaba allí. Era la época de la Contrarreforma y las familias eran muy largas, había separaciones de hecho, concubinas... Hay un gran contraste entre la verdad y la historia oficial.

P. Bueno, quizá se trate simplemente de respeto a las apariencias.

R. Sí, es extraño, somos el país más católico del mundo y cuando decimos una cosa hacemos la contraria. Yo me rebelo contra eso desde pequeña. No importa lo que un padre dice sino lo que hace. Nunca he seguido ningún canto. No me dejo mecer por esa música. Y todavía me parece raro que los demás lo hagan.

P. Ahora que va a Guadalajara representando a la literatura italiana, ¿cree que se puede hablar de una nueva narrativa? ¿Hay una generación de calidad?

R. Creo que en los últimos años, si no un renacimiento, al menos ha habido una renovación. Se ha recreado un pacto muy sólido con los lectores, desde el vacío, porque hemos pasado un periodo de un cine y una literatura muy elitistas, de autores muy buenos pero poco conocidos, que producían desconfianza en el público. Recuerdo que en 1996, cuando escribí mi primera novela, El beso de la medusa (Seix Barral y Planeta-De Agostini), casi nadie leía libros italianos, y pensé "¡Madonna, yo tampoco los leo!". Ahora eso ha cambiado, la nueva generación ha restablecido el hilo con los lectores, la fusión literatura-cine nos permite llegar a mucha gente, y la sociedad literaria está renaciendo. Es un momento bueno, de cambio. En los momentos más feos de Italia, la literatura siempre nos ha salvado, ha sabido contar las cosas que pasan. Es el único optimismo que nos queda. Hay jóvenes muy interesantes ahí fuera, espero que sepamos valorarlos bien.


* Este artículo apareció en la edición impresa del viernes, 19 de septiembre de 2008.




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