La última tentación de Paul Verhoeven se llama Virginie Efira
La actriz belga protagonizará el thriller erótico sobre monjas del director holandés, Benedetta, pero antes llega a nuestros cines con la comedia dramática El reflejo deSibyl
Begoña Donat Valencia, 13 de enero de 2020
Al principio de su carrera en el cine, una periodista francesa comparó a Virginie Efira (Schaerbeek, 1977) con la Cameron Díaz de Algo pasa con Mary (Peter y Bobby Farrelly, 1998). Pero a medida que ha ido arriesgando más en el cine, a su irrebatible vis cómica la actriz belga le ha sumado polémica y drama. Efira empezó en el audiovisual como presentadora del tiempo en informativos, de las isobaras pasó a conducir concursos de talento musical en la televisión y, al fin, saltó a la gran pantalla como protagonista de comedias románticas.
En Corredor sin retorno, la película más impresionante que he visto sobre manicomios y la capacidad contagiosa de ese vértigo que confunde la realidad, figuraba en sus títulos de crédito iniciales esta temible sentencia de un trágico griego: "A quien los dioses se empeñan en destruir, primero le vuelven loco". Muchos años después, Martin Scorsese, director eternamente obsesionado por los volcanes de la mente, con un largo historial en su cine de protagonistas paranoicos, psicópatas, esquizofrénicos y autodestructivos, aborda en la muy esperada Shutter island las tenebrosas brumas de la enfermedad más indeseable.
Shutter Island
Adapta una novela de Dennis Lehane, escritor apasionante y guionista en varios capítulos de la legendaria serie de televisión The wire. Por alguna extraña razón, ya que suelo devorar cualquier cosa que lleve su firma, he demorado la lectura de Shutter island. Y me alegro, porque me hubiera privado de los continuos giros y la apabullante sorpresa final que plantea Scorsese en esta película tensa, compleja, hipnótica y que en determinados momentos puede parecer confusa, aunque pensándola después (algo que revela que te ha dejado poso) descubres que lo aparentemente retorcido tenía coherencia, que el director te puede descolocar con el desenlace pero eso no implica que te haya engañado.
Leonardo DiCaprio Shutter Island
'Shutter island' es una retorcida y enfermiza tela de araña que engancha
Scorsese ha confesado su admiración por las películas negras, misteriosas y góticas que produjo la RKO en los años cuarenta y cincuenta. Cine de presupuesto escaso y maravillosamente aprovechado, con estilo y aroma. Aquí trata de encontrar esa atmósfera perdida. Y aunque no le cite, también hay transparentes influencias de Hitchcock.
Pero Scorsese, a diferencia de Tourneur y de Val Lewton, dispone de los medios más grandiosos. Los utiliza muy bien. Recreando un mundo febril y enigmático en una isla azotada por tormentas y tempestades. Sus habitantes son los dementes más peligrosos, los guardianes que les vigilan y una corte de psiquiatras presuntamente siniestros que han descubierto la eficacia de las lobotomías. Allí llegan dos policías de élite con la misión de averiguar el secreto que ocultan varias inexplicables desapariciones de enfermos.
Scorsese narra con maestría el angustioso acorralamiento de los sabuesos que hurgan en aparentes maquinaciones. Crea un universo desasosegante, nos ofrece sutiles pistas de que nada es lo que parece, alterna las pesadillas con la realidad. Sales de esta película con sensaciones muy raras. En mi caso, también con la certeza de que no he mirado el reloj a pesar de durar 140 minutos. Es la prueba de que me ha enganchado esta retorcida y enfermiza tela de araña.
La película rumana If I want to whistle, I whistle y la danesa Submarino tienen vocación de tragedia, pero no logran contagiarla. La primera cuenta la crisis de un encarcelado chaval cuando se entera de que la madre va a largarse del país llevándose a su hermano pequeño. La segunda describe los efectos devastadores que sufren en su vida adulta dos hermanos, uno alcohólico y el otro yonki, que tuvieron una infancia desdichada por el abandono y desequilibrio que les creó la borracha de su madre. Ambas están correctamente dirigidas, pero no logro establecer la menor empatía con las toneladas de sufrimiento que almacenan los protagonistas.
Tampoco consigo establecer complicidad y hay un montón de cosas que no entiendo en la española El mal ajeno, exhibida en la sección Panorama. La produce Alejandro Amenábar, la ha escrito Daniel Sánchez Arévalo y la dirige Óskar Santos. Mezcla demasiados géneros con escasa armonía. Identificas las obsesiones del autor de Azuloscurocasinegro y Gordos. También te remite a Abre los ojos. Y el debutante Óskar Santos posee fuerza visual. Todo ello no evita que me pierda frecuentemente en este cóctel de urgencias, delirios, amores al límite, psicopatías, cine de terror, etcétera. Hay alguna secuencia turbadora pero también muchas más pretensiones que aciertos. Eso sí, te hace reconocer la extrema vulnerabilidad, las contradicciones y los traumas que pueden sufrir los médicos, esas personas obligadas a convivir con el dolor, la enfermedad, el miedo, la muerte.
* Este artículo apareció en la edición impresa del domingo, 14 de febrero de 2010.
Margot Robbie, Leonardo DiCaprio y Martin Scorsese El lobo de Wall Street
EL LOBO DE WALL STREET ¿Por qué Martin Scorsese se encaprichó con Leonardo DiCaprio?
Ambos rodarán su sexto filme juntos, «Killers of the Flower Moon»
Actor y director cosechan (de momento) cinco películas, un corto y un documental juntos y tienen otra posible película entre manos
Lorena López 14 de septiembre de 2020
Ya es oficial. Leonardo DiCaprio y Martin Scorsese volverán a rodar juntos. Será la sexta vez que colaboran para un largometraje, que se llamará «Killers of the Flower Moon». Este filme –que no empezará a rodarse hasta el verano de 2019– recreará la historia reflejada en la novela homónima del periodista David Grann, un libro en el que pudimos descubrir los primeros pasos de la Nación Osage, quienes eran las personas más ricas per cápita del mundo en los años veinte gracias al petróleo. Pero el descubrimiento del crudo no solo trajo riqueza, también trajo una terrible conspiración –investigada por el FBI– que supuso el asesinato de muchos de ellos.
Pero ¿por qué a Martin Scorsese? El director y Leonardo DiCaprio han trabajado juntos desde 2002 en cinco películas (ya terminadas), un corto y un documental, y eso solo de momento. Actualmente, el actor se encuentra actualmente rodando «Once Upon a Time in Hollywood», dirigida por Quentin Tarantino, mientras que Scorsese está en plena posproducción de «The Irishman», su película para Netflix. Sin embargo, ambos también están trabajando para desarrollar una película biográfica sobre el presidente de Estados Unidos Theodore Roosevelt, según informó «Deadline». DiCaprio (obviamente) interpretará al presidente de los Estados unidos que se centró en la conservación de los espacios naturales y la fauna salvaje a través del impulso de los parques nacionales.
No es el único proyecto en tendrían entre manos. Actor y director también podrían haber unido fuerzas para sacar adelante a desarrollar «The Devil in the White City». Inicialmente, se rumoreaba que este filme saldríaen cuanto Scorsese dé por terminado el rodaje de «The Irishman», pero la confirmación de «Killers of the Flower Moon» parece haberla aplazado. La adaptación cinematográfica de la novela publicada en 2003 por Erik Larson contará la historia de un asesino en serie aprovecha la Exposición Universal de Chicago de 1893 para atraer a 200 víctimas a su «Castillo de Asesinatos». ¿Adivináis qué papel hará DiCaprio? Efectivamente, interpretará al asesino.
Leonardo DiCaprio es un «sospechoso habitual» del cine de Martin Scorsese, junto Robert De Niro, tras haber aparecido cinco de sus largometrajes: «Gangs of New York» (2002), «El aviador» (2004), «Infiltrados» (2006), «Shutter Island» (2010) y «El lobo de Wall Street» (2013). Pero no solo es el actor más habitual en las películas de Scorsese, es su «protagonista favorito». Martin Scorsese ha intentado sacarle provecho al lado más descarado del que ganara un Oscar con «El renacido».
En «Gangs of New York» interpretó a un inmigrante en una ciudad en la cúspide de la autodestrucción; en «El aviador» fue el influyente e inimitable Howard Hughes; en «Infiltrados» interpretó a un policía encubierto que intentaba derribar a un infame jefe de la mafia; en «Shutter Island» perdió la cabeza haciendo su trabajo como detective al investigar una misteriosa desaparición en un centro psiquiátrico; y en «Lobo de Wall Street» causó un monumental desastre al robar dinero a civiles inocentes. Cinco personajes que poco (o nada) tienen que ver unos con otros, más allá del actor que los interpreta y que estén dirigidos bajo la batuta de uno de los más grandes cineastas de todos los tiempos.
«Cuando miro atrás y veo algunas de las cosas que he llegado a hacer, y que en el centro de ellas está esta increíble colaboración accidental que he llegado a tener con Marty...», reflexionaba Leonardo DiCaprio a «Indiewire». Una «colaboración accidental» que pronto se traducirá en siete películas. «Es difícil decir con palabras todo lo que he aprendido de él. (...) He crecido enormemente como actor solo por estar en esos momentos con él, esos en los que te da la directriz correcta», añadía.
La devoción es mutua. La primera vez que Martin Scorsese escuchó hablar sobre Leonardo DiCaprio fue al propio Robert De Niro, quien también ha trabajado en repetidas ocasiones con el director. «Me dijo de pasada: 'Acabo de ver La vida de este chico (1993) con este chico... Leo DiCaprio. Es muy bueno. Deberías trabajar con él algún día'. Rara vez dice eso. Siempre es muy amable con otras personas, pero muy pocas veces me ha dicho que debo trabajar con alguien», recordaba Scorsese a «Parade». Lo que nos parece más peculiar es que Scorsese consiguiera que Robert De Niro ganase el Oscar (con «Toro Salvaje»), mientras que DiCaprio se quedó en a las puertas al ser nominador por «El aviador» y «El lobo de Wall Street».
«Le vi poco después en '¿A quién ama Gilbert Grape?' y no me di cuenta de que era él y estuvo fantástico. Y luego, por supuesto, 'Titanic'... Pensé que era muy bueno. Así que cuando llegó la noticia de que le gustaban mis películas, y pudimos hacer juntos 'Gangs of New York', comenzó una relación muy especial», comentaba el director.
El secreto de este tandem es que hablan el mismo idioma. «Somos de generaciones diferentes, pero él va en los mismos lugares que yo quiero ir. No tiene miedo de ir allí. No tiene miedo de tratar con esa parte de sí mismo y eso es interesante. Tenemos un contexto diferente, crecimos de manera diferente, pero creo que hablamos el mismo lenguaje emocional y psicológicamente», confesaba Scorsese.
Nunca me has derribado, Ray! ¡Nunca me has derribado!» Ensangrentado de cabeza a rodillas, Jake LaMotta gritaba al mundo su fe de vida. Tras un brutal decimotercer asalto en el que el neoyorquino había estado a punto de hincar la rodilla, el árbitro paró el combate. Victoria para Sugar Ray Robinson; leyenda para Jake: digno en la derrota, destruido pero en pie.
El combate, bautizado como ‘La Matanza de San Valentín’ (se disputó en el Chicago Stadium a muy pocos kilómetros del lugar donde Al Capone acabó con la banda de Bug Moran en 1929), es un fiel resumen de la vida de Jake LaMotta, fallecido a los 95 años a causa de una neumonía en un hospital de Miami.
Una vida inmortalizada para siempre en ‘Raging Bull’, una de las obras maestras de Martin Scorsese, quizá la mejor película de deporte, no sólo de boxeo, jamás filmada. Atrapado por la lectura del libro homónimo, Robert de NIro convenció a un reticente ‘Marty’ para llevarlo a la gran pantalla. Con guion de Paul Schrader, la cinta fue nominada a ocho Oscar y se llevó dos: el de mejor actor para el propio De Niro y el de montaje de Thelma Schoonmakker.
Pese a colaborar estrechamente con De Niro para preparar el personaje –cuenta la leyenda que llegaron a disputar más de 1.000 asaltos para perfeccionarlo-, al bribón de Jake no le agradó mucho la imagen que se daba de él en la película, aunque terminara reconociéndose en ella.
Nacido en 1921 el East Side, criado en el Bronx cuando era el Bronx, hijo de un emigrante siciliano que maltrataba a toda su familia, Giacobbe, su verdadero nombre, vivió a golpes desde niño. Primero en casa, luego como pandillero en la calle y más tarde en el reformatorio.
Allí encauzó su rabia hacia el boxeo y los técnicos descubrieron un filón. Pegaba mucho aunque no muy fuerte, pero su capacidad para encajar resultaba sobrecogedora. Los cronistas de la época describieron su estilo como el de una persona que «creía que no merecía vivir». Disputó 106 combates en una cerrera que se prolongó durante 13 años. Ganó 83 y perdió 19, pero sólo dos veces cayó a la lona.
Ninguna de ellas frente a Sugar Ray Robinson, su némesis, con el que inmortalizó una serie de combates para la historia del boxeo. Sólo ganó uno de seis –la primera derrota de Ray después de 130 victorias-, pero no cayó en ninguno de los otros cinco, pese a las siderales diferencias entre ambos.
Campeón del mundo del peso medio en 1949, título del que hizo tres defensas, se retiró en 1954, confesó en Congreso sus flirteos con la mafia y el amaño de al menos un combate, y dio rienda suelta a su ya de por sí caótica vida personal.
Coleccionó matrimonios, hasta siete, abrió un club en Florida donde, pasado de alcohol y de todo, contaba chistes a una variopinta clientela, ganó y se fundió todo el dinero que pudo, conoció la cárcel que esquivó con el boxeo y vivió la tragedia de la muerte de dos de sus hijos.
Del Bronx, toro y salvaje, visualizó su vida como una obra y la materializó en un libro, ‘Raging Bull. My Story’, el viaje de un perdedor con aristas que enamoró a De Niro y convenció a Scorsese. «Yo era un hijo de puta. No soy así ahora, no lo soy, pero entonces sí, entonces era un hijo de la gran puta».
Andrés Felipe Solano, en Seúl en 2015.TAEYOUNG PARK.
Crónica de una epidemia apenas anunciada
En el ensayo ‘Los días de la fiebre’ Andrés Felipe Solano reconstruye la respuesta a la covid-19 en Corea del Sur
Juan Carlos Galindo
Madrid, 7 de julio de 2020
“Como un animal dormido por los años, nuestros miedos más primitivos empiezan a despertar y apenas nos damos cuenta (...) Aquí nadie quiere poner en su boca la palabra virus, con su sabor a colchón húmedo, tizones quemados y lejía”. Con reflexiones así, confesiones y detalles solo en apariencia nimios va Andrés Felipe Solano (Bogotá, 42 años) tejiendo Los días de la fiebre (Temas de hoy), un testimonio literario a medio camino entre la crónica periodística de largo aliento, el diario y el ensayo que narra los meses de zozobra en los que el coronavirus se expandió por Corea del Sur y cómo el país fue capaz de aplacarlo. “Nunca he llevado un diario. Me parece fatigante, prefiero olvidar y tratar de recordar a llevar un registro minucioso de mi vida. Sin embargo, en 2013 escribí algo parecido a un diario bajo el título Corea, apuntes desde la cuerda floja. Con el tiempo entendí que este tipo de escritura me era útil en caso de emergencia”, cuenta el autor desde Seúl, donde vive desde hace siete años.
La autora, radicada en Buenos Aires desde hace diez años, explora una vida familiar muy ligada a su biografía.
Se sumerge en aguas turbias y profundas. Difíciles por lo densas. Margarita baja a través de los remolinos de la memoria familiar, y vuelve a la superficie a escribir lo que pesca. Trae con ella jirones de recuerdos paternos en su época de infancia, fragmentos de vivencias con su madre y hermanos incubados en el calor del trópico cartagenero, remembranzas de momentos políticos y sociales de un país que a comienzos de los noventa le apostaba a una nueva “oportunidad sobre la tierra”. A pesar del título de su primera novela, Lo que no aprendí, ella aprendió. Y de qué manera.
MINIFICCIONISTAS PANDÉMICOS Antonio “el Coyote” reparte libros montado en una bicicleta
Desde un perdido lugar de Colombia, donde aún habitan algunos pueblos originarios, Antonio “el Coyote”, además de ser escritor, locutor radial y estudiar Psicopedagogía y Educación Básica, promociona la lectura en espacios no convencionales y reparte libros por diferentes pueblos montado en una bicicleta. Tal como su apodo lo nombra –y que él mismo eligió–, intenta expandir la literatura más allá de las fronteras.
'Adiós, pero conmigo', la nueva novela de Juan Diego Mejía
"Sus libros forman un solo cuerpo, un solo árbol, que va creciendo poco a poco". Reseña.
Álvaro Castillo Granada 14 de julio de 2021
En esos primeros días de universidad pasaron cosas demasiado rápido y muchas se esfumaron como si nunca hubieran ocurrido. A veces las respuestas pasaban frente a los ojos de uno, pero uno no sabía que eran respuestas porque nunca se había hecho la pregunta. El mundo en ese tiempo era un cementerio de respuestas que murieron por falta de preguntas”. Esta podría ser la mejor manera de acercarse a Adiós, pero conmigo, la nueva novela de Juan Diego Mejía (Medellín 1952): hacerse las preguntas que antes no se formularon.
“La novela enseña a la poesía a mirar más allá de las narices”
El escritor colombiano reedita 'Cartas cruzadas', la novela epistolar que en los años noventa consagró como narrador a un poeta ya imprescindible
5 de junio de 2020
Ilustración de Setanta.
Colombiano de Antioquia (72 años), Darío Jaramillo Agudelo, se ha pasado el confinamiento leyendo y preparando listas de canciones que envía a sus amigos por correo electrónico. Gran poeta de la música y del amor, ahora reedita Cartas cruzadas (Pre-Textos), una novela epistolar sobre la Colombia de los años noventa.
¿Qué ha leído durante el confinamiento? Lo que más he hecho es leer. Enumero algunos libros: Antes de la tormenta (Theodor Fontane), La mano de la buena fortuna (Goran Petrovic), De algún tiempo a esta parte (José Emilio Pacheco).