sábado, 20 de noviembre de 2010

Siv Cedering / Manos


I am trapped in a closet by sweet reality

Siv Cedering
Manos
Traducción de Triunfo Arciniegas

I
Cuando duermo
las manos me abandonan.

Levantan lápices
y dibujan criaturas
de cinco plumas
en cada ala.

Las criaturas se multiplican.
Dicen: “Somos grandes,
como las manos
de tu padre”.

Dicen: “Tenemos
los nudillos
de tu madre”.

Les digo:
“Si tienen manos,
¿por qué no tocan?”

Y las alas baten
el aire, aplaudiendo.
Vuelan

levantando codos
y muñecas.
Abren ventanas
y dejan

los cuartos.
Se posan en la copa de los árboles
y se esconden entre los arbustos
mordiéndose

las uñas. “Manos”,
las llamo.
Pero es otoño

y  las criaturas
con alas
se alistan para volar
al sur.


II
Cuando duermo
las sombras de mis manos
vuelven.

Tan suaves como plumas,
Tan cálidas como las criaturas
que han estado cerca
del sol.

Dicen: “Somos generosas”,
y hablan de las naranjas
que crecen en los árboles.

Dicen: “Somos naves”,
y hablan de viajes
a través del agua.

Dicen: “Somos la copa”.

Y me agito en los sueños.
Las manos  halan los gatillos
y cortan
los árboles. Pero

las sombras de mis manos
esconden sus cabezas
bajo las alas
esperando
la mañana,

cuando despierte
y teja
mis tres manojos de cabello
en una sola trenza.


Siv Cedering, “Hands”
Cup of Cold Water


Siv Cedering
Además de las traducciones y sus veinte libros, Siv Cedering se dedicó a la ilustración, la pintura y la escultura, y escribió canciones para niños. Tocaba el piano y cantaba canciones populares. Se sabía todas las letras. Poeta y novelista, con envidiable dominio del sueco y el inglés, publicó en  Harper's, Science, Ms., The New Republic, Paris Review, Svenska Dagbladet, Dagens Nyheter, Partisan Review, Georgia Review, BLM, y en aproximadamente 200 antologías y libros de texto. Obtuvo numerosos premios.

Siv Cedering nació en Överkalix, treinta kilómetros al norte del Círculo Ártico, en Suecia, el 5 de febrero de 1939. Escribió poesía desde los ocho años y se trasladó a San Francisco con su familia cuando tenía catorce. Se casó con el escultor Hans Van de Bovenkamp en 2000 y murió el 17 de noviembre de 2007.
Con la primera novela, Playing in the Ping House, escrita en sueco, ganó el Best Book of the Year Award. La historia de su personaje, un pequeño cerdo, sirvió primero a la autora para escribir una serie de libros infantiles, y luego para un programa de dibujos animados en la televisión, con música y diseño artístico de la misma Siv Cedering. Otra de sus novelas, Oxen, fue llevada al cine. Su libro de poemas, Letters from the Floating World, hace parte de la prestigiosa colección Pitt Poetry de la Universidad de Pittsburgh.
“Era una presencia poderosa”, dijo su viejo amigo Bill Henderson. “Su espíritu sigue en el aire que nos rodea.”

Antonio Muñoz Molina / El sosiego final de Saul Bellow






Sosiego final de Saul Bellow

ANTONIO MUÑOZ MOLINA
20 NOV 2010


En la última carta que escribió en su vida, un año antes de morir, Saul Bellow se acordaba de unas sandalias que su madre le había comprado cuando tenía seis o siete años, y que le gustaban tanto que las untaba con mantequilla para mantener fresco y flexible el cuero del que estaban hechas. Qué asombroso cómo todo se resume en un par de sandalias de cuero, dice Bellow en la última línea, antes de la despedida. Quizás uno de sus últimos pensamientos o recuerdos antes de perder la conciencia sólo un año después tendría que ver con esas sandalias en las que se resumía su infancia: la cercanía de la madre que iba a morir muy poco tiempo después y el amor de un niño pobre por un pequeño regalo conseguido después de haberlo mirado mucho en un escaparate. En 2004 Saul Bellow era un anciano que vivía retirado en una zona rural de Nueva Inglaterra y tenía una esposa muchos años más joven y una hija de cinco años. La veía jugar cerca de él cuando escribía esa última carta y pensaba que la niña era más pequeña de lo que él había sido cuando se quitaba cuidadosamente sus sandalias de cuero antes de acostarse. Casi nonagenario ahora, sin proyectos de nuevos libros ni de viajes, quizás le dio tiempo a disfrutar una serenidad y un desahogo que no había tenido nunca en su vida, desde que empezó a hacerse adulto en los duros barrios de emigrantes del Chicago de la Gran Depresión, cuando devoraba uno tras otro los libros retirados de la biblioteca pública al mismo tiempo que estudiaba y que intentaba buscarse la vida trabajando en cualquier oficio que se presentara. La mezcla de entusiasmo y penuria de aquellos tiempos iba a alimentar siempre su imaginación y a determinar su actitud hacia el mundo: perseguir contra viento y marea aquello que uno desea o a lo que considera que tiene derecho; pelear si es preciso para que a uno no lo pisen y no dejar ninguna ofensa sin respuesta para ser respetado.

viernes, 19 de noviembre de 2010

Siv Cedering / Duraznos

Man Ray_La oración_1930
Siv Cedering
DURAZNOS

 Erase una vez
un concurso
sobre la mejor imagen
de un durazno

Madame Ling
o tal vez Ching
estaba sentada en algún polen
amarillo

Después

cuidadosamente, se sentó
otra vez
sobre
un pliego blanco de

papel.

Siv Cedering, “Peaches”
Letters from the floating world
Pittsburg, University of Pittsburg Press, 1984

jueves, 18 de noviembre de 2010

Siv Cedering / Ayúdame con los botones

Vladimir Borowicz_Wie einst Lili Marleen
Siv Cedering
AYÚDAME CON LOS BOTONES


Aýudame
con
los botones.

Mi cuerpo
es
el único vestido
que tal vez pueda
llevar.



Siv Cedering, “Help me with the buttons”
Letters from the floating world
Pittsburg, University of Pittsburg Press, 1984

martes, 16 de noviembre de 2010

Idea Vilariño / Tres poemas


Idea Vilariño
TRES POEMAS

ESO

Mi cansancio
mi angustia
mi alegría
mi pavor
mi humildad
mis noches todas
mi nostalgia del año
mil novecientos treinta
mi sentido común
mi rebeldía.

Mi desdén
mi crueldad y mi congoja
mi abandono
mi llanto
mi agonía
mi herencia irrenunciable y dolorosa
mi sufrimiento
en fin
mi pobre vida. 

EL AMOR

Un pájaro me canta
y yo le canto
me gorgojea al oído
y le gorgojeo
me hiere y yo le sangro
me destroza
lo quiebro
me deshace
lo rompo
me ayuda lo
levanto
lleno todo de paz
todo de guerra
todo de odio de amor
y desatado
gime su voz y gimo
ríe y río
y me mira y lo miro
me dice y yo le digo
y me ama y lo amo
- no se trata de amor
damos la vida-
y me pide y le pido
y me vence y lo venzo
y me acaba y lo acabo. 


DESPUÉS

Es otra
acaso es otra
la que va recobrando
su pelo su vestido su manera
la que ahora retoma
su vertical
su peso
y después de sesiones lujuriosas y tiernas
se sale por la puerta entera y pura
y no busca saber
no necesita
y no quiere saber
nada de nadie.





Leila Guerriero / Un perfil de Idea Vilariño
Juan Gelman / Idea Vilariño o la memoria de mañana
José Miguel Oviedo / Vilariño y Benedetti / Coincidencias y contrastes
Idea Vilariño y Onetti / Una pasión
Juan Forn / Una mujer enferma

POEMAS
Idea Vilariño / Ya no
Idea Vilariño / Si muriera esta noche
Idea Vilariño / Pensar
Idea Vilariño / Carta II
Idea Vilariño / Comparación
Idea Vilariño / Vive
Idea Vilariño / Buscamos
Idea Vilariño / Amor
Idea Vilariño / Tarde
Idea Vilariño / No te amaba
Idea Vilariño / Lo que siento por ti
Idea Vilariño / Tres poemas
Idea Vilariño / Un huésped
Idea Vilariño / Adiós
Idea Vilariño / Decir no
Idea Vilariño / Pasa se va se pierde
Idea Vilariño / El fuego




lunes, 15 de noviembre de 2010

Idea Vilariño y Onetti / Una pasión



Blanca Elena Pantin

Idea Vilariño y Onetti, una pasión


Los "Poemas de Amor" de la legendaria poeta uruguaya tienen nombre y apellido: Juan Carlos Onetti. La historia de ese libro, la pasión que lo gestó, se remonta a Montevideo a comienzo de los años cincuenta.
Hay escritores condenados a ser reconocidos por un solo libro. Ese parece ser el destino de la poeta uruguaya Idea Vilariño autora de pasionales poemas de amor que tienen nombre y apellido: Juan Carlos Onetti (considerado un clásico del género curiosamente ninguno de los poemas del libro fue incluido en la Antología Poesía Amorosa Latinoamericana editada por Biblioteca Ayacucho.
La historia de esas páginas se remonta a la década de los cincuenta cuando a la sazón no se conocían. La vida intelectual de Montevideo y Buenos Aires permitía esas convivencias en las que cada uno y por su lado se reunía con quien quisiera: Roberto Arlt, Jorge Luis Borges, Bioy Casares, las hermanas Ocampo (Victoria y Silvina), José Bianco... De esos años (1950) data Número, revista donde comenzó todo. Fundada por Emir Rodríguez Monegal, Mario Benedetti, Manuel Claps e Idea Vilariño, la publicación fue una de las pocas que reseñó con entusiasmo la aparición de La vida breve, un libro de Onetti que prácticamente ignoró la crítica de Buenos Aires. Conocerse como se conocían –al menos porque se habían leído– el encuentro no tardó mucho en precipitarse. Al fin y al cabo uno y otro eran el centro y epicentro de círculos intelectuales que ya los habían llevado poco menos que a los terrenos de la leyenda. Ella hierática. El, maldito. La pareja perfecta. El encuentro debió ser en un café del centro de Montevideo. La historia de lo que ocurrió entonces fue referida por Vilariño a María Esther Gilio y Carlos M. Domínguez en la biografía que ambos periodistas publicaron sobre Onetti (Construcción de la noche, Planeta 1993): 'Estaba seduciéndome a fondo con lo mejor de sí mismo y tanto que yo me quedé convencida de que aquello era la séptima maravilla. Esa misma noche me enamoré de él. Me enamoré, me enamoré, me enamoré'. Burro, perro, bestia.
Pero el encuentro definitivo demoraría algunos meses más. Mientras tanto cultivaron una correspondencia en la que se trataban ridículamente de Usted tomándose algunas licencias: 'Pasó el verano y no viniste', se atrevió a reclamar la Vilariño. De allí a lo inevitable: fueron amantes marcados por explosivas rupturas y reconciliaciones. 'Es el último hombre de quien debí enamorarme porque éramos lo más imposible de ligar que había. Nunca entendió el ABC de mi vida, nunca me entendió como ser humano, como persona. Y así teníamos nuestros grandes desencuentros. Si yo hablaba de algo sumamente delicado él me salía con una barbaridad. Decía cosas que me hacían echarlo, imposibles de soportar. Todavía me pregunto por qué aguanté tanto, por qué volví tantas veces. Nos peleábamos y volvíamos a juntarnos, lo echaba, regresaba. Una noche me llamó desesperado para que fuera a verlo. Yo estaba con alguien que me amaba y lo dejé por ir a pasar una noche con él. Y recuerdo que lo único que hicimos fue ponernos de espalda, leyendo un libro él, y yo otro. A la mañana siguiente le agarré la cara y le dije: sos un burro Onetti, sos un perro, sos una bestia. Y me fui'.
Burro, bestia, perro, a Onetti están dedicados todos y cada uno de los poemas de amor que escribió Idea Vilariño.
'Estás lejos y al sur/ Allí no son las cuatro/ Recostado en tu silla/ apoyado en la mesa del café/ de tu cuarto/ tirado en una cama/ la tuya o la de alguien/ que quisiera borrar/ –estoy pensando en ti no en quienes te buscan/ a tu lado lo mismo que yo quiero–./ Estoy pensando en ti ya hace una hora/tal vez media/no sé./ Cuando la luz se acabe/sabré que son las nueve/estiraré la colcha/me pondré el traje negro/y me pasaré el peine./ Iré a cenar/ es claro'
Relación definitivamente signada por el deseo, las aristas que pudieron o no construir aterrizaban en el sexo. A días y noches de encierro, sucedían meses sin saber nada uno del otro. Se mandaban al demonio una y otra vez. Un día –años después (1961)– las cosas fueron demasiado lejos. En esta ocasión la amenaza fue cierta: 'Si te vas –alertó el escritor– no me encontrarás a tu regreso'. La poetisa tomó las palabras como la amenaza de un loco que no entendía la gravedad de la noticia que acaba de recibir: el asesinato del profesor Arbelio Ramírez (eran los días de la visita del Che Guevara a Montevideo) y la llamada del gremio de profesores (Idea era profesora del liceo Vásquez Acevedo) convocando a una asamblea que no admitía demoras. 'Si vas, no me encuentras', repitió Onetti. Sin tomarse en serio el ultimátum, Idea se dirigió a la reunión: 'Pero en cuanto pude me escapé y regresé a casa. Cuando vi la luz prendida pensé que estaba pero cuando abrí la puerta sentí como si me golpearan en el pecho. Había dejado una nota insultándome y diciéndome un montón de barbaridades. Y mis poemas, unos poemas de amor que le había dado, estaban arrugados y tirados a los pies de la cama'. Un nuevo (último) encuentro sucedería en 1974 a raíz del terrible cierre del diario Marcha por la censura del régimen militar. El pretexto de la clausura del diario, al que Onetti estuvo estrechamente vinculado, fue la publicación del cuento ganador de un concurso en el cual fue jurado y en el que los militares leyeron un complot contra la dictadura. Onetti fue confinado a tres meses de cárcel y tratado poco menos que como un enajenado mental. A la salida de ese infierno recibió la visita de su antigua amante quien evocó el reencuentro en un texto que cedió para el libro de Gilio y Domínguez:
'Quedamos solos y callados. Callados. Pero yo no soy como entonces; algo aprendí; algo me enseñó el recuerdo; siempre sentí no haber tenido más madurez para tratarlo entonces. O es la diferencia entre estar y no estar enamorada. Nos moriremos sin aprender a hablarnos', pregunté. Siempre nos costó', dijo. Te acordás de aquella vez que llegaste, después de tanto tiempo y estuvimos veinte, treinta minutos sin hablar, sentados, yo en la cama y tú en la silla. Me inhibiste siempre en todo'. Sí', dijo. Tu también', dije. Una vez me dijiste que no podías comer ni hacer el amor ni... conmigo'. Sí', dijo. Y me miraba por momentos; por momentos volcaba la cabeza; se mordía el labios superior, con una expresión de impotencia, de desesperación? Así que yo no sé lo que es el amor. Vos sufrías de amnesia, evidentemente. La primera vez que entré a tu sala del Museo quedé loco por vos. Nunca entendí lo que me pasaba; pero estaba loco por vos'. Nunca me lo dijiste'. Nunca entendí aquel deseo de posesión, aquel afán dominador. (Yo no recordaba nada parecido). No te dejaba ir a clase (es cierto). No podía soportarlo. Y no se trataba de deseo; si no, no sentiría esta horrible ternura que siento por vos', escribió. Onetti y la Gilio hablan en el apartamento del escritor en Madrid. El narrador tropieza con "Poemas de Amor":
–Andá, leelo–, dice Onetti.
Ya no será/ ya no/ no viviremos juntos/ no criaré a tu hijo/ no coseré tu ropa/ no te tendré de noche/ no te besaré al irme/ nunca sabrás quién fui/ por qué me amaron otros./ No llegaré a saber/ por qué ni cómo nunca/ ni si era de verdad/ lo que dijiste que era/ ni quién fuiste/ ni qué fui para ti/ ni cómo hubiera sido/ vivir juntos/ querernos/ esperarnos/ estar./ Yo no soy más que yo/ para siempre y tú/ ya/ no serás para mí/ más que tú./ Ya no estás/ en un día futuro/ No sabré dónde vives/ con quién/ ni si te acuerdas./ No me abrazarás nunca/ como esa noche/ nunca./ No volveré a tocarte./ No te veré morir/
–¿Por qué dice Idea que nunca sabrás quien es ella?– pregunta la Gilio, acaso la periodista que más lo entrevistó. –No sé... Yo nunca sentí que ella estuviera enamorada de mí.
–No entiendo, ¿cómo que nunca estuvo enamorada? Y los poemas que te escribió?
–Yo no digo que no estuvo, sino que nunca sentí que estuvo. Yo creo que lo suyo es algo muy cerebral, intelectual.
–¿Nada más?



domingo, 14 de noviembre de 2010

José Miguel Oviedo / Vilariño y Benedetti / Coincidencias y contrastes


Vilariño y Benedetti
COINCIDENCIAS Y CONTRASTES
Por José Miguel Oviedo
Perú 21, 26 de mayo de 2009
La poeta uruguaya Idea Vilariño (1920) murió el 28 de abril de este año, y su compatriota y coetáneo Mario Benedetti dejó de existir el 17 de mayo. Estas son dos grandes pérdidas para la literatura de su país y para las letras de toda Hispanoamérica. Aunque no es fácil encontrar dos escritores más distintos que ellos dos –y la primera mucho menos conocida que el segundo–, se trata de dos de los más importantes miembros de la llamada 'generación del 45’, una brillante promoción de escritores uruguayos a la que pertenecían también los críticos Emir Rodríguez Monegal y Ángel Rama, el narrador Carlos Martínez Moreno, entre otros. Este grupo, llamado también la 'generación crítica’, trajo a las letras uruguayas un gran rigor conceptual y formal, una inteligente asimilación de modelos europeos y una profunda preocupación por la realidad y el destino histórico de América Latina. Estos rasgos se reflejaron en las paginas del célebre semanario Marcha, que, lamentablemente, desapareció durante la dictadura uruguaya, que por varias décadas reunió a un gran conjunto de escritores, periodistas, artistas y comentaristas culturales, quienes dieron un valioso testimonio de la actualidad nacional e internacional. Conocí a ambos en La Habana, en 1967, y poco después de haber comenzado a leer sus respectivas obras. Ese contacto me permitió ampliar y continuar frecuentando sus obras y, sobre todo, me permitió disfrutar con ellos horas de un diálogo enriquecedor. Idea era callada, discreta y tímida, una mujer encerrada en su oscuro mundo interior; Mario era sencillo, efusivo, afectuoso y fácilmente accesible, un hombre muy querible que amaba el directo contacto humano. A Idea no la volví a ver más, pero con él tuve encuentros fugaces en Madrid, México y otros lugares donde su largo exilio lo llevó. Idea Vilariño creó una rara poesía de la desolación y exigüidad verbal, en la que cada palabra omitida vale casi tanto como la emitida. Es un gesto radicalmente antirretórico que se basa en una condición escéptica de la condición humana o femenina –aunque no solamente femenina–, donde no hay una presencia divina que consuela ni salidas posibles sino una terca y agria realidad de días parecidos sin sentido, y parecidos unos a otros. El amor es el gran tema de Vilariño, pero como una pasión fría y cruel a la que se le ha arrancado toda su belleza y exaltación, aunque no su intensidad trágica: el deseo conduce a una certeza del desamparo y de la fragilidad irrisoria de todo. La autora publicó más de una decena de libros de poesías. Su producción puede dividirse en dos etapas: la primera, de menor interés, que se inicia con La suplicante (1945), y la segunda –que comienza con Nocturnos (1955)–, que es la que verdaderamente importa, ya que en ella alcanza una máxima concentración verbal gracias a un lenguaje al que se le ha quitado todo lo que no sea imprescindible: un esqueleto o un esquema mínimo para decir lo indecible usando metros breves, versos escuetos y, frecuentemente, una frase larga y acezante . Es difícil encontrar paralelos a la extrañeza y hondura de la obra poética de esta autora. La versatilidad y fecundidad de Benedetti son tales que no es exagerado llamarlo un polígrafo, pues escribió en todos los géneros posibles: desde los habituales (poesía, narrativa, teatro, ensayo) hasta los marginales (humor, traducción, letras para canciones), en muchas décadas de infatigable producción literaria y periodística que desborda sus numerosos libros y anda dispersa por periódicos y revistas de todo el mundo. Benedetti se define, pues, como un escritor que reacciona de manera inmediata a los acontecimientos que ha vivido, a veces con la riesgosa facilidad de un cronista. Su punto de vista es el de un observador lúcido de la clase media urbana, a la vez como parte de ella y como un crítico acerbadamente distanciado de sus mitos, cegueras y conformismos. En su primera etapa –destaca La tregua ( 1960 )– quiso ser un escritor latinoamericano que responde a las cuestiones urgentes de su historia, no importa dónde ocurran. Eso se aprecia en su novela Gracias por el fuego (1965), en la que utiliza su breve experiencia estadounidense para hacer la crítica de los modelos asumidos por la burguesía nacional. El asunto político cobró progresivamente más fuerza en su obra, adoptando muchas veces un corte militante y esquemático. Su activismo continental hizo que seguir viviendo bajo la dictadura de su país le resultase muy riesgoso y tuvo que exiliarse y buscar refugio en otros países, pasaje que él llama “desexilio” y del que ha dado testimonio en su novela Andamios, publicada en 1998. Al lado de sus indudables méritos, sus mayores defectos fueron su tendencia a prodigarse demasiado, a escribir y publicar con excesiva facilidad, y a caer en el mismo simplismo ideológico que celebran algunos pero que ha nublado la visión critica de tantos escritores latinoamericanos. Sea esto dicho sin dejar de reconocer, simultáneamente, que fue un hombre de letras cuya ausencia será lamentada por una gran multitud de lectores.




POEMAS


sábado, 13 de noviembre de 2010

Juan Gelman / Idea Vilariño o la memoria de mañana


Idea Vilariño o la memoria de mañana

Por Juan Gelman
EL NUEVO DIARIO
Managua, Nicaragua - Sábado 02 de Mayo de 2009


La muerte de Idea Vilariño, a los 89 años, implica la pérdida de una de las principales poetisas uruguayas, que integró la emblemática “Generación del 45”. En este ensayo de Juan Gelman podrían quedan al descubierto algunas raíces de su poesía.


La poesía de Idea Vilariño es única en la lengua castellana por su temblor austero. Y mucho más. Hay quienes la dividen en etapas, pero su voz desde el inicio ha convocado a la memoria y la esperanza. Insiste en el arte de no dejarse morir, ese vértigo que sabe que va a morir. Ha vagado por los arrabales en ruinas del amor para encontrarlo en cada piedra. ¿Con qué comparar esa lealtad a lo que no se sabe y no se puede negar?Su poesía nos deja entrar, pero no salir. No hay trucos ni espejismos, hay espejos. Hace la memoria de mañana y funda un destino en la lengua. No informa, encuentra y logra que el otro participe en el encuentro. Internarse en ella es como tocar en vez de oír o ver “las materias desgarrantes”. Más que comunicación, hay comunión. El otro descubre en ella un espacio ignorado de sí mismo, ya bautizado para siempre con las palabras de Idea que lo develaron. Despierta lo que dormía en cada quien, le abre tierras que no sabía que tenía y por eso no sabía tener. Las inunda empujada por un hambre feroz e inexplicable en movimiento perpetuo. Es decir, tiene confianza en avenidas posibles de infinito.Buscar lo que ha muerto para que no se muera es una ética de la memoria. Es la ética de esta poesía. Es la estética de una escritura impecable que emociona y “hace brotar la fuente de la roca”, como quería Reverdy. Una escritura que sueña y por eso está perfectamente despierta. En la búsqueda de sus vértigos busca a todos y a cada uno de nosotros. ¿Somos sus vértigos? ¿Así le somos? ¿Qué nos mueve esta poesía? No enseña, nos hace ver lo que lo que no está allí. Lleva las palabras a la verdad y nos arrastra a ver el mundo sin nosotros.El fulgor que nace de la cicatriz de sus palabras aleja la desdicha. Es una hazaña del dolor. El envés indeseado y terrible del amor, esa bestia negra que aparece en sus vacíos es derrotada por esta poesía. Mata a esa bestia una desesperación en estado de delirio. ¿No alumbra acaso el dolor del amor? ¿Y qué otro cielo que el amor tiene la poesía? Amor y poesía se dan mutuamente razón de su existencia.¿Y ese extraño misterio de ser en la palabra y ser fuera de de ella al mismo tiempo? ¿Sobre cuánto valor y dignidad esta poesía se levanta? Idea Vilariño da todo sin conservar nada. Esto que algunos llamarían martirio es heroísmo, no el heroico -más supuesto que real- de los campos de batalla, sino el humilde de un hacer que quien lo hace sabe inexpresable. Perseguir la palabra para dar sin pedir. Como toda gran poesía, ésta abre sus puertas nunca dichas. El poeta crea lo que no es, lo saca del vacío donde flota y así da forma a lo que no tiene voz. ¿Pero qué voz es la de Idea? No está rota : es una pese todas las rupturas porque crea otras nuevas y les da palabra. “Nombrar alcanza”, dice. Y nombra con rigor, con una difícil sencillez que entraña el despojo más extremo. Esta poesía es una palabra de hueso a la intemperie, calcinada por los soles del amor y del dolor. ¿O es un único sol?Llama a la palabra más pobre, más escueta, más desprovista de peso material para convertirse en materia ella misma. Materia de belleza. Tiene un no que da fuerza al sí contra la precariedad de la vida y de lo vivo. Crea relaciones desconocidas antes, versos que no se habían escrito nunca. Da de nacer. ¿Sostener la palabra para atravesar el dolor? ¿Sostener el dolor para atravesar la palabra? “Verdad habla quien habla sombra”, sabía Paul Celan. “Los abismos me nombran”, dice Idea. Sí. Pero también siega “las mieses que el frío dejó intactas”. “Haberse muerto tanto y que la boca/quiera vivir un poco todavía”, dice. La palabra quiere a esa boca viva. “Este fardo sombrío/que me he echado a la espalda”, dice. ¿Será también la poesía, el demonio de las tradiciones árabes que monta al poeta para obligarlo a decir lo que en la lengua no existe? “El amor… ah, qué rosa, qué rosa verdadera”.Poesía lujosa de silencios cargados de sentido y de otro sentido, es decir, de más poesía. “Hoy me hundo en la nada”, dice. Y de la nada, de lo más deshumano y del “aire más duro”, extrae canto de la lengua para cerrarles el camino. Habla de la vida perdida en “tareas sin luz”. Entonces desgarra las entrañas de la sombra para que la luz entre y las abrigue. Ha quemado “los candores más íntimos”.Esta poesía calla sus palabras para que hablen y pone su cuerpo a lo que va a venir. No existe como territorio sino como tiempo interior y del deseo, atisbo de un mundo que hasta ahora han negado todos los sistemas. “Por qué soportamos esta historia”, esta “basura acumulada de los días”, dice. Los animales del amor tienen prohibido llorar. La poesía de Idea Vilariño da cuenta del enigma. Poesía que convierte a una pequeña habitación en todo el mundo. En este tiempo de la despasión muestra, clara, que sin pasión no hay palabra verdadera. Sólo la palabra sucia de pasión sabe vivir, puede vivir. “Soledad como una sopa amarga”, dice, y se alza contra el discurso del Amo que decreta la inexistencia del Otro. Es un habla de alteridad posible en su imposible, llena de viajes y contradicciones, de ascensos y descensos al infierno personal, que sabe que el otro participa de uno sólo para diferenciarse. Posee tal deseo y fuego de diamante que su mensaje se torna en total ausencia de mensaje para dar en sustancia de palabra ese lugar necesario para que la palabra nazca nuevamente. Cesa el lenguaje para darle paso otra vez. Trae vísceras profundas de la lengua. Gaspara Stampa, la gran poeta italiana del Renacimiento, quería “vivir ardiendo sin sentir el mal”. A Idea Vilariño sólo le fue concedido lo primero.



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Juan Gelman / Se ha instalado todo un sistema para recortarnos el espíritu
Juan Gelman / El poeta de los ojos tristes
Obituarios / Juan Gelman
Verdad es / El último poema de Juan Gelman



Leila Guerriero / Un perfil de Idea Vilariño
Juan Gelman / Idea Vilariño o la memoria de mañana
José Miguel Oviedo / Vilariño y Benedetti / Coincidencias y contrastes
Idea Vilariño y Onetti / Una pasión
Juan Forn / Una mujer enferma

POEMAS
Idea Vilariño / Ya no
Idea Vilariño / Si muriera esta noche
Idea Vilariño / Pensar
Idea Vilariño / Carta II
Idea Vilariño / Comparación
Idea Vilariño / Vive
Idea Vilariño / Buscamos
Idea Vilariño / Amor
Idea Vilariño / Tarde
Idea Vilariño / No te amaba
Idea Vilariño / Lo que siento por ti
Idea Vilariño / Tres poemas
Idea Vilariño / Un huésped
Idea Vilariño / Adiós
Idea Vilariño / Decir no
Idea Vilariño / Pasa se va se pierde
Idea Vilariño / El fuego