
Alice Kellen, el gran fenómeno de la literatura juvenil española que nació con un seudónimo en Amazon
El lanzamiento de la novela ‘El club del olvido’ coincide con la llegada a la gran pantalla de ‘Todo lo que no fuimos’ y el estreno en julio de la serie ‘El mapa de los anhelos’

El 12 de agosto de 2011, recuerda Silvia Hervás (Valencia, 36 años), decidió subir a la plataforma de Amazon una novela que tenía escrita. El precio de 0,99 euros lo puso para ver si alguien se animaba a leerla y firmó con un seudónimo, algo habitual en los foros de internet donde ya llevaba años publicando relatos y textos varios. Ahí nació Alice Kellen, uno de los grandes fenómenos de la literatura española de los últimos años, autora superventas de 17 novelas que arrasan entre el público joven no solo en España, sino también en Portugal o Argentina. En Buenos Aires congregó hace unos meses a una multitud y la semana que viene irá a Lisboa, pero antes estará firmando este sábado en la Feria del Libro de Madrid.
Este 2026, dicen muchos en la industria, es el año de Alice Kellen. Al lanzamiento de su nueva novela, El Club del Olvido (Planeta), se suma el estreno de la película basada en su libro Todo lo que no fuimos y el inminente estreno en Netflix este julio de la serie que adapta otro de sus éxitos, El mapa de los anhelos.

Detrás del fenómeno Kellen está Hervás, menuda, franca y discreta, poco amante de las redes sociales, separada y madre de dos hijos pequeños. Con trenza, vestido de algodón y alpargatas, pasaría por una de sus jóvenes lectoras. “El éxito como tal no es nada, lo tienes que controlar tú, no al revés. A mí lo que me ha dado es libertad”, reflexiona este viernes en el parque del Retiro. “Yo no publiqué una primera novela y fue un éxito absoluto. A los dos meses de sacar el libro en Amazon me llamaron para editarlo. Publiqué cuatro más con editoriales, pero seguía también autopublicándome, ganando unos pocos lectores más con cada título”. Fuera de la Feria del Libro y los encuentros con los lectores, insiste, no la paran por la calle, “nada ha cambiado”.
Con la misma pasión con la que de niña volvía del colegio para ponerse a escribir su diario encara cada nuevo libro. Cuando ha releído lo que escribió en la adolescencia, le ha sorprendido “cuánto tamizamos y filtramos la versión de nosotros mismos que nos formamos con el paso de los años”. Fue mala estudiante, repitió dos cursos, la nota no le dio para entrar en Historia del Arte y dejó Filología, pero frente a la página en blanco no se arredra. ¿Qué une todas las historias que ha escrito? “Me aburro rápido y he ido cambiando tono y tema, también de época, pero en todas las novelas me fijo en lo cotidiano y en lo pequeño, procuro que contengan mi esencia”, responde. Al fin, asegura, un lector busca en sus autores favoritos “esa manera particular que tienen de mirar el mundo, esa sensibilidad, porque la mayoría de las historias ya han sido contadas. A mí me aterra repetirme”.
Reparte su vida entre las afueras de Valencia y Madrid, mantiene una relación “adictiva” con la escritura, a la que se dedica por completo desde hace ocho años, y aún se queda perpleja cuando se enfrenta a un auditorio abarrotado de jóvenes que van a escucharla. “No me puedo creer que estén ahí por mí. Soy tímida, pero he aprendido a disfrutarlo, y el sentido del humor siempre ayuda”. Con la pandemia llegó el auge de sus historias de amores y desamores, literatura romántica con algún matiz. “El final feliz es subjetivo, así que quizá me acerco más a la novela romántica agridulce”, apunta.
El club de los olvidos parte de cuatro amigos que montan el bar que da título al libro y una chica, Dalia. “Cuando se me ocurre una idea no lo pienso tanto. Doy con una trama y escribo la historia, me encanta la estructura, todo ese trabajo previo. Pero esto no es una batidora en la que meter determinados ingredientes”, afirma. “Mucha gente escribe desde el yo, y como lectora me gusta, pero yo en mis libros lo que disfruto es ponerme en la piel de otros, o recordar cómo veía el mundo a los veinte”.
El club de los olvidos nació de las preguntas que rondaban a Hervás sobre los amigos de la infancia y adolescencia, los que conoces en la escuela o el barrio. “¿Qué ocurre cuando te plantas en una edad en que cada uno tiene aspiraciones distintas? Es gente con la que tienes un apego muy fuerte, como familia, pero que hoy por hoy no elegirías como amigos. A los 16 aunque haya maneras de sentir distintas, estamos todos en la misma etapa, pero a los 30 cada uno está en un lugar: una puede ser madre, otra no quiere tener hijos y otra ha cortado con su novio". Las distintas versiones de uno mismo en la interacción con los demás es algo que le interesa. “Es ese elemento camaleónico que todos tenemos”.
Voraz lectora desde adolescente, ella se enganchó al género romántico con novelas que compraba en los quioscos, con títulos de Susan Elizabeth Phillips, Marian Keyes y Lisa Kleypas, también con la llamada chick-lit y la legendaria Bridget Jones. “Libros con sentido del humor que hablaban del entorno laboral y familiar”, añade. Internet y las aplicaciones de citas ¿han vuelto algunas de aquellas historias algo anticuado? “Los sentimientos son inmutables, lo que cambia es la sociedad, la educación o la forma en que lo recogemos en los libros, pero la emoción permanece. Y bueno, sí, puede que algunas de las situaciones románticas que describían algunos libros hoy sean vistas como red flags", afirma divertida. Las novelas, dice Hervás, son “un espejo de la sociedad que muestra cómo vamos cambiando”.
¿Qué lee ahora? Dice que arranca cada año con la lectura de un libro de John Steinbeck y que Edith Wharton se cuenta entre sus autoras favoritas, como también Carmen Laforet (“tiene muchos libros fantásticos más allá de Nada”). No ha leído a Corín Tellado pero admira “toda la gente a la que consiguió enganchar a la lectura”. El prejuicio con los autores que venden mucho, “ha sido así siempre, quizá porque todos queremos ser especiales y sentir que hemos sido de los pocos que han llegado a un libro o a una canción”. A Hervás le emociona cuando sus admiradores jóvenes le dicen que, aunque no leen mucho, no se han despegado de las páginas hasta terminar una de sus novelas. “Es muy difícil llegar a un libro si no tienes el hábito de la lectura, y que no lo sueltes es increíble. Cuando me entran dudas sobre la escritura pienso en esto”, se despide.
No hay comentarios:
Publicar un comentario