viernes, 19 de mayo de 2006

Esther Tusquets / Memoria de escritora



Esther Tusquets

Memoria de editora

Esther Tusquets recibe un emocionado homenaje por su dedicación a la edición, la escritura y la agitación cultural

AGUSTÍ FANCELLI Barcelona 19 MAY 2006


Óscar Tusquets, arquitecto, diseñador y también escritor, explicó la anécdota de infancia que mejor define la personalidad de su hermana Esther. Peleado con ella, Óscar le lanzó un cuchillo que le rompió un diente. Esther contuvo la ira y al cabo le espetó: "¡Pues no se lo voy a contar a los papás!". "A Esther o se la teme o se la adora. O se la adora temiéndola, como es mi caso", concluyó el arquitecto en el cálido homenaje que la Asociación Colegial de Escritores de Cataluña rindió ayer a la escritora y editora en el Colegio de Periodistas de Barcelona.
Previamente a la intervención de su hermano, glosaron la figura de Esther Tusquets las escritoras Anna Moix, Nora Catelli y Cristina Peri Rossi, colaboradoras en la editorial Lumen, que dirigió desde principios de los sesenta hasta que la vendió a Plaza & Janés en 1997. Moix glosó la figura de la escritora en las obras El mismo mar de todos los veranos (1979), Con la miel en los labios (1997) y Confesiones de una editora poco mentirosa (2005). "Es una escritora proustiana que utiliza la memoria como arma de conocimiento. Con ella realiza un espléndido ajuste de cuentas con las costumbres de la España del último medio siglo". Nora Catelli abundó en este aspecto: "Todo en ella es memoria irreverente y a la vez condescendiente. Nunca cae en el memorial de agravios". Cristina Peri Rossi centró su éxito como editora en que siempre publicó "los libros que quería leer". La escritora y poeta uruguaya acabó reclamando a Tusquets que escriba un alegato contra el psicoanálisis. "Su último libro, Prefiero ser mujer, en cierto modo ya es una declaración de intenciones".
El editor Jorge Herralde ponderó el trabajo de editora de Esther Tusquets. "A principios de los sesenta había dos únicos referentes: Seix & Barral, la editorial rompedora, y Lumen, que era como un corredor de fondo. Tusquets nos enseñó a mantener relaciones personales con los libros publicados".
Emocionada, la escritora Ana María Matute recordó que Esther le pidió hace muchos años que escribiera para niños. "No era una editora al uso, era ya escritora entonces", subrayó. Cerró el acto la homenajeada, quien matizó una frase suya recordada poco antes por Peri Rossi, según la cual "la vejez no tiene nada de bueno". "Si algo bueno tiene la vejez es seguir teniendo a nuestro lado a seres que nos quieren".



viernes, 12 de mayo de 2006

Las metonimias de Pierre Michon

 



Las metonimias de Pierre Michon


Rafael Conte
12 de mayo de 2006

La editorial Anagrama parece estar convencida de la importancia de Pierre Michon, el "gran patrón" clandestino de las letras francesas en la actualidad, del que publica un cuarto título ya, de los que sólo el primero, su obra maestra Vidas minúsculas, procede de otra editorial. Su autor tardó 37 años en publicarlo y casi otros 15 más en llegar hasta nosotros. Los otros tres vienen traducidos magistralmente por María Teresa Gallego Urrutia, Rimbaud el hijo, Señores y sirvientes y este Cuerpos del rey. En el fondo, sólo el primero es un libro propiamente dicho. Pues los otros dos son una recopilación de otros libros anteriores, de dos o tres, formado por breves textos aparecidos originalmente en las Editions Verdier en diversas fechas. De hecho Cuerpos del rey, de 2002 (el que da el título al libro), se junta ahora con Tres autores, de 1997. En el fondo, los nueve o diez libros de Michon son más bien "folletos", una reunión de textos dispersos que han renovado por completo la prosa narrativa francesa, pero que no son novelas propiamente dichas por mucho que sean narraciones.

CUERPOS DEL REY

Pierre Michon

Traducción de María Teresa Gallego Urrutia

Anagrama. Barcelona, 2006

158 páginas. 10 euros

No parece, pues, que Pierre Michon sea un novelista puro, sino un narrador sólo, pero por encima de todo, original, supremo y fabuloso, que mezcla la literatura con todo lo demás, con la pintura, con la escritura, con la cultura en general, multiplicando así lo que más aprecia, la literatura propiamente dicha, en una serie de tropos, de metáforas, de cascadas de imágenes que la reflejan y espejean de manera deslumbrante. Y a este respecto, voy a dar un detalle significativo, que no es un reproche a la impecable traducción: el cambio en el título de este libro, al suprimir la "l" del título -del "de" original al "el" traducido- convierte la metonimia original en una metáfora, lo que descubre el procedimiento del autor, que prefiere suprimir el pronombre en el tropo rey del anonimato material -la metonimia- pues la literatura multiplicada ya está repleta de todos los nombres propios del mundo entero. De ahí el título que he colocado a este artículo, que me parece lo más adecuado, y sobre todo revelador de los procedimientos de este magistral escritor.


En esta ocasión, Michon ha reunido cinco textos primero, basados en otras tantas imágenes -que también se llaman tropos, en literatura- de escritores, que le fascinan, sobre todo basados en otras tantas fotografías de escritores, introducidos por una de Samuel Beckett, en la que descubre el "cuerpo de rey", la metonimia que todo gran creador integra entre la soberanía del que reina y la miserable realidad humana de la verdad. Beckett es el Rey y a la vez los clochards del Godot que le han hecho triunfar, sin aparentar serlo jamás de verdad. La fotografía de Beckett es fascinante y el rey lo será para siempre de ahí que su imagen le proporcione la metonimia que le llevará al paseo que le permitirá este encadenamiento de las mismas que multiplicará la literatura en una serie de espejos indefinidos, infinitos y contundentes. El procedimiento no se agotará jamás, salvo uno del que no existe imagen, un tratadista egipcio en aves del siglo XIV, pero ahí está el texto para contárnoslo o sustituirlo. Otra agradable sorpresa de este libro es, junto a las reivindicaciones de Beckett, Flaubert, Faulkner, Villon, Victor Hugo o Balzac, la del poco conocido escritor suizo Charles-Albert Cingria, escritor de posturas de bailarinas -obras completas en 17 tomos en L'Age d'Homme, de Lausana- al que describe como de "una alegría cadente" (no "cadenciosa", lo que no sería una metonimia permanente, sino una metáfora transitoria). Y Faulkner por dos veces, pues es allí donde la literatura habla desde dentro, por sí sola, en su propio nombre, e incluso en nombre del diablo, que fue quien primero puso en marcha el motor de las metonimias de Pierre Michon, que se multiplican creando un nuevo "cuerpo de rey", reflejo multiplicador de todos los demás que nos permite redescubrir todos los demás, y hay que ir dándole las gracias por hacerlo tan bien, por revelarnos la historia de la literatura de manera tan original como deslumbrante.


EL PAÍS








sábado, 6 de mayo de 2006

Esther Tusquets / "Me parece un error muy grave que las mujeres no trabajen"




Esther Tusquets

"Me parece un error muy grave que las mujeres no trabajen"

MIGUEL ÁNGEL VILLENA 6 MAY 2006



La editora y escritora barcelonesa reúne en un libro, con el significativo título de Prefiero ser mujer, artículos que fueron publicados a finales de los años setenta y comienzos de los ochenta. Amor, profesión, hijos y amistad componen el ensayo.
En algunos casos por repasar el camino recorrido; en otros, por comprobar que muchas cosas no han cambiado tanto como parece y, en ocasiones, por pura curiosidad, los artículos publicados por Esther Tusquets en la desaparecida revista Destino ofrecen una reveladora panorámica de la evolución de las españolas en las últimas tres décadas. La selección de la editora y escritora se ha completado con la inclusión de textos actuales al final de cada capítulo para que los artículos queden situados en el tiempo y contrastados con el presente. Con un criterio independiente ha abordado Esther Tusquets (Barcelona, 1936) la escritura de Prefiero ser mujer hasta el punto de que afirma en el prólogo que el libro "no contentará a nadie: ni a las feministas, ni a las sometidas, ni imagino que a muchos hombres".


Esther Tusquets


PREGUNTA. Tres décadas después, usted cree que sus artículos mantienen el interés. ¿Por qué?
RESPUESTA. De algún modo, he planteado el libro como un balance, una recapitulación. Es cierto que muchas cosas se han transformado totalmente, pero otras apenas han cambiado en la situación de las mujeres.
P. ¿En qué se ha avanzado menos en la igualdad entre hombres y mujeres?
R. Sin duda alguna, en el plano profesional, en la igualdad de oportunidades en el trabajo y en el acceso a los puestos. Creo que las niñas siguen orientadas hacia actividades digamos femeninas. Y todo ello ocurre a pesar de que la coeducación está implantada en España desde los años setenta. Además las mujeres que trabajamos tenemos que desempeñar siempre un triple empleo: atender y complacer al marido, ejercer nuestra profesión y ocuparnos de los hijos y de la casa. En esa faceta del trabajo doméstico podemos afirmar que las mujeres siguen asumiendo la mayor parte de las tareas y que los hombres no colaboran mucho.
P. Señala en su libro que muchas mujeres tienen un sentimiento de culpa al tener que optar entre la profesión y los hijos. Usted ha sido madre y, al mismo tiempo, editora y escritora. ¿Tuvo sentimiento de culpa?
R. La verdad es que nunca he tenido ese sentimiento de culpa porque he rechazado de plano ese tipo de educación cristiana. Pienso en cualquier caso que para los hijos siempre resulta más enriquecedor tener una madre activa y con una vida más interesante que la rutina de un ama de casa. Para mí es imprescindible que las mujeres trabajen porque, además, los hijos representan una etapa de la vida, ya que con el tiempo desaparecen de la casa familiar.
P. No obstante, en algunos países europeos muchas mujeres con estudios abandonan sus profesiones para dedicarse a la casa y los hijos.
R. Me parece, en cualquier caso, un error grave que las mujeres no trabajen. Es cierto que en ocasiones se producen retrocesos como el que usted describe. También asistimos al regreso de algunas madres a parir con dolor, algo que me parece un atraso, o el fenómeno de sobrevalorar la lactancia porque a algunas mujeres les parece una forma más natural de criar a los hijos.
P. Sostiene en su libro que una mayoría de hombres prefiere a las mujeres sumisas antes que a las independientes tanto ayer como hoy.
R. Poco, ha cambiado poco esta predilección de los varones, en términos generales. Es decir, a gran número de hombres les resulta incómodo convivir o tratar con mujeres independientes, protestonas, que buscan una relación de tú a tú. Aspirar a una relación interesante y fructífera requiere de un esfuerzo mayor y, por otra parte, a los hombres les cuesta renunciar a privilegios mantenidos durante siglos. Aunque esté de acuerdo de un modo racional con muchas propuestas de las mujeres, el varón tenderá a defender sus privilegios. Es cierto asimismo que hoy en día, a diferencia de hace unos años, las mujeres valoran más y hablan más del aspecto físico de los hombres.
P. Usted defiende la amistad entre mujeres y rebate esas tesis de que siempre existe rivalidad.
R. Siempre ha sido fácil la amistad entre nosotras y es falso que las relaciones femeninas estén marcadas por la envidia o la competencia. La amistad entre nosotras ha sido denostada mientras se ensalzaba una cierta camaradería entre los hombres. Estar entre mujeres siempre me ha resultado muy gratificante porque se establecen unas relaciones de mutua lealtad. Entre mujeres, lo normal es que las convivencias o los viajes discurran dentro de un ambiente de relajación, tolerancia y permisividad mayor que cuando están presentes los varones. Con los hombres las convivencias son más tensas. En realidad, poner paz siempre ha sido una misión de mujeres, en todos los órdenes de la vida.
P. Al final de su ensayo, incluye una narración sobre una amiga y usted, como autora, concluye que el amor es un juego solitario. ¿Lo cree de verdad?
R. No, no lo creo. En realidad fue un recurso literario y un guiño al título de una novela mía. Es cierto que en el amor hay mucho de invención, pero no es un juego solitario porque incluye momentos y etapas en los que se comparte mucho. En definitiva se trata de un juego compartido que, a veces, incluso dura toda la vida.
P. La edad, el envejecimiento, siguen marcando con un rasero muy distinto a hombres y mujeres. ¿A qué se debe?
R. La percepción de las diferencias de edad ha evolucionado poquísimo en las últimas décadas, la visión de la sociedad es prácticamente idéntica, de modo que si ven a una señora mayor con un jovencito muchos van a pensar que está pagando por la compañía. Se trata en última instancia de una cuestión de poder porque un hombre se divorcia y, aunque sea un desastre, pronto tiene a una veintena de jovencitas a su alrededor. Por el contrario, una mujer mayor que liga con un hombre de menos edad se convierte de inmediato en piedra de escándalo. Cuando una mujer se separa tiene verdaderas dificultades para entablar nuevas amistades. Si nos fijamos bien, el mundo está lleno de mujeres que son presentadas en público como la ex de alguien.




lunes, 24 de abril de 2006

Isabelle Huppert / "Las fotos intentan robarte algo que es muy personal"

Isabelle Huppert, fotografiada por Jurgen Teller.

ISABELLE HUPPERT 

"Las fotos intentan robarte algo que es muy personal"

Octavi Marti
París, 24 de abril de 2006


Isabelle Huppert (París, 1955) es actriz y, como tal, está habituada a situarse delante de las cámaras. Y a la mirada del otro. Ahora, en Madrid, se presenta una exposición de 120 fotografías en las que ella es el único modelo. Se trata de retratos, fotos en las que ofrece, desafiante, su alma en espectáculo. Esta muestra forma parte de un ciclo que, bajo el título Retratos de Francia, se celebra en el Instituto Francés de Madrid (Marqués de la Ensenada, 10) hasta el próximo día 25 de mayo. Paralelamente a la exposición de fotografías de Huppert, se ha organizado un ciclo de cine en la Filmoteca Española (Santa Isabel, 3). La actriz habló en París sobre fotografía y cine, días antes de acudir a Madrid para la inauguración de la muestra. El catálogo de la exposición reúne todas las fotografías presentadas y las acompañan textos de Serge Toubiana, Elfriede Jelinek y Susan Sontag.


Pregunta. ¿A partir de qué momento fue consciente de lo que comporta ser fotografiada?
Respuesta. Cuando empiezas a hacer cine, enseguida ves que te retratan muy a menudo. Lo que me gusta de la exposición es que es una historia del retrato a través del retrato. El modelo es siempre el mismo y lo que sorprende es hasta qué punto las imágenes son distintas. Cada fotógrafo desvela su personalidad. Luego, es posible proceder también a un cierto reagrupamiento de las imágenes: están las de los fotógrafos de tradición digamos que humanista, los Cartier-Bresson, Doisneau, Ronis o Lartigue; están las del grupo de contemporáneos, como Jurgen Teller, Nan Goldin o Philip-Lorca DiCorcia; y están las de fotógrafos de moda, como es el caso de Richard Avedon, Paolo Roversi, Helmut Newton o Guy Bourdin. Impresiona ver que, con la limitación de trabajar todos con el mismo modelo, sigue siendo imposible confundir una foto de Avedon con otra de Boubat, una de Faigenbaum con otra de Lindbergh.
P. En 1971 debutó en el cine, ¿cuándo empezó con los retratos?
R. Cuando un semanario me propuso ser redactora jefe de uno de sus números. Se trataba de una publicación ampliamente ilustrada y pedí la colaboración de Lartigue, Doisneau y Charbonnier.
P. Los tres figuran en la exposición.
R. Sí. Más tarde encontré a Cartier-Bresson y a Willy Ronis. A Patrick Faigenbaum fue cuando el proyecto de una exposición de retratos ya empezaba a dibujarse y sabiendo que él es precisamente un extraordinario retratista. Con Jurgen Teller, en 2001, fue el azar el que nos reunió, pero en otras oportunidades, como con Peter Lindbergh, he sido yo la que he tomado la iniciativa. Llega ese instante en que comprendes que lo que va a exponerse no son 120 fotos de ti, sino 120 imágenes de miradas sobre ti, y que lo importante no es tu persona, sino la calidad de la mirada.
P. Usted habla de fotógrafos humanistas y de fotógrafos contemporáneos. ¿Son adjetivos incompatibles?
R. Los fotógrafos calificados de humanistas captan a la persona en su mundo. Doisneau me presenta en un bistrot, Boubat, acariciando un gato, mientras que los contemporáneos se inventan una historia, tienden a ser más cinematográficos. Hay más narratividad, más ficción, en algunos casos muy estilizada, como sucede con Lindbergh, en otros más sucia como es el caso de Teller, que cultiva una estética de la fealdad. El fotógrafo de moda tiende a poner el énfasis en el glamour del modelo y supone otra vía.
P. ¿Hay alguna de las fotos que la haya sorprendido?
R. ¡Eso es imposible! No se olvide de que soy actriz. Viendo la exposición se aprende mucho más sobre la personalidad de los fotógrafos que sobre la mía.
P. Cartier-Bresson hablaba del "instante decisivo"...
R. Sí, y eso puede significar que una buena foto es la que te permite adivinar lo que ha ocurrido antes y lo que va a pasar después. Por eso me interesa ahora el trabajo de algunos videoartistas como Gary Hill, Bob Wilson o Bill Viola, que exploran la frontera entre movimiento e inmovilidad. El cine es, por definición, movimiento y la foto detiene el tiempo, mientras que esos videoartistas se sitúan entre unos y otros. Volviendo a Cartier-Bresson, él también decía que "toda foto tiene algo de violación consentida". De hecho, se trata de una intrusión en tu intimidad, de intentar robarte algo que es muy personal.
P. ¿Los criterios para elegir un fotógrafo son los mismos que para escoger un filme o un cineasta?
R. Los fotógrafos llegan precedidos del conocimiento que tengo de ellos, mientras que un cineasta puede ser un perfecto desconocido y entrar en contacto a través de un guión. La aventura del cine no tiene nada que ver con la de la foto.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 25 de abril de 2006


sábado, 22 de abril de 2006

Premio Cervantes 2005 / Mi amigo Sergio Pitol

Sergio Pitol

PREMIO CERVANTES 2005

Mi amigo Sergio Pitol


MARGO GLANTZ
22 ABR 2006

Uno. Sergio Pitol empieza El mago de Viena con un brevísimo epígrafe de E. M. Forster, uno de sus escritores preferidos: "Only connect.
...". Y en efecto, sólo un mago puede reunir con tal maestría un gran número de textos que guardarían en sí mismos, de manera aislada, una perfecta unidad y aparentemente apenas podrían conectarse y conformar una trama. En un diálogo con Monsiváis, Pitol lo explica: "Es un libro que nace bajo la sombra de un lema primordial de los alquimistas. 'Todo está en todo'. En el mago todo está en todo, pero en un orden de los elementos, y los tonos tienen que estar en una colocación especial para potenciarse y potenciar la unidad". Y esa leve tela de araña que sutura los diferentes relatos es la propia escritura contemplada como reflejo de otras escrituras y biografías afines, hermanadas por la excentricidad de los relatos o la de los personajes que los construyen. Conforman una familia escrituraria y por ello una genealogía, cada cual única e inconfundible pero con parecidas señas de identidad, un mismo continente verbal. En un breve texto aparecido en Babelia, sobre la última antología de cuentos publicada en 2005 por Anagrama, Edgardo Dobry lo define muy bien: [para Pitol] "... la literatura [es] como un territorio parecido al de la nacionalidad, una patria que lo exige todo sin prometer nada".


Dos. Un autor es en cierta medida la suma de sus lecturas, o mejor, de sus relecturas. Un autor, antes de serlo, fue un imitador, es decir un simio, o simplemente un niño, se aprende copiando, como antes copiaron o imitaron Lope de Vega, Alfonso Reyes o el propio Borges, autores dilectos del escritor. Hay que imitar pero saber detenerse, hasta encontrar el lenguaje propio y definir un estilo. Entonces, y sólo entonces se puede empezar a crear personajes y a elaborar las tramas. En este libro la trama se nutre fundamentalmente de la lectura y la relectura, ésta incluye la revisión de aquello que se ha leído y la observación sobre uno mismo situado en el tiempo pasado y ya colocado por ello, por esa distancia temporal, en otro contexto del lenguaje, lo que se lee o relee ahora, se reelabora en primera persona, lo que se leyó o se hizo en el pasado, corresponde al reino del pronombre impersonal, fue él, no yo, quien leyó y quien acometió ciertas hazañas, casi incomprensibles y hasta ridículas. Así uno se convierte en otro o se vuelve la suma extravagante de dos personalidades semejantes y diversas, una especie de Dr. Jekyll y Mr. Hyde enfrascados en la lectura y la relectura, pero también en la escritura y la reescritura. Si alguno de ellos releyera o viera de nuevo una representación de Hamlet, podría ser Gustavo Esguerra reescribiéndolo o la regocijante Maruja La-noche Harris haciendo una crítica literaria de la novela light llamada El mago de Viena, con lo cual la novela -¿es novela?- se muerde la cola y se convierte en el centro de esa parodia incesante que nunca deja títere con cabeza, incluyendo obviamente al propio 


FICCIONES

Sergio Pitol / Ficción y crítica



PREMIO CERVANTES 2005

Sergio Pitol

Ficción y crítica


E.Dobry
22 de abril de 2006

El escritor mexicano reúne en Soñar la realidad una serie de artículos autobiográficos, cuentos y apuntes críticos. Un volumen que ofrece las claves para conocer y reconocer las artes literarias de este autor y gran viajero, para quien la realidad y la ficción no están separadas.

La estructura de este libro reproduce la forma misma de muchos escritos de Pitol: junta ficción y reflexión, invención y crítica, experiencia vivida hecha escritura y vuelta a ser experiencia leída. Como dice él mismo al preguntarse acerca de uno de sus títulos, El arte de la fuga, volumen también hecho de pasajes y mezclas: "La Fuga [permite] establecer una forma mecida entre la aventura y el orden, el instinto y la matemática, la gavota y el mambo". Fuga y fractal de la ficción, porque "todo está en todas las cosas", como dice Pitol, que en Soñar la realidad divide -o esparce- sus trabajos en tres secciones: una de artículos autobiográficos, otra de cuentos, la tercera de apuntes críticos. El libro, publicado originalmente en México en 1998, reagrupa materiales que, en muy buena medida, ya eran conocidos para el lector español: de las secciones primera y tercera, varios pertenecen al mencionado El arte de la fuga (Anagrama, 1997), y de los diez relatos hay sólo dos que no formaron parte de la recopilación Los mejores cuentos (Anagrama, 2005).


Pitol es un escritor de conciencia borgeana en su manera de asumir que realidad y literatura no son dos entidades separadas y eventualmente cortocircuitadas a voluntad del escritor, sino esferas de relaciones cambiantes, indiscernibles, como la materia y su espejo (pero donde ya no se sabe de qué lado está la imagen o su doble). 'El sueño de lo real', resume en diez páginas la entera trayectoria literaria de Pitol, donde el itinerario y el destino literario se hacen tal en la escritura. Figura de autor hecha de idas y venidas, de casi treinta años europeos en los que Pitol es un escritor mexicano en Varsovia -donde traduce autores entonces casi desconocidos y hoy clásicos entre nosotros, en buena medida gracias a su labor-, o en Praga, Roma, Barcelona. En su juventud y en las vueltas al país natal su amigo y álter ego es el crítico y ensayista Carlos Monsiváis, figura central de la cultura mexicana de los últimos cincuenta años: a él dedica uno de los artículos fundamentales del libro -'Con Monsiváis, el joven'-, como a él le dedicó también su primer cuento, 'Victorio Ferri cuenta un cuento', incluido en este volumen. Monsiváis y Pitol se mueven por el México de 1957 y se cruzan con Juan José Arreola, José Emilio Pacheco, Max Aub, Salvador Elizondo, Enrique Díez-Canedo, Rosario Castellanos, Jaime García Tarrés. Es un autorretrato con -al fondo- una ciudad plena de inquietudes, donde la máxima alerta política es, al mismo tiempo, el más poderoso estímulo intelectual.
En otro capítulo Pitol recorre varias ciudades alemanas y hace dialogar lo que ve durante el día con las novelas de Theodor Fontane, que lee en las noches de hotel. Los laberintos del irlandés Flann O'Brien leídos por Borges; el problemático lugar de Arthur Schnitzler en la gran literatura centroeuropea de su tiempo; un diario de lectura de los diarios de Thomas Mann (Mann lector de Kafka; Mann leído por Kundera); el Coloquio de los perros de Cervantes evocado desde el Corazón de perro de Bulgákov. Distintas estrategias para ahuyentar toda idea ingenua acerca de la literatura y de sus interpretaciones, que sin embargo nunca vencen ese fascinado candor tan propiamente americano. Porque está atravesada de pasajes, conexiones y relaciones que se rehacen todo el tiempo, la literatura de Pitol elude lo asertivo o apodíctico: nace de sucesivas preguntas a cuyas respuestas tiende. La pregunta, por ejemplo, acerca de cómo escribe, cómo debiera escribir un narrador mexicano con media vida hecha en Europa, que ha visto transformarse varias veces las ciudades donde transcurrió la escena de su vida. Y porque necesita del diálogo, el lector de Pitol está llamado a ser más, a ser un interlocutor, como aquel que aporta la cambiante interrogación sin la cual el texto no se pone en marcha. Basta abrir este libro por cualquiera de sus páginas para verse sometido a ese desafío generoso.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 22 de abril de 2006
EL PAÍS


FICCIONES