miércoles, 3 de abril de 2024

Triunfo Arciniegas / Maryse Condé

 



Triunfo Arciniegas

MARYSE CONDÉ

A los 87 años, en un hospital de Vaucluse, cerca de Marsella, ha fallecido Maryse Condé, eterna candidata al Premio Nobel de Literatura.

El mes pasado, en su última entrevista, dijo: “Soy vieja, dependo demasiado de la amabilidad de los extraños”. Casi una frase de El tranvía llamado deseo: “Siempre he confiado en la bondad de los extraños”. La escritora vivía con su esposo y traductor Richard Philcox en el sur de Francia, en Gordes, afectada por una enfermedad neurodegenerativa, la misma que acabó con su hermano Sondrino cuando era muy joven. Hablaba despacio y con esfuerzo, ciega desde hace años, siempre en su silla de ruedas. En 2019, en una entrevista para El País, le dijo a Laura Fernández: “A veces pienso que solo estoy aquí porque he perseguido el sueño de mi hermano. Él quería ser escritor y no pudo. Yo estoy cumpliendo su sueño”.

Nació en Guadalupe, territorio francés, pero vivió en tres continentes: “Yo buscaba algo, y esto me llevó a viajar. Nunca lo encontré”. Lo primero que escribió, a los diez años, fue un poema dedicado a su madre, que le dijo: “Es horrible, no vales para escribir”. La vida se encargaría de contradecir tan dura sentencia. Maryse Condé nos deja una treintena de obras. La madre, además, le prohibió la lengua nativa y la obligó a expresarse solamente en francés.

Empezó a publicar a los cuarenta, después de los cuatro hijos que tuvo que criar sola y la difícil etapa africana. “No me puse a escribir hasta que dejé de tener tantos problemas y me pude permitir reemplazar los dramas de verdad por los dramas de papel”, confiesa en La vida sin maquillaje. A principios de 2021, le dijo a Marc Bassets: “Es ahora, cuando soy vieja, que la vida es fácil. No tengo problemas de dinero. Mis hijos son adultos. Para mí, vivir significa ser un poco infeliz y pelear, todo el tiempo”.

A propósito de uno de los libros de Maryse Condé publicados por Impedimenta, Corazón que ríe, corazón que llora, dice Laura Fernández:

“Pensemos en la Maryse niña en un parque, jugando por la noche con una chica de coleta rubia que la trata como a una criada, noche tras noche, mientras sus padres charlan en un banco. Maryse se siente incómoda, pero no puede evitar obedecer y no entiende por qué. La niña la azota y ella le pregunta el motivo. La otra le contesta: ‘Te lo mereces, por negra’. La pequeña Maryse no tarda en preguntarles a sus padres por qué deberían pegarla por ser negra. Y los padres, en su propio mundo, uno en el que son distinguidos ciudadanos franceses, fingen que nada de aquello está pasando”.

2 de abril de 2024


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