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sábado, 18 de octubre de 2014

Hjalmar Söderberg / El beso




Hjalmar Söderberg
EL BESO
Érase una vez una muchacha y un joven. Estaban sentados en una piedra, en una punta de tierra que se adentraba en el mar, y las olas golpeaban hasta tocar sus pies. Estaban sentados, callados, cada uno en sus pensamientos, y vieron ponerse el sol.
Él pensó que tenía muchas ganas de besarla. Su boca parecía hecha para eso. Había visto chicas más hermosas y, en realidad, estaba enamorado de otra, pero no creía poder besarla nunca, ya que era un ideal y una estrella, y “a las estrellas uno no puede desear poseerlas”. Ella pensó que querría que él la besara, porque entonces tendría una oportunidad de enojarse con él y mostrarle lo mucho que lo despreciaba. Se levantaría, levantando las faldas y ajustándolas en torno a sí; lo miraría con una mirada cargada de helada burla y se iría, derecha y sin prisas innecesarias. Pero para que no pudiera adivinar lo que pensaba, dijo en voz baja, muy lentamente:
–¿Cree usted en otra vida después de ésta?
Él pensó que sería más fácil besarla si contestaba que sí. Pero no recordaba bien cómo había respondido en otra oportunidad a la misma pregunta y tuvo miedo de contradecirse. Por eso la miró profundamente a los ojos y dijo:
–Hay momentos en que creo que sí.
Esa respuesta agradó a la chica enormemente y pensó: “De todas maneras, me gusta su pelo y también la frente. Es una lástima que la nariz sea tan fea y que no tenga una posición. Es sólo un estudiante”. Con un novio como ése no la envidiarían sus amigas.
Él pensó: “Ahora, decididamente, puedo besarla”. Pero tenía mucho miedo; no había besado antes a ninguna joven de buena familia, y se preguntaba si sería peligroso. Su padre dormía, tumbado en una hamaca, no muy lejos de allí, y era el alcalde de la ciudad.
Ella pensó: “¿Será quizá mejor que le dé un bofetón cuando me bese?”. Y pensó de nuevo: “¿Por qué no me besa, es que soy tan fea y desagradable?”.
Y se inclinó sobre el agua para mirarse reflejada, pero su retrato se rompió en las olas que salpicaban.
Pensó a continuación: “Me pregunto qué sentiré cuando me bese”. En realidad, la habían besado una sola vez, un teniente, después de un baile en el hotel de la ciudad. Pero olía muy mal, a cigarros y a ponche, y ella se había sentido un poco halagada de que la hubiera besado, ya que era un teniente, pero, por otra parte, ese beso no había sido gran cosa. Y, además, lo odiaba, porque después del beso ni le había propuesto matrimonio ni había vuelto a mirarla.
Mientras estaban allí sentados, cada uno en sus pensamientos, el sol se puso y oscureció.
Y él pensó: “Ya que está todavía sentada a mi lado y el sol se ha ido, quizá no tenga nada en contra de que la bese”.
Y lentamente le pasó un brazo sobre los hombros.
Eso ella no lo había previsto. Había creído que la besaría sin más preámbulos y que entonces ella le daría una bofetada y se iría como una princesa. Ahora no sabía qué hacer; quería enfadarse con él, pero no quería perder la oportunidad de ser besada. Por eso se quedó sentada completamente quieta.
Entonces él la besó.
Era mucho más extraño de lo que ella había pensado; sintió que se quedaba pálida y sin fuerzas, y que se había olvidado totalmente de darle un bofetón, y de que no era nada más que un estudiante.
Pero él pensó en un pasaje del libro de un médico muy religioso, llamado ‘La especie femenina’, en donde decía: …Pero cuidado con dejar que el abrazo matrimonial se supedite al dominio de las pasiones. Y pensó que debía ser muy difícil cuidarse si un solo beso podía ya hacer tanto.
Cuando salió la luna, estaban todavía sentados besándose.
Ella le susurró al oído:
–Te amé desde el primer momento en que te vi.
Y él respondió:
–Para mí no ha habido otra en el mundo como tú.




viernes, 17 de octubre de 2014

Hjalmar Söderberg / El juego serio / Reseña

Hjalmar Söderberg

El juego serio

Alfa­bia edita una cró­nica del amor egoísta 

Por Izaskun Gracia

4 de septiembre de 2013 

 
principal
Hjalmar Söderberg

A pesar de que no es muy cono­cido fuera del norte de Europa y de que su obra se reduce a cua­tro nove­las, a Hjal­mar Söder­berg (1869–1941) se lo con­si­dera uno de los gran­des escri­to­res sue­cos. La edi­to­rial Alfa­bia ha deci­dido dar a cono­cer su obra en nues­tro idioma y, tras la publi­ca­ción de Doc­tor Glas, ha lle­gado a nues­tras manos El juego serio, la que sería la última novela del autor y tam­bién la más impor­tante, pues plasmó en ella, tal y como nos dice Elena Bal­zamo en su pró­logo, una parte muy impor­tante de su biografía.

Hjalmar Söderberg / La carne y el espíritu




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Hjalmar Söderberg
La carne y el espíritu

Hjalmar Söderberg dijo adiós a la literatura con una fascinante novela sobre el amor y el destino

 
Por José María Guelbenzu
20 de febrero de 2013

Descanso de la competición de los Juegos Olímpicos de 1912 en Estocolmo. / Popperfoto / Getty


Señores: ¿les agradaría escuchar una bella historia de amor y fatalidad? Así, parafraseando el comienzo de Tristán e Iseo, me gustaría animar al lector a la lectura de esta novela fascinante. De Hjalmar Söderberg, autor sueco nacido en 1869 y fallecido en 1941, solo conocíamos otra novela excepcional: Doctor Glas, editada primero por Carlos Barral en traducción del gran poeta Gabriel Ferrater y hace dos años por Alfabia con la misma traducción. En ambas ocasiones, Doctor Glas tuvo una salida tímida, pero tras la segunda mereció entrar en el cuadro de honor de los diez libros del año 2011 en Babelia.

José María Guelbenzu / La frescura de los clásicos



La frescura de los clásicos

Por José María Guelbenzu

Nuevas ediciones de Humphry Clinker, Bel Ami, Humillados y ofendidos, Caballería Roja, Banderas Negras... muestran la hondura extraordinaria de los relatos de Smollett, Maupassant, Dostoievski, Bábel, Strindberg y otros autores.


En el XVIII inglés, junto a Fielding, Defoe y el excéntrico y genial Sterne, brilló con luz propia -y lo sigue haciendo todavía- el escocés Tobias Smollett. Fue autor de varias novelas en las que mostró la cara sórdida de una picaresca donde su carácter pesimista se luce a fondo realzando la fealdad y brutalidad del mundo; con una sola excepción: la que representa su muy divertida novela La expedición de Humphry Clinker, una novela epistolar donde relata el viaje por la Inglaterra del rey Jorge III, el rey loco, de un caballero misántropo y atacado de gota como corresponde a su dignidad de tal, el señor Matthew Bramble; un viaje en el que lo acompañan sus sobrinos, su hermana solterona y un tal Humphry Clinker, un mozo de cuadra abandonado al nacer que se les incorpora como criado. La trama es simple, pero lo que convierte a esta obra en una delicia es tanto el cuadro de costumbres y peripecias que retrata como las voces de los diversos miembros del grupo que van contando y complementando desde sus diversos puntos de vista el fascinante transcurso del viaje, todo ello expuesto con un humor excelente para regocijo del lector.