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viernes, 30 de junio de 2023

Georges Perec / Lo infraordinario / Prólogo de Guadalupe Nettel

 



Georges Perec
DESCIFRAR EL ESPACIO


Prólogo de Guadalupe Nettel


    Georges Perec (Paris 1936-1982) fue descrito por Italo Calvino como «una de las personalidades literarias más singulares del mundo, al punto de que no se parece a nadie en absoluto». Si bien es cierto que este autor construyó una obra literaria innovadora, sería un error fijarse únicamente en el virtuosismo de su prosa (el de La disparition , por ejemplo, donde la letra «e» no se emplea jamás, la construcción de La vida, instrucciones de uso o sus palíndromos de doscientas palabras, por mencionar algunos ejemplos) y olvidarnos de su sutileza, de la fuerza y la profundidad de su obra.

martes, 12 de enero de 2021

Los 50 mejores libros de 2020 / Tercera parte

Woody Allen

Los 50 mejores libros de 2020

TERCERA PARTE
DEL 21 AL 30





21. Panza de burro
Andrea Abreu
BARRETT

La irrupción literaria de Andrea Abreu (Tenerife, 24 años) se titula Panza de burro (Barrett) y es una historia de amistad de dos niñas de 10 años en las vacaciones escolares de 2005. Es un libro sobre la infancia escrito como si fuera un juego, sin atender a las correcciones más básicas, las ortográficas. Algo así como el Verano azul de la generación Z.

22. Filosofía y consuelo de la música
Ramón Andrés
ACANTILADO

Filosofía y consuelo de la música es un tratado de 1.164 páginas sobre la historia del “pensar transformado en música”, de los presocráticos a la Ilustración. “El contrapunto”, dice Ramón Andrés, “son las referencias al consuelo que esta produce. Quizá sea el arte que más interviene en el ánimo. Y, por tanto, el que más consuela”. Empleó tres años en su escritura (2016-2019), aunque parece fruto de una dedicación de décadas.

23. Una tierra prometida
Barack Obama. Traducción de Francisco José Ramos Mena / Efrén Del Valle Peñamil / Marcos Pérez Sánchez / Carmen Cáceres / Andrés Barba
DEBATE

En el primer tomo de su biografía, el expresidente estadounidense relata su vida desde su entrada en política hasta su decisión más comprometida como presidente: matar a Bin Laden. La lectura de estas memorias sería desgarradora si Trump hubiera ganado otra vez el pasado 3 de noviembre. Las nuevas circunstancias confirman la sentencia de Martin Luther King, con tanta frecuencia citada por Obama: “El arco del universo moral es largo, pero tiende hacia la justicia”.




24. Una mujer
Annie Ernaux. Traducción de Lydia Vázquez Jiménez
CABARET VOLTAIRE

En este libro la escritora describe cómo la fuerza y la luz de su madre se demacran poco a poco con la demencia en un relato biográfico y de reflexión. En la limpieza difícil de cada página habita una verdad y la convicción de que con las palabras se puede conjurar el dolor, porque Una mujer es un libro de duelo: “Escribo sobre mi madre para, a mi vez, traerla al mundo”.


25. Fin de temporada
Ignacio Martínez de Pisón
SEIX BARRAL

En Fin de temporada, donde las grandes cosas ocurren en los lugares pequeños, ser feliz es abandonar a los tuyos: los personajes deciden separarse cuando más profundos son los vínculos que los unen, y unirse cuando empezaban a entrever la promesa de otra vida mejor.

Fin de temporada / Lo nuevo de Ignacio Martínez de Pisón
El peso del pasado / Fin de temporada, de Ignacio Martínez de Pisón



26. Boulder
Eva Baltasar
LITERATURA RANDOM HOUSE

Las protagonistas de Boulder, segunda entrega de la trilogía que inició Eva Baltasar con Permafrost, son mujeres que no están programadas para la felicidad de manual. Antes de ser novelista, Baltasar es poeta. Y esto se nota. En Boulder la escritura es una operación antes lírica que narrativa. Pero la historia está. Duele y nos hace sonreír.






27. La guerra de los pobres
Eric Vuillard. Traducción de Javier Albiñana
TUSQUETS

El relato de Éric Vuillard sobre la Reforma protestante en tiempos de Thomas Müntzer es una denuncia del descontento colectivo, la mezquindad del poder y la turbidez del liderazgo. Y lo hace con la historia como subterfugio para escrutar la siniestra condición humana iluminando nuestro convulso presente.


28. El consentimiento
Vanessa Springora. Traducción de Noemí Sobregués Arias
LUMEN

Vanessa Springora torpedea el cinismo con el que aún se encubre la pederastia en el libro en el que relata su relación con el escritor Gabriel Matzneff cuando tenía 13 años. Springora acusa a la sociedad francesa de dejadez, de mirar hacia otro lado en su caso porque el sujeto en cuestión era un escritor de culto y eso le funcionaba como un escudo protector.




29. La hija única
Guadalupe Nettel
ANAGRAMA

Guadalupe Nettel abre la maternidad al mundo, la libera del mandato social y la deja volar por espacios solidarios: cuando una madre cae exhausta, otra acude a recogerla. Para Nettel, la maternidad está en el punto de mira de su texto tomando como eje de la narración la experiencia de Alina, una mujer a la que anuncian que el feto que crece en sus entrañas sufre de microlisencefalia y no soportará el nacimiento.







30. A propósito de nada
Woody Allen. Traducción de Eduardo Hojman
ALIANZA

A propósito de nada empieza como una confesión inicial confusa, valga la aliteración. Woody se declara sin ambages neurótico e impermeable a la cultura. Los lectores no corren el riesgo de aburrirse. La autobiografía discurre por territorio Groucho Marx. El mejunje, ligero, jovial, con fogonazos de sosa cáustica, incluye sátira moderada de familiares y meteduras de pata espectaculares. La autobiografía tiene un fondo expiatorio que se explica por el intenso interés en abordar el desdichado episodio de la acusación de abuso sexual perpetrado sobre Dylan, la hija de Allen y Mia Farrow.






sábado, 2 de enero de 2021

Guadalupe Nettel investiga sobre la naturaleza de la maternidad en ‘La hija única’

 



La audaz novelista Guadalupe Nettel investiga sobre la naturaleza de la maternidad en ‘La hija única’, su nueva novela

Un embarazo con mal pronóstico, un hijo que sufre el abandono de su madre, un pájaro que anida el huevo de otro… Guadalupe Nettel ensambla en su nueva novela, ‘La hija única’, varias historias que confluyen en un mismo destino: las múltiples interpretaciones de la maternidad

La maternidad, concebida de múltiples formas, envuelve la delicada y atinada prosa de Guadalupe Nettel (premio Herralde de novela en 2014 por Después del invierno) en su nueva novela, La hija única (editada por Anagrama), escrita “con urgencia” para abordar los sentimientos generados por un evento real: el de la felicidad por el embarazo (muy deseado) de una amiga y la desolación al descubrir que el bebé nacería con escasas oportunidades de supervivencia (y, en caso de producirse, sería como un vegetal). A partir de esa experiencia personal e íntima, Nettel traza todo un complejo entramado de féminas (feministas) que abordan la maternidad desde ángulos opuestos y, en apariencia, irreconciliables. Nada más lejos de la realidad. Ni de la ficción.

La hija única, de Guadalupe Nettel / La aceptación como revelación



Los 50 mejores libros de 2020


“LA HIJA ÚNICA”, DE GUADALUPE NETTEL: LA ACEPTACIÓN COMO REVELACIÓN



Gustavo Yuste
17 de noviembre de 2020

A partir de un relato sensible, Guadalupe Nettel logra presentar a la maternidad como un tema que tiene muchas más aristas de las que se quiere hacer creer. Detallista en los estados de ánimo, esta nueva novela de la autora mexicana ganadora del Premio Herralde en 2014 abre la idea de la aceptación de cada una de las protagonistas, incluyendo a la propia narradora. Una historia luminosa que no le teme a los momentos más crudos e incómodos de la vida. 

En ‘La hija única’, Guadalupe Nettel presenta a mujeres maldecidas por la maternidad

 

En ‘La hija única’, Guadalupe Nettel presenta a mujeres maldecidas por la maternidad

"No tengo tampoco nada que celebrar, a menos de que la exposición de algunos casos en los que la maternidad pone a prueba la capacidad física y mental de una mujer sea suficiente para encomiar la calidad de una obra"


ROBERTO PLIEGO
Ciudad de México, 16 de noviembre de 2020


La maternidad ha llamado a la puerta y en los últimos tiempos se ha instalado con cierta naturalidad en la narrativa mexicana. ¿Quién diría que ya no sólo ocupa los anaqueles dedicados a los cuidados prenatales, la lactancia y un largo etcétera que promete grandes ventas? Ahora nos encontramos con que se toma aún más en serio: resulta literaria y editorialmente atractiva. No tengo otro motivo para justificar la existencia de una novela como La hija única (Anagrama). No tengo tampoco nada que celebrar, a menos de que la exposición de algunos casos en los que la maternidad pone a prueba la capacidad física y mental de una mujer sea suficiente para encomiar la calidad de una obra. 

lunes, 14 de noviembre de 2016

Guadalupe Nettel / “No creo que sea provechoso negar el dolor”


Guadalupe Nettel
Foto de Jaime Navarro

Guadalupe Nettel: “No creo que sea provechoso negar el dolor”

La narradora mexicana elige para sus libros temas de los que nadie quiere hablar

Con 'Después del invierno', historia de amor y desencanto, ha ganado el Premio Herralde


JAN MARTÍNEZ AHRENS
5 DIC 2014 - 18:03 COT



Guadalupe Nettel (Ciudad de México, 1973) aprendió a ver en las sombras. Nació casi ciega del ojo derecho y, de niña, para mejorar su agudeza visual, le tapaban el izquierdo. La mitad del día vivía en un universo nebuloso, poblado de perfiles confusos; en la otra mitad, cuando le quitaban el parche, los contornos recuperaban su trazo preciso, los dedos volvían a tener huellas dactilares y los árboles, hojas. De aquellos años le ha quedado la mirada dual que domina su literatura. Una prosa nítida y penetrante por la que transitan personajes devorados por el espectro de sus obsesiones. La sombra y la luz, lo oculto y lo evidente, el ojo derecho y el izquierdo. Todo ello convive en su obra y emerge con mano maestra en Después del invierno (Anagrama), ganadora del Premio Herralde 2014. De su novela, de su vida y de su país habla Nettel sentada en un exquisito rincón del Instituto de Cultura Italiana, en Coyoacán. Son días de sangre en México y la autora los analiza con su mirada experta en tinieblas.

Guadalupe Nettel / Sentencia de vida


Guadalupe Nettel

Guadalupe Nettel

Sentencia de vida

Cuando asumes que todos los muertos los llevarás dentro de ti días, meses, uno quiere leer más de Guadalupe Nettel




Como en las viejas películas. Suban a un taxi y ordenen: rápido, siga a esa chica. Intenten que el conductor deje de trastear con el GPS (algunos taxistas han dejado de ser Torrente para ser el primo torpe del Capitán Kirk) y no pierdan de vista a Guadalupe Nettel (Ciudad de México, 1973), rutilante ganadora del Premio Herralde de este año. Nettel había sido ya finalista de ese premio en 2005 con El huésped, que también publicó Anagrama. Con ella son ya cinco los autores mexicanos que ganan el Herralde de los últimos diez fallos (Sada, Pitol, Villoro, Enrigue y ahora Nettel). No, no la pierdan de vista porque la recurrente etiqueta de imprescindible nueva sensación de las letras hispanoamericanas desprende un aroma a comentario certero. Cuando uno acaba de leer esta novela. Cuando se recupera de ella. De su trabajo y su dolor, de la luz amarillenta de desesperanza y fe en nada, en seguir, en no dejarse caer porque a nadie importa que te caigas. Cuando lo consigues, mucho después de finalizar las 270 páginas de la novela. Cuando asumes que todos los muertos los llevarás dentro de ti días, meses, uno quiere leer más de Guadalupe Nettel. Lo cual imagino que es de lo mejor que puede pasarle a un escritor y a un certamen literario.

sábado, 22 de agosto de 2015

Tumbas / Albert Camus

Tumba de Albert Camus

Albert Camus


Mondovi (Argelia), 7 de noviembre de 1913
Villeblerin (Yonne, Francia), 4 de enero de 1960
Cementerio de Lourmarin, Francia

La revancha de Albert Camus

Conmueve la devoción que suscitan algunos escritores. Esta mañana visité el cementerio de Lourmarin, un pueblo del sur de Francia en el que está enterrado Albert Camus. Los lectores han convertido su tumba en un modesto santuario, y llegan de todos los países del mundo para traerle lavanda y mensajes de agradecimiento. La lápida es pequeña y austera, una de esas piedras tiernas de color ocre que abundan en la región. No dice nada más que su nombre y, debajo, 1913-1960. Sin embargo, las plantas y los pequeños regalos que la cubren la vuelven singular y acogedora.
El pueblo donde Camus eligió afincarse definitivamente es sencillo y a la vez muy refinado. El autor de El extranjero amaba el fútbol. De joven jugó en el equipo de la Universidad de Argel, aún enfermo de tuberculosis, y en Lourmarin visitaba con frecuencia el estadio. Fueron los futbolistas de ahí quienes cargaron su ataúd hasta el cementerio.
Hijo de padre francés y madre menorquina emigrados a Argelia, creció en ese país antes de vivir en París donde mantuvo con Jean-Paul Sartre una amistad cercana pero llena de rivalidades. Sin embargo, a diferencia de este último, nunca quiso afiliarse al partido comunista ni a sus lineamientos. En una época donde se exigía a los escritores que comprometieran su literatura a una causa, alabó las virtudes del anarquismo. Esto le costó la amistad con Sartre. Camus recibió el premio Nobel a los 44 años, mucho antes de que el autor de El ser y la nada lo rechazara —no sabemos si por dignidad o por exceso de arrogancia—. Influida por Sartre,la inteligentsia parisiense lo expulsó de sus círculos. Durante años, la figura de Camus fue venerada en Francia sólo por los outsiders, los adolescentes y los marginales.
Hay partidos de fútbol que duran mucho más de lo reglamentario. El de Sartre y Camus es uno de ellos. Si bien el autor de El ser y la nadadominó durante la primera mitad, en la segunda —comenzada tras la caída del muro de Berlín— Camus lleva la delantera. En la literatura actual la autenticidad tiene más importancia que cualquier postura política. De ahí que la obra y la figura de Sartre resulte menos apetecible ahora, mientras que la obra de Albert Camus, centrada en el absurdo, en la revuelta y en el amor, resurge concisa y poderosa de un injusto olvido.


domingo, 23 de noviembre de 2014

Guadalupe Nettel / Después del invierno


El ‘mundo neurótico’ de Guadalupe Nettel 

gana el Herralde de Novela

'Después del invierno' narra la historia de un hombre y una mujer de ambientes muy diferentes. Manuel Moyano, finalista.


    Guadalupe Nettel, en una entrevista en 2013. / SAMUEL SANCHEZ
    Guadalupe Nettel (Ciudad de México, 1973), en el pelotón de cabeza de la nueva narrativa de su país, tiene en su credo que, visto de cerca, nadie es normal. “Me gusta enfocar lo que la gente cree anormal, lo que esconde, lo que piensa que son defectos; disfruto describiendo sus manías y obsesiones, seguramente para no sentirme así tan sola”. Por eso quizá la mejor manera de definir su última obra, Después del invierno, sea aseverando que es “un encuentro chocante entre dos neuróticos”, con la que ha obtenido el 32 premio Herralde de novela, con sus respectivos 18.000 euros, que convoca editorial Anagrama.
    “No entiendo cómo no soy del Institutum Pataphysicum Granatensis”, bromea en Barcelona Nettel con el no menos particular currículo del español Manuel Moyano (Córdoba, 1963), que ha quedado finalista del galardón con la novela El imperio de Yegorov, pesadilla distópica a partir de la enfermedad parasitaria que una estudiante de antropología contrae en Papúa Nueva Guinea y que acabará desembocando en un thriller político pespunteado por reflexiones sobre la fugacidad de la existencia humana.
    Claudio, cubano afincado en Nueva York y que trabaja en una editorial (“es un personaje obsesivo, con unos rituales que ejecuta inexorablemente”), y Cecilia, una estudiante mexicana residente en París (Nettel vivió más de cinco años en la capital francesa y casi 15 en Francia) van dejando traslucir sus neurosis y fobias, que se acabarán entrecruzando en París. “En la vida chocamos con otra persona y a veces nos la trastoca por completo”, fija como génesis de la novela Nettel. O sea, en perfecta sintonía con su obra narrativa anterior, en la que destacan las novelas El huésped (con la que ya quedó finalista del premio en 2005) y la más autobiográfica El cuerpo en que nací (2011). Por eso no es de extrañar que los dos narradores sean emigrantes y sientan una incomodidad existencial: “Están en un país de prestado, no pertenecen al lugar al que quizás uno quiere estar o ser”. Ni tampoco la presencia de la muerte, ambos narradores fascinados –como la autora- por los cementerios. “Sí, tengo cierta afición a ellos, quizá consecuencia de que me gusta ir a rescatar a los muertos que siempre nos acompañan y, a su modo, nos rescatan”.

    Guadalupe Nettel / Ptósis


    Guadalupe Nettel

    Ptósis


    El trabajo de mi padre, como muchos en esta ciudad, es un empleo parasitario. Fotógrafo de profesión, se habría muerto de hambre -y con él toda la familia- de no haber sido por la propuesta generosa del Dr. Ruellan que, además de un salario decente, le otorgó a su impredecible inspiración la posibilidad de concentrarse en una tarea mecánica, sin mayores complicaciones. El Doctor Ruellan es el mejor cirujano de párpados de París, opera en el Hôpital des 15/20 y su clientela es inagotable. Algunos pacientes prefieren incluso esperar un año para obtener una cita con él en vez de optar por un médico de menor renombre. Antes de intervenir, nuestro benefactor le exige a sus pacientes dos series de fotografías: la primera consiste en cinco tomas cercanas -de ojos cerrados y abiertos- para que quede constancia de su estado antes de la operación. La segunda se lleva a cabo una vez practicada la cirugía, cuando la herida ya ha cicatrizado. Es decir que, por más satisfactorio que les parezca el trabajo, vemos a nuestros clientes sólo dos veces en la vida. Aunque en ocasiones ocurre que el doctor cometa alguna falla -nadie, ni siquiera él es perfecto-: un ojo queda más cerrado que el otro o, por el contrario, demasiado abierto. Entonces la persona se vuelve a presentar para que le tomemos una nueva serie por la cual pagará otros trescientos euros, pues mi padre no tiene la culpa de los errores médicos. A pesar de lo que pueda pensarse, las cirugías de los párpados son muy frecuentes y sus razones innumerables, comenzando por los estragos de la edad, la vanidad de la gente que no soporta las marcas de vejez en el rostro; pero también los accidentes de coche que a menudo desfiguran a los pasajeros, las explosiones, los incendios y otra serie de imprevistos: la piel de un párpado es de una delicadeza insospechada. 

          En nuestro negocio, cercano a la Place Gambetta, en el XXeme arrondissement , mi padre tiene enmarcadas algunas fotografías que tomó durante su juventud: un puente medieval, una gitana tendiendo ropa junto a su remolque o una escultura expuesta en el jardín de Luxemburgo, con la que ganó un premio juvenil en la ciudad de Rennes. Basta verlas para saber que, en una época muy lejana, el viejo tenía talento. Mi padre también conserva en sus paredes obras de factura más reciente: el rostro de un niño muy bello que murió en el quirófano de Ruellan (un problema de anestesia) su cuerpo resplandece en la mesa de operaciones, bañado por una luz muy clara, casi celestial que entra de manera oblicua por una de las ventanas. 

    sábado, 23 de marzo de 2013

    Guadalupe Nettel / Premio de relato Ribera del Duero 2013


    La escritora mexicana Guadalupe Nettel. / LISBETH SALAS

    La escritora mexicana Guadalupe Nettel, 

    premio de relato Ribera del Duero 2013

    ‘Historias naturales’, título provisional de la obra ganadora, trata los paralelismos entre humanos y animales en cinco relatos

    Ana Marcos


    Un matrimonio convive en un pequeño piso de París mientras espera el nacimiento de su hijo. Ella pasa las horas mirando a sus dos peces. Es tan exhaustivo el ejercicio que termina por encontrar una serie de paralelismos entre sus mascotas y su vida de pareja. Una familia burguesa y mexicana sufre una invasión de cucarachas. La epidemia termina por convertirse en una lucha de clases en una gran casa-laboratorio social. Estos dos relatos forman parte de Historias naturales, la obra –de título provisional- con la que la escritora mexicana Guadalupe Nettel (Ciudad de México, 1973) ha ganado el III Premio Internacional de Narrativa Breve Ribera del Duero que organiza la editorial Páginas de Espuma, especializada en el género del cuento en español, y que entrega al ganador 50.000 euros. La obra se publicará a comienzos de mayo y se presentará oficialmente en la Feria del Libro de Madrid.
    “Aún sigo atónita”, dice la escritora. “Supongo que me presenté por el prestigio que ha adquirido el premio en pocos años y por el dinero, claro”, ríe. Nettel no tenía muchas pistas del jurado y tampoco confiaba mucho en poder ganarlo, menos cuando se enteró de que en esta convocatoria se habían presentado 863 trabajos, provenientes de 26 países diferentes. Luego descubrió que entre los encargados de juzgar sus cinco relatos largos estaría Enrique Vila-Matas, acicate suficiente para correr el riesgo. "Los cinco relatos destacan por la alta calidad de su prosa, impecable tensión narrativa y unas atmósferas en las que lo anómalo se aposenta en lo cotidiano", ha dicho el escritor, a la postre, presidente del jurado.
    “Muchas veces, aunque nos queramos verlo, nos comportamos como animales. Tenemos un cerebro bastante parecido, un genoma bastante parecido que nos asemeja”, explica Nettel. La autora acababa de publicar la novela El cuerpo en que nací cuando se dio cuenta de que las historias de animales llevaban ya demasiado tiempo rumiando en su cabeza y en algunas hojas de papel. “Mi literatura es un poco en zigzag: novela, cuentos, novela”, reconoce, “creo que según la etapa de mi vida necesito hacer algo largo, estable, incierto, y otras veces, terminar las cosas más rápido”. En este caso, se trata de un manuscrito de relatos de entre 20 y 25 páginas que se desarrollan en los países en los que la escritora ha vivido: Francia, China, España, México,…
    "Hay un cuento de Guadalupe que se te clava en el corazón", ha asegurado el escritor Ignacio Martínez de Pisón, otro de los encargados de elegir al ganador de la tercera edición del galardón. "Se llamaHongos y es la historia adúltera de dos músicos que viven alejados y solo se encuentran cuando su profesión se lo permite. Comparte amor y una infección genital y deciden no curarse para mantenerse juntos. Crea una atmósfera turbadora, casi enfermiza que convierte al cuento en un pequeño clásico".
    Guadalupe Nettel ha publicado tres libros de cuentos (Juegos de artificioLes Jours fossilesPétalos y otras historias incómodas), un ensayo largo (Para entender a Julio Cortázar) y dos novelas (El huésped y El cuerpo en que nací) editadas ambas por Anagrama. Ha sido traducida al francés, holandés, alemán, inglés, portugués, italiano, sueco entre otras lenguas. A lo largo de su carrera, además, ha obtenido el premio nacional de cuento Gilberto Owen, el Prix Radio France International para países no francófonos, el Premio Antonin Artaud y el premio Anna Seghers. Su novela El huésped quedó finalista del Premio Herralde en el 2005.
    Y ni con estas, se considera representante de su generación. La escritora se sienta cómoda en la periferia, en su condición de outsider,uno de los temas más recurrentes a lo largo de su vida y de su trabajo, no estar en el centro de atención. “Soy latinoamericana, viví mucho tiempo en Europa, en Francia, de hecho, vivía en las afueras; tengo una deficiencia física en un ojo, veo mucho menos que la media de la gente. De niña siempre fue muy rara, como llamaba la atención, intentaba no figurar. Es una constante en la que he aprendido a desenvolverme”.

    El jurado

    El jurado, presidido por Enrique Vila-Matas, está compuesto por Cristina Grande, Ignacio Martínez de Pisón, Samanta Schweblin y Marcos Giralt Torrente, ganador del II Premio Ribera del Duero. Además, participarán José Trillo, presidente de la DO Ribera del Duero, y Juan Casamayor, editor de Páginas de Espuma.

    http://cultura.elpais.com/cultura/2013/03/20/actualidad/1363789430_309156.html

    lunes, 3 de diciembre de 2012

    Nuevos autores / Lo que aprendí del Boom

    


    Lo que aprendí del boom


    ¿Han ‘matado al padre’ las nuevas generaciones de escritores latinoamericanos? Diez de los más destacados de estos autores analizan un fenómeno que ha dejado una huella indeleble en su literatura


    Vargas Llosa, Fuentes y García Márquez

    Guadalupe Nettel (México, 1976)
    Gracias al boom aprendí algunas cosas que han influido en mi forma de ver la literatura: la primera —y basta leer La ciudad y los perros para darse cuenta— es que la novela no es necesariamente un género de madurez y que es posible practicarlo de manera virtuosa siendo aun muy joven. La segunda, y la más importante de todas, es que se debe escribir desde quienes somos, desde aquello que nos hace únicos e irrepetibles, en vez de querer imitar el estilo de los autores a los que admiramos. Esto lo entendí leyendo a Gabriel García Márquez, pero también a todos los escritores que, en vez de concentrarse en buscar su propia voz, intentan reproducir el estilo del escritor colombiano. La tercera es que más vale no pertenecer a ningún grupo literario que encasille nuestra literatura y la cuarta es que el amor —tanto por las personas como por los libros— es eterno mientras dura.
     Mayra Santos-Febres (Puerto Rico, 1966)
    Como muchos otros escritores de mi generación, crecí en el boom. El boom construyó un sistema de referencias más literario que real, pero que apelaba a las ansias de identidad que necesitábamos como región. Del boom aprendimos todos que se puede ser un latinoamericano universal. Además, pudo brindar claves para la creación y captación de realidades tan distintas como las de Orhan Pamuk, Salman Rushdie, Toni Morrison, Paul Auster o Ben Okri. Todos estos escritores han confesado su deuda con el boom. Saber que Colombia, México, Perú, España y Puerto Rico decidieron mediante sus escritores que éramos familia, a mí me hizo crecer con un panorama que sobrepasa la geografía. Sentirme heredera de una tradición tan vasta me incita a querer superar los legados del boom, y fraguar (y se debe fraguar) otra manera de ser ibero / latinoamericano / universal en el mundo.
    Damián Tabarovsky (Argentina, 1967)
     El boom retoma la ilusión de que el escritor latinoamericano tiene que tener algo de for export, de very typical (Bolaño es el último avatar del boom) con algunas gotitas de denuncia social y pasteurización de tradiciones locales. A la vez, introduce la novedad de que para ser escritor, o aún peor, hombre de letras, hace falta tener a una Carmen Balcells, o alguien como Carmen Balcells, o a muchos como Carmen Balcells; expresa el momento en que Barcelona comenzó a volverse sede del poder económico editorial en castellano; informa sobre la necesidad del mercadeo de izquierda como paradigma de la figura mediática del escritor latinoamericano (García Marketing, como lo llamaba Fogwill). Lamentablemente no aprendí demasiado de esas cosas. O por la negativa, tal vez sí, mucho. Algo más: hace poco releíPedro Páramo y Tratados en La Habana, casi antagónicos y ambos notables.
    Wendy Guerra (Cuba, 1970)
     El boom es mi certeza de que en medio de las crisis o la guerra fría, el autor puede generar patologías literarias, divinos síntomas de escritura excepcionales en un estilo común a sus contemporáneos. Como en el Renacimiento, en geografías distintas surgen tópicos comunes, evidencias culturales antes inverosímiles y la literatura patenta, exhibe, prueba lo que antes parecía una alucinación endémica. Lo inaceptable es reconocido a través de la alta palabra. Nací en 1970, soy un personaje concebido tras la copulación colectiva en un mar de misiles y poesía lezamiana, ellos me entrenaron en defender mi literatura (que es mi persona) por misterioso que pueda resultarle a quienes (hoy) impiden sea editada o leída. Comprendí que yo misma soy ese personaje literario pensado, escrito, dibujado por la mano del boom, yo soy su hija, existo y tengo voz por ellos, a pesar de las nuevas guerras frías.
    Yuri Herrera (México, 1970)
    Quizá lo primero es lo que los mismos escritores del boom aprendieron de los modernistas: que la voluntad de estilo define la mirada sobre la realidad y la fuerza de su narrativa. Que la del boom, entre otras cosas, adolece de ser una lista compuesta casi exclusivamente por hombres. Que un fenómeno mercadotécnico a veces solo es eso, y a veces se aprovecha de algo evidente, como que la mejor literatura en lengua española ya se estaba escribiendo en el continente americano. Que un buen escritor no necesariamente es una autoridad moral: algunos de los que escribieron las mejores novelas del siglo XX también plagiaron el trabajo de otros, sostuvieron amistades con dictadores, justificaron invasiones injustificables y subordinaron sus opiniones políticas a las necesidades de sus patrocinadores. Que una buena novela sobrevive a las mezquindades de sus autores e inclusive a su propio éxito.
    Alberto Fuguet (Chile, 1964)
    Lo que más aprendí del boom: lecciones de vida, ejemplos a no seguir. No tratar de abarcarlo todo, no ser tan grande. Poder tropezar. Aprendizajes: las mafias funcionan, una agente superpoderosa puede lograr mucho, un autor vale más que su editorial. ¿Qué más? La idea de España como casa matriz me complica. El boom (onomatopeya inglesa para designar el estallido de una bomba: rara definición, ¿no?) fetichizó la figura del autor; los transformó en superhéroes. Le dio acceso al poder e hizo que estuviera demasiado cerca de este. Pero lo que más me complica es la idea de que unos ganaron y otros quedaron fuera. El nosotros. Uno de “los nuestros”. Lo tenían muy claro: quién era quién. Hoy, claro, el veredicto ha cambiado. Puig ahora es delantero. Quedan algunas obras maestras, lo que no es poco. Y la esperanza de que ojalá nunca vuelva a ocurrir.
    Juan Gabriel Vásquez (Colombia, 1973)
    Entre los muchos legados de esa generación extraordinaria, uno me interesa especialmente: el derecho a la contaminación. Me refiero al destierro de todo nacionalismo literario, al choque voluntario de la provinciana y castiza novela latinoamericana con otras lenguas y otras tradiciones: otras voces, otros ámbitos. Borges y Onetti habían entreabierto las ventanas de nuestra literatura para que por ellas entraran los otros, de Kipling y Stevenson a Faulkner y Céline; pero esas rupturas los obligaron a justificarse repetidamente, y fueron siempre miradas como heterodoxias o herejías. El boom convirtió aquella ventanilla entreabierta en una tronera: entró a saco en la gran novela moderna, y nos legó a los que vinimos después la posibilidad de mirar más allá de nuestra lengua y nuestras fronteras para construir novelas. Y eso hemos hecho: sin pedir permiso y, sobre todo, sin causar escándalo.
    Andrés Neuman (Argentina, 1977)
    Ninguna etiqueta explica la realidad, pero algunas la mutilan hasta volverla incomprensible. De eso que llamamos boom aprendí el abismo entre los rótulos y las obras. ¿Qué tiene que ver Lezama con Onetti? ¿Por qué García Márquez (1927) y Vargas Llosa (1936) sí, mientras Puig (1932) no? ¿Hasta cuándo maestros como Di Benedetto o Ribeyro seguirán fuera de la foto? ¿Por qué no figuran poetas, habiéndolos brillantes? ¿No resulta sospechoso que ni siquiera Elena Garro, Silvina Ocampo o Clarice Lispector aparezcan en tan viriles listas? De eso que llamamos boom admiro la ambición estética de sus autores, que me hace pensar en la infinitud de la escritura; y recelo de sus mesianismos políticos, que me hacen pensar en la patología del liderazgo. Entre tanta generalización, dos décadas de textos extraordinarios. Tan grandes que merecen ser leídos como por primera vez, desordenando los manuales.
    Iván Thays (Perú, 1968)
    Antes del boom, los escritores eran parte de una tribu literaria regionalista, y quienes cumplían ese requisito no existían en el radar literario; el boom rompió esa reducción tribal y se organizó bajo un criterio insoslayable: la libertad formal y la libertad a la hora de escoger los temas. Gracias a su talento y a esa libertad, sus libros —incluso los que pueden ser considerados más “regionales”— pudieron leerse no solo como un folleto informativo sobre un continente exótico, sino además como textos cuyos temas comprometían a todos los seres humanos. El boom ganó un espacio para los escritores que habían llegado antes y para los que íbamos a llegar después. Si algo aprendí de ellos es a no someterme a una agenda nacional, latinoamericana o del propio boom para escribir, y a defender mi derecho —no siempre respetado o asumido por los demás— a ser leído fuera de cualquier tribu.
    Julián Herbert (México, 1971)
    Me resulta caricaturesca la actitud de autores de mi generación que descalifican íntegramente el boom. Por otro lado, me entusiasman poco los libros que García Márquez, Fuentes o Vargas Llosa publicaron durante las dos últimas décadas. La región más transparente, La tía Julia y el escribidor o Crónica de una muerte anunciada siguen siendo un gozo. También muchos cuentos de Cortázar. Pero mis narradores latinoamericanos favoritos del periodo —Cabrera Infante, Ibargüengoitia, Julio Ramón Ribeyro, Manuel Puig— no son, en sentido estricto, parte del boom: más bien refieren una sensibilidad pop que se aleja del exotismo y el simbolismo autoinfligidos y privilegia el humor sobre lo sublime. No creo que el boom sea un fenómeno generacional, sino editorial y, hasta cierto punto, una actitud ante el lenguaje. Si esto es verdad, entonces prefiero el bip: una literatura en tonos más punzantes.

    http://cultura.elpais.com/cultura/2012/11/02/actualidad/1351853606_142353.html

    De izquierda a derecha: Nicole Boulanger (de espaldas), directora de la sección cultural de Le Nouvel Observateur, Juan Goytisolo, José Donoso, Carlos Fuentes, Patricia Vargas, Mario Vargas Llosa (parcialmente hurtado a la cámara por el ademán de su esposa), Ugné Karvelis (pareja de Cortázar), Abraham Nuncio, Julio Cortázar, Gabriel García Márquez y una mujer no identificada. El grupo se reunió en un restaurante del villorrio de Bonnieux, en la provincia francesa, escala rumbo a Saignon, pequeña población ubicada en el Valle de Volpon, donde Cortázar tenía un cottage.

    Libros| El Espectador, 3 Nov 2012 - 4:37 pm

    El "boom" latinoamericano

    en 30 frases

    Por: EFE
    Mario Vargas Llosa, Carlos Fuentes, Alejo Carpentier y Santiago Gamboa, entre otros, definen el "boom".



    El "boom" latinoamericano ha generado tantos libros notables como reacciones a favor y también alguna en contra de lo que supuso como fenómeno literario mundial. Algunas de las más destacadas son las siguientes:

    1.- "Los autores del 'boom' (...) son nuestros clásicos". Jorge Volpi, escritor mexicano.

    2.- "'La ciudad y los perros' es el libro más emblemático, con el que se afirma y establece el 'boom'". Carmen Balcells.

    3.- "Se hizo popular (V. Llosa) en todo el mundo de habla castellana (...) y 'La ciudad y los perros' hizo hablar a todo un continente". José Donoso.

    4.- "La literatura latinoamericana goza de muy buena salud (...) y no hay distancias siderales entre los escritores del 'boom' y los nuevos escritores". Mario Vargas Llosa.

    5.- "Carlos Fuentes, con Gabriel García Márquez 'Gabo' y el resto de autores del 'boom', entroncaron de nuevo la literatura española con la modernidad". Juan Goytisolo.

    6.- "La generosidad y los contactos de Fuentes, el gran artífice del 'boom', fueron claves para este fenómeno". Santiago Gamboa .

    7.- "El Renacimiento, una de las claves de gestación de la novela iberoamericana". Carlos Fuentes .

    8.- "El 'boom' es un cruce de caminos del destino individual y el destino colectivo expresado en el lenguaje". Carlos Fuentes.

    9.- "'La muerte de Artemio Cruz' (C. Fuentes) revolucionó en los inicios del 'boom' los paradigmas narrativos de América Latina". Julio Escoto.

    10.- "Fuentes, un hombre involucrado con la realidad de su tiempo y de opiniones valientes y necesarias". Luis García Montero.

    11.- "¿Qué es la historia de América Latina sino una crónica de lo maravilloso en lo real?". Alejo Carpentier.

    12.- "El cubano Guillermo Cabrera Infante, el hombre que transformó el lenguaje". Zoe Valdés.

    13.- "Con la cristalización del 'boom', se generó una ilusión temática en la narrativa latinoamericana (...) y fue García Márquez quien lo delimitó con más nitidez narrativa". Ricardo Piglia .

    14.- "Aunque los escritores del 'boom' han usado de la palanca de propaganda política con discreción (...), lo que importa es la calidad de esas obras". Francisco Ayala.

    15.- "Soy escritor, gracias a Borges, G. Márquez y V. Llosa". Alfredo Bryce Echenique.

    16.- "En la época del 'boom' la lengua era un elemento de unidad cultural". Jorge Edwards.

    17.- "Álvaro Mutis encarna el maridaje perfecto de la tradición narrativa con la modernidad del 'boom'". Miguel Delibes.

    18.- "Aunque me estuviera muriendo de hambre no aceptaría ni la más mínima limosna del 'boom', aunque hay escritores que releo a menudo, como Cortázar o Bioy". Roberto Bolaño.

    19.- "Había muchas mujeres escribiendo (...), pero los que conformaron el 'boom' eran hombres". Isabel Allende.

    20.- "El 'boom' no lo hicieron los editores, sino los lectores". J. Cortázar.

    21.- "Lo que me alegra del 'boom' es que hemos sido leídos por primera vez por millones de compatriotas (...) y ustedes, los españoles, nos leen gustosamente". J. Cortázar (década de los setenta).

    22.- "El 'boom' es la más extraordinaria toma de conciencia por el pueblo latinoamericano de una parte de su propia identidad". J. Cortázar.

    23.- "Excepto Cortázar, el boom estaba formado por un grupo de abuelos egoístas que cerraron puertas y no se preocuparon de nosotros (nuevos escritores)". Luis Sepúlveda.

    24.- "El boom supuso ese triunfo, esa fama, ese poder, aun ese lujo cosmopolita que desde las encerradas capitales latinoamericanas parecía imposible obtener". José Donoso.

    25.- "Me sorprende que haya escritores que renieguen del 'boom' latinoamericano". Juan Gabriel Vásquez

    26.- "El 'boom' influyó en nosotros. Ellos ampliaron nuestros límites". Richard Ford.

    27.- "El 'boom' es una referencia fundamental, nunca una sombra". William Ospina.

    28.- "El 'boom' resultó de la atención que dedicó el catalán Carlos Barral, el verdadero editor de las dos orillas". Rosa Regás .

    29.- "Últimas generaciones siguen aprendiendo de los autores del 'boom' y peleando contra ellos". Antonio Muñoz Molina.

    30.- "Los ecos del 'boom' se mantienen en el mundo". Jorge Franco .
    • EFE | Elespectador.com






    Vargas Llosa, su esposa Patricia Llosa, José Donoso, Mercedes Barcha (esposa de García Márquez), Pilar Donoso (esposa de José Donoso) y García Márquez, en Barcelona en los setenta. / CORITA


    ¿Por qué hay que matar 

    el ‘boom’?

    Escritores latinoamericanos debaten sobre los rumbos del ciclo literario más importante del siglo XX en español

    Juan Cruz
    El País, 7 de noviembre de 2012

    La leyenda dice que el polaco Gombrowicz juntó a su alrededor en Buenos Aires a poetas adictos a los que gritó, al despedirse, desde el barco:
    — ¡Maten a Borges!
    Los escritores siempre han querido matar a sus padres. Algún tiempos después de que autores latinoamericanos de hace cincuenta años (Vargas Llosa, Fuentes, García Márquez, Cortázar, Cabrera Infante, Donoso, Bryce...) se hicieran boom y habitaran entre nosotros, hubo hijos literarios que quisieron matar esas influencias. En sentido figurado, como quería decir Gombrowicz.
    Comenzamos a contarle esa anécdota a Rodrigo Fresán (Buenos Aires, 1963) y él la continuó: “Pues yo creo que no hay que matar a nadie. ¡Ni en sentido figurado!”
    Fresán hablaba después del discurso con el que Vargas Llosa abrió el lunes en Casa de América el coloquio con el que la cátedra de su nombre conmemora los cincuenta años del boom y el medio siglo de la publicación de La ciudad y los perros. Vargas Llosa hizo recuento personal de ese largo trayecto ante “cuarenta escritores embarazados” de literatura (como los llamó el director de la cátedra, Juan José Armas Marcelo). Vienen de todas partes y todos tienen en las venas sangre de aquel fecundo periodo literario.
    A algunos de esos escritores, como Fresán, les preguntamos por la manía de matar al padre, y en este caso al boom. Dice Fresán: “De hecho yo leo para vivir más, no para matar a nadie”. La lectura, además, “es el modo más barato de sobrevivir. Yo no tengo nada contra el boom como tal, pero sí contra la idea de emularlo constantemente”.
    Fue una amenaza, como todo aprendizaje. Dice Alonso Cueto (Lima, 1954): “Aprender de los escritores del boom es una de las tareas más difíciles para un escritor que viene después de ellos. Recoger esta gran tradición literaria sin que se sienta su influencia y a la vez buscando una voz original es duro, pero creo que no hay otra postura posible. La liberación del lenguaje que supusieron estos escritores es un don que hemos recibido los que vinimos después”.
    Su compatriota Fernando Iwasaki (Lima, 1961) nació con La ciudad y los perros, “y fui lector de las obras del boom desde la secundaria, nunca he tenido otros sentimientos que no sean la admiración y el cariño. No sería quien soy sin Cortázar, Fuentes, Vargas Llosa, García Márquez y Cabrera Infante”.
    La respuesta más contundente sobre la vieja pretensión de aniquilar esa influencia es de Arturo Fontaine (Chile, 1952): “La envidia se enmascara”. Añade: “Desde el Siglo de Oro que no ocurría en la lengua algo como el boom, entendido en un sentido amplio, es decir, incluyendo a Borges. En cuanto a mí, fueron las lecturas de mi adolescencia, leerlos fue sentir la libertad”.
    “Esa manía de matar al padre —incluso con mera simbología freudiana—”, dice Héctor Abad Faciolince (Colombia, 1958), “me parece una idiotez, salvo que el padre sea un delincuente. Con los grandes del boom no podemos sentir más que agradecimiento: fueron ellos los que nos abrieron las puertas del mundo y de los lectores. Nos quitaron complejos de idiotas o de subdesarrollados. Nos mostraron caminos literarios completamente nuevos, y no para seguirlos por el mismo sendero, sino para buscar salidas nuevas en cualquier encrucijada”.
    Juan Gabriel Vásquez, colombiano de 1973: “Menosprecio o ninguneo o asesinato de esa generación me parece un síntoma inequívoco de mediocridad intelectual, y aún de una cierta incultura. Los que trabajamos con la lengua española, si nos dejamos llevar por motivaciones o por resentimientos ocultos, sabemos que una es la lengua antes y otra después de Borges, García Márquez o Cabrera Infante. Yo estoy más bien entre quienes piensan en los autores del boom (y sus padres: Carpentier, Onetti) como los verdaderos fundadores de la tradición novelística latinoamericana. Ellos son nuestros clásicos”.
    Andrés Ibáñez (Madrid, 1961) tiene la sensación de que el deseo (o la necesidad) de matar a los padres literarios del boom es más acusada entre los latinoamericanos que entre los españoles. A lo mejor me equivoco, pero creo que ellos los sienten más como antecedentes directos que nosotros. En cuanto a mí, no siento el menor deseo de matar nada del boom”.
    Ha habido quienes han querido matar el boom como quisieron matar a Rubén, le decimos al nicaragënse Sergio Ramírez (1942). “Los hijos quieren matar siempre a los padres, y no pocas veces a los abuelos, pero es generalmente un sarampión de adolescencia. Luego se termina por reconocer la herencia. Por mi parte, siendo adolescente nunca tuve esos instintos criminales respecto al boom. Soy de la generación inmediata posterior, el postboom, me abrieron muchas puertas y perspectivas, técnicas de narrar, me dieron visiones nuevas de América Latina, un adolescente aprendiendo de quienes en su mayoría eran muy jóvenes”.
    Carlos Franz, chileno nacido en Ginebra en 1959, cuenta por qué no se puede matar al boom como Gombrowicz querían que mataran a Borges: “Porque es inmortal. Cuanto más quieren matarlo más vive y mejor”. ¿Y por qué es importante no matarlo? Gonzalo Celorio (México, 1948): “Supone el regreso de una tradición, y a la vez es el antecedente de lo que Fuentes llamó el boomerang”. Está vivo, no pueden matarlo, dice el novelista mexicano.