jueves, 27 de julio de 2017

Javier Marias / El señor Benet regresa un rato

Juan Benet

El señor Benet regresa un rato

Javier Marías
5 de enero de 2013

Uno de los efectos de la muerte de alguien querido, con el que no se cuenta cuando muere, es que a medida que pasa el tiempo (a medida que se lo sobrevive), se comparte con él cada vez menos. Apenas tiene que ver el mundo actual con el de hace treinta y cinco años, el del 24 de diciembre de 1977, en cuya madrugada se despidió mi madre. Se han cumplido siete, el 15 del mismo mes, del adiós de mi padre, y nada es demasiado distinto de lo que él llegó a ver, pese a la rapidez y a la enfermiza impaciencia de nuestra época. Uno tiene la sensación de que, si él volviera, aún podría incorporarse sin muchos problemas. No así mi madre, a la que habría que explicar un largo periodo de cambios. Ella seguramente diría: “Este lugar no es el mío, aquí no pinto nada”, y regresaría con cierta conformidad a su hueco en el pasado. 
“Si volvieran”, he dicho, como si eso fuera posible. A veces lo es, en los sueños. En ellos se ve de nuevo a las personas hace tiempo borradas de la faz de la tierra. Sus imágenes se aparecen vívidas, con una presencia tan real como la que tuvieron en vida; se habla con ellas, se las oye reír, se discute. Así que “vuelven”, en efecto, a nuestra conciencia aletargada, y en ese extraño territorio se escuchan sus voces y se ven sus rostros con tanta nitidez como cuando compartíamos el presente con ellas. Tengo amigas que perdieron a sus progenitores varones hace mucho o bastante, por los que sentían debilidad o que fueron lo único que tuvieron. Cuando sueñan con ellos no olvidan eternamente que algo malo les pasó y que murieron; porque al aparecérseles en esos sueños, con toda su corporeidad y vitalidad recuperadas, les dicen: “Ay, qué bien que no te ha ocurrido nada, que estás aquí y estás sano”. Las engaña la conciencia dormida, pero mientras ésta domina es la realidad la que se percibe como alucinación o pesadilla, como falsedad y error del entendimiento. Suelen despertarse con lágrimas en los ojos, sin duda con la misma sensación del ciego poeta Milton cuando soñó con su mujer difunta y escribió ese verso que he citado a menudo: “And day brought back my night”. “Y el día hizo regresar mi noche”.
En los sueños se ve de nuevo a las personas hace tiempo borradas de la faz de la tierra"

Aunque sólo sea por eso, por esas incursiones oníricas en la esfera de los muertos –o son ellos los que se adentran brevemente en la nuestra–, es imposible no fantasear con la posibilidad de un encuentro. Ayer se cumplieron veinte años de la muerte de Juan Benet. Mucho lo admiré como escritor, pero lo echo de menos sobre todo como amigo y guía. Me llevaba veinticuatro y se detuvo a los sesenta y cinco, luego todavía sigue siendo mayor, en mi recuerdo, de lo que lo soy yo ahora, aunque ya no estoy lejos de su edad de entonces, la definitiva o congelada. El mundo al que él asistió no es tan remoto como el que abandonó mi madre, pero veinte años son ya demasiados para suponer que, si Benet volviera, sería capaz de subirse al presente sin esfuerzo ni desagrado; sin que hubiera que explicarle demasiadas cosas para ponerlo al tanto de nuestras circunstancias. El 5 de enero de 1993 no había Internet ni móviles ni DVDs ni libro electrónico. Aún gobernaba aquí Felipe González, y en los Estados Unidos acababa de ser elegido por primera vez Bill Clinton; faltaban ocho años para los atentados de las Torres Gemelas. Basten estos tres ejemplos para hacerse una idea del tiempo transcurrido. “Caramba”, diría tal vez Benet en ese hipotético encuentro, o ya soñado. “Sí que me he perdido cosas. O me las han ahorrado”. Pero lo más probable es que se interesara por lo personal, que es lo que en verdad tiene importancia: “¿Qué es de este, qué es del otro?” No siempre habría sabido responderle, a algunas de nuestras amistades comunes les he perdido la pista, me alejé o se alejaron. “¿Y tú? ¿Qué has hecho? ¿Has seguido escribiendo?” “Sí, unos cuantos libros más”. “¿Y qué tal?” “No me quejo”, le habría contestado, “pero lamento no saber qué te habrían parecido. No vive nadie cuya opinión respete tanto”. “¿Y los míos?”, acabaría por preguntarme antes o después, supongo, no hay autor al que no le intrigue algo la duración de lo que ha escrito. “Para lo rápido que olvida esta época, no puedes quejarte. No se te lee mucho, pero eso fue así siempre. Tampoco a Faulkner, tu maestro, no te creas. Pero se reeditan tus textos, y se te recuerda más que a la mayoría de tus coetáneos. En parte por lo mucho que te detestaron algunos, eso ayuda. No es la manera más grata de perdurar, pero en España ayuda. Y somos bastantes los que estamos en activo y hablamos de ti cuando hay ocasión: el Profesor Rico, que te añora lo indecible; Félix y Vicente y Eduardo y el Pere, y Daniella y Sarrión y Cruz y Manolo; y Marisol y Mercedes y Peche, que yo sepa, en privado. Te tenemos bien presente. Te admiran unos pocos novelistas jóvenes. Y hasta se han publicado inéditos que tú querías mantener a resguardo y parte de tu correspondencia”. Me imagino su desconcierto ante esta última noticia: “¿Tan antiguo me he hecho como para que eso interese a nadie? No sé si sentirme halagado o deplorado. Debo de ser pasto de estudiosos y profesores, qué lata”. Murieron el tito Jaime, Pradera, Natacha y Chamorro”, le informaría. “Lo sé, por aquí andan, en el pasado. A los que seguís ahí no os deseo mal alguno, pero tampoco os hagáis centenarios. A ver si compensáis a estos cuatro, que sólo me dan la pimporrada”. Esa palabra se la he oído sólo a él y a quienes estuvimos cerca. Es Benet, sin duda, que ha vuelto un rato tras veinte años.

Juan Benet / Guerra y literatura

El autor madrileño Juan Benet.
Juan Benet
Foto de Luis Magán

Juan Benet
Guerra y literatura


Alguien dijo alguna vez que el problema que tenían las novelas de Juan Benet es que en ellas para bajar o subir una escalera se necesitaban varias páginas. Dijo eso de Benet, pero no las páginas que igualmente se necesitan, por ejemplo, para captar un segundo de vida en la obra de Marcel Proust. Eso ocurre porque ni Benet ni Proust escribieron para los que leer es pasar páginas. Una cuestión es el tiempo que se tarda en leer un libro y otra muy distinta es el tempo del libro. Aquí la escritura tiene una importancia capital en algunos novelistas, porque todo lo que pasa en ella —el tiempo, el espacio, los personajes, la historia— es la propia escritura.
Otra cuestión que no es menor en Juan Benet: si se quiere entender su operación narrativa, una de las más audaces y singulares de la novela española de los últimos 50 años, hay que transigir con su complejidad, con lo que entendemos y no entendemos. A Benet hay que leerlo con un lápiz en la mano, que diría George Steiner. De aquí se desprende la pregunta de rigor, ¿para quién escribe el autor de Región? ¿Escribe para la literatura y para inventarse una tradición?
La crítica literaria y ensayista Nora Catelli acepta el reto de descifrar al escritor madrileño. Y así lo asume en Juan Benet. Guerra y literatura. Benet construye un paisaje físico como metáfora del sinsentido de la realidad en una encrucijada crucial de la historia española del siglo XX, la Guerra Civil. Nora Catelli, digámoslo ya, es la lectora ideal de Benet. O de la escritura y el estilo de Benet. Catelli nos conduce a comprender cómo se gestaron (y desde dónde) los modos de construir los espacios benetianos. Y, sobre todo, cómo pensó la guerra, esa que vemos gestarse con la desolada potencia metafórica que se describe en Volverás a Región (1968) primero, luego en Saúl ante Samuel (1980) y por fin en Herrumbrosas lanzas (1983).

Nora Catelli no parafrasea a Benet. Nos enseña cómo abordarlo. Yo prestaría mucha atención en este luminoso ensayo a un capítulo, sin menoscabo de los restantes, muy poco abordado. Me refiero a la decisión de Benet de no tratar la Guerra Civil, sino, como dice la autora, a relatarla. En este relato, Catelli instala su análisis (estaría casi tentado de decir que urde), un modelo de desciframiento de la mecánica guerrera con todas sus tradiciones, desde Julio César hasta las guerras relatadas en La cartuja de Parma o Guerra y paz, en la obra de Benet. Creo que este libro colaborará en grado sumo a completar el dibujo de ese mapa simbólico y social todavía misterioso que es el territorio Benet.
Juan Benet. Guerra y literatura. Nora Catelli. Libros de la Resistencia. Madrid, 2016. 156 páginas. 11,50 euros

Javier Marías / Necesidad de Benet


Juan Benet según Enrique Flores

Necesidad de Juan Benet

El escritor, referente de una generación rutilante: Luis Martín Santos, Juan García Hortelano o Carmen Martín Gaite, cumpliría 90 años


Juan Cruz
El País, 4 de enero de 2007

Este hombre medía cerca de dos metros, llevaba un flequillo blanco, reía de medio lado, y bastaba fijarse en sus ojos risueños, como de niño malo, para saber que una cosa decían sus palabras y otra cosa decían esos ojos. Sin embargo, como era tan alto, y tan elegante, y como además decía exabruptos para acentuar una pedantería de la que además se burlaba, pasó a la historia como un antipático de Madrid que venía de San Sebastián.
Ahora a muchos hay que explicarles quién era Juan Benet, y esos rasgos tan provisionales bastan para cumplir con los tópicos con que también fue conocido en una vida que acabó demasiado pronto, el 5 de enero de 1993, después de una enfermedad tremenda que sobrellevó con tremenda fortaleza.
Murió pronto, pues, a los 65 años, que no es nada hoy en día, como murieron demasiado pronto sus compañeros (y tan amigos) Luis Martín Santos, Juan García Hortelano, Carmen Martín Gaite, Ignacio Aldecoa, Rafael Conte, Javier Pradera, Ángel González, Carlos Barral, tantos… Se dice en una sola línea, pero ese aviso colectivo de una nueva manera de entender la literatura (y la amistad) consta de muchas plumas y muy celebradas… en vida. La falta de interés que España, la literatura española, incluso la academia española, han mostrado y muestran por los literatos muertos, hace que ahora haya que ir a las librerías de viejo para encontrar noticia bibliográfica de muchos de ellos.
Por eso tantas veces hay que explicar, por ejemplo, quién era Benet. Ahora que hace 24 años de su muerte en víspera de Reyes, una muerte que, como aquella de Ignacio Aldecoa, nacido en 1925 y muerto cuando tenía 44 años, parecía un aviso para su generación (así dijo Martín Gaite: la muerte de Ignacio es “un aviso”) y para los que seguían, volver al autor de Volverás a Región es un imperativo categórico de una sociedad literaria dada a entender que la última luz es la que alumbra.
A Benet lo caracterizó el magisterio, y la generosidad del magisterio. Alumnos suyos, por decirlo con ese sustantivo que a él le hubiera roto los tímpanos, son algunos de los más singulares rostros y almas de la literatura española de la transición y más acá; algunos lo supieron, porque lo trataron de cerca, y fueron sus amigos, pero otros no supieron hasta qué punto Benet, aquel hombre altanero de la moña blanca, llamaba a periódicos para advertir, con avisos que no tenían cobro alguno, de nombres propios que luego fueron notorios para su satisfacción y su silencio.
En eso se parecía a Juan Carlos Onetti, que estirado en su cama de falso enfermo deletreaba al teléfono los nombres de protegidos que nunca supieron que él los destacaba entre los jóvenes que un día serían, y fueron, grandes autores de la lengua.
Como decía Manuel Vicent en el obituario que publicó sobre Benet en EL PAÍS, a este ingeniero que de noche era otro hombre y que de día hacía presas e inundaba pueblos había que leerlo como se suben las montañas escarpadas, pues escribía por el lado difícil de las paredes. Su lenguaje desafiaba lo vulgar, y aunque aceptó el comercio literario (accedió a presentarse al Planeta: quedó segundo con El aire de un crimen) siempre arriesgaba su acento para que no fueran más de cinco mil sus fieles.
Pero, además, fue el autor de una obra menor, pero mayor en enjundia, Otoño en Madrid hacia 1950 por la que tendría que haber ido de cabeza a la Academia si ésta no hubiera cometido con él el craso error de rechazarlo, tan caro error como el que cometería algo después con José Manuel Caballero Bonald, memorialista como Benet, y como éste dotado para escribir como Dios, si éste escribiera.
Ese libro es abundante en saberes, literarios, sociales y políticos, e incluye algunos párrafos de alta crítica literaria, los dispensados a Pío Baroja y a Luis Martín Santos, sujetos ambos de distintas adoraciones civiles o literarias. Pero hay más, mucho más, en ese libro, en sus artículos (que fueron recopilados por uno de sus grandes amigos, Manuel de Lope). Y hay, en fin, un Juan Benet que dejó para la lengua española una colección tal de ejemplos de pureza idiomática, de exigencia estilística, que da rabia aún hoy tener que ir diciendo, antes de que te lo digan, que Juan Benet fue antipático para a continuación decir “pero era uno de los escritores más grandes de la lengua”.
Este año hubiera cumplido 90, murió muy joven, pero ya era un maestro. Da rabia decir que sus libros no están ni en las librerías ni en la conversación en la medida en que él se lo mereció en vida y se lo merece tantos años después de desaparecer de esta tierra que él dibujó con una maestría rara y difícil, por tanto inigualable. No ha sido tan solo él el olvidado; esa generación que arriba queda descrita como una sucesión de nombres propios ya desaparecidos (no de la memoria) ha sido fundamental para lo que vendría luego. No tenerlo en cuenta en vivir en lo más vulgar del abismo.

EL PAÍS


miércoles, 26 de julio de 2017

Javier Marías / “Mi nueva novela, ‘Berta Isla’, trata sobre la espera”


Javier Marías

“Mi nueva novela, ‘Berta Isla’, trata sobre la espera”

El autor describe las claves de su obra, que saldrá a la venta el 5 de septiembre


EL PAÍS
Madrid 10 JUL 2017 - 10:17 CDT




Se titula Berta Isla, como la mujer que la protagoniza. A su lado —pero a menudo muy lejos de ella—, su marido, Tomás Nevinson. De ahí que se trate "en cierto sentido, de una novela sobre la espera", como explica el escritor Javier Marías, en un vídeo promocional, sobre su nueva obra. Alfaguara publicará el libro el próximo 5 de septiembre. 






Portada de 'Berta Isla'.ampliar foto
Portada de 'Berta Isla'. ALFAGUARA


"Se podría decir que es una novela parcialmente de espías, aunque no se deben esperar muchas aventurillas o misiones complicadas", asegura Marías al principio de la grabación. El narrador explica que Nevinson tiene padre británico y por tanto el inglés también es su lengua materna. "Tomás está especialmente dotado para la imitación de acentos y los idiomas. Durante parte de la novela se ausenta a menudo, se puede pensar incluso que quizás ha muerto, no se sabe si vive o no. La novela cuenta la espera de una posible Penelope", agrega el escritor.
Marías retoma además una idea que ya anticipió en su anterior obra, Así empieza lo malo. "El mero hecho de nacer nos expone", lo resume el autor. "Simplemente por estar en el mundo alguien nos ve, nos identifica y, según las dotes que tengamos o el interés que suscitemos, se nos pueden pedir cosas, o exigir, o intentar utilizarnos. El mero hecho de estar en el mundo es una especie de peligro, y es lo que también le sucede a Tomás Nevinson: siendo muy joven, se encuentra con que su vida entera depende de haber sido divisado por los demás", añade Marías.

Javier Marías / Andanadas contra el diccionario

jAVIER mARÍAS

ANDANADAS CONTRA EL DICCIONARIO

La Real Academia Española recibe 
peticiones de supresión de acepciones 
o términos en su ‘Diccionario’, 
pero carece de potestad para 
prohibir nada.


DOMINGO 11 DE JUNIO DE 2017


EN LA REAL Academia Española hay de vez en cuando algún pleno soporífero, pero en las comisiones —divididas en grupos de ocho o nueve académicos, y donde más se trabaja con las palabras—nos divertimos mucho, en contra de lo que cree la mayoría de la gente. Ahí se encuentra uno con la tarea y la dificultad de definir un término, de mejorar o matizar esa definición, de añadir algo nuevo o que extrañamente se nos había escapado; de calibrar si un vocablo está lo bastante arraigado para incorporarlo al Diccionario, por supuesto de atender las peticiones de instituciones y particulares, hay legión de ellas. Pero he de confesar que la mayor fuente de diversión (y de desesperación también) son las quejas y protestas, que rebasan todo lo imaginable. Lo curioso —y de esto ya he hablado en otras ocasiones— es el carácter intolerante y censor de la mayoría: su objetivo final suele ser que el DLE (ahora se llama así lo que se llamaba DRAE) suprima sin más, por las bravas, tal acepción o término, como si con eso fuera a desaparecer su uso. Lo he explicado en esta columna, pero mucha gente no se entera o no se quiere enterar o hace caso omiso, así que hay que insistir infatigablemente: la RAE carece de potestad para prohibir nada. Es un mero registro neutral de lo que los hablantes dicen y escriben, o han dicho y escrito en el pasado. En época de Franco sí había censura (impuesta), y no figuraban en el Diccionario los tacos ni las palabras malsonantes u “obscenas”. Por fortuna esa época pasó a la historia, y hoy nos parecería inaceptable no encontrar en el DLE “follar”, “felación”, “polla” y cosas por el estilo.

martes, 25 de julio de 2017

Javier Marias / Ese idiota de Shakespeare



ESE IDIOTA DE SHAKESPEARE





Si uno va hoy al teatro se expone 
a cualquier sandez de directores 
que adaptan grandes clásicos 
a las tontunas contemporáneas.

jAVIER MARÍAS
DOMINGO 22 DE ENERO DE 2017

Javier Marías / Más daño que beneficio







javier Marías

MÁS DAÑO QUE BENEFICIO


Francamente, me resulta imposible 
suscribir que Gloria Fuertes 
fuese una grandísima poeta 
a la que debemos tomar muy en serio.


DOMINGO 25 DE JUNIO DE 2017





SI MUCHA gente desconfía del cine español no es por la persecución que el PP y sus Gobiernos desataron contra él en venganza por las críticas y protestas de la mayoría de los miembros del gremio ante la indecente Guerra de Irak apoyada por Aznar, Rajoy y sus huestes en 2003. Los políticos, y en particular los de ese partido, carecen de crédito respecto a sus juicios artísticos. Por desgracia influyen en demasiadas cosas, pero no, por suerte, en lo que sus compatriotas leen o van a ver. La razón principal para esa desconfianza es que durante muchos años los críticos cinematográficos y la prensa decidieron que había que promover el cine nacional, hasta el punto de que casi todas las películas españolas que se estrenaban eran invariablemente “obras maestras”, “necesarias” (el adjetivo más ridículo imaginable) o (cómo detesto ese tipo de expresiones) “puñetazos en el estómago del espectador”. Hay muchas personas ingenuas y de buena fe. Acudían obedientemente a ver los “portentos” y cómo “se incendiaba la pantalla”, al decir de esos críticos paternalistas, y frecuentemente —no siempre, claro está— se encontraban con bodrios y mediocridades y pantallas llenas de pavesas. Ningún puñetazo, sino más bien tedio o irritación.

Gloria Fuertes / Una poeta mayor de edad

Gloria Fuertes, en su motocicleta.
Gloria Fuertes, en su motocicleta.

Gloria Fuertes 

Una poeta mayor de edad

Fue la famosa escritora para niños que salía en la tele, pero también la autora de una poesía desgarrada. En su centenario, varios libros y exposiciones la devuelven a la literatura adulta


EL PAÍS
23 FEB 2017 - 12:08 COT



Esta semana Babelia dedica su portada a Gloria Fuertes, una autora que resurge en el centenario de su nacimiento con el aprecio literario que siempre mereció, más allá del encasillamiento infantil al que fue sometida hasta su muerte. Varias antologías y tributos recuerdan su obra y su figura. “El Ayuntamiento de Madrid, su ciudad, quiere sumarse al homenaje y ahora una plazuela de Lavapiés, barrio donde nació y se crio la poeta, es candidata a llevar su nombre. De fondo, lo más importante: devolver el nombre de Gloria Fuertes a la poesía adulta. O, mejor dicho, a la poesía, toda, sin prejuicios. Rehabilitar la obra de una mujer de personalidad compleja (‘desde siempre mi alma cabalgando al revés’); que al final de su vida se entregó a la literatura infantil (‘no es todo hacer una poesía para el pueblo, sino un pueblo para la poesía’); que logró una voz coloquial única (‘escribo deliberadamente mal para que os llegue bien’) y que siempre estuvo, a su manera sencilla, castiza y juguetona, un paso por delante de su tiempo (‘esto no es un libro, esto es una mujer’)”, escribe en su reportaje Elsa Fernández-Santos.

lunes, 24 de julio de 2017

Purcell / Remember Me / Dido´s Lament


"Remember Me" 
Dido's Lament 
by Purcell-Grigorov-Schwartz
1997


video




Amália Rodrigues / La voz del fado

Amália Rodrigues

Amália Rodrigues

BIOGRAFÍA

La voz del fado

la leyenda Amália Rodrigues y el fado como vehículo expresivo siguen iluminando a las nuevas generaciones

Amália Rodrigues forma parte de esa corporación de voces en femenino que dieron a la canción del siglo XX algunos de sus momentos más intensos y épicos. Alma, corazón y vida. Como Edith Piaf, Judy Garland y otras voces heroicas, la leyenda Amália Rodrigues y el fado como vehículo expresivo siguen iluminando a las nuevas generaciones. Amália. Les voix du fado es un proyecto artístico y homenaje del director franco-portugués Rubén Alves que recupera algunas de las canciones que forjaron la carrera de la cantante portuguesa, ahora revisitadas por las nuevas voces del fado.

Monumento al compositor del Danzón Zacatlán, Pedro Escobedo

Pedro Escobedo
Zacatlán, Méxiico, 21 de julio de 2017
Foto de Triunfo Arciniegas

Realizarán monumento al compositor

del Danzón Zacatlán, Pedro Escobedo


REDACCIÓN INTOLERANCIA
22, FEB 2017 A LAS 10:05
Se recolectarán los recursos por parte del comité encargado del proyecto. La obra será realizada por el escultor César González Alarcón.

El presidente municipal de Zacatlán, Marcos Flores Morales, dio a conocer el proyecto para realizar un monumento dedicado a don Pedro Escobedo Hernández, compositor zacateco autor del Danzón Zacatlán, una de las piezas musicales de este género más conocidas en todo el país.
En conferencia de prensa, Marcos Flores en compañía de un comité que se dedicará a recolectar los recursos y dar seguimiento a este proyecto, presentaron la obra a escala, la cual está diseñada y será elaborada por el escultor César González Alarcón, artista originario de Zacatlán y cuyas obras se encuentran en diferentes puntos del país.
Destacó que la estatua estará ubicada entre los andadores Juárez e Independencia y será de tamaño realista, constará de una banca similar con las que cuenta el Centro Histórico de Zacatlán, en ella estará a un costado sentado la figura de don Pedro Escobedo Hernández con la intención de que los locatarios y turistas se tomen una fotografía con él y conozcan parte del legado musical que tiene Zacatlán a nivel nacional.
Marcos Flores afirmó que este proyecto es la muestra de lo que se puede lograr trabajando en conjunto gobierno y sociedad, realzando el legado cultural que con orgullo se comparte con quien visita el Pueblo Mágico. 
Conversando con el maestro Pedro Escobedo
Zacatlán, Puebla, México, 21 de julio de 2017
Foto de Alejandra Arciniegas
De don Pedro Escobar
Cabe destacar que don Pedro Escobedo, nacido en Zacatlán el 29 de junio de 1924, en 1938 tuvo que dejar sus estudios de primaria para poder trabajar; en ese entonces se desempeñó como bolero y vendiendo periódico. 
Sus inicios como compositor se remontan a Zacatlán, cuando contaba con apenas 14 años de edad. Su primera obra fue precisamente el Danzón Zacatlán.
A sus 14 años entró a trabajar en una empresa que estaba cerca de la estación de radio XEW, donde aprendió de la versatilidad y experiencia de los músicos de ese tiempo, entre los que destacaban “Los hermanos Domínguez”, quienes le ayudaron para que estudiara en el conservatorio nacional en 1940.
Aprendió a tocar el piano, los timbales, la guitarra y las maracas, por lo cual en 1943 recibe la oportunidad de integrarse a la orquesta de don Carlos Campos.
Su obra musical máxima fue y ha sido el Danzón Zacatlán que compuso en 1941 y que dio a conocer en 1944 en el programa de la XEW “Marimbas y maracas”.
Pedro Escobedo y Alejandra Arciniegas
Zacatlán, Puebla, México, 21 de julio de 2017

Don Pedro Escobedo Hernández gozó del aprecio, reconocimiento y cariño del pueblo de Zacatlán, quienes le recuerdan como un hombre sencillo, sereno, afectuoso, carismático y sociable.
El 30 de junio de 1988 recibió un merecido homenaje y reconocimiento en el Centro Escolar Presidente “Juan N. Méndez”, 3 días después, el 3 de julio del mismo año, moriría a causa de un infarto, pero su magna obra siempre hará que viva y se recuerde a este honorable zacateco.
Fue velado frente al palacio municipal y todo el pueblo lloró su partida.
En honor al compositor zacateco, en septiembre de 2011 nace el primer grupo de danzoneros de Zacatlán al que se le ha denominado “Pedro Escobedo Hernández”, el cual está conformado por 25 personas cuyas edades oscilan desde los 14 años hasta adultos mayores. Un grupo que, a decir de sus integrantes, está abierto a todo aquel que desee aprender a bailar danzón. 
Fuente: http://danzonerospedroescobedohernandez.weebly.com/biografia.html