La novela puede (y debe) ser un animal salvaje
En muchos casos las obras de Rudolph Wurlitzer o Robert Cover resultan inexplicables
Laura Fernández
6 de abril de 2018
Rudolph Wurlitzer nació en Cincinnati, en 1937. Rudolph es descendiente del tipo que inventó el famoso piano eléctrico. También es el más desconocido de los tipos que destruyeron, brillantemente y a conciencia, a mediados del siglo pasado, la idea de la novela como mero contenedor de una historia. Tipos como John Barth, Robert Coover, Richard Brautigan. Tipos cuyas novelas resultaban inexplicables porque, en muchos casos, no explicaban nada, o lo que explicaban era una digresión de esa nada, o resultaba tan ridículamente inconcebible que mejor ni siquiera intentarlo.
