jueves, 16 de septiembre de 2004

Henning Mankell / Laura Restrepo / "Las cosas no son como son, sino como se contaron"

Henning Mankell
Henning Mankell / Laura Restrepo

"Las cosas no son como son, sino como se contaron"


MIGUEL MORA
Barcelona 

15 SEP 2004
La colombiana Laura Restrepo y el sueco Henning Mankell se parecen como un huevo a una castaña. Ella es guapa y él no, ella escribe como un torrente caliente y él es un témpano que derrite despacio las intrigas. Pero los dos son narradores estupendos y ayer tarde se pusieron a hablar de literatura y vida y de repente parecían hermanos. O novios.
Mankell y Restrepo defendieron la imaginación como la herramienta más poderosa de la mente humana. Desde ángulos distintos, pero con la misma pasión.
"Somos contadores de cuentos, el homo narrans, y en eso todos somos artistas: es lo que sobre todo nos distingue de los animales", dijo el creador del inolvidable y sufridor Wallander, que recomendó a los padres que lleven a los hijos al teatro en vivo. "El conocimiento emocional es tan importante al menos como los nombres de los ríos que se aprenden en la escuela", dijo. Y preguntó: "¿Una sociedad sin teatros ni librerías puede llamarse sociedad?".
Mankell acabó contando tres o cuatro pequeñas y deliciosas historias africanas. Una terminaba con la frase de un sabio sentado a la sombra del trópico: "No es bueno morirse antes de haber terminado de contar la historia". O traducido al sueco: "Necesitamos la amalgama imaginativa para hacer avanzar la sociedad".

Las respuestas

Restrepo dejó el aire lleno de frases luminosas en esa sesión de tarde, marcada por la ausencia de Jorge Semprún, que no acudió al Fórum por problemas (leves) de salud. "En la calle y la literatura se encuentran las respuestas", dijo la autora colombiana. "La literatura es espejo profundo, refleja y genera, se mueve entre la luz y las tinieblas y las contiene a ambas, y su visión oblicua permite mirar cerca y lejos, a lo universal y a lo íntimo, al pasado y al futuro".
"Porque la literatura alcanza lo sutil, lo leve, lo ligero, antes de que caiga al suelo. Y a la vez que nos entrega lo venidero anida en el inicio de la vida y se precipita hacia el momento final, la muerte", añadió la ganadora del último Premio Alfaguara. "La literatura juega a la confusión y es un monstruo de dos cabezas: la palabra y la realidad, la literatura que se mezcla con lo real. La literatura se pega a lo real como su piel. Las cosas no son como son, sino como se contaron".
* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 15 de septiembre de 2004


miércoles, 15 de septiembre de 2004

Pisando los talones / Henning Mankell, más radical que Wallander





Mankell afirma que es "más radical" que su detective Wallander

El autor sueco participa en el Fórum y presenta 'Pisando los talones'


ROSA MORA
Barcelona 15 SEP 2004


"Wallander y yo no nos parecemos mucho. Sólo tenemos tres cosas en común: la misma edad, nos gusta la ópera italiana y trabajamos mucho", afirmó ayer el autor sueco Henning Mankell (Estocolmo, 1948), que ha viajado a Barcelona para participar en el Fórum y de paso presentar su última novela publicada en España, Pisando los talones (Tusquets). El escritor explicó que ha incorporado a la hija del policía en su nuevo libro.

"Escribo en la tradición literaria más antigua, la que utiliza el delito para reflejar la sociedad"

Pisando los talones es la séptima novela de la serie del inspector Kurt Wallander que Mankell publica en España. Entre las siete ha vendido más de medio millón de ejemplares. Como en las anteriores, el escritor se dedica a desmontar minuciosamente la imagen que buena parte del mundo tiene de Suecia. "Son los otros quienes han inventado que Suecia es una utopía. Luchamos contra los mismos problemas que en España o Portugal, con la única excepción de que nosotros nunca hemos tenido una dictadura. En mis libros intento dar una imagen más real de Suecia. Es una de las sociedades más decentes en que se puede vivir".
¿Por qué entonces se fue a vivir a Mozambique?, le preguntaron ayer en conferencia de prensa. "Cuando era joven quise tener una visión del mundo desde fuera de Europa y eso me llevó al continente africano. Vivir en África me ha hecho mejor europeo".
Kurt Wallander se enfrenta en Pisando los talones a unos asesinatos en serie. Desaparecen tres jóvenes que celebraban la noche de San Juan y desaparece también uno de los detectives que investigaba el caso. Mankell no oculta nada al lector, que sabe más que el propio Wallander; pese a esto, el escritor logra mantener la tensión a lo largo de más de 500 páginas.
Lenta, minuciosamente se va desvelando la figura de un psicópata: no le gustaba la gente feliz, no le gustaba que sonrieran. "Siempre me he preguntado qué pasa con la gente totalmente marginada, que no sabe cómo sobrevivir, a la que la sociedad no necesita, que no son nada. Cuando este tipo de personas se encuentra con otras que lo tienen todo, que sonríen, pueden suceder cosas terribles. Cada vez hay más personas marginadas en Europa. Y lo más terrible son los jóvenes, que no logran superar los estudios en la escuela, que no se sienten queridos, que no son bienvenidos en la sociedad. De ellos surge el tipo que va con una navaja por la calle. Éste es el trasfondo de la novela".
Wallander no está bien de salud y parece deprimido y triste en esta historia. Además, no logra que prospere su relación con Baiba. Mankell, que definió a su detective como "muy sueco y, por tanto, muy europeo", no estuvo de acuerdo. "No deja de encontrar mujeres. Por Dios santo, si en cada libro le presento a una, pero no hay manera. Lo que pasa es que todavía ama a su ex mujer. Es apasionadísimo. No, no está deprimido, está preocupado. Yo también estoy preocupado, preocupado por Bush".
Insistió en que no se parece a su inspector de policía. "Espero tratar mejor a las mujeres de lo que lo hace él y comer menos comida basura que él. Yo soy mucho más radical, aunque Wallander acaba de confesarme que él también tiene problemas con el señor Bush".
¿Le gustaría votar en las próximas elecciones estadounidenses? "Sí", rotundo. "No votaría a favor de Kerry, pero sí contra Bush. Ayer estaba leyendo un libro de Carlos Fuentes [Contra Bush]. Es comparable a Fahrenheit 9/11, de Michael Moore, pero mucho más profundo y chocante. Es excelente. Esta mañana a las siete he llamado a mi editor sueco y le he pedido que lo comprara y lo tradujera. Espero que Wallander también lo lea y que le interese".
Mankell, que repitió diversas veces que Wallander es un personaje de ficción, se refirió a él en numerosas ocasiones como si fuera de carne y hueso.
¿Se jubilará Wallander? "No querrán ustedes que le mate, ¿verdad? Según la legislación sueca, se puede jubilar dentro de nueve años, aunque también podría hacerlo dentro de tres, pero perdería beneficios. Trabajará hasta el final, se jubilará y se comprará un perro".
Antes de que ese momento llegue, Mankell ha decidido enviar refuerzos al policía. En Before the frost (Antes de la helada), que se publicó en Suecia el año pasado y que aparecerá en España en 2006, el escritor ha convertido a la hija de Wallander en policía. El libro ha tenido un éxito extraordinario en Suecia. "Es el que más se ha vendido hasta ahora. Dos Wallander valen más que uno. El policía y su hija trabajan juntos. Él no entiende nada de lo que hace ella y ella cuenta muchas cosas de su padre, cosas que incluso yo no sé".
A Henning Mankell no le preocupa en absoluto que le adscriban al género negro. "Escribo en la tradición literaria más antigua, la que utiliza el espejo del delito y del crimen para reflejar la sociedad. ¿De qué hablaban las tragedias griegas sino de crímenes? Cuando me preguntan cuál es la mejor historia criminal, siempre contesto que Macbeth, de Shakespeare".
* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 15 de septiembre de 2004







lunes, 6 de septiembre de 2004

Joan Colom sale del cuarto oscuro

Fotografia de Joan Colom

Joan Colom sale del cuarto oscuro

BELEN GINART
Barcelona 19 ABR 1999

Joan Colom (Barcelona, 1921) atravesó de puntillas el umbral de la fotografía catalana: se inició en ella en 1957, con 36 años, por pura inquietud personal, sin ninguna formación específica. Cultivó con fervor su vocación tardía hasta 1964, año en que se alejó voluntariamente de la actividad fotográfica. En tan corto periodo de tiempo, consiguió marcar el punto culminante de de la nueva vanguardia fotográfica, un movimiento del que fue precursor Francesc Català-Roca y al que se adscribieron también los fotógrafos Xavier Miserachs y Oriol Maspons. Según los críticos, Colom realizó una aportación culminante a esta corriente rupturista con los principios estéticos y conceptuales seguidos hasta el momento. Sin embargo, el poso de la historia ha oscurecido el recuerdo de su trabajo hasta convertirle en un ciudadano anónimo. El Museo Nacional de Arte de Cataluña (MNAC) acoge ahora una amplia exposición sobre su obra con la que pretende sacarle del cuarto oscuro. Para volver a poner las cosas en su sitio, nada mejor que un punto y seguido. La exposición del MNAC, que tiene como comisario a Jorge Ribalta, reproduce fielmente la exhibición de las fotografías de Colom organizada en 1961 en la desaparecida sala Aixelà. Fue el punto culminante de la carrera del fotógrafo y la primera exposición individual de sus imágenes -la segunda no llegó hasta 35 años después-. El carrer. Joan Colom a la sala Aixelà, 1961 reúne 49 imágenes, en su mayoría de gran plasticismo y fuerza visual, que sin embargo siguen los preceptos marcados por la vanguardia fotográfica: rechazo a toda aspiración artística en favor del contenido, y un gran interés por el reportaje gráfico. La exposición demuestra cómo Colom daba prioridad a qué contar sobre cómo decirlo. Las imágenes expuestas están realizadas con cámara oculta, una técnica que le permitió abrir a los profanos el territorio del barrio chino barcelonés. Con su Leica bajo el brazo, el fotógrafo plasmó transacciones clandestinas y posturas indecorosas. Ésta es la parte más conocida de su trabajo, pues se publicó en Izas, rabizas y colipoterras, un libro con textos de Camilo José Cela publicado por Lumen. Es también la vertiente que le ocasionó más quebraderos de cabeza: para los patrones morales de la época, constituyó un escándalo, un hecho que contribuyó a su decisión de colgar la cámara. Pero en El carrer. Joan Colom a la sala Aixelà, 1961 se muestran también otros tipos ligados al barrio chino que nada tienen que ver con el ambiente de prostitución de sus imágenes más populares. Muestran en cambio a un Colom sensible, con debilidad por los niños, los gestos amables y las miserias del otro. La exposición, que podrá verse hasta el 17 de junio, se completa con un documento audiovisual realizado por el propio fotógrafo. Es un documental que se exhibe sin editar, tal y como el autor lo grabó "con una cámara a la que tenía que dar cuerda cada poco rato porque entonces no había pilas", según recuerda, que constituye un vívido cuadro de las escenas de la vida cotidiana de los años de la posguerra en el corazón de Barcelona. Colom recorrerá de nuevo todos sus viejos escenarios dentro de unos itinerarios por el barrio chino organizados paralelamente a la exhibición y abiertos al público con inscripción previa, que se realizarán los días 15 y 29 de mayo.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 19 de abril de 1999