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sábado, 14 de diciembre de 2019

Los 25 mejores libros del siglo XXI / Zurita / Cuando la vida es un poema





Los 25 mejore

libros


del siglo XXI

No 16

Raúl

Zurita


 ZURITA

Cuando la vida es un poema




Raúl Zurita, clásico de la lírica chilena, publica un libro de poemas de casi ochocientas páginas

“Por primera vez en mi vida tengo una sensación de paz y tranquilidad", dice

El escritor ha empezado a recitar sus versos acompañado de una banda de rock


Patricio Fernández
6 de julio de 2012


Raúl Zurita
La primera impresión que produce Raúl Zurita (Santiago, 1950) es sacra; la de un poeta perdido en el mundo del misterio y la espiritualidad. Como los filósofos griegos y los profetas, es calvo y tiene una barba deshilachada. Si durante ese primer vistazo se le escucha recitar en un aula, la fotografía estará completa. Zurita no lee, canta, se lamenta, y reza. Yo lo escuché por primera vez hace más de 20 años. Como de costumbre, vestía de negro. Recitó el Canto a su amor desaparecido, a finales de la dictadura, con una voz y entonación impresionantes, de vate poseído por los dolores de la patria. Sus poemas no eran nerudianos, pero su poesía, en parte, sí. Su escritura y estética estaban más bien inspirados en Juan Luis Martínez, años antes, su cuñado. Juan Luis era un poeta vanguardista. Un Duchamp de la poesía chilena. Su libro La nueva novela tiene fotos, dibujos, un anzuelo de verdad pegado entre sus páginas. Zurita se alimentó de todo eso para sus primeros libros (Purgatorio, Anteparaíso —publicados en España por Visor—), mientras de otra parte militaba en el Partido Comunista.

Raúl Zurita / Cinco poemas





*

Te palpo, te toco, y las yemas de mis dedos,
habituadas a seguir siempre las tuyas, sienten
en la obscuridad que descendemos. Han cortado
todos los puentes y las cordilleras se hunden,
el Pacífico se hunde, y sus restos caen ante
nosotros como caen los restos de nuestro
corazón. Frente a la muerte alguien nos ha
hablado de la resurrección. ¿significa eso que
tus ojos vaciados verán? ¿Que mis yemas
continuarán palpando las tuyas? Mis dedos
tocan en la obscuridad tus dedos y descienden
como ahora han descendido las cumbres, el mar
como desciende nuestro amor muerto, nuestras
miradas muertas, como estas palabras muertas.
como un campo de margaritas que se doblan
te palpo, te toco, y mis manos buscan en la
oscuridad la piel de nieve con que quizás
reviviremos. Pero no, descendidas, de las
cumbres de Los Andes sólo quedan las huellas
de estas palabras, de estas páginas muertas, de
un campo largo y muerto de flores donde las
cordilleras como mortajas blancas, con
nosotros debajo y todavía abrazados se hunde.
(De INRI)

Pablo Simonetti / “Le daría el Cervantes a Raúl Zurita”



Pablo Simonetti: “Le daría el Cervantes a Raúl Zurita”

El escritor chileno ha publicado recientemente 'Desastres naturales'

BABELIA
15 AGO 2018 - 17:06 COT






Pablo Simonetti: “Le daría el Cervantes
a Raúl Zurita”
SETANTA

En su última novela, Desastres naturales, Pablo Simonetti (Santiago de Chile, 1961) recrea la relación con su padre a la vez que despliega la historia de Chile. También recurrió a su biografía familiar en su obra más notoria, Madre que estás en los cielos (2004), que se acaba de reeditar.
¿Qué libro le hizo querer ser escritor?
Las Memorias de Adriano terminaron por hacerme escritor.
¿Y el último que le ha gustado?
La señora Osmond, de John Banville.
¿Cuál no pudo terminar?
Ulises, de James Joyce. Pero leí el final.

Raúl Zurita / “Vivimos la agonía del idioma”


Raúl Zurita


Raúl Zurita: “Vivimos la agonía del idioma”

El escritor chileno, investido doctor 'honoris causa' por la Universidad de Alicante, reivindica el lenguaje de la poesía frente al del comercio


Javier Rodríguez Marcos
Alicante, 11 de marzo de 2015

Un doctorado y un resfriado. Como mínimo, eso se va a llevar de España Raúl Zurita (Santiago de Chile, 1950), que esta tarde acudirá al Centro José Hierro de Getafe y mañana, a la Casa Amèrica Catalunya de Barcelona. Lo hará con un doctorado bajo el brazo, el honoris causa que la semana pasada le concedió la Universidad de Alicante. El museo de esa institución alberga hasta mayo una exposición —Escritura material— dedicada al costado visual de la obra del poeta, más cercano al land art que a la literatura encerrada en un libro: si en 1982 hizo escribir 15 frases de 10 kilómetros en el cielo de Nueva York usando el humo de avionetas que habitualmente anunciaban la Coca-Cola, en 1993 excavó tres kilómetros de suelo para escribir en el desierto de Atacama “ni pena ni miedo”.

miércoles, 7 de noviembre de 2018

Raúl Zurita / Tres poemas

Raúl Zurita

Raúl Zurita
TRES POEMAS


III

Allá va la que fue mi amor, qué más podría decirle
si ya ni mis gemidos conmueven
a la que ayer arrastraba su espalda por las piedras.
Pero hasta las cenizas recuerdan cuando no era
nadie y aún están los muros contra los que llorando
aplastaba su cara mientras al verla
la gente se decía “Vámonos por otro lado”
y hacían un recodo sólo para no pasar cerca de ella
pero yo reparé en ti,
sólo yo me compadecí de esos harapos
y te limpié las llagas y te tapé, contigo hice agua
de las piedras para que nos laváramos
y el mismo cielo fue una fiesta cuando te regalé
los vestidos más lindos para que la gente te respetara.
Ahora caminas por las calles como si nada de esto
hubiese en verdad sucedido
ofreciéndote al primero que pase
Pero yo no me olvido
de cuando hacían un recodo para no verte
y aun tiemblo de ira ante quienes riendo te decían
ponte de espalda y tu espalda se hacía un camino
por donde pasaba la gente
Pero porque tampoco me olvido del color del pasto
cuando me querías ni del azul
del cielo acompañando tu vestido nuevo
perdonaré tus devaneos
Apartaré de ti mi rabia y rencor
y si te encuentro nuevamente, en ti me iré amando
incluso a tus malditos cabrones.
Cuando vuelvas a quererme
y arrepentida los recuerdos se te hayan hecho ácido
deshaciendo las cadenas de tu cuello
y corras emocionada a abrazarme
y Chile se ilumine y los pastos relumbren.
(De Anteparaíso)

martes, 9 de agosto de 2016

Raúl Zurita / Ni pena ni miedo







El poeta chileno Raúl Zurita, retratado en Alicante.
El poeta chileno Raúl Zurita, retratado en Alicante. PEPE OLIVARES


Ni pena ni miedo

Una antología y sus memorias arrojan nueva luz al universo doliente del poeta chileno Raúl Zurita


Rosa Montero
9 de agosto de 2016

En el comienzo de El día más blanco (Literatura Random House), el libro de memorias de infancia y de primera juventud de Raúl Zurita, un hombre anónimo que sin duda es él se tumba boca arriba y con los brazos abiertos sobre la costra de salitre que endurece el suelo del desierto. No especifica dónde es, pero yo enseguida pensé en Atacama, al norte de Chile, el lugar más árido del planeta, una pétrea inmensidad. El hombre bien podría ser el único habitante del planeta: “Era como si la Tierra entera subiera desde el centro de ella hasta chocar con su espalda”. Toda esa majestuosidad y esa grandeza, sin embargo, “no pueden alterar ni un solo segundo el sufrimiento del ser que allí yacía (…) Esas dos soledades entonces, la del hombre y la del desierto, se estrellaban como dos bloques”. Hay algo titánico en este enfrentamiento de un individuo atormentado contra un mundo impasible. Ese hombre es un Prometeo que se encara con la bella y cruel indiferencia de la naturaleza para intentar arrebatarle la llama del sentido de la vida, o al menos del sentido del dolor. Con sus brazos extendidos, es un Cristo que se sacrifica por la redención de todos.

miércoles, 1 de junio de 2016

La voz de Raúl Zurita se desangra en verso y prosa







Versos de Raúl Zurita excavados en el desierto de Atacama (Chile).
Versos de Raúl Zurita excavados en el desierto de Atacama (Chile).

La voz de Raúl Zurita se desangra en verso y prosa



El escritor chileno publica una antología y sus duras memorias de infancia

JAVIER RODRÍGUEZ MARCOS
Madrid 1 JUN 2016 - 16:42 COT

Que se le pasaran los dolores a la abuela, que no echaran a la familia de la casa en que vivían realquilados, que se murieran los cuatro al mismo tiempo. Esas tres cosas le pedía Raúl Zurita a Dios cada vez que iba a la iglesia tras hacer la primera comunión. La “abuela” era Veli, una emigrante con carácter que decía haber sido rica en Génova y ahora se avergonzaba de ser pobre en Santiago. Los “cuatro”, mientras, eran Zurita, su hermana pequeña y su madre. El padre y el abuelo habían muerto con dos meses de diferencia cuando el futuro poeta contaba dos años y no quería añadir otra pena a la precariedad y a los continuos cambios de domicilio.

domingo, 6 de diciembre de 2015

Raúl Zurita / Escritores a domicilio






El poeta Raúl Zurita en una escuela de Guadalajara.
El poeta Raúl Zurita en una escuela de Guadalajara. SAÚL RUIZ


Escritores a domicilio

127 escritores de 28 países acuden durante la FIL a las escuelas de Guadalajara

Acompañamos al poeta Raúl Zurita y a la novelista Margarita García Robayo


Javier Rodríguez Marcos 
Pablo de Llano
Guadalajara (México) 
6 DIC 2015 - 05:54 COT

Vestido de blanco de los pies a la cabeza, barba incluida, Raúl Zurita entró el viernes en el auditorio de la escuela Preparatoria 6, levantada en la falda de un cerro y con vistas a una cementera en el sur de Guadalajara. Allí se topó con cien muchachos puestos en pie y aplaudiéndole. “Le tenemos una sorpresa”, le había dicho la “maestra” María Cristina Galindo después de contarle que días antes les había visitado la donostiarra Arantxa Urretabizkaia, a la que ella llama cariñosamente Arantxa Plisetskaya. Galindo es profesora de danza y los dos escritores han ido a “la Prepa” dentro del programa Ecos de la FIL, que cada noviembre lleva a los institutos de Jalisco un buen puñado de autores de entre los que acuden a la feria del libro.

Pero la sorpresa no es el aplauso. La sorpresa es el danzón que 18 estudiantes han ensayado para Zurita (Santiago de Chile, 1950). “Esto no lo voy a olvidar en la vida”, dijo, emocionado, el autor de Purgatorio tratando de conciliar su párkinson con el micrófono ya en el aula de audiovisuales en la que le esperaba otra tanda de adolescentes. “Soy alguien con un oficio que es una obsesión y para la cual no hay escuela”, lanzó antes de relatar el hecho que lo convirtió en poeta cuando era estudiante de ingeniería: el golpe de Estado de Pinochet el 11 de septiembre de 1973, que dio con sus huesos en un barco-prisión: “Lo único que me impedía enloquecer era imaginar llanuras, cordilleras, versos escritos en el cielo…”
Para el escritor, uno de los maestros de la poesía chilena actual, lo importante era mantener la mente en libertad. “Eso ya es ser el artista más grande de la creación”, añadió ante la expectación de los estudiantes. “Algunos pintarán los murales de Orozco y otros solo los imaginarán, pero los dos serán artistas”, dijo en referencia a la serie que el muralista mexicano pintó en el antiguo hospicio de la ciudad.
Si alguien pensaba que el discurso del poeta era elevado no tenía más que esperar a las preguntas de los estudiantes, todas ellas de alto voltaje: ¿Qué significa la esperanza? ¿Qué es el amor a la vida? ¿De qué se arrepiente? ¿Hay que sufrir una experiencia traumática para ser escritor? “Rotundamente no. No está decretado por ningún dios que el sufrimiento sea natural”, respondió a esta última antes de pasar a las preguntas fáciles. La de un muchacho interesado en saber si escribía a mano: “Me gustaba. Luego no pude y aprendí con la computadora. Ahora apenas puedo tipear y voy a tener que acostumbrarme a dictar”. También la de alguien que había tomado nota de la referencia a la Divina Comedia apuntada por el profesor que presentó al poeta: “Mi abuela, que era italiana, tenía nostalgia y me contaba cuentos del infierno. Creo que empecé a escribir no por intelectual sino para volver a oír la voz de mi abuela”. Cuando le preguntaron si había logrado en la vida lo que quería, Zurita respondió: “Me conformó con dejar una marca. Puede que un día alguno de ustedes se acuerde del día en que un poeta vino a su escuela. Y se preguntará: ¿era chileno o argentino?”.





La escritora Margarita García Robayo en una escuela de Guadalajara.ampliar foto
La escritora Margarita García Robayo en una escuela de Guadalajara. GONZALO GARCÍA


A la hora en que Raúl Zurita terminaba su intervención en la Preparatoria 6, una escritora se disponía a empezar la suya ante otro grupo de adolescentes en el otro extremo de Guadalajara. Margarita García Robayo (Cartagena de Indias, 1980), que llegó a la escuela Tonalá Norte desde el aeropuerto mochila en mano. El profesor Harold Escobedo define su escuela como “un oasis en un lugar marginal”. Antes de llegar se pasa una cancha de fútbol reseca. Pero la escuela tiene una de césped sintético. Escobedo dice que combaten problemas como los embarazos o el consumo de crystal meth.
Los alumnos de la Tonalá recibieron a la novelista en un auditorio pulcro y con el aire acondicionado más ajustado para una novelista del Mar Báltico que para una del Caribe –si bien la autora de Cosas peores (Seix Barral, Premio Casa de las Américas 2014) y de Lo que no aprendí (Malpaso) lleva diez años en Argentina–. La escritora se acomodó en una butaca junto a una estatuilla del Quijote que no la ablandó a la hora de criticar la clásica imposición escolar de leer a los clásicos. “Creo que la lectura no tiene que venir forzada por el canon sino porque te dé placer leer”. Y un chico preguntó: “¿Qué es canon?”.
Canon no es la biblioteca de los padres de García Robayo. Ella se aficionó a leer rebuscando en las estanterías de su casa, un corpus que ofrecía desde obras de espiritismo a novelas de Corín Tellado y que se fue zampando tumbada en cama bajo el ventilador de su cuarto.
La temperatura no es inocente. La alumna Ana Casillas, de 17 años, comentaba después de la charla que el clima tiene “culpa” de que los mexicanos lean poco. “Todo el tiempo puedes estar en la calle. En los países que llueve, la gente lee”. Sin embargo ella está leyendo El retrato de Dorian Gray de Óscar Wilde. Daniel Saldate, de 18, cuenta que lo suyo es el monopatín, pero también lee. Aunque sus padres son fieles católicos, él avanza en la lectura de El Anticristo de Nietzsche.
La escritora les contó que se hizo escritora al mudarse de su país. En términos ambientales: al separarse del calor de la familia. “La distancia te enfría la mirada, y puedes escribir sin sentir que estás cometiendo un atentado contra tu entorno”. Les dio un consejo para escribir aplicable a todo en la vida, “Lo primero que hay que hacer es mandarte, tirarte al agua”, y repitió que en su formación fue fundamental el escritor mexicano José Emilio Pacheco. En el “oasis” de Tonalá, Margarita García Robayo homenajeó al creador de Las batallas en el desierto.