William Trevor
La hija de la modista
Cahal roció con WD-40 el único tornillo que se resistía a su llave inglesa. Todos los demás habían salido con relativa facilidad, pero éste había quedado incrustado por el óxido y el tubo de escape colgaba de él. Había intentado desprenderlo a martillazos y forzar el tubo a uno y otro lado con la esperanza de que algo cediese, todo en vano. A las cinco y media, le había dicho a Heslin, y a esa hora el condenado coche no estaría listo.

