| Mario Muchnik Foto de Luis Rubio |
CENAR CON MARIO MUCHNIK
UN GRAN EDITOR HABLA DE SUS AUTORES A LA HORA DE LA CENA. ¿ES CIERTO QUE LOS INTELECTUALES COMEN SIEMPRE EGOS REVUELTOS? ¿QUÉ IMPORTANCIA TIENE LA COCINA EN LA VIDA DE UN EDITOR? CONVERSACIÓN CON MARIO MUCHNIK A PROPÓSITO DE OFICIO EDITOR, SU LIBRO DE MEMORIAS.
"Es que tú hablas mucho, Mario”, le dijo Carmen Balcells, “no es posible que todos tus autores sean tus amigos”. Y le acusó poco menos que de name dropping, de citar nombres prestigiosos para impresionar. Y Muchnik, honrado editor (50 años de oficio) y antiguo físico –de ahí que le gusten las pruebas, las demostraciones–, escribió Lo peor no son los autores para zanjar ese pequeño desafío. Ese libro, sus primeras memorias, reúne las anécdotas de décadas y décadas en las que fue sumando amigos gracias a su trabajo editorial. Verdaderas amistades: ¿cómo, si no, iba a pasar Cortázar con los Muchnik buena parte del último verano de su vida, o iba a llorar Susan Sontag delante de él en un desayuno en Nueva York, esa escritora conocida por su dureza? Sontag, que hablaba de la enfermedad con brillantez, lloró oyendo a Muchnik relatar la historia de De parte de la princesa muerta de Kenize Mourad, que él acababa de publicar. Y, de no haber sido amigos, ¿se hubiera cabreado Italo Calvino con su hija, todavía pequeñita, delante de Mario y su mujer Nicole, porque no quería comer una tortilla en unas vacaciones que pasaron juntos en Túnez?