viernes, 28 de diciembre de 2018

Ordesa, de Manuel Vilas / El mejor libro de 2018








Manuel Vilas, en una presentación de 'Ordesa' en enero.
Manuel Vilas, en una presentación de 'Ordesa' en enero. KIKE PARA

‘Ordesa’: el mejor libro de 2018

La obra de Manuel Vilas llegó a las librerías cabalgando sobre una ola de espuma que al retirarse la dejó en la orilla


Juan José Millas
14 de diciembre de 2018

Ordesa es el resultado de una hazaña verbal en la que las oraciones gramaticales se despliegan ante los ojos del lector al modo de un grupo de fuerzas especiales dispuestas a conquistar un nido de ametralladoras. Por nido de ametralladoras entendemos los lugares comunes que podrían haber arruinado sus páginas al acometer Vilas la historia de una familia estándar en la España de los sesenta hacia delante, más o menos. Si al referir tramas originales la lengua nos arrastra de manera inclemente al tópico, ¿cómo defenderse de él al describir una familia normal en una ciudad de provincias homologada hasta el paroxismo? ¿Cómo no tropezar en vulgaridades costumbristas al relatar las aventuras y desventuras de un viajante de comercio, experto en telas, que va de un sitio a otro en busca de la sombra de un árbol bajo la que aparcar su Seat 1430, símbolo de una victoria textil en una España de alpargata? ¿Cómo no caer en sentimentalismos reglados al evocar los delirios de grandeza de la madre muerta, de un abuelo suicidado, de un tío incapaz de salir adelante, de la roña generalizada desde la que el narrador surge a la vida y al alcohol y al matrimonio y a la paternidad y a la literatura?

jueves, 27 de diciembre de 2018

Adueñarse de cruciales activos energéticos, el precio del rescate ruso de Maduro




“La única nevera que está llena en Venezuela es la de la morgue”

El sociólogo venezolano Tomás Páez, en un café de Bogotá. 

Tomás Páez Bravo

“La única nevera que está llena en Venezuela es la de la morgue”

El experto, coordinador de ‘La voz de la diáspora venezolana’, afirma que el fenómeno es la prueba viviente del fracaso del modelo del socialismo del siglo XXI


SANTIAGO TORRADO
Bogotá 4 OCT 2018 - 09:53 COT

“Venezuela tiene una nueva geografía”, proclama Tomás Páez Bravo, pues a sus 24 Estados tradicionales hay que sumarle las numerosas comunidades en el exterior. El sociólogo de origen canario reconoce que comenzó a trabajar sobre el fenómeno de la migración venezolana sin proponérselo. En el año 2013, buscó a 60 de sus alumnos de la Universidad Central de Venezuela que se habían afincado en España y comenzó a hacerles preguntas por curiosidad. Esa semilla terminó alumbrando La voz de la diáspora venezolana, un estudio que ya suma varias ediciones y también se ha traducido en un programa de radio semanal. Calcula que en el camino se ha reunido con al menos 5.000 de sus paisanos distribuidos por el mundo. Se ha convertido en una autoridad en el asunto. Ha sido invitado a hablar sobre el tema en Harvard, en el Parlamento Europeo y, estos días, en Bogotá: Colombia, el vecino que recibe la mayor parte del flujo migratorio, ya acoge cerca de un millón de venezolanos. “Esta es la oleada de la desesperanza”, sentencia.

miércoles, 26 de diciembre de 2018

Scarlett Johansson en Argentina

Scarlett Johansson

Scarlett Johansson protagoniza un escandaloso ataque de furia en Argentina


La actriz ha visitado el país junto a su novio, Colin Jost, y no pudo evitar perder los nervios contra un grupo de paparazzi.

Silvia Montes
26 de diciembre de 2018

Scarlett Johansson ha disfrutado estos últimos días de unas vacaciones en Argentina junto a su novio, el comediante de "Saturday Night Live" Colin Jost, en las que han aprovechado para relajarse y desconectar visitando algunos de sus lugares más turísticos y espectaculares. Sin embargo, la tranquilidad de la actriz se vio alterada por un grupo de paparazzi que le hizo perder los nervios y protagonizar un escandaloso ataque de furia que está traspasando fronteras.
La pareja puso pie en suelo argentino el pasado 18 de diciembre y no pudieron evitar que automáticamente se levantara un gran revuelo por su presencia.
Al principio en forma de rumores, por una fotografía en la que se les veía de espaldas a su llegada al aeropuerto Internacional de Ezeiza de Buenos Aires que no tardó en circular en las redes sociales y en convertirse en viral. Y al día siguiente como una confirmación gracias a otra imagen en la que aparece Scarlett Johansson en el restaurante "Las Pizarras" del barrio Palermo de la capital argentina posando junto a una de las cocineras.
Después de esto y según informa "Clarín", Scarlett Johansson y Colin Jost pusieron rumbo a El Calafate, en la región de la Patagonia, en un avión privado para disfrutar de un par de días de vacaciones. Allí, acompañados por personal de seguridad, contrataron una excursión exclusiva para recorrer las bondades del Glaciar Perito Moreno y también aprovecharon para navegar por los lagos Argentino y Frías y hacer una excursión a pie por los Bosques de Lengas para ver glaciares y una laguna cubierta de témpanos.
Todo iba bien hasta este lunes, cuando la pareja aterrizó en el aeropuerto Aeroparque de Buenos Aires y a Scarlett Johansson no le sentó nada bien ver que una decena de paparazzi estaba esperando su llegada. Tal y como señala "Clarín", la actriz entró en furia y pegó varios gritos mientras intentaba taparse la cara para que no la reconocieran.
Pero su enfado fue aún mayor cuando en su afán de escaparse, se llevó por delante una puerta de vidrio. El que no perdió la compostura fue su novio, que se mostró más relajado mientras se encargaba de llevar las maletas en un carrito.





Scarlett Johansson y un regreso enfurecido y a los golpes en Aeroparque http://dlvr.it/QvLWb4 



TIKITAKAS




Manuel Vilas / El crematorio



Manuel Vilas
EL CREMATORIO


Les pregunté por el horno a aquellos dos tipos,
era la noche del 18 de diciembre del año 2005,
carretera de Monzón, que no sabes dónde está Monzón,
es un pueblo perdido en el desierto.
Aires de tormenta en lo Alto, sobre la nada desnuda
como una recién casada, luna abajo de las carreteras muertas.
Monzón, Barbastro, mis sitios de siempre.
Me dejaron ver por la mirilla y allí estaba ya el ataúd ardiendo,
resquebrajándose, la madera del ataúd al rojo vivo.
El termómetro marcaba ochocientos grados.
Imaginé cómo estaría mi padre allí dentro de la caja.
Y la caja dentro del fuego y mi corazón dentro del terror.
Hasta las ganas de odiar me estaban abandonando.
Esas ganas que me habían mantenido vivo tantos años.
Y mis ganas de amar, ¿qué fue de ellas? ¿Lo sabes tú,
Señor de las grandes defunciones que conduces
a tus presos políticos a la insaciabilidad, a la perdurabilidad,
a la eternidad sin saciedad, oh, bastardo,
Tú me arrancas,
amor de Dios, oh, bastardo?
Recoge a ese hombre en mitad del desierto.
O no lo recojas, a mí qué puede importarme
tu presencia heladora en esta noche del borracho
que he sido y seré, contra ti, o a tu favor,
es lo mismo, qué grandeza, es lo mismo.
El principio y el final, lo mismo, qué grandeza.
El odio y el amor, lo mismo; el beso y la nalga,
lo mismo; el coito esplendoroso en mitad de la juventud
y la putrefacción y la decrepitud de la carne,
lo mismo es, qué grandeza.
El horno funciona con gasoil, dijo el hombre.
Y miramos la chimenea,
y como era de noche,
las llamas chocaban
contra un cielo frío de diciembre,
descampados de Monzón,
cerca de Barbastro, helando en los campos,
tres grados bajo cero,
esos campos con brujas y vampiros y seres como yo,
«allí sube todo», volvió a decir el hombre,
un hombre obeso y tranquilo,
mal abrigado pese a que estaba helando,
la espesa barriga casi al aire,
«dura dos o tres horas, depende del peso del difunto,
dijo difunto pero pensaba en fiambre o en saco de mierda,
antes hemos quemado a un señor de ciento veinte kilos,
y ha tardado un rato largo», dijo.
«Muy largo, me parece», añadió.
«Mi padre sólo pesaba setenta kilos», dije yo.
«Bueno, entonces costará mucho menos tiempo»,
dijo el hombre. El ataúd ya era pepitas de aire o humo.
Al día siguiente volvimos con mi hermano
y nos dieron la urna, habíamos elegido una barata,
se ve que las hay de hasta de seis mil euros,
eso dijo el hombre.
«Sólo somos esto», sentenció el hombre de una forma ritual,
con ánimo de convertirse en un ser humano, no sabiendo
ni él ni nosotros qué es un ser humano,
y me dio la urna guardada dentro de una bolsa azul.
Y yo pensé en él, en lo gordo que estaba, en cuánto tardaría él
en arder en su propio horno. Y como si me hubiera oído
dijo «mucho más que su padre» y sonrió agriamente.
Entonces yo le dije «el que tardaría una eternidad
en arder soy yo, porque mi corazón
es una piedra maciza y mi carne acero salvaje
y mi alma un volcán
de sangre a tres millones de grados,
yo rompería su horno con solo tocarlo,
créame, yo sería su ruina absoluta,
más le vale que no me muera por aquí cerca».
Por aquí cerca: descampados de Monzón,
caminos comarcales,
Barbastro a lo lejos, malas luces,
ya cuatro grados bajo cero.
Coja las cenizas de su padre, y márchese.
Sí, ya me voy, ojalá yo pudiera arder como ha ardido
mi padre, ojalá pudiera quemar
esta mano o lengua o hígado de Dios
que está dentro de mí,
esta vida de conciencia inextinguible
e irredimible;
la inextinción del mal y del bien,
que son lo mismo en Él.
La inextinción de lo que soy.
Ojalá su horno de ochocientos grados quemase lo que soy.
Quemase una carne de mil millones de grados inhumanos.
Ojalá existiera un fuego que extinguiese lo que soy.
Porque da igual que sea bueno o malo lo que soy.
Extinguir, extinguir, extinguir lo que soy, esa es la Gloria.
Coja las cenizas de su padre, y márchese.
No vuelva más por aquí, se lo ruego, rezaré
por su padre. Su padre era un buen hombre
y yo no sé qué es usted, no vuelva más por aquí.
Se lo ruego. Por favor, no me mire, por favor.
Tuvo un Seat 124 blanco, iba a Lérida,
visitaba a los sastres de Lérida y a los de Teruel,
comía con los sastres de Zaragoza,
pero ahora ya no hay sastres en ningún sitio,

dijo una voz.
Qué solo me he quedado, papá.
Qué voy a hacer ahora, papá.
Ya no verte nunca es ya no ver.
Dónde estás, ¿estás con Él?
Qué solo estoy yo, aquí, en la tierra.
Qué solo me he quedado, papá.
No me hagas reír, imbécil.
Oh, hijodeputa, has estado conmigo allí
donde yo estuve, sin moverte de las llamas.
He viajado mucho este año, mucho, mucho.
En todas las ciudades de la tierra, en sus hoteles memorables,
y también en los hoteles sucios y bien poco memorables,
en todas las calles, los barcos y los aviones,
en todas mis risas, allí estuviste, redondo
como la memoria trascendental, ecuménica y luminosa,
redondo como la misericordia, la compasión y la alegría,
redondo como el sol y la luna,
redondo como la gloria, el poder y la vida.
Manuel Vilas
Calor
Visor, 2008


Manuel Vilas es narrador y poeta. Ha publicado los libros de poemas: "El Cielo" (DVD Ediciones, 2000), "Resurrección" (Visor, XV Premio Internacional Jaime Gil de Biedma, 2005), "Calor" (Visor, VI Premio Fray Luis de León, 2008). Como narrador es autor del libro de relatos "Zeta" (DVD, 2002),de las novelas "Magia" (DVD, 2004), "España" (DVD, 2008) y "Aire Nuestro" (Alfaguara, 2009).

martes, 25 de diciembre de 2018

Triunfo Arciniegas / Breves apuntes sobre la dicha

Ilustración de Triunfo Arciniegas

Triunfo Arciniegas
Biografía

BREVES APUNTES SOBRE LA DICHA

Diciembre se parece a Facebook: una esquizofrenia de la felicidad.
La gente anda empeñada en mostrar la dicha, como convenciéndose de que todo está bien, y a menudo se gasta lo que no tiene. Es decir, se empeña.
¿Qué hay en FB? Fotos de gente bella y feliz, fotos de comidas exquisitas, fotos de lugares que fácilmente se confunden con el paraíso, fotos de parejas que se dicen cosas que deberían reservar para su propia intimidad, en fin, fotos de qué tan bien nos va en la vida. No está mal. Lo que digo es que es una de las caras de la vida. Lo que digo es que no basta con este narcisismo descarado.
FB se parece a esas estaciones de radio o esos programas en vivo de la tele donde todos se cagan de risa y todo mundo es bueno, perfecto, sano y feliz. Me gusta imaginarlos cuando cierran los micrófonos o apagan las cámaras. Vuelven los odios, la feroz competencia, las cuentas por pagar, los tratamientos médicos, el desamor, la soledad de los apartamentos, la depresión, cosas así. Pero durante horas han hecho creer en directo que la vida es otra cosa.
Nos deshacemos por dentro pero mostramos las muelas para la selfie. Hay días que son como para echarlos a los perros, pero hacemos creer que ni nos tocan. Nos avergonzamos del dolor y hasta pedimos perdón por la tristeza. La frustración nos habita, los sueños no cumplidos se acumulan como el polvo en una casa abandonada. A menudo eso somos, polvo y ceniza. Eso seremos finalmente.
La felicidad está sobrevalorada. La felicidad es un asunto de la publicidad, un engaño: gente que canta en el baño con determinada marca de jabón, que cree que Coca-Cola es la chispa de la vida, que Conavi quiere a la gente o Bancolombia le está poniendo el alma.
¿Es la felicidad el sentido de la vida, si acaso la vida tiene algún sentido? ¿Vale la pena correr tras un estado tan frágil y fugaz?
¿Y lo demás? ¿Y el dolor? Las ausencias, la gente que perdemos, las enfermedades y el implacable acoso de la muerte. La mezquindad de la gente, la ambición desmedida de la gente, los festejos de los asesinos. ¿Será por eso mismo que gritamos como locos, que nos embriagamos y decimos que nos queremos tanto?
Diciembre pasará, por suerte. Y poco a poco las aguas desbordadas retomarán sus tediosas orillas. Pero FB seguirá siendo el mismo falso paraíso.

25 de diciembre de 2018