El día triunfal
de Fernando Pessoa
«Quien lee deja de vivir. Haced ahora por hacerlo. Dejad de vivir, y leed ¿Qué es la vida?» (aprovecho una cita del propio Pessoa para introducir el siguiente poema):
«Quien lee deja de vivir. Haced ahora por hacerlo. Dejad de vivir, y leed ¿Qué es la vida?» (aprovecho una cita del propio Pessoa para introducir el siguiente poema):


Pero la gente cambia, ¿no? Ahora somos una cosa y luego otra. Incluso al que comenta que está cambiando el mundo, la hora en su reloj también le cambia, porque un reloj nunca es retrógrado. Las ciencias cambian que es una barbaridad, decía Don Hilarión y, sin embargo, muchos siguen creyendo en el concepto de escritor compacto, sin fisuras. Es como si no hubiera comenzado a difuminarse ese concepto de escritor de una sola pieza que desmitificó Pessoa al fraccionarse en una serie de personajes heterónimos. Qué estrategia, por cierto, tan hábil la suya: intérprete puntual de la crisis del sujeto moderno y de sus certezas, trasladó a su obra una otredad múltiple que atribuyó a su desorientación existencial.
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| Fernando Pessoa |
En 2007, luego de un par de años en Estados Unidos y tras terminar la tesis de doctorado, decidí tomarme un año sabático para leer y escribir a mi antojo. Venía de un periodo largo de mucho trabajo y en el que había leído, sobre todo, con fines académicos; en realidad, más que verdaderamente leer, “trabajaba con”, típica deformación del filólogo. Deseaba recuperar mi antigua libertad lectora, en la que leía voraz y desordenadamente lo que quería, sin ninguna obligación y sin ninguna presión, porque sí.
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| Fernando Pessoa según Sciammarella |

Esperó a que se fueran todos de la oficina; esperó a que ella se pusiera el abrigo y, turbada, se dirigiera a la puerta. Allí, contra el quicio, Pessoa se abalanzó y la besó ardientemente, como nunca había besado a una mujer. Como nunca besó a otra mujer. Aquella noche del 24 de enero de 1920 quedó grabada en la memoria de Ofélia, pero no tanto en la de Fernando. Ella tenía 19, él los 32: “Me quedé loco, me quedé tonto / Mis besos no vinieron a cuento. / La apreté contra mí, / La enlacé en mis brazos, / Me embriagué de abrazos, / Me quedé tonto, eso fue todo”, escribió el poeta.
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| José Lezama Lima |
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| Dibujo de Federico García Lorca |
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| Alejandra Pizarnik |
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| Manuscrito de Franz Kafka |
1. Diarios, Alejandra Pizarnik. Desde que se suicidara en 1972, Alejandra Pizarnik ha ido adquiriendo poco a poco natrualeza de mito y perfil de leyenda. Autora de culto, venerada por varias generaciones de lectroes, Pizarnik se cuenta ya entre las escritoras latinoamericanas más importantes del siglo XX. Su poesía -íntegramente publicada por Lumen- ha cosechado numerosos adeptos incondicionales, ha creado escuela y la ha hecho mundialmente famosa. Ana Becciu, máxima especilista en la obra de la poeta argentina, ha llevado a cabo una selección de diarios originales a fin de publicar lo más esencial del pensamiento literario de la autora. En definitiva, estos Diarios constituyen una fascinante autobiografía, sin duda uno de los textos memorialísticos más importantes del pasado siglo.

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| Fernando Pessoa |
