Los novelistas históricos son más parásitos que la mayoría de los escritores de ficción. Sus historias se basan en hechos comprobados, aprovechando y explotando las lagunas del registro histórico. En este sentido, escribir ficción histórica es similar a interpretar música. Ambas actividades dependen de equilibrar la fidelidad a las fuentes con la creación de adornos. Una interpretación demasiado libre podría llevarte a ser acusado de ignorar los hechos o de desviarte de la partitura; una interpretación demasiado limitada podría llevarte a escribir una biografía en lugar de ficción, reproduciendo mecánicamente una pieza musical en lugar de interpretarla.
