viernes, 31 de octubre de 2008

Lucía Rivadeneyra / Sorpresa


Lucía Rivadeneyra
Sorpresa
Desperté contigo
mojada
hasta las lágrimas.


Lucía Rivadeneyra
En cada cicatriz cabe la vida
Ediciones Casa Juan Pablos 
Instituto Michoacano de Cultura, Instituto Municipal de Cultura de Torreón. México, 1999, p 55




jueves, 30 de octubre de 2008

miércoles, 29 de octubre de 2008

Lucía Rivadeneyra / Dicen



Lucía Rivadeneyra
DICEN

Dicen que un buen baño
lo borra todo.

Yo tengo años de bañarme
                                     frotarme
                                     enrojecerme
y no he podido arrancarme
                                     tus manos.





martes, 28 de octubre de 2008

Lucía Rivadeneyira / Chequeo médico

Elena Vizersky
Lucía Rivadeneyra

Chequeo médico

Si ignoras el horror,
si quieres olvidarte de la vida
un rato, entra al hospital más próximo.
Y busca la zona de corta estancia.

Prohibido equivocarse, fumar, llorar a gritos.
Intérnate. El horror estará cerca.
Enférmate, y entonces
arrancarán tu ropa de colores
pesarán tus desmanes y tus dudas.

Escucharán, extraños seres, tu corazón.
Pincharán, sin piedad, todas tus venas.
Querrán de tu dulzura saber todo.

Contarán tus huesos a contraluz
Matarán tu pudor herido y gris

Recibirán completos tus deshechos.
Pondrán anestesia en tu memoria.
Despertarás en blanco
frente a un ramo de minutos muertos.

Todo bien, dirán en algún instante.
Si te puedes ir, no olvidarás nunca.




lunes, 27 de octubre de 2008

Lucía Rivadeneyra / Solidaridad


Lucía Rivadeneyra
SOLIDARIDAD
Le he tomado cariño al perchero
pues percibe con humildad
tu saco, tu camisa, tus pantalones.
Es mi cómplice más firme
porque cuida celoso tus ropas cuando me amas.
No te dice que las acaricio mientras duermes
ni que en sus ojales abrocho mis sueños.
El perchero sufre conmigo
si descuelgas tus prendas para irte
a caminar sin arrugas por las calles.



domingo, 26 de octubre de 2008

Lucía Rivadeneyra / Credo



Poema Credo, del libro En cada cicatriz cabe la vida
Premio Nacional de Poesía Enriqueta Ochoa 1998



Lucía Rivadeneyra
CREDO

El incendio empieza
cuando untado de palabras
te dejas venir
hacia mi cuerpo
palpas gimes sueñas
sólo entonces
creo en la
única
firmeza de tu vida
después
llegan los bomberos


Lucía Rivadeneyra
En cada cicatriz cabe la vida
Ediciones Casa Juan Pablos, 
Instituto Michoacano de Cultura, Instituto Municipal de Cultura de Torreón. México, 1999. 89 pp.




viernes, 24 de octubre de 2008

José Manuel Arango / Montañas / 3

José Manuel Arango
José Manuel Arango
MONTAÑAS / 3


1

Con el vaso en la mano, mirando las montañas,
le acaricio el lomo a mi perro.

Estas montañas nuestras
del interior,
casi olvidadas de tan familiares,
casi invisibles de tan vistas,
no es seguro siquiera que no sean
enseres en un sueño.

Estas montañas hoscas
que se adelgazan,
que se ensimisman en nosotros.

Ya sólo acaso una manera
de la voz,
del paso,
del gesto.

2

Me gusta acariciarlas siguiendo con los ojos
morosamente
sus líneas abruptas,
mientras en sus dorsos la luz
de modo imperceptible
va del verde al azul
al violeta.

Me gusta acariciarlas con los ojos,
como acaricio
el lomo de mi perro con la mano
libre.

José Manuel Arango
Montañas
Bogotá, Grupo Editorial Norma, 1995



jueves, 23 de octubre de 2008

José Manuel Arango / XLVIII

Scarlett Johansson
José Manuel Arango
XLVIII

por qué arduos países
en qué oscura guerra
sin saberlo

he combatido y triunfado
para tenerte

mientras tú
retirada en tu adolescencia
sorteando las pruebas de una soledad
esplendorosa

te preparabas para mí


José Manuel Arango
Signos
Medellín, Universidad de Antioquia, 1978



miércoles, 22 de octubre de 2008

José Manuel Arango / Dos poemas

Fall by Offering
José Manuel Arango
DOS POEMAS

I

los hombres se echan a las calles
para celebrar la llegada de la noche

un son de flauta entra delgado en el oído
y otra vez son las plazas lugares de fiesta

donde las niñas que cruzan con la espalda desnuda
las miradas de los cajeros adolescentes

repiten los movimientos de un antiguo baile
sagrado

y en la algarabía
de los vendedores de fruta
olvidados dioses hablan


II

repetido naufragio de los parques
en el anochecer

la hora en que cerrado
por el roce de un ala
sombría
el corazón desciende a frías moradas


José Manuel Arango
Este lugar de la noche
Medellín, Edición de autor, 1973



martes, 21 de octubre de 2008

José Manuel Arango / Escritura


José Manuel Arango
ESCRITURA

Marcar una moneda
con la uña,
hacerle con la uña una raya
y echarla a rodar por la ciudad

Tal vez la ciudad te la devuelva
y quizá traiga dos rasguños,
uno al lado del otro,
hermanos.

Agradecido la recibirías
en tu palma.

Poemas reunidos, 1997.


jueves, 16 de octubre de 2008

Víctor Rodríguez Núñez / Entrada


Víctor Rodríguez Núnez
ENTRADA

No sé por qué camino
pero he llegado aquí
Hasta este raro sitio
sin casas ni paisaje
Este lugar desnudo
de las piedras al alma
donde el mundo germina


Quizás también tú llegas
siguiendo ese camino
En esta vida harta
de aciertos y certezas
sólo el error nos une
La poesía es el reino
de los equivocados


Oración inconclusa, 2000

.

domingo, 12 de octubre de 2008

Luis Cernuda / Donde habite el olvido


Luis Cernuda
DONDE HABITE EL OLVIDO

Donde habite el olvido,
En los vastos jardines sin aurora;
Donde yo solo sea
Memoria de una piedra sepultada entre ortigas
Sobre la cual el viento escapa a sus insomnios.
Donde mi nombre deje
Al cuerpo que designa en brazos de los siglos,
Donde el deseo no exista.
En esa gran región donde el amor, ángel terrible,
No esconda como acero
En mi pecho su ala,
Sonriendo lleno de gracia aérea mientras crece el tormento.
Allá donde termine ese afán que exige un dueño a imagen suya,
Sometiendo a otra vida su vida,
Sin más horizonte que otros ojos frente a frente.
Donde penas y dichas no sean más que nombres,
Cielo y tierra nativos en torno de un recuerdo;
Donde al fin quede libre sin saberlo yo mismo,
Disuelto en niebla, ausencia,
Ausencia leve como carne de niño.
Allá, allá lejos;
Donde habite el olvido.



sábado, 11 de octubre de 2008

Luis Cernuda / Contigo


Luis Cernuda
CONTIGO
¿Mi tierra? 
Mi tierra eres tú. 

¿Mi gente? 
Mi gente eres tú. 

El destierro y la muerte 
para mi están adonde 
no estés tú. 

¿Y mi vida? 
Dime, mi vida, 
¿qué es, si no eres tú?




viernes, 10 de octubre de 2008

Cristina Peri Rossi / Oír a Bach


Cristina Peri Rossi
OÍR A BACH

Oír a Bach
es un insulto
si por mi puerta entran
los más diversos crímenes de la Historia
las más famosas infamias
la desgracia de mi madre
y este amor
que se cae como un espejo
tumbado por el viento.




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jueves, 9 de octubre de 2008

Cristina Peri Rossi / Afrodita

Crows
Nicoletta Ceccoli

Cristina Peri Rossi
Afrodita

Y está triste
como una silla abandonada
en la mitad del patio azul
Los pájaros la rodean
Cae una aguja
Las hojas resbalan
sin tocarla
     Y está triste
en mitad del patio
con la mirada baja
los pechos alicaídos
dos palomas tardas
Y un collar
sin perro
en la mano

          Como una silla vacía.



Cristina Peri Rossi, Diáspora, 1976




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miércoles, 8 de octubre de 2008

Cristina Peri Rossi / R.I.P.



Cristina Peri Rossi

R.I.P.

Ese amor murió
sucumbió
está muerto
aniquilado      fenecido
finiquitado
occiso               perecido
obliterado
muerto
sepultado
entonces,
                        ¿porqué late todavía?




Cristina Peri Rossi, Inmovilidad de los barcos, 1997



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martes, 7 de octubre de 2008

Cristina Peri Rossi / Tango


Cristina Peri Rossi

Tango

La ciudad no eras vos
No era tu confusión de lenguas
ni de sexos
No era el cerezo que florecía -blanco-
detrás del muro
como un mensaje de Oriente
No era tu casa
de múltiples amantes
y frágiles cerraduras

La ciudad era esta incertidumbre
la eterna pregunta -quién soy-
dicho de otro modo; quién sos.



Cristina Peri Rossi, Otra vez eros, 1994




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lunes, 6 de octubre de 2008

Cristina Peri Rossi / Aquella noche

Ilustración de Patrick Nagel

Cristina Peri Rossi
AQUELLA NOCHE

La noche en que nos conocimos
yo empecé a perder
La cerilla explotó
y me quemó los dedos
manché mi blusa con el vino
Olvidé por completo el nombre
del mes y del día

Tanta turbacióm
sólo podía ser la prueba
de un deseo muy grande

tan grande
que ni tú misma
podías satisfacer.





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domingo, 5 de octubre de 2008

Cristina Peri Rossi / Distancia justa

Ilustración de Patrick Nagel

Cristina Peri Rossi
DISTANCIA JUSTA

En el amor, y en el boxeo
todo es cuestión de distancia
Si te acercas demasiado me excito
me asusto
me obnubilo           digo tonterías
me echo a temblar
pero si estás lejos
sufro entristezco
me desvelo
y escribo poemas.



Cristina Peri Rossi, Otra vez eros, 1994




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El inquietante atractivo de la guerra

Generation kill


El inquietante atractivo de la guerra

'Generation kill' (Canal +) sigue los pasos de un comando de 'marines' en Irak



GUILLERMO ALTARES
Madrid 5 OCT 2008

Como ocurre cada vez con más frecuencia en Hollywood, la guerra de Irak todavía no cuenta con una gran película, con uno de esos filmes que consiguen que, incluso en la era de YouTube, llegue a confundirse lo real y lo imaginado; pero sí tiene una gran ficción televisiva: se llama Generation kill, sus autores son David Simon y Ed Burns, los creadores de The Wire, y la estrenará Canal + el 7 de octubre (21.30). A lo largo de siete episodios, la serie seguirá a una compañía de reconocimiento de marines estadounidenses durante la invasión de Irak y está labrada en la tradición del mejor cine de combate. De hecho, en algunos momentos aguanta la comparación con Hermanos de sangre, la miniserie sobre la II Guerra Mundial que produjeron Steven Spielberg y Tom Hanks.



La serie refleja la confusión de la batalla, el horror absoluto
Los soldados de la Compañía Bravo van hasta arriba de pastillas de cafeína





Generation kill (Generación matar) está basada en el libro del mismo título del reportero Evan Wright, empotrado con los marines durante los dos primeros meses de la guerra, que comenzó el 20 de marzo de 2003. Ni el libro ni la serie ocultan ningún detalle por desagradable que sea -niños muertos a tiros en controles en los que se dispara contra todo lo que se mueve, bombardeos de aldeas en las que sólo hay civiles, mandos incompetentes- y muestran cómo las normas de enfrentamiento se van endureciendo conforme avanza la invasión. Los periodistas españoles sabemos, tras la muerte del cámara José Couso en el hotel Palestina de Bagdad, hasta qué punto el Ejército de EE UU disparaba contra objetivos claramente civiles.
Sin embargo, y en eso se parece a la obra maestra del reporterismo sobre Vietnam, Despachos de guerra, de Michael Herr, el espectador no puede evitar oleadas de simpatía por unos tíos que idolatran a la muerte, pero que se juegan la vida en los caminos polvorientos de una guerra absurda. Los soldados de la Compañía Bravo van puestos hasta arriba de pastillas de cafeína, tienen problemas de suministros, están obsesionados por encontrar el mejor momento para cagar, apenas cuentan con apoyo aéreo, reciben las emboscadas "como plegarias atendidas", son obscenos hasta la vergüenza ajena, comparan la guerra con el Grand Thef Auto o cualquier otro videojuego; pero son seres humanos, personajes de carne y hueso.
En el Bagdad de los saqueos, cuando un periodista compartía unas cervezas con soldados de EE UU, era frecuente que acabasen enseñándole los vídeos grabados durante su avance por la tierra de los dos ríos: y eran puro Generation kill. A veces retrataban el combate en medio de un ambiente de bromas de campamento de verano, otras eran escenas salvajes. Esta serie ha captado esa autenticidad, la guerra vista desde los ojos de una generación que, como escribe Evan Wright, refleja una "nación que se hundió desde el estado de gracia de Camelot (la Casa Blanca en la época de John Kennedy) hasta la vergüenza del Watergate, unos jóvenes que entraron en Irak con la idea de que las grandes mentiras son tan esenciales para el Estado como los impuestos".
Es una serie capaz de reflejar la pequeña historia de los soldados, la confusión de la batalla, el horror absoluto de la guerra, la locura de la violencia desatada, pero también la fascinación que todo aquello nos produce. Porque, como afirma un fotógrafo en el libro de Michael Herr: "¡Quitarle encanto a la guerra! Bueno, dime, ¿cómo coño vas a poder hacer eso?... No puedes quitarle atractivo a eso, es como intentar quitárselo al sexo o a los Rolling Stones". Cualquier muchacho de Generation kill subscribiría esta enloquecida declaración de principios.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 5 de octubre de 2008



sábado, 4 de octubre de 2008

Cristina Peri Rossi / Y el psiquiatra me preguntó

Fishingroom
Nicoletta Ceccoli

Cristina Peri Rossi
Y el psiquiatra me preguntó...

Y el psiquiatra me preguntó:
-¿A qué asocia el nombre de Alejandra?

-El dulce nombre de Alejandra
el olor de los pinos y cipreses
casas rojas castillos medioevales
una dama en el umbral
muebles púrpuras
la prodigiosa simetría de los parques
una hoja siempre en blanco
delante del ojo que acaricia
la falta de sonido
las lilas de los muros
un dolor enfermizo por casi todo
el muelle gris
las cosas que sólo existen en jardines
para decir cuyos nombres
es necesario empezar por Alejandra
la antigüedad de algunas piedras
respiración entrecortada
la dificultad
para hacer amigos,
en fin, medianoches fatales
en que todo nos falta
especialmente
un amigo
una amiga
inolvidables.



Cristina Peri Rossi, Diáspora, 1976



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viernes, 3 de octubre de 2008

Cristina Peri Rossi / Reminiscencia

Inconnu 01
Laurent Fièvre

Cristina Peri Rossi

Reminiscencia

No podía dejar de amarla porque el olvido no existe
y la memoria es modificación, de manera que sin querer
amaba las distintas formas bajo las cuales ella aparecía
en sucesivas transformaciones y tenía nostalgia de todos los lugares
en los cuales jamás habíamos estado, y la deseaba en los parques
donde nunca la deseé y moría de reminiscencias por las cosas
que ya no conoceríamos y eran tan violentas e inolvidables
como las pocas cosas que habíamos conocido.




Cristina Peri Rossi, Diáspora, 1976



jueves, 2 de octubre de 2008

Cristina Peri Rossi / Escorado


Cristina Peri Rossi
Escorado

Mirándola dormir
dejé que el barco se inclinara
lentamente hacia un costado
precisamente el costado
sobre el que ella dormía
apoyando apenas la mejilla izquierda
el ojo azul
la pena negra de los sueños
y por verla dormir
me olvidé de maniobrar
pensando en las palabras de un poema
que todavía no se ha escrito
y por ello
era el mejor de todos los poemas
tan sereno
tan sutil como su piel de mujer casi dormida
casi despierta,
tan perfecto como su presencia inaccesible
sobre la cama,
proximidad engañosa de contemplarla
como si realmente pudiera poseerla
allá en una zona transparente
donde no llegan las sílabas orando
ni el clamor de las miradas
que quieren acercarse
en la falsa hipócrita intimidad de los sueños.



Cristina Peri Rossi, Descripción de un naufragio, 1974



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miércoles, 1 de octubre de 2008

Francisco Hernández / Radiografía



Francisco Hernández
RADIOGRAFÍA

este poema huele a esperma
a sudor de negra
a pantalón traído de la tintorería:
al amanecer
sabe a vodka con hielo
a camarón gigante
o simplemente a madres.
es más ligero que el sexo de una hormiga
pero no se puede amplificar
ni humedecer
dada su calidad de combustible