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viernes, 15 de mayo de 2026

Tomás González / “Es posible, hasta muy entrada la muerte, mantener el sentido del humor”

 

Tomás González en su casa de El Peñol en Antioquia, Colombia.SANTIAGO MESA

Tomás González: “Es posible, hasta muy entrada la muerte, mantener el sentido del humor”

El novelista colombiano publicó recientemente un libro de ensayos que repasa las experiencias y emociones que inspiraron su obra literaria. Recibe a EL PAÍS en su refugio: un pequeño bote donde vive felizmente aislado de las noticias y las ferias literarias.

Tomás González / El escritor del silencio


Tomás González


Tomás González (Medellín, 1950) comenzó su carrera literaria a principios de la década de los setenta. Estudió Filosofía en la Universidad Nacional de Colombia. Escribe cuentos, novela y poesía. Después de trabajar casi dieciséis años en Nueva York, regresó a Colombia en 2002 y hoy vive en Chía, municipio cercano a Bogotá. Ha publicado: “Primero estaba el mar” (1983), “Para antes del olvido” (Premio Nacional de Novela Plaza & Janés, 1987), “El rey del Honka-Monka” (Cuentos, 1994), “La historia de Horacio” (1997), “Manglares” (Poesía, 1997) y “Los caballitos del diablo” (2003). Su obra está siendo traducida al alemán.

Jerónimo Duarte / La dos violencias de Tomás González



Jerónimo Duarte

Las dos violencias de Tomás González


Revista Arcadia
8 de diciembre de 2010

“Leýendolo, tuve la sensación de que era muy puro”. 

Elfriede Jelinek 

Premio Nobel de Literatura


La oferta editorial de novedades sobre el secuestro está a reventar. Pocos días después de regresar a la libertad, los antes rehenes hacen público su drama bajo el sello de una marca que garantiza éxitos de distribución y ventas, y que contribuye, de manera loable (creo), al proceso catártico de las víctimas. Los ejemplos son numerosos; los títulos, más que evidentes (tenemos desde Secuestrada de Leszli Kalli, hasta Siete años secuestrado por las Farc de Luis E. Pérez y Cautiva de Clara Rojas). También hay altas dosis de romance (Íngrid y yo, una libertad agridulce y Amores que el secuestro mata son ejemplo de ello) y de acción (El trapecista, del ex canciller Araújo, y Mi viaje hacia la libertad, del ya famoso John Frank Pinchao). Incluso contamos con nuestra propia mirada extranjera del asunto bajo el título de Out of captivity, el texto publicado por Marc Gonsalves, Tom Howes y Keith Stansell, los norteamericanos que compartieron varios días de suplicio con Íngrid Betancourt.

domingo, 3 de mayo de 2026

La llamada de… Tomás González


La llamada de… Tomás González

Tomás González / Foto de  Camilo Rozo


La llamada de… Tomás González


Álvaro Colomer sigue indagando en el mito fundacional oculto en la biografía de los escritores, es decir, desvelando el origen de sus vocaciones, el germen de su despertar al mundo de las letras, el momento exacto en que sintieron la llamada no precisamente de Dios, sino de algo todavía más complejo: la literatura.

***

Tomás González se hizo escritor durante las sobremesas de su infancia, cuando los diez miembros de su familia, padres incluidos, pasaban las tardes conversando sobre política, fútbol y cotilleos del barrio, sobre perros, gatos y hasta de alguna vaca, sobre universidades, exámenes y planes de estudio, sobre películas, exposiciones y, cómo no, buenos libros. En aquella casa todos tenían una biblioteca personal, por escuálida que ésta fuera; en la del pequeño Tomás destacaban los títulos de Julio Verne y Daniel Defoe. En las conversaciones familiares, pues, se hablaba de literatura con la misma naturalidad que del resto de asuntos. En una ocasión, por ejemplo, diseccionaron durante horas la personalidad del muy sufrido Raskolnikov, hasta que en cierto momento, cuando todos habían dicho la suya respecto al protagonista de Crimen y castigo, alguien comentó que Genoveva, la gata gris que vivía en el vecindario, había tenido nueve gatitos, todos de idéntico color. Los dos temas, el dostoievskiano y el reproductivo, fueron celebrados con la misma pasión; la literatura y la vida, en aquella casa, comprendidas como  unidad.

domingo, 1 de marzo de 2026

Tomás González / Zarzal



Tomás González
Zarzal

De todo lo que fue la vida en esos días,
de todo lo vivido en aquel valle
al pie de las altas cordilleras
sólo quedan las formas generales: lo demás
lo doy por ido.
Seguramente allá están las montañas,
el viento puntual
y el mismo valle.
Pero todo lo que estaba allí y que era mío
se ha deshecho, ha fluido,
como nubes ha sido reemplazado
y ya ni siquiera se puede decir que sea lejano.
Por eso hoy,
si el invierno llega otra vez con nieves
ciegas, si he bebido, si por algún motivo
me encuentro ensombrecido
llego a sentir que nunca estuve allí, que nada vi,
que las garzas, el Cauca y las acacias
no salieron nunca del pantano.





sábado, 27 de diciembre de 2025

Los mejores libros del siglo XXI

Cormac McCarthy

LOS MEJORES LIBROS DEL SIGLO XXI

En cinco días se cumple el primer cuarto del siglo XXI y son inevitables los balances. Esta es la lista de los mejores libros del siglo en español hasta el momento. De algunos de los mejores, por supuesto. Cada quien hace su propia lista. 

miércoles, 20 de agosto de 2025

Tomás González gana el Premio Iberoamericano de Narrativa Manuel Rojas


Tomás González en Antioquia, Colombia.

Tomás González gana el Premio Iberoamericano de Narrativa Manuel Rojas

El autor de ‘La luz difícil’ es el primer colombiano en recibir el reconocimiento que desde 2012 otorga el Ministerio de las Culturas de 


Santiago Torrado
SANTIAGO TORRADO
Bogotá - 08 AGO 2025 - 18:12 


El colombiano Tomás González (Medellín, 75 años) ha ganado el Premio Iberoamericano de Narrativa Manuel Rojas, que otorga el Ministerio de las Culturas de Chile como reconocimiento a la trayectoria destacada de un autor cuya obra sea considerada un aporte notable al diálogo cultural y artístico de Iberoamérica. El celebrado autor de La luz difícil (2011) o El fin del océano pacífico (2020) es el primer escritor de su país en recibir un reconocimiento que se entrega desde 2012, y que en anteriores ediciones ha recaído en los argentinos Mempo Giardinelli o Ricardo Piglia, los mexicanos Juan Villoro o Margo Glantz, el brasileño Rubem Fonseca o el chileno Alejandro Zambra.

miércoles, 12 de febrero de 2025

Tomás González / El secreto




Foto de Peter Schultze-Kraft


Tomás González 
EL SECRETO MEJOR GUARDADO
DE LA LITERATURA COLOMBIANA

El club de Tomás
Aunque el gran público casi no lo conoce todavía, existe un grupo de lectores entusiastas que desde hace algunos años se ha ido pasando de mano en mano cada una de sus obras.Aunque el gran público casi no lo conoce todavía, existe un grupo de lectores entusiastas que desde hace algunos años se ha ido pasando de mano en mano cada una de sus obras.

domingo, 15 de septiembre de 2024

Primero estaba el mar’, de Tomás González: somos partículas con proyectos imposibles

Tomás González

Retrato del autor Tomás González.CAMILO 


‘Primero estaba el mar’, de Tomás González: somos partículas con proyectos imposibles

Se reedita el libro del escritor colombiano, publicado originalmente en 1983, un texto exuberante en el tino con el que se elige cada palabra y nos adentra en una atmósfera cada vez más densa, alcohólica, alucinante, pestífera…


Marta Sanz

2 de septiembre de 2024

viernes, 26 de febrero de 2021

La explosión literaria del Pacífico / Una mirada distinta a Colombia





 

La explosión literaria del Pacífico: una mirada distinta a Colombia

Tomás González o Pilar Quintana muestran la riqueza de una realidad compleja y exuberante hasta ahora ignorada y que cuenta con una buena cantera de autores


Camila Osorio
México, 21 de febrero de 2021


El escritor colombiano Tomás González, en una imagen promocional de 2012.El escritor colombiano Tomás González, en una imagen promocional de 2012. Foto de JUAN CARLOS SIERRA 

La madre de Ignacio Gutiérrez —un radiólogo de buen humor que vive en Medellín— tiene 91 años y un deseo clave antes de morir: ver ballenas. Pero no cualquier tipo de ballenas, dice, sino “ballenas que subían del agua y no volvían a bajar”. La anciana quiere contemplar las ballenas jorobadas que viajan todos los años desde el mar helado en el sur de Chile hasta aguas más cálidas en la costa pacífica colombiana. “Podría haber sido el final de mi mamá”, piensa Ignacio sobre la travesía de su familia por la densa selva del litoral pacífico colombiano, una de las esquinas más biodiversas del mundo. Una selva “hermosa e inhumana”, según Ignacio, el narrador en El fin del Oceáno Pacífico (Seix Barral), la nueva novela del escritor colombiano Tomás González (Medellín, 70 años). “Todos estábamos de acuerdo en que lo más importante era que mi mamá alcanzara a ver las ballenas, pasara lo que pasara”, escribe González en el libro.

lunes, 9 de mayo de 2016

Tomás González / La luz difìcil / Un canto a la vida y a la muerte



Tomás González entona en "La luz difícil" 
un canto a la vida y a la muerte

Por Mercedes Bermejo
WVEN News
March 17, 2012. 08:17 AM


Madrid, 17 mar (EFE).- Convencido de que la vida "no tiene propósito ulterior", el colombiano Tomás González hace en "La luz difícil", novela con la que se presenta en España, un estudio de la aflicción sirviéndose de un padre que vive la muerte anunciada de uno de sus hijos, que marcará a toda la familia.

Tomás González / La memoria inventada



Tomás González
LA MEMORIA INVENTADA

En la obra de Tomás González, la distancia que separa la realidad de la ficción se disuelve y algunos personajes acaban por reemplazar a quienes los inspiraron. En esta entrevista para El Malpensante el autor ahonda en los dos universos.


Por John Galán Casanova
El Malpensante No. 122
Agosto de 2011





…a veces no sé si veo lo que veo, o lo formo, o recuerdo, 
o imagino.

Tomás González
La luz difìcil


Seis novelas, siete cuentos y noventa poemas conforman la obra publicada hasta el momento por el escritor Tomás González (Medellín, 1950).

El viaje emprendido desde Envigado al Golfo de Urabá por Elena y J., protagonistas de Primero estaba el mar, su primera novela, es una de esas historias que por su diáfana y trágica hondura se convierten en punto de referencia para sucesivas generaciones de lectores.


En 1983, poco antes de que sus amigos de El Goce Pagano publicaran el libro en Bogotá, Tomás viajó con su mujer y su hijo a Estados Unidos, donde residirían durante casi veinte años. La lejanía lo impulsó a escribir las novelas Para antes del olvido (1987), La historia de Horacio (2000) y Los caballitos del diablo (2003). En todas ellas un entramado de entrañables personajes reitera rasgos de la cultura paisa como el apego a lo rural, la férrea unidad de familias muy numerosas, la presencia dominante del “mujererío”, el culto al licor, los embates de la violencia, la irónica y no siempre armoniosa coexistencia de genios para los negocios con figuras más bien desentendidas del lucro.

domingo, 8 de mayo de 2016

Tomás González / La luz pareja

Tomás González
Bogotá, 2012
Fotografía de Triunfo Arciniegas

Tomás González

La luz pareja


Por Carolina Sanín
El Espectador, 10 de septiembre de 2011

Leí la nueva novela de Tomás González, La luz difícil, entre anoche y esta mañana. No "me la devoré", como se dice, pues esa escritura me deslumbraba y podía devorarme a mí.

martes, 12 de abril de 2016

Tomás González / La luz difícil / Reseña de Alejandro Zambra



Tomás González

LA LUZ DIFÍCIL

Por Alejandro Zambra


Los colombianos cambian el tono cuando hablan de Tomás González. Recuerdo hace algunos años, en una visita a Bogotá, a una joven lectora que, con ese talento para la parodia que solo tenemos cuando hablamos de nuestros compatriotas, destruyó en una hora y media a todos los escritores colombianos que yo conocía y admiraba. Gracias, le dije bromeando, mientras pedíamos otra aguardiente: ya no tengo que leer a ningún colombiano más. Me miró sorprendida, tal vez consciente de que había exagerado, y entonces me dijo sí, tienes que leer a Tomás González, y yo anoté el nombre en un papel que se me perdió, pero el nombre volvió a aparecer en todas las conversaciones que luego tuve con otros bogotanos, que no aguantaban las ganas de disertar sobre la muy discutible pero para ellos tan evidente (y alarmante) crisis de la literatura colombiana, y sin embargo al final cambiaban la voz y me recomendaban, con esa seriedad conmovedora que tienen los colombianos cuando dicen algo que realmente les importa, que leyera a Tomás González.

martes, 26 de junio de 2012

Granta / La narrativa colombiana se cortó el rabo de cerdo



La narrativa colombiana 

se cortó el rabo de cerdo

Poco conocidos pero con gran proyección: doce escritores elegidos por la revista 'Granta'

La versión en español de la revista inglesa reúne a escritores de cuatro décadas

Incluye textos inéditos de los elegidos y de otros otros escritores internacionales















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Viñeta de 'El viaje', de Paola Gaviria.

Las categorías literarias están para revelarse inoperantes y entre generaciones, manifiestos y bums, la idea del parricidio ha sido recurrente en la narrativa, incluida la colombiana. No han faltado ‑ni faltan‑ autores con varias horas pendientes en el diván, pero la más reciente edición de la revista  Granta en español muestra que desde los contemporáneos de García Márquez hasta los nacidos en los 70 hay un buen número de escritores sin complejos que no necesitaron renegar del paternal realismo mágico. En el Olimpo están los semidioses y en la tierra todos los mortales ya conocieron el hielo.
Colombia. Sus armas ocultas es el nombre de la Granta número 12, dedicada a brindar un panorama complejo de la ficción que se está escribiendo en Colombia: desde Nicolas Suescún (nacido en 1937) hasta Paola Gaviria y Andrés Felipe Solano (de 1977).
Aunque la intención del número es establecer un diálogo antes que una antología, la elección de doce nombres colombianos que representan cuatro décadas muy distintas no puede pasar por debajo de la mesa y deja en el aire la cuestión de las ausencias. Fueron seis meses de lecturas, recomendaciones y consejos para llegar a estas armas ocultas, que en efecto comparten espacio con siete escritores internacionales: Louis de Bernières, Lydia Davis, Aleksandar Hemon, Alice Munro, Julie Otsuka, Majo Ramírez y el difunto corresponsal de The New York TimesAnthony Shadid. Los editores de la revista, Valerie Miles y Aurelio Major, tomaron el título del poema “Batallas hubo” de Álvaro Mutis: “el tiempo, en fin, con sus armas ocultas. / Nada nuevo.”, idea que define el carácter soterrado de la lectura que proponen.

Nicolás Suescún, Fanny Buitrago, Ricardo Cano Gaviria, Jaime Manrique, Tomás González, Nayla Chehade, Eduardo García Aguilar, Louis de Bernières, Evelio Rosero, Carolina Sanín, Juan David Correa, Andrés Felipe Solano y Paola Gaviria son los elegidos
Entre los doce elegidos no hay ascensiones al cielo ni narcotráfico y es ahí donde la propuesta transversal de Major y Miles merece un aparte: los relatos podrán gustar más o menos, pero todos configuran una narrativa de proyección internacional que ojalá convoque curiosidad entre otros editores, como ya ocurrió con la selección de los 22 autores jóvenes latinoamericanos y españoles, de hace año y medio, hecha por la misma revista.
Tomás González (1950) y Evelio Rosero (1958) pueden considerarse los de mayor prospección. El primero acaba de publicar en España La luz difícil, (Alfaguara), si bien había tenido una tímida presencia iberoamericana con Norma. Sus grandes momentos narrativos están hechos de supresión de elementos y ese carácter silencioso se refleja en los cuentos inéditos de Granta: “El lejano amor de los extraños” y “Nostalgia por el mar ya visto”.
Del otro lado, Rosero ganó en 2007 el II Premio Tusquets de Novela con Los ejércitos, título que puede dialogar en igualdad de condiciones con cualquier clásico contemporáneo de la literatura iberoamericana. Este año publicó La carroza de Bolívar (Tusquets), y aunque el cuento “Como nunca en la vida” es de 1991, muestra la vigente habilidad del colombiano para relatar las tensiones tácitas en todas las relaciones que establecen hombres y mujeres. Dos escritores parcos en persona; comedidos y precisos en su obra.

Entre los doce elegidos no hay ascensiones al cielo ni narcotráfico y es ahí donde la propuesta transversal merece un aparte: los relatos podrán gustar más o menos, pero todos configuran una narrativa de proyección internacional que ojalá convoque curiosidad entre otros editores
Nicolás Suescún es el más cercano a la generación del boom en términos de edad y en “El predominio de la sensatez” habla de los tormentos de un político que trata de escribir sus memorias. Leerlo es asistir a una especie de monólogo indirecto, con una primera persona algo penosa similar a la de Fanny Buitrago (1945) en “Festejos en tu honor”, sobre la fama desgastada.
Aunque distintas formas de exilio están compartidas por los doce, Ricardo Cano Gaviria (1946), Jaime Manrique (1949), Eduardo García Aguilar (1953) y Nayla Chehade (1953) tienen la particularidad de haber vivido fuera del país tanto o más tiempo que adentro, por lo que incluso para los colombianos pueden parecer notas al margen de la literatura nacional. “Un león en la playa”, de Cano Gaviria, es el único sin nexos geográficos con Colombia, mientras que “Ifigenia colombiana”, de García Aguilar, es un buen ejemplo de cuánto cambia la rememoración de la infancia y la juventud cuando se hace desde otro lugar. Es el recuerdo de un episodio simbólico que reconstruye lo que somos, lejos del lugar donde estuvimos, como ocurre también en “Volver”, de Jaime Manrique, breve relato autobiográfico de su larga relación amorosa con un artista plástico.
El caso de Chehade merece un punto aparte, pues no ha publicado libro alguno en su país, pero “Ardiente es el paraíso” adelanta una novela y cuenta un episodio de la inmigración sirio-libanesa a la costa atlántica colombiana, el proceso de intercambio cultural más intenso que tuvo Colombia durante el siglo XX.
Aunque nacida en Quito, Paola Gaviria ‑nombre código: PowerPaola‑ es colombiana a casi todos los efectos y su “Km. 11” es la primera historia gráfica que publica Granta en español. Como ella, Carolina Sanín (1973), Juan David Correa (1976) y Andrés Felipe Solano, hacen parte de una generación nacida en los 70 que recientemente se ha abocado a escribir sobre su experiencia ante la violencia colombiana de los 80 y los 90, si bien entre los tres solo el relato de Correa, “Los cuerpos”, se mueve en ese contexto. En “Apocatástasis” Sanín hace un ejercicio metaliterario, bellatiniano, y en “Los hermanos Cuervo” Solano brinda otro adelanto de su segunda novela, muy esperada tras su inclusión en la Granta de los jóvenes narradores latinoamericanos.
Cuatro décadas de un país que no se compone solo de realismo mágico, doce escritores que se reconocen en esta lectura colectiva. Ni incesto, ni parricidio: las armas ocultas de Colombia están hechas de literatura.