sábado, 18 de diciembre de 2004

Jeanne Moreau / Mujeres solas

Jeanne Moreau

Jeanne Moreau

Mujeres solas

JESUS FERNÁNDEZ SANTOS
18 DIC 1976

Cuatro mujeres en torno a una piscina, charlan, cantan, se bañan, juegan. La historia de su encuentro comenzó tiempo atrás. Este encuentro, su relación amistosa o profesional, lo ha escrito, protagonizado y dirigido Jeanne Moreau monstruo sagrado y consagrado hoy camino del ocaso, en el cine del otro lado de los Pirineos.Tratándose de una actriz cuyo trabajo siempre se apoyó en muy peculiar tipo de personajes (recordemos al paso, tal como viene a la memoria, su excelente creación en el Diario de una doncella, de Buñuel), lo primero que llama la atención en este su primer filme como realizadora, es lo leve de su trama, lo superficial de las imágenes que nos ofrece en su visión del mundo del cine.




Lumière

Guión y dirección: Jeanne Moreau, Intérpretes: Jeanne Moureau, Francine Racette, Lucía Bosé y Caroline Cartier. Francia Color. Drama 1975. Local de estreno: Cine Infantas.

Tal visión no es aquí, como en otras películas, ese bulevardel crepúsculo, melancólico y sombrío en el que Gloria Swanson y E. von Stroheim se dejaban morir a golpes del más puro melodrama. No es tampoco una versión amable en torno al séptimo arte tal como la ofrecía en su Noche americana Truffaut, hace poco.
Se trata de un filme europeo y por lo tanto con pretensiones literarias que se evidencian de forma casi obsesiva sobre todo en los diálogos. Desde su título Lumiére, alusión a los inventores del cine, hasta sus citas de Bergman, la historia tiene siempre un tono vagamente narcisista muy común, por otra parte, a cierto tipo de cine francés de factura reciente.
Dado que, en realidad, se trata de una obra comercial, dedicada al público medio francés o amante de la cultura francesa, las imágenes eluden sistemáticamente cualquier impresión pecaminosa. Sobre tales pecados se pasa sin rozarlos siquiera, tal como debe ser tratándose de un filme burgués y, en cierto modo, romántico, cortado a la medida de su autora en el que se busca dar testimonio de unas vidas, de unos estados de ánimo más que de una acción con principio y desenlace al estilo clásico. Sucede, sin embargo, que tales momentos o estados de ánimo de estas cuatro mujeres, estrellas en ciernes o ya consagradas, vienen a resultar vulgares, no porque aparezcan sin interés o profundidad, sino porque sus dolores, alegrías y pequeñas tragedias tienen un aire tan leve y anodino como los hombres que en tomo a ellas giran y con ellas nos dicen que se acuestan.
De los cuatro personajes femeninos, el de Jeanne Moreau resulta, por supuesto, el más convincente, ante todo por razones obvias de categoría como intérprete. Lucía Bosé viene a hacer de señora García a la europea. Su francés resulta tan torpe como su castellano entre nosotros, y en lo que se refiere a Francine Racette y Carolina Cartier, rellenan con sus cuitas los tiempos muertos que la Moreau deja libre.
A pesar de tratarse de una historia entre mujeres no hay amor entre ellas, ni, por supuesto, grandes pasiones, sólo afán de acoplarse con sus hombres, entre copa y copa, entre divagación y divagación más o menos filosófica. La imagen del medio resulta más bien aburrida, quizás porque en el cine, como en el amor, lo que cuenta es hacerlo. Todo el resto, lo que hay antes o viene después, nace y camina por los pagos del tedio.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 18 de diciembre de 1976


viernes, 10 de diciembre de 2004

Margaret Atwood / 'La infancia es a veces un sueño, pero también puede ser una pesadilla'

Margaret Atwood

MARGARET ATWOOD 

'La infancia es a veces un sueño, pero también puede ser una pesadilla'


Xavier Moret
13 de diciembre de 2001


La novelista y poeta, que obtuvo el Premio Booker el año pasado con El asesino ciego, es una de las máximas representantes de la literatura canadiense. La novela se asoma al siglo XX a través de la historia de una familia. Una distopía que critica la sociedad actual y que fue escrita en parte en Madrid. Margaret Atwood 'La infancia es a veces un sueño, pero también puede ser una pesadilla'
Con El asesino ciego, novela galardonada con el Premio Booker del año 2000, la escritora canadiense Margaret Atwood (Ottawa, Canadá, 1939) ha dado un paso adelante en su ya de por sí exitosa carrera. Atwood, autora de novelas como Ojo de gato, El cuento de la criada y Alias Grace, ha construido en esta ocasión una novela de compleja estructura en la que se mezclan los recuerdos de Iris Chase -una anciana que cuenta la historia de su familia a lo largo del siglo XX, deteniéndose de modo especial en la relación con su difunta hermana Laura- con episodios escritos en registros tan distintos como la novela realista, la novela romántica o la ciencia-ficción. El asesino ciego es una de estas novelas que, en cuanto la terminas, te dan ganas de volverla a empezar, porque de algún modo te invade la sensación de que has estado inmerso en una maquinaria perfecta en la que todo acaba encajando para mayor gloria de la literatura.

'Me gusta detenerme en los detalles. Para conseguir una buena ambientación en una novela es imprescindible pararse en ellos'

RESPUESTA. Es como un conjunto de cajas chinas. Abres una caja y te encuentras otra, y así sucesivamente, hasta que llegas al corazón de la novela, que es la historia entre las hermanas Iris y Laura Chase. Todas las historias se complementan, incluso los recortes de prensa y la novela con toques de ciencia-ficción que se incluye en el libro. Es como un collageen el que cada tipo de representación es un desafío para las otras, pero del que al final se acaba obteniendo una imagen total. Hay distintos niveles que se van superponiendo hasta descubrir la verdad. En la novela se reconstruye la historia de una familia a lo largo del siglo, pero hay también una utopía negativa, una distopía, que fue una forma utilizada en el pasado por algunos escritores para criticar la sociedad actual. Tenemos los ejemplos de la Utopía de Tomás Moro; de Los viajes de Gulliver, de Swift; de 1984,de Orwell, o de Un mundo feliz, de Aldous Huxley. En El asesino ciego se incluye una distopía, pero está también la historia de los años treinta, con el paisaje de la Depresión y el auge de movimientos sociales como el fascismo, el comunismo, etcétera. Con la novela dentro de la novela de El asesino ciego se busca criticar esta sociedad por medio de una historia de un planeta inventado en el que hay también ricos, pobres y todo un sistema de clases sociales. Todo se complementa y todo ayuda a entender la historia de las hermanas Iris y Laura.
P. En el centro de la familia Chase, y de la novela, está la mansión familiar de Avilion, una imponente casa que parece sacada de una novela gótica.
R. Estas mansiones existen en todo el mundo. El tiempo pasa y la gente cambia, pero las grandes mansiones siguen allí, evocando el paso del tiempo. En Ontario hay una serie de pueblos en los que hay mansiones así. Ahora las han reconvertido en hoteles o en residencias para ancianos, pero nacieron como el sueño de algún empresario al que quizá la fortuna acabó por darle la espalda. Todas esas mansiones encierran una novela.
P. En la novela, a través de los recuerdos de Iris, abarca un largo periodo, casi un siglo.
R. He procurado que en la familia Chase se reflejen los hechos de una parte del siglo XX. La primera mitad, sobre todo, fue muy interesante, más que la segunda, en mi opinión. Hubo movimientos sociales, guerras, muchos cambios. La narradora de El asesino ciego, Iris Chase, es más o menos de la edad de mi madre y a lo largo de su vida ha visto los inicios de la radio, de los coches, del teléfono, de la bomba atómica.
P. He leído que su padre era entomólogo. ¿Viene de aquí su pasión por los detalles?
R. Es probable. Me gusta describir al detalle los árboles, las flores, la gente... Me gusta detenerme en los detalles. En inglés decimos: 'Dios está en los detalles'. Y es verdad. Yo creo que para conseguir una buena ambientación en una novela es imprescindible pararse en los detalles. En una escena puede haber una energía, pero para subrayarla hay que insistir en los detalles.
P. En esta novela, como ya hizo en Ojo de gato, muestra la complejidad de la relación entre dos hermanas, ya desde la infancia.
R. Las relaciones entre hermanos son siempre complejas, desde Caín y Abel. La infancia es a veces un sueño, pero también puede ser una pesadilla. De niño eres pequeño, vives en un país de gigantes y no tienes ningún poder. El mundo puede ser muy duro para los niños. Quizá ésta es la razón de que, en los cuentos, los héroes son seres pequeños que vencen a los monstruos, a los gigantes.
P. En El asesino ciego se insiste en que la verdad es esquiva.
R. Es casi imposible encontrarla. Siempre hay un mundo secreto, siempre hay algo detrás de las puertas cerradas. Esto es lo que me interesaba en mi novela, ir desvelando este algo que se oculta a lo largo del tiempo, acercarme a una verdad oculta tras las apariencias.
P. ¿Le costó encontrar el tono en las distintas partes de El asesino ciego?
R. Yo ya soy mayor y a lo largo de mi vida he podido leer muchas cosas raras (se ríe). De joven trabajé en una oficina de investigación de mercado y leía informes extraños. Con el tiempo aprendes a depurar el lenguaje. Cada nivel de El asesino ciego tiene un lenguaje distinto e incluso cada uno de los periódicos que cito en el libro está redactado de un modo distinto. La lengua tiene un amplio espectro de posibilidades.
P. Cita a Ryszard Kapuscinski al principio de la novela. ¿Le interesa este autor?
R. Es un gran escritor, sin duda. Quise poner una cita de su libro El Sha, porque habla de niños ciegos que explican historias. Me encanta cómo escribe Kapuscinski. Cuando estalla una guerra, todo el mundo quiere huir de ella, pero él viaja hacia allí y cuenta esa guerra mejor que nadie.
P. En El asesino ciego, la guerra civil española tiene una presencia destacada. ¿Por qué?
R. La guerra de España fue un símbolo para toda una generación. En Canadá hubo izquierdistas que lucharon en las Brigadas Internacionales y hay incluso un monumento en Ottawa dedicado a esa gente. Me interesó mucho lo que leí sobre esta guerra, sobre los complots y los anticomplots, sobre los ideales y las traiciones. De hecho, escribí parte de esta novela en Madrid, donde estuve unos meses en 1999. Un día fui a ver una exposición de fotos de Robert Capa sobre la guerra civil y me inspiró para el libro.
P. Hay momentos en los que la estructura del libro parece más propia de la música que de la literatura.
R. Ésta era una de mis ideas al escribir la novela. Sabía que sería difícil, pero me estimulaba a seguir adelante. La música, como la escritura, es un buen medidor del tiempo. Hay estructuras musicales muy interesantes, como las Variaciones Goldberg. Me gusta lo que hace la música de jugar con ecos, con repeticiones, me interesa lo de volver a un mismo tema con variaciones. En la estructura de El asesino ciego he tenido en cuenta esto y también he procurado jugar con los números. He escrito 93 pequeños capítulos en los que, al principio de la novela, los capítulos se suceden en el orden siguiente: narración de Iris, noticia de prensa y novela dentro de la novela. Al final, sin embargo, es al revés. Es algo así como una estructura musical, arquitectónica. Como un círculo que se cierra.
P. En cierto sentido, ¿puede leerse El asesino ciego como una muestra de la fuerza de la escritura para desentrañar la verdad?
R. La escritura es un misterio. Se crea una voz con una pluma o con un ordenador, y esta voz no es la realidad, pero es una ilusión con mucha fuerza. Cuando lees a Shakespeare, o Don Quijote, tienes la impresión de que el autor te está hablando directamente a ti. Es sorprendente la fuerza de la escritura.
P. Usted escribe poesía y novela. ¿Cree que se complementan de algún modo?
R. Escribir una novela supone para mí trabajar mucho durante varios años. Un poema, en cambio, produce una satisfacción inmediata. La novela es más racional, se compromete más con la sociedad. Un poema puede hacerlo a veces, pero no siempre es necesario. A mí me gusta alternar los dos. Cuando termino una novela necesito unas vacaciones, y las encuentro en la poesía. Y al revés. De vez en cuando es necesario encontrar vías de escape y alternando las dos es como lo consigo.
P. ¿Qué reacción tuvo al saber que había ganado el Premio Booker?
R. Me encantó recibirlo. Era la cuarta vez que una novela mía llegaba a la final y quizá debieron pensar: 'Es mejor que se lo demos ahora, antes de que se muera' (se ríe). De todos modos, no hay que tomarse los premios muy en serio. Existe la escritura y existen los premios y no siempre se corresponden.
P. ¿Es cierto que sus influencias vienen más de la novela francesa que de la inglesa?
R. Es posible. Tengo ya muchos años y he leído a muchos novelistas ingleses, pero me gustan los franceses del XIX: Flaubert, Zola, Maupassant... También los grandes rusos y algunos españoles, sobre todo Don Quijote y algunos latinoamericanos, como García Márquez y Vargas Llosa. Carlos Fuentes también me parece muy interesante. De entre los portugueses, me quedo con Saramago, aunque últimamente he descubierto a Pessoa y me encanta. Qué vida tan sorprendente la suya. Qué historia la de los heterónimos. En algunos momentos pienso que Iris Chase, el personaje de El asesino ciego, tiene algo de Pessoa.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 13 de diciembre de 2001





lunes, 8 de noviembre de 2004

Margaret Atwood gana el Premio Booker de literatura



Margaret Atwood gana el Premio Booker de literatura

The Blind Assassin, los recuerdos de una mujer octogenaria transportan al lector al final de la II Guerra Mundial

La autora canadiense, Margaret Atwood, obtuvo ayer el prestigioso premio Booker de literatura con The Blind Assassin, una "novela triste", según el presidente del jurado, el periodista Simon Jenkins. Los recuerdos de una mujer octogenaria transportan al lector al final de la II Guerra Mundial y a las trágicas experiencias de las dos únicas hijas de un industrial de Canadá. La trama se complica con incursiones en ciencia-ficción. El galardón se dió a conocer anoche durante una ceremonia de gala en el lujoso salón Guildhall, en la City de Londres. Además de un premio en metálico de 21.000 libras (unos 5.7 millones de pesetas), Atwood tiene aseguradas ventas millonarias para una novela de trama enrevesada que estuvo a punto de echar a la papelera. "Me esforcé durante meses. Había arrancado mal y por poco abandono esta novela. De repente dí con la persona correcta para contar la historia", dijo al conocer su candidatura, el pasado octubre.
Es la cuarta vez que esta popular autora, de filo femenista, accedía a las candidaturas del Booker, un galardón literario que valora la cosecha anual de autores de los países de la Commonwealth e Irlanda. Atwood perdió, entre otras edicciones, en 1989, cuando el jurado falló en favor de Kazuo Ishigoro y su best seller Lo que queda del día, trasladado al cine con Anthony Hopkins interpretando al pulido mayordomo. En esta ocasión, el autor de origen japonés, asentado desde niño en Gran Bretaña, se quedó entre los finalistas con su novela When we were orphans.
Del total de 120 obras presentadas a concurso por las propias editoriales, el jurado seleccionó seis que, como es costumbre del Booker, suscitaron controversia. Atwood e Ishigoro son quizá los más conocidos de una lista preliminar que incluye también a Brian O'Doherty y Michael Collins, irlandeses ubicados en EE UU, y los británicos Matthew Kneale y Trezza Azzopardi. Autores consagrados, como Julian Barnes, J G Ballard, Michael Ondaajte, y con obras publicadas este año, quedaron fuera de la criba del Booker 2000.
El carácter histórico y localizaciones foráneas enlazan la lista de las seis obras seleccionadas. Todas ellas se remontan al pasado y, salvo The Hiding Place, el debú de Azzopardi, sitúan la acción en territorios lejanos como Tazmania, Shangai y EE UU, y en la cotidiana en este evento, la isla de Irlanda. Atwood, presente en cuatro candidaturas desde 1986, era la gran favorita.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 8 de noviembre de 2000



sábado, 6 de noviembre de 2004

Margaret Atwood / "Las mujeres criminales resultan más llamativas que los hombres asesinos"


Margaret Atwood

MARGARET ATWOOD

"Las mujeres criminales resultan más llamativas que los hombres asesinos"


MIGUEL ÁNGEL VILLENA
Madrid 18 FEB 1999

Está convencida de que los asesinos siempre provocan una mezcla de repulsión y de atracción. Esta idea le ha servido a Margaret Atwood (Ottawa, 1939), una de las escritoras canadienses más prestigiosas, aunque poco conocida en España, para recrear la historia de Grace Marks, una joven sirvienta que estuvo involucrada en un famoso crimen ocurrido en Canadá a mediados del siglo XIX. "Las mujeres criminales resultan más llamativas que los hombres asesinos, porque sus casos son menos frecuentes", ha comentado recientemente Atwood durante una visita a Madrid para presentar su última novela, Alias Grace, publicada por Ediciones B.Al explicar por qué eligió una protagonista femenina para su narración, Margaret Atwood subraya que no había candidatos masculinos que la atrajeran tanto como Grace Marks, al tiempo que sostiene que le resultó más fácil contar esa historia desde el punto de vista de una mujer. "El concepto de inmoralidad, la ambigüedad de las conductas femeninas y la mirada de una sociedad hipócrita y represiva sobre la presunta asesina me brindaban un material literario mejor que en el caso de un hombre", señaló esta autora, una de las más populares tanto en Canadá como en Estados Unidos.
La peripecia de aquella sirvienta canadiense, implicada en el asesinato de su señor y del ama de llaves y recluida después en cárceles y manicomios, fascinó a Atwood, sobre todo por las miradas tan distintas que se proyectaron sobre Grace Marks.
Miradas subjetivas
"Creo", manifestó la escritora canadiense, "que la subjetividad de la mirada de los otros fue lo que más me interesó de aquel episodio. En la época en que ocurrieron los hechos narrados no sólo diferían las opiniones sobre el carácter de la criada, entre la bondad y la perversión, sino que algunas gentes la describían con colores de ojos distintos o con apariencias diferentes".
La novela no está centrada en desvelar, por tanto, la participación de la sirvienta en el crimen. Lo que vertebra la narración apunta al contraste de la experiencia de Grace Marks, tras salvarse de la horca, con los demás, y en especial con un médico psiquiatra que intenta ayudar a la joven. "La protagonista", cuenta Margaret Atwood, "se niega a desvelar el misterio porque sabe que, si cuenta la historia verdadera, esa confesión puede costarle la vida". Aunque rechaza el término feminista o el concepto de literatura de mujeres, lo bien cierto es que la mayoría de personajes de la literatura de Atwood son femeninos. Ha escrito narrativa, ensayo y poesía, pero la escritora canadiense no encuentra una explicación al hecho de que las mujeres occidentales lean mucha más novela, y los hombres, muchas más obras históricas o científicas. "Quizá", aventura, "los hombres tienen una cultura más visual y prefieren el cine o la televisión, mientras las lectoras prefieren la fabulación. La verdad es que no dispongo de una respuesta, si bien estoy persuadida de que las mujeres conocemos mejor a los hombres que a la inversa".
Declara la escritora canadiense que cada tema le dicta el género que ha de utilizar y añade que puede compaginar la elaboración de una novela con la redacción de un ensayo. "De cualquier modo", aclara, "escribir poesía exige una concentración tan fuerte que impide hacer otras cosas. Cuando estoy trabajando en un libro de poesía necesito concentrarme y abandonarme. En una palabra, no hacer nada".
Bilingüismo
Margaret Atwood ha impartido clases de inglés en diferentes universidades, ha residido en varios países europeos y ha sido presidenta de la Unión de Escritores de Canadá. Esta consagrada escritora, que recibió el martes un homenaje en Madrid, ha visto adaptadas al cine dos de sus novelas: Resurgir y El cuento de la criada.
Desde esa perspectiva tan cosmopolita, la autora defiende el bilingüismo como una ventaja a la hora de dedicarse a escribir. "Siempre supone un avance dominar dos o más idiomas", señaló. "Un país bilingüe como Canadá, donde todos sabemos hablar inglés y francés, permite una mayor apertura cultural. En mi caso han influido más autores en francés que escritores en inglés".
* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 18 de febrero de 1999


jueves, 4 de noviembre de 2004

Margaret Atwood novela en 'Ojo de gato' la crueldad de la infancia

Margaret Atwood novela en 'Ojo de gato' la crueldad de la infancia



XAVIER MORET
Barcelona 24 SEP 1990

Margaret Atwood, la escritora más conocida de Canadá, ha pasado por Barcelona con aspecto cansado y una novela bajo el brazo, Ojo de gato, editada en castellano por Ediciones B y en catalán por Edicions de l'Eixample. Atwood, de 51 años, lanza en este libro una mirada hacia el pasado y regresa al mundo de la infancia, mundo etiquetado a menudo como feliz, y lo hace para mostrar su cara más oscura: la de las amistades destructivas de dos niñas de nueve años.
Tras el éxito de su novela anterior -El cuento de la criada, de la que vendió más de un millón de ejemplares en EE UU-, la escritora se mantiene en lo alto con esta novela en la que mezcla ficción y autobiografía. El personaje principal de Ojo de gato, Elaine Risley, es una pintora de unos 50 años que viaja de Vancouver a Toronto para visitar una retrospectiva de su obra. La exposición da paso a una retrospectiva de la vida, a un viaje al pasado que vivió en Toronto y del que destaca su relación destructiva con otra niña, Cordelia. Dadas las coincidencias del personaje de Elaine con la escritora -que también creció en Toronto-, Atwood se ha visto obligada a advertir en una nota previa que "ésta es una obra de ficción. Aunque su forma corresponda a la de una autobiografía, no lo es".
"Es cierto que el libro no es una autobiografía", precisa, "pero escribo sobre un tiempo y un lugar determinados y con detalles que me son muy familiares, los de la ciudad de Toronto. El comportamiento descrito en el libro, por otra parte, es típico no sólo de mi generación, sino de muchas generaciones de niñas".
La amistad destructiva de Elaine y Cordelia que se halla en el centro de Ojde gato ofrece una visión dura de la infancia. "He querido romper el estereotipo de las niñas monas y dulces", dice. Tal como dice la narradora, "las niñas son sólo monas y dulces a los ojos de los adultos y lo mismo pasa con los niños. Sin embargo, mientras que los niños establecen sus amistades de una forma más clara -el líder es siempre el más grande, o el más fuerte, o el mejor en los juegos-, las razones de las niñas para ser respetadas son menos claras. Los niños descubren que han de luchar fisicamente, mientras que las niñas utilizan las palabras. En este sentido, su círculo parece una corte renacentista, con una lucha por el favoritismo y con susurros de secretos y chismes. La figura del líder en las niñas puede cambiar de un día para otro y, por tanto, sus vidas en el grupo son menos estables".
Una cita del fisico Stephen Hawking encabeza el libro: "¿Por qué recordamos el pasado y no el futuro?". Y la presencia de la fisica no se limita a esta frase, sino que tiene cierta relevancia en la novela. "Las diferentes formas de arte pueden conseguir cosas diferentes", explica Atwood. "Por ejemplo, la pintura no puede ofrecer un proceso del tiempo. Sin embargo, la novela siempre trata de procesos, del tiempo, de cambios. Los personajes siempre son distintos al final del libro. Antes pensábamos que el tiempo era lineal y se dividía en partes iguales. Ahora, sin embargo, la fisica moderna está de acuerdo con las experiencias que vivimos. El tiempo es relativo, no viene determinado por el calendario, sino por nuestras experienolias y la importancia que les damos".
Pronto podrá verse en España la versión cinematográfica de El cuento de la criada, con guión de Harold Pinter. "Una película no puede ser un libro", reflexiona Atwood, "las películas son más cortas, no pueden utilizar metáforas. De todos modos, mi opinión de la película es que tiene fuerza".
* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 24 de septiembre de 1990