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viernes, 31 de enero de 2020

Brexit / ‘Veneno y sombra y adiós’


Brexit


Un grupo de eurodiputados británicos el 29 de enero durante la votación del Europarlamento para la salida del Reino Unido de la UE.  AFP

BREXIT

‘Veneno y sombra y adiós’

El Brexit será un día sinónimo de confusión británica. Ahora es un cristal que corta el país en dos


JUAN CRUZ
Londres, 30 de enero de 2020

Todo esto pasará, pero en la atmósfera inglesa reina el invierno del descontento de los que, habiendo amado este país, se sienten decepcionados por el desafecto con el que se liquidan abrazos pasados.Frases subrayadas de anglófilos fieles que no entienden el tenor sin melodía del desenganche. “Rabia y tristeza. Se han dejado llevar por sus peores instintos aislacionistas y de superioridad”. “La pandilla anglófila mundial está ofendida con ellos. Nos sentimos despreciados”. “No nos devuelven nada, les da igual nuestro afecto”.

domingo, 17 de noviembre de 2019

Supergrupo de escritores británicos contra el Brexit

Desde la izquierda, Kate Mosse, Ken Follet, Lee Child y Jojo Moyes, en Milán.


Supergrupo de escritores británicos contra el Brexit

Ken Follett, Jojo Moyes, Kate Mosse y Lee Child abren en Milán una gira en la que recorrerán varios países para protestar por la salida del Reino Unido de la UE


Alex Vicente

Milán, 17 de noviembre de 2019


Cuatro pesos pesados de la literatura británica más comercial se movilizan desde ayer contra esa fatalidad llamada Brexit. Los escritores Ken Follett, Jojo Moyes, Kate Mosse y Lee Child, autores de conocidos superventas vendidos por millones en todo el mundo, dieron el pistoletazo de salida a The Friendship Tour, una gira europea pensada para declarar su amor incondicional por Europa a través de distintos encuentros con sus lectores en las principales capitales del continente. Quedó abierto ayer con un acto multitudinario en el festival Bookcity de Milán, delante de unas 1.500 personas. Mañana repetirán la función en la Fundación Telefónica de Madrid, antes de recalar en Berlín, el próximo sábado, y en París, el lunes que viene.

La idea surgió de la mente inquieta de Follett. El autor de Los pilares de la Tierra, que ha vendido 160 millones de volúmenes en todo el mundo, logró que sus tres camaradas se sumaran a esta excursión continental, pensada para protestar contra la salida del Reino Unido de la Unión Europea. A unas semanas de las elecciones británicas del 12 de diciembre y a pocos meses de la nueva fecha límite para el Brexit, fijada en el 31 de enero de 2020, estas cuatro estrellas literarias recordaron que el 48% de sus conciudadanos, como mínimo, se opone a esa perspectiva. Si la ruptura política les parece irreversible, salvo victoria improbable de los laboristas, los cuatro opinan que la fractura cultural aún puede ser esquivada.


“Algo terrible ha sucedido en mi país”, arrancaba Follett al salir al escenario del Teatro Carcano de Milán, una de las salas históricas de la ciudad, donde en otro tiempo triunfaron todo tipo de genios, de Paganini a Dario Fo. “Digan lo que digan nuestros políticos, nosotros nos seguimos sintiendo europeos. Este vínculo de amistad debe seguir existiendo”, le secundaba Moyes, reina indiscutible de la novela romántica, coronada con títulos como Yo antes de ti. Lee Child, británico exiliado en Nueva York, tomó entonces la palabra. “Cuando nací, el primer ministro se llamaba Churchill, un hombre que pasó gran parte de su vida defendiendo la supremacía británica”, declamó. “Pero incluso él creía que necesitábamos unos Estados Unidos de Europa. Ahora, ese proyecto ha descarrilado y ni Jack Reacher es lo suficientemente poderoso para resolverlo”. Se refería así al protagonista de la saga del mismo nombre, con la que Child ha vendido más de 100 millones de ejemplares. Por su parte, Mosse aportó el contexto histórico, como acostumbra a hacer en sus novelas. “En todos los lugares y momentos históricos, cuando la situación política se complica, los líderes siempre han buscado enemigos externos”, expresó la autora de El laberinto, traducida a 38 idiomas.


Singularidad británica

Preguntados sobre la singularidad de la literatura británica de hoy, los autores dieron respuestas distintas. “Nos distingue nuestro interés en el sistema de clases desde hace 300 años. Es divertido escribir sobre él, aunque lo es menos vivirlo en tus carnes…”, bromeó Moyes. Child analizó la disparidad en la recepción de sus novelas, más conocidas en el mundo anglosajón que en otras latitudes. “Mi estilo es difícil de reproducir en las lenguas románicas. ¿No podrían ponerse a aprender inglés?”, ironizó con esa legendaria flema. Mosse admitió que existen diferencias ligadas al origen geográfico. “Pero son menores que las que nos separan de quienes no leen”, sostuvo.

¿Influye el actual clima político a la hora de ponerse a escribir? Ninguno de los cuatro se ha sumado, por ahora, al llamado Brexlit, el reflejo de este traumático abandono en la ficción británica más reciente, de la que dan fe las últimas obras de Jonathan Coe (El corazón de Inglaterra, que ha publicado Anagrama) o Ian McEwan (The Cockroach, donde un insecto se convierte en primer ministro, que llegará a España en febrero de 2020). “Sea como sea, el ambiente te influye de forma inconsciente”, rebatía Moyes, que acaba de lanzar Te regalaré las estrellas (Suma). “Es mi libro más político, aunque no lo parezca”, dijo sobre esta historia protagonizada por bibliotecarias en el Kentucky de la Gran Depresión. “En realidad, habla de la importancia del conocimiento, de la necesidad de luchar contra la ignorancia y de aceptar al forastero. Aunque no trate directamente del Brexit, los escritores somos seres porosos y absorbemos por ósmosis todo lo que nos rodea”.

Para cerrar el encuentro, Follett instó a sus compañeros a escoger un objeto que representase la esencia de la UE. El propio autor eligió una botella del dominio de Pingus, el cotizado vino de Ribera del Duero que elabora el viticultor Peter Sisseck, implantado en España desde 1993. “Pertenece a un danés que aprendió a hacer vino en Francia y que elabora el mejor tinto de toda España”, resumió. “Este vino cuesta un millar de euros. Al final de este tour de la amistad bridaremos con él”, prometió el escritor. A ratos, esta gira naciente parecía una excusa más para comer y beber entre amigos. O bien una operación encubierta para no alienar a los cientos de miles de lectores que les siguen en el mercado común. Aunque las dos cosas constituyan, al fin y al cabo, una parte fundamental del proyecto europeo.

“Si España gira a la derecha, tal vez Cataluña se vaya”

Los cuatro escritores también criticaron el nivel intelectual de los líderes de hoy. "El mundo sería mejor si los políticos leyeran más. Una novela te enseña lo que es la empatía, porque te obliga a meterte en la piel de otra persona. Los nuevos líderes se enorgullecen de no leer. No estoy segura de que Trump haya leído sus propios libros", dijo Jojo Moyes minutos antes del encuentro. Lee Child prefirió distinguir a esa minoría de políticos con conocidos hábitos lectores, como Barack Obama o Bill Clinton. "El primero solía distribuir listas de recomendaciones literarias con mucho nivel. Y el segundo, que es muy aficionado al thriller, presentó mi última novela en Nueva York", recordó.

Ken Follett advirtió de que el Brexit puede ser el primero de una serie de procesos políticos que terminen desmembrando Europa. “El Reino Unido podría dividirse, porque Escocia e Irlanda se querrán marchar. Si España gira más a la derecha, tal vez Cataluña también se vaya. Y en Italia me hablan de una división entre el norte y el sur…”, enumeró el escritor. “En Europa podría emerger un núcleo de países liberales y ricos, rodeados por una periferia formada por otros de corte populista”, pronosticó Follett.


 

FE DE ERRORES

En una primera edición se calificaba al grupo de ingleses, cuando en realidad son británicos: Ken Follett nació en Cardiff (Gales).


Álex Vicente

Es periodista cultural. Forma parte del equipo de Babelia desde 2020.


EL PAÍS




sábado, 18 de mayo de 2019

Vargas Llosa / Ciudad inmensa y triste



Mario Vargas Llosa

Biografía

Ciudad inmensa y triste

A finales de los sesenta tomé mucho cariño a Inglaterra; fui dejando de ser un socialista y convirtiéndome poco a poco en lo que trato de ser todavía, un liberal. Pero, desde el Brexit, se me deshizo en la memoria


16 de marzo de 2019

Vine a Londres por primera vez en 1967, para enseñar en el Queen Mary’s College. Me tomaba una hora en el metro llegar a la universidad, desde Earl’s Court, y otra hora regresar, de modo que empleaba esas dos horas en preparar las clases y corregir los trabajos de los alumnos. Descubrí que me gustaba enseñar, que no lo hacía mal, y que aprendía mucho leyendo, por ejemplo, a Sarmiento, cuyo ensayo sobre el gaucho Quiroga pasó a ser desde entonces uno de mis libros de cabecera.

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El Londres de aquellos días era muy diferente de París, donde había vivido los siete años anteriores. Allá se hablaba de marxismo y de revolución, de defender a Cuba contra las amenazas del imperialismo, de acabar con la cultura burguesa y reemplazarla por otra, universal, en la que toda la sociedad se sintiera representada. En Gran Bretaña los jóvenes se desinteresaban de las ideas y de la política, la música pasaba a liderar la vida cultural, eran los años de los Beatles y los Rolling Stones, de la marihuana y el atuendo extravagante y llamativo, de los cabellos hasta los hombros y una nueva palabra, hippies, se había incorporado al vocabulario universal. Mis primeros seis meses en Londres los había pasado en un alejado y plácido distrito lleno de irlandeses, Cricklewood, y luego, sin quererlo ni saberlo, alquilé una casita en el corazón mismo del universo hippy, Philbeach Gardens, en Earl’s Court. Eran benignos y simpáticos, y recuerdo la sorprendente respuesta de una muchacha a la que se me ocurrió preguntarle por qué andaba siempre descalza: “¡Para librarme de mi familia de una vez!”

jueves, 25 de abril de 2019

William Boyd / “El Brexit el ejemplo de la estupidez con la que se maneja el destino”

“El Brexit es el ejemplo de la estupidez con la que se maneja el destino”

William Boyd publica 'El amor es ciego', un recorrido por la vida ficticia de un afinador de pianos que nace en Escocia y sufre y vive por el mundo las vicisitudes de la condición humana

Juan Cruz
Madrid, 7 de abril de 2019





El escritor William Boyd, el sábado en su casa en el barrio londinense de Chelsea.
El escritor William Boyd, el sábado en su casa en el barrio londinense de Chelsea. CARMEN VALIÑO

William Boyd vive en una casa grande de Chelsea. Escribe en un cuarto en el que caben él, una mesa donde redacta a mano y otra donde pasa a limpio. Por el suelo están los libros que han de servirle para sus tres o cuatro “proyectos próximos”. En la mesa de escribir está todo lo que se puede saber de la CIA e Hispanoamérica, que es lo que ahora arde en su imaginación. Y ahora puede leerse en español El amor es ciego (Alfaguara, como todos los suyos), un recorrido por la vida ficticia de un afinador de pianos que nace en Escocia (como los padres de Boyd) y sufre y vive por el mundo las vicisitudes de la condición humana. En algún momento toca en la puerta de la desgracia, como el personaje de El extranjero de Albert Camus. En el salón donde hablamos hay otra colección de libros. Entre ellos los propios y los que escribió Ian Fleming, a partir de los cuales Boyd escribió Solo, la novela que le encargaron para proseguir la vida ficticia de James Bond.

viernes, 22 de julio de 2016

Esta isla escéptica desagradaría mucho al pro-Europe Shakespeare.



Esta isla escéptica desagradaría mucho al pro-Europe Shakespeare.


Este artículo tiene más de 9 años.

El bardo no se habría planteado si salir o no. Sus obras mostraban su amor por Europa y su aversión al nacionalismo desenfrenado.

Chris Bryant
21 de abril de 2016

No me cabe la menor duda de que William Shakespeare habría votado por quedarse . Aunque quizá nunca salió de este país, no era un inglés provinciano. Su parroquia era toda Europa y sus obras se escenificaban por todo el continente . Sus grandes y complejas historias de amor transcurrieron en la bella Verona , Messina , Viena , el Rosellón , Navarra , Sicilia , Bohemia , Venecia , Padua , Éfeso y Troya .

No era para él una historia puramente inglesa. Su horizonte emocional abarcaba Austria, Dinamarca, Francia, España, Italia, la República Checa, Grecia y muchos más. Incluso en el tan inglés Bosque de Ardenas (¿o acaso Ardenas?), el escenario de Como gustéis, la corte del Duque Mayor incluye a Jacques y Amiens, con su acento francés. La obra tardía y pesada de Shakespeare, Cimbelino, ve la paz restaurada al final cuando el rey inglés accede a pagar tributo al emperador romano, y al final de El rey Lear, los franceses salvan la situación apoyando a Cordelia.


Shakespeare copió descaradamente de otros autores europeos, como Homero y Ludovico Ariosto. Incluso Ricardo II, con su gran discurso sobre «esta bendita conspiración, esta Inglaterra», se basa en las Crónicas escritas por el cronista francófono de Henao, en el Sacro Imperio Romano Germánico, Jean Froissart. (Y, dicho sea de paso, ese discurso no es precisamente la personificación del patriotismo inglés, ya que lo pronuncia Juan de Gante, un pretendiente al trono de Castilla nacido en Flandes, quien termina con las palabras «esta Inglaterra… está ahora arrendada… como una finca o una granja de piedra».)

Toda la paleta lingüística de Shakespeare es europea, ya que también robó palabras, especialmente del latín, el griego y el francés, dándonos campeón, incapaz, majestuoso, obsequioso, premeditado, asesinato, olímpico, mediocre, tortura y, quizás, en este contexto lo más importante, compromiso.

«Desdémona se enamora de Otelo mientras este narra sus hazañas en tierras extranjeras». Fotografía: Tristram Kenton/The Guardian

Tampoco era xenófobo. La trama de La comedia de los errores gira en torno a la absurda prohibición de entrada a la ciudad de Éfeso impuesta a los inmigrantes siracusanos. Simpatizamos con Perdita, abandonada en Bohemia en El cuento de invierno, con Celia, que se viste de Aliena en Como gustéis, y con Próspero en La tempestad, porque son náufragos en una tierra extraña. Lejos de temer a personas de diferentes nacionalidades, Shakespeare se deleitaba con el choque de culturas. Desdémona se enamora de Otelo mientras este narra sus historias de hazañas en climas extranjeros, y el decente hombre negro Otelo es deshecho por el traicionero hombre blanco Yago. E incluso en esa obra oscura y compleja, El mercader de Venecia, Shakespeare nos hace difícil no simpatizar con Shylock cuando pregunta: «Si nos pincháis, ¿no sangramos? Si nos hacéis cosquillas, ¿no reímos?». Compárese eso con el Barrabás inequívocamente odioso y asesino de Christopher Marlowe en El judío de Malta .


El gran héroe de batalla de Shakespeare, Enrique V, no es un guerrero patriotero. Sus miedos y dudas se manifiestan mientras permanece sentado, sin ser reconocido, entre sus soldados la noche anterior a Agincourt. Los franceses pueden ser el enemigo, y su insultante regalo ("pelotas de tenis, mi señor") se presenta como la causa de la guerra. Sin embargo, cuando Enrique corteja a Catalina, Shakespeare nos hace reír con ella ante la torpeza de Enrique y su incapacidad para hablar francés, en lugar de lo contrario. Y la obra termina con la paz restaurada por un tratado de alianza con Francia. Este es un argumento a favor de la unidad europea, no en contra de 


Quizás el antídoto shakespeariano más poderoso contra el nacionalismo desenfrenado sea el militarista Coriolano, quien desdeña la democracia romana, comparando el dominio de los plebeyos sobre los patricios con permitir que los cuervos picoteen a las águilas. Su tragedia radica en que su propio pueblo, los volscos, lo asesina por firmar un tratado de paz con Roma en lugar de destruir la ciudad cuando la tenía a su merced. Solo un fascista pensaría que la obra demuestra que Coriolano debería haber seguido adelante con la destrucción de Roma a pesar de las súplicas de su madre.

Shakespeare dejó su postura absolutamente clara en un discurso que escribió para una obra sobre la vida de Tomás Moro, que nunca se representó. La multitud londinense es reprendida por atacar a los "extranjeros" (migrantes, en el idioma UKIP) de otros países. "Vayan a Francia y Flandes / a cualquier provincia alemana, España o Portugal, no, a cualquier lugar que no pertenezca a Inglaterra, / porque necesariamente deben ser extranjeros". Y esa es la cuestión hoy. Ningún país tiene más ciudadanos viviendo en otros países de la UE que nosotros.


Así que, ¿mi mensaje a esos extraños compañeros de cama, Boris y Nigel, Grayling y Gove? En palabras de Shakespeare, esto no es una conclusión inevitable y no quiero imponerlo con palabrería, pero si salimos de la UE estaremos en un aprieto y toda su palabrería de libertad será un débil consuelo para quienes pierdan sus empleos cuando las empresas se vayan del Reino Unido, con todo y sus bagajes.

Lo digo con más tristeza que rabia, pero su pompa y solemnidad ofrecen un paraíso para los necios, porque no todo lo que brilla es oro y por ahí se esconde la locura. Creen que la culpa es de esas estrellas europeas, pero la culpa es nuestra. Más necios. Nadie quiere que abandonemos la UE más que Putin. Así que, Brexitperseguido por un oso.


THE GUARDIAN