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jueves, 4 de enero de 2007

Juan Goytisolo / El exiliado gana en libertad lo que pierde en contacto con su país

Juan Goytisolo

Juan Goytisolo

BIOGRAFÍA

El exiliado gana en libertad lo que pierde en contacto con su país


ROSA MARIA PEREDA
ÁNGEL S. HARGUINDEY
13 JUN 1976


Juan Goytisolo es de sobra conocido en nuestro país, que es el suyo, aunque lo mejor de su literatura tenga que traspasar clandestinamente las fronteras y aunque él se mantenga en un exilio legalmente voluntario. En su paso fugaz por Madrid, para la presentación de su recién permitida novela Señas de identidad -sobre la que publicamos una crítica en este mismo número-, ha concedido a Rosa Pereda y a Angel S. Harguindey, una larga entrevista, en la que lo literario y lo político se muestran en su condición de componentes de un todo que es el individuo, en este caso, el propio Juan Goytisolo.

Su última publicación en España, es el estudio definitivo sobre el también exiliado Blanco White, y como los contactos y concomitancias entre ambos escritores, contra el tiempo, son evidentes, por ahí comenzamos.-La primera vez que vi algo sobre Blanco White fue en la Historia de los Heterodoxos españoles, y habituado ya a pensar lo contrario que Menéndez Pelayo, me puse a buscar la obra del escritor. En París encontré sólo algunos textos en español, pero cuando leí su libro sobre España, me quedé realmente sobrecogido, pensé que era el texto más importante y revelador sobre el país, escrito en dos siglos. Mi interés por él se hizo enorme, y cuando fui a Estados Unidos, busqué ansiosamente por las bibliotecas de las universidades americanas toda su obra inglesa. Fue una experiencia realmente impresionante, porque a medida que lo leía, encontraba páginas enteras, párrafos enteros que me daban la impresión de haberlos escrito yo, de estarlos pensando yo. Era un verdadero desdoblamiento, y la razón era muy simple: las estructuras políticas, religiosas, mentales y sociales que atacaba Blanco, eran las mismas que estaba atacando yo. Nuestra relación era muy íntima, porque nuestro conflicto con el país era el mismo.
-Incluso, la apreciación de exiliado.
-Sí. El exilio tiene ventajas y desventajas. Las desventajas son evidentes: la pérdida de contacto con el país, con la lengua del país, con su gente, pero tiene también unas ventajas importantes: permite una evaluación mucho más objetiva, desde fuera, distanciada. Y una mayor libertad en las épocas como la de Blanco, o la España que he vivido, en que había una dictadura. El exiliado gana en libertad lo que pierde en contacto con el país.

El autor prohibido

-También tendrá que ver en su obra la dificultad del público español para acceder a ella.-Este problema es más grave para los líderes políticos o para los escritores testimoniales o realistas, con comillas. De hecho, mis preocupaciones literarias, durante los últimos quince años, no eran de esta índole, sino que estaban mucho más centradas en la interpretación de la historia de España y su literatura. Una preocupación que partía de considerar que el régimen de Franco no había sido el fruto de una casualidad histórica, de la mera circunstancia histórica que motivó el triunfo de sus fuerzas sobre las republicanas, sino que intenté llevar la reflexión más allá: por qué este régimen, que conocí en mi infancia y juventud, había sido posible. Y esto me conducía a una interpretación del pensamiento oficial ortodoxo español, prácticamente desde los Reyes Católicos hasta el siglo XX. Así que el estar fuera de España no significó ningún hándicap.
-Sin embargo, una de sus dedicaciones ha sido las colaboraciones periodísticas.
-Yo escribí sobre política española en la prensa francesa, particularmente en Nouvelle Observateur y L'Expres, entre el 58 y el 64, muchos artículos, algunos con mi nombre y otros con seudónimos. Pero a raíz de un artículo que me envolvió en la polémica entre Claudin y Semprún y el Partido Comunista, y en la que este artículo fue utilizado para excluir a estos amigos, decidí no escribir más sobre política española.

La difícil voluntad de exilio

-Una de las críticas más comunes a los exiliados voluntarios que mantienen determinadas posiciones políticas, es ese mantenimiento del exilio, de motu propio, y como complaciéndose en una especie de automartirologio...-No creo que yo haya caído en ese «regodeo en mi propio dolor», que dice. Empezaré por decir que yo me marché de España, en términos generales, voluntariamente, es decir, no salí a uña de caballo, cruzando el Pirineo. Pero de hecho, lo del carácter voluntario es muy relativo, porque si yo hubiera podido escribir libremente, o enseñar libremente, o publicar lo que quería, nunca hubiera salido del país. Lo cierto es que empezaba a topar con la censura, y tenía serias dificultades.
-¿Y dónde reparte su exilio?
-He vivido desde el 58 en París. Desde el 59 doy cursos en Estados Unidos, en distintas universidades, por una razón muy simple. Con el dinero de estos cursos, trimestrales o cuatrimestrales, y mis derechos de autor, puedo trabajar a mi ritmo el resto del año. El otro tiempo lo reparto entre París y Tánger o Marraquech, porque me gusta poco el clima invernal, y por otro lado, siento una enorme simpatía por el mundo árabe.

España está cambiando

-Ha paseado por la Feria del libro. ¿Qué impresión le ha dado la producción literaria y cultural que ha podido ver?-Una impresión muy grata, como recorrer los kioskos y ver la prensa. La primera vez que vine a España, después de la muerte de Franco, tuve la impresión, para mí muy agradable de estar en el extranjero. Me había acostumbrado a esa información en régimen de pan y agua, y de repente, ante aquella carta tan completa, me quedé muy sorprendido. Tenía toda la impresión de estar en Estados Unidos, o en Francia, o en otro país, y lo digo, claro, como un piropo.
-A la vista de todo esto, ¿cuáles cree que son las perspectivas de este país?
-Resulta muy arriesgado siempre predecir el futuro, y sobre todo el futuro español, porque existen tales imponderables en el país que, inevitablemente, todos los adivinos se parten la crisma. Pero a mí me parece que era evidente, desde hace unos años, el divorcio entre el país real y las estructuras del país oficial, y que tenía que llegar forzosamente un momento en que la realidad del país se impusiera sobre la oficialidad. Este mismo divorcio, diré de paso, se da en el terreno literario, entre la literatura real y la literatura oficial.
-Y hablando de literatura real: ¿qué pasa con Juan sin Tierra?
-El año pasado la imprimió Seix Barral, pero no pudo salir al mercado y actualmente sigue prohibida. Igual prohibición se mantiene con la Reivindicación del Conde Don Julián.
-Antes mencionaba el caso de Claudín y Semprún y su alternativa dentro del PC, y todos sabemos cómo acabó. ¿Cree que la izquierda, revolucionaria o no, plantea verdaderas alternativas de cambio? ¿Cuál es su opinión acerca de esto?
-Creo que, en los últimos tiempos, ha habido una evidente renovación en el campo marxista, pero me parece que no ha tocado el fondo de los problemas. Cuando, por ejemplo, veo que el PC francés o el italiano renuncian a la noción de Dictadura del Proletariado, me parece muy bien, pero... es la misma impresión que si un concilio eclesiástico anunciara que la Virgen no subió al cielo en cuerpo y alma. Es decir, que siguen manteniendo todo un conjunto de dogmas y modos. El verdadero problema, el que habría que analizar a fondo es por qué lo que se ha llamado dictadura del proletariado es una dictadura sobre el proletariado. Nunca se ha hecho este análisis y convendría hacerlo. Hay que ir hasta el fondo de las cosas.
-¿Y cuál sería la alternativa real? ¿Existe una alternativa global?
-Bueno, los movimientos de izquierda han mantenido una serie de aspiraciones confusas de una serie de pueblos de diversos países, que se han venido reflejando, a veces de forma utópica, desde Fourier a Marcuse, pasando por pensadores como Norman Brown, etcétera, y sin olvidar, por el lado marxista, gente como. Alexandra Kollontai o Rosa Luxemburgo, o todo el anarquismo español... No se trata de hacer una síntesis, pero creo que reflejan una serie de aspiraciones reales, que no se han introducido en los esquemas del marxismo clásico.

Sobre las nacionalidades

-Una de las contradicciones que marcan la política actual viene dada por el resurgir de las nacionalidades, por un lado, y la tendencia a la desaparición de las fronteras, por parte del capital, por sus propias necesidades económicas, y por la teoría revolucionaria, por otro. ¿Cómo lo ve?-Creo que en España, el problema de las nacionalidades, el resurgir del problema, se debe al centralismo aberrante de estos últimos años. En Francia es igual, el centralismo español se importó de allí. Sin embargo, en Alemania e Italia parece haber un sistema de autonomías regionales. El centralismo ha pretendido la eliminación de una serie de características regionales, y el separatismo es un fruto de la actuación de los Gobiernos centrales.
-Pero, ¿cómo encadenar las reivindicaciones nacionalistas con la pretensión de desaparición de las fronteras?
-Es que no se trata de establecer fronteras dentro de, por ejemplo, España. Supongo que se trata del reconocimiento de su personalidad, y de una evolución de todas las fronteras. A mí, por ejemplo, me parecería bien un Portugal incluido en el total de la Península Ibérica, un total en que cada miembro de la familia ibérica se sintiera como en su propia casa.

¿Realismo? ¿Qué es el realismo?

-Una de las tesis clásicas del marxismo, para la crítica literaria, dice, simplificando, que la infraestructura económica determina, en última instancia, la producción literaria y cultural. ¿Usted la acepta?-Estoy totalmente en contra de todo tipo de interpretación esquemática. Hay una relación evidente entre la literatura y el sistema productivo, pero es mucho más compleja y flexible de lo que los críticos improvisados quieren hacernos creer. No se puede leer un texto literario como si fuera un manifiesto político. Lo digo porque, recientemente, un crítico marxista, por otra parte buen amigo mío y por el que siento mucha simpatía, ha hecho una interpretación de mi Reivindicación del Conde Don Julián,criticando, por ejemplo, el que no haya puesto de relieve el papel de la clase obrera... Mi propósito era muy otro: interpretar críticamente la cultura española.
-Se ha dicho que Don Julián es una novela anti-española.
-Durante cuarenta años, el término español ha sido acaparado por una pequeña minoría que lo manejaba y consideraba que todo lo que estuviera en contra de esta minoría era anti-español. Si esto es ser anti-español, yo lo soy, porque he estado y sigo estando en contra de esta minoría.
-¿Qué es Juan sin Tierra?
-Resulta muy difícil definir así, en dos líneas, un texto en el que he trabajado varios años. Como no tiene argumento, no se puede resumir, sería como resumir un soneto. Es imposible. Digamos que es el texto que cierra el cielo que inicié con Señas de Identidad y con Don Julián.

Por do más pecados había

-Parece que Don Julián es una especie de exorcismo...-Sí. Es una especie de psicoanálisis individual y psicoanálisis de la cultura y la historia de España. La elección de Don Julián como símbolo era importante, porque durante siglos, la interpretación de la historia de España se fundaba sobre ese mito, tan próximo por otro lado, al de la caída; era el pecado carnal de Rodrigo, la venganza de Don Julián, y el castigo: la invasión musulmana, castigo de una culpa cuyo origen era un delito sexual. Y en las leyendas donde se contaba la historia, él era castigado a ser enterrado en un pozo- con una culebra que le devoraba, comenzando por donde más pecado había, es decir, que comenzaba por devorarle el sexo. Cuando leí todos los romances y textos en que se contaba la leyenda que ha funcionado durante siglos como explicación del origen de la nación española, sentí que tenía base para una explicación, digamos freudiana.
-¿Y qué está preparando ahora?
-Estoy trabajando en un libro de ensayos, alguno de los cuales han aparecido en alguna revista. Digamos que el común denominador es el papel del erotismo y la represión en la literatura española.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 13 de junio de 1976

miércoles, 3 de enero de 2007

Juan Goytisolo / 'Paisajes después de la batalla' es mi primera novela de humor

Juan Goytisolo

'Paisajes después de la batalla' es mi primera novela de humor

ROSA MARIA PEREDA
Madrid 16 NOV 1982



Paisajes después de la batalla es, según Juan Goytisolo, "quizá una seudoautobiografía grotesca". Al menos, ese era desde el principio el propósito de un libro que intentaba, dice, "ponerme en tela de juicio a mí, al personaje, al lector". El resultado es la "primera novela de humor que escribo", dice el novelista, "un reflejo de la espantosa comicidad del género humano". Una novela extraña publicada por Montesinos, que esta tarde presentarán los novelistas Guillermo Cabrera Infante y Jorge Semprún en el Club Internacional de Prensa (Pinar, 5; Madrid), y de la que esta misma mañana leerá su autor unos fragmentos en la Universidad Complutense. El libro fue presentado la pasada semana en Barcelona. 
El personaje, el amanuense, "es un alter ego, que vive en barrio, y a lo mejor en mi casa. De hecho, el juego del libro está en la confusión entre el protagonista y el autor. No se sabe a quién pertenecen esas fantasías eróticas, o la obsesión por los grupos armados, consecuencia de una pasada y obsesiva militancia política. De hecho, este personaje, el amanuense, es un grafómano que ha enviado una serie de escritos, fantasías científicas, que efectivamente han sido publicadas con la firma de Juan Goytisolo en EL PAIS, o una serie de cartas obscenas a los modelos infantiles del autor de Alicia en el País de las Maravillas que aparecieron en Liberation".

El París tercermundista 

Como además es un paseante, esta novela de estructura fragmentaria se convierte también "en una teoría de la ciudad. El París que este personaje recorre se contrapone al París literario de la Generación Perdida o de los Latinoamericanos, que se quedan siempre en la Rive Gauche. Aquí se trata del París meteco, plurirracial, del Sentier, que es un barrio de comerciantes mayoristas judíos en el que se han instalado colonias de diversos orígenes, árabes, turcos, libaneses, bangladeshianos... Es la medina tercermundista frente al París planificado y racional".La edición cuidadísima ha vestido las solapas de Paisajes después de la batalla con el plano del barrio parisiense del que el personaje no se mueve. "Apenas hace una salida hasta la plaza de I'Etoile, pero no cruza el Sena: se mantiene en la rive droite". También la edición hace notar la estructura en fragmentos de esta novela, estructura que permite, según Juan Goytisolo, "las distintas perspectivas, las distintas personas verbales con que se presenta al personaje, a los personajes" 
En realidad, esa confusión "que se resuelve casi al final del libro, en la página 182", muestra un personaje -ficticio- dominado por la dispersión, si es que la dispersión puede dominar, en el que todas esas facetas obsesivas -la sexualidad, la política- "van cada una por su lado". Lo nuevo en Goytisolo es, dice él mismo, "que no me lo he tomado por lo trágico, sino por lo cómico".
Y es que, dice Goytisolo, "con los años me he vuelto más escéptico y sin duda mucho más irónico. Así que veo un poco en broma las ideologías, los discursos de todo tipo con que nos bombardean los medios de comunicación, y, también y sobre todo, el propio pasado político". El libro tiene un lado de confesión, dicho sea en sentido casi sacramental, pese a lo cual Juan Goytisolo confiesa: "Me he divertido realmente escribiéndolo. Me he divertido hasta el punto de enviar esos artículos de casi ciencia-ficción a EL PAIS porque en la novela el personaje lo hace y recibe los comentarios de la gente, concretamente de su mujer, invisible, que vive enfrente y con la que se comunica mediante mensajes...". Hay muchas cosas en el personaje que son Goytisolo, pero hay una que no: su mujer. "No, no es. En un momento dado sí aparece mi verdadera mujer. No somos el mismo. Esta es una obra de ficción, no una autobiografía".
La escritura, que para algunos es más comunicativa o más fácil que en otras novelas suyas, es la que exigía el tema. "Nunca he sido deliberadamente complicado, por gusto, ni he hecho aquí un mayor esfuerzo para ser entendido. Es el tema el que me ha impuesto la escritura". Lo mismo que el resto de sus novelas que Goytisolo juzga duramente: "Novelas como Don Julián y Makbara no podían ser escritas de una manera tradicional. Yo creo que de todas la más bella y la menos entendida es Makbara, y, salvo en el caso de Señas de identidad, en todas las demás he dicho lo que quería decir".
* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 16 de noviembre de 1982



jueves, 1 de junio de 2000

Graham Greene: "La vida del espía es tan solitaria como la del escritor"

Graham Greene
Ilustración de T.A.

Graham Greene: "La vida del espía es tan solitaria como la del escritor"

El novelista británico, huésped ilustre del Ayuntamiento de Madrid




ROSA MARIA PEREDA
8 JUL 1980


Graham Greene es, estos días, visitante especial de la ciudad de Madrid, a donde ha venido invitado por el alcalde. Ayer por la mañana, el profesor Tierno Galván le recibía en la alcaldía y le ofrecía un almuerzo, una medalla de plata y la consideración de visitante ilustre de la capital de España. Y ya ayer mismo comenzaban la cadena de fiestas que organizó la municipalidad para poner en contacto al pueblo madrileño con este espía católico, ya retirado de las tareas de la información confidencial, pero igualmente dedicado a las de la observación instintiva de las personas y los gestos, de las reacciones y las maneras de ser.
«La vida del servicio secreto» dijo Graham Greene, «resulta al final tan solitaria como la del escritor que se retira de todo». El ha contado esta vida, y la ha vivido, según sus biografías, al menos tres años en torno a la segunda guerra mundial. «En 1941», dice el autor de El tercer hombre, «el servicio de inteligencia británico me llamó para colaborar con ellos. Necesitaban una persona que supiera algo de Africa, usted sabe, por la situación difícil de algunas colonias. El contacto fue mi hermana Elisabeth, que había estado antes en el servicio secreto. Por eso le he dedicado mi novela El factor humano, y por eso decía en la dedicatoria, que ella «no puede negar ciertas responsabilidades en ese tema. Estuve en Africa tres años. Luego me destinaron en Londres, y yo abandoné el servicio secreto. Entonces», dice, «el jefe era Kim Philby».Kim Philby, como se sabe, es de algún modo el representante de esos grupos de espías británicos surgidos de los colleges de Cambridge, en su propio caso, y de Oxford, en el de Graham Greene. Kim Philby, ahora en la URSS, sirvió durante la guerra con los aliados -por Gran Bretaña- y contra el fascismo. Más tarde se haría agente doble.
«Bueno, no éramos exactamente agentes. Eramos... officer, informadores, y el nuestro era un mundo de carpetas y papeles, más que de acción directa. Los agentes son los que viven verdaderamente en peligro, los que se juegan la vida en los propios países extranjeros y conflictivos. Los officers no éramos verdaderos espías. Los agentes sí».
Curiosamente, hubo varios grupos de intelectuales británicos a los que el servicio secreto llamó para sus filas. «Sí, ya en la primera guerra mundial el servicio secreto echó mano de algunos intelectuales, y eso, por dos razones: la primera, porque se suponía que los intelectuales estaban especialmente capacitados para observar a la gente, fijarse en los rostros y en las reacciones, en las señales. Y luego, por su capacidad de expresarse, porque saben contar lo que ven. Así, en la primera guerra mundial estuvieron en sus filas, por ejemplo, Sommerset Maugham y Campton Mackenzie».

Espías oficinistas

En cuanto a este mundo como tema de sus novelas, dice Graham Greene: «He acudido a él cuando he querido contar algo especialmente realista, un mundo de oficinas y carpetas, papeles y telegramas, donde no se veía claramente la violencia. En El factor humano mueren Davis y el perro, pero lo importante es lo que hay detrás. Lo que hay detrás», sigue Graham Greene, «es el mundo de la política, de las finanzas, de la vida privada». De la vida del espía habla Graham Greene con cierta distancia, desde esa frialdad anglosajona, 76 años, ojos azulísimos de mirada como frenada por cierto tedio. «En el grupo al que yo pertenecía había cinco miembros. Como manejábamos secretos, procurábamos no mezclarnos mucho con otra gente, porque a la primera conversación podría surgir algún dato de nuestras preocupaciones. Entonces nos juntábamos entre nosotros. Así, a la larga, la vida del espía, la vida del servicio secreto era tan solitaria como la del propio escritor, que se retira de todo».
«El mundo del servicio secreto, con todo, ha cambiado mucho desde mis tiempos. Cuando yo estaba, por ejemplo, nadie sabía quien era el jefe del servicio secreto. Ahora todo el mundo lo sabe... También están los cambios que ha traído la electrónica. En mi época aún no existía todo esto».
Una no puede resistir la tentación de preguntarle por Kim Philby: «Somos buenos amigos, y lo fuimos mucho. Es un hombre afable, un buen amigo, extraordinariamente culto, un hombre de Cambridge. Fue, como usted sabrá, corresponsal del Times en la zona franquista, y creo que fue condecorado por el propio Franco». «No», dice, «entonces no era un officer -agente no fue nunca doble. Cuando apareció El factor humano me escribió desde la URSS».
Después de su militancia temporal en el servicio secreto británico, Graham Greene ha desempeñado algunos cargos diplomáticos o para diplomáticos. Preguntado sobre la relación entre los funcionarios y agregados del Foreign Office y los del servicio secreto, dijo: «Puede que haya algunos que sigan los dos oficios. De los agregados navales y militares, todo el mundo sabe que sí, pero en eso no hay nada de secreto, y en los países donde están se les informa como tales, aunque supongo que se les mantendrán cosas ocultas. Quizá haya algún otro que sea espía bajo capa de diplomático, pero entre los diplomáticos ingleses, como norma, se rechaza esta doble militancia. «Claro que hay que distinguir», dice, «entre los poderes del Este y del Oeste».
La característica de Graham Greene ha sido viajar, y viajar sobre todo por los continentes exóticos, por Africa, Asia y América Latina. Parecería que, aunque él jura rechazar y odiar la violencia, le tira la aventura. «Siempre he tenido mucho interés por América Latina», dice. «Aunque no sólo por esos países. Estuve en Kenya en la época del Mau-Mau, estuve en Liberia y en Vietnam, y he ido mucho a América Latina. Fui amigo de Allende, con quien estuve en Chile, más tarde estuve en Argentina, y después en Paraguay. He estado muchas veces en Panamá, y soy amigo de Omar Torrijos, y en Cuba he estado también muchas veces de vacaciones, en el tiempo de Batista y ahora en el de Castro. Sí, conozco a Fidel: he almorzado y conversado varias veces con él».
En Cuba se rodó Nuestro hombre en La Habana, «en 1959, después que Fidel tomara el poder». Entonces conoció a Hemingway. «No me gustan la mayoría de las películas que se han hecho con mis novelas. Prefiero hacer guiones especialmente para el cine: las únicas que no me han parecido mal del todo han sido El tercer hombre, Brighton Rock y una versión de El ídolo caído. Por fin, y como han sido muchos los géneros tocados por Graham Greene, y también el de la prensa, dice: «Puede que haya sus diferencias entre el reportaje y la novela. Yo no las veo, salvo, quizá, la invención de caracteres que supone la novela. El resto es igual: el periodista, como el novelista, tratarán de contar los hechos con precisión y claridad».
* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 8 de julio de 1980

miércoles, 31 de mayo de 2000

Expectación en torno al próximo Premio Nobel de Literatura


Jorge Luis Borges


Expectación en torno al próximo Premio Nobel de Literatura

Borges, Graham Greene y Senghor, entre los candidatos favoritos


ROSA MARIA PEREDA
10 OCT 1979



Cualquier jueves de este mes de octubre pueden llegar a una decisión los miembros del comité encargado de elegir al que será Premio Nobel 1979 de Literatura. Entre todos los nobeles éste es el que más expectación despierta, porque no sólo interesa a los especialistas en el tema, sino que tiene una repercusión masiva, traducida en las ventas de libros en todo el mundo. Y luego porque, dado que la literatura se siente como más unida a la vida cotidiana y a la conducta política que las ciencias exactas consideradas políticamente inocentes, este premio se carga especialmente con los hándicaps de la coyuntura política, de la ideología y del equilibrio de intereses.
Por eso, y por las simpatías y antipatías de los cinco hombres justos del comité, se vienen arrastrando de convocatoria en convocatoria nombres conflictivos, los eternos candidatos que los lectores reconocen como valores indiscutibles de las letras, pero que los jueces nórdicos no acaban de premiar. En este momento hay, al menos, dos muy claros: Graham Greene y Borges. Y otros que suenan cada año: dos mujeres, Simone de Beauvoir y Doris Lessing; algunos escritores exóticos: el turco Yalar Kemal, el chino Pa King, el rumano Nikita Stanescu o V. S. Naipaul, de Trinidad. Otros, de alto valor en las cotizaciones de las letras, y que ya se van acercando al premio: el francés Claude Simon, o los suizos Friedrich Durrenmatt y Max Frisch. Y arrastrándose de años Leopold Sedar Senghor, el poeta y ensayista, presidente de Senegal. Jorge Luis Borges ha cumplido ochenta años, está universalmente considerado como uno de los primeros escritores vivos -no sólo en castellano- y es candidato al premio sueco desde hace muchos años. Su nombre sigue siendo cada otoño piedra de escándalo, y lo es también la negativa de Lundkvist, el especialista en lengua castellana de la Academia Sueca,
Graham Greene también habrá leído en los periódicos que nunca va a tener el Nobel, pero este año hay muchos que le dan como valor seguro. Las razones en su contra se quedan en la ambigüedad: que si es católico, que Frisch. Y arrastrándose de años, Leopold Sedar Senghor, el poeta y ensayista, presidente de Senegal.
Jorge Luis Borges ha cumplido ochenta años, está universalmente considerado como uno de los primeros escritores vivos -no sólo en castellano- y es candidato al premio sueco desde hace muchos años. Su nombre sigue siendo cada otoño piedra de escándalo, y lo es también la negativa de Lundkvist, el especialista en lengua castellana de la Academia Sueca, Graham Greene también habrá leído en los periódicos que nunca va a tener el Nobel, pero este año hay muchos que le dan como valor seguro. Las razones en su contra se quedan en la ambigüedad: que si es católico, que si los hay mejores, que si no conviene. Y Shengor, del que se habla ya hace muchos años, esta vez puede tener chance: sobre los jurados pesará sin duda todo el continente negro, que Senghor ha bautizado con su negritud poniendo nombre a una cultura y a una política cultural y donde, durante los últimos meses, han sido descabezadas tres dictaduras casi medievales, se han recambiado por un sistema prooccidental.
Como hace mucho que no se lleva el premio un dramaturgo, ni un centroeuropeo, puede caerles a Dürrenmatt o a Max Frisch, y por razones geográficas están bien colocados Claude Simon, francés, que dio una de las pocas salidas lúcidas y coherentes a la estética nueva del siglo, al nouveau roman, y que ya es un clásico y un maestro, y Simone de Beauvoir. Simone de Beauvoir tiene en su contra que la Academia puede suponer que lo va a rechazar si se le da. Aunque siempre en estos casos hay un contacto que se entera, el antecedente de Sartre, que forma con la escritora la pareja-ejemplo de intelectuales y de maestros, tiene que pesar. Pero una mujer, después de tanto año internacional y contando el peso del feminismo como movimiento político de recambio en Suecia, tampoco extrañaría a nadie.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 10 de octubre de 1979