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miércoles, 14 de mayo de 2025

Robert De Niro recibe la Palma de Oro de Honor en la inauguración de Cannes: “Los artistas somos una amenaza para los fascistas de todo el mundo”



Robert De Niro recibe la Palma de Oro de Honor de manos de Leonardo DiCaprio.Foto: SARAH MEYSSONNIER (REUTERS) | Vídeo: EPV

Gregorio Belinchón


Robert De Niro recibe la Palma de Oro de Honor en la inauguración de Cannes: “Los artistas somos una amenaza para los fascistas de todo el mundo”

Leonardo DiCaprio entregó a su maestro, el actor y director neoyorquino, el reconocimiento en una gala marcada por la política

domingo, 15 de septiembre de 2019

Michel Houellebecq y Gérard Depardieu / El fin del hombre blanco en albornoz

Michel Houellebecq y Gérard Depardieu, en un fotograma de 'Thalasso'.

El fin del hombre blanco en albornoz


Michel Houellebecq y Gérard Depardieu protagonizan la película 'Thalasso', donde disertan sobre lo divino y lo humano en un centro de terapias en Normandía


Marc Bassets
París, 22 de agosto de 2019

Podría ser la escena de una película postapocalíptica titulada El fin del hombre blancoLa decadencia de Occidente, o algo similar. O, visto desde otra perspectiva, un documento excepcional de nuestro tiempo: el actor y el escritor más aplaudidos y vilipendiados de su generación en Francia, juntos durante cuatro días, disertando sobre lo divino y lo humano en un centro de talasoterapia en Normandía.





Michel Houellebecq y Gérard Depardieu son los protagonistas de Thalasso, dirigida por Guillaume Nicloux y estrenada ayer miércoles en Francia, la historia de dos hombres —el Gordo y el Flaco, don Quijote y Sancho— en un espacio cerrado y sin escapatoria. Es la historia de una amistad mezclada con una vaga trama policiaco-sentimental. Aunque en los créditos finales se especifica que todo es ficción, Houellebecq y Depardieu se interpretan a sí mismos, o mejor dicho, se parodian a sí mismos. El autor de Plataforma y El mapa y el territorio frente al actor de Novecento, El último metro, la saga de Astérix y Cyrano de Bergerac. El novelista del malestar francés frente al admirador de Putin.
La película comienza con un prólogo referido a El secuestro de Michel Houellebecq (2013), del mismo Nicloux y protagonizada por Houellebecq. En seguida la acción se traslada al Thalazur, un hotel en una playa brumosa y crepuscular donde los clientes se someten a un rígido tratamiento con productos del mar y a una dieta espartana.
La esposa de Houellebecq, Qianyum Lysis Li, le despide en el lobby, como una madre dejando a su hijo en un internado, desamparado, solo ante el mundo. Las terapias —con barro, con duchas a chorros, dentro de un tubo frío donde el escritor teme que se congelen los genitales— parecen sesiones de tortura. Houellebecq no puede beber alcohol ni fumar. Como ocurre en las historias de internados, encuentra un compinche todo parece más soportable.
El compinche es Depardieu. No se conocían, pero a partir de un encuentro fortuito ante la playa, donde ambos han ido a fumar, la complicidad es total. Depardieu le invita a su habitación donde guarda botellas de vino. Hablan de Dios, de la muerte y de la resurrección, de sexo, de la obesidad. Son, en general, reflexiones banales.
Houellebecq se emociona hasta las lágrimas al recordar a su abuela. “Aunque sea una película coja, este simple instante es uno de los más bellos que hayamos visto en el cine desde hace tiempo”, escribe el crítico de Libération. En varias ocasiones el escritor se refiere al secuestro narrado en la anterior película, y que él atribuye al expresidente François Hollande para torpedear una imaginaria candidatura a la presidencia. “Debería haberme presentado. No pensaba que Macron iba a romperse la crisma tan rápido”, declara. “La muerte no existe”, dice en otro momento el escritor, siempre lacónico, tímido, angustiado.
El actor, en cambio, es expansivo, un hombre de mundo que ha conocido a mil actrices, habla varios idiomas y se tutea con los grandes actores y directores, pero al mismo tiempo es la imagen viva del ‘has been’, la vieja gloria en decadencia. “Mi carrera es una mierda”, dice. Parecen dos adolescentes perdidos, uno de 63 años (Houellebecq) y el otro de 70 (Depardieu), vagando por los pasillos, habitaciones y piscinas en albornoz y bañador slip. “Si hubiese que presentar Francia a unos extraterrestres, escogeríamos a estos dos”, escribe Le Monde.
Michel y Gérard se cruzan con admiradores, Houellebecq tímidamente intenta ligar con una empleada del establecimiento, afrontan situaciones tensas. “Sois la vergüenza de Francia, la vergüenza integral”, les dice otro inquilino. El centro de talasoterapia se encuentra en Cabourg, el Balbec ficticio de En busca del tiempo perdido de Marcel Proust, pero este hotel es un reflejo pálido del Grand Hotel de la Belle Époque donde veraneaba el pequeño Marcel.
La desaparición de una mujer de 80 años, un amiga de Houellebecq que ha abandonado a su marido y se ha fugado con un hombre más joven, quiebra la paz. Llega al hotel el hijo de la mujer acompañado de su novia vidente y de unos matones, personajes de El secuestro de Michel Houellebecq. Aparece un doble de Sylvester Stallone. Y el enigmático final tiene tanto de Rambo como de arte y ensayo francés.


La vida sin límites del excesivo Gérard Depardieu




La vida sin límites del excesivo Gérard Depardieu

Un documental de la televisión francesa retrata la convulsa vida del actor, un hombre que llegó a ser emblema de Francia y ahora es ciudadano ruso y se codea con Putin y el presidente checheno


EL PAÍS
Madrid, 20 de febrero de 2019


El documental Depardieu, el hombre sin límites, emitido el lunes por la noche en la televisión francesa BFMTV, dibuja un retrato íntimo del actor que los franceses adoran y odian por igual. "Ogro", "monstruo sagrado", "gigante"... son algunas de las palabras que no faltan para describir la excepcional personalidad de Gerard Depardieu. BFMTV pinta un retrato del actor como hombre polifacético, amigo de dictadores, amante de la buena comida y de la fiesta, padre herido, coleccionista de arte... Gérard Depardieu, de 70 años, es todo eso a la vez. Un actor que representa a Francia pero que ha terminado abandonando al país que le vio nacer. 
Para entender quién es Gerard Depardieu, el documental retrocede 70 años y se va a Chateauroux, ciudad donde nació y donde sacó adelante a cinco hermanos. Su padre, apodado Dede, fue un entrenador de remo analfabeto y su madre, Lilette, ama de casa. Su familia era muy pobre, y Depardieu fue analfabeto hasta bien entrada la pubertad. Su primer dinero lo ganó vendiendo tabaco, alcohol y droga introducida en Francia por militares norteamericanos de contrabando. Fue chulo y guardaespaldas de prostitutas y confesó haberse prostituido por dinero ocasionalmente. Depardieu no hizo el servicio militar, ya que en un psiquiátrico se le diagnosticó "hiperemotividad patológica".


En su faceta como actor es conocido que es vago incluso para aprenderse los guiones. "Lleva un auricular en los rodajes. Es demasiado perezoso para aprender", dice de él el cineasta Bernard Blier, uno de los amigos del intérprete que aparece en el documental. Pero esta técnica le permite filmar entre cinco y siete largometrajes al año y el actor no es de los que se autoinmolan con las críticas. Se ríe incluso de quienes critican su físico y no tiene ningún problema en presumir de que entre sus excesos está desayunar tocino mojado en café solo, sin azúcar.
En 1971, Depardieu se casó con la actriz Élisabeth Guignot (madre de sus dos primeros hijos), de quien se divorció 25 años después. Luego mantuvo una larga relación con la también intérprete Carole Bouquet. Su última compañera conocida fue una estudiante norteamericana, Clémentine Igou. Pero su relación con las mujeres ha dado un giro desde el pasado verano, cuando una joven artista denunció al actor por agresión sexual. Esta mujer, de quien no se conocen más datos, aseguró a finales de agosto que Depardieu la violó y agredió sexualmente en su residencia en el distrito VI de París en dos ocasiones ese mismo mes. Depardieu niega tajante estas acusaciones, pero tuvo que acudir a la policía parisina para declarar justo un mes antes de su cumpleaños, que celebra el 27 de noviembre. Según la cadena RTL, este era el último paso previo para que la Fiscalía de París decida si prosigue o no con el caso. 
Como ciudadano francés y votante, Gerard Depardieu tampoco aburre. Fue socialista con François Mitterrand, y más tarde participó en mitines electorales apoyando a Nicolas Sarkozy, candidato a la presidencia de Francia por el partido de derechas UPM. Luego se declaró ecologista. Fue amigo íntimo de Fidel Castro en La Habana y se considera "compadre" de Vladimir Putin, el actual presidente ruso.


Su exilio fiscal en 2012 y sus amistades con cuestionados políticos acabaron por desdibujar su relación con los franceses. El actor de Cyrano de Bergerac huyó de Francia para pagar menos impuestos. Con su partida a Bélgica, se amplió la brecha entre Gerard Depardieu y su país natal. La salida del pilar del cine francés se convirtió en un asunto nacional. El primer ministro de la época, Jean-Marc Ayrault, llegó a calificar este exilio fiscal como "un mal del estado". Esta declaración hirió profundamente al ciudadano Depardieu, quien respondió en una carta abierta publicada en el Journal du Dimanche. "Devuelvo mi pasaporte y mi seguridad social que nunca he usado (...) ¿Quién es usted para juzgarme así?, le pregunto señor Ayrault. A pesar de mis excesos, mi apetito y mi amor por la vida, soy un ser libre, señor", clamó el actor.
El actor provocó una nueva explosión popular al convertirse en ciudadano ruso. En enero de 2013, obtuvo la ciudadanía rusa. Su nuevo pasaporte se lo entregó el mismísimo Vladimir Putin. Rusia se presentaba para el Depardieu empresario como una nueva tierra prometida para los negocios. Pero el actor, reconocido admirador de Tolstoi y Dostoievski, también ha encontrado en el país más grande del mundo un campo de juego para sus excesos. Para instalarse, no eligió ni Moscú ni San Petersburgo, sino Saransk, en Mordovia, un lugar situado a 650 kilómetros al este de la capital, donde según muestra el documental, el actor parece encantado con su nueva vida. "Está fascinado por el poder, esa forma de llevar su vida va más allá de la moral", recuerda el actor Michel Pilorgé, uno de sus amigos. Allí Depardieu se relaciona con Vladimir Putin; con Ramzan Kadyrov, presidente de Chechenia –acusado por asociaciones de derechos humanos de encubrir secuestros y asesinatos– y con el dictador bielorruso Alexandr Lukashenko. Además, el pasado mes de septiembre, visitó Corea del Norte. Por su trayectoria, nadie puede afirmar que este sea el último viraje del siempre excesivo Depardieu. 

Posters / Marseille / Neflix


Posters
MARSEILLE
Neflix














sábado, 14 de septiembre de 2019

Marseille / Corrupción y política en la primera serie francesa de Netflix



‘Marseille’, corrupción y política en la primera serie francesa de Netflix

Gérard Depardieu protagoniza la producción ambientada en la ciudad gala


Ana Teruel
4 de mayo de 2016







Benoît Maginel y Gérard Depardieu, en la serie de Netflix 'Marseille'.
El poder no se da, se toma. Así lo avisa el tráiler de la esperada nueva ficción de Netflix, la francesa Marseille, que se estrena este jueves y que es la primera producción de la plataforma online en el país galo. Esta historia de poder, venganza, corrupción y redención, promete ser una mirada sin concesiones sobre la política, sus vínculos con el universo de la droga y sus traiciones. En el centro se encuentra la ciudad de Marsella, un personaje más de esta historia, objeto de codicia y deseo. Entre ambiciones y ajustes de cuentas, la serie protagonizada por Gérard Depardieu se encuentra a medio camino entre el thriller político y la saga familiar. A pesar de las similitudes, su guionista, el escritor Dan Franck, promete algo diferente a una versión francesa de House of Cards, la serie bandera de Netflix.
“No es una serie política, es una producción que cuenta una historia humana”, explicó así Franck en la presentación de la serie en un evento organizado por la plataforma en las afueras de París. “Marseille no tiene nada que ver con House of Cards”, añadió. La producción estadounidense protagonizada por Kevin Spacey“cuenta una conquista del poder a través de dos personajes de una potencia totalmente extraordinaria”, la pareja Underwood. La europea, liderada por el monstruo sagrado del cine francés Depardieu, es “mucho más humana, existe esa batalla, pero el combate no se libra por voluntad de poder, sino por amor a la ciudad de Marsella y porque esos dos hombres tienen cuentas pendientes”.






‘Marseille’, corrupción y política en la primera serie francesa de Netflix


La producción cuenta con dos pesos pesados para dar vida a “esos dos hombres” cuya rivalidad sirve de hilo conductor. Por un lado está Depardieu, principal reclamo de la serie, en la piel del veterano alcalde Robert Taro, quien prepara su último golpe: la construcción de un casino. Pensaba haberlo dejado todo atado para su sucesión, pero en el momento clave es traicionado por su ambicioso delfín, Lucas Barrès, interpretado por Benoît Magimel (La pianista).
Como telón de fondo está la ciudad mediterránea de Marsella, con su puerto y sus barrios más o menos conflictivos. La ciudad es al final “un verdadero personaje, como una mujer, a la que todo el mundo quiere”, según Franck. “Marsella es muy importante en la serie, puede que sea el personaje principal”, señaló por su parte el productor Pascal Breton, conocido también por ser cocreador de la serie francesa de éxito Sous le Soleil. “Hemos intentado filmarla de forma que parezca todavía más grande de lo que ya es. Es una ciudad costera tan fascinante como pueden ser Nápoles, Río, Barcelona o San Francisco”, añadió.






‘Marseille’, corrupción y política en la primera serie francesa de Netflix


Para no dejarse encerrar en lo puramente político, el escritor Dan Franck, coguionista también de la aclamada miniserie de Olivier Assayas Carlos, ha introducido personajes con su propio universo. En primera línea se encuentra la mujer del alcalde, la violonchelista Rachel Taro, encarnada por la actriz marsellesa Géraldine Pailhas. “Su papel no se reduce al de mujer del alcalde porque tiene una pasión, la música, una pasión artística que la devora considerablemente y que va a ser un punto de ruptura para ella”, explicó Pailhas.
No en vano, Franck compara la escritura de una serie con la de la novela popular del siglo XIX, de escritores como Dumas, Théophile Gautier o Eugène Sue. Son autores “que escribían para la prensa cada día y que debían apañarse para cautivar a los lectores”, indicó el guionista. “Las series hoy responden a esa exigencia, son la novela popular para mí”, concluyó.






DIFUSIÓN EN TELEVISIÓN COMO RECLAMO


Una de las grandes sorpresas de esta nueva producción ha sido la forma de promocionarla en Francia. Netflix ha llegado a un acuerdo con el principal canal privado del país, TF1, para emitir los dos primeros capítulos de la serie una semana después de su salida en la plataforma. El próximo 12 de mayo, los espectadores franceses podrán ver las dos primeras entregas en abierto en su televisor en horario de máxima audiencia. Si quieren ver la continuación, tendrán que estar abonados a Netflix o aprovechar el primer mes gratuito que ofrece la plataforma a los nuevos usuarios. TF1 espera así mostrar una imagen más juvenil y abierta a los cambios tecnológicos y, de paso, lograr buenas audiencias, mientras que la plataforma se garantiza una publicidad de dos horas en el principal canal televisivo.
EL PAÍS

martes, 31 de marzo de 2015

Abel Ferrara / Welcome to New York

La historia de DSK, “censurada” en Estados Unidos

Abel Ferrara, director y productor de 'Welcome to New York', alega que los cortes realizados a la película cambian totalmente el contenido político de la cinta


Gérard Depardieu en 'Welcome to New York' de Abel Ferrara
El actor Gérard Depardieu, en una imagen de 'Welcome to New York', de Abel Ferrara.
La imagen de Gérard Depardieu desnudo abalanzándose sobre una camarera negra que acaba de entrar para limpiar una suite en un hotel neoyorquino ya no es un relato vivido sino un flashback. Wild Bunch Vincent Maraval, la compañía encargada de distribuir la cintaWelcome to New York, decidió recortar 15 minutos de la película del productor estadounidense Abel Ferrara y reeditar algunas escenas para que el filme pudiera ser de categoría R (apta para menores de 17 años bajo la supervisión de padre o un tutor adulto).

Gérard Depardieu
Welcome to New York, de Abel Ferrara

“Es una censura”, sentenció el director a The New York Times. “Es una versión ilegal, las partes que quitaron cambian totalmente el contenido político de la película”, añadió. Welcome to New York, que se proyectó en el Festival de Cannes de 2014 y se estrenó el año pasado en Gran Bretaña y este fin de semana se ha lanzado en Estados Unidos, fue concebida como un relato novelado de lo que pudo haber ocurrido el 14 de mayo de 2011, en la suite 2806 del hotel Sofitel de Manhattan, entre Dominique Strauss-Kahn, entonces de 62 años y director general del Fondo Monetario Internacional (FMI), y la limpiadora guineana Nafissatou Diallo, 30 años más joven. La cinta está protagonizada por el actor Gérard Depardieu, que interpreta a un hombre llamado George Devereaux. Su personaje tiene sorprendentes similitudes con Strauss-Kahn, motivo por el que en mayo de 2014 Jean Veil, abogado de DSK, declaró en una entrevista a la emisora Europe 1 que su cliente “presentaría una demanda por difamación por las insinuaciones de la cinta". El letrado además recordó que DSK “fue declarado inocente” y que “ya habían pasado tres años de aquellos sucesos”.

A pesar de las protestas de Abel Ferrara en contra de la reedición de la cinta Welcome to New York, la distribuidora hizo oídos sordos y cortó 15 minutos de la versión original. El director no titubeó al asegurar que las modificaciones alteran drásticamente el significado de importantes escenas de la cinta. “La comparación entre ambas versiones demuestra que los recortes no se hicieron simplemente por la clasificación R, sino, más bien, se hicieron para cambiar el contenido político y moral de la película”, asegura a The New York Times Brad Stevens, biógrafo de Ferrara. El cambió más grave, según el director y Stevens, es el que implica la escena de violación a la trabajadora del hotel neoyorquino. “Ahora es un flashback y se desarrolla entre una conversación entre la trabajadora y el policía, como dando a entender que podría ser una simple ilustración de su versión de los hechos, y que el hombre en realidad podría ser inocente. Este corte tergiversa seriamente la película que Ferrara hizo”, añade Stevens.
Por su parte, Wild Bunch Vincent Maraval indicó a The Hollywood Reporter que ellos habían solicitado a Ferrera desde el principio una versión R de la cinta y que él aceptó entregar. Sin embargo, el director nunca hizo entrega del material y la distribuidora se vio “obligada a cortar la película sin él”. La empresa describió los cortes como “menores” y afirmó que además “ayudaban al flujo de la película”.
En 2011 Strauss-Kahn fue obligado a vivir bajo arresto domiciliario en Nueva York. Un par de semanas después, se le concedió la libertad y tuvo que pagar una fianza de un millón de dólares. Los cargos criminales le fueron retirados finalmente en 2012 y pagó unos 1,5 millones de dólares a Nafissatou Diallo por daños y perjuicios.


viernes, 30 de noviembre de 2012

Gérad Depardieu / Escándalos

Gérard Depardieu


Gérard Depardieu, ante la justicia 

por conducir borracho

Por: AFP | 

Este no es el primer escándalo del actor, pues ya se ha metido en varios líos.

El actor francés Gérard Depardieu tendrá que comparecer ante la justicia el próximo 13 de diciembre por conducir en estado de ebriedad el jueves en París, informaron este viernes fuentes judiciales.
La estrella de 63 años se cayó de la moto que conducía en París, sin causarse ninguna herida ni provocar ningún accidente.
Depardieu presentaba una tasa de alcohol de 1,8 gramos por litro de sangre, muy superior al límite de 0,5 en Francia. La legislación francesa permite al fiscal proponer una condena a una persona que reconoce los hechos de los que se le acusan.
Si esta propuesta es aceptada, será sometida a un juez para que la ratifique en la audiencia pública. Conducir en estado de ebriedad puede suponer una multa de 4.500 euros y hasta dos años de cárcel así como la pérdida de 6 puntos en el permiso de conducir.
En agosto pasado, Depardieu tuvo un altercado con un automovilista en París, que se querelló contra él. El actor reconoció haber golpeado al automovilista y también se querelló contra él por conducción peligrosa.
El año pasado protagonizó un incidente en un avión París-Dublín cuando se puso a urinar en el pasillo por estar cerrados los servicios poco antes del despegue, y fue desembarcado.

http://www.eltiempo.com/mundo/europa/gerad-depardieu-ante-la-justicia-por-conducir-borracho-_12411901-4