domingo, 26 de noviembre de 2006

La lucha de Google por el dominio y la definición




¿Ángel o diablo? La lucha de Google por el dominio y la definición

La expansión mediática de Google y su enormemente lucrativa actividad publicitaria generan confusión



RICHARD SIKLOS (NYT)
26 DE NOVIEMBRE DE 2006


Artículo publicado en la edición del jueves 23 de octubre de la selección semanal de The New York Times ofrecida por EL PAIS.
Google: ¿compañero o rival? Ésa es la cuestión candente de la semana ?no del año? para vosotras, antiguas empresas de medios de comunicación. Últimamente, ha habido una gran actividad en la colmena de Googleplex en Mountain View, California; y buena parte de esa actividad va dirigida a preparar al buscador para la expansión de su enormemente lucrativa actividad publicitaria desde las páginas de Internet al vídeo, los periódicos y la radio.

En primer lugar, cómo no, estaba el acuerdo de Google para adquirir YouTube por 1.300 millones de euros. Los altos ejecutivos de los medios de comunicación no salen de su asombro por el hecho de que YouTube, una web con sólo 18 meses, valga ese dineral. A eso le siguieron dos noticias menores pero intrigantes. Una fue el anuncio de una prueba para colocar en periódicos, The New York Times incluido, anuncios de Internet comprados a través de la red de publicidad de Google. La otra fue que Google está reforzando su personal de ventas de radio, una medida que parece un esfuerzo similar pero quizá mayor en ese medio.
El año pasado, Google aceptó pagar hasta 800 millones de euros por dMarc Broadcasting. Pronto utilizará la tecnología de esa empresa para lanzarse como intermediario entre los anunciantes y los radiodifusores. El director general de Google, Eric E. Schmidt, afirma que pretenden llegar a tener hasta 1.000 ingenieros y agentes de ventas trabajando en el sector radiofónico.
En cuanto se cierre el contrato de YouTube, el vídeo por Internet se convertirá en la siguiente frontera de Google. Con el tiempo, a Schmidt le gustaría ver la tecnología de Google aplicada a la televisión en toda su gloria digital. Lo que está en juego es prácticamente todo en el tarro de miel de la publicidad mundial, que mueve 315.000 millones de euros. La eficacia de Google para poner anuncios junto a los resultados de búsqueda la diferencia de Yahoo, MSN y los demás gigantes de Internet.
Hasta ese astuto observador del dominio del mercado, Microsoft, ha alegado que, hasta que él mismo, o Yahoo o cualquier otro, no descubran el modo de competir con la arrolladora fuerza publicitaria de Google, ésta tendrá demasiado poder. “Lo que Google está haciendo es transferir hacia sí la riqueza que está en manos de los propietarios de derechos”, comenta Steven A. Ballmer, director general de Microsoft. “Por lo tanto, todos los medios de comunicación del mundo están amenazados por Google”.
Bueno, quizá. Pero por ahora, Google parece tener muchos más aliados que detractores entre los grandes medios, aunque algunos se han querellado por el modo en que Google distribuye y presenta los resultados de búsqueda y otra información en compañía de enlaces publicitarios. Recientemente, Google reveló que su servicio de vídeo por Internet había sido demandado y acusado de infringir los derechos de autor.
La Asociación Mundial de Periódicos, una gran organización paraguas basada en París, que representa a 18.000 publicaciones de todo el mundo, intenta organizar una alianza para adoptar una tecnología que dicte las condiciones bajo las cuales los buscadores, incluido Google, podrán usar y presentar el material sujeto a derechos de autor cuando sus robots les visitan para rastrear.
Ahora bien, antes de abordar la cuestión candente ya mencionada ?¿es Google amigo o enemigo?? sopesemos otra pregunta a menudo planteada y pertinente: ¿es Google una empresa de medios? La última vez que lo comprobé, un medio de comunicación se definía en general como una empresa que acumula audiencias y vende a los comerciantes el acceso a esas audiencias.
Y no hace mucho, Schmidt comentaba: “En último término, el objetivo de Google es disponer de la red de publicidad más fuerte y de toda la información del mundo. Ésa es en parte nuestra misión”. Y si es una empresa de medios, es la mayor del mundo, con una capitalización de mercado de 113.000 millones de euros.
Pero a David Eun, director de alianzas de contenido de Google, le ofende la consideración de medio. Señala que Google no crea ni es propietaria de contenidos, algo que, en su opinión, forma parte de la definición de una empresa de medios. Por el contrario, explica, Google es una empresa de tecnología: “Diría que somos un conducto que conecta a nuestros usuarios con el contenido y con los anunciantes”.
Ahora mismo el elefante en la habitación no es publicar sino el vídeo, y eso es lo que Google se propone hacer con YouTube. Entre los millones de descargas del sitio se encuentran clips que incorporan material sometido a derechos de autor, procedente de películas, vídeos musicales y programas televisivos. Los teléfonos de los magnates echan humo y Schmidt debe decidir si los próximos movimientos pasarán por demandas judiciales, acuerdos de concesión de licencias o la retirada de contenido del principal escaparate de vídeo de Internet.
Quizá la respuesta a la pregunta de si es un compañero o rival dependa del tipo de medio en el que uno se encuentre. Si uno es una empresa de cable o una emisora de televisión local, tal vez Google no sea aún su aliado. (Pero no duden de que hay equipos de ingenieros trabajando en ello).
Desde luego, no es raro que las empresas de medios compitan en algunas áreas y colaboren en otras; de hecho, es la prueba suprema de que juegan en Primera División. Pero las fronteras nunca han sido tan borrosas.

sábado, 25 de noviembre de 2006

Jonathan Littell da la cara por Politkóvskaya

Jonathan Littell


Jonathan Littell 

da la cara por Politkóvskaya

El autor de 'Les Bienveillantes' rompe su aislamiento en Barcelona para acudir a un acto público en homenaje a la periodista



JACINTO ANTÓN
Barcelona 25 NOV 2006

Sorpresa en Barcelona. Jonathan Littell (Nueva York, 1967), el escritor estrella de la temporada, autor del éxito Les Bienveillantes (Gallimard, 250.000 ejemplares vendidos en Francia), la tremenda novela protagonizada por un Obersturmbannführer de las SS activo participante en el Holocausto, rompió ayer su voluntario alejamiento de las miradas públicas en Barcelona, donde reside, para acudir a un homenaje a la periodista rusa Ana Poliktóvskaya, asesinada el pasado 7 de octubre en Moscú. Littell concentró miradas y fotografías en el acto y su presencia eclipsó incluso la del venerable Nobel nigeriano Wole Soyinka, que también participaba en el homenaje.
Jonathan Littell, escritor estadounidense que ha escrito su primera obra literaria en francés y ha ganado con ella el premio Goncourt, el pasado día 6, ha optado tras su éxito por rehuir cualquier acto o entrevista, actitud que sólo depone en muy contadas ocasiones en la consideración de que lo que ha de interesar a la gente es su obra no él.


"El Gobierno ruso planificó un férreo control sobre la información"

De hecho, ayer fue la primera oportunidad para conocer en persona al esquivo autor. Tuvo lugar en el marco del Salón del Libro de Barcelona, en un acto que no contó con una audiencia muy numerosa. La organización ya había avisado de que Littell se limitaría a hablar de Ana Politkóvskaya y el conflicto checheno, en su calidad de conocedor del tema por sus visitas al país como miembro de una organización humanitaria, y no contestaría preguntas. Así fue.
Con su aire de adolescente de Retorno a Brideshead y cierta pose de languidez airada, el novelista tomo asiento entre los otros protagonistas del homenaje: Soyinka, el escritor de Zimbabwe Chenjerai Hové, el periodista marroquí Ali Lamrabet -tres personajes que han sufrido persecución en sus respectivos países-, y los periodistas catalanes Carles Torner (moderador del acto) y Llibert Ferri. Littell, que sufrió varios ataques de bostezos hasta que llegó su turno de intervenir, se mostró seguro de sí mismo y habló con voz fuerte y clara. Trazó una panorámica del contexto político en que se movía Ana Politkóvskaya en Chechenia y explicó los prolegómenos de la guerra y las dos fases de esta, con prácticamente ninguna referencia personal. "La guerra se volvió muy difícil para los periodistas. El Gobierno ruso planificó un férreo control sobre la información hasta que se hizo imposible trabajar. Sólo era posible hacer visitas guiadas de la mano del ejército. Te llevaban en helicóptero a donde querían y te volvían a traer. El New York Times, por ejemplo, hizo reportajes vergonzosos, ridículos por lo limitado. Había miedo. Se empezó por atacar el eslabón más débil de la información, los corresponsales locales. A un amigo casi lo mataron, luego fueron a por su familia. De manera que cuando Politkóvskaya empezó en 2001 había un vacío.Trabajó en un entorno muy difícil. Cometió el error de nombrar a unos testigos en un juicio y las fuerzas rusas los mataron, a ellos y a sus familias, como escarmiento; eso la asustó mucho". Littell expresó su admiración por la periodista pero no mencionó si la la llegó a conocer. "Ella habló del efecto de la guerra en la sociedad civil, de cómo gangrenaba los fundamentos de la sociedad. Y de cómo luego la policía rusa, al regresar, usaba los mismos métodos en su país que en Chechenia. No luchaba por una idea abstracta, luchaba por el futuro de su país".
Littell consideró que a Politkóvskaya la mataron "no por ser quien era sino seguramente por algo muy concreto, que nunca sabremos". El novelista acabó señalando irónicamente que "lo admirable de Rusia es que es el único lugar en que se toma lo suficientemente en serio a los escritores como para matarlos". Algo que, reflexionó, tiene que ver con el peso de la tradición estalinista. Y acabó pese a todo con un toque de optimismo, citando la célebre frase de Mijail Bulgakov: "Los manuscritos no arden".


LA PROPUESTA DE SOYINKA
El Nobel nigeriano de Literatura Wole Soyinka lanzó ayer en el acto de homenaje a Anna Politkóvskaya la propuesta de que Mijail Gorbachov "lidere el proceso para revelar el misterio de su asesinato". Soyinka, que explicó cómo conoció al ex líder soviético en un encuentro de premios Nobel, consideró a Gorbachov la persona indicada para encabezar el esclarecimiento de un crimen "con métodos de Nerón" que no dudó relacionar con "los aparatos del Estado". Liddell consideró la propuesta de Soyinka muy acertada y recordó que Gorbachov fue presidente de la revista para la que trabajaba Politkóvskaya. De todas formas, recordó que el margen de movimiento de Gorbachov es hoy limitado en Rusia.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 25 de noviembre de 2006


miércoles, 22 de noviembre de 2006

Josef Koudelka / En el corazón del exilio y el dolor

Praga, agosto de 1968
Los tanques del Pacto de Varsovia entran en Praga
Fotografía de Josef Koudelka


Josef Koudelka

En el corazón del exilio y el dolor

Josef Koudelka, el fotógrafo que inmortalizó la invasión de Praga, presenta un libro antológico con 158 imágenes

ÁNGELES GARCÍA
Madrid 21 NOV 2006




En el corazón del exilio y el dolor

Se define como un observador de la vida. Es de los que creen que si las cosas pudieran ser contadas sólo con palabras, no sería necesario cargar todo el día con una cámara. Pero Josef Koudel-ka (Moravia, 1938) sigue con su cámara al hombro inmortalizando todo aquello que le llama la atención y que durante los últimos años tiene mucho que ver con el paisaje. Ayer, el mítico fotógrafo de la agencia Magnum presentó en Madrid Koudel-ka (Lunwerg editores), un repaso a toda su obra en 158 imágenes. El teatro, los gitanos, el exilio y el caos son los temas que inspiran su obra.
A sus 68 años, Josef Koudel-ka conserva el aspecto de un vital y curioso retratista de la vida y los sucesos diarios. Vestido con una camisa verde olivo y un chaleco negro sobre pantalones deportivos, empezó el encuentro con los periodistas asegurando que desde los años setenta considera España como su propio país. "Desde que tuve que dejar Checoslovaquia, empecé a pasar temporadas todos los años en España. Aquí descubrí la música y el gusto por la vida de los españoles. Las playas de Castellón, de Valencia, la Semana Santa sevillana, los toros... no tienen secretos para mí", explica con una mezcla cantarina de castellano e italiano.





"Soy un hombre muy simple y fotografío lo que veo. No me hago ningún planteamiento filosófico previo"



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La retrospectiva de su obra recogida en el libro recupera una selección de imágenes de los gitanos, tal vez su serie más conocida y en la que el fotógrafo captura conmovedores instantes de la vida cotidiana de niños y adultos en Eslovaquia, la República Checa y Rumanía. La siguiente tanda de fotografías recogen lo que fue la invasión de Praga en agosto de 1968 junto a las imágenes cargadas de tristeza ya en 1969.
El tema de los exilios copa la parte central del libro: desgarro, sombras, soledad, miseria, desalojos, partidas, escombros y muchas miradas perdidas nutren este apartado inspirado en Francia, Suiza, Italia, España, Alemania, Sicilia...
Bajo el epígrafe de El caos, están los paisajes tomados por el fotógrafo durante los últimos 20 años. Se trata de fotografías hechas a partir de los ochenta y, en apariencia, muy diferentes a lo que había realizado hasta entonces. Son miradas panorámicas que, sin embargo, había utilizado en sus primeros años. ¿Qué le interesa en esta última parte? En estas escenas de conjunto, se ocupa de la pobreza, de las catástrofes ecológicas, del abandono de los cultivos, de los desplazados por las guerras. "Estas imágenes panorámicas", explica el fotógrafo, "son como la historia del mundo vista a través de los ojos de la gente, de lo que ella ve".
Asegura que no busca expresamente el dolor. De hecho, explica que lo que busca es la huella que el dolor ha dejado en la gente.
"Soy un hombre muy simple y fotografío lo que veo. No me hago ningún planteamiento filosófico previo. Me impresiona el dolor porque yo también lo siento y por eso lo retrato. Los pobres soldados rusos que iban en los tanques al entrar en Praga tampoco querían estar allí, también sufrían igual que yo".
Koudelka pone cierta cara de espanto cuando un periodista le pide su opinión sobre las cámaras digitales y el uso de teléfonos móviles para obtener imágenes. No, por supuesto que no tiene, contesta. "No estoy contra los tiempos, pero soy producto de otra época y utilizo mis cámaras de toda la vida. Mi hija, de 15 años, me pidió una de esas cámaras y se la compré, es de lo más cerca que la he visto. No las he utilizado nunca. Son otra cosa".
Tampoco tiene unas reglas claras antes de ponerse a trabajar. "Cada uno tiene sus propios principios morales y fluyen solos cuando escoges el objeto que vas a fotografiar, cuando lo revelas, cuando lo editas. Pero no hay leyes escritas ni normas universales".
* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 21 de noviembre de 2006

martes, 21 de noviembre de 2006

Josef Koudelka / El viajero impenitente


Irlanda, Peregrinación Croagh Patrick, 1972.
Fotografía de Josef Koudelka

Josef Koudelka

El viajero impenitente

ALBERTO MARTIN
21 NOV 2006
Josef Koudelka lleva más de cuatro décadas fotografiando y casi el mismo tiempo viajando. En buena medida podría encarnar un cierto tipo de fotógrafo "nómada" dedicado a buscar y registrar por diferentes países el "teatro de la vida". En parte por vocación natural y en parte por circunstancias políticas y biográficas, Koudelka ha sido un eterno emigrado, un viajero constante. Nacido en Moravia en 1938, inició su trayectoria en los años sesenta fotografiando la escena teatral checa, para la revista Teatro. De este periodo arranca sin duda ese gusto por lo teatral y por lo escenográfico que muestra toda su obra, y que hace que hasta las escenas más cotidianas estén construidas siempre con un fuerte sentido del drama y el ritual. A partir de esos inicios, la obra de Koudelka se articulará en torno a cuatro grandes grupos de trabajo sucesivos: Gitanos, Invasión, Exilios y Caos. A comienzos de los años sesenta ya había empezado a realizar el que sería su trabajo más característico y carismático, un retrato de la vida cotidiana de los gitanos eslovacos, que luego extendería a otras zonas. En 1968, la invasión de Praga por los tanques soviéticos daría lugar a la serieInvasión. Imágenes que envió clandestinamente a Estados Unidos, donde fueron difundidas a los medios de comunicación por Elliot Erwitt, entonces presidente de la agencia Magnum. Este trabajo tuvo como consecuencia el exilio de Koudelka y su entrada en dicha agencia. Pese a su pertenencia a Magnum, Koudel-ka nunca realizó un trabajo específico como reportero, manteniendo su interés por proyectos de más largo alcance. El exilio daría lugar a su siguiente bloque fotográfico, llamado precisamente Exilios: una mirada hacia la vida cotidiana y popular de países como Italia, España, Portugal o Irlanda, en los que reflejó un mundo aún conectado al pasado y a las raíces, a las tradiciones y los rituales, con atmósferas cargadas de dramatismo y cierto sentido de religiosidad. Su última gran aportación, supuso también un cambio de formato fotográfico, pasando a utilizar la panorámica. Se trata de Caos, paisajes de gran belleza plástica, en los que refleja la tensión entre el hombre y la naturaleza a través del registro de territorios en los que el desarrollo ha dejado una huella especialmente dramática.
Francia, Hauts-de-Seine, Parque de Sceaux, 1987.
Fotografía de Josef Koudelka





A lo largo de su trayectoria, Koudelka ha ido plasmando una mirada tradicionalmente asociada a la fotografía humanista, pero que en su caso tiene algunos rasgos distintivos: un profundo sentido del drama entendido como capacidad para captar "el teatro de la vida" a través de escenas cotidianas que se cargan de trascendencia casi ritual, una cuidada atención hacia lo que permanece y resiste, un profundo respeto hacia la libertad y la diferencia, sea esta política, cultural o étnica.
Koudelka es así, ante todo, un fotógrafo nómada, con un profundo sentido de la libertad y un profundo respeto hacia el hombre y lo que éste significa culturalmente.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 21 de noviembre de 2006

sábado, 18 de noviembre de 2006

Haruki Murakami / Fiebre amarilla




Haruki Murakami

Fiebre amarilla

R. F.
18 NOV 2006

LA PUBLICACIÓN en 2002 de Kafka en la orilla en Japón -como ya había ocurrido con Norwegian Wood en 1987- se tradujo en un fenómeno de masas trascendiendo lo estrictamente literario. Los misterios de la novela encendieron la imaginación y la curiosidad de los millones de seguidores compatriotas de Murakami y abundaron los chats, los sites y los debates cuyo objetivo era la decodificación de las claves y la iluminación de los agujeros negros en la aventura de Kafka Tamura. El mismo autor fue sepultado por e-mails; por lo que decidió publicar -antes de After Dark, una nouvelle nocturna- el libro Young Kafka, donde respondía más o menos a los a su juicio más interesantes 1.220 correos electrónicos y aventuraba hipótesis que, claro, no hacían otra cosa que generar nuevas teorías. Aquí y ahora, su editorial española contribuye al mito y a la mitomanía de este futuro premio Nobel con el sitewww.tusquetseditores.com/murakami.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 18 de noviembre de 2006



Haruki Murakami / Kafka en la orilla / Reseña de Rodrigo Fresán



Juguemos en el bosque

Rodrigo Fresán
18 de noviembre de 2006

La edición española de Kafka en la orilla podría considerarse un compendio de "grandes éxitos" de Murakami. Publicada hace cuatro años en Japón, la novela contribuyó a aumentar el prestigio del autor de títulos como Crónica del pájaro que da cuerda al mundo. Esta vez, el escritor japonés narra la odisea edípica de un joven cuya historia genera una sucesión de personajes y episodios prodigiosos y obsesiones típicas de Murakami.

En la introducción a su reciente colección de cuentos Blind Willow, Sleeping Woman (Harvill, 2006), el escritor japonés Haruki Murakami explica que, para él, la escritura de relatos es "como plantar un jardín", mientras que la construcción de novelas equivale a "plantar un bosque". Siguiendo este enunciado, puede afirmarse que las flores de los jardines de Murakami tienden a ser únicas y de perfumes imprevisibles (ya viene siendo hora que el lector en castellano conozca esta faceta, sus amplias ficciones breves, acaso la más personal y creativa de este jardinero nacido en Tokio en 1949); mientras que la topografía de sus bosques (siempre habitados por lobos más o menos feroces y donde siempre resulta un aventurero placer el extraviarse) obedece indefectiblemente a dos tipos muy diferentes. Por un lado están los bosques de senderos claramente trazados por la fuerza avasalladora de amores correspondidos o no (me refiero a Tokio Blues/Norwegian Wood o Al sur de la frontera, al oeste del Sol). Y por otro se alzan los bosques impredecibles y salvajes en los que hay que abrirse paso a golpe de machete, sin ayuda de brújula alguna, y en los que puede suceder cualquier cosa (pensar en La caza del carnero salvaje, Dance Dance Dance, Crónica del pájaro que da cuerda al mundo y, muy especialmente, la asombrosa Hard-boiled Wonderland at the End of the World).




KAFKA EN LA ORILLA

Haruki Murakami
Traducción de Lourdes Porta
Tusquets. Barcelona, 2006
584 páginas. 24 euros




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Dicho esto, cabe preguntarse qué clase de bosque es Kafka en la orilla y demorarse un tanto en la respuesta. Porque Kafka en la orilla puede entenderse como lo mejor de ambos modelos y disfrutarse como un paraje mixto. Una jungla/parque o una arboleda/selva en la que el escritor, consciente o inconscientemente, parece haberse planteado una suerte de Murakami's Greatest Hits para el disfrute de fans incondicionales que, tal vez, desoriente a recién llegados o a los que se engancharon al elegiaco romanticismo del best seller Tokio Blues/Norwegian Wood.

Así, en Kafka en la orilla, se nos narra la odisea edípica del joven quinceañero Kafka Tamura (típico "héroe" disfuncional murakamiano; no en vano creado mientras Murakami completaba una nueva traducción al japonés de El guardián entre el centeno, de J. D. Salinger), se nos cuenta el bizarro "incidente" comatoso que sufrió en su infancia el sexagenario y forrestgumpiano Satoru Nakata, y se espera -como en Hard-boiled Wonderland...- a que los caminos de uno y otro se crucen y se enreden. Antes de que esto ocurra -imposible resumir la trama de esta novela de rigor invertebrado y escrita, según el propio autor, "dejándome llevar"- asistimos a una sucesión de prodigios inexplicables pero típicos en las ficciones del japonés, a un exhaustivo catálogo de sus más constantes obsesiones. A saber: gatos parlantes, fenómenos naturales nada naturales, el doble como interlocutor (el insistente Cuervo aleteando sobre Kafka), invocaciones pop (la corporización del Johnnie Walker de la etiqueta del whisky o del Coronel Sanders de las cajas de pollo frito Kentucky), la herida japonesa siempre abierta de la Segunda Guerra Mundial, el poder curativo de los libros (el ambiguo bibliotecario Oshima es sin duda uno de los más grandes personajes de Murakami) y de las canciones (el single -y cuadro- de culto Kafka en la orilla del mar), mujeres maduras y misteriosas (aquí la fascinante y trágica señora Saeki) y chicas enigmáticas con minifalda (la encantadora y volátil Sakura), la fascinación por Occidente como dimensión alternativa, el jazz como fuerza redentora, soldados espectrales perdidos en un pliegue del espacio-tiempo, múltiples alusiones que van desde el Genji Monogatari al Sgt. Pepper's y de Goethe a Bulgakov y de Beethoven a Bob Dylan, un peligroso bosque mágico, y la obligación de superar una serie de pruebas íntimas a la vez que épicas para llevar sano y salvo, pero definitivamente transformado, al otro lado de la muy espesa espesura.



La literatura de Murakami en general -y Kafka en la orilla muy en particular-es un juego de reglas imprecisas pero firmes. Obliga -como sucede con los filmes de David Lynch- a una entrega absoluta sin cuestionamientos ni prejuicios. Hay que entrar rindiéndose primero para salir ganando después. Quien se resista se quedará fuera, confundiendo lo raro con lo tonto, irritado e insomne. Y es que Murakami -aun nutriéndose de tantas fuentes, con prosa tan dulcemente realista como ácida y lisérgica- empieza y termina en sí mismo y lo suyo posee la textura imposible pero verosímil de los mejores sueños. De ahí que, a la altura de la última página, en lo que para muchos constituirá un final demasiado abierto, Cuervo le aconseje a Kafka (y, por extensión, a los lectores) que "es mejor que duermas. Y, al despertar, habrás pasado a formar parte de un mundo nuevo". Y Kafka en la orilla es la incontestable evidencia de que Cuervo no miente. He aquí un libro extraño -un mundo nuevo- que divierte, emociona, da miedo, hace reír, intriga y, por último pero no en último lugar, desconcierta. No se le puede pedir más a una novela.

Pasen y sueñen.


* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 18 de noviembre de 2006