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jueves, 16 de diciembre de 2021

Rafael Chirbes / Diarios / Anagrama

 


Diarios

A ratos perdidos 1 y 2

Los diarios de Rafael Chirbes: un documento imprescindible para comprender los entresijos de un gran escritor.

Poco después del fallecimiento de Rafael Chirbes en 2015 apareció un primer libro póstumo indispensable: la novela Paris-Austerlitz. Ahora, seis años después de su muerte, el lector tiene en las manos sus diarios, que el autor revisó y preparó para su publicación.

martes, 24 de abril de 2018

Así comienza / Javier Marías / Berta Isla



JAVIER MARÍAS



BERTA ISLA

I
Durante un tiempo no estuvo segura de si su marido era su marido, de manera parecida a como no se sabe, en la duermevela, si se está pensando o soñando, si uno aún conduce su mente o la ha extraviado por agotamiento. A veces creía que sí, a veces creía que no, y a veces decidía no creer nada y seguir viviendo su vida con él, o con aquel hombre semejante a él, mayor que él. Pero también ella se había hecho mayor por su cuenta, en su ausencia, era muy joven cuando se casó.

domingo, 24 de diciembre de 2017

Javier Marías / Berta Isla / Reseña





Débora Vásquez

24 de diciembre de 2017


Javier Marías (Madrid, 1951), el articulista, no es el mismo Marías que escribe ficción. El de las columnas de El País es prácticamente un personaje de Thomas Bernhard, solo contra el mundo, incorrecto, como sólo pueden serlo los verdaderos honestos, y un denunciador serial contra el feminismo reaccionario, la kermés separatista de Cataluña, la jibarización de la inteligencia en la era de la selfie, el boom de las series norteamericanas, el dudoso anhelo de querer pertenecer a una minoría oprimida. El otro, el escritor, es más reflexivo, menos irritable, más vulnerable y argumentativo y, sin embargo, cosecha los mismos enemigos. Porque los detractores no respetan los campos de batalla y los odios trascienden los géneros literarios. Por eso, ante el anuncio de la publicación de cada nuevo libro del escritor español, ya se esparce la maledicencia de los murmuradores, los envidiosos, que desde las sombras, como las fatídicas brujas de Macbeth, no cesan de augurar la caída en desgracia de su pluma: “Dicen que esta novela es un fiasco. Es peor que la anterior”.

Sin embargo, las malas lenguas no han podido torcer el destino del caballero español, porque Marías ha tomado hasta ahora el recaudo de ser siempre igual a sí mismo. Para sus lectores, empezar un libro suyo –y Berta Isla, su novela más reciente, no es la excepción– tiene algo de déjà-vu. Uno siente que estuvo ahí antes, en ese universo paralelo en donde los dons pasean los faldones de sus togas, asisten a high tables y conversan con fellows, en ese paisaje sembrado de colleges que, por momentos, nos hace sentir en una novela del siglo pasado o de ciencia ficción, porque Oxford, esa ciudad en la que transcurre ésta y tantas otras de sus historias, es ciertamente “un lugar desterrado del universo”.

Pero el sello de Marías va más allá de una ubicación geográfica. Es una sintaxis en espiral de frases que giran alrededor de un pensamiento hasta marearlo. Es el ritmo de una prosa que parece haber sido escrita para ser leída en voz alta. Son los diálogos que, de tan bien articulados, de tan ávidos de llegar a las últimas consecuencias de una argumentación, resultan casi actuados por los personajes que los enuncian, bellos e inteligentes todos, como salidos de un linaje hessiano de elegidos, y bendecidos además con algún don. En este caso, por ejemplo, la extraordinaria habilidad para imitar acentos extranjeros de Tomás Nevinson, el marido de la Berta del título.

En Berta Isla Marías explora el tema del hombre que vuelve a su hogar, su patria, después de un largo alejamiento. Imposible asegurar si la razón de la ausencia tuvo que ver con una guerra (¿la de Malvinas?) porque lo que los servicios secretos británicos le encargan a Tomás Nevinson luego de reclutarlo nunca se revela. No es ésta una novela de espías convencional. Es una novela sobre lo que hacen los espías cuando no ofician de topos, en sus francos, sus tiempos muertos. Y, ante todo, es una novela sobre la mujer que comparte la vida con ese impostor, la mujer que está sola y espera, la que imagina las miles de posibilidades del otro que no regresa. El subtexto más evidente es el de La Odisea de Homero, una odisea moderna vista desde el punto de vista de una Penélope madrileña, que vendría a ser Berta Isla.

Pero hablar de un único subtexto en Marías sería injusto. También están El coronel Chabert de Balzac y La mujer de Martin Guerre, de Janet Lewis, dos tramas inversamente proporcionales: la del hombre que vuelve de la guerra y no es reconocido y la del que adopta una identidad falsa y es tomado por verdadero. En ese cubo de Rubik de revenants encaja la novela, que nunca escatima en cadáveres, imaginarios o no. No es exagerado decir que a los personajes de Marías siempre les sale al cruce un muerto. Y a partir de entonces cambian las reglas de juego, se activan las culpas y los enroques morales.

Acaso sean las secuelas de los versos desperdigados de T. S. Eliot, la insistencia sobre un célebre fragmento del Enrique V de Shakespeare, o esa manía de ralentizar ciertas escenas, agregándole planos imposibles a un mismo movimiento; lo cierto es que las maniobras de distracción de Marías son infalibles y al terminar de leer Berta Isla el lector no puede dejar de preguntarse cómo es que nos hizo caer una vez más en la misma trampa, cómo es que no supo ver lo que siempre estuvo ahí.

LA NACION



domingo, 8 de enero de 2017

2017 / Los libros que vienen



Los libros que hay que leer en 2017

El centenario de la Revolución rusa y la Transición española protagonizan los títulos literarios del año


JAVIER RODRÍGUEZ MARCOS
Madrid 8 ENE 2017 - 13:32 COT

De todo empieza a hacer ya cien años. Por ejemplo, de la revolución bolchevique,que formateó política y geográficamente el mundo hasta el punto de que algunos historiadores hablan del “corto siglo XX” para subrayar que la centuria pasada no duró diez décadas completas, sino que empezó en 1917 y terminó en 1991, el tiempo que duró la Unión Soviética. Aunque las turbulencias en Oriente Próximo matizan ese subrayado y demuestran que seguimos pagando la factura de la Primera Guerra Mundial, las librerías se llenarán este año de títulos relacionados con la sustitución de la Santa Rusia por la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. Así, a la reciente reedición de La revolución rusa (Debate), un exhaustivo panorama convertido en clásico desde que el historiador estadounidense de origen polaco Richard Pipes lo publicó en 1990, se le sumarán títulos como Cartas desde la revolución bolchevique (Turner), de Jacques Sadoul, o El tren de Lenin (Crítica), en el que Catherine Merridale relata el viaje de Vladímir Ilich Ulíanov de Zúrich a la Estación Finlandia (San Petersburgo) en un tren fletado por el Gobierno alemán, que confiaba en que el líder rojo sacara a Rusia de la Gran Guerra.
Para los que no se atrevan con las mil páginas de Pipes, Galaxia Gutenberg y Crítica publicarán sendos estudios divulgativos firmados, respectivamente, por Mira Milosevic —Breve historia de la revolución rusa— y Julián Casanova —La venganza de los siervos—. Para los que quieran una visión más panorámica aún —y desde la otra orilla ideológica del conservador Pipes—, la propia Crítica publica el mes que viene El siglo de la revolución. Una historia del mundo de 1914 a 2017, del historiador y maestro de historiadores Josep Fontana.
Pero igual que la influencia de la URSS se extendía más allá de la tópica estepa rusa, el comunismo como género literario está plagado de subgéneros de ficción y de no ficción. Por el lado de esta última, los historiadores Carme Molinero y Pere Ysàs publican este mes De la hegemonía a la autodestrucción (Crítica), una historia del Partido Comunista de España entre 1956 y 1982 que explica cómo la principal fuerza del antifranquismo desembocó en la irrelevancia con la democracia. Por el lado de la narrativa, la poeta yperiodista Aroa Moreno debuta en la novela con La hija del comunista (Caballo de Troya), un retrato de emigrantes españoles en la República Democrática Alemana, al otro lado del Muro de Berlín.
Padres de lengua española. “El pasado es un pozo insondable en cuya negrura apenas alcanzamos a percibir destellos de verdad”. Esto escribe Javier Cercas en su nueva obra, El monarca de las sombras (Literatura Random House), que se publica el 16 de febrero y en la que el autor de Soldados de Salamina vuelve a la Guerra Civil para reconstruir la poliédrica figura de su tío abuelo Manuel Mena, alférez de la Falange muerto en la batalla del Ebro y convertido por la memoria familiar en héroe de una sola pieza. La figura de su madre, emigrante extremeña en Girona, y el viejo malestar del escritor por pertenecer a una familia de vencedores de la guerra, atraviesan un libro que, sin pretenderlo, invita a leer otras dos novedades, publicadas por Debate: Elogio del olvido, en el que David Rieff, hijo de Susan Sontag, indaga de un modo crítico en las paradojas de la memoria histórica, y José Antonio. Realidad y mito, en el que Joan Maria Thomàs, experto en historia de la Falange, biografía a Primo de Rivera y revela sus pretensiones de dirigir una posible España fascista, a la vez que analiza las diferencias entre su ideario político y lo que Franco hizo con él.
Además de Cercas, también publican libro nuevo este año Luis Goytisolo —Coincidencias (Anagrama)—, Enrique Vila-Matas —Mac y su contratiempo (Seix Barral)— y Luis Landero —La vida negociable (Tusquets)—. Y si unos vuelven a la revolución rusa o a la Guerra Civil, Ignacio Martínez de Pisón vuelve a la Transición con su nueva novela, Derecho natural (Seix Barral), en la que el paso a la edad adulta es un rito tanto para el protagonista como para el país en el que vive. De ese país y, en parte, de ese tiempo hablan también, por las vías de la historia y del testimonio personal, Transición, que Santos Juliá publicará en Galaxia Gutenberg y, en el mismo sello, Una historia para compartir. Al cambio por la reforma, las memorias de Landelino Lavilla, presidente del Congreso en el 23-F. Lo que en la Rusia de 1917 fue ruptura, fue reforma en la España de 1977, el año en que se celebraron las primeras elecciones democráticas desde 1936.
Hijos de lengua extranjera. Si las figuras paternas están presentes en varios de los libros que verán la luz este año firmados por autores españoles, algunos de los más destacados de la narrativa internacional se centran en la figura de los hijos, incluso para darles voz antes de nacer. Es el caso de Ian McEwan, que se suma a esa tradición de narradores desde el útero materno de la que forman parte Lawrence Sterne, Carlos Fuentes o Juan Marsé. Él lo hace en Cáscara de nuez (Anagrama), que pone en boca de un feto la infidelidad de su madre. Distinta es la madre de la primera novela —autobiográfica— de la estadounidense Merritt Tierce, que en Que me quieras (Blackie Books) relata con crudeza cómo una estudiante de secundaria se queda embarazada durante unas convivencias religiosas. Tiene 16 años y la acaban de aceptar en Yale. Nada será ya lo mismo, por eso dice: “No oigo cómo se escribe mi vida dentro de mí, célula a célula”. No obstante, el niño más enigmático de la literatura reciente es el protagonista de Los días de Jesús en la escuela, de J. M. Coetzee, en la que el Nobel sudafricano retoma al muchacho de su anterior novela, La infancia de Jesús. No era la mejor de las suyas, pero uno de los grandes narradores de las últimas décadas tiene crédito para rato. Como mínimo para este año que empieza.

MUJER DE VERSO EN PECHO

La escritora Gloria Fuertes, en su casa en 2006.  COVER / GETTY IMAGES
Si el centenario de una revolución es un buen momento para repasar la historia, el centenario de una escritora puede serlo para revisar el lugar de las mujeres en la historia de la cultura.  En la ciencia es lo que tratan de hacer Adela Muñoz Paez en Sabias. La cara oculta de la ciencia (Debate) y Dava Sobel en El universo de cristal. Si la primera reivindica, entre otras cosas, la contribución de Rosalind Franklin al descubrimiento de la estructura del ADN o el papel de las científicas en la II República, la segunda relata cómo a mediados del siglo XIX el Observatorio de Harvard encargó a mujeres descifrar las observaciones que sus colegas masculinos realizaban con el telescopio. Entre ellas estaba Williamina Fleming, que, contratada originalmente como criada de un astrónomo, identificó más de trescientas estrellas.
En las letras, es lo que tratarán de hacer varias editoriales con Gloria Fuertes, hija de una costurera y un conserje nacida hace cien años en el barrio madrileño de Lavapiés. Aunque antologías como Mujer de verso en pecho (Cátedra) y Que estás en la tierra (Collioure), una con prólogo de Francisco Nieva y la otra elaborada por Jaime Gil de Biedma, demostraron que Fuertes era mucho más que una estupenda autora para niños, las selecciones que preparan Blackie Books, Reservoir Books —Me crece la barba— y Nórdica —Geografía humana— celebrarán a una escritora a la que la historia no se ha tomado demasiado en serio y que se autorretrató así: “A los nueve años me pilló un carro / y a los catorce me pilló la guerra; / A los quince se murió mi madre, se fue cuando más / falta me hacía, / Quise ir a la guerra para pararla, / pero me detuvieron a mitad del camino. / Luego me salió una oficina, / donde trabajo como si fuera tonta / -Dios y el botones saben que no lo soy-”.
EL PAÍS