Uma Thurman rompe su silencio sobre Harvey Weinstein
"Fue como un palo en la cabeza. Me empujó hacia el suelo. Intentó abalanzarse sobre mí. Hizo todo tipo de cosas desagradables".
POR GARBIÑE CONTINENTE
El pasado mes de noviembre, coincidiendo con la celebración del Día de Acción de Gracias, Uma Thurman compartió en su perfil de Instagram un fotograma correspondiente a la película de Kill Bill. En el texto daba las gracias a todas las personas a las que ama, y hacía referencia a la campaña #metoo y daba una breve explicación de por qué se había mantenido en silencio. "Feliz Acción de Gracias a todos, excepto a ti, Harvey, y todos tus malvados conspiradores. Me alegra que vaya despacio. No mereces una bala", sentenciaba la actriz.
Ahora, Uma Thurman ha hablado finalmente de su dolorosa experiencia como una de las víctimas de Harvey Weinstein, en una entrevista para The New York Times. "Soy una de las razones por las que una niña pequeña entraría sola a su habitación, de la forma en que lo hice. Quentin escogió a Harvey como productor ejecutivo de Kill Bill, una película que simboliza el empoderamiento femenino", asegura en la entrevista. "Y todos esos corderos caminaron hacia el matadero porque estaban convencidos de que nadie los pondría en tal posición, que harían algo ilegal contra ti, pero lo hacen".
En la entrevista, la actriz describe también un episodio en París, en el que Weinstein la acompañó, en albornoz, a un baño de vapor; aunque ella lo detuvo: "No me sentí amenazada", explica, "pensé que estaba siendo muy idiosincrásico, como si fuese tu tío excéntrico".
Pero el episodio más terrible lo vivió en Londres, cuando Harvey Weinstein la atacó en su suite del Hotel Savoy. "Fue como un palo en la cabeza. Me empujó hacia el suelo. Intentó abalanzarse sobre mí. Hizo todo tipo de cosas desagradables. Y no se dio la vuelta, sino que me forzó. Actué como un animal que se escabulle, como un lagarto. Hice todo lo posible para que el avión volviese a la pista. Mi pista. No su pista".
Uma Thurman cuenta cómo su relación de trabajo con Harvey Weinstein cambió permanentemente a partir de aquel incidente. Weinstein se disculpó tras lo ocurrido en Londres y Thurman asegura que Quentin Tarantino, que dirigió películas producidas por Weinstein como Pulp Fiction o Kill Bill, estaba al tanto de aquel ataque.
No puedes conducir dos manzanas por Sin City sin encontrarte con un bar. Entro. El ambiente está cargado, se nota al entrar. El Kadie’s está como siempre, repleto de lo peor de esta ciudad. Entro, nadie se fija en mí, todo el mundo está pendiente de los contoneos de la sensual y cándida Nancy. La miro y sonrío al tiempo que me acerco a la barra y me siento cerca de un gigantón que saborea un trago sin quitarle ojo de encima a la bailarina. Todo el mundo sabe quién es. “Hola Marv, ¿cómo va la noche?”, le digo. “No me acuerdo de ti, pero me gusta tu abrigo”, responde. Y así cada noche en Basin City, un lugar donde la trasgresión es norma, donde impera la ley del más fuerte y en donde cada callejón oscuro es una invitación a recibir una bala en la cabeza, una cuchillada en el estómago o una flecha clavada… ¡en cualquier otra parte del cuerpo que imagines!
LA OSCURIDAD ESTABA EN FRANK MILLER
Hablando de imaginación, todo esto salió de la mente calenturienta de Frank Miller. Y dio el clavo. “La noche es caliente como el infierno. Todo se te pega. Una asquerosa habitación en un asqueroso barrio de un asquerosa ciudad”. Así empieza el primer volumen, con estas palabras de Marv.
Sin City, de Robert Rodríguez y Frank Miller, con Bruce Willis, Eva Green, Jessica Alba, Rosario Dawson, Benicio del Toro y Clive Owen.
Sin City es un lugar de claroscuros, de sombras y luces, donde todo el mundo se mueve en el espectro de colores entre el negro y el blanco. Aquí todo es lo que parece, todo es sórdido, oscuro, húmedo (incluyendo los hombres y las mujeres que habitan en esta urbe). La diferencia entre los héroes y los villanos no está clara en este lugar. Todos tienen algo que esconder, todos tienen algo por lo que luchar, todos tienen muy poco que perder y todos tienen muchas papeletas de terminar en una cuneta o en el depósito al finalizar la noche. “La muerte es como la vida en la Ciudad del Pecado. No hay nada que se pueda hacer”, expone el personaje de Bruce Willis en la segunda entrega cinematográfica.
Martin Scorsese, director de 'El irlandés', ovacionado tras la mención en el discurso de Bong Joon-ho, de 'Parásitos', este domingo en la gala de los Oscar. En vídeo, el anuncio del Oscar a la mejor película.FOTO: ROBERT GAUTHIER | VÍDEO: EPV
Érase una vez en... el nuevo Hollywood
En su nueva política de diversidad, la Academia se está abriendo y globalizando y los votos ya no llegan solo de sus miembros locales sino de todas partes del mundo
Elsa Fernández-Santos
11 de febrero de 2020
La mutación en la que está enfrascado Hollywood cristalizó la pasada madrugada con la concesión de su premio más codiciado a una película surcoreana hablada en coreano.Parásitoses un filme extraordinario convertido en un fenómeno histórico. Pero ¿desde cuándo a la Academia le han importado las películas extraordinarias? Hay una larga lista para demostrar que poco o nada, empezando porla que se llevó el mismo honor hace un año, Green Book. Es obvio que en su nueva política de diversidad, la Academia se está abriendo y globalizando y los votos ya no llegan solo de sus miembros locales sino de todas partes del mundo. La edad media ha bajado de los 62 a los 50 y el porcentaje de mujeres y negros entre los votantes ha crecido. Una regeneración que este domingo se hizo palpable celebrando una película sobre la lucha de clases que recurre a un amplio abanico de géneros, del drama familiar al thriller, la comedia o el terror, para concluir que entre pobres y ricos la brecha es insalvable.Parásitos, Palma de Oro del Festival de Cannesconvertida en un éxito de taquilla desde su estreno el pasado otoño en Estados Unidos, ha logrado un consenso global insólito. Sin embargo, en la madrugada del lunes su director y guionista, Bong Joon-ho, tenía prisa por abandonar el escenario del Dolby Theater. El ataque de pudor le había sobrevenido ya en su penúltimo Óscar, el de mejor dirección. Fue entonces cuando se dirigió a Martin Scorsese para reconocerle el alcance de su magisterio y a Quentin Tarantino para brindarle también su reconocimiento. Que Scorsese se vaya de vacío en los premios de su propia industria o Tarantino se conforme con dos estatuillas (al mejor actor de reparto para Brad Pitt y al mejor diseño de producción) con una película que como pocas celebra a esa misma comunidad resulta algo indigesto. Quizá lo explique que uno de ellos es un mito forjado en las calles de la costa Este y con un universo violento de matones y corruptos, aunque en el fondo hable del fin de una estirpe de hombres condenados a la soledad y el silencio por sus equivocadas lealtades y traiciones. O tal vez también se deba a que el otro sea un eterno enfant terrible enamorado de la cara B de la historia del cine, capaz de convertir en un cuento de hadas el episodio que finiquitó el ideal de otro Hollywood: el asesinato en su casa de Cielo Drive de Sharon Tate y otras cuatro personas a manos de los seguidores de Charles Manson.
Leonardo DiCaprio, Brad Pitt y Quentin Tarantino, en una fotografía de promoción de 'Érase una vez en... Hollywood'.
Quentin Tarantino: “Ya no es fácil ser un provocador”
El cineasta estrena ‘Érase una vez en... Hollywood’, un canto de amor al cine y a la ciudad de su infancia, Los Ángeles, que perdió la inocencia con el asesinato de Sharon Tate
ROCÍO AYUSO
Los Angeles, 10 de agosto de 2019
A nadie debe extrañarle queQuentin Tarantinoencontrara su inspiración paraÉrase una vez en... Hollywooden el cine. A un cinéfilo como él le resonaron en la cabeza las palabras de John Milius enEl juez de la horca. “Las cosas no son como fueron sino como deberían haber sido”, recuerda el realizador con grandes carcajadas. Su novena —y como no deja de recordar, la penúltima antes de retirarse— película es una visión muy personal del Los Ángeles que él conoció en su infancia, un Hollywood donde aún no existían barreras entre estrellas y espectadores, en el que estaban aterrizando una nueva hornada de creadores —liderados en ese momento por Francis Ford Coppola, Arthur Penn y Mike Nichols—, un paraíso de libertad que se derrumbó el 9 de agosto de 1969 con el salvaje asesinato deSharon Tatey sus amigos por parte de La Familia, la secta de Charles Manson. Hace ya medio siglo de aquel crimen con el que también juega Tarantino en su filme, que homenajea a Tate a través del bello retrato, repleto de inocencia y felicidad, que realiza con su interpretaciónMargot Robbie.
Por eso, ese soplo de nostalgia no atiende tanto a la realidad como a los recuerdos de Tarantino, que aunque nacido en 1963 en Tennessee vive en la ciudad de los sueños desde que tenía tres años. “Érase una vez en... Hollywood es mi especie de Roma [la película de Alfonso Cuarón]. Un momento descrito tal y como quedó en mi memoria”, confiesa deleitándose en estos recuerdos. La cadena KHJ en la radio, los paseos por Los Ángeles en un Karmann Ghia contemplando desde el coche las marquesinas de los teatros, los anuncios fluorescentes y el paisaje de barrios como Cielo Drive, en los que vivían las estrellas de entonces. Lugares que alimentaron esta fábula en una persona que desde niño absorbe los detalles de todo lo que le rodea. "Porque para mí los detalles son muy importantes", advierte.
Charlar con Tarantino sobre la película que se estrena en España el próximo jueves 15 es hablar con una enciclopedia de cine. Desde las películas de Elke Sommer (Más peligrosas que los hombres es el primer filme que recuerda haber visto en un cine) a la obra del realizador filipino Cirio H. Santiago, del que posee una extensa colección de DVD, pasando por la admiración que siente por Chicho Ibáñez Serrador. Por eso más que con notas, a sus estrellas las alimentó a base de películas. A Brad Pitt le mostró Billy, el defensor (1971) para encontrar el personaje de Cliff Booth, un doble de acción que ha conocido mejores tiempos. “Con Leo [DiCaprio] fue una negociación más larga porque interpreta casi tres personajes diferentes. Está Rick Dalton —figura vagamente inspirada en Burt Reynolds, confesó en otra ocasión—, pero también está Caleb, el personaje que interpreta en el episodio piloto de Lancet, o los otros cuatro o cinco papeles en los que le vemos en diversas películas. Le enseñé a Edd Byrnes, que hizo de Kookie en 77 Sunset Strip. A Ty Harden. A Ralph Meeker, uno de mis actores preferidos. A Pete Duel. Fue muy divertido porque Brad y yo tenemos la misma edad, pero Leo no los conocía y pude ver cómo le intrigó”, paladea su subversión. No es necesario que sus espectadores lo sepan todo. Que conozcan a Steve McQueen, a la secta de Charles Manson o distingan los detalles ya desaparecidos de una ciudad siempre mutante. Tarantino tampoco lo sabe todo.
Por ejemplo, la canción de Los Bravos que utiliza en el filme le era completamente ajena incluso aunque describa su colección de discos como una minitienda sin sección de salsa. “Bring A Little Lovin' fue uno de los mayores hallazgos de mi carrera. La escuché y me pareció increíble. Cuando la oí por segunda vez supe que la incluiría en la película”, recordó. También pensó en rodar en Almería la parte dedicada al spaghetti western, ciudad que siempre quiso conocer para seguir los pasos de otro de sus ídolos, Sergio Leone. Al final, se quedó en Los Ángeles, para filmar en restaurantes como Musso & Frank, El Coyote —que no tuvo ni que redecorar— o Casa Vega, donde han celebrado su aparición en Érase una vez en... Hollywood con una margarita que lleva su nombre: The Tarantino.
Sharon Tate, en su apartamento de Londres en octubre de 1965.EDDIE WATERSGETTY IMAGES
Ahora que anuncia que solo le queda una película más, para el realizador el mayor logro de su carrera fue la Palma de Oro que recibió en Cannes hace 25 años con Pulp Fiction. “Sé que es solo un premio. Sin embargo, no hay mayor reconocimiento que ser parte de la lista de directores ganadores en Cannes que... el de estar en el listado de los que nunca lograron la Palma”, se ríe. Tarantino también tiene dos Oscars como guionista por Pulp Fictiony Malditos bastardos. Y Érase una vez en... Hollywood podría conseguirle más estatuillas. No todo son alabanzas. La película también tiene sus detractores que, como The New Yorker, critican la glorificación machista y racista de años pasados, o Los Angeles Times,descontentos con su excesiva nostalgia. “Ya no soy ni joven ni estoy enfadado con el mundo”, adelanta. En mayo en Cannes comenzó a explicar que su vida ha cambiado —incluso ha abandonado su costumbre de ver dos y tres películas diarias— desde que se casó con la cantante israelí Daniella Pick. “Ya no es fácil ser un provocador. Tienes que pagar por ello".
Margot Robbie, caracterizada como Sharon Tate en la película.
Al inicio de su carrera, el cineasta fue un revulsivo, alguien que desde su segunda película, Reservoir Dogs (1992) —de la primera, My Best Friend's Birthday, (1987) solo se pueden ver algunos fragmentos ahondando en los sótanos de YouTube— se convirtió en la voz de toda generación de cinéfilos nacidos al calor del VHS: el mismo Tarantino alimentó su cultura cinematográfica gracias a que trabajó como dependiente de un videoclub, el Video Archives en Manhattan Beach. Su estilo, que deglute todo tipo de referencias y géneros, ha creado una ola de seguidores que no han llegado a hacerle sombra. Y desde hace tiempo, el cineasta ya avisaba: no se veía a los 60 años localizando exteriores. Podría seguir creando, aunque como guionista o escritor de novelas.
Tarantino ahonda en esta confesión: "Está claro que me pienso más las cosas. Ahora bien, tampoco voy a caer en asumir los valores que te impone la sociedad actual. Puedes rechazar lo que hago o quizá puede que te guste, de acuerdo, pero lo que no pienso es cambiar mi obra para adecuarme a la actual corrección política”, afirma con un silencio final. "Y eso es cierto", agrega leyendo su propio silencio. "Es cierto que dije que me retiraría al filmar mi décimo filme y lo mantengo. Siento que he hecho el trabajo que quería hacer. Érase una vez en... Hollywood es de algún modo la suma de mi carrera. No lo había planeado así, aunque he descubierto que hay un poquito de todos mis filmes en ella. Así que ha llegado el momento de devolver los caballos al corral”.
LOS GUIÑOS A ESPAÑA DE QUENTIN TARANTINO
Cartel de 'Garringo', película de Rafael Romero Marchent de 1969.
GREGORIO BELINCHÓN
Que Quentin Tarantino saque en una de sus películas una canción de Los Bravos—Bring a Little Lovin’ se escucha en Érase una vez en... Hollywood—no sorprende a sus seguidores. Pero que en un filme de Hollywood sobre Hollywood se mente el nombre del madrileño Rafael Romero Marchent, artesano del spaghetti western de los sesenta y setenta, director de una de las mejores películas del emblemático luchador mexicano Santo, Santo contra el Dr. Muerte (1973), y realizador de series televisivas como Curro Jiménez, es de ultracinefilia galopante. En un momento dado, Tarantino envía a su protagonista, Rick Dalton (Leonardo DiCaprio) a rodar a Almería spaghetti westerns(¿como Clint Eastwood?) y allí colabora con el italiano Sergio Corbucci —nombre fundamental, junto a su admirado Sergio Leone, en el corazón del cineasta estadounidense— y con Romero Marchent. En ese instante, Tarantino exprime su colección de carteles y coloca a su protagonista en algunas de las películas de la época, o juega con los títulos de ellas. En aquellos años, Romero Marchent estaba en plena producción y enlazó títulos como ¿Quién grita venganza? (1968), Garringo (1969) y El Zorro justiciero (1969). Desde luego, en Garringo el personaje de DiCaprio podría haber sustituido a Anthony Steffen como el teniente Garringo, que sale a la caza de un fuera de la ley que se dedica a matar soldados.
Cuando en junio de 2004 el cineasta visitó Madrid para promocionar Kill Bill. Volumen 2, se escapó un rato del hotel en el que atendía a la prensa para curiosear entre los fondos de la librería Ocho y Medio. Allí no solo quiso adquirir carteles de las dos películas de Chicho Ibáñez Serrador (La residencia y ¿Quién puede matar a un niño?), sino que preguntó por carteles dibujados por el ilustrador valenciano José Peris Arago, más conocido como Jano, una potencia artística en el mundo del afiche (los programas de mano) y de la cartelería cinematográfica. Por cierto, atención a los carteles que aparecen en los decorados en esa ocasión, porque también hay sorpresas.
Varias películas de Tarantino esconden guiños a España. Al final de Jackie Brown(1997), la protagonista le cuenta al personaje que encarna Robert Foster su intención de mudarse a España. El prestamista le pregunta si a Madrid o a Barcelona y le explica que en el país no se cena hasta medianoche. En Kill Bill. Volumen 1 (2003), uno de sus capítulos toma el nombre de La novia ensangrentada, de Vicente Aranda. En el Volumen 2 (2004) suena Tu mirá, de Lole y Manuel. Tanto en Death Proof como en Los odiosos ocho ya aparece la referencia a Romero Marchent: en la primera se ve el cartel de El límite del amor (1976); en la segunda el honor recae en su hermano, Joaquín Romero Marchent: su eurowesternCondenado a vivir fue una influencia clara en la trama de la película de Tarantino.
Margaret Qualley, la hija de Andie MacDowell a la que no puedes perder de vista
Si ya has visto la última película de Quentin Tarantino, Érase una vez en… Hollywood, es probable que te haya llamado la atención la actriz que interpreta a Pussycat, la actriz que interpreta a la joven acólito de Charles Manson conocida como Pussycat.
Maya Hawke y su madre Uma Thurman, y Margaret Qualley, y su madre Andie MacDowell
Érase una vez… el nepotismo de Hollywood
Tarantino contrata para su novena película a cuatro hijas de famosos: Maya Hawke (Uma Thurman), Margaret Qualley (Andie MacDowell), Rumer Willis (Demi Moore) y Harley Quinn Smith (Kevin Smith)
Eneko Ruiz Jiménez Madrid, 11 de agosto de 2019
"Soy producto del nepotismo de Hollywood. Cuando dos famosos copulan, este es el resultado". Carrie Fisher, hija de la actriz Debbie Reynolds y el cantante Eddie Fisher, nunca temió en bromear con las razones genéticas por las que ella, y no otro, había logrado un puesto en la primera plana de la meca del cine, y el calvario que eso supuso. Allí nunca se escondió, así que hasta Quentin Tarantino saca provecho a estos clanes cinematográficos en su último canto de amor a la industria. A la sombra del primer encuentro entre dos de las mayores estrellas en décadas, Leonardo DiCaprio y Brad Pitt, el elenco de Érase una vez en... Hollywood reúne a cuatro de las hijas de quienes eran estrellas cuando él comenzaba: Maya Hawke (Uma Thurman), Margaret Qualley (Andie MacDowell), Rumer Willis (Demi Moore) y Harley Quinn Smith (Kevin Smith).
El cineasta Quentin Tarantino posa para los medios delante de los actores estadounidenses Brad Pitt y Leonardo DiCaprio, en Cannes. IAN LANGSDONEFE
Naufragio del muy esperado Tarantino
La trama de 'Érase una vez en... Hollywood' no se sabe bien adónde pretende conducir, con diálogos insustanciales y carentes de ingenio
CARLOS BOYERO
21 de mayo de 2019
Hay directores tan legendarios como escasos cuya nueva entrega se espera como agua de mayo, que convierten lo que hayan decidido parir en algo ansiado por los espectadores, la industria (tan necesitada del éxito de los más dotados en estos tiempos agónicos), los informadores y los críticos. La obra de Quentin Tarantino justifica esas expectativas. En Cannes su cine tuvo un bautizo esplendoroso hace 27 años con la revolucionaria Reservoir Dogs y en 1994 dejó flipado a todo el personal con la inclasificable Pulp Fiction, que logró la Palma de Oro y se ha convertido en un clásico. Por ello, la película que marcaba esta edición de Cannes, en la que estaban depositadas las esperanzas colectivas, era Érase una vez en... Hollywood. Tarantino aceleró hasta límites febriles su montaje para que se celebrara aquí el estreno mundial, la han exhibido en dos sesiones casi paralelas intentando algo tan democrático como que todos los asistentes a Cannes la vean al mismo tiempo. Antes ha salido un señor al escenario hablando en nombre de Tarantino y rogando que nadie cuente su argumento. En fin, un montaje a la altura de lo que se espera de las sorpresas confirmadas.
Y, efectivamente, es sorprendente. Pero no por la exhibición de talento que tantas veces ha acreditado su creador, sino por su lamentable falta de gracia, por una trama que no se sabe bien adónde pretende conducir, por diálogos insustanciales y carentes de ingenio (algo inaudito en el mejor y más original dialoguista del cine moderno), por situaciones alargadas hasta el aburrimiento, por actores excelentes como Leonardo DiCaprio, Brad Pitt y Al Pacino, que parecen tan perdidos como su director. Contaba la rumorología, siempre tan estratega ella, que suponía un tributo de amor por parte de Tarantino al cine y el mundo de finales de los sesenta en Hollywood, a sus personajes más pintorescos y también un retrato de aquel suceso pavoroso en el que la actriz Sharon Tate y sus amigos fueron masacrados por la banda satánica de aquel demente excesivamente siniestro llamado Charles Manson.