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jueves, 4 de diciembre de 2025

La historia de los aperreadores españoles que usaron jaurías para dominar a los incas en Perú

 

Un grabado que muestra a Vasco Núñez de Balboa y otros de su grupo militar en un ataque de perros a varias personas.

FUENTE DE LA IMAGEN, GETTY IMAGES

    • Autor, 

    • La historia de los aperreadores españoles que usaron jaurías para dominar a los incas en Perú


    • Darío Brooks
      Título del autor, BBC News Mundo@Hay Festival Arequipa 2025

Para dominar a los pueblos prehispánicos hace unos 500 años, los exploradores españoles contaban con un arma traída desde Europa que aterraba tanto como las espadas, las ballestas, los cañones y los caballos: los perros.

martes, 5 de noviembre de 2024

Abandono de mascotas

 


Mascotas
Un perro en una vivienda mirando por la ventana.


Abandono de mascotas: ¿es ético tener un perro o un gato si va a estar solo a diario durante horas?

La falta de atención puede provocar conductas destructivas, una de las causas por las que decenas de miles de animales acaban en las protectoras cada año. El ministerio de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030 prepara un plan de acción estatal para abordar el problema

viernes, 17 de mayo de 2024

Triunfo Arciniegas / Medio Gato

 

Con Nino, de apenas un mes



Triunfo Arciniegas

MEDIO GATO

Alguien me preguntó cómo me había ido en este viaje y le respondí que había vuelto con medio gato. En seguida corregí: “con la mitad de los gatos”. La explicación del lapsus es obvia. En cierta forma, Mío y Nino eran uno solo de tan bien que se llevaban. A menudo confundía sus nombres. Dejé dos gatos en casa de René antes del viaje y encontré sólo uno a mi regreso. Ya sé que el cambio de espacio les resulta dramático, pero no había con quién dejarlos en Pamplona. Nadie que los acompañara y les limpiara el arenero, nadie que les cambiara el agua y les repartiera el alimento. Edward Gorey simplemente no viajaba porque no podía confiarle a nadie su media docena de gatos. Hemingway tenia veintisiete en su finca cubana y no sé cuántos sirvientes. Podía darse el lujo de recorrer el mundo sin preocupaciones domésticas porque era millonario y el escritor más famoso del mundo. Antes de su nuevo viaje a Europa, mi hermano Jaime se encargaba de los animales, incluyendo a Toto, que se perdió en enero por descuido mío.

La feria del libro bogotana fue magnífica, no puedo quejarme, pero el regreso, en cambio, un tanto aparatoso. Me enfermé, me azotó la tos hasta quedarme afónico. La gripa que rondó la feria esperó a que tomara el vuelo de regreso para enseñar sus garras. Un tanto asustado, me dediqué a la miel de abejas y el limón hasta espantar esa vocecita de muchacha melindrosa. Miel y pastillas porque con los males recurro a todos los medios de lucha. Enfermos del mundo, uníos, el mal será vencido.

Como si fuera poco, no más viniendo del aeropuerto un golpe en la cabeza me obligó a recurrir a urgencias, donde los desgraciados de turno se negaron a atenderme porque no traía conmigo la cédula y allí, donde pasa de todo, un rostro ensangrentado no conmueve a nadie. Terminamos René y yo en un tratamiento casero con yodo y remedios formulados por el farmaceuta del barrio. 

Pobre René. Estaba muy apenado no sólo porque tuvo que ver con el accidente sino porque se le había escapado el gato. Lo vio saltar desde la ventana del segundo piso y no pudo encontrarlo. No lo culpo. Fue la única persona que se ofreció a cuidarme los animalitos  y el gesto pesa más que el descuido.

Así, con ese miserable hilo de voz, dolor de cabeza y sacudiendo las pepitas en su propio plato, un par de madrugadas estuve buscando a Nino sin resultados en las calles del barrio. Conocí unos cuantos gatos desdichados y numerosos perros sin dueño. Me recomendaron el método japonés para encontrar un gato que consiste en enviarle un mensaje con otros gatos. El japonés es una de las lenguas que no domino. Me dijeron que no fuera tan bruto y recurriera al único idioma que medio conozco. Pero los gatos salvajes que encontré en las madrugadas no se dejaron hablar. Uno tiene casi descolgada la cabeza de tan profunda que es la herida de su cuello. Si no lo han podido atrapar para hacerle unas curaciones, qué atención me va a prestar para conversar sobre un pinche gato perdido, uno más de tantos. Otro perdió el rabo. Y otro, una oreja completa. Mundo salvaje, como el nuestro, donde no dejamos de matarnos los unos a los otros.

Así que hemos vuelto a casa y Mío recorre los lugares de Nino. Sé que lo extraña. Tanto o más que yo. Ya no toma el sol de la tarde en la ventana de mi dormitorio. Ahí se quedaban casi hasta el oscurecer, cuando me buscaban para pedir la cena. Ahora toma el sol de las mañanas en la ventana que da a la calle, donde lo hacía Nino.

Nos sentimos solos y la casa nos parece todavía más grande. Conversamos como siempre, pero Nino hace falta. Era mudo o es mudo, pero aun así se le extraña. Sobrevivirá contra viento y marea, a pesar de las lluvias y el hambre, a pesar de los perros y los mismos gatos. Esquivo y más independiente que Mío, lo veo más preparado para el difícil oficio de conservar el pellejo. Lo traje de La Mancha cuando apenas tenía un mes para llenar el vacío de Cata, asesinada por una jauría de perros callejeros, y porque anhelaba un gato negro. 

La relación con Cata fue mucho más profunda, aparte de que se trató de un amor a primera vista. Un amor fulminante y definitivo. Cata dormía sobre mi pecho. Vivía pendiente de mí y le temía a los perros. Estuvo un par de meses pérdida y apareció de pronto en el solar de la casa de Cuatrovientos. Terminé trayéndola a mi casa en Pamplona y murió poco después de la medianoche la única vez que se quedó abierta una de las ventanas de la sala. Sé la hora porque arañó la puerta del dormitorio y no le abrí. Me había llegado una amorosa compañía. Me levanté a buscar a la dulce Cata por todos los rincones como a las seis. Entonces no sabía que los barrenderos ya habían recogido su cuerpo y lo habían arrojado a la basura de todos los días.

Me quedé entonces sólo (y solo) con Mío, que asumió el lugar de Cata literalmente. Los gatos respetan las jerarquías. Ahora dueño y señor, Mío empezó a frecuentar los sitios de Cata. Hizo todo menos dormir sobre mi pecho.

Así es la vida, una suma de pérdidas y hallazgos.

Se dice que la vida nos concede todo pero demasiado tarde. La vida en un sentido más amplio y total. También es verdad que poco o poco nos va despojando de todo, hasta que ya no queda nada.

17 de mayo de 2024







miércoles, 16 de septiembre de 2015

Marilyn Monroe / Los perros no me muerden


Marilyn Monroe
Biografía
LOS PERROS NO ME MUERDEN

"Los perros no me muerden. Sólo los seres humanos"
Marilyn Monroe

La frase esta sacada del libro "Retratos" de Truman Capote en el que el escritor hace un perfil de la actriz.  Durante un paseo de ambos se produce el siguiente encuentro.

Cuenta Truman Capote:
Al bajarnos del taxi vimos a un hombre que llevaba a un chow-chow de la correa, un posible pasajero en dirección al transbordador, y, cuando nos cruzamos con ellos, mi acompañante se agachó para acariciar la cabeza del perro.)
EL HOMBRE (con tono firme, pero no hostil): No debería tocar a perros que no conozca. Especialmente a los chow. Podrían morderla.
MARILYN: Los perros no me muerden. Sólo los seres humanos. ¿Cómo se llama?
EL HOMBRE: Fu Manchú.
MARILYN (riendo): ¡Oh! Como en la película. Tiene gracia.
EL HOMBRE: ¿Cuál es el suyo?
MARILYN: ¿Mi nombre? Marilyn.
EL HOMBRE: Lo que me figuraba. Mi mujer nunca me creerá. ¿Podría darme su autógrafo?
(Sacó una tarjeta y una pluma; utilizando el bolso como apoyo, escribió: “Dios le bendiga, Marilyn Monroe.”)
MARILYN: Gracias.
EL HOMBRE: Gracias a usted. Ya verá cuando lo enseñe en la oficina.


viernes, 28 de noviembre de 2014

David Douglas Duncan / Picasso y Lump



David Douglas Duncan
Pablo Picasso y Lump



Picasso y Lump se conocieron el 19 de abril de 1957 en La Californie, mansión de Picasso en Cannes. El dueño de Lump era David Douglas Duncan, un fotógrafo que había capturado los mejores ángulos de Picasso un año antes. El día en que se vieron por primera vez, Lump recibió como regalo de bienvenida un retrato hecho por las manos del artista. Mientras almorzaba junto a Duncan y Jacqueline Roque, Picasso preguntó a su dueño si Lump tenía su propio plato para comer. Su dueño respondió que no y la reacción del artista fue coger un pincel y un poco pintura que se encontraban a su alcance y procedió a pintar un retrato del perro con dedicatoria incluída. Aunque Picasso no era el dueño de Lump, el pequeño animal se convirtió en un personaje importante en la obra del pintor durante los 6 años que vivieron juntos. Su aparición más famosa la hizo en la versión que Picasso hizo de Las Meninas de Velásquez -la serie de 58 cuadros se encuentra en el museo Picasso de Barcelona-. Picasso era un hombre de perros y tuvo muchos pero las personas que estuvieron más cercanas al genio afirman que Lump fue el único al que cargó en sus brazos. El amor por Picasso hacia Lump quedó inmortalizado en un libro que contiene reproducciones de pinturas y fotografías en blanco y negro de ambos. Lump murió diez días antes que Picasso, el 29 de marzo de 1973,  y logró convertirse en el salchicha más famoso del mundo del arte. Tan reconocido que cuenta con su propia página en Wikipedia.










domingo, 27 de julio de 2014

Pablo Neruda / Un perro ha muerto

Pedrillo
6 de mayo de 2002 - 27 de julio de 2014
Fotografía de Triunfo Arciniegas
Pablo Neruda
UN PERRO HA MUERTO
A DOG HAS DIED

Mi perro ha muerto.

Lo enterré en el jardín
junto a una vieja máquina oxidada.

Allí, no más abajo,
ni más arriba,
se juntará conmigo alguna vez.
Ahora él ya se fue con su pelaje,
su mala educación, su nariz fría.
Y yo, materialista que no cree
en el celeste cielo prometido
para ningún humano,
para este perro o para todo perro
creo en el cielo, sí, creo en el cielo
donde yo no entraré, pero él me espera
ondulando su cola de abanico
para que yo al llegar tenga amistades.

Ay no diré la tristeza en la tierra
de no tenerlo más por compañero
que para mí jamás fue un servidor.
Tuvo hacia mí la amistad de un erizo
que conserva su soberanía,
la amistad de una estrella independiente
sin más intimidad que la precisa,
sin exageraciones:
no se trepaba sobre mi vestuario
llenándome de pelos o de sarna,
no se frotaba contra mi rodilla
como otros perros obsesos sexuales.
No, mi perro me miraba
dándome la atención que necesito,
la atención necesaria
para hacer comprender al vanidoso
que siendo perro él,
con esos ojos, más puros que los míos,
perdía el tiempo, pero me miraba
con la mirada que me reservó
toda su dulce, su peluda vida,
su silenciosa vida,
cerca de mí, sin molestarme nunca,
y sin pedirme nada.

Ay cuántas veces quise tener cola
andando junto a él por las orillas
del mar, en el invierno de Isla Negra,
en la gran soledad: arriba el aire
traspasado de pájaros glaciales
y mi perro brincando, hirsuto, lleno
de voltaje marino en movimiento:
mi perro vagabundo y olfatorio
enarbolando su cola dorada
frente al Océano y su espuma.

Alegre, alegre, alegre
como los perros saben ser felices,
sin nada más, con el absolutismo
de la naturaleza descarada.
No hay adiós a mi perro que se ha muerto.
Y no hay ni hubo mentira entre nosotros.

Ya se fue y lo enterré, y eso era todo.


Pablo Neruda
Jardín de invierno

miércoles, 16 de septiembre de 2009

Silvina Ocampo / Nueve perros

Silvina Ocampo con Bioy Casares, Dragón y Sacastrú

Silvina Ocampo
BIOGRAFÍA
NUEVE PERROS


Para A. B. C.

El primero estaba en un cuadro pintado al óleo, so­bre la chimenea del comedor de la casa de campo, donde veraneaba en mi infancia. Mientras comíamos en una enorme mesa, con muchos comensales y fuen­tes, yo miraba de soslayo al perro, que era de caza con dibujos en la piel que se asemejaban a un mapa, y él miraba de frente, como miran los perros. Recuerdo que estaba sentado al pie de un árbol sin follaje, en que se apoyaban la mochila, los rifles, las escopetas, las perdices y no sé si una liebre o varias, o si todas las perdices eran liebres. Yo también estaba sentada, casi a la cabecera de una mesa en forma de óvalo, cu­bierta con un mantel de Damasco, blanco, con rosas, mariposas o lirios. De buena gana hubiera cedido mi asiento y me hubiera sentado al pie del árbol. A ese perro pintado me unía el silencio. Ninguno de los dos hablábamos a la hora de las comidas; yo, por timidez, y él, no por ser perro sino por estar en un cuadro; así me parecía a mí. "Ayúdame a sobrevivir", tal vez le habría dicho interiormente, si hubiera sabido for­mular el sentimiento, porque siempre en mi infancia, en mi adolescencia y después, por bastante tiempo, sufrí de vivir: hasta que lo conocí a Áyax.

martes, 15 de septiembre de 2009

Silvina Ocampo / Mimoso


Dibujo de Lucian Freud
Silvina Ocampo
BIOGRAFÍA
MIMOSO

Desde hacía cinco días Mimoso agonizaba. Mercedes con una cucharita le daba leche, jugo de frutas y té. Mercedes llamó por teléfono al embalsamador, dio la altura y el largo del perro y pidió los precios. Embalsamarlo iba a costar casi un mes de sueldo. Cortó la comunicación y pensó llevarlo inmediatamente para que no se estropeara demasiado. Al mirarse al espejo vio que sus ojos estaban muy hinchados por el llanto y decidió esperar la muerte de Mimoso. Junto a la estufa  de kerosene, colocó un platito y volvió a darle leche al perro, con la cucharita. Ya no abría la boca y la leche se derramó por el suelo. A las ocho llegó el marido, lloraron juntos y se consolaron pensando en el embalsamamiento. Imaginaron al perro a la entrada de la habitación, con sus ojos de vidrio, cuidando simbólicamente la casa.