Mostrando entradas con la etiqueta Les Murray. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Les Murray. Mostrar todas las entradas

lunes, 18 de julio de 2016

Les Murray / Un arco iris nada especial

Ilustración de Triunfo Arciniegas
Les Murray
UN ARCO IRIS NADA ESPECIAL

Corre la voz por Repins,
corre el rumor por Lorenzinis,
en Tattersalls, los hombres levantan los ojos de las páginas de cifras,
en la Bolsa los pizarreros olvidan sus manos manchadas de tiza
y del Club Griego salen hombres con pan en los bolsillos:
un tipo llora en Martin Place. No pueden pararlo.

El tráfico en Geroge Street se amontona media milla
y pierde el movimiento. La multitud habla con desazón
y cada vez acude más gente. Muchos corren por calles secundarias
que hasta hace poco eran céntricas y bulliciosas diciendo:
Allí abajo hay un tipo que llora. Nadie puede pararlo.

El hombre al que rodeamos, el hombre al que nadie se acerca
simplemente llora, y no lo esconde, llora
no como un niño, ni como el viento, sino como un hombre
y no clama, ni se golpea el pecho, ni siquiera
solloza muy fuerte, sin embargo, la dignidad de su llanto

nos mantiene a distancia de su espacio, del hueco que forma
a su alrededor en la luz del mediodía, en su pentagrama de dolor,
y por detrás los uniformes, entre la muchedumbre,
que antes trataron de detenerle
se quedan mirándole fijamente y sienten con asombro que sus mentes
suspiran por unas lágrimas como los niños por el arco iris.

Algunos dirán, en años venideros, que un halo
o energía lo envolvían. No es así.
Algunos dirán que se escandalizaron y que hubieran querido impedirlo,
pero no habrán estado allí. El de más fiera hombría,
el más inflexible receloso, el más agudo superficial de entre nosotros,

se estremece en silencio y arden en inesperados
pensamientos de paz. Algunos que se creían felices
vociferan en medio del gentío. Solamente los más pequeños
y las criaturas que observan desde el cielo acuden a él
y se sientan a sus pies, con perros y palomas polvorientas.

Ridículo, dice un hombre a mi lado, y se tapa
la boca con sus manos, como si fuera a vomitar,
y veo a una mujer, radiante, que alarga la mano
y tiembla al recibir el don del llanto;
y a todos cuantos la imitan también les es dado

y muchos lloran con absoluta aceptación, pero los más
rehúsan llorar por temor de aceptarlo,
pero el hombre del llanto, igual que la tierra, no pide nada,
el hombre que llora nos ignora y grita
con su rostro atormentado y su aspecto nada especial

no palabras sino pena, no mensajes sino dolor
duro como la tierra, tan absoluto y presente como el mar,
y cuando al fin cesa, simplemente camina entre nosotros
limpiándose la cara con la dignidad de un
hombre que ha llorado y ahora ha terminado.







Les Murray / Espacio Trampa Alta Velocidad


Les Murray
Espacio Trampa Alta Velocidad
Traducción de Charles Olsen y Miguel Ángel Arcas

A casa desde el pueblo a toda velocidad
en la lluviosa oscuridad. Nos precipitábamos
por las estrechas carreteras de entonces.
Un camión pisándonos los talones, salta, enciende los espejos,
fresas gemelas mantuvieron tenues nuestras luces

y nuestro carril amurallado
por árboles de corteza espumosa. Sin poder evitarlo
de repente salió de entre los troncos un cuadrúpedo
de cuello ancho, hocico y astas, contemplando con calma
el juego de velocidad y contra-velocidad.

Sus pezuñas se clavaron en el asfalto
y nuestra pequeña estancia se precipitó hacia una descabezamiento
o a ser tragada por la alta proa del camión.
Ningún salto en picado desde mi asiento me lanzaría
lo suficientemente abajo para evitar el giro de grúa de aquella cabeza

y su inminente carnicería y vidrio.
Pero desapareció.
Esa quijada monstruosa debería haber reculado
de un solo trago para concederme la supervivencia.
Mi cerebro aún estaba lleno de labio grasiento,

del baboso rumiante. En todo excepto en la realidad
había ocurrido el hachazo explosivo.
El cristal fantasmagórico y los escupitajos de lluvia seguían saliendo
desde mi rostro hasta el hombre
que con la fuerza de sus manos había tenido que

evitar un volantazo.





Les Murray / Poesía y religión


Les Murray

Poesía y religión

Traducción de Abraham Gragera

Las religiones son poemas. Hacen confluir
nuestra vigilia y nuestros sueños, nuestras emociones,
instintos, nuestros gestos innatos, nuestro aliento
en el único todo concebible: la poesía.
Nada de lo dicho fue soñado más allá de las palabras
y nada es verdadero hasta que no figura en ellas.
Un poema, al lado de una religión organizada,
es como la breve noche de bodas de un soldado,
por la que ha de vivir y de morir. Pero esta es una pobre religión.
La plena religión es el poema largo que amorosamente se repite:
como cualquier poema, ha de ser completo, inagotable,
con giros que nos hagan preguntarnos ¿por qué hizo esto el poeta?
No se puede rezar una mentira, dijo Huckleberry Finn:
no se puede poetizar con otra. Es el mismo espejo:
mudable, oblicuo, que llamamos poesía,
y que una vez centrado, llamamos religión,
y dios es la poesía atrapada en cualquier religión,
atrapada, no presa: atrapada como en un espejo
que él atrae, siendo en el mundo lo que la poesía
es al poema, una ley contra su clausura.
Siempre habrá religión en torno mientras haya poesía
o mientras falte. Ambas son un don, e intermitentes,
como el vuelo de esos pájaros –palomas moñudas, rosellas multicolor−
que cierran las alas, las baten, y las cierran de nuevo.