Martin Scorsese durant el estreno de 'Die My Love' en el AMC Lincoln Square Theater, el 1 de noviembre de 2025 en la ciudad de Nueva York.VALERIE TERRANOVA (WIREIMAGE/GETTY)
Los directores de arte atacan a Scorsese por su abrazo a la IA: “Está dándole la espalda a los artistas humanos”
El cineasta neoyorquino y ganador del Oscar se ha posicionado a favor de esta tecnología tras hacerse socio y asesor de una ‘startup’
El País Madrid - 10 JUN 2026 - 10:50 COT
El director ganador de un Oscar Martin Scorsese “está dando la espalda a los artistas humanos que, a lo largo de su carrera, le han ayudado a crear sus obras más memorables”. Así comienza el comunicado que el Sindicato de Directores de Arte ha emitido este miércoles, casi una semana después de que el cineasta se uniera a la empresa de inteligencia artificial Black Forest Labs como socio y asesor.
Hubo una vez dos niños que crecieron en las "calles malas" de Nueva York, nacieron con un año y unas cuantas manzanas de distancia. No eran de las familias más pobres, pero estaban lejos de ser ricos.
Uno de los chicos era totalmente italiano, el otro tenía un padre italiano y una madre irlandesa. Al crecer, vieron 'chicos sabios' e hicieron hombres y gángsters en la calle. Vieron a las pandillas, incluso tuvieron amigos que se les unieron... Su primera infancia fue Goodfellas.
Uno de los amigos era el hijo de una actriz convertida en costurera. El otro era el hijo de un pintor que había dejado a su esposa porque era gay - su madre había sido una artista.
No es sorprendente que ambos niños heredaran el "gen artístico" de sus padres y, de los orígenes humildes de inmigrantes de sus padres, un fuerte impulso para lograrlo en el mundo.
Los dos chicos se convirtieron en hombres y tomaron caminos separados. Se volvieron a encontrar en sus veinte años. El medio irlandés, el más alto y guapo de los dos, había ido a la escuela de actuación y ahora era un actor conocido como Robert De Niro.
Su amigo, un compañero creativo pero demasiado bajo para el estatus de hombre principal, era Martin Scorsese. Scorsese quería recrear el mundo en el que habían crecido y hacer que cobrara vida para una audiencia joven en gran medida desconocida con él. Calles malas. Taxista. Toro furioso. El Rey de la Comedia. Buenos amigos.
Scorsese dirigió películas. De Niro actuó en ellos. Resultó que Scorsese era un maldito buen director y guionista. De Niro era un maldito buen actor. Llegarían a definir el cine de muchas maneras, y ponían su marca en el género de películas de la mafia y el drama del crimen organizado como nadie antes que ellos, y nadie después.
MANTIENEN SCORSESE, DE NIRO Y DICAPRIO EN VILO A CANNES POR 3 HORAS Y MEDIA
El director estadunidense Martin Scorsese volvió a exhibir este sábado sus dotes de mago del drama policíaco con Killers of the Flower Moon, acerca de la misteriosa serie de asesinatos que sacudió a una comunidad indígena en Oklahoma en los años 20.
Martin Scorsese regresa a Cannes con 'Killers of the Flower Moon'
37 años después de ganar el premio al mejor director con 'Jo, ¡qué noche!, el cineasta vuelve al festival con un filme protagonizado por Leonardo DiCaprio y Robert De Niro
31 marzo, 2023
Martin Scorsese vuelve a la sección oficial del Festival de Cannes por primera vez desde 1986 con su última película Killers of the Flower Moon. Protagonizada por Leonardo DiCaprio y Robert De Niro, el filme está ambientado en Oklahoma en la década de 1920 y narra los asesinatos en serie de varios miembros de la nación indígena Osage, asentada en una zona rica en petróleo. Esos crímenes llegaron a ser conocidos como 'el reinado del terror'.
Las razones para ver El Irlandés según Guillermo del Toro
El director de Hellboy y El laberinto del fauno, publicó en su cuenta de Twitter un hilo en el que explica punto por punto, y mencionando otras cintas de culto, por qué la nueva película de Martin Scorsese es una "obra maestra".
Mónica Garrido 29 de noviembre de 2019
Es difícil ser amante del cine y ser indiferente al más reciente estreno de Martin Scorsese. El Irlandés, con Robert De Niro como protagonista, y Al Pacino y Joe Pesci como co-protagonistas, ha recibido solo halagos tanto a su director como a sus actores.
En Corredor sin retorno, la película más impresionante que he visto sobre manicomios y la capacidad contagiosa de ese vértigo que confunde la realidad, figuraba en sus títulos de crédito iniciales esta temible sentencia de un trágico griego: "A quien los dioses se empeñan en destruir, primero le vuelven loco". Muchos años después, Martin Scorsese, director eternamente obsesionado por los volcanes de la mente, con un largo historial en su cine de protagonistas paranoicos, psicópatas, esquizofrénicos y autodestructivos, aborda en la muy esperada Shutter island las tenebrosas brumas de la enfermedad más indeseable.
Shutter Island
Adapta una novela de Dennis Lehane, escritor apasionante y guionista en varios capítulos de la legendaria serie de televisión The wire. Por alguna extraña razón, ya que suelo devorar cualquier cosa que lleve su firma, he demorado la lectura de Shutter island. Y me alegro, porque me hubiera privado de los continuos giros y la apabullante sorpresa final que plantea Scorsese en esta película tensa, compleja, hipnótica y que en determinados momentos puede parecer confusa, aunque pensándola después (algo que revela que te ha dejado poso) descubres que lo aparentemente retorcido tenía coherencia, que el director te puede descolocar con el desenlace pero eso no implica que te haya engañado.
Leonardo DiCaprio Shutter Island
'Shutter island' es una retorcida y enfermiza tela de araña que engancha
Scorsese ha confesado su admiración por las películas negras, misteriosas y góticas que produjo la RKO en los años cuarenta y cincuenta. Cine de presupuesto escaso y maravillosamente aprovechado, con estilo y aroma. Aquí trata de encontrar esa atmósfera perdida. Y aunque no le cite, también hay transparentes influencias de Hitchcock.
Pero Scorsese, a diferencia de Tourneur y de Val Lewton, dispone de los medios más grandiosos. Los utiliza muy bien. Recreando un mundo febril y enigmático en una isla azotada por tormentas y tempestades. Sus habitantes son los dementes más peligrosos, los guardianes que les vigilan y una corte de psiquiatras presuntamente siniestros que han descubierto la eficacia de las lobotomías. Allí llegan dos policías de élite con la misión de averiguar el secreto que ocultan varias inexplicables desapariciones de enfermos.
Scorsese narra con maestría el angustioso acorralamiento de los sabuesos que hurgan en aparentes maquinaciones. Crea un universo desasosegante, nos ofrece sutiles pistas de que nada es lo que parece, alterna las pesadillas con la realidad. Sales de esta película con sensaciones muy raras. En mi caso, también con la certeza de que no he mirado el reloj a pesar de durar 140 minutos. Es la prueba de que me ha enganchado esta retorcida y enfermiza tela de araña.
La película rumana If I want to whistle, I whistle y la danesa Submarino tienen vocación de tragedia, pero no logran contagiarla. La primera cuenta la crisis de un encarcelado chaval cuando se entera de que la madre va a largarse del país llevándose a su hermano pequeño. La segunda describe los efectos devastadores que sufren en su vida adulta dos hermanos, uno alcohólico y el otro yonki, que tuvieron una infancia desdichada por el abandono y desequilibrio que les creó la borracha de su madre. Ambas están correctamente dirigidas, pero no logro establecer la menor empatía con las toneladas de sufrimiento que almacenan los protagonistas.
Tampoco consigo establecer complicidad y hay un montón de cosas que no entiendo en la española El mal ajeno, exhibida en la sección Panorama. La produce Alejandro Amenábar, la ha escrito Daniel Sánchez Arévalo y la dirige Óskar Santos. Mezcla demasiados géneros con escasa armonía. Identificas las obsesiones del autor de Azuloscurocasinegro y Gordos. También te remite a Abre los ojos. Y el debutante Óskar Santos posee fuerza visual. Todo ello no evita que me pierda frecuentemente en este cóctel de urgencias, delirios, amores al límite, psicopatías, cine de terror, etcétera. Hay alguna secuencia turbadora pero también muchas más pretensiones que aciertos. Eso sí, te hace reconocer la extrema vulnerabilidad, las contradicciones y los traumas que pueden sufrir los médicos, esas personas obligadas a convivir con el dolor, la enfermedad, el miedo, la muerte.
* Este artículo apareció en la edición impresa del domingo, 14 de febrero de 2010.
Margot Robbie, Leonardo DiCaprio y Martin Scorsese El lobo de Wall Street
EL LOBO DE WALL STREET ¿Por qué Martin Scorsese se encaprichó con Leonardo DiCaprio?
Ambos rodarán su sexto filme juntos, «Killers of the Flower Moon»
Actor y director cosechan (de momento) cinco películas, un corto y un documental juntos y tienen otra posible película entre manos
Lorena López 14 de septiembre de 2020
Ya es oficial. Leonardo DiCaprio y Martin Scorsese volverán a rodar juntos. Será la sexta vez que colaboran para un largometraje, que se llamará «Killers of the Flower Moon». Este filme –que no empezará a rodarse hasta el verano de 2019– recreará la historia reflejada en la novela homónima del periodista David Grann, un libro en el que pudimos descubrir los primeros pasos de la Nación Osage, quienes eran las personas más ricas per cápita del mundo en los años veinte gracias al petróleo. Pero el descubrimiento del crudo no solo trajo riqueza, también trajo una terrible conspiración –investigada por el FBI– que supuso el asesinato de muchos de ellos.
Pero ¿por qué a Martin Scorsese? El director y Leonardo DiCaprio han trabajado juntos desde 2002 en cinco películas (ya terminadas), un corto y un documental, y eso solo de momento. Actualmente, el actor se encuentra actualmente rodando «Once Upon a Time in Hollywood», dirigida por Quentin Tarantino, mientras que Scorsese está en plena posproducción de «The Irishman», su película para Netflix. Sin embargo, ambos también están trabajando para desarrollar una película biográfica sobre el presidente de Estados Unidos Theodore Roosevelt, según informó «Deadline». DiCaprio (obviamente) interpretará al presidente de los Estados unidos que se centró en la conservación de los espacios naturales y la fauna salvaje a través del impulso de los parques nacionales.
No es el único proyecto en tendrían entre manos. Actor y director también podrían haber unido fuerzas para sacar adelante a desarrollar «The Devil in the White City». Inicialmente, se rumoreaba que este filme saldríaen cuanto Scorsese dé por terminado el rodaje de «The Irishman», pero la confirmación de «Killers of the Flower Moon» parece haberla aplazado. La adaptación cinematográfica de la novela publicada en 2003 por Erik Larson contará la historia de un asesino en serie aprovecha la Exposición Universal de Chicago de 1893 para atraer a 200 víctimas a su «Castillo de Asesinatos». ¿Adivináis qué papel hará DiCaprio? Efectivamente, interpretará al asesino.
Leonardo DiCaprio es un «sospechoso habitual» del cine de Martin Scorsese, junto Robert De Niro, tras haber aparecido cinco de sus largometrajes: «Gangs of New York» (2002), «El aviador» (2004), «Infiltrados» (2006), «Shutter Island» (2010) y «El lobo de Wall Street» (2013). Pero no solo es el actor más habitual en las películas de Scorsese, es su «protagonista favorito». Martin Scorsese ha intentado sacarle provecho al lado más descarado del que ganara un Oscar con «El renacido».
En «Gangs of New York» interpretó a un inmigrante en una ciudad en la cúspide de la autodestrucción; en «El aviador» fue el influyente e inimitable Howard Hughes; en «Infiltrados» interpretó a un policía encubierto que intentaba derribar a un infame jefe de la mafia; en «Shutter Island» perdió la cabeza haciendo su trabajo como detective al investigar una misteriosa desaparición en un centro psiquiátrico; y en «Lobo de Wall Street» causó un monumental desastre al robar dinero a civiles inocentes. Cinco personajes que poco (o nada) tienen que ver unos con otros, más allá del actor que los interpreta y que estén dirigidos bajo la batuta de uno de los más grandes cineastas de todos los tiempos.
«Cuando miro atrás y veo algunas de las cosas que he llegado a hacer, y que en el centro de ellas está esta increíble colaboración accidental que he llegado a tener con Marty...», reflexionaba Leonardo DiCaprio a «Indiewire». Una «colaboración accidental» que pronto se traducirá en siete películas. «Es difícil decir con palabras todo lo que he aprendido de él. (...) He crecido enormemente como actor solo por estar en esos momentos con él, esos en los que te da la directriz correcta», añadía.
La devoción es mutua. La primera vez que Martin Scorsese escuchó hablar sobre Leonardo DiCaprio fue al propio Robert De Niro, quien también ha trabajado en repetidas ocasiones con el director. «Me dijo de pasada: 'Acabo de ver La vida de este chico (1993) con este chico... Leo DiCaprio. Es muy bueno. Deberías trabajar con él algún día'. Rara vez dice eso. Siempre es muy amable con otras personas, pero muy pocas veces me ha dicho que debo trabajar con alguien», recordaba Scorsese a «Parade». Lo que nos parece más peculiar es que Scorsese consiguiera que Robert De Niro ganase el Oscar (con «Toro Salvaje»), mientras que DiCaprio se quedó en a las puertas al ser nominador por «El aviador» y «El lobo de Wall Street».
«Le vi poco después en '¿A quién ama Gilbert Grape?' y no me di cuenta de que era él y estuvo fantástico. Y luego, por supuesto, 'Titanic'... Pensé que era muy bueno. Así que cuando llegó la noticia de que le gustaban mis películas, y pudimos hacer juntos 'Gangs of New York', comenzó una relación muy especial», comentaba el director.
El secreto de este tandem es que hablan el mismo idioma. «Somos de generaciones diferentes, pero él va en los mismos lugares que yo quiero ir. No tiene miedo de ir allí. No tiene miedo de tratar con esa parte de sí mismo y eso es interesante. Tenemos un contexto diferente, crecimos de manera diferente, pero creo que hablamos el mismo lenguaje emocional y psicológicamente», confesaba Scorsese.
Nunca me has derribado, Ray! ¡Nunca me has derribado!» Ensangrentado de cabeza a rodillas, Jake LaMotta gritaba al mundo su fe de vida. Tras un brutal decimotercer asalto en el que el neoyorquino había estado a punto de hincar la rodilla, el árbitro paró el combate. Victoria para Sugar Ray Robinson; leyenda para Jake: digno en la derrota, destruido pero en pie.
El combate, bautizado como ‘La Matanza de San Valentín’ (se disputó en el Chicago Stadium a muy pocos kilómetros del lugar donde Al Capone acabó con la banda de Bug Moran en 1929), es un fiel resumen de la vida de Jake LaMotta, fallecido a los 95 años a causa de una neumonía en un hospital de Miami.
Una vida inmortalizada para siempre en ‘Raging Bull’, una de las obras maestras de Martin Scorsese, quizá la mejor película de deporte, no sólo de boxeo, jamás filmada. Atrapado por la lectura del libro homónimo, Robert de NIro convenció a un reticente ‘Marty’ para llevarlo a la gran pantalla. Con guion de Paul Schrader, la cinta fue nominada a ocho Oscar y se llevó dos: el de mejor actor para el propio De Niro y el de montaje de Thelma Schoonmakker.
Pese a colaborar estrechamente con De Niro para preparar el personaje –cuenta la leyenda que llegaron a disputar más de 1.000 asaltos para perfeccionarlo-, al bribón de Jake no le agradó mucho la imagen que se daba de él en la película, aunque terminara reconociéndose en ella.
Nacido en 1921 el East Side, criado en el Bronx cuando era el Bronx, hijo de un emigrante siciliano que maltrataba a toda su familia, Giacobbe, su verdadero nombre, vivió a golpes desde niño. Primero en casa, luego como pandillero en la calle y más tarde en el reformatorio.
Allí encauzó su rabia hacia el boxeo y los técnicos descubrieron un filón. Pegaba mucho aunque no muy fuerte, pero su capacidad para encajar resultaba sobrecogedora. Los cronistas de la época describieron su estilo como el de una persona que «creía que no merecía vivir». Disputó 106 combates en una cerrera que se prolongó durante 13 años. Ganó 83 y perdió 19, pero sólo dos veces cayó a la lona.
Ninguna de ellas frente a Sugar Ray Robinson, su némesis, con el que inmortalizó una serie de combates para la historia del boxeo. Sólo ganó uno de seis –la primera derrota de Ray después de 130 victorias-, pero no cayó en ninguno de los otros cinco, pese a las siderales diferencias entre ambos.
Campeón del mundo del peso medio en 1949, título del que hizo tres defensas, se retiró en 1954, confesó en Congreso sus flirteos con la mafia y el amaño de al menos un combate, y dio rienda suelta a su ya de por sí caótica vida personal.
Coleccionó matrimonios, hasta siete, abrió un club en Florida donde, pasado de alcohol y de todo, contaba chistes a una variopinta clientela, ganó y se fundió todo el dinero que pudo, conoció la cárcel que esquivó con el boxeo y vivió la tragedia de la muerte de dos de sus hijos.
Del Bronx, toro y salvaje, visualizó su vida como una obra y la materializó en un libro, ‘Raging Bull. My Story’, el viaje de un perdedor con aristas que enamoró a De Niro y convenció a Scorsese. «Yo era un hijo de puta. No soy así ahora, no lo soy, pero entonces sí, entonces era un hijo de la gran puta».
En la serie ‘Supongamos que Nueva York es una ciudad’, Scorsese se parte de risa, y a los espectadores nos ocurre lo mismo, escuchando las ácidas opiniones de Fran Lebowitz
CARLOS BOYERO 14 ENE 2021 - 18:30 COT
Llevar creando una de las obras más poderosas e identificables de la historia del cine podría sumir a Martin Scorsese en el ego trip permanente, en observar la belleza de su ombligo y olvidarse del resto del mundo. Pero este director genial también posee y ejerce la admiración hacia el talento ajeno. Lo homenajea en los terrenos de la música, la escritura, el cine, las obras de arte que han hecho más feliz su existencia. Y les rinde tributo mediante documentales impagables. Lo hizo con el cine clásico estadounidense, con el italiano, con cineastas que le impresionaron, como en la preciosa Una carta a Elia. Aclaro, al director Elia Kazan. No vaya a pensar el lector de esta crónica que se trata de la declaración amorosa de Scorsese a una antigua novia. Y, dylanita confeso y eterno (¿y qué melómano de verdad no lo es?), ha realizado documentales imprescindibles sobre la personalidad, la vida y las canciones de este, como No Direction Home y Rolling Thunder Revue.
«No hay nada de malo en ser un inepto, o en hacer algo mal, pero guárdatelo para ti» y otras fascinantes frases del documental de Fran Lebowitz
La miniserie de Netflix Supongamos que Nueva York es una ciudad es la última aproximación a la figura de la influyente escritora. Dirigida por su íntimo amigo Martin Scorsese, estas son algunas de las sentencias más mordaces, ocurrentes y significativas de sus siete episodios.
Sobre el dinero: “Odio el dinero profundamente. Sin embargo, mi problema con esto, no es mi único problema, es que me encantan las cosas. Odio el dinero, pero me encantan las cosas. Lo odio, pero me gustan los muebles. Lo odio, pero me gustan los coches. Lo odio, pero me encanta la ropa. Odiar el dinero está bien si odias las cosas, porque entonces eres el Dalai Lama”.
¿Es ‘Supongamos que Nueva York es una ciudad’ de Fran Lebowitz y Scorsese la serie más brillante de Netflix?
En Supongamos que Nueva York es una ciudad, la aguda mirada de la escritora Fran Lebowitz te dará un remanso cálido de humor inteligente y nostalgia del Nueva York auténtico (el de los neoyorquinos), justo lo que necesitamos en estos momentos
POR SOFÍA LÁZARO
10 DE ENERO DE 2021
Fran Lebowitz es toda una institución neoyorquina o, más bien, una escritora que no podría existir si no es en Nueva York, a pesar de que no hay detalle de la ciudad que no sea blanco de sus divertidas críticas en el documental que protagoniza y del que todo el mundo habla. Supongamos que Nueva York es una ciudad es una miniserie de Netflix de siete episodios de menos de 30 minutos de duración cada uno dirigida, producida y coprotagonizada por Martin Scorsese en los que la septuagenaria escritora reflexiona sarcástica e inteligentemente sobre la ciudad que ambos amigos habitan, aman y, en ocasiones, odian, pero siempre con sentido del humor. En un momento del documental, una espectadora pregunta a Fran Lebowitz qué es lo que la retiene en Nueva York. “La gente a menudo me pregunta por qué sigo aquí. Y contesto: ‘¿de acuerdo, qué otro lugar sugieres?’ El caso es que si se me ocurriera un sitio mejor ya estaría allí”.
Fran Lebowitz y Martin Scorsese en la fiesta post Oscar
de Vanity Fair de 2012
Foto de Kevin Mazur
A menudo comparada con Dorothy Parker por la mordacidad con la que analiza las convenciones sociales, Fran Lebowitz vuelve a dejarse dirigir por su amigo Martin Scorsese diez años después de Public Speaking, y el resultado tiene enganchado a medio mundo. Se suceden charlas privadas entre ambos, teatros llenos de espectadores que interrogan a ambos, entrevistas (alguna de Alec Baldwin) a la escritora y cómica, secuencias de Lebowitz paseando sus muchísimas opiniones con un toque de su peculiar snobismo: asegura por ejemplo que ella no desprecia a nadie por sus orígenes, pero sí desprecia a quienes no están de acuerdo con ella.
Si todo el mundo está recomendando la miniserie en redes sociales es porque aporta algo diferente y necesario. El enésimo canto de amor de Scorsese a su ciudad nos devuelve la ilusión de recorrer el Nueva York auténtico (a pesar de no poder viajar) mientras que la afilada lengua de Fran Lebowitz es un buen recordatorio de lo sano que es tener juicios propios y razonados. “Sé que enfurezco a mucha gente, pero a esas personas les preguntaría ‘¿quién soy yo? ¿acaso tomo decisiones por ti?’ ¡Si no estoy a cargo de nada! Entendería que les molestara si cada vez que digo que algo debería ser de determinada forma yo pudiera cambiarlo… Pero si pudiera cambiarlo la que no estaría enfadada sería yo. La rabia es porque no tengo poder, pero sí muchas opiniones”.
Lebowitz llegó en los años 70 a la ciudad que recorre y juzga en la serie y enseguida se convirtió en una celebridad por su agudísimo ingenio: Andy Warhol y David Letterman no tardaron en contratarla como colaboradora habitual. Considerada por la edición estadounidense de Vanity Fair como una de las mujeres mejor vestidas del mundo, jamás abandona su estilo masculino: sus posados en esmoquin son habituales en las alfombras rojas. Entre sus principales fobias están los teléfonos móviles y tablets. El resto, merece al pena descubrirlo en Supongamos que Nueva York es una ciudad.