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jueves, 28 de octubre de 2021

Literatura erótica / Las mejores novelas

 




Literatura erótica: las mejores novelas

Selección de literatura erótica. Una lista de erotismo delicatessen.



24 de septiembre de 2021. Estandarte

Nuestra selección de las mejores novelas eróticas de la historia quiere calentar los ánimos del respetable con una ración de buena literatura. Ahora que parece que la literatura erótica interesa especialmente, tanto a las grandes editoriales como a los lectores, como prueban fenómenos del tipo Cincuenta sombras de Grey o No te escondo nada, nos parece el momento ideal para recordar estos hitos de la literatura erótica a través de esta selección de novelas eróticas:

Historia de O
Dominique Aury (Pauline Réage)

Historia de O, una referencia de la literatura erótica

Cuando el editor francés Jean-Jacques Pauvert publicó, en 1954, Historia de O, su novela erótica estalló como una bomba en el puritano mundo postbélico, causando escándalo y desconcierto. Pero lo que una mujer, Pauline Réage, expresaba de pronto con tan desgarradora y brutal belleza respondía, curiosamente, a lo que millones de lectores, hombres y mujeres, sentían sin osar siquiera formular en forma de deseo. No tardó mucho Historia de O en convertirse en el libro más traducido y leído en el mundo desde El Principito de Saint-Exupéry. Historia de O expone las “aventuras” de una mujer que trata de conquistar plenamente a su amante entregando su voluntad y fe a un estilo de vida cercano al sadomasoquismo. Su gran pasión por este hombre la lleva a hacer cosas que nunca antes había podido ni siquiera imaginar…

Las diez mejores novelas eróticas



Las diez mejores novelas eróticas

Sade no ha sido el único en convertir la sensualidad en su protagonista. Junto a su «Juliette» destacan títulos «habituales» –«El amante de Lady Chatterley», «Ada o el ardor»– y otros menos conocidos, como «El erudito de las carcajadas»

Andrés Ibáñez
1 de diciembre de 2014

El amante es una obra autobiográfica que rememora una aventura erótica de la autora, cuando tenía quince años y vivía en Indochina, con un hombre chino culto, refinado y adinerado. Ambos se encuentran en el transbordador que cruza el río Mekong, cuando ella lleva un vestido de seda casi transparente y él la observa desde su lujoso coche europeo. Enseguida la niña descubre que puede hacer lo que quiera con su amante, que jamás le querrá, que le hará sufrir, y se lo dice; él llora y responde que ya lo sabía. Pero son también maravillosas las páginas en las que la autora describe su atracción por una compañera del pensionado donde ambas viven, la bella Hélène Lagonelle, cuyos senos son imposibles de olvidar.

jueves, 18 de junio de 2020

“Yo lo compraba por sus artículos” / Una historia literaria de ‘Playboy’

La portada de marzo de 1965 anuncia un texto inédito de Vladimir Nabokov.
La portada de marzo de 1965 anuncia un texto inédito de Vladimir Nabokov.

“Yo lo compraba por sus artículos”: una historia literaria de ‘Playboy’

La edición en papel de la revista cierra tras casi siete décadas de desnudos, pero también de textos enjundiosos: en sus páginas publicaron Ray Bradbury, Norman Mailer, Doris Lessing y Margaret Atwood


Kiko Amat
6 de mayo de 2020

Playboy cierra sus piernas. Digo, puertas. A mitades del pasado marzo, su actual director ejecutivo, Ben Kohn, colocó su faz de leprechaun poscoital ante las cámaras para afirmar que, por culpa de la covid-19, el ilustre magacín de “entretenimiento para hombres” finiquitaba la edición en papel y se transformaba en digital. No sé si alguien se entristeció por este hecho. Playboy es una de esas cosas del pasado remoto que, incluso considerando que en algún momento tuviesen una utilidad, como los cantautores de la Transición, uno no puede imaginar con seguidores actuales.

miércoles, 6 de diciembre de 2017

Natalia Carbajosa / De erotismo y literatura


Natalia Carbajosa

De erotismo y literatura


Escribir un relato erótico no es difícil. ¿Quién no ha contado alguna vez un chiste subido de tono y lo ha aderezado con detalles de su propia imaginación, buscando la exactitud verbal, anticipando con cuidados indicios el desenlace y vertiendo con estudiado mimo el dramatismo y la comicidad? De ahí a ponerlo por escrito no va tanta distancia. Escribir un relato erótico que no contenga nada más tampoco parece cosa del otro mundo. Novelas hay, y voluminosas, de esas que se llaman «de ingredientes», en las que los autores van dosificando convenientemente los elementos: un tanto de sexo, un tanto de violencia… claro está que hay que saber escribir o, mejor dicho, redactar, para poder hacerlo. Pero otra cosa muy distinta es ubicar uno o varios episodios eróticos en un contexto más amplio, en el que dichos episodios se relacionen con naturalidad con el resto de preocupaciones de la existencia humana: el amor, la muerte, la vida, que diría el poeta; la soledad, la ambición, los sueños no cumplidos, la nostalgia, el rencor, la amistad, el poder… y mezclar en todo el humor y el drama sin renunciar a un ápice de empatía; esto es, consiguiendo que el lector no deje de sentir como suyas las vicisitudes de los personajes, que no los vea de pronto ajenos a sí mismo porque el escritor, por pereza o por falta de talento, le haya reducido al papel de voyeur. Escribir así, con Eros formando parte de la vida, es hacer literatura.

martes, 31 de octubre de 2017

Ilustres ilustradores / Thomas Leycester Poulton



Ilustraciòn de Thomas Leycester Poulton




Thomas Leycester Poulton, nacido en Inglaterra en 1897, fue un ilustrador de revistas y publicaciones médicas. Tras su muerte, en 1963, se descubrió que había sido también un prolífico e imaginativo creador de arte erótico: los cientos de bocetos y dibujos que salieron de su pluma muestran a mujeres exhibiendo con orgullo sus exuberantes cuerpos de un modo que el pacato Reino Unido de posguerra habría considerado escandaloso. Una vez repuestos de la sorpresa inicial, resulta evidente que el mayor talento de Poulton radica en la representación del cuerpo humano en pleno acto sexual y, habida cuenta de la enorme perspicacia con la que lo retrata, son muchos los que piensan que tuvo que haber presenciado las orgías que plasmó en papel. Sus vínculos con determinados personajes implicados en el escándalo Profumo de 1963 (que estalló en fechas próximas a su muerte) apuntan a que posiblemente fuese el «artista invitado» de las fiestas que sacudieron los cimientos del Parlamento británico. El público no tuvo acceso al archivo de Poulton hasta finales de la década de 1990, cuando apareció entre las posesiones de un anciano patrón de vela que decidió desprenderse de su amplia colección de material erótico. Aunque la obra de Tom Poulton nos habla muy elocuentemente de la sociedad inglesa entre los años 1948 y 1963, existe en estas imágenes de sexualidad desinhibida y vibrante una calidad universal que trasciende la época y el lugar en el que fueron creadas.

TASCHEN


sábado, 30 de septiembre de 2017

Playboy ya no es lo que era / Las nuevas revistas eróticas

Georgia May Jagger en Lui

'PLAYBOY' YA NO ES LO QUE ERA. PERO AQUÍ ESTÁN LAS NUEVAS REVISTAS ERÓTICAS

Mientras la publicación erótica anuncia que renuncia a los desnudos, surgen otras donde el erotismo es arte. Rihanna y Kate Moss ya han posado

“El erotismo convierte al sexo en obra de arte”
Mario Vargas Llosa

17 OCT 2015 - 01:45 COT




Portada de la revista 'Lui', con Kate Moss, y de 'Treats!'.
Portada de la revista 'Lui', con Kate Moss, y de 'Treats!'.

“Playboy dejará de mostrar en sus páginas a mujeres completamente desnudas”. La noticia saltó esta semana a los diarios, marcando el fin de una época. En marzo de 2016, un rediseño de la revista fundada por Hugh Hefner adoptará un estilo más moderno, limpio y cercano a la prensa de tendencias. Según su actual director, Cory Jones, en los últimos tiempos las ventas habían caído en picado debido a la gran oferta de sexo y desnudos en Internet. Así que han optado por la solución más socorrida: suavizar contenidos para agradar a posibles anunciantes de lujo.

viernes, 17 de febrero de 2017

Sonia San Román / I'm loving me II


Sonia San Román
I’M LOVING ME - II


En el sillón de mi cuarto pienso en ti con mi mano.

Bebe

Me miré las uñas de la mano izquierda.
Estaban largas y bien cuidadas.
Las vi del derecho y del revés.
Observé las lúnulas blanquecinas
asomando bajo la piel
y se me antojaron bocas perfectas,
sonrientes y sensuales
que me miraban todas a un tiempo.
Comencé a acariciar mis dedos
como quien toca una miniatura de vidrio.
Froté las palmas una contra otra
con los dedos abiertos como suaves abanicos.
Bajé a las muñecas, a la zona azulada de venas
donde la piel se vuelve fina y clara,
a los antebrazos, a los codos, al cuello.
Acaricié del lóbulo de la oreja hasta el hombro,
solté mi pelo y metí los dedos en él.
Lo peiné rizando mechones entre el índice
y el corazón.
Lo aparté hacia un lado y toqué mi boca.
Raspé levemente mi labio inferior.
Estaba grueso y húmedo y pasé la lengua por mi dedo.
Con la otra mano sentí mis pechos
redondos y fuertes como frutas sabrosas.
Acaricié mi vientre dibujando espirales en mi ombligo.
Y bajé
y bajé
y bajé más
y más aún,
aún más abajo…
Y subí
y observé las uñas de mi mano derecha.



Sonia San Román (Logroño 1976) publicó en 2004 el libro De tripas, corazón (Ed. del 4 de agosto) del que surgió, al año siguiente, Planeta de poliuretano (Asociación cultural) a modo de edición revisada y ampliada.En 2008 publica (Editorial Eclipsados) y en 2014 Anillos de Saturno con Baile del Sol. Como editora ha coordinado los libros Strigoi, 25 poemas vampíricos. Un homenaje a Bram Stoker, Hay caminos, antología-homenaje a José Hierro (Ed. del 4 de agosto, 2012) y Yo tenía tres modos de pensar (ciudades, ríos y rock and roll). Antología poética de Benjamín Prado (Ed. del 4 de agosto, 2013). También ha participado en numerosas antologías poéticas u obras colectivas como (Ed. Homoscriptum, México 2005), 23 Pandoras (Baile del sol, 2009), Planetario, siete poetas desde el Planeta Clandestino (Ediciones del 4 de agosto, 2009), Beatitud, visiones de la Generación Beat (Ediciones Baladí, 2011) o Mujeres en su tinta (Ed. Atemporia y Universidad Nacional Autónoma de México).

martes, 13 de septiembre de 2016

Roald Dahl / El lado erótico


Roald Dahl

Roald Dahl, 

el lado erótico 

de un novelista 

infantil

El escritor ha enseñado a leer a niños de todo el mundo gracias
a 'Matilda', 'Las brujas' o 'Charlie y la fábrica de chocolate'.
Pero también tenía un lado oculto no apto para mojigatos

Marta Medina
11.07.2016 – 05:00 H.
Una vez, Oswald Hendryks Cornelius tuvo, sin quererlo, un encuentro carnal con una leprosa siria, hija de un jeque árabe, en medio del desierto del Sinaí. El error se produjo cuando, bajo la oscuridad de una noche sin luna, intentó beneficiarse a hurtadillas a la mujer y a la otra hija del jeque, y tentando, tentando, acabó en cueros en la habitación equivocada.

lunes, 8 de febrero de 2016

Marta Sanz / Sexualidad creadora








Sexualidad creadora


Un texto real sobre una francesa en los años veinte contrapone seducción y ruptura de tabúes


Marta Sanz
8 de febrero de 2016

Tal vez la mayor peculiaridad de este libro radique en su condición de manuscrito encontrado. Pero no de manuscrito encontrado a la manera cervantina, sino de manuscrito verdaderamente encontrado, testimonio real de la sexualidad creadora de una mujer francesa de clase alta en los años veinte. Simone, Mademoiselle S., mantiene una relación adúltera con Charles, casado infiel. A medida que se aman y se escriben cartas, Simone se empodera de sí misma. Sólo se conservan las cartas de Simone, editadas por Jean-Yves Berthault, que en el prólogo abre la puerta a la desconfianza como acicate de lectura: “Uno de mis mejores amigos (…) me dijo: ‘¡Vamos, reconócelo, las has escrito tú mismo! ¡Esto no pudo haberlo escrito una mujer en 1928!’, y tuve que enseñarle las misivas originales…”. Lo mismo hace con los lectores que en esta edición analizan la letra regular, los renglones rectos, los respetuosos márgenes. Si estas cartas no diesen testimonio de una realidad que imita las ficciones libertinas, poniendo de manifiesto cómo vi­da y literatura copulan incesantemente, entonces La pasión de Mademoiselle S. como obra de imaginación por­nográfica podría quedarse corta ante la crueldad sexual, de repercusiones éticas, de Sade, Crébillon, Apollinaire o Bataille. Damos la vuelta al prejuicio de si la realidad supera la ficción y al margen de unos posibles valores literarios que residirían en que las cartas no fueran verdad sino construcción verosímil, el interés de Mademoiselle S. sería sociológico: una mujer se reivindica como sujeto sexual activo. Además, el compilador Berthault, en nota al pie, explica cómo los avances técnicos —correo neumático, el tranvía y la posibilidad de mantener contacto visual con extraños— propician nuevos modos de vivencia erótica. Como Internet, pero de otra manera…





Sexualidad creadora


Simone —¿o Berthault?— entra en plasticidades y detallismos que estimulan tanto al lector como a la lectora, cómplice con el elogio clitoriano, el cunnilingus y las succiones del “botoncito”. La docilidad inicial de Simone, su obsesión por complacer a Charles, dentro del aprendizaje de la sexualidad libertina, la filosofía del tocador y otras “azotainas” dieciochescas, se trasmutan en una búsqueda del propio placer que pasa por la feminización de Charles, metamorfoseado en Lotte y enculado por una consoladora verga auxiliar que Simone maneja hábilmente. La mayor corrupción es la sodomía y el deseo más vicioso — el vicio es el sustento del amor— consiste en las pulsiones homosexuales de los amantes que sin embargo se proporcionan placer en una polimórfica relación heterosexual. La transgresión del adulterio se sofistica y la mecánica del sexo se convierte en aventura porque la palabra adereza el un, dos, tres de las rutinas sexuales. Se escribe para imaginar, y tanto escribir como imaginar son dos momentos de la acción. Se escribe para, con, en el cuerpo, como Valmont sobre el culo de Cécile. No podemos olvidar Las amistades peligrosas, la depravación como didactismo, las contenciones como placer civilizatorio: la Merteuil se hiere el muslo con un tenedor y sonríe; al gozar permanece hierática. La amante es la escritora y el escritor siempre es el amante. El sexo y la escritura son comunicación, aprendizaje, abandono, herramientas de excitación, en las que se asientan tanto el vínculo de Simone y Charles como el del lector con el texto. La escritura es sustitución, recreación y acción sexual. Masturbación y entrega erótica. Escamoteo y vivencia plena. Muro de contención y mazo para demoler ese muro. Paraliza e incita. La palabra es gozo en sí. Tanto que posmodernamente llegamos a poner en duda la existencia de un más allá del lenguaje: la existencia de una verga real que penetre un orificio. En la experiencia de Simone también hay lecciones metaliterarias y el lector barrunta que el sexo escrito siempre acaba teniendo algo de académico.
En La pasión de Mademoiselle S. la literatura se entiende desde una perspectiva de seducción y destrucción de los tabúes, aunque el significado subversivo de los textos eróticos hoy ha cambiado: ahora seducir es imposición del mainstream y merecería la pena reflexionar sobre hasta qué punto vivimos una época en que somos cada vez más mojigatos y eufemísticos en la enunciación del sexo mientras que obscenamente buscamos que desde la cultura sacien nuestras satisfacciones primarias. Por eso, la gracia de estas epístolas consiste en decidir si son un artificio complaciente —qué oportuno el hallazgo de este manuscrito en la era del éxito de ciertas sombras— o un corrosivo documento histórico en el que las prohibiciones se dinamitan con la práctica del vicio de escribir. Dudar. Apretar el lápiz contra el blanco del papel, disfrutar de esa fisicidad y pensar, al contrario que hace un instante, que reducir este libro a la sociología del hecho real sería desmerecerlo, porque en su faceta artificiosa reside su inteligencia dentro de su campo literario, así como el encanto de la sexualidad narrada y de toda la literatura. •
La pasión de Mademoiselle S. Anónimo. Edición y comentarios de Jean-Yves Berthault Traducción de Isabel González-Gallarza. Seix Barral. Barcelona, 2016. 244 páginas. 17 euros


lunes, 23 de noviembre de 2015

Vargas Llosa / Sin erotismo no hay gran literatura


Mario Vargas Llosa
"Sin erotismo no hay gran literatura"

Testimonios recogidos por Javier Rodríguez Marcos

Lecturas eróticas
El autor de Elogio de la madrastra comenta algunas lecturas fundamentales de la literatura erótica al tiempo que repasa su biografía como aficionado al género desde los días de estudiante en la Lima de su juventud y reflexiona sobre las conexiones entre placer sexual y placer estético.
Digámoslo desde el principio: no hay gran literatura erótica, lo que hay es erotismo en grandes obras literarias. Una literatura especializada en erotismo y que no integre lo erótico dentro de un contexto vital es una literatura muy pobre. Un texto literario es más rico en la medida en que integra más niveles de experiencia. Si dentro de ese contexto el erotismo juega un papel primordial, se puede hablar verdaderamente de literatura erótica.
La Celestina, por ejemplo, es una obra maestra, probablemente la más importante de la literatura española después del Quijote. Decir que La Celestina es una obra erótica sería empobrecerla, porque aunque es eso, también es muchas otras cosas: una obra de una gran riqueza verbal, de una gran inteligencia en su construcción, que incluye muchas manifestaciones de la vida -la moral, la cultura, la psicología-, pero indudablemente el erotismo tiene en ella un papel primordial.

domingo, 19 de abril de 2015

Javier Marías / El erotismo no da para mucho en literatura


Javier Marías defiende que el erotismo 

“no da para mucho” en literatura

El escritor participa en la presentación del Festival bilbaíno Gutun Zuria


Los escritores Harkaitz Cano y Javier Marías este jueves en Bilbao. / FERNANDO DOMINGO ALDAMA
El escritor madrileño Javier Marías ha mantenido hoy en Bilbao que el erotismo, en la literatura, "no da para mucho", y que supone "uno de los mayores retos" que se le plantea a un escritor y una "derrota segura" para casi todos ellos. El autor ha participado en la presentación de la octava edición del festival literario de Bilbao Gutun Zuria, horas antes de intervenir, esta tarde, en la primera conversación del mismo, junto a la directora del certamen, María Luisa Blanco.

sábado, 14 de febrero de 2015

Cincuenta sombras de Grey / Nueve alternativas literarias


CINCUENTA SOMBRAS DE GREY
NUEVE ALTERNATIVAS LITERARIAS

En pleno apogeo de 50 sombras de Grey, la trilogía de E.L. James que ha vendido 100 millones de ejemplares en todo el mundo, y de la que se acaba de estrenar la película, no está de más repasar nueve títulos fundamentales de la literatura erótica que no decepcionarán al lector exigente o curioso.

-Decamerón (1353), de Giovanni Boccaccio. Este centenar de cuentos son las historias que se explican un grupo de jóvenes que ha huido a las afueras de Florencia, para refugiarse de la peste bubónica que asuela la ciudad. Un mundo regido por Eros, con profusión de monjes seduciendo monjas en los conventos. Fue adaptado al cine por Pasolini en 1971, y actualmente se representa en el Teatro Español de Madrid la versión recién escrita por Mario Vargas Llosa, que también interviene como actor.

-La filosofía en el tocador (1795), del marqués de Sade. Unos instructores, entre ellos el elegante y sodomita Dolmancé, introducen a Eugenia en el mundo del libertinaje y el hedonismo extremo. La joven alumna acabará torturando a su propia madre, a quien inoculará la sífilis y coserá los genitales. Más allá de la perversión, la obra contiene un mensaje político, que invita a profundizar en el espíritu republicano. Dedicada a los "voluptuosos de todas las edades y de todos los sexos".

-Historia del ojo (1928), de Georges Bataille. Uno de los grandes escritores surrealistas narra aquí las las relaciones entre dos adolescentes exhibicionistas, ahondando en temas tan profundos como la muerte o la locura. Hay escenas de sexo en grupo, simbolismos, fluidos y una clara identificación entre religión y sexo. El personaje de Simone encarna el deseo inconsciente y a la vez el pecado y el placer, que es portador del máximo castigo: la muerte. Escrita hace más de 80 años, todavía hoy levanta cejas de la gente decente con frases como: “Su culo representaba una plegaria todopoderosa, a causa de la extrema perfección de sus dos nalgas”. La edición original incluía ilustraciones explícitas.

lunes, 23 de junio de 2014

Anaïs Nin / El erotismo en las mujeres



Anaïs Nin
BIOGRAFÍA
EL EROTISMO EN LAS MUJERES

El ensayo traducido aquí, titulado originalmente “Eroticism in Women”, de Anaïs Nin apareció en 1974 en la revista Playgirl y luego fue compilado en su libro In Favor of a Sentitive Man and Other Essays (1976). Para entonces, la autora vivía el pleno éxito de su obra que durante décadas fue censurada y publicada con reservas debido a su alto contenido erótico y transgresor; era la época del feminismo setentero, la liberación de la mujer y la sexualidad. El ensayo de Nin, de hecho, refleja muchos de los problemas que el feminismo de la época enfrentaba y que ahora, en algunos países, son considerados como superados, sirva de ejemplo la postura de Anaïs en cuanto al uso de los pantalones de mezclilla que las mujeres de esa generación comenzaron a usar.
“la literatura erótica escrita por hombres no satisface a las mujeres y es tiempo de que escribamos nuestra propia literatura”
Desde mi experiencia, diría que las mujeres no han separado aun el amor de la sensualidad como los hombres lo han hecho. Ambos están combinados en la mujer: ella necesita amar al hombre que se entrega o ser amada por él. Después del acto sexual, parece que necesita asegurarse de que es amor y que el acto sexual de la posesión es parte de un intercambio que es dictado por el amor. Los hombres se quejan a menudo de que las mujeres demanden una confirmación o una expresión de amor. La cultura japonesa reconoce esta necesitad y en los tiempos antiguos era una regla estricta que, después de la cúpula, el hombre debía escribir un poema y dedicárselo a su amada antes de que ella despertara. ¿Qué es esto, sino la conexión del acto sexual con el amor?
A mi parecer, las mujeres todavía se preocupan por una partida prematura o una falta de reconocimiento del ritual que ha tenido lugar, todavía necesitan palabras, necesitan la llamada telefónica, la carta, los gestos que hacen del acto sensual algo particular, algo que no es anónimo y meramente sexual.
Este fenómeno pudiera o no desaparecer en las mujeres modernas que decidirán poner un punto final a sus predecesoras; tal vez sí logren separar el amor del sexo que, en mi opinión, disminuye el placer y reduce la calidad intensiva del coito. Porque éste es mejorado, elevado e intensificado por las emociones. Comparen la diferencia entre un intérprete solitario y la grandeza alcanzada por una orquesta.
Intentamos quitarnos de encima todo lo falso de nosotras, lo que nos es inculcado por nuestra familia, nuestra cultura y nuestra religión. Es una tarea enorme porque la historia de las mujeres no ha sido contada completamente de la misma forma que la de los negros. Algunos acontecimientos han sido ocultados. Culturas como las de India, Camboya, China y Japón tienen una vida sensual accesible y popular, pero a través de la perspectiva masculina. Muchas veces, cuando las mujeres han querido revelar algunos aspectos de su sexualidad, son reprimidas. No de manera tan obvia como sucedió con la ardiente obra de D. H. Lawrence, o la censura de Henry Miller o James Joyce, sino de una manera que es denigrante, constante y continúa por los críticos. Muchas escritoras recurrieron a los pseudónimos masculinos para evitar los prejuicios. Tan sólo hace un par de años Violette Leduc escribió la más explícita, elocuente y conmovedora descripción del amor entre dos mujeres. Simone de Beauvoir fue quien la descubrió para el público y aun así todas las reseñas que he leído son juicios morales contra su apertura. También hubo muchos juicios morales sobre el comportamiento de los personajes de Henry Miller, sobre todo criticaban su lenguaje, pero en el caso de Violette Leduc era contra ella misma.
Leduc en La Bâtarde es totalmente libre:
Isabelle me recostó de espaldas sobre el edredón, me levantó y me sostuvo entre sus brazos: me llevaba a otro mundo que era completamente desconocido para de allí lanzarme a otro mundo que ni siquiera había imaginado. Sus labios abrieron los míos ligeramente, me humedecieron los dientes. Su lengua carnosa me daba miedo, pero su extraña virilidad no batalló para entrar en mí. Distraída y calmadamente, esperé. Sus labios recorrieron los míos. Mi corazón latía fuertemente y yo deseaba prolongar la dulzura de su huella, la nueva experiencia del roce sobre mis labios. Isabelle me está besando, me decía a mí misma. Trazaba un círculo alrededor de mi boca, encerraba el ruido, dejaba un beso frío en cada comisura, dos notas staccato en mis labios. Siguió presionando su boca contra la mía, una hibernación… Nos abrazamos, queríamos engullirnos una a la otra… Conforme Isabelle se recostaba sobre mi corazón abierto, yo quería sentirla cómo entraba. Ella me enseñó a abrirlo en flor… Su lengua, su pequeña flama, ablandó mis músculos, mi carne… Una flor abierta en cada poro de mi piel…
Tenemos que abandonar la consciencia. Las mujeres tienen que evitar copiar a Henry Miller. Está bien tratar a la sexualidad caricaturizándola con humor y picardía, sin embargo esa es otra forma de relegarla a lo casual, a las áreas ordinarias de la experiencia.
Las mujeres han sido amedrentadas para revelar su propia naturaleza sensual. Cuando escribí Spy in the House of Love en 1954, muchos críticos serios llamaron a Sabina [el personaje] una ninfómana. La historia de Sabina es la de una mujer que ha tenido solamente dos amantes y una amistad platónica con un homosexual. Fue la primera historia de una mujer que intenta separar el amor de la sexualidad de la misma forma que un hombre para poder alcanzar la libertad sensual. Incluso fue etiquetada de pornográfica cuando apareció. Aquí uno de los fragmentos “pornográficos”:
Ambos huyeron de los ojos del mundo, de los proféticos, estridentes y ováricos prólogos del cantante. Hacia las barandas oxidadas de las escaleras del subsuelo nocturno, hacia el primer hombre y la primera mujer en el comienzo del mundo, un mundo sin genitivos para poseer uno al otro, sin música de serenatas, sin regalos de cortesía, sin torneos para impresionar y forzar una caricia, sin instrumentos secundarios, sin ornamentos, collares, coronas que sojuzgar, sólo un solo ritual, un gozoso, alegre, jubiloso y dichoso empalamiento de una mujer en el mástil de un hombre.
Aquí otro pasaje etiquetado como pornográfico por los críticos:
Sus caricias eran tan delicadas que se sentían como una provocación, un reto evanescente que ella temía corresponder por temor a que se desvaneciera. Sus dedos la incitaban y se alejaban cuando la excitaban; su boca la estremecía y luego se retiraba; su rostro y cuerpo se acercaron, esposó cada uno de sus miembros para luego deslizarse en la oscuridad. Él exprimía cada curva y recoveco para extraer el placer de su fino cuerpo y después permanecía quieto, dejándola en suspenso. Cuando tomaba su boca, él apartaba las manos de ella; cuando ella respondía al placer de sus muslos, él cesaba de exprimirla. En ningún momento él permitía que aconteciera una fusión total sin saborear cada abrazo, cada parte del cuerpo de ella para luego desertarlo, como encender la llama y luego eludir el derretimiento. Un corto circuito de sentidos, provocador y tibio, trémulo y elusivo, tan móvil e incesante como era él durante el día; pero ahora aquí en la noche, con las lámparas de la calle develando la desnudez de ambos, pero no la de su mirada, ella era incitada a un casi insoportable y previsto placer. Él había convertido su cuerpo en un manojo de rosas para exfoliar el polen de cada una de ellas.
Tan postergado, tan incitado que la posesión llegó para vengar la espera con un largo, prolongado y profundo éxtasis.
Las mujeres en sus conversaciones revelan una persistente represión. En el diario de George Sand leemos el siguiente incidente: [Émile] Zola la cortejó y tuvieron una noche de amor. Por el hecho de haberse entregado sin reservas sexuales, él le dejó dinero en el buró cuando se retiró, implicando así que una mujer apasionada no podía ser sino una prostituta.
Sin embargo, si seguimos estudiando la sensualidad de las mujeres nos encontramos con que en última instancia no hay generalizaciones, que hay tantos tipos de mujeres como mujeres mismas. Hay un punto en común: que la literatura erótica escrita por hombres no satisface a todas las mujeres y que es tiempo de que escribamos nuestra propia literatura, y que hay una diferencia en nuestras necesidades eróticas, fantasías y actitudes. Barracas explícitas o palabras clínicas no excitan a la mayoría de las mujeres. Cuando el primer libro de Henry Miller fue publicado, yo predije que a muchas mujeres les gustaría. Pensé que les gustaría la manifestación honesta del deseo, el cual estaba a punto de desaparecer en una cultura puritana; sin embargo, no hubo respuesta alguna en cuanto al lenguaje agresivo y vulgar. El Kama Sutra, el compendio de sabiduría erótica india, remarca la necesidad de acercársele a la mujer con sensibilidad y romanticismo, no ir directamente a la posesión física, sino prepararla con cortesía amorosa. Estas costumbres, hábitos y prácticas varían de un país a otro. En el primer diario escrito por una mujer (escrito en el año 900), La historia de Gengi de Murasaki [Shikibu],[1] el erotismo es extremadamente sutil, está envuelto en poesía, y se enfoca en partes del cuerpo que el mundo occidental raramente toma en cuenta, como el cuello desnudo que se muestra entre el cabello largo y el kimono.
No obstante, sí hay un punto común, que es que la zonas erógenas de la mujer están dispersas en todo su cuerpo, que es más sensible a las caricias y que su sensualidad no es directa ni inmediata como la del hombre. Hay una atmósfera vibrante que necesita explorarse y que tiene una conexión con el último incitamiento.
La feminista Kate Millet es injusta con Henry Miller. Sea lo que sea que implique ideológicamente, ella no fue lo suficientemente atenta para ver en su trabajó, y aquí es donde yace el verdadero sentido, a Miller le preocupaba la respuesta de la mujer.
Mi pasaje favorito de El amante de Lady Chatterly es este:
Entonces, conforme él se fue convulsionando, hundido en el orgasmo inexorable, surgió en ella un nueva y extraña onda excitante en su interior. Ondeaba, ondeaba, ondeaba como delicadas flamas consumiéndose unas a otras, suaves como plumas, despidiendo pavesas exquisitas, exquisitamente derritiéndose y fundiéndose dentro de ella. Como campanas ondeando incesantemente hasta la culminación. Cayó desvanecida por los gemidos que espetó hasta el final… sintió en sus adentros los brotes de él, un extraño ritmo fluyendo hacia ella con un extraño pasmo in crescendo, hinchándose una y otra vez hasta que llenó y atravesó su consciencia, y después, una vez más, la indecible moción inamovible, remolinillos puros y profundos de sensación girando adentro y más adentro de sus tejidos y su consciencia, hasta que ella toda fue un sentimiento fluido perfecto y concéntrico. Cayó llorando, inconsciente, lloridos inarticulados. ¡La voz brotó de la profunda noche, era la vida!
Fue una desilusión, en nuestros tiempos modernos, descubrir que el cortejo entre las mujeres no adoptó necesariamente una forma más sensual y sutil de obtener placer sin proceder con la misma agresión y el ataque directo de los hombres.
Desde mi perspectiva, esto es lo que creo: el brutal lenguaje que usa Marlon Brando en El último tango en París, lejos de afectar a la mujer, le resulta repulsivo. Denigra y vulgariza la sensualidad; ofrece la mirada puritana acerca de ella como algo bajo, maldito y sucio. Es una perspectiva puritana. No provoca ninguna excitación porque bestializa la sexualidad. Muchas mujeres ven esto como una destrucción del erotismo. Entre nosotras hemos hecho una distinción entre lo pornográfico y lo erótico: lo pornográfico trata a lo sexual grotescamente para llevarla a un nivel animalesco; lo erótico incita lo sensual sin menester de lo animal. Y muchas mujeres con las que he discutido al respecto quieren desarrollar un escritura lejos de los parámetros masculinos. El cazador, el violador para quienes la sexualidad es simplemente un impulso y nada más.
Ligar el erotismo a los sentimientos, al amor y a la selección de determinada persona, personalizarlo e individualizarlo, es una tarea para las mujeres. Así habrá cada vez más y más escritoras que escribirán basándose en sus propios sentimientos y experiencias.
El descubrimiento de las cualidades eróticas de las mujeres, así como la expresión de los mismos, vendrán cuando dejemos de culpar a los hombres por nuestras penas. Si no les gusta el cazador y la caza, es nuestra tarea expresar lo que sí nos agrada y revelárselo a los hombres, de la misma manera que lo han hecho las historias orientales, a los placeres de otras formas de amar. Hasta ahora, la escritura de mujeres ha sido negativa: solamente escuchamos lo que no les gusta. Repudian el rol de la seducción y el encanto para crear la atmósfera erótica con que sueñan. ¿Cómo puede un hombre enterarse de la sensibilidad corporal de la mujer cuando ella viste pantalones de mezclilla que hacen ver a su cuerpo como el de sus contrapartes y sí solamente hay una sola ranura que sirve para la penetración? Si acaso es verdad que la sensualidad de la mujer yace en todo su cuerpo, entonces la forma en que se viste hoy en día es una total negación de este factor.
Ahora bien, hay también mujeres inquietas por el papel pasivo al que son confinadas. Algunas quieren tomar, invadir y poseer al igual que el hombre. Es la fuerza liberadora de nuestra consciencia actual la que queremos renovar para que cada mujer sea un patrón individual, no uno generalizado. Me gustaría que hubiera una computadora que le otorgara a cada mujer un molde diseñado especialmente para sus propios deseos. Esta es la excitante aventura en la que nos encontramos hoy en día: cuestionar todas las historias, las estadísticas, confesiones, autobiografías y biografías para crear nuestro propio patrón individual. Para lograrlo, es menester aceptar lo que nuestra cultura siempre nos ha negado, que es la necesidad de la examinación individual introspectiva. Esta simple tarea nos permitirá saber lo que somos, saber nuestros reflejos, gustos y disgustos, y a partir de aquí podremos actuar sin culpa ni dudas para saber nuestras capacidades. Existe un tipo de hombre que busca hacer el amor igual que nosotras, y hay al menos un hombre así para cada mujer. Sin embargo, para reconocerlo, primero debemos conocernos a nosotras mismas, conocer los hábitos y las fantasías de nuestro cuerpo, los dictados de nuestra imaginación. No solamente debemos saber lo que nos mueve, nos excita y provoca, sino también cómo obtenerlo y alcanzarlo. Y, al final, la mujer debe generar su propio patrón erótico de satisfacción a través de una enorme cantidad de mitad información y mitad revelación.
El puritanismo está muy arraigado en la literatura anglosajona y esto es lo que hace a sus escritores escribir sobre la sexualidad como algo bajo, vulgar y como un vicio animalesco. Algunas escritoras han imitado a estos escritores debido a que no tienen modelos a seguir y en lo único que han tenido éxito es en dar una vuelta a los roles: sus personajes femeninos se comportan como si fueran hombres, hacen el amor y a la mañana siguiente se retiran sin decir una palabra tierna o sin una promesa de continuidad. La mujer se convirtió así en una depredadora, en una agresora. Nada cambió con esto. Todavía nos hace falta descubrir cómo siente una mujer y sobre todo va a tener que expresarlo en la escritura.
Las mujeres jóvenes de ahora sostienen reuniones para explorar su sensibilidad y disipar sus inhibiciones. Una joven profesora de literatura, Tristine Rainer, invitó a varias estudiantes de la Universidad de California en Los Ángeles a discutir literatura erótica y sobre por qué las mujeres se inhíben tanto al momento de escribir de sus sentimientos. Había un tabú muy grande. Pero apenas lograron comunicarse entre ellas sus fantasías, sus deseos y sus experiencias, la escritura, de igual forma, también fue más libre. Estas jóvenes buscan nuevos modelos porque se han percatado que imitar a los hombres no conduce a la libertad. Las mujeres francesas han sido capaces de producir bella literatura erótica porque no lidiaron con el tabú puritano, y algunas de esas escritoras voltearon la mirada hacia el erotismo sin haber sentido que la sexualidad era algo vergonzoso y que debía ser tratado con desdén.
Lo que tendremos que alcanzar, lo ideal, es el reconocimiento de la naturaleza sexual femenina, la aceptación de sus necesidades, el conocimiento de su variedad de temperamentos, y una actitud feliz hacia ella como parte de su naturaleza, tan natural como el brotar de una flor, las olas del mar y el movimiento de los planetas. La sensualidad como naturaleza con posibilidades de éxtasis y goce. O en palabras zen, con posibilidades de alcanzar el satori. Aún vivimos bajo la opresión puritana y el hecho de que las mujeres escriban sobre el sexo no significa que sean libres, porque lo hacen con la misma actitud vulgar y pobre que los hombres, no lo hacen con orgullo y goce.
La verdadera liberación del erotismo estriba en aceptar el hecho de que tiene miles de facetas, hay muchas formas eróticas, muchos objetos, situaciones, atmósferas y variaciones de él. Primero que nada tenemos que dispensar la culpa de su expansión, después abrirnos a sus sorpresas y variadas expresiones y (aquí añado mi consejo personal para su completo disfrute) fusionarlo amorosa y pasionalmente con una sola persona, mezclarlo con los sueños, las fantasías y las emociones para que llegue a su máximo potencial. En el pasado tal vez haya habido rituales colectivos en los cuales el desfogue sensual haya sido la norma, pero ya no vivimos en una época así, y entre más fuerte sea la pasión por una persona, el ritual de sólo dos personas será más concentrado, intenso y extático.

Traducción de Francisco Serratos.


[1] Anaïs Nin pudo haber confudido el diario de Murasaki con La historia de Gengi, que es considerada por muchos críticos como la primera novela, no un diario.