
Thomas Mann llevó dentro de sí toda su vida la contradicción entre su origen burgués y la vocación por el arte. Una mirada al conflicto que, como ningún otro, atraviesa continuamente su obra.

Thomas Mann llevó dentro de sí toda su vida la contradicción entre su origen burgués y la vocación por el arte. Una mirada al conflicto que, como ningún otro, atraviesa continuamente su obra.

W. G. Sebald.
La literatura de Sebald insinúa que la palabra es insuficiente para explicar el mundo. Eso explica que se funda con la imagen. La combinación de ambos elementos no es un capricho, sino el signo de una particular forma de contemplar y desentrañar la vida. Sebald convierte su literatura en un paseo. No se limita a evocar paisajes. Los revive desde dentro.
Bernhard Schlink
EL SALTO
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De todos los amigos que tuve en Berlín Oriental, sólo Sven y Paula siguieron siéndolo después de la caída del Muro. Las otras amistades no sobrevivieron al cambio. Siempre pasaba lo mismo: empezábamos a vernos cada vez menos, y un día el encuentro quedaba anulado en el último minuto. Había mucho que hacer: buscar trabajo, reformar pisos y edificios, aprovechar ventajas fiscales, hacer negocios, enriquecerse, viajar. Antes en el Este no había nada que hacer, porque el Estado no dejaba hacer nada, y en el Oeste no había que hacer nada, porque tarde o temprano el dinero de Bonn llegaba infaliblemente. Teníamos tiempo de sobras.
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| Bernhard Schlink |
Este juez, todavía en activo, que vive entre Bonn y Berlín, nos fascinó con El lector , El fin de semana , Mentiras de verano o Mujer bajando la escalera . Ahora Bernard Schlink, maestro estilista capaz de conmover a cualquiera, nos ofrece Olga (Anagrama), la historia de una mujer que sobrevive a dos guerras mundiales y muere en extrañas circunstancias. En contra de su familia se enamora de Herbert, un joven de clase social superior.
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La fiesta había acabado. Ya se habían ido la mayoría de los invitados, y casi todas las mesas estaban recogidas. La chica del vestido negro y el delantal blanco que había servido a los invitados abrió las cortinas y las ventanas y dejó entrar el sol, el aire y el ruido. De la Park Avenue llegaba el rumor del tráfico, que se detenía a intervalos ante el semáforo, dejaba pasar un momento a los conductores que pretendían cruzar y pedían paso impacientes a bocinazos, y volvía a ponerse en marcha. El aire que penetró en la habitación revolvió el humo y el olor de los puros antes de llevárselo fuera.
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En el cuadro se veía una niña con una lagartija. Se miraban y al mismo tiempo no se miraban, la niña a la lagartija con ojos soñadores, la lagartija a la niña con ojos relucientes y sin mirada. La niña parecía tener la mente muy lejos de allí, y estaba tan quieta que también la lagartija se había detenido en la roca cubierta de musgo sobre la que la niña reposaba boca abajo, entre recostada y tumbada. La lagartija tenía la cabeza erguida y movía la lengua.
Alberto Olmos
07/02/2022 - 05:00
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| Bernhard Schlink |
Buena parte de la obra de Bernhard Schlink gira en torno a la revisión de la historia alemana, pero en Los colores del adiós la culpa pesa más sobre la memoria personal que sobre el colectivo. La premisa que da forma a estos nueve cuentos es una revisión minuciosa del pasado desde una madurez tardía, un cuestionamiento de las decisiones tomadas y una recapitulación de transgresiones y omisiones que dieron forma a un presente que no admite segundas oportunidades.
por Rodrigo Olavarría
Sorprende la velocidad con que, en una de sus últimas entrevistas, Orson Welles responde a la pregunta: ¿Hay algo que cambiarías de tu vida? Welles no duda siquiera un segundo y espeta: “No entiendo a la gente que dice que no se arrepiente de nada. Es incomprensible, mis arrepentimientos son tantos como la arena del desierto”.
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| Salman Rushdie y Günter Grass |
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| Wolf Erlbruch |
María Esther Pérez Feria
6 de abril de 2017
«El arte en general para algunas personas, la música, las artes plásticas, la danza, etc… y yo creo que la poesía para todo el mundo, no tienen como única función existir para la contemplación, la escucha o la lectura, sino de igual manera para la creación, y, desde luego, para la creación de uno mismo.» Georges Jean
¿Cuál es el propósito vital de cada ser en el mundo? pareciera ser la pregunta constante en la obra de Wolf Erlbruch, el escritor e ilustrador alemán nacido en 1948, en la ciudad de Wuppertal, quien acaba de obtener el Premio de Literatura en memoria de Astrid Lindgren (ALMA) 2017, por su obra destinada a niñas, niños y también lectores de todas las edades. Cada obra suya puede ser leída como una carta de navegación para explorar nuestra propia experiencia, para adentrarnos en nuestras moradas internas y buscarnos y hallarnos e iluminarnos mediante la experiencia estética frente a sus obras, configuradas poéticamente mediante la imagen figurativa, el juego del color y las texturas, las perspectivas y los planos que comunican una emotividad poderosa; con la palabra que describe, narra o nos hace escuchar preguntas y diálogos diáfanos, crueles, profundos, humorísticos, absurdos o inocentes. Con todo ello, sus obras nos incitan a responder esa pregunta formulada de una y muchas formas posibles e imaginadas en las voces o las actitudes de personajes profundos, entrañables, graciosos o inquietantes. Incluso el estado de desolación en el que se encuentra el sapo al inicio de Los cinco horribles o la advertencia de finitud que encuentra lugar en El pato y la muerte tienen relación con esa pregunta:
Wolf Wondratschek
ÚLTIMA PARADA
Traducción de Robert Rivas
Me quedé en la parada de buses
y esperé;
y cuando vino el bus me subí
y esperé de nuevo.
Delante mío una chica estaba franeleando con su tipo
y porque no tenía otra cosa que hacer me quedé mirándola
colgarse de su cuello y a veces
mirando hacia atrás cómo yo la miraba.
Me quedé en el bus,
rockeando la calle con mis piernas
y no pensando en absolutamente nada:
en algún punto me bajé, me fui a casa
y pensé
"no hay nada que haga que un hombre se sienta más solo
que la suave risa en la oreja de otro tipo."
Wolf Wondratschek
CÓMO CRECÍ
Traducción de Robert Rivas
No pensaba cosas en ese tiempo.
Cuando llovía pensaba ahora está lloviendo
sobre el mundo. Nada de viento y yo pensaba
ahora los aviones se están cayendo, y las manzanas.
Cosechando manzanas le vi el culo a mi tía
y pensé ahora te van a poner en un contenedor para locos.
Me sentaba en los bosques, odiaba todas las flores
y quería envejecer.
Sólo leía libros que no entendía.
No era más grande que la cadera de un cowboy
cuando sentí algo y pensé en el amor
y lo hice con la mano
por primera vez.
Dolió.
Los sueños me hicieron sangrar la nariz.
Hacía chistes, cagué más allá de la taza
y me jodí los zapatos de domingo jugando al fútbol.
Ese era el tiempo en el que todavía había artistas del hambre.
De pronto me quería morir sin razón alguna,
buscaba en mi cabeza un par de manos
con las que darle la mano al artista del hambre;
aún entonces yo era un romántico,
me sentaba en los bosques, odiaba todas las flores
y quería ser un poeta-
pero nada surgió de eso.
Wolf Wondratschek
EN LOS AUTOS
Traducción de Robert Rivas
Estabámos tranquilos,
nos sentábamos en los viejos autos,
jorobábamos con la radio
y buscábamos el camino
que va al sur.
Algunos nos escribían postales desde la soledad
a fin de llamarnos para tomar decisiones importantes.
Algunos se sentaban sobre una montaña
para ver el sol también de noche.
Algunos se enamoraron
aún cuando es un hecho que una vida
no es un asunto privado.
Algunos se sentaban por ahí como estrellas de cine muertas
y esperaban el momento propicio
para vivir.
Algunos murieron
sin morir por su causa.
Estábamos tranquilos,
nos sentábamos en los viejos autos,
toqueteando la radio
y buscando el camino
que va al sur.

Editorial Libros de Sawade celebra el 75 aniversario del escritor alemán Wolf Wondratschek con la publicación de Carmen, obra en la cual se condensa su talento como poeta.