miércoles, 28 de febrero de 2018

Edna St Vincent Millay / Nunca ha de arrancarse la fruta


Edna St Vincent Millay 

Nunca ha de arrancarse la fruta

Traducción de Andrés Catalán


Nunca, nunca jamás ha de arrancarse la fruta de las ramas
y amontonarla en toneles.
El que quiera comer del amor ha de comerlo en el sitio.
Aunque las ramas se doblen como juncos,
aunque la fruta madura manche la hierba o se arrugue en el árbol,
el que quiera comer del amor debe llevarse con él
solamente lo que le quepa en la panza,
nada en el delantal,
nada en los bolsillos.
Nunca, nunca jamás ha de cogerse la fruta de la rama
y almacenarla en toneles.
El invierno del amor es una bodega de arcones vacíos
en un huerto que mulle el deterioro.



Edna St. Vicent Millay
Un palacio en la arenaTraducción de Andrés Catalán
Harpo Libros, 2017

My Own Way / Canción inédita de Amy Winehouse



Sale a la luz una canción inédita 

de Amy Winehouse

'My Own Way' es una de las pocas demos que se conservan de la artista británica, ya que la mayoría se destruyeron tras su muerte


EL PAÍS
Madrid 27 FEB 2018 - 07:56 COT




Amy Winehouse
Amy Winehouse durante un concierto en 2008.

Cuando la prometedora artista Amy Winehouse falleció en 2011, la discográfica decidió destruir la mayoría de las demos sin terminar de la cantante para evitar la publicación de un disco póstumo. Sin embargo, el compositor y músico Cil Cang quiso salvar una. Ahora, Cang ha querido compartirla y la ha subido a Youtube. En My Own Way ella se escucha a una Winehouse aun adolescente, aunque con el mismo soul de siempre.

Por qué Petro no...



Gustavo Petro y Hugo Chávez

Por qué Petro no…


Sergio Ocampo Madrid

Hace unos años, la noticia de una eventual Presidencia de Gustavo Petro, o de cualquier otro hombre o mujer sin ligazón con los viejos y corruptos partidos políticos, o con los nuevos y corruptísimos partidos políticos, nos hubiera ilusionado; nos hubiera devuelto algo de esperanza.
Tener entonces a un hombre de izquierda liderando las encuestas hoy debería ser un primer atisbo de que la historia comenzó a corregirse. Hablo de esa historia que los excluyó con pactos y decisiones gubernamentales o que los exterminó a punta de balas y de represión. La historia que produjo una guerra de 50 años.
Adicional, Petro encabezando sondeos podría verse como una señal de que ya no son los Ñoños, y los Musas, y los Gerlein y las Gatas quienes ponen al presidente con sus votos comprados y sus puestos, y que hay un despuntar de un voto de opinión en Colombia, algo que en la práctica nunca ha incidido más allá de Bogotá, Medellín y uno que otro pueblo.
Sugeriría, también, que la gente ya empezó a cobrar conciencia de que no soportamos más “jóvenes promesas” como Alejandro Lyons o John Calzones, o la seguidilla de tres gobernadores de La Guajira presos, y hace pocos años lo mismo, pero en Magdalena, o que Cartagena esté en manos del hampa, o el robo vergonzoso a unos juegos nacionales en Ibagué, o las fortunas escandalosas de los Aguilar.
Todas esas cosas tan buenas se deberían sentir con Gustavo Petro liderando la intención de voto. Pero no y por varias razones que más bien llaman al miedo. La primera es el propio Petro. En lo personal, me gustaba su trabajo valiente en el Senado, su actitud vertical de desenmascarar las corruptelas de Uribe y sus secuaces; sus debates serios, bien investigados.
Voté por él con ilusión a la Alcaldía, y la ilusión me duró el primer año, porque luego ya se hizo evidente el autócrata que lo habitaba, portador del mismo virus mesiánico de su gran opositor. El mesianismo y hasta el absolutismo y la terquedad pueden ser soportables en un gobernante cuando demuestra resultados; cuando se ven transformaciones. Y no hablo solo del concreto. En el caso de Petro, yo no sentí un proyecto de ciudad más allá del vaivén de su tono temperamental, de los “globos” que lanzaba, o sea de esas propuestas que eran flor de un día, efectistas y sin sustentos técnicos.
En verdad la Bogotá Humana fue un gran desastre. Y lo digo desde mi percepción de bogotano de a pie, del que monta en Transmilenio y camina y anda en bicicleta; el que la vive y la siente lumpenizada en cada esquina, menos apropiada por la gente que nunca, aunque más invadida, más informalizada, sucia, ajena. Con una inclusión más de forma que de fondo; superficial e impuesta a la brava. Como hace las cosas el populismo. Una en la cual colarse en Transmilenio es una conquista social, un derecho, lo mismo que subirse a pedir o a vender; igual que llenar los espacios públicos de mero rebusque. O contaminar los muros con aerosol. Reivindicaciones falsas; falsas soluciones. Esa fue la ciudad de Petro: la fracturada de siempre en estratos y en puntos cardinales, pero obligada a expiar el pecado de la inequidad, empobreciendo todo; nivelando por lo bajo.
Y en medio de toda esa improvisación, un discurso de lucha de clases, de resentimientos, que da votos, pero que no genera cultura ni construye más ciudadanía. Eso, en el fondo, es lo que más me asusta de él: esa doctrina de confrontar ricos y pobres para gobernar. Mucho hay de Chávez en esa estrategia, aunque la eventual venezolanización de Colombia me siga pareciendo un cuento chino; chimbo; ni aun con Petro en el poder.
Pero eso no es lo único que llama al miedo en este eventual repunte de Gustavo Petro. No está muy lejos aquella vana ilusión del Mockus de hace ocho años, cuando las proyecciones le daban hasta ocho puntos por encima de Santos. Y la paliza después fue brutal en primera y en segunda vuelta. Y aunque Mockus hizo todo para embarrarla y seguirla embarrando, nada puede explicar perder cinco millones de votos en un mes y medio. Nada diferente a una formidable pifia en los encuestadores.
Ahora es más preocupante porque si a Petro no le va tan bien, como creo que no le va a ir, va a haber acusaciones de fraude; movilizaciones; zozobra; más desconfianza en un Estado al que en los últimos años Álvaro Uribe le fue minando los cimientos para defender a sus buenos muchachos que iban a la cárcel. Petro, lo mismo que Uribe, sabe ser extremista y sabe agitar.
Pero, sobre todo el repunte de Petro es preocupante porque aunque pueda ser una nueva pifia (¿o una estrategia?), el ambiente está muy cargado de miedo y de paranoia y todas las derechas andan en la logística de exagerar los apocalipsis que se vienen. Y, conociendo la historia, conociendo esta tradición brutal de las oligarquías colombianas, solo hay un paso para que se dispare una bala. Ya incluso lo sugirió aquel abogado tan mediático y tan truculento.
Y una bala contra Petro implicará otros 50 años para que las aguas vuelvan a sus cauces. Y lo malo es que las aguas ni siquiera han vuelto a sus cauces.


martes, 27 de febrero de 2018

Triunfo Arciniegas / Triunfo, el elitista






Triunfo Arciniegas Triunfo, el elitista


¿Desde cuándo pensar es elitismo? Siempre hacen lo mismo: atacan a la persona es vez de comentar sus palabras. Lo digo porque una supuesta amiga de Facebook se pregunta desde cuándo me volví elitista o cuál es mi estrato. Porque no brindo mi apoyo a Petro, soy ignorante, falaz, deshonesto, escritor bruto, sólo tengo cultura de Facebook, no sé nada de historia. Tengo sesenta libros publicados y una inteligencia que al menos no me ha dejado morir de hambre, tengo derecho a tomar mis propias decisiones y a expresar libremente mi pensamiento. Y lo haré mientras el populista en campaña no inaugure la dictadura.

No vengo de la pobreza: vengo de la miseria. Pero estudié y trabajé como un burro. No estudié como un burro sino trabajé como un burro. Soy hijo de herrero, escritor de palo. Desde la provincia, desde el culo del mundo, llegué a la Javeriana, la universidad de la gente adinerada en Colombia, y saqué una maestría contra viento y marea. Me gradué cuando no existía el Facebook. Para terminar un semestre vendí mi moto, mi única propiedad hasta entonces: pagaba una cuota mensual de cuatro mil pesos y mi salario era de cinco mil. A la entrada de la Universidad Javeriana los vigilantes me pedían documentos, solo a mí, porque con esa pinta de pobre, con semejantes ropas de pobre, con esos zapatos agujereados y los pies mojados, solo podía ser un ladrón o un intruso. Pero me gradué con los niños ricos y con otros que se han jodido en la vida tanto como yo.

Me gané la vida sin robarle a nadie, y compré casa sin robarle un peso a nadie, y compré una finca también, y no es una finca imaginaría como algunos pendejos bromean, que por qué se preocupan que Petro algún días les arrebate sus imaginarias propiedades, dicen, y no quiero que alguien señale mis amados tesoros y diga: "Exprópiese". Me los gané honradamente, trabajando día tras día y noche tras noche, y puedo hacer con ellos lo que se me dé la gana. Nadie puede obligarme o sembrar o llenar de vacas ese terreno, nadie. Son mis propiedades, son parte de mi reino, imaginario o no, qué importa, y no admito malparidos.

Si estuviera en Cuba y hablara mal de los Castro, estaría preso o me hubiera tocado beber la amarga copa del exilio. Y si estuviera en Venezuela y hablara mal de Chávez o Maduro, lo mismo. Hubiera perdido mi trabajo o hubieran cerrado mi periódico o mi canal de televisión o mi fábrica. O me hubieran molido a palos el carrito de helados o hubieran vuelto añicos mi salón de peluquería, para no citar ejemplos tan ambiciosos. O me hubieran asesinado en una manifestación, para mencionar el peor. Lean sobre las tristes y duras vidas de Cabrera Infante, Reinaldo Arenas y Virgilio Piñera, para citar sólo tres ejemplos cubanos, tres escritores borrados por la dictadura. O conversen con los miles de venezolanos que venden aguacates o suplican una moneda en las calles de Colombia. Vean el dolor, vean la desgracia, vean el hambre, y luego hablamos.

Colombia es una desgracia, Colombia es un mierdero, con una clase política absolutamente corrupta, con guerrilleros y narcotraficantes, con bandidos de todas las calañas, pero es mi país y quiero quedarme. Podría vivir en otro lado, pero éste es mi país: acá está mi gente, los seres que amo y que son el sentido de mi vida, aquí están mi idioma y mi amada biblioteca, aquí están los alimentos que me encantan y las mujeres que también. No quiero que las circunstancias políticas me lleven al exilio. Así es Colombia, mi país, pero no ha llegado al abismo sin fondo de Venezuela ni al espantoso, desolado y hambriento tedio cubano.

No quiero un déspota en la presidencia, no quiero un populista que nos lleve al caos, no quiero un dictador.

Bogotá, 12 de febrero de 2018



lunes, 26 de febrero de 2018

A 30 años de las "28 horas de terror" / Así fue la toma del Palacio de Justicia en Colombia

Palacio de Justicia
Bogotá, 1985


A 30 años de las "28 horas de terror": así fue la toma del Palacio de Justicia en Colombia


Natalio Cosoy

BBC Mundo, Bogotá
5 noviembre 2015




Derechos de autor de la imagenAFP
Image captionA la izquierda, una de las tanquetas que el Ejército utilizó en la operación contra la toma del Palacio de Justicia; a la derecha, una persona herida es retirada del lugar.

En las imágenes de video de archivo se ve un tanque ligero penetrando un edificio imponente; es una escena algo irreal, como si un niño hubiera decidido hacer interactuar a dos juguetes en apariencia incompatibles para crear un mundo fantástico, distinto, imposible. Cosa de niños.

domingo, 25 de febrero de 2018

Los políticos según Forges



LOS POLÍTICOS SEGÚN FORGES


Mauricio Vargas / Yo no fui




Mauricio Vargas

Yo no fui

Santos se queja de la polarización, pero olvida que es culpable de al menos la mitad del fenómeno.

El Tiempo, 25 de febrero de 2018

Esta semana, la agencia Moody’s mantuvo la calificación crediticia para Colombia, pero redujo su perspectiva de estable a negativa y advirtió que si el país no eleva la tasa de crecimiento del PIB, esas notas pueden empeorar en la siguiente evaluación. El presidente Juan Manuel Santos no tardó en reaccionar: “La polarización –dijo– lo único que nos trae son malos resultados y problemas”. Según el mandatario, Moody’s alerta a los colombianos para que “dejen de pelear y dejen esa polarización”, que, agregó, “afecta la gobernabilidad”.
Yo no sé si Moody’s quiso decir eso, pero el Presidente está en su derecho de interpretarlo así. El problema es que al culpar a la polarización, Santos habla de ese engendro como si nada tuviera que ver con su gestación. A los pocos meses de iniciar su primer mandato, cuando su antecesor y mentor, el expresidente Álvaro Uribe, comenzó a lanzarle dardos envenenados, Santos cometió el mayor pecado estratégico de su doble cuatrienio: decidió contestarle.

Desde entonces, Uribe y Santos han protagonizado una garrotera sin tregua que ha mezclado críticas válidas y cuestionamientos discutibles, con ligerezas y mentiras, de lado y lado. Así como para el amor hacen falta dos, para pelear también. A modo de ejemplo, recuerdo una entrevista, en 2011, en que Santos dijo que las declaraciones de Uribe le hacían más daño internacional a Colombia que las acciones terroristas de la guerrilla.

Cuando Santos comenzó a responderle cada ataque con un contrataque, Uribe comprendió que tenía una oportunidad de oro: adueñarse de la agenda política, pues mientras que el expresidente ponía los temas, siempre en tono crítico contra su sucesor, el Presidente respondía no en el terreno ni en los asuntos que su gobierno quería, sino en los que Uribe imponía. Si Uribe hablaba de deterioro de la seguridad, Santos hablaba de seguridad. Si Uribe criticaba el manejo económico, Santos hablaba de economía. Si Uribe cuestionaba a la Canciller, Santos hablaba de relaciones exteriores.

Incluso cuando tomó la iniciativa y centró casi todos sus esfuerzos en la negociación de La Habana, Uribe le había tomado tanta ventaja que recibió el tema como un regalo: la oportunidad de ponerse del lado de millones de colombianos que, aun si veían con ilusión el proceso de paz, detestaban a las Farc. Como lo demostró el triunfo del No en el plebiscito, un poco más de la mitad de los electores asumió la misma postura crítica que Uribe frente a los acuerdos.

Esos votantes no eran necesariamente uribistas, pero al día siguiente del plebiscito, el expresidente amaneció como ganador y dueño de ese bloque de colombianos. A inicios de 2016, en esta columna planteé que la Constitución le daba al Presidente amplias facultades para negociar con las Farc y que el plebiscito no solo era innecesario, sino peligroso. La prueba de que esa votación carecía de valor es que, aunque ganó el No, con muy pocos ajustes, los acuerdos se mantuvieron.

Ahora, Santos se queja de la polarización. Y es que con ella le ha ido mal: en todas las encuestas, Uribe cuenta con una imagen favorable que se acerca y muchas veces supera el 50 por ciento, mientras que Santos sufre con cifras que van del 14 al 24 por ciento. Pero, si bien es entendible que se queje, ni el Presidente ni los colombianos deben olvidar que él tiene cuando menos la mitad de la responsabilidad de esa polarización a la que ahora el propio mandatario culpa de los problemas del país.

* * * *

Romaña. Son de enorme gravedad las revelaciones de la Fiscalía sobre los negocios por donde las Farc han lavado cientos de miles de millones de pesos. La justicia debe actuar, y si el tristemente célebre ‘Romaña’ está metido en ese asunto, debe quedar por fuera de los beneficios judiciales y políticos pactados en La Habana.


Forges / Dibujante de los cualquiera

Forges

Forges

Dibujante de los cualquiera

Forges ilustró toda una historia política “desde abajo”


Iñigo Errejón
24 de febrero de 2018


Un país es un conjunto de memorias e historias compartidas, una narración contada mil veces, adaptada a cada uno. Forges, en ese sentido, es un narrador y hacedor indispensable de la España que venimos siendo y, yo añadiría, de sus mejores potencias.

Juan Cruz / Pero no se olviden de Forges




ADIÓS A UN GENIO 

DEL HUMOR GRÁFICO

Pero no se olviden de Forges

Antonio Fraguas, inolvidable retratista de la historia reciente de España, muere a los 76 años. Ciudadanos de todos los ámbitos expresan su pena por la pérdida del humorista


Juan Cruz
Madrid, 23 de febrero de 2018
Antonio Fraguas, Forges, en 2014.
Antonio Fraguas, Forges, en 2014. FEDE SERRAEL PAÍS


Un enorme dolor siguió en la madrugada de este jueves a la noticia de la muerte en Madrid de Forges, el hombre que hizo reír a tantas generaciones. Desde 1995 fue nuestro compañero en EL PAÍS. Todos los medios de comunicación expresaron ayer el amor colectivo que concitó Forges en torno a su figura.




El Rey, el presidente del Gobierno, la alcaldesa de Madrid, los líderes de los partidos, compañeros de oficio, multitudes de ciudadanos que hicieron su vida aprendiendo del humor de Antonio Fraguas, expresaron estupor y soledad. Se muere a los 76 años uno de los nuestros; con él aprendieron generaciones sucesivas, y hoy son de nuevo los jóvenes, como sucedió cuando él empezó con sus blasillos, seguidores indesmayables. Como prueba de que el Forges veterano jamás perdió su chispa, cientos de viñetas circularon por las redes sociales.

sábado, 24 de febrero de 2018

Arabella Salaverry / Apetencia



Arabella Salaverry

APETENCIA


Esta noche
me cubro 
con la sola apetencia
de tu cuerpo.

De los pies a la cabeza 
me voy llenando con murmullos de hoja seca 
sobre todo 
cuando hago recuento de tus manos ausentes.  

Desde la memoria
me recorren de punta a punta
de pecho a pubis.  

Se entretienen en todos los resquicios
me dibujan los muslos 
llegan 
al punto exacto del que regresan los caminos.    

En la añoranza de tus manos
me desvelo. 

Me cubre
la apetencia de tu boca
la sal de sus rincones 
el camino de tu lengua en mi garganta. 

No duermo en la ausencia
de tu boca.  

Tus brazos no están
Y es el aire 
el que responde a la apetencia de los míos.  

En el desvelo de tu ausencia me refugio. 

Sí.
Esta noche 
al igual que tantas otras
me cubro con la sola apetencia 
de tu cuerpo. 

Arabella Salaverry
Breviario del Deseo Esquivo
Editorial Costa Rica, 2005



Miyó Vestrini / Me levanto



Miyó Vestrini


Me levanto:

estudio con sumo cuidado las diferencias entre
dirritmia-psicosis-esquizofrenia-neurosis-depresión-
síndrome-pánico y me arrecho

acepto que existan cucarachas voladoras, descubro que
todas mis amigas tratadas por psicoanalistas se han vuelto
totalmente tristes totalmente bobas, me leen el oráculo
chino y me predicen larga vida, vida de mierda, digo…




César Vallejo / Ágape


Árboles y niebla
Pamplona, 2008
Foto de Triunfo Arciniegas

César Vallejo
ÁGAPE


Hoy no ha venido nadie a preguntar; 

ni me han pedido en esta tarde nada. 

No he visto ni una flor de cementerio 
en tan alegre procesión de luces. 
Perdóname, Señor: qué poco he muerto! 

En esta tarde todos, todos pasan 
sin preguntarme ni pedirme nada. 

Y no sé qué se olvidan y se queda 
mal en mis manos, como cosa ajena. 

He salido a la puerta, 
y me da ganas de gritar a todos: 
Si echan de menos algo, aquí se queda! 

Porque en todas las tardes de esta vida, 
yo no sé con qué puertas dan a un rostro, 
y algo ajeno se toma el alma mía. 

Hoy no ha venido nadie; 




viernes, 23 de febrero de 2018

Laeticia Hallyday / La mujer que ha dinamitado el legado del cantante


Johnny Hallyday y Laeticia


Laeticia Hallyday, la mujer que ha dinamitado el legado del cantante

Los dos hijos mayores de Johnny Hallyday acusan a su esposa de quedarse con todo el patrimonio del rockero francés


Silvia Ayuso
París, 16 de febrero de 2018

De ser la viuda de Francia, la esposa abnegada que lo dejó todo para cuidar hasta su muerte al roquero Johnny Hallyday, Laeticia Hallyday ha pasado en pocos días a ser retratada como la madrastra joven y ambiciosa que quiere quedarse con la inmensa fortuna de su marido a costa de los hijos que el cantante tuvo de relaciones anteriores. El detonante ha sido una dura carta pública escrita por la actriz Laura Smet, la hija de 34 años —solo ocho menos que la mujer de su padre— de Johnny Hallyday en la que denuncia que en el testamento de este tanto ella como su medio hermano mayor, David Hallyday, han sido completamente desheredados.Sin embargo, esta semana se supo que el cantante les hizo en vida importantes donaciones, motivo que estaría detrás de su última decisión. En cualquier caso que las relaciones entre la esposa del cantante y los hijos mayores de este no eran buenas se sabía. Aun así Francia, que hace solo dos meses despidió con honores de héroe nacional a su músico más icónico, asiste ahora atónita a una guerra de clanes digna del mejor culebrón y que amenaza con destruir la imagen del Elvis galo.
Francia lloró con Laeticia, una exmodelo de 42 años, cuando esta, en la madrugada del 6 de diciembre, anunciaba, rota de la emoción, que su marido durante dos décadas había muerto a los 74 años a causa del cáncer de pulmón que combatió durante el último año de su vida. Y se emocionó cuando la destrozada viuda acompañó el ataúd de su marido en su multitudinaria despedida en París y, después, en una ceremonia íntima en la isla antillana de San Bartolomé donde fue enterrado. Todo eran reconocimientos para una mujer que no se apartó ni un instante de su marido, especialmente en los peores momentos de la enfermedad de Hallyday, y que lo ayudó a continuar su amada carrera hasta casi el final, ocupándose a la par de sus negocios y del cuidado de las dos niñas adoptivas de la pareja. “La roca de Johnny”, la llamó la prensa francesa.


Johnny y Laeticia

La imagen sin embargo empieza a resquebrajarse. Y todo por el patrimonio. Unos cien millones de euros, según Les Echos. En juego están lujosas propiedades y los jugosos derechos de autor de un músico que en vida vendió más de 110 millones de discos y cuya muerte ha disparado las ventas, con un álbum póstumo a punto de salir a la calle. Otro motivo más de tensión, según la prensa francesa, porque Laeticia no contó con David Hallyday, músico como su padre, para este último proyecto

Johnny Hallyday y su mujer Laeticia en el desfile de Saint Laurent Menswear en 2016.  GETTY IMAGES



El diario Le Point reveló el jueves que las cosas no son tan blanco y negro como apuntan los hijos mayores de Hallyday. De acuerdo con la publicación, el cantante entregó a su hija desde 2004 5.000 euros mensuales y además la ayudó a adquirir dos apartamentos en un elegante barrio parisino. De igual modo, Hallyday le otorgó a su hijo su mitad de una vasta residencia que tenía con su exesposa Sylvie Vartan también en París y que hoy alcanza un valor de 20 millones de euros.
"Hace tiempo que se sabe que, en la galaxia Hallyday, hay enormes tensiones latentes que fueron soterradas estos últimos años en nombre de la sagrada unidad”, explicaba esta semana en la emisora RTL el biógrafo del cantante Éric Le Bourhis.
En el plano económico, los hijos mayores de Hallyday han resentido el absoluto control ejercido por Laeticia en los últimos años. Después de la primera crisis de salud que sufrió el cantante en 2009, sus negocios pasaron progresivamente a estar en manos de la familia de Laeticia. Las sociedades que gestionan sus interesas están oficialmente bajo control de la abuela de esta, Elyette Boudou, apodada “Mamie rock”, la abuela del rock.
Una situación que no hizo más que agravar las tensiones familiares que comenzaron nada más conocerse la relación de Hallyday con una joven francesa asentada en Estados Unidos llamada Laeticia. Cuando la pareja se casó, en 1996, Laeticia acababa de cumplir 21 años. Johnny tenía 53 y dos hijos de sendas relaciones anteriores. David, de 30 años, nacido de su primer matrimonio con la cantante Sylvie Vartan, y Laura, de 12, fruto de su relación con la actriz Nathalie Baye. Nunca hubo química entre la hija, marcada por el divorcio de sus padres cuando tenía dos años, y la joven nueva esposa. A Laura, “de niña, su padre le faltó. No tuvo una juventud fácil”, dijo a Le Parisien el productor Dominique Besnehard, padrino de la actriz, quien a lo largo de los años ha tenido problemas con el alcohol y las drogas. Por su parte, cita el diario otro antiguo colaborador del cantante, “Laeticia siempre tuvo celos de Laura”. Hasta el punto de que padre e hija se tenían que ver a escondidas, afirma el biógrafo Le Bourhis y confirmó la propia Laura Smet en su explosiva carta, en la que también acusa a Laeticia de no haberle permitido ver a su padre antes de morir, igual que su hermano David. Ambos se han unido ahora para luchar por lo que consideran que es suyo. La batalla promete ser larga, y fea.
EL PAÍS