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martes, 31 de octubre de 2023

Oona O'Neill / El amor imposible de Salinger

 

Oona O'Neill
Nueva York, 1942


Oona O'Neill

El amor imposible de Salinger

Frédéric Beigbeder convierte en una apasionante novela el flirteo entre el escritor y Oona O'Neill, que se casaría con Chaplin

Laura Fernández

16 de febrero de 2016

En el Nueva York de 1940 todo el mundo fumaba en todas partes. En los bares, en los restaurantes, en los taxis, en los trenes y, sobre todo, en el Stork Club. Una nube de humo cubría permanentemente el local en el que Truman Capote cotilleaba con Gloria Vanderbilt, it girl del momento y una de las mejores amigas de Oona O'Neill, la chica que veía más a su padre (Eugene, el dramaturgo y Nobel) en la prensa que en persona. Sólo en tres ocasiones vio Oona a su padre, que se divorció de su madre cuando ella apenas tenía dos años. Por eso el día en que Jerry Salinger se acercó (por fin) a ella en el Stork Club, y, para entablar conversación, quiso hablarle de su obra, ella le reconoció que no había leído nada. ¿O no fue realmente así?

lunes, 21 de marzo de 2016

Frédérick Beigdeber / Oona y Salinger



SALINGER

Salvad al soldado Salinger

'Oona y Salinger' es la novela menos autobiográfica de Beigbeder y la más enjundiosa: un biopic sobre el autor de 'El guardián entre el centeno' y un ejercicio de ficción histórica


JAVIER APARICIO MAYDEU
21 MAR 2016 - 18:00 COT

Insolente, brillante e imprevisible, Beigbeder es un jugador empedernido que arriesga siempre en la ruleta de la literatura, dispuesto a reventar la banca a cualquier precio, incluso el del striptease moral en el que convirtió Una novela francesa (2009), escrita con el diablo en el cuerpo y en forma de proclama antisistema con aspecto de memorias-de-un-chico-malo. Ya había sido provocador y se había emborrachado de egotismo en 13,99 euros (2000), y su obra parecía destinada a ser sinónimo de atentado premeditado contra el establishment.
Pese a que la voz que narra es la de Beigbeder y a cada página se asoman su ironía, su autoconsciencia, su mitomanía y su complicidad con un lector al que se lleva de juerga, Oona y Salinger es la novela menos autobiográfica del autor, y seguramente la más enjundiosa. En realidad es su apuesta más fuerte. Nada menos que un biopic de J. D. Salinger y un ejercicio de ficción histórica (como los de Philip Roth en La conjura contra América o Doctorow en Ragtime) que contamina con imaginación y mentiras verosímiles la verdadera historia de la frustrada relación entre el autor de El guardián entre el centeno y una hermosa flapper llamada Oona O’Neill.






Salvad al soldado Salinger



Hija del dramaturgo Eugene O’Neill y una habitual en las páginas de Life, Oona conoció a Orson Welles y el alcohol y se casó con el maduro Charles Chaplin, con el que tuvo ocho hijos y una vida regalada; Salinger combatió en el desembarco de Normandía, alcanzó la fama como novelista y más tarde se eclipsó; y Beigbeder propone una estimulante reconstrucción de esa relación entre ambos, escribiendo las cartas apócrifas que un Salinger enamorado le escribió a Oona y que no han salido aún a la luz. ¡Oona y Jerry Salinger o Zelda Fitz­gerald y el soldado Ryan convertidos en 300 páginas en Mrs. Chaplin y Mr. Ghostwriter! ¿Y en medio? Un plató de cine de los cuarenta, una fiesta de papel en la que bailan Truman Capote —inventor de la non fiction novel, a la que adscribe Beigbeder su novela en el preliminar—, Mae West, Patton, Scorsese, Bernanos, Michael Jackson, Hemingway, Rihanna o Kim Novak, breves tratados de amor senex-puer y de heroísmo y banalidad, un bouillon de culture preparado con cine clásico americano, fotografías evocadoras, fetichismo literario, comentarios irónicos de un autor entrometido e historia del siglo XX en imágenes verbales, y una historia de amor cortés muy bien escrita. De la playa de Utah y los nightclubsdel Nueva York canalla a esa Suiza chic de celebridades como Nabokov y Coco Chanel.
Todo constituye un feliz pretexto para que el autor exhiba sus plumas de pavo real y juegue a ser el primero de la clase de literatura. Quiere siempre ser el perejil de todas las salsas, escribe su novela escribiendo a la vez cómo la escribe, y seduce con sus pastiches y sus manipulados clichés, con sus diálogos de Hollywood, sus cartas inventadas, sus listas a lo Perec, sus mistificaciones y su humor de vodevil. Siempre embaucador, en Conversations d’un enfant du siècle (Grasset, París, 2015), Beigbeder conversa consigo mismo, sueña con entrevistar a Salinger y acaba entrevistando a Scott Fitzgerald a título póstumo. Aquí se ha documentado a fondo, demuestra ser un maestro del simulacro y es capaz de convertir un episodio marginal en una recreación periodística tan ucrónica como adictiva.
Oona y Salinger. Frédéric Beigbeder. Traducción de Francés Rovira Anagrama Barcelona, 2016. 291 páginas. 19,90 euros


lunes, 29 de febrero de 2016

Salinger / Un joven enamorado




Salinger, un joven enamorado

Frédéric Beigbeder novela la relación del engimático autor con Oona O’Neil, hija del dramaturgo


ANA PAZOS
BARCELONA, 29 DE FEBRERO DE 2016

Frédéric Beigbeder (Neuilly-sur-Seine, 1965) decidió en algún momento seguir el consejo que J. D. Salinger daba a los noveles, aunque él, un poco enfant terriblede las letras francesas al menos desde 13,99 euros, no lo es: “Escribe el libro que te gustaría leer”. El resultado, con toda probabilidad, hubiera hecho que el norteamericano se lo pensara dos veces antes de repartir sabiduría. “Creo que me odiaría profundamente”, puntualiza Beigbeder. Porque su última novela, Oona y Salinger (Anagrama, en castellano; Amsterdam, en catalán) se mete de lleno en la intimidad siempre celosamente protegida del autor de El guardián entre el centeno; y más concretamente, en su relación fallida con Oona O'Neill, celebrity de la época y hija del dramaturgo Eugene O’Neill. La historia es de fracaso: tras un breve romance a principios de los cuarenta, ésta le reemplazó por Charlie Chaplin, con quien se casó cuando Salinger se fue a Europa durante la Segunda Guerra Mundial.
La historia lo tenía todo: amor arrebatado, guerra, cine, literatura (Oona se codeaba con Truman Capote, Hemingway y demás literatos de la época). “No me podía creer que nadie la hubiera escrito ya”, dice Beigbeder. Y se puso manos a la obra.
Beigbeder incide en lo “ridículo” que es promocionar en prensa un personaje como Salinger, que siempre evitó el contacto con periodistas y jamás concedió una entrevista. Por el contrario, Oona O’Neill era una personalidad social de la noche neoyorquina. En biografías se la describe como inteligente, bella y traviesa: “Era una it-girl, de esas que se hace famosas sin hacer nada en concreto”, define Beigbeder. Fue musa de muchos, incluyendo a Orson Welles y Capote, quien se inspiró en ella para su Desayuno con diamantes. Eso debió dificultarle a Salinger reponerse del desengaño: “Veía su cara a menudo en revistas y programas de variedades”.
Beigbeder sostiene que Oona y Salinger no es ni novela ni libro de no ficción, sino un híbrido entre ambos: “El 90% de los hechos son reales, el resto me lo inventé”. Eso es así porque buena parte del material que hubiera necesitado para reconstruir las personalidades de O’Neill y Salinger, así como su atormentada relación epistolar, está totalmente blindado. Los diarios íntimos de ella los guarda bajo llave la familia de Chaplin, y las cartas escritas por Salinger las conservan sus allegados, quienes respetan la voluntad del autor de no hacerlas públicas.
Así pues, Beigbeder tiró de especulaciones e imaginación: “Allí donde los periodistas han de detenerse yo me dejé llevar, y fue fantástico”. Para ponerse en la piel de Oona O’Neil y de grandes como Salinger o Capote, Beigbeder usó el viejo método del what if (¿Y si?) que tanto gustaba al norteamericano Philip Roth: “Uno lee muchas biografías, diarios de personas que vivieron la Segunda Guerra Mundial... Y luego lo olvida todo para tratar de entrar en la cabeza de ese Salinger joven, que está tirado en el barro de una trinchera, esquivando bombas y enamorado de una mujer que está muy lejos”. Y a fe que lo consigue.




DE OTROS MUNDOS
La venganza de Peggy Salinger
El guardián entre el centeno sigue cautivando después de cincuenta años
La biografía de Salinger escrita por su hija retrata a un iluminado entregado a sí mismo
Rodrigo Fresán / Para Jerome, con amor y sordidez
Benjamín Prado / Adoptados
La revista malagueña Zut publica dos relatos inéditos de Salinger
Salinger / Thomas Pynchon / Cormac McCarthy / El talento de la evasión
El atronador silencio de Salinger
Salinger demanda al continuador de su novela
El juez da la razón a Salinger en su denuncia por plagio
Salinger / La intimidad como arte
Salinger / El aire del New Yorker
Salinger / El miedo a hacerse adulto
Salinger / Adiós al gran enigma de las letras estadounidenses
Charlie Chaplin le quitó la chica a Salinger
El cine cuenta la vida de Salinger
David Trueba / Sin salinger
Salinger / La ternura entre el centeno
Dulce y desconocido señor Salinger
El paulatino viraje al negro de Salinger
Enrique Vila-Matas / Salinger y los nuevos tiempos
Así comienza / El guardián entre el centeno
Kenneth Slawenski / Salinger podía ser intratable
Salinger / Nueve cartas
Salinger / Las zonas oscuras
Salinger / Escribir para sí mismo
Cinco volúmenes inéditos de Salinger verán la luz a partir de 2015
Elsa Fernández-Santos / Lo nunca visto en Salinger
Eduardo Lago / Asedio a la fortaleza de Salinger
Salinger / Bioficción
Tres cuentos inéditos de Salinger, filtrados en internet
A los cuatro años de la muerte de Salinger / Este muerto está muy harto
Salinger / Todos los agujeros negros
Salinger / Si quieres que te busquen, escóndete
Ni Guerra y paz ni Cincuenta sobras de Gray / Los libros más influyentes según Facebook
One-hit wonder / Embrión de un catálogo de casos literarios
Secretos de los libros únicos de un autor / Treinta eclipses memorables
Salinger / ¿Cuándo demonios vas a crecer de una vez?
Autor de culto / Un secreto de dioses
Salinger / Cómo se engendra un monstruo
Salinger por Salinger
Salinger y otros nueve desconocidos
Oona y Salinger / Dos atractivos personajes
Frédérick Beigdeber / El escritor que odia a los viejos
Salinger / Un joven enamorado



viernes, 26 de febrero de 2016

Frédéric Beigbeder / El escritor que 'odia' a los viejos









Frédéric Beigbeder

El escritor que 'odia' a los viejos

Frédéric Beigbeder, que acaba de publicar 'Oona y Salinger', confiesa que tiene pánico a las personas mayores. ¿La razón? Ya tiene 50 años. Nos ha contado esta y otras fobias.


VICTOR PARKAS
28 MAR 2016 - 08:07 COT

Usa las armas del marketing para escribir frases memorables –las utilizó en contra de la propia publicidad en la novela 13,99 euros– y cruzarse con él es arriesgase a salir en uno de sus libros –su padre aún no le ha perdonado que le pusiera diez kilos de más en Una novela francesa–. Todo esto nos lo cuenta el propio Frédéric Beigbeder antes de reafirmarse como gerontófobo. Es decir, que tiene pánico a las personas mayores. El escritor francés acaba de rebasar la barrera de los 50 años, a lo mejor eso tiene algo que ver. Mientras, combate su fobia saliendo con una chica a la que dobla la edad, ejerciendo de DJ de forma eventual ("Me encanta imponer mis discos favoritos a la gente. Soy un dictador musical", confiesa), y escribiendo sobre amores adolescentes en su último título publicado por Anagrama, Oona y Salinger






Portada de Oona y Salinger ANAGRAMA


"Cuando supe que J. D. Salinger y la que acabaría siendo esposa de Chaplin habían tenido una relación sentimental, que terminó cuando el escritor, con el corazón roto, se fue a la guerra, pensé que tenía que haberse publicado algún libro sobre el tema.Y, si no existía, alguien tenía que escribirlo", recuerda. En esta ocasión, Beigbeder ha reunido todos los ingredientes para atrapar ya no solo a sus incondicionales, sino también a los del misántropo autor de El guardián entre el centeno.
"Leí esa novela con 15 años y tuve la sensación de que alguien me había espiado y había transformado mis problemas en palabras", confiesa, inmediatamente antes de jactarse de haber causado él un efecto similar en sus lectores con El amor dura tres años. "Aquel libro me convirtió sin quererlo en una especie de consejero conyugal", bromea.
Además de con Oona y Salinger, Beigbeder también apela a la nostalgia ejerciendo desde 2013 como director de la renacida revista para adultos Lui. "Estamos haciendo algo elegante, divertido y sexy con Lui. Su éxito creo que se debe al gusto por lo vintage de los franceses, porque la cabecera es realmente mítica en mi país. Yo la leía de adolescente. Como a Salinger".


sábado, 20 de febrero de 2016

'Oona y Salinger' / Dos atractivos personajes

SALINGER E HIJA

'Oona y Salinger', dos atractivos personajes

Beigbeder, nacido en 1965, es considerado el "niño terrible" de la literatura francesa, cuyo talento es tan evidente como su gusto por el escándalo.


ANDRÉS AMORÓS
20 DE FEBRERO DE 2016

Sigue estando de moda el género de la biografía novelada: Zatopek, Maurice Ravel, El Otro... Frédéric Beigbeder imagina ahora cómo fue la relación entre J.D.Salinger, el autor de El guardián entre el centeno, y la joven Oona O’Neill, que luego se casó con Charlie Chaplin. Llama a este género faction: un término medio entre "facts" (hechos) y "fiction" (ficción). Perofaction está también peligrosamente cerca de fashion (moda): ¿Se trata de una manera de estar a la moda y conseguir fácilmente el éxito?
Autor de éxito es Beigbeder, nacido en 1965, al que se considera el nuevo "niño terrible" de la literatura francesa, cuyo talento es tan evidente como su gusto por el escándalo: alardea de buena familia; primero fue publicitario (a él se debe –dicen– el famoso slogan de la modelo en wonderbra: "Mírame a los ojos"), antes de denunciar la corrupción de ese mundo en una novela, 13’99 euros, que fue un best-seller; actúa como presentador de televisión y disc-jockey; lo detuvieron por esnifar cocaína en la calle; posa en la bañera, con un libro en vez de espuma; recuperó la revista porno Lui; asesoró al líder del Partido Comunista Francés... Bernard Pivot le ha llamado "un payaso y un escritor". Es un tipo de autor –no exclusivo de Francia- que ahora suele tener éxito.

Oona O'Neall

Ha elegido esta vez con acierto dos personajes muy atractivosEl guardián entre el centeno (Catcher in the rye: ni siquiera la traducción del título está clara) es un clásico contemporáneo, denigrado primero por inmoral, leído luego con pasión por adolescentes del mundo entero, del que se han vendido más de cien millones de ejemplares. Además de grandísimo escritor, Salinger fue un enigma viviente: después de luchar en la Segunda Guerra Mundial y publicar su novela, eligió el retiro absoluto: vivió en un bosque, sin conceder entrevistas ni permitir que le fotografiaran. (Le han comparado con otros "ermitaños", como el ajedrecista Bobby Fischer y el pianista Glenn Gould). Decía que le gustaban el tenis por televisión y las hamburguesas...
Con menos de 20 años, Salinger se enamoró de Oona, la hija del gran dramaturgo Eugene O’Neill, separada de su padre, desde niña. Cuando Salinger se fue a la guerra, ella se casó con Charlie Chaplin, que le sacaba muchos años y era ya famoso mundialmente. Vivieron juntos hasta la muerte de Chaplin, tuvieron ocho hijos. Nunca se han publicado las cartas que, según parece, el enamorado Salinger le envió, desde el frente de guerra.
Imagina Beigbeder la historia de amor de los dos jóvenes, en una especie de pastiche de ese mundo frívolo que retrató Scott Fitzgerald. Después, relata minuciosamente el desembarco de Normandía y los episodios bélicos que pudo vivir Salinger. Su hipótesis es que El guardián entre el centeno nace de una doble fuente: el amor por Oona y el horror por la guerra. Al final, muerto ya Chaplin, inventa un último encuentro de los dos, en Nueva York, en 1980.

Oona O´Neill

La novela se lee con facilidad por el atractivo y los enigmas de los tres personajes. (Aparecen también otros famosos, como Truman Capote, Orson Welles y Hemingway). Abundan más de lo habitual las palabras y frases en inglés. La primera parte recuerda El gran Gastby; la segunda, una película del tipo de Salvad al soldado Ryan. Como no existen –o no se han publicado documentos escritos, todo lo que leemos es posible, aunque algunos diálogos resulten poco verosímiles: por ejemplo, cuando Chaplin se disculpa ante Oona por vivir con tanto lujo, recordando sus tiempos de pobreza...
Literariamente, no es difícil formular algunos reparos. Ante todo, la búsqueda permanente de una brillantez estilística que puede resultar empachosa. Basta con citar dos comparaciones: "El tipo era esnob como un bidet del Waldorf Astoria" (p. 36). "Al chocar, las copas produjeron exactamente el mismo tintineo que el triángulo del tercer movimiento del concierto para piano en fa de George Gershwin" (p. 39). (Recuerdo lo que dice Juan Marsé del "estilo sonajero", para seducir a los lectores).

Charla con el lector

Además, Beigbeder interrumpe el relato para aparecer en escena y charlar con el lector. Cuando Oona ahoga sus penas en vodka, el autor sermonea irónicamente: "Amigos lectores en plena pubertad: si me habéis seguido hasta aquí, tenéis que saber que este método no lleva a ninguna parte". Nos ofrece fragmentos ensayísticos (por ejemplo, una lista de hombres maduros que se casaron con mujeres jóvenes) o, directamente, sus opiniones: los jóvenes actuales, nihilistas, necesitan una nueva guerra (p. 217). También prodiga frases de un ingenio bastante obvio: "En Casa de muñecas o La señorita Julia hay portazos, como en Feydeau, pero el público ríe bastante menos" (p. 53).
Alguna vez, el escritor atribuye a sus personajes una opinión que ha resultado ser falsa, para poder corregirles. Cuando Oona sueña con un teléfono portátil, el joven Jerry Salinger lo niega: "Sabes perfectamente que una aberración así no existirá nunca: siempre necesitaremos un hilo para conectar a las personas entre sí". Y el narrador, con la ventaja que le da el paso del tiempo, le corrige: "El novelista posterior se encuentra en posición de contradecir a su ilustre personaje en este punto" (p. 101).
Todos estos discutibles recursos nacen del empeño de Beigbeder por introducirse él mismo en la historia que está narrando: nos cuenta su intento (fallido, obviamente) de hacer una entrevista de televisión a Salinger y cómo conoció a su actual mujer, mucho más joven que él (subrayando el paralelismo con lo que vivió Chaplin con Oona). Ni la humildad ni la discreción son, desde luego, las mayores virtudes de Beigbeder. El problema no es sólo estilístico sino moral. No me parece que recuerde la frase de Pascal: "Le moi est haïssable" (el yo es odioso).
Frédéric Beigbeder: Oona y Salinger, Barcelona, ed. Anagrama, febrero de 2016, 295 págs, 19’90 euros. ISBN: 978-84-339-7945-2.


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Salinger / Un joven enamorado