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miércoles, 20 de mayo de 2026

Yoani Sánchez / Por la calle Carlos III y hacia Etiopía




Por la calle Carlos III y hacia Etiopía
Yoani Sánchez
La Habana, 18 de mayo de 2026

“Tienes que seguir todo recto por Carlos III", me advierte una empleada estatal, de rostro cansado, cuando indago por la dirección de un reparador de ollas eléctricas. Sin conexión a internet en los móviles y con las llamadas telefónicas también menoscabadas, la gente ha vuelto a usar el "mapa callejero" más fiable: ir preguntando por el camino. En la ancha avenida que atraviesa Centro Habana eso es tarea fácil, porque siempre hay algo de ajetreo. Lo difícil es distinguir cuando alguien responde cualquier cosa, sin saber, y cuándo realmente tiene un dato fiable.

domingo, 12 de abril de 2026

Yoani Sánchez / La foto prohibida

 




Yoani Sánchez
LA FOTO PROHIBIDA
La Habana, 9 de abril de 2026

A los empleados del almacén estatal en la calle Factor y Conill, de Nuevo Vedado, les han orientado que tapen con sacos la cerca alrededor de la esquina. La orden busca impedir que los vecinos saquen fotografías de la inmensa montaña de basura que cada semana crece en el lugar, teniendo como fondo el busto de José Martí y la bandera cubana que se ubican en los jardines del centro de acopio de productos, destinados al mercado racionado. Sin embargo, desde las alturas de mi edificio puede verse el tríptico que conforman el Apóstol, la estrella solitaria y los desperdicios.

domingo, 5 de junio de 2022

Fidel Castro / Nuestro hombre en Trípoli

Fidel Castro

Fidel Castro

Nuestro hombre en Trípoli


YOANI SÁNCHEZ
10 MAR 2011

Era yo tan solo una bebita en los brazos de mi madre miliciana, apenas un trozo de "hombre nuevo" sin modelar, cuando aquella primavera de 1977 Fidel Castro viajó a Libia. El coronel Muamar el Gadafi lo recibió con todos los honores y le otorgó la Condecoración al Valor, una distinción que se le confería por primera vez a una personalidad extranjera. Frente a las cámaras, el comandante en jefe retribuyó con un apretón de manos al recién nombrado como guía de la revolución. Se miraron y se reconocieron en sus similitudes. Más tarde pasaron al encuentro no televisado, a esa reunión a puerta cerrada donde se fortalecieron los pilares de lo que sería una alianza que duró por más de 30 años.

Desde 1977 Castro y Gadafi han sido aliados. Se miraron y se reconocieron en sus similitudes

Cuba y Libia habían emprendido senderos que discurrían en paralelo y que se juntarían en más de una ocasión. El punto de mayor coincidencia se centraba en sus líderes, en la simpatía que se profesaban ambos caudillos. De ahí que en 1980, cuando nuestra isla había sido sacudida por la escapada en masa de más de 100.000 cubanos, Gadafi le volvió a extender oficialmente su mano solidaria. Con un mensaje cargado de loas, felicitaba a Fidel Castro por haber sido reelecto como primer secretario del Comité Central en el II Congreso del Partido Comunista. El militar de academia llevaba por ese entonces más de una década al mando de aquel vasto territorio al norte de África, mientras nosotros superábamos aquí los 20 años escuchando los interminables discursos del máximo líder. Ambos basaban parte de su retórica de autovalidación en la constante referencia a los servicios sociales gratuitos que habían ofrecido a sus pueblos. Era la manera en que nos recordaban -día tras día- el alpiste, pero sin mencionar jamás la jaula.
La yamahiriya se constituyó en el sistema político promulgado por Gadafi en 1977, una especie de república en manos de todos, muy similar a la consigna "el poder del pueblo, ese sí es poder" que nos repetían a nosotros del lado de acá del Atlántico. Si las cosas no funcionaban en Libia, la culpa la tenían los propios ciudadanos que no sabían conducir su nación, si el descalabro económico se apoderaba de Cuba era porque la vagancia y el despilfarro de los individuos le agrietaban el rostro a la utopía. Tanto un líder como el otro sacudían frente a los ojos de sus súbditos el fantasma de la invasión extranjera y el regreso a la dependencia política como la peor de las claudicaciones. El anticolonialismo se constituyó en el lobo feroz que recordaba el excéntrico dirigente de origen bereber, a la par que el guía caribeño escarbaba en los resortes del antiimperialismo, convirtiendo la metáfora de David y Goliat en una perenne referencia a Cuba y Estados Unidos.
Los años noventa los encontraron a ambos quemándose en la hoguera que habían levantado con su terquedad y su actitud beligerante. Gadafi necesitaba limpiar su imagen hacia Occidente, mientras a Fidel Castro le urgía recaudar las divisas que le permitieran mantener el poder después del desplome del bloque socialista. El excéntrico presidente libio pagó indemnizaciones, se abrió tímidamente a la inversión extranjera, renegó -al menos públicamente- del terrorismo y hasta fue invitado por Barack Obama a la cumbre del G-8. El comandante de verde olivo fue más cauteloso, comenzó un proceso de reformas económicas que después trató de controlar con un retorno al centralismo, matizó su discurso belicoso con frases que aludían al daño ecológico que sufre el planeta y al concluir la primera década de este milenio se presentaba ya como un anciano sabio que publica reflexiones iluminadoras.
La prensa oficial cubana deslizó las primeras críticas a la actuación del hermano guía de la gran revolución libia. Le cuestionaba aquella reforma radical del régimen socialista que según él podría conducir a un "capitalismo popular". Tal parecía que los caminos que se habían entrecruzado una y otra vez, comenzaban a desplazarse en derroteros totalmente diferentes.
Sin embargo, con mis 23 años cumplidos, asistí al apretón cariñoso que se volvieron a dar ambos caudillos. A diferencia de aquel marzo de 1977, ya mi madre no quería ni oír hablar de su uniforme de miliciana y el líder libio era difícil de reconocer bajo el maquillaje, las telas y las gafas de sol. En 1998, cuando Fidel Castro participó en la Conferencia del Movimiento de los No Alineados, fue agasajado con el Premio Muamar el Gadafi a los Derechos Humanos que incluía la friolera de 250.000 dólares. Quedaba claro que el intercambio de galardones se constituía, junto a la colaboración económica y militar, las declaraciones de solidaridad y la ausencia de condena, en otra forma de apoyarse mutuamente, en una de las maneras elegidas por ambos para mover esos molinos que empujan -una y otra vez- las aguas del poder sobre sí mismos.
Yoani Sánchez es periodista cubana y autora del blog Generación Y. En 2008 fue galardonada con el Premio Ortega y Gasset de Periodismo. © Yoani Sánchez / bgagency-Milán
* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 10 de marzo de 2011


miércoles, 10 de marzo de 2021

Caprichosas efemérides / Raúl Castro y el hombre que se negó a comer


Raúl Castro


Caprichosas efemérides

RAÚL CASTRO Y EL HOMBRE QUE SE NEGÓ A COMER

YOANI SÁNCHEZ
24 FEB 2011

Cuando el 24 de febrero de 2008 Raúl Castro se sentó finalmente en la silla presidencial, no imaginaba que su efeméride de ascensión se vería ensombrecida 24 meses más tarde. El día de la investidura del general no fue elegido al azar, sino seleccionado dentro del calendario independentista, ubicado justamente en la misma jornada que 113 años antes se había reanudado nuestra guerra de machete y manigua. Esta vez, en lugar de situarse en el poblado oriental de Baire, todo ocurría en los cómodos sillones del capitalino Palacio de las Convenciones. De aquella sala no brotó un sonido de acero entrechocado, sino el predecible coro de centenares de aplausos coordinados. Tampoco hubo sorpresas, todos sabíamos que la dirección del Consejo de Estado y de Ministros se heredaría por vía sanguínea, se otorgaría a aquel hombre que llevaba el mismo apellido del Comandante en Jefe. El feudo insular había sido traspasado.

miércoles, 9 de enero de 2019

Yoani Sánchez / Revolución es decepción

Yoani Sánchez

Revolución es decepción

Los líderes cubanos han elegido un cementerio para conmemorar los 60 años de un proceso político que se convirtió en un cadáver. La nueva Constitución trata de controlar la historia desde un ataúd


7 de enero de 2019

Como un gesto de profundo simbolismo, el 1 de enero el acto oficial para celebrar el 60º aniversario del triunfo de la Revolución cubana se hizo en el cementerio de Santa Ifigenia en Santiago de Cuba. Más que el cumpleaños de algo vivo, sus defensores se reunieron alrededor del cadáver de un proceso, del ataúd de una utopía.

martes, 11 de septiembre de 2018

Yoani Sánchez / El secuestro de las redes sociales




El secuestro de las redes sociales

Los represores también han aprendido a publicar en Twitter y lo hacen con las trampas de la demagogia. Los populismos y autoritarismos han comprendido que las nuevas tecnologías se pueden convertir en un instrumento de control


miércoles, 9 de mayo de 2018

Yoani Sánchez / La noticia de un pasaporte


La bloguera cubana Yoani Sánchez posa con su pasaporte en La Habana.
La bloguera cubana Yoani Sánchez posa con su pasaporte en La Habana.  EFE


BITÁCORA HABANERA

La noticia de un pasaporte

El papeleo ante el Departamento de Inmigración y Extranjería depara un sinfín de peripecias



YOANI SÁNCHEZ
31 ENE 2013 - 15:34 COT


El día no empezó bien. En lugar de eso pareció iniciarse con el pie izquierdo, como dicen los más viejos por estos lares cuando todo sale mal. En la mañana las autoridades le habían comunicado al ex preso político Juan Ángel Moya que no lo dejarían salir del país por cuestiones de “interés público”. Era el primer excluido de una reforma migratoria que se puso en práctica el 14 de enero pasado y que ha despertado tantas esperanzas como recelos. Mi turno era en la tarde. Así que me fui al Departamento de Inmigración y Extranjería para saber si finalmente aquel librito de carátula azulada con el escudo de la república estampado ya estaba listo para mí. La respuesta de la funcionaria me confirmó que la jornada había comenzado torcida desde el principio. “Venga la semana que viene, tenemos retraso”, me aseveró con una sonrisa en los labios.

domingo, 29 de abril de 2018

Yoani Sánchez / Querido Pablo


Pablo Milanés


BITÁCORA HABANERA

Querido Pablo


YOANI SÁNCHEZ
27 AGO 2011

La Habana y Miami son de esas ciudades que están muy lejos a pesar de solo ubicarse a unas millas de distancia. Las confrontaciones políticas a ambos lados, los impedimentos para viajar y un discurso de cinco décadas de enfrentamiento han provocado que el estrecho de La Florida nos parezca insondable. Tímidamente empiezan, no obstante, a levantarse puentes en cada orilla, todavía frágiles e incompletos, pero al menos son un atisbo de un posible y futuro reencuentro. Entre esos gestos de concordia, ninguno ha levantado tanta polémica como el concierto de Pablo Milanés que está programado para hoy, 27 de agosto, en el American Airlines Arena de Miami. Seguidores y antagonistas se enfrentan en un careo sobre la pertinencia o no de que el conocido cantautor se presente ante los exiliados cubanos.


Sería errado tachar a Milanés de disidente. Pero ha encontrado su propio espacio de inconformidad

La querella me ha hecho desempolvar algunos recuerdos de aquellos años de subsidio soviético, cuando el panorama de la música cubana era gris y chato. Todavía no había venido Ry Cooder a descubrir a los viejitos del Buena Vista Social Club, los videoclips extranjeros apenas se colaban en algunos espacios televisivos y tener un reproductor de casetes era algo tan remoto como poseer un trozo de meteorito. La existencia de una lista negra con cantantes exiliados y otros tantos prohibidos hacía que cada día desaparecieran más y más voces de nuestro ya menguado espectro sonoro. En las pesadísimas radios que se importaban de Europa del Este, al mover el dial solo era posible encontrar -una y otra vez- la voz de Silvio Rodríguez o de Pablo Milanés.
Con sus canciones ellos habían creado la banda musical de la utopía, los acordes que acompañaban a un proyecto social que muchos no habíamos ni siquiera podido elegir. Quienes crecíamos bajo esos estribillos, identificábamos a la Nueva Trova con el poder, el statu quo, el Gobierno.
Fuera de la Isla, sin embargo, las mismas canciones que a nosotros nos saturaban hasta el cansancio cobraban otras connotaciones. Fueron los himnos de miles de jóvenes que querían alcanzar ese espejismo del que muchos cubanos estábamos de ida y de vuelta. Las letras interpretadas por Pablo Milanés se convirtieron en verdaderos cánticos de protesta en países como Chile, Argentina y España. El cantautor -nacido en Bayamo en 1943- parecía estar en la cima de su popularidad internacional, pero el camino transitado para llegar hasta ahí no había sido nada fácil.
Pablo tropezó también con la intolerancia que expulsó a tantos colegas suyos de la radio y la televisión nacionales. A mediados de los años sesenta el autor del célebre tema Yolanda fue recluido en la UMAP (Unidades de Ayuda a la Producción), campos de trabajo forzado donde se pretendía reformar a golpe de disciplina militar y de labores agrícolas a religiosos, homosexuales y desviadosideológicos. Después de eso su periplo personal y artístico se mezcló con el de las instituciones, especialmente con la Casa de las Américas. Llegó incluso a convertirse en diputado de nuestra Asamblea Nacional. De ese periodo pocos le perdonan no haber roto la unanimidad de tantas manos levantadas y atreverse a decir en voz alta las opiniones críticas que ya tenía.
Pese a su silencio público, todos empezamos a notar que Pablo Milanés se separaba del oficialismo. No lo hacía con declaraciones altisonantes ni con evidentes tomas de posición, sino lentamente, sin rupturas. El punto climático de ese desgajamiento vino, sin dudas, cuando en 2003 se negó a firmar una carta donde se intentaban justificar las medidas represivas tomadas por el Gobierno cubano. Bajo el nombre de Mensaje desde La Habana para amigos que están lejos, varias personalidades de nuestro quehacer artístico y literario respaldaban hechos de una tremenda violencia judicial. Entre ellos, el fusilamiento de tres jóvenes que habían secuestrado una embarcación para emigrar y el envío a prisión de 75 opositores pacíficos. Pablo se desmarcó de tal compromiso político, aunque otras conocidas voces como Omara Portuondo, Amaury Pérez y Silvio Rodríguez sí suscribieron el documento.
En entrevistas a medios extranjeros, Pablo Milanés ha pronunciado críticas a la gestión del Gobierno cubano. Hasta ha llegado a decir que cree "en el sistema, pero no en los hombres que lo hacen". Herejía de grandes proporciones, si se habla de un proyecto político que durante 50 años se ha intentado hacer a la imagen y semejanza de Fidel Castro. Pero sería errado tachar a Pablo como un disidente. Aunque durante los meses del año que pasa en Cuba evita mezclarse en actos públicos demasiado ideologizados, tampoco ha roto lanzas desde aquí adentro para que se respete la discrepancia o se paren los mítines de repudio.
Sin embargo, su mérito mayor estriba en haber encontrado su propio espacio de inconformidad, su manera muy personal de ser él mismo. Ya no está en todos los puntos del dial de la radio cubana, es cierto, pero en unos días cantará en Miami y contribuirá con su voz al delgado y frágil puente que se levanta entre las dos orillas.
Yoani Sánchez, periodista cubana y autora del blog Generación Y, fue galardonada en 2008 con el Premio Ortega y Gasset de Periodismo. © Yoani Sánchez / bgagency-Milán.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 27 de agosto de 2011


Yoani Sánchez / La traición del juglar



La traición del juglar

Los trovadores latinoamericanos viven hoy una etapa de permisiva tranquilidad. Su enemigo no es la censura, sino el reggaeton. Silvio Rodríguez, firmante del manifiesto Dejen votar a los catalanes, se ha extraviado en Cuba entre reverencias y silencios



29 JUL 2017 - 17:00 COT




La traición del juglar
EDUARDO ESTRADA

 Los cantautores son a menudo confundidos con profetas o líderes. Los temas de numerosos trovadores han terminado por moldear conciencias, erigirse en lemas políticos y volverse mantras incuestionables. Todo movimiento social necesita su fondo musical y en América Latina estos solitarios de la guitarra han acompañado sonoramente a más de uno.






Cronistas pertrechados de melodía, la mayoría de las veces se toma a estos intérpretes al pie de la letra, confundiéndose al personaje de sus estrofas con el ser de carne y hueso que sube al escenario. Bajo las luces, en la íntima atmósfera de un teatro, entona esas frases que después se trastocan para miles de espectadores en eslóganes y posturas. Tras los duros años en que una copla podía costarles la vida o la prisión, los trovadores latinoamericanos que dieron forma a la canción protesta viven ahora una etapa de permisiva tranquilidad. La batalla más encarnizada la libran ante el reggaeton, no contra la censura. Su mayor temor no radica en engrosar las listas negras, sino en que el público mueva el dial para buscar cualquier otra música “más movidita”.
Dejaron de ser el centro de las reseñas y de los críticos, para ser colocados en la aburrida esquina de los consagrados que ya no llenan estadios ni arrancan suspiros. Viven de las glorias pasadas y rara vez una canción suya vuelve a escalar las listas de éxito, aunque en los platós televisivos se les siga presentando como “insuperables” o “indiscutibles”.
Entre aquellos melenudos de verso fácil, los más pícaros han cedido su guitarra a algún poder al que años atrás criticaron, para vegetar a la sombra de festivales, homenajes y entrevistas. Los pocos dardos que aún lanzan en sus textos mezclan los más recurrentes lugares comunes del discurso progresista, mientras que su indumentaria mantiene todas las trazas de un disfraz de calculado desaliño.
Los nombres más conocidos de hace unas décadas acarician hoy los discos con los que convocaron multitudes e hicieron latir conciencias. A falta de aquellas emociones, actualmente se dedican —sin partitura y con voz debilitada— a dictar cátedra de cómo comportarse cívicamente o a azuzar una rebeldía que ellos mismos descartaron por poco rentable.


La música de Rodríguez, compañera una vez de la desobediencia, es hoy la lírica del poder

Algunos de aquellos temas musicales que compusieron cuando soplaban los aires de hacer el amor y no la guerra han sido secuestrados por militantes y extremistas que los cantan —con las venas del cuello a punto de reventar— frente a sus contrincantes políticos. De expresiones musicales libertarias pasaron a ser mordazas para acallar la diferencia, meros himnos de ciega batalla.
Los tiempos de rimar y creerse cada verso han dado paso al cinismo. Muchos de los juglares que pusieron ritmo a la inconformidad se alejaron de la escena pública; otros aparcaron la canción incómoda en busca de mayores ingresos, mientras que la mayoría, extraviada la musa, se ha convertido en defensora de cuanta causa pueda tapar su sequía creativa.
Nostálgicos de un tiempo en que congregaban multitudes, más de uno ha optado por cantarle al poder y dedicar sus estribillos a ciertos populistas bastante impresentables. Escriben por encargo, ensalzan en sus estribillos a desteñidas revoluciones transmutadas en dictaduras y se ganan un espacio en las tarimas oficiales donde las promesas abundan y la sinceridad falta.
No son los tiempos en que Víctor Jara llevó su arte hasta las últimas consecuencias. “Yo no canto por cantar / ni por tener buena voz, / canto porque la guitarra / tiene sentido y razón”, aseguró el chileno que murió a los 40 años con decenas de balas hundidas en su cuerpo. Ahora abundan los creadores que cuidan cada palabra para evitar salirse del esquema de lo políticamente correcto. Compositores de rimas pulidas y cabello bien peinado que se pasean por palacios de Gobierno y reciben con beneplácito sus honoris causa. Forman parte de esa pléyade de intelectuales y creadores que salen en la foto de familia con todo aquel que le plante cara a quienes ellos señalan como la causa de todos los problemas. Antiimperialistas acérrimos, falsos ecologistas y recelosos de la riqueza —siempre que esa fobia no incluya a su bolsillo—, se les ve protagonizando cantatas contra lejanos poderes y Gobiernos bajo los que no viven.
Hace unos cuatro años, el cantautor español Luis Eduardo Aute aseguró que se identificaba con la Revolución Ciudadana del presidente Rafael Correa. La afirmación fue hecha justo en un momento en que el gobernante ecuatoriano se enfrascaba en una dura pelea contra los medios informativos de su país y ponía límites férreos a la libertad de prensa. Las poses irreverentes tienen siempre mucho de miopía, de no ver más allá de su fabricada irreverencia. Bajo el influjo de sus propios estribillos, Aute se creyó el personaje de sus canciones y aquello de que: “Dicen que todo está atado / Y bien atado a los mercados”, cuando en realidad olvidó que a otros poderes también les gusta controlar cada detalle, especialmente la palabra.

Los trovadores de antaño cantan ahora contra poderes y gobiernos lejanos

En Cuba habita un caso extremo. Silvio Rodríguez perdió el unicornio azul de su creatividad hace muchos años. En la misma medida en que sus temas se llenaban de costuras y aburrimiento, su proyección pública se volvió más cercana al discurso oficial. Dejó de escribir canciones inolvidables para enzarzarse en diatribas contra “los enemigos de la Revolución”.
Recientemente, el cantautor sumó su firma al manifiesto Dejen votar a los catalanes que pide al Gobierno español que permita un referéndum sobre la independencia en Cataluña. El nombre de Rodríguez está acompañado por otras figuras como la artista Yoko Ono, la filósofa afroamericana Angela Davis y la premio Nobel Rigoberta Menchú.
El autor de Ojalá rubricó la afirmación de que “una gran mayoría de catalanes ha expresado repetidamente y de diversas maneras el deseo de ejercer el derecho democrático a votar sobre su futuro político”. Considera que “evitar que los catalanes voten” contradice los principios democráticos, precisamente aquellos que los cubanos llevan décadas sin poder disfrutar en su propia tierra.
A este Rodríguez nada le queda de la rebeldía que caracterizó sus primeras tonadas. En 2003, su firma se sumó al Mensaje desde La Habana a los amigos que están lejos, en el que un grupo de intelectuales exponían justificaciones para el encarcelamiento de 75 disidentes en la Isla. El documento respaldó también la decisión del Gobierno de Fidel Castro de fusilar a tres hombres que secuestraron una embarcación de pasajeros para intentar escapar hacia Estados Unidos.
Con una vida cómoda, un estudio de grabación autorizado por el Gobierno y con una mesa repleta, el juglar se extravió en reverencias y silencios. Su música, que una vez acompañó la desobediencia de tantos ciudadanos en esta parte del mundo, ahora forma parte de la lírica oficial, de la sinfonía del poder.
Yoani Sánchez es periodista cubana y directora del diario digital 14ymedio.

lunes, 23 de abril de 2018

Fidel Castro en el humor y el olvido


Fidel Castro en el humor y el olvido

YOANI SÁNCHEZ
La Habana | 03/07/2017

Durante décadas los cubanos fuimos bombardeados por la propaganda oficial con materiales sobre la supuesta genialidad de Fidel Castro. En esas apologías no solo era padre, sino también estratega, visionario, pedagogo, agricultor y ganadero, entre otras excelsas facetas. Sin embargo, aquel prototipo de patriarca, científico y mesías tenía algunas "patas cojas".

Yoani Sánchez / Cuba sobrevive a Fidel Castro



Cuba sobrevive a Fidel Castro

La isla ha vivido demasiados duelos como para vestirse con el color de la viudez. Tal vez habrá lágrimas y nostalgia, pero el legado de Fidel se irá apagando. Quienes tenían menos de 15 años en 2006, apenas recuerdan su voz



YOANI SÁNCHEZ
27 NOV 2016 - 11:49 COT


Pocos miraban la televisión oficial a esa hora. La noticia de la muerte de Fidel Castro comenzó a correr en la noche de este viernes vía telefónica, como una información imprecisa y vaga. “¿Otra vez?”, preguntó mi madre cuando se lo conté. Nacida en 1957, esta habanera de casi seis décadas no recuerda la vida antes de que el Comandante en Jefe tomara el poder en Cuba.

domingo, 22 de abril de 2018

Yoani Sánchez / ‘Che’ Guevara, el mito desteñido

Che Guevara
Fotografía de Alberto Korda
5 de marzo de 1960.



‘Che’ Guevara, el mito desteñido

El revolucionario argentino no está superando bien el juicio de la Historia. Sigue siendo un buen negocio para los nostálgicos, pero ya no es admisible su idea del “odio como factor de lucha” y el modelo de gerrillero que propuso ha fracasado


YOANI SÁNCHEZ
13 ENE 2018 - 18:00 COT





‘Che’ Guevara, el mito desteñido
NICOLÁS AZNÁREZ

Hace casi cuatro décadas, cuando aprendía el abecedario, me tocó decir mi primera consigna política, la misma que repiten todavía cada mañana miles de niños cubanos: “Pioneros por el comunismo, seremos como el Che”. Con la diferencia de que hoy la figura del guerrillero está muy cuestionada en muchas partes del mundo, menos en Cuba.






El hombre que posó para tantos fotógrafos, que quedó inmortalizado en un retrato con boina y mirada perdida, no está superando bien el juicio de la Historia. En estos tiempos, en que la violencia y la lucha armada son cada vez más reprobadas públicamente, emergen los detalles de sus desmanes y las víctimas de aquellos años comienzan, finalmente, a ser escuchadas.
Ernesto Guevara, el argentino que ha cautivado a cineastas, escritores y periodistas, no atraviesa un buen momento. Poco importa si su rostro sigue reproduciéndose en infinidad de camisetas, banderas o ceniceros en todo el planeta, porque su mito se destiñe en la medida en que se conoce más al personaje que realmente fue. La verdad sale a flote mientras él se hunde.