martes, 23 de julio de 2019

Flavita Banana / Archivos estelares

Flavita Banana

ARCHIVOS ESTELARES


Poseedora de un trazo rotundo e inconfundible y una gran habilidad para retratar las alegrías y miserias del género humano, Flavita Banana lleva varios años haciéndonos llegar sus viñetas a través de las redes sociales y colaborando con medios como Smoda, Orgullo y Satisfacción o Mongolia. En Archivos estelares recopilamos por primera vez sus viñetas más populares, a lo largo de un volumen de más de 200 páginas.
“Poca gente sabe mezclar amor y humor de una forma tan enrevesada y directa”, comenta Miguel Gallardo en el texto que sirve como prólogo al libro. “A pesar de todo el cinismo que destila, deja ver un corazón así de grande, que se encariña con esas mujeres de pelo alborotado y esos hombres atónitos”.







Flavita Banana / Archivos cósmicos





Flavita Banana

ARCHIVOS CÓSMICOS


Tras Archivos estelares (¡Caramba!, 2017) Flavita Banana regresa con un nuevo volumen que recopila algunas de sus mejores viñetas, más de 200 páginas dibujadas con su trazo rotundo e inconfundible y pobladas por mujeres de pelo alborotado, hombres despistados, mucha risa y grandes dosis de verdad. Los personajes de Flavita son crónica de nuestra época pero también, en muchas ocasiones, el lugar en el que a cualquiera le gustaría vivir. Su humor es universal, estelar. Incluso cósmico.
“Sus viñetas no son chistes, no, son mapas topográficos del punto donde impostura y realidad tienen su campo de batalla –apunta Darío Adanti en el prólogo que abre este volumen–. Ahí dentro está Flavita, la autora, que se muestra en sus personajes y trazo mientras finge que se esconde tras ellos. Ella está con nosotros, fuera y dentro de sus espejos”.






Flavita Banana / Sobre la lectura

Flavita Banana 

Sobre la lectura


Flavita Banana
SOBRE LA LECTURA
















Flavita Banana
Flavia Álvarez-Pedrosa, más conocida por su nombre artístico Flavita Banana (Oviedo, 1987), es una ilustradora, viñetista y dibujante española. Estudió Arte y Diseño y el Ciclo superior de Ilustración en la Escuela Massana.​



Ha colaborado semanalmente con la revista SModa y mensualmente con: Orgullo y satisfacción, El Salto y Mongolia. En 2018 comenzó a colaborar con El País, La maleta de portbou y Jodtown.



En el 2016 ilustró Curvy (Lumen, 2016) y en 2017 publicó Las cosas del querer (Lumen, 2017),​ su primer libro como autora, al que le siguió en el mismo año, Archivos estelares (¡Caramba!, Astiberri Ediciones, 2017).



Sus referentes son Quino o Jean-Jacques Sempé, Serge Bloch, Chaval y Claire Bretecher.

Sus viñetas, con un dibujo de estilo propio, suelen hablar de amor, del querer y de las relaciones, aunque en su últimas publicaciones, abarca otros temas sociales. Con un sabor ácido, cínico, un gran sentido del humor y una gran carga de sentimentalismo, Flavita expone situaciones controvertidas cotidianas. 

El conjunto de sus viñetas y trabajos transmiten un mensaje feminista que trata de destruir estereotipos.

Flavita Banana / «Jamás juzgaría a nadie por su edad en el ámbito creativo»







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Foto: Carla Step.

Flavita Banana«Jamás juzgaría a nadie por su edad en el ámbito creativo»

19 de septiembre de 2018

Flavita Banana (nombre artístico de Flavia Álvarez) estudió el grado en Artes y Diseño, y después Ilustración, en la Escola Massana de Barcelona. Colabora semanalmente con la revista S Moda, y mensualmente en Orgullo y Satisfacción, El Salto y Mongolia. Ha ilustrado el libro Curvy (Lumen, 2016), y recogido sus viñetas en Las cosas del querer (Lumen, 2017), yArchivos estelares (Astiberri, 2017).

lunes, 22 de julio de 2019

Kafka y Walser / Vidas paralelas

Franz Kafka


Vidas paralelas

Kafka y Walser escritores discretos, por Federico Galende


Federico Galende
4 Agosto 2016


Sobre Robert Walser se han escrito con demora libros por montones, ninguno de los cuales deja de aludir a su temprano retiro en el manicomio cantonal de Appenzell, en Herisau, donde los días solía dividirlos entre largos paseos por la nieve, platos rebosantes de comida y cigarrillos que fumaba en el descanso. Las exiguas pruebas de reconocimiento que le llegaban como un rumor de otros lugares (se habían vuelto a imprimir sus obras, había aparecido en dos periódicos, circulaba en Viena un libro sobre su trabajo) no le interesaban: desayunaba en silencio, no hojeaba esa clase de periódicos ni consideraba que el hombre sobre el que escribían tuviera algo que ver con él.
Robert Walser

No le importaban siquiera sus enfermedades, que asumía como si fuesen de otros. Pero una vez sí le importó algo: en medio de la nieve de Degersheim, su amigo y tutor Carl Seelig le mencionó al pasar que el director de la Oficina de Seguros de Accidentes de Praga lo estaba leyendo: leía con devoción Los hermanos Tanner, Jacob von Gunten y sus delicados escritos sobre colinas y montañas. Lo que le importó no fue eso, en realidad, sino el hecho de que el director fuera aconsejado por un empleado que había muerto 20 años atrás. El empleado respiraba mal, como él, pero a diferencia suya no era aficionado al cigarrillo. 


Walser vendió 100 ejemplares de su primer libro, y a Kafka le fue un poco mejor: 102 ejemplares de Meditaciones. Ambos fueron publicados por el mismo editor y murieron internados: en un manicomio el primero y en un sanatorio para tuberculosos el segundo.

El empleado era Franz Kafka, para muchos el mejor escritor del siglo XX: se había enterado de que estaba enfermo mientras tomaba un descanso en la campiña bohemia de Zürau, hacia donde se había mudado en 1917 a pasar una temporada con su hermana. Walser simulaba, le comentaba a Seelig que en Praga seguramente había cosas más estimulantes que hacer que consultar aquellos libros suyos, pero saber que Kafka no solo lo había leído sino que era capaz de recitar fragmentos enteros de su prosa de la época de Berlín, no podía no conmoverlo. Había una letanía entre los personajes, una afinidad distraída, y de no ser porque en la minúscula aldea de Zürau sobraban los animales, como en Herisau los ancianos y los locos, la situación contaba con la misma pureza y la misma economía de elementos a la que por vocación ambos escritores aspiraban.
La idea de que escribieran así (desprovistos de intrigas amorosas, de acción, de decorados) evidentemente no había sido del editor, quien había perdido dinero publicando los primeros libros de ambos. Por casualidad Kafka y Walser lo habían contactado el mismo año: el primero se había presentado una tarde de 1912 en el despacho de Kurt Wolff –el editor–, en compañía de un empresario sospechoso que hablaba de él como si fuese una estrella de rock; el segundo había enviado una sucinta carta manuscrita en la que lucía una caligrafía a lápiz del siglo XVIII.
La estrella de rock no había abierto la boca en toda la tarde: era un muchachito tímido, que miraba hacia abajo y que apenas logró sobreponerse a la vergüenza que le hizo pasar Max Brod despidiéndose con esta frase: “Señor Wolff, siempre le quedaré más agradecido porque me devuelva mis manuscritos que por su publicación”. En sus Memorias, Wolff recuerda que nunca antes un escritor se había referido así a su obra, ni nunca más alguien lo haría, salvo Walser, quien en la carta que le enviaba ese mismo año exhibía un tono tan simple como profundamente singular: hablaba de un libro que había terminado y al que veía “como una obra modesta pero, también, grata quizá o acogedora”.
Los relatos de Walser fueron publicados en tres tomos al año siguiente y no vendió más de 100 copias, muy parecido a lo que logró Kafka, quien en 1917 rendía cuentas a Max Brod: “Liquidación de la editorial por 102 ejemplares de Meditaciones, asombrosamente mucho”.
Kafka había vendido esa cifra de ejemplares en cinco años y le parecía bastante; una década después el propio Wolff contaría una edición de La condena que iba por los 347 mil volúmenes. El único problema es que había pasado una década y el escritor de Praga agonizaba ahora en una clínica de Viena, donde dedicó sus últimos días a corregir un manuscrito.
El manuscrito que Kafka corregía era “Un artista del hambre”: la tuberculosis le había estropeado la garganta, no podía tragar y la inanición se lo llevaba mientras revisaba estas pruebas en las que un actor de circo se entregaba al ayuno profesional para morir tranquilo en una jaula.
En sus escenas finales, los escritores no se parecían: la Navidad de 1956 Walser almorzó un buen plato de choucroute con carne y salchichas de cerdo, que acompañó de un postre de merengue con nata montada. Después salió a dar un paseo, caminó un par de kilómetros por la nieve y sintió que le dolía el corazón: resbaló por una hondonada, su sombrero quedó a unos metros y Jürg Amann escribió que aquella tarde lo encontró primero un perro, después la gente de la granja próxima y finalmente el mundo entero. Kafka en cambio no comía: no había hallado en este mundo un solo plato que lo complaciera. La fama también le llegaría de manera póstuma.

Robert Walser / Un poeta dijo a su novia

Sylvain Coulombe

Robert Walser

Un poeta le dijo a su novia

Traducción de Juan de Sola Llovet


Un poeta le dijo a su novia
«Ya sabes que soy un genio
Y que por eso no puedo evitar
Vivir al día cual inútil.
Es lo que hacían todos
Quienes se sintieron llamados a algo superior.
Los de mi linaje no nos resignamos a
Ser aplicados y trabajadores,
Es algo que dejamos para los burgueses».
Acto seguido, la muchacha respondió:
«¿Acaso te crees más que el resto?
Deberías avergonzarte de un orgullo tan descarado.

Si eres un verdadero poeta
Léeme lo que has escrito.
El cuento de Nonosresignamos
Mejor se lo cuentas a otra
¡La arrogancia y las osadas frases hechas
No bastan para hacer un poeta!»
Él le mostró su último
Poema y dijo: «He tardado cuatro semanas
En escribirlo». «¿Qué?» exclamó ella. «¿Cuatro semanas?»
Lo leyó , y cuando hubo terminado,
Se rió en su cara y le tiró
El poema a los pies:

«Estos versos son horribles
Y el que los haya compuesto
Que se quite ahora mismo de mi vista».
El poeta estaba derrotado,
Se pasó la mano por el cabello
Y dijo: «No te lo tomes así»,
Y le dio un beso y recogió
El poema, se busco un buen
Oficio, y se convirtió en un hombre honrado
Y ambos fueron muy felices
Y se amaron, tuvieron hijos
Y no hicieron nada que no fuera sensato.






Bella pero nociva, así es la amapola





amapola
 AFP

Bella pero nociva, así es la amapola


6 JUL 2019 - 17:00 COT
LA PRIMAVERA y el inicio del verano son la época de mayor floración de la legendaria amapola. Una planta muy bella pero nociva, según los especialistas en malherbología —así se llama la ciencia de la maleza—, pues compite con plantaciones valiosas, entre ellas las de cereales como el trigo, la cebada o la avena, robándoles los nutrientes y mellando la productividad de los cultivos. Es positiva, sin embargo, para las abejas, como esta que se aproxima a una con delicadeza en los campos de Esmoulins, una zona rural de Francia. No existe miel de amapola, pero esta planta contiene un polen que es un excelente nutriente para estos insectos.


Antonio Porchia / Voces II

Naima Keissis
Antonio Porchia

VOCES II

Han dejado de engañarte, no de quererte.
Y te parece que han dejado de quererte. 


***

Tenemos un mundo para cada uno, pero no tenemos un mundo para todos.



***


Durmiendo sueño lo que despierto sueño.
Y mi soñar es continuo. 


***

A veces hallo tan grande a la miseria que temo necesitar de ella.



***

Y si llegaras a hombre, ¿ a qué más podrías llegar ?

***

Nada no es solamente nada. Es también nuestra cárcel.

Batallas del bisabuelo Andrea Camilleri

ANDREA CAMILLERI

Batallas del bisabuelo Andrea Camilleri

Las memorias personales y políticas del escritor italiano, narradas dos años antes de su muerte como una larga carta dirigida a su bisnieta, se publicarán en otoño en España


TEREIXA CONSTENLA
Madrid 20 JUL 2019 - 16:43 COT




Andrea Camilleri, en febrero de 1999.
Andrea Camilleri, en febrero de 1999.

Mucho antes de triunfar, Andrea Camilleri ya desplegaba iras bíblicas y humildades filosóficas. Cuando el éxito le dio el gran bofetón —el detective Montalbano, predestinado a morir en dos novelas, se convirtió en un fenómeno—, el siciliano se aferró a la máxima de Montaigne que le acompañaba desde joven: “Recuerda que, cuanto más subas, más culo enseñarás”. Puede que esto explique que el autor de 30 millones de libros vendidos —un club minoritario, aunque no forzosamente selecto— sea capaz de verse a sí mismo desde la distancia: “No me considero un gran escritor. En Italia se tiene la ambición de levantar catedrales; a mí, en cambio, me gusta construir iglesias rurales pequeñitas y sobrias”. Y este retrato ambivalente de un hombre que podía ser colérico y modesto, o rico y comunista, es el que el escritor quiso legar de forma directa a su bisnieta en Carta a Matilda, que publicará Salamandra en noviembre.

domingo, 21 de julio de 2019

La vida perra de Elza Soares



La vida perra de Elzinha Soares

La histórica cantante brasileña abre este viernes el festival La Mar de Músicas, en Cartagena


DIEGO A. MANRIQUE
Madrid 18 JUL 2019 - 12:59 COT

No es pequeña hazaña lograr que Elza Soares (Rio de Janeiro, 1937) ofrezca en Cartagena uno de los tres conciertos en Europa previstos para el presente verano. Obligada a cantar sentada tras una caída, la sambista plantea un desafío a su público: la coexistencia entre su reluciente repertorio clásico y la música rupturista que ha facturado en el siglo XXI, destacando su condición de mujer negra en un país racista (“sí, escríbalo: Brasil todavía es racista”).

Elza Soares / La mujer del fin del mundo






Elza Soares.
Elza Soares. STÉPHANE MUNNIER.

La mujer del fin del mundo

La veterana Elza Soares firmó uno de los mejores discos brasileños de 2015


Carlos Galilea
5 de enero de 2016

“Te vas a arrepentir de levantarme la mano” canta Elza Soares en Maria da Vila Matilde, samba contra la violencia que sufren tantas mujeres. Con unos ochenta años no confesados, y problemas de columna, la carioca ha publicado un disco que hubiera firmado feliz cualquier joven cantante: A mulher do fim do mundo. Once canciones inéditas a las que ella ha puesto su voz ronca y algo rota. En la grabación, producida por el baterista Guilherme Kastrup y con dirección artística de Celso Sim y Romulo Fróes, Elza está acompañada por músicos de la escena independiente de São Paulo como los guitarristas Kiko Dinucci y Rodrigo Campos o el propio Fróes. El resultado: samba noise, cavaco en rock and roll distorsionado, con los metales del grupo Bixiga para la sexualmente explícita Para fuder o en Benedita, visión a través de un travesti de todo un submundo de crack y violencia.

Elza Soares / El Mané que yo amé


Elza Soares
Poster de T.A.

Elza Soares
EL MANÉ QUE YO AMÉ

Posted 17 January 2005 - 04:30 PM
Lean esto, si quieren un pedacito ahorita, otro despues de lo que era Garrincha diviertanse.

Tomando como base algunas declaraciones y pronunciamientos públicos de Elza Soares, en estos 21 años transcurridos desde la muerte de Garrincha, y recogidos en diversos medios escritos brasileños, Andrés Salcedo ha preparado un monólogo en primera persona, con el que la famosa cantante recrea su vida al lado del futbolista



Por ELZA SOARES

Editado por Andrés Salcedo



Sí, yo sé que todavía hay gente por ahí que me sigue considerando una devoramachos, la Yoko Ono de Garrincha, la que le comió el coco, lo sacó del fútbol y lo empujó a la muerte. Eso me hacía sufrir antes, cuando todavía era joven y seguía enamorada de un carajo muerto hacía cuatro, cinco años. Como lo sigo estando ahora, 20 años después.

Antonio Porchia / Voces I


Nostalgia
Christine Bourdette

Antonio Porchia
VOCES

1.   Mi pobreza no es total: falto yo.

2.   Si no levantas los ojos, creerás que eres el punto más alto.

3.    No hallé como quién ser, en ninguno. Y me quedé, así: como ninguno.

4.    El mal de no creer es creer un poco.

5.    Sé que no tienes nada. Por ello te pido todo. Para que tengas todo.

6.    Vengo de morirme, no de haber nacido. De haber nacido me voy.

7.    Dios mío, casi no he creído nunca en ti, pero siempre te he amado.

8.    Si yo fuese como una roca y no como una nube, mi pensar, que es  como el viento, me abandonaría.

9.    Quien perdona todo ha debido perdonarse todo.

10.  Me hicieron de cien años algunos minutos que se quedaron conmigo,  no cien años.

11.  Se vive con la esperanza de llegar a ser un recuerdo.

12.  Casi no he tocado el barro y soy de barro.

13.  Se pueden tender puentes para salvar vacíos, pero no en un total vacío como tu total vacío.

14.  Cuando no me hago daño, temo hacer daño.

15.  En la calle, nada más que la calle, y en tu casa, nada. Ni la calle.

16.  Estoy tan poco en mí, que lo que hacen de mí, casi no me interesa.

17.  Donde hemos puesto algo, siempre creemos que hay algo, aunque no haya nada.

18.  Hombres y cosas, suben, bajan, se alejan, se acercan. Todo es una comedia de distancias.
19.  ¿Es tanto lo que no sé? ¿Y cómo? ¿Es que alguna vez habré sabido tanto, que es tanto lo que no sé?

20.  Si pudiera dejar todo como está, sin mover ni una estrella, ni una nube. ¡Ah, si pudiera!

21.  Las certidumbres sólo se alcanzan con los pies.

22.  El hombre, cuando sabe que es una cosa cómica, no ríe.

23.  En mi silencio sólo falta mi voz.

24.  En todas partes mi lado es el izquierdo. Nací de ese lado.

25.  No me hables. Quiero estar contigo.

26.  Cuando me llaman «mío», no soy nadie.

27.  Hasta el más pequeño de los seres lleva un sol en los ojos.

28.  Para librarme de lo que vivo, vivo.

29.  Si eres bueno con éste, con aquél, éste, aquél dirán que eres bueno. Si eres bueno con todos, nadie dirá que eres bueno.

30.  Para los que mueren, esta tierra es lo mismo que la más lejana estrella. No debiera preocuparnos tanto lo que sucede... en la más lejana estrella.

31.  Cuanto vuelve, no vuelve todo, ni aun volviendo todo.

32.  He perdido doble, porque también he ganado.

33.  Quien hace un paraíso de su pan, de su hambre hace un infierno.

34.  Mi alma tiene todas las edades, menos una: la de mi cuerpo.

35.  Y si es tan veloz el cambiar de las cosas, cuando vemos las cosas no vemos las cosas. Vemos el cambiar de las cosas.

36.  Los sí y los no son eternidades que duran momentos.

37.  La piedra que tomo en mis manos absorbe un poco de mi sangre y  palpita.

38.  Solamente donde puedo estar todo siento que está todo. Y a veces hasta  en nada puedo estar todo. Y a veces ni en todo puedo estar todo.

39.  Comprendo que la mentira es engaño y la verdad no. Pero a mí me han engañado las dos.

40.  Todas las cosas pronuncian nombres.

41.  Cuando las estrellas bajan, ¡qué triste es bajar los ojos para verlas!

42.  Me iré de ti, pero tú no te vayas de mí. Porque me iré de ti como me  voy de todo, sin que nada se vaya de mí.

43.  Esos muy diminutos seres que viven un corto momento, sabemos que viven un corto momento, pero no sabemos si viven cien largos años en el corto momento que viven.


El éxito del Montalbano televisivo que ‘cena’ con los italianos






Fotograma de un capítulo de la serie 'El comisario Montalbano' que muestra al personaje interpretado por Nicola Zingaretti.
Fotograma de un capítulo de la serie 'El comisario Montalbano' que muestra al personaje interpretado por Nicola Zingaretti.


El éxito del Montalbano televisivo que ‘cena’ con los italianos

La serie sobre las novelas de Camilleri lleva 20 años emitiéndose en Italia y ha influido en la vida cotidiana del país


Daniel Verdú
Roma, 17 de julio de 20l19

El placer de las visitas suele resultar molesto cuando transforman la sorpresa en reincidencia. Pero el comisario Montalbano, un hombre elegante y discreto, se sentó a cenar en la mesa de cientos de miles de familias italianas durante dos décadas sin que nadie pusiera mala cara. La serie de la obra más famosa de Andrea Camilleri, producida y emitida en la Rai desde 1999, un producto televisivo que este año ha afrontado su decimotercera temporada, es la más influyente y longeva en antena de Italia. Su abrumador éxito la ha convertido también en la más seguida de la historia del país, un fenómeno social y televisivo que permitió a la productora venderla a 60 países y propagar la leyenda del famoso inspector por todo el mundo. En algunos lugares, como el Reino Unido, incluso se ha colado entre los 20 programas más vistos.

sábado, 20 de julio de 2019

Las grandes virtudes de Natalia Ginzburg


Natalia Ginzburg
Ilustración de Esteban Salas

Las grandes virtudes de Natalia Ginzburg


Rodrigo Hasbún 
20 Enero 2017

A 100 años de su nacimiento, la obra de la narradora italiana sigue siendo bastante desconocida: autora de 31 libros, menos de la mitad está traducida a nuestro idioma. Algo difícil de aceptar, si se piensa que transformó la autobiografía, liberándola de cualquier indulgencia o egoísmo, y que leyendo sus novelas y ensayos da la impresión de estar ante una inteligencia pura que se deshace de lo superfluo para discutir los temas más delicados: el aborto, la adopción, la existencia de Dios y, por sobre todo, los afectos al interior de la familia.

1. Cuando en septiembre de 1939 estalló la Segunda Guerra Mundial, Natalia Ginzburg tenía 23 años, dos hijos pequeños y un matrimonio feliz con Leone Ginzburg, un todavía joven pero ya reconocido intelectual de origen judío. Meses más tarde debieron irse juntos a Pizzoli, un pueblo remoto en la región de los Abruzos al que él había sido desterrado por su activismo antifascista, que también lo había hecho perder el puesto como profesor. “Lo nuestro era un exilio”, escribiría ella años después en un bello texto dedicado a esa época, “nuestra ciudad estaba lejos, y lejos estaban los libros, los amigos, las vicisitudes varias y cambiantes de una verdadera existencia”. Eran tiempos difíciles pero, a pesar del silenciamiento intransigente y del invierno interminable y de Mussolini y los suyos, también eran tiempos solidarios y gratos (“fue la mejor época de mi vida, y solo ahora que ha pasado para siempre, solo ahora, lo sé”), bastante más que aquellos que estaban por venir.

Natalia Ginzburg / No podemos saberlo







Natalia Ginzburg
NO PODEMOS SABERLO
Traducción de Leopoldo Brizuela

No podemos saberlo. Nadie lo ha dicho.
Quizás allá no quede más que una red desfondada,
cuatro sillas de paja desflecadas y una galleta vieja
mordida de ratones. Es posible que Dios sea un ratón
y que corra a esconderse tan pronto nos vea entrar.
Y es posible que en cambio sea esa galleta vieja
mordisqueada y mohosa. No podemos saber.


Quizá Dios tiene miedo de nosotros y escape, y largamente
deberemos llamarlo y llamarlo con los nombres más dulces
para inducirlo a volver. Desde un punto lejano del cuarto
él nos mirará fijo, inmóvil.


Quizá Dios es pequeño como un grano de polvo,
y podremos verlo solamente al microscopio,
minúscula sombra azul detrás del cristalito, minúscula
ala negra perdida en la noche del microscopio,
y nosotros allí en pie, mudos, contemplándolo, en vilo.
Quizá Dios es grande como el mar, y lanza espuma y truena.


Quizá Dios es frío como el viento de invierno,
tal vez brama y retumba en un rumor que ensordece,
y deberemos llevar las manos a los oídos,
y agachados, temblando, replegarnos al suelo.
No podemos saber cómo es Dios. Y de todas las cosas
que quisiéramos saber, esta es la única verdaderamente esencial.


Quizá Dios es tedioso, tedioso como la lluvia
y aquel paraíso suyo es un tedio mortal.


Quizá Dios tiene anteojos negros, un echarpe de seda,
dos mastines a los flancos. Quizás use polainas
y está sentado en un rincón y no dice palabra.
Quizá tiene el pelo teñido, una radio a transistores
y se broncea las piernas en la terraza de un rascacielos.
No podemos saber. Ninguno sabe nada.
Quizá no bien lleguemos nos mandará al espacio
a comprarle pan, salame y una damajuana de vino.


Quizá Dios es tedioso, tedioso como la lluvia
y aquel paraíso suyo es la consabida música
un revolar de velos, de plumas, y de nubes
y un aroma de lirios y un tedio de muerte,
y cada tanto una media palabra para pasar el tiempo.
Quizá Dios es dos, una réplica de esposos
librados al sopor de una mesa de hotel.


Quizá Dios no tiene tiempo. Dirá que nos vayamos
y volvamos más tarde. Nosotros nos iremos de paseo,
nos sentaremos sobre un banco a contar trenes que pasan,
las hormigas, los pájaros, las naves. De aquella alta ventana
Dios se asomará a mirar las calles y la noche.


No podemos saber. Nadie lo sabe.
Es posible incluso que Dios tenga hambre y nos toque saciarlo,
quizás muere de hambre, y tiene frío, y tiembla de fiebre,
bajo una manta sucia, infestada de pulgas
y deberemos correr en busca de leche y de leña,
y telefonear a un médico, y quién sabe si a tiempo
encontraremos un teléfono, y la guía, y el número
en la noche demente, quién sabe si tenderemos suficiente dinero.


Junio, 1965