lunes, 20 de mayo de 2019

Anaïs Nin / Pájaros de fuego / Prefacio



Anaïs Nin
Pájaros de fuego
Prefacio


Es interesante el hecho de que muy pocos escritores decidan por voluntad propia sentarse a escribir cuentos o confesiones eróticas. Incluso en Francia, donde lo erótico parece jugar un papel tan importante en la vida, los escritores lo hacían movidos por la necesidad, por la falta de dinero.


Una cosa es incluir el erotismo en una novela o una historia, y otra muy diferente es centrar toda tu atención en eso. Lo primero es como la vida misma; es, se podría decir, natural, sincero, como las páginas sensuales de Zola o Lawrence. Pero concentrarse completamente en la vida sexual no es natural. Se convierte en algo parecido a la vida de una prostituta, una actividad anormal que termina alejándola de todo lo sexual. Quizá los escritores saben esto y por eso solo han escrito una confesión o unas cuantas historias a escondidas, como hizo Mark Twain.
¿Pero qué pasa cuando un grupo de escritores que necesitan dinero desesperadamente se dedican por completo a lo erótico? ¿Cómo afecta esto a sus vidas, a su concepción del mundo, a su escritura? ¿Qué efecto tiene en su vida sexual?
Dejadme que os cuente que yo fui la madre confesora de un grupo así. En Nueva York todo se vuelve más duro y más cruel. Tenía mucha gente a mi cargo, muchos problemas, y en un rol muy similar al de George Sand, que escribía toda la noche para mantener a sus hijos, amigos y amantes, tuve que encontrar trabajo. Podría decirse que me convertí en la madame de una casa de prostitución literaria insólita. Era una maison muy artística, todo hay que decirlo, un estudio de una habitación, con claraboyas que pinté para que parecieran las vidrieras de una catedral pagana.
Antes de empezar esta nueva profesión, yo era conocida como poetisa, como una mujer independiente que escribía por placer. Muchos escritores y poetas jóvenes venían a mí y a menudo colaborábamos, analizábamos y compartíamos lo que estábamos escribiendo. Dispares en carácter, inclinaciones, hábitos y vicios, todos ellos compartían una cualidad: eran pobres. Extremadamente pobres. Mi maison se transformaba con frecuencia en una cafetería por la que se dejaban caer, hambrientos y callados, y donde comíamos copos de avena porque era lo más barato y se suponía que daba energía.
La mayor parte de la erótica se escribía con el estómago vacío. Ahora bien, el hambre es un magnífico estimulante de la imaginación porque no produce energía sexual, y la energía sexual no crea aventuras extraordinarias. Cuanto mayor es el hambre, más intenso es el deseo, como el de los hombres encarcelados, salvaje y persistente. Por tanto, el nuestro era un entorno perfecto para que creciera la flor del erotismo.
Claro que, si pasas demasiada hambre durante demasiado tiempo te conviertes en un mendigo, en un vagabundo. Esos hombres que duermen junto al East River, en portales, en el Bowery, no tienen ninguna vida sexual, parece ser. Mis escritores —algunos vivían en el Bowery— todavía no habían llegado a ese punto.
En cuanto a mí, cuando me dispuse a indagar en lo erótico, dejé aparcada la escritura seria. Estas son mis aventuras en ese mundo de prostitución. Al principio fue duro sacarlas a la luz. Por lo general, para todos nosotros —poetas, escritores, artistas—, la vida sexual se oculta bajo muchas capas. Es una mujer con velo medio soñada.

Mario Benedetti / Corazonada






Mario Benedetti
CORAZONADA

Apreté dos veces el timbre y en seguida supe que me iba a quedar. Heredé de mi padre, que en paz descanse, estas corazonadas. La puerta tenía un gran barrote de bronce y pensé que iba a ser bravo sacarle lustre. Después abrieron y me atendió la ex, la que se iba. Tenía cara de caballo y cofia y delantal. “Vengo por el aviso”, dije. “Ya lo sé”, gruñó ella y me dejó en el zaguán, mirando las baldosas. Estudié las paredes y los zócalos, la araña de ocho bombitas y una especie de cancel.

Juan Cruz / Érase una vez Mario Benedetti






Mario Benedetti (izquierda) y el pintor cubano Mariano Rodríguez, en el Museo de Bellas Artes de La Habana en 1987.rn
Mario Benedetti (izquierda) y el pintor cubano Mariano Rodríguez, en el Museo de Bellas Artes de La Habana en 1987. ARCHIVO FUNDACIÓN BENEDETTI


Érase una vez Mario Benedetti

Era un hombre que buscaba amparo. Su voluntad era la de ser únicamente un poeta


Juan Cruz
20 de mayo de 2019

Era un hombre que buscaba amparo. Su voluntad era la de ser únicamente un poeta. Se le cruzó la vida triste de Uruguay, la maldad militar, la dictadura. Perseguido por la catástrofe que mató a tantos, ingresó en la nómina mundial de los perseguidos, y ya siempre tuvo miedo. En Argentina, en Perú, en Cuba y en Madrid.
Siempre tuvo miedo Mario Benedetti Farrugia. Le gustaba decir sus numerosos nombres propios, y añadir el otro apellido italiano, Farrugia. Era un niño en busca de amparo. Hasta en el hospital se sostenía en la rabia. Era imposible que se estuviera despidiendo. Y ya no pudo más el 17 de mayo de 2009, hizo 10 años ahora. Su penúltimo amparo, la Universidad de Alicante, donde está su biblioteca, le hizo un homenaje el viernes. Hace 20 años, en 1999, allí, cuando se ponía en marcha el Centro Mario Benedetti, él leyó un poema, Zapping de siglos,que ahora suena profecía. Lo preparó como un testamento de incertidumbre. ¿Qué será este tiempo en el que ya no voy a estar? Al morir tenía 88 años. Ya no sabía que había sido Mario Benedetti.
Pudo haber caído sobre él el cielo gris del limbo que hace invisibles a los poetas muertos. Pero su fundación en Montevideo, a cuyo mando está su biógrafa, Hortensia Campanella, se encarga de ponerle sal y fuego a la memoria de aquel hombre que parecía, dice ella: “Un abuelito para mi hijo”. Carmen Alemany, que en Alicante acompañó a José Carlos Rovira y a Eva Valero en la tarea de poner en marcha el Centro Mario Benedetti, contaba el viernes que su hija lo llamaba “el marido de Luz”. Pues Luz, su mujer, más que su sombra fue efectivamente su luz, su amparo mayor, su compañera. Luz murió sin memoria. Cuando se fueron de Madrid, en 2003, ya Luz no escuchaba el teléfono, no sabía qué hacer con los recados. Él la cuidaba con una delicadeza incendiada por el aturdimiento.
Esa mañana del regreso definitivo a Uruguay ella se dejó las llaves dentro de la casa. Era la metáfora de la despedida. Después de tantos viajes de ida y vuelta, tras el exilio y el desexilio, ya iba a ser Montevideo, de donde partió huyendo, el amparo final, el salto a la esperanza y al vacío. Y las llaves se quedaron en Madrid, ya no habría vuelta.
Palma de Mallorca, Madrid, Alicante fueron sus últimos amparos. Y la música de Serrat o de Viglietti. El amparo era que le hicieran caso sus amigos. Que no hubiera espinas en el pescado, que le funcionaran los aparatos del asma, que no le pusieran almendras en los platos, que hubiera urinarios cerca de sus firmas en la feria, que le salieran bien las operaciones, que no le faltaran el periódico ni los lápices, que hubiera guayaberas limpias. Que ya no hubiera más uniformes señalándole la puerta o la pena de muerte. Y que Luz, su mujer, estuviera siempre.
Ella murió tres años antes que él. Lo vi llorar meses más tarde. Desde su butaca miraba al aire gris de Montevideo. Escribía haikus, había presentado la dimisión al diablo del tiempo. Ya qué iba a hacer, se le había hecho la noche, como dice un verso argentino, en la mitad de la tarde.
Desamparado tantos años Mario Benedetti. La historia lo hizo desconfiar de las sombras. Entraba en los sitios como si fuera a resbalar, inquieto. Aplaudido por miles, como una estrella del rock de la poesía, siempre sintió que pasaría algo atroz o incomprensible. Así que buscaba amparo. Había en él esa ausencia triste del perseguido que ni en la pared halla apoyo. Alicante le dio honores y calor, hasta ahora mismo, Chus Visor no para de editarle; Campanella dice que a la fundación siguen viniendo sin cesar solicitudes para hacer de sus versos canciones y de sus novelas o relatos teatro o cine.
En Montevideo lo acogieron, de vuelta, como una leyenda que ya se iba a quedar allí, en su casa donde lo único que se movía era la mecedora. En aquel Zapping de siglos dejó escrita, con la ironía que le aclaraba las ideas y los días, su manera de ver lo que venía: “El siglo light está a dos pasos / su locurita ya encandila / al cuervo azul lo embalsamaron / y ya no dice nunca más”.
Él sobrevivió nueve años la locurita del siglo XXI. Su biblioteca está en Alicante, en Montevideo, en las canciones y en miles de librerías o de casas.



Eliseo Diego / Mientras




Eliseo Diego

MIENTRAS

Mientras me limpio hoy jueves los zapatos
a la luz de la lámpara y las hojas
susurran en el patio sus consejas
sé que habrá un tiempo en que por fin olvide
si fue jueves y abril o un lunes lívido
de aquel febrero pródigo en angustias
y que no importa cuándo fue ni dónde.

Pero es que hoy martes mi familia duerme
tan dulce y tan serena en torno mío
que limpiar los zapatos es mi modo
de saber que estoy siendo a pleno gusto
este viernes o sábado sin término
lo que soy sin fatiga ni premuras
en un mes que bendigo no sé dónde.



domingo, 19 de mayo de 2019

Final de ‘Juego de tronos’ / Así se vigila el secreto mejor guardado de la televisión




Final de ‘Juego de tronos’: así se vigila el secreto mejor guardado de la televisión

Guiones encriptados que desaparecían en 24 horas, escenas falsas y hasta asesinos de drones utilizaron los creadores de la serie para resguardar las últimas escenas


ANTONIA LABORDE
Washington 19 MAY 2019 - 04:40 COT

Cuando las mentes creativas de Juego de Tronos decidieron (atención: spoiler) que en el penúltimo episodio Daenerys arrasaría Desembarco del Rey, tropezaron con un problema logístico. “La bella ciudad croata de Dubrovnik [localización de los dominios de la Casa Lannister] no quería que la hiciéramos arder en llamas”, narra el cocreador del fenómeno televisivo David Benioff en un programa sobre el rodaje de la serie. Pero el decorado en el que reconstruyeron Desembarco del Rey para quemarlo de arriba abajo, en el estacionamiento de las oficinas que tenían en Belfast, Irlanda del Norte, les enfrentó a otro inconveniente: los intrusos.

Entre Tolkien y los Jemeres Rojos / 23 interpretaciones de ‘Juego de tronos’

Daenerys


Entre Tolkien y los Jemeres Rojos: 23 interpretaciones de ‘Juego de tronos’

Directores teatrales, historiadores, politólogos, guionistas y escritores tratan de explicar el éxito de la serie


19 de mayo de 2019

Juego de tronos
 es, tal vez, el producto audiovisual que más análisis —entre teorías peregrinas y certeros puntos de vista— ha provocado en los últimos tiempos. Como aperitivo al capítulo final, pedimos a directores teatrales, historiadores, politólogos, guionistas o escritores que, desde sus respectivas áreas de conocimiento, arrojen luz sobre los secretos del éxito de la serie y también sobre sus pegas.
Martín Caparrós, escritor. (Atención, spoiler: el primo de Caparrós es Miguel Sapochnik, director de algunos de los episodios más comentados; empezó a ver la serie para comprobar a qué se dedica su “primo pequeño de Londres”). “Me interesa la constatación de cómo se pueden reformular las miradas sobre la Historia. Lo que creemos que es la Historia es un invento, y el hecho de que esta lo sea explícitamente lo pone en evidencia. En un momento en que la serie me pareció particularmente buena traté de leer el libro [la serie se basa en los libros de George R. R. Martin] y es infumable. Me gustan estas demostraciones de la superioridad de lo audiovisual sobre lo escrito que nos ponen en nuestro lugar, nos humillan lo suficiente como para recordarnos cuáles son nuestros potenciales”.

Vargas Llosa / La tumba de Kafka

Ilustración de Fernando Vicente

Mario Vargas Llosa

La tumba de Kafka

El autor de ‘La metamorfosis’ escribió sin parar, aunque sus obras pasaron prácticamente desapercibidas y sólo póstumamente se advirtió que fue uno de los grandes autores de todos los tiempos


18 de mayo de 2019

Está en el nuevo cementerio judío de Praga, en el barrio de Strasnice, enterrado junto a sus padres y sus tres hermanas, que murieron en los campos de exterminio nazis. En verdad, esta bella ciudad es poco menos que un monumento al más ilustre de sus escritores. Me toma todo un día visitar las esculturas que le han dedicado, las casas donde vivió, los cafés que frecuentaba, el magnífico museo, y en todos estos lugares coincido con bandadas de turistas que toman fotos y compran sus libros y recuerdos. Yo también lo hago: de los escritores que admiro coleccionaría hasta sus huesos.

sábado, 18 de mayo de 2019

Vargas Llosa / Cantar de los Cantares

Víctor García de la Concha
Ilustración de Fernando Vicente


Cantar de Cantares

Es justo que se rinda un homenaje a Víctor García de la Concha. Su último libro es una edición crítica del libro atribuido al rey Salomón, traducido del hebreo por Fray Luis de León

6 de abril de 2019

Una oportuna arritmia libró a Víctor García de la Concha del homenaje que le íbamos a hacer en Córdoba (Argentina) durante el octavo Congreso de la Lengua celebrado allí recientemente. Tuvimos que contentarnos con un buen documental sobre sus empeños académicos para reforzar el carácter unitario del español, pese a estar irrigado de manera incesante por más de una veintena de países en el mundo. Pero no se librará por mucho tiempo, pues el Instituto Cervantes se propone entregarle en Madrid la medalla que se quedó sin destinatario en aquella ocasión. Yo, por mi parte, lo he homenajeado leyendo su último libro: una edición crítica del Cantar de Cantares de Salomón, traducido del hebreo por Fray Luis de León, que acaba de publicar Vaso Roto, en su colección Esenciales Poesía.

Vargas Llosa / Ciudad inmensa y triste



Mario Vargas Llosa

Biografía

Ciudad inmensa y triste

A finales de los sesenta tomé mucho cariño a Inglaterra; fui dejando de ser un socialista y convirtiéndome poco a poco en lo que trato de ser todavía, un liberal. Pero, desde el Brexit, se me deshizo en la memoria


16 de marzo de 2019

Vine a Londres por primera vez en 1967, para enseñar en el Queen Mary’s College. Me tomaba una hora en el metro llegar a la universidad, desde Earl’s Court, y otra hora regresar, de modo que empleaba esas dos horas en preparar las clases y corregir los trabajos de los alumnos. Descubrí que me gustaba enseñar, que no lo hacía mal, y que aprendía mucho leyendo, por ejemplo, a Sarmiento, cuyo ensayo sobre el gaucho Quiroga pasó a ser desde entonces uno de mis libros de cabecera.


OTROS ARTÍCULOS DEL AUTOR


El Londres de aquellos días era muy diferente de París, donde había vivido los siete años anteriores. Allá se hablaba de marxismo y de revolución, de defender a Cuba contra las amenazas del imperialismo, de acabar con la cultura burguesa y reemplazarla por otra, universal, en la que toda la sociedad se sintiera representada. En Gran Bretaña los jóvenes se desinteresaban de las ideas y de la política, la música pasaba a liderar la vida cultural, eran los años de los Beatles y los Rolling Stones, de la marihuana y el atuendo extravagante y llamativo, de los cabellos hasta los hombros y una nueva palabra, hippies, se había incorporado al vocabulario universal. Mis primeros seis meses en Londres los había pasado en un alejado y plácido distrito lleno de irlandeses, Cricklewood, y luego, sin quererlo ni saberlo, alquilé una casita en el corazón mismo del universo hippy, Philbeach Gardens, en Earl’s Court. Eran benignos y simpáticos, y recuerdo la sorprendente respuesta de una muchacha a la que se me ocurrió preguntarle por qué andaba siempre descalza: “¡Para librarme de mi familia de una vez!”

viernes, 17 de mayo de 2019

Carilda Oliver Labra / Adiós



https://www.youtube.com/watch?v=2cIFvLjRwss&list=PLmv_uZz5ejolZ2v5Vnk6l-XaR6HTeHya3&index=6
"Adiós" en la voz de Carilda Oliver Labra

Carilda Oliver Labra
Adiós, locura de mis treinta años,
besado en julio bajo luna llena
al tiempo de la herida y la azucena.
Adiós, mi venda de taparme daños.
Adiós, mi excusa, mi desorden bello,
mi alarma tierna, mi ignorante fruta
estrella transitoria que se enluta,
esperanza de todo por mi cuello.
Adiós, muchacho de la cita corta;
adiós, pequeña ayuda de mi aorta,
tristísimo juguete violentado.
Adiós, verde placer, falso delito;
adiós, sin una queja, sin un grito.
Adiós, mi sueño nunca abandonado.



Odette Alonso / Tres poemas



Odette Alonso
TRES POEMAS
Instante
Cuando empezó el amor
no sabían si era amor
esa urgencia de ademanes ensayados
de cristales que aún empaña el sudor
de otras mañanas.
Sucedió en un instante
la boca entreabriéndose
el dedo que señala
y se desliza.
La llave hace equilibrios
los cuerpos flotan.
Lo nuevo les es dado
como el sonido del agua al caer en la vasija.

La fiesta que no fue
Acompasada
cae la gota
indiferente
zumba el insecto delante de mis ojos.
Se borraron las fotos del álbum familiar
queda sólo una fecha
un contrato rasgado
y en la mesa
las viandas que ya no comeremos.
La abuela llora todo el tiempo
todo el tiempo está enferma
y temblorosa
rezando una plegaria inútil.
El abuelo le recrimina el vientre flojo
que no dio hombres como él.
Nunca son nuestras las casas de la infancia.
Vacíos los estantes
medidas la sal
y la esperanza
el silencio es la única respuesta.

Sueños
Esto soñé
una madre con su hijo adolescente
y una casa iluminada
cerca del mar
llena de amigos sentados a la mesa
esperando los manjares de su mano.
Aún no sucedía lo siguiente
ese ir y venir por las alcobas
sin resuello
inventando lo que no podía ser.
Eso soñé
una escalera colgando del vacío
viejas lámparas
y armarios empotrados
que de golpe se volvieron polvo.
El tiempo se divide
y con un ojo cerrado
la mitad de lo visto es el olvido.
Hay ciudades que sólo existen en los sueños
cofres vacíos de los que apenas queda
un aroma que tal vez nunca existió.




Dulce María Loynaz / Tiempo


Dulce María Loynaz

Tiempo
1
El beso que no te di
se me ha vuelto estrella dentro...
¡Quién lo pudiera tornar
-y en tu boca...- otra vez beso!


2
Quién pudiera como el río,
ser fugitivo y eterno:
Partir, llegar, pasar siempre
y ser siempre el río fresco ...


3
Es tarde para la rosa.
Es pronto para el invierno.
Mi hora no está en el reloj...
¡Me quedé fuera del tiempo!


4
Tarde, pronto, ayer perdido...
mañana inlogrado, incierto
hoy... ¡Medidas que no puede
fijar, sujetar un beso!...


5
Un kilómetro de luz,
un gramo de pensamiento...
( De noche el reloj que late
es el corazón del tiempo...)


6
Voy a medirme el amor
con una cinta de acero.
Una punta en la montaña:
La otra... ¡Clávala en el viento!...






jueves, 16 de mayo de 2019

Gioconda Belli / Besos en la multitud


Fotografía de Robert Doisneau

Gioconda Belli
BESOS EN LA MULTITUD

En medio del apretujamiento
Del calor de tantos
Te volviste hacia mí
Me besaste
Tu beso nos dejó solos
En la multitud
Hizo sin palabras
Las palabras



miércoles, 15 de mayo de 2019

Gioconda Belli / Pequeñas lecciones de erotismo

Alexander Shakhabalov
Gioconda Belli

Pequeñas lecciones de erotismo

I
Recorrer un cuerpo en su extensión de vela
es dar la vuelta al mundo
Atravesar sin brújula la rosa de los vientos
islas golfos penínsulas diques de aguas embravecidas
no es tarea fácil  -si placentera-
No creas hacerlo en un día o noche
de sábanas explayadas.
Hay secretos en los poros para llenar muchas lunas


II
El cuerpo es carta astral en lenguaje cifrado.
Encuentras un astro y quizá deberás empezar
a corregir el rumbo cuando nube huracán
o aullido profundo
te pongan estremecimientos.
Cuenco de la mano que no sospechaste


III
Repasa muchas veces una extensión
Encuentra el lago de los nenúfares
Acaricia con tu ancla el centro del lirio
Sumérgete ahógate distiéndete
No te niegues el olor la sal el azúcar
Los vientos profundos
cúmulos nimbus de los pulmones
niebla en el cerebro
temblor de las piernas
maremoto adormecido de los besos


IV
Instálate en el humus sin miedo
al desgaste sin prisa
No quieras alcanzar la cima
Retrasa la puerta del paraíso
Acuna tu ángel caído
revuélvele la espesa cabellera
con la espada de fuego usurpada
Muerde la manzana


V
Huele
Duele
Intercambia miradas saliva impregnante
Da vueltas imprime sollozos piel que se escurre
Pie hallazgo al final de la pierna
Persíguelo busca secreto del paso forma del talón
Arco del andar bahías formando arqueado caminar
Gústalos


VI
Escucha caracola del oído
como gime la humedad
Lóbulo que se acerca al labio sonido de la respiración
Poros que se alzan formando diminutas montañas
Sensación estremecida de piel insurrecta al tacto
Suave puente nuca desciende al mar pecho
Marea del corazón susúrrale
Encuentra la gruta del agua


VII
Traspasa la tierra del fuego la buena esperanza
Navega loco en la juntura de los océanos
Cruza las algas ármate de corales ulula gime
Emerge con la rama de olivo
Llora socavando ternuras ocultas
Desnuda miradas de asombro
Despeña el sextante desde lo alto de la pestaña
Arquea las cejas abre ventanas de la nariz


VIII
Aspira suspira
Muérete un poco
Dulce lentamente muérete
Agoniza contra la pupila extiende el goce
Dobla el mástil hincha las velas
Navega dobla hacia Venus
estrella de la mañana
-el mar como un vasto cristal azogado-
Duérmete náufrago.






Gioconda Belli / Oda a los poemas perdidos

Foto de Alexander Shakhabalov
Gioconda Belli
ODA A LOS POEMAS PERDIDOS

Antes
cuando un poema
leve como pájaro
se posaba sobre mi mente
corría con mi red
a atraparlo.

Ahora
lo siento rozar
mis neuronas
quedarse quieto un rato
sobre el tendido eléctrico
y lo reto
a que permanezca
a que espere que yo acabe con mis ritos
de la tarde o la mañana;
el pan con mantequilla
el vino al atardecer.

Ya no tengo prisa
ni afanes de coleccionista
A solas gozo el zumbido de su existencia
la efervescencia efímera
de su ser en mi sangre

Ahora contemplo mientras se llena
de plumas de colores
y abre sus alas
en el aire que jadea invisible

Lo dejo marcharse
ave mítica
para nunca volver
jamás.


Gioconda Belli
Enero 30, 2012





martes, 14 de mayo de 2019

Carilda Oliver Labra / Se me ha perdido un hombre




Carilda Oliver Labra

Se me ha perdido un hombre

Se me ha perdido un hombre.

Y lo busco por cifras y guitarras,
por hierbas y entrepisos,
en el cielo,
en la tierra,
dentro de mí.

Se me ha perdido un hombre.

Y me quedo temblando
como quien no come sino polvo,
como quien ya extravió la sombra.

Pero no,
que no,
que no me ayudan a buscarlo.
¿A quién le importa si su mirada ha derrotado el
tiempo?
¿A quién le importa aquella piel
con ganas
de la luz?
¿A quién le importan unos labios transparentes
que no tuvieron hambre,
unas piernas que sólo corrían al amor?

Se me ha perdido un hombre.

Y todos ríen,
se entretienen,
sudan,
mastican
se desenvainan por las noches;
despreciativos,
inefables,
maromeros,
unánimes,
como si sólo se hubiese caído un alfiler
o la hoja más seca
del árbol del bien y del mal,
como si la muerte no hubiera entrado
a destiempo
en nuestra casa.
Y yo pensando que era demasiado joven,
que reunía láminas y piedras,
pedacitos de mundo,
hierros,
cosas del mar.
Yo pensando en su grandeza
de criatura,
en cómo miraba a Venus al atardecer,
en cómo cayó en la trampa.

Yo pensando
en dónde está la mitad del cuerpo mío,
en quién va a cantar ahora para quitarme el miedo,
en las veces que no nos besamos
y en las que nos besamos,
en sus ojos coléricos frente a la injusticia,
en ese silencio con que me responde,
en la herida que nunca le cosí,
en sus manos.

Se me ha perdido un hombre.

¡Ayúdenme a buscarlo!
Pronto...
Siento frío.

Aquí no hay lámparas ni claves,
no tengo redes
ni computadoras.
no tengo flechas ni radares.

¿Dónde estás?
¿Intenta ser mi sombra el desvalido?
¿Se me ha vuelto invisible entre gusanos?