viernes, 22 de noviembre de 2019

Her / Una carta de Spike Jonze para Sofia Coppola

¿Es 'Her' una carta de Spike Jonze 

para Sofia Coppola?


Los matices autobiográficos de la película de Jonze llevan a pensarla como una posible respuesta a la reflexión de 'Lost in Translation' sobre la relación entre ambos. 


Por DANIEL DE PARTEARROYO
21.02.2014



es her una carta de spike jonze para sofia coppola?




















Llega a los cines españoles Her, la última película de Spike Jonze, con cinco candidaturas a los Oscar de las cuales tres remiten directamente a su persona: Mejor Película, Mejor Guión original y Mejor Canción original (The Moon Song, coescrita con Karen O). Tanta concentración creativa no es casual. Tras más de veinte años de carrera, probablemente estemos ante la película más personal de Jonze, un creador hermético y especializado en enmascarar su sello detrás de otras figuras (Charlie Kaufman, Maurice Sendak), cuando no directamente disfrazarse... y no siempre para montar trastadas con sus colegas deJackass (¿cuántos lo reconocísteis haciendo una entrevista de trabajo a Leo DiCaprio en El lobo de Wall Street?). Por eso, la disección de los distintos estadios de una relación amorosa que ejecuta en Her,donde el hecho de que una de las partes implicadas no sea humana sino una inteligencia artificial carente de presencia física es lo menos importante, se presta a ser rastreada a la búsqueda de ciertos trazos autobiográficos que el cineasta ha dejado diseminados a lo largo de la narración. El parecido físico, no evidente a primera vista pero presente, entre el bonachón Theodore Twombly que interpreta Joaquin Phoenix con gafas y bigote joaquínreyescos y el propio Jonze de vello facial siempre cambiante puede ser sólo un punto de partida.
Theodore es un hombre solitario, introvertido y en torno a los 40 que vive en una Los Ángeles del futuro inmediato donde trabaja escribiendo cartas personales para otras personas. No vamos a saltar inmediatamente a relacionar esa labor con la del director de videoclips que pone en imágenes las canciones del grupo musical de turno o el cineasta caracterizado por llevar a la gran pantalla guiones potencialmente "imposibles", pero el rasgo de poner la creatividad personal al servicio de los demás está ahí. Sin embargo, lo más importante es fijarse en cómo la situación de desamparo emocional de Theodore parece muy marcada por la separación de su mujer Catherine (Ronney Mara), hasta el punto de que todavía no ha firmado los papeles de divorcio porque sigue siendo un asunto traumático para él.
Spike Jonze y Sofia Coppola se divorciaron en 2003 tras cuatro años de matrimonio y once de relación. En ese mismo año, la cineasta estrenó su segundo largometraje, Lost in Translation, por el que terminaría ganando el Oscar como guionista. En la que quizás sea su película más popular y querida, Coppola exploraba a través del personaje de Scarlett Johansson la soledad e incertidumbre de una chica joven, casada con un fotógrafo de éxito (Giovanni Ribisi con un look marcadamente Jonze) absorbido por su trabajo. Charlotte pasaba las horas muertas sola, paseando con música en los auriculares por Tokio o deambulando por el hotel donde conoce a Bob Harris (Bill Murray), encuentro que desembocará en uno de los finales más enigmáticos del cine reciente. Hay ciertas similitudes visuales en la contemplación vaporosa de los paseos de Charlotte y Theodore (¿los álter egos de cada uno de los cineastas?) por sus respectivas ciudades. La mayor parte de Her también se rodó en Asia, en el barrio Pudóng de Shanghái, lo que potencia tanto la sensación futurista como la extrañeza de urbe homogénea y el vínculo nipón. Las rimas son todavía más curiosas al tratarse de la primera colaboración de Jonze con el director de fotografíaHoyte van Hoytema en vez de con su habitual Lance Acord, que en su día precisamente se ocupó de la foto de... Lost in Translation. ¿Intentó el cineasta que la mímesis no fuera tan probable? 
Lost in Translation Her
Ambos personajes están más atentos a lo que suena en sus oídos que al mundo que les rodea, del que se sienten tan desconectados. De hecho, en el oído de Theodore lo que suena es la propia Scarlett Johansson como el Sistema Operativo del que irá poco a poco quedando prendado. Es importante señalar que la llegada de la actriz a Her, donde se podría decir que hace una de las mejores interpretaciones de su carrera sin aparecer ni una milésima de segundo en pantalla, se produjo ya en la etapa de post-producción. Durante el rodaje, fue Samantha Morton la encargada de construir el personaje con Phoenix, pero su labor se eliminó para sustituirla por Johansson (de ahí que el SO se llame Samantha) sin que haya trascendido mucha más información al respecto. Jonze afirma en todas las entrevistas que le dolió el cambio, pero la decisión fue suya y es difícil pensar que tratándose de un filme tan personal esté vacía de significado. 
Mientras en Lost in Translation Ribisi hacía de un Jonze fotógrafo, en Her la expareja del protagonista es una escritora de éxito, madura y sensata, con un corte de pelo a media melena idéntico al de Coppola."Todo lo que haces me hace llorar", le dice en cierto momento Theodore alabando su trabajo. Para Sara Vizcarrondo, que escribió en Fandor sobre los ecos y reflejos entre estas dos películas y la relación Jonze-Coppola, el hecho de que Lost in Translation interiorice el miedo a la desvinculación absoluta de la figura amada y Her se centre en el proceso de pasar página hace de esta última "una disculpa ensangrentada dirigida a una ex que ya pasó por esto hace diez años y ahora es su turno [de Jonze]".    
Sofia Coppola Rooney Mara
¿Pero habla de Her de alguna otra de las mujeres de la vida de Jonze? Es más difícil establecer paralelismos entre la caracterización de los personajes de Olivia Wilde Amy Adams y otras exparejas del cineasta posteriores a Coppola, como Michelle Williams, Drew Barrymore, Rinko Kikuchi o la propia Karen O, lo que contribuye a ver la película como una carta muy personalizada para la directora de María Antonieta. Por supuesto, no hace ninguna falta tener en cuenta estas elucubraciones para disfrutarla, y hasta es posible que el propio autor las niegue (igual que Coppola niega las referencias a su relación con Jonze en Lost in Translation o que Anna Faris interprete una exagerada versión satírica de Cameron Diaz en aquella), pero le confieren un grado extra de intimidad y empatía, casi de desnudez emocional, que hacía mucho que no sentíamos en una sala de cine. Quizás desde el plano final de Donde viven los monstruos.



Somewhere / Sofia Coppola seduce a cámara lenta

Sofia Coppola seduce a cámara lenta

'Somewhere' retrata el hastío de las estrellas de Hollywood


Y el tercer día llegó a Venecia el clan Coppola. Ellos, la lluvia y todo tipo de desperfectos provocados por la tormenta. Luciendo camisa azul de puños y cuello blanco y con su aspecto impoluto de costumbre, Sofia Coppola (Nueva York, 1971) se sentó ayer por la mañana junto a su productor -y hermano- Roman Coppola, y los actores Stephen Dorff y Elle Fanning para hablar de su última película, Somewhere.
La rueda de prensa empezó con cierto retraso debido al caos provocado por la lluvia, y los protagonistas parecían tan contentos de estar allí como poco interesados en contagiar su alegría. "¿Quién es mi personaje? Bueno, Sofia Coppola lo sabe mejor que yo porque ella escribió la película. Pero creo que Johnny Marco es una estrella de Hollywood metida en un estilo de vida endiablado. De repente todo cambia cuando empieza a pasar más tiempo con su hija. Es la historia de alguien que se transforma finalmente en un hombre. El guión era maravilloso así que solo puedo decir 'Grazie", se arrancó Stephen Dorff, un actor que hace años conoció mejores momentos en la industria cinematográfica con títulos como Sangre y vino.

"Solo he pretendido mostrar el 'show business", según la directora

Stephen Dorff: "Es el papel que llevaba esperando toda mi vida"
A su lado, Stephen Dorff aseguraba: "Este es mucho más que el rol soñado, es el papel que llevaba esperando toda mi vida. Estoy trabajando desde hace mucho tiempo, y sin embargo, desde el instante en que Sofia me llamó pensé que era el personaje perfecto en el momento perfecto. Ha sido la experiencia más increíble que he tenido desde que me dedico a la interpretación". Lo cierto es que Dorff juega a la perfección en una liga difícil y no sería extraño verle compitiendo por premios importantes gracias a un personaje que en el papel parecería aburrido y que en su traslación a la gran pantalla convierte su insoportable levedad en algo trascendente. "Cuando empecé a escribir el guión, Stephen me vino a la cabeza y pensé que era el tipo perfecto para este papel: con un montón de talento aunque también mucho corazón y sinceridad", confesaba Coppola regalándole los oídos a un Dorff de aspecto radiante.

La feminidad de Coppola y su militancia en el mundo de las directoras también fue motivo de interrogación: "No pienso en ello cuando hago una película. Obviamente me alegro de que cada vez haya más mujeres directoras en el mundo del cine", respondió como para sacárselo de encima y sin entrar en más detalles. Para detalles -parecía decir- echadle un vistazo a Somewhere. Lo cierto es que el aplauso entusiasmado (muy diferente al trato de cortesía que recibió hace un par de días Julian Schnabel en esta misma sala) de la prensa para el equipo de la película parece presagiar algo bueno.Somewhere nace y se hace en las mismas coordenadas que regían Lost in translation y brilla en toda su extensión. Y todo -dicho sea de paso- con un esqueleto argumental del grosor de un papel de fumar.
A su lado la pequeña Emma Fanning, hermana de otra actriz, Dakota, asistía maravillada a las idas y venidas de periodistas y cineastas, sin responder a nadie (ya que nadie le preguntaba) y emocionada cuando le tocó por fin encender su micrófono y contar sus impresiones de un personaje al que hace respirar con naturalidad desarmante. Un papel que parece sentarle como un traje a medida: "Yo veía a mi personaje como una niña de 11 años, normal y corriente, y al mismo tiempo como alguien cuyos padres se han divorciado y pasa por un periodo difícil", acertó a responder con voz firme y pose profesional la nueva niña prodigio de Hollywood.
Ya de paso le preguntaron a la directora si tenía un Ferrari (el protagonista del filme conduce uno) y por su visión de Italia. Coppola hizo un doble regate y acabó contestando otra pregunta, probablemente más interesante que la original. "Solo he pretendido mostrar el mundo del show business, que es igual en todo el mundo -no importa donde vayas-. Es un universo que conozco muy bien". Los 20 minutos que duró el acto no dieron para mucho más y los responsables de Somewhere emprendieron la huida tras dos discursos de sendos periodistas italianos que en realidad no contenían ninguna pregunta. Coppola ni se inmutó. Y los demás, tampoco.



Sofia Coppola / Brillante y hueca

Sofia Coppola

Sofia Coppola

Brillante y hueca



Imagino que impone respeto y miedo, que se precisa una notable seguridad en lo que deseas hacer, al ser la hija de un director llamado Francis Ford Coppola y escoger la misma profesión que tu ilustre padre. Deduces que Sofia Coppola desde su infancia ha tenido absoluta familiaridad con los rodajes, que conoce directamente todas las fases y los mecanismos que dan origen a las películas. También presupones que alguien como ella lo tenía mucho más fácil que el resto de sus colegas para eso tan arduo de encontrar financiación a sus guiones. Su padre, audaz y visionario en su propia obra, capaz de crear películas con acento clásico y también de atreverse con las aventuras más arriesgadas, alguien al que la historia del cine le debe agradecimiento eterno por haber creado obras de arte como la trilogía de El padrino y Apocalypse now, se equivocó a pesar de su sabiduría para descubrir actores al creer que su hija estaba muy dotada para el oficio de interpretar. Después de haberse colado con muy limitada expresividad en la tercera parte de El padrino, Sofia Coppola dedujo con sentido de la realidad que lo suyo no era ser actriz, pero que le apetecía contar historias a través de una cámara.
Su bautizo autoral con la inquietante Las vírgenes suicidas fue notablemente celebrado en el restringido circuito del cine independiente y de los festivales. Pero su coronación por parte de la industria, la confirmación de que la hija del genio tenía una habilidad enorme para narrar con sutileza, gracia y magnetismo las cositas que ocurren en su mundo se la proporcionaría Lost in traslation,retrato excelente del desconcierto que sufre en un hotel de Tokio un actor estadounidense que ha ido a protagonizar una campaña publicitaria, su callejeo por un universo que le resulta exótico, su complicidad y su coqueteo con una mujer joven que se siente tan perdida como él. Sofia Coppola disponía del magnífico comediante Bill Murray y de la sensual Scarlett Johansson. Supo aprovecharlos. Era una película con encanto y aroma, humor y romanticismo soterrado, poder de observación y matices, ritmo y sentido visual.
Al mismo tiempo descubrimos que la autora de Lost in traslation hablaba con la nariz, estaba encantada con su genética o vocacional militancia en el pijerío. Demostraba una alarmante cortedad verbal al abrir su desdeñosa boca en entrevistas y ruedas de prensa. Confiada en el éxito, a Sofia Coppola no se le ocurrió otra cosa que reconstruir la corte de Versalles en la estomagante María Antonieta para describir los parties tan divertidos y lúdicos que montaba la futura guillotinada, que todo era fashion, cool, psicodélico, guay en aquel mundo hipermoderno y añorado.
En Somewhere, Sofia Coppola ha abandonado sus caprichos en la reinterpretación de la historia y vuelve a ser contemporánea, a hablar del universo, las sensaciones y los personajes que conoce. Lo hace a través de una estrella de cine que vive en el muy selecto hotel de Los Ángeles Chateau Marmont, el lugar donde John Belushi decidió despedirse del mundo con una sobredosis. Este hombre dedica su existencia a currar lo justo, a ponerse guapo todo el rato de copas y sustancias, a follar incansablemente con la corte de modelos, actrices y strippers que se mueven por el hotel, a dar vueltas sin rumbo fijo en su Ferrari.
Una existencia envidiable, aunque la directora no cometa la ordinariez de contarnos lo que ocurre en la cabeza de este tío. Tal vez porque ni Sofia Coppola ni su personaje sienten nada que merezca ser descrito. La convivencia durante unos días del actor con su pequeña hija parece ser que le altera los esquemas vitales y que cuando ella se larga se siente inconsolablemente deprimido ante el lujoso vacío de su vida. Pues vale.
Reconozco que durante 90 minutos Sofia Coppola me ha tenido intrigado con su anécdota, que posee una notable capacidad para describir ambientes y crear atmósfera, que intenta ser sugerente y detallista. Su realismo tiene mérito y es innegable su talento para la estética que retrata la nadería. Mi problema es que toda la fauna que aparece, a excepción de la desarmante y cautivadora niña, me da igual, que no existe ni una situación ni un sentimiento que me atraigan. La incontestable brillantez formal de esta película tiene más relación con la publicidad de lujo que con el auténtico cine.



jueves, 21 de noviembre de 2019

Yasunari Kawabata / El crisantemo en la roca


Yasunari Kawabata

El crisantemo en la roca

Con el fin de averiguar cuál era la naturaleza de aquella roca consulté algunos libros como el Manual en color de rocas y piedras del Japón, de Wada  Yaezo y Awazu Hidekoji, pero no encontré nada. En materia de piedras soy un ignorante. Aunque extendiese la guía delante de la roca misma, me resultaría muy difícil identificar el ejemplar correspondiente en la tabla. Con mayor razón si no la he visto en treinta años. Me refiero a una roca que había en mi lejano pueblo natal.
La roca tenía una gran depresión en el costado delantero, que habían rellenado de tierra y en la que habían plantado un crisantemo. Todavía recuerdo haber visto abierta una flor blanca. Era un crisantemo repleto de pétalos como una pelota de lana. Hoy en día cualquier floristería de Kamakura vende ejemplares grandes con esa misma forma. Aquel crisantemo de hace años era tal vez de la misma especie, pero por estar sobre una roca se había quedado pequeño.

Los ejemplares blancos de las floristerías de Kamakura son tan pesados que cuando se los coloca en un florero angosto parece que todo el arreglo se va a venir al suelo. Aquel crisantemo que había florecido en la roca, aunque pequeño, inspiraba serenidad, Y no había sido plantado allí por capricho o solaz. Era una ofrenda a los muertos.

Se había visto aparecer una cabeza de mujer sobre la roca. Era un fantasma. Tan pronto como se realizó un servicio religioso por los difuntos y se puso un crisantemo sobre la roca, la cabeza dejó de aparecer. A partir de entonces, todos los años se plantaba un crisantemo en la depresión de la roca. Esa era la historia.



En treinta años no he regresado a mi pueblo. A pesar de que todos los años veo crisantemos, el tiempo ha pasado sin que yo recuerde aquella roca y su historia. De repente, al llegar este otoño, por alguna razón se me ocurrió que esa roca podría considerarse como una especie de lápida votiva o de piedra sepulcral.

He estado recorriendo Kamakura de templo en templo, contemplando el antiguo arte del tallado en piedra. Y  le digo a la gente: "Los objetos de la época Kamakura que quedan en la ciudad son muy pocos; pero la mayoría de las piezas que se conservan tal como eran son de piedra".
Como ejemplos de ello están la stupa con el relicario  del fundador del Kakuenji, la stupa con el relicario del segundo fundador del mismo templo, la pagoda de cinco anillos de la tumba de Ninsho en el Gokurakuji, el torii  de piedra en Tsurugaoka Hachimangu, la loza de una sola pieza en el Daikakuzenji, uno de los templos del Kenchoji. Todos ellos fueron declarados tesoros nacionales. Como obras de arte se señalan la stupa con el relicario del Betsuganji, la stupa con los restos de Uesugi Kenpo, y muchos otros sitios. La stupa con las reliquias de Hojo Shigetoki, en cambio, está considerada como un sitio histórico. 
Me vienen también a la mente la lápida conmemorativa de Kurihara en Goshojinja, la pagoda de siete pisos dedicada a Hojo Dogo y el Buda de piedra en Fukomyoji. La época de Kamakura fue el período de esplendor de la escultura en piedra.

Y sin embargo, son muy pocos los que se pasean contemplando estos monumentos. Yo mismo, a pesar de haber vivido durante quince años en Kamakura, nunca sentí, hasta este otoño, curiosidad de mirarlas.
No son más que tumbas, me decía a mí mismo cuando sin invitar a nadie, salía solo a mirarlas.

Decía, no son más que tumbas, pero a decir verdad, fue eso lo que me llevó a buscarlas la primera vez. Muchos de mis amigos y conocidos han muerto, y como ya habían mandado construir su tumba, he tenido la oportunidad de ver gran cantidad de sepulcros de diferentes formas. Cuando uno se para frente a una tumba piensa en la muerte. Y de pronto, de manera natural, empieza uno a pensar en la forma de la piedra.
Uno de mis amigos hizo construir una tumba pequeña en forma de stupa para guardar el cofre con las cenizas de su esposa, quien lo había precedido en la muerte. Mi amigo me contó que el monumento se hizo siguiendo la forma que tienen las stupa que Quian Hong Shu hizo recubrir de laca dorada. Quian Hong Shu, rey de Wu Yue, continuó la tradición del rey Asoka y mandó fundir en bronce 84.000 stupa. Después hizo poner en el relicario de cada una de ellas una copia del Sutra de Shinju y las repartió por todo el mundo. Una de ellas fue enviada al Japón. Estas stupa pequeñas recubiertas de laca dorada fueron fabricadas en un año que corresponde al noveno de la era Tenryaku en Japón. Las stupa en piedra para depositar un cofre que contenga las cenizas de los difuntos aparecieron por primera vez durante la época Kamakura. Se dice que las stupa fabricadas en esta época son bellísimas obras maestras.

Viví por más de diez años en el valle donde está el Kakuen-ji, un templo de dos plantas ubicado al final de una garganta no muy profunda. Iba con frecuencia hasta allí en mis paseos por el valle, y muchos años han pasado desde que vi por primera vez sus dos famosas stupa: una dedicada al fundador del templo, la otra a Daito, el Sexto Patriarca. Sin embargo, no fue sino hasta hace muy poco tiempo cuando me enteré de que estos dos monumentos son considerados como los mayores y más hermosos de toda la región del Kanto. 
La parte superior de la primera stupa se vino abajo en el gran terremoto del año 12 de la era de Taisho. Se dice que si se la observa se advierte que el cuerpo tiene dos secciones, en una de las cuales están los huesos del fundador.
Otra stupa de la época Kamakura es la conocida como sepulcro de Tada Mitsunaka. La he visto muchas veces allá en el fondo del camino, desde la ventana del autobús que cruza el paso de Jukkoku. De la misma época es la stupa conocida generalmente como la tumba de Izumi Shikibu, que puede advertirse en Tokio en medio del bullicioso pasaje de Shinkyogoku.  Tiene un poco más de tres metros de alto, es decir, es un metro más baja que la del Kakuen-ji. Su forma, sin embargo, es muy bella y delicada. Esto y su tamaño pequeño la hacen muy propia para el sepulcro de una mujer.

Viví en el valle de Kakuen-ji con sus hermosas lápidas funerarias, pero la primera vez que miré una tumba como objeto de belleza fue en Kyoto, en el Daitoku-ji, en donde se encuentra la stupa de la tumba de Zenno-Rikyu y la linterna de piedra de la tumba de Hosokawa Sansai. Cuando las contemplamos por primera vez, tanto la stupa votiva como la linterna nos parecen bellas porque se trata de objetos que fueron muy queridos por Rikyu y por Sansai, quienes las eligieron para sus sepulcros. Puesto que Rikyu y Sansai fueron maestros del té, y puesto que estas piedras forman parte de la atmósfera que envuelve la ceremonia del té, uno siente ante ellas una intimidad y una claridad de las que carecen la mayoría de los monumentos funerarios antiguos.
En la parte en forma de puerta que tiene el cuerpo de la stupa han abierto un boquete. Se dice que si uno pone sobre él el oído se escucha el sonido del agua que hierve para la ceremonia del té, como un viento soplando entre pinos. Yo también me he agachado para oírlo. Mi cara, que es muy delgada, cupo justo en el agujero. Al sacar la cabeza, mis pómulos rozaron la piedra.
A alguien que me preguntó si podía oírse el sonido de la marmita le contesté: "Bueno, pues, si se cree, se puede escuchar algo". 
Cuando metemos la cara dentro de la tumba lo hacemos más por oír el sonido de la marmita de Rikyu que por tratarse de un monumento funerario.
Comenté que una tradición narra que Rikyu se robó la piedra del mausoleo del emperador Nijo, que se encuentra en las faldas del monte Funaoka, porque estaba fascinado con ella.

Dicen que la stupa votiva tiene su origen en el capítulo once del Sutra del Loto que lleva por título "La aparición de la stupa votiva". Cuando Shaka explicaba el Sutra del Loto, brotó del fondo de la tierra una stupa con los siete tesoros y quedó flotando en el aire. Del centro de esa espléndida stupa se oyó una voz que hizo un elogio reverente de Shaka. Shaka corrió la puerta de la stupa con los dedos de su mano derecha. En la silla del león estaba el Buda Nyorai de los Innumerables Tesoros, quien compartió con Shaka la mitad de su asiento.
"Entonces, la muchedumbre, al contemplar a los dos Budas sentados con las piernas cruzadas en la silla del león en medio de la stupa de los Siete Tesoros, oró de esta manera: 'Los Buda se sientan en un sitio alto y lejano. Una cosa os rogamos, oh Budas, que con la fuerza divina nos permitáis ser vuestros compañeros y nos llevéis a los cielos con vosotros'. Al oír esto el Buda Shaka, en virtud de la fuerza de lo alto, convocó a esta muchedumbre variada para llevarla consigo a los cielos. Después dijo: 'Al Buda Nyorai de los Innumerables Tesoros se le encuentra siempre deambulando en las Diez Direcciones. Es sólo en consideración a este sutra por lo que ahora se encuentra sentado en esta stupa' . Así, siempre que se proclama el Sutra del Loto hay una stupa del Buda Nyorai de los Innumerables Tesoros."

Es por esto por lo que las stupa de piedra tienen, tallada en el frente o en los cuatro costados del eje del cuerpo, la forma de una puerta. La stupa de Rikyu tiene un boquete en lugar de la puerta y fue tallada en una sola piedra que mide más de dos metros de altura. Aún por su sola forma se trata de un objeto prodigioso.
Hay una historia que cuenta cómo Sansai, cuando hacía su visita bianual al gobierno de Edo, viajaba cargando la linterna de piedra. Sea o no cierto esto, el hecho es que ni la tumba de Rikyu ni la de Sansai fueron obra de talladores, ni se hicieron después de sus muertes. Son producto de una época más antigua que ellos y, durante su vida, ambos las apreciaron como obras de arte. Así, la belleza que contemplaban en vida se convirtió en su tumba, con la forma que siempre había tenido. Ciertamente fue un modo curioso de construir una tumba. El sentido estético de la persona enterrada asume la forma de la piedra de su tumba.

Rikyu hubiese podido diseñar la maqueta de una stupa exquisita. Pero si hubiera encomendado su ejecución a un tallador, de seguro no habría logrado la hermosa piedra que tenía en mente para su sepulcro. Para eso no hubiesen bastado todas las energías de la época. Además, hay cosas que poseen lo que se llama el "paso del tiempo", una cualidad que se adhiere aun a las piedras. 
Es cierto que al comenzar la época Momoyama la fabricación de linternas de piedra seguía el gusto de los cultivadores de la ceremonia del té, y se produjeron linternas de extrañas y variadas figuras. Sin embargo, a pesar de esto, este tiempo, que siguió a la época de Kamakura, es de decadencia y, por ende, de deterioro del nivel del tono estético. Rikyu y Sansai escogieron entre las obras de arte heredadas de tiempos antiguos, que la energía de su época era incapaz de emular, aquellas piedras que más les gustaban, e hicieron de ellas sus propios sepulcros. Esto fue tal vez el extremo de la extravagancia y el orgullo. Pero también puede mirarse como un acto de pura elegancia y modestia. ¿No es acaso verdad que cuando visitamos estas tumbas, siglos después, nuestra sensibilidad se refina gracias a esa stupa y a esa vieja linterna? Rikyu estaba tan apegado a su stupa y Sansai a su linterna que las hicieron acarrear hasta el sitio en donde habían de ser enterrados. Puede pensarse que la belleza de sus vidas quedó fundida en la piedra de sus sepulcros.
Por esto cuando decidí ir a visitar el arte en piedra de Kamakura, lo primero que se me vino a la mente fueron las tumbas de Rikyu y de Sansai.

Un día en que hojeaba una colección de fotografías, alguien de mi familia, al mirar lo que hacía por encima de mi hombro, se dio cuenta de que la mayor parte de las fotografías eran de tumbas, y me preguntó:
–¿Cómo quieres que te hagamos la tuya?
A lo que contesté:
–Yo mismo voy a dejar comprada una piedra vieja que me guste.
Todavía se compran y venden como arte antiguo stupa y otras piezas buenas que pueden ser convertidas en tumbas. Me hacía la fantasía caprichosa de que si tuviera que construir mi propia tumba lo haría, a ejemplo de Rikyu y de Sansai, mientras todavía viviera, escogiendo la que más me gustara. Podía ser una stupa múltiple, un relicario, una pagoda, una lápida de una sola pieza. También podía ser un Buda o una linterna de piedra. 

La sola consideración de que una piedra antigua y hermosa fuera mi tumba, me hacía llevadero el desagrado de pensar en cómo podría ser mi entierro. La gente que venga a orar ante mi tumba sentirá su hermosura. Será una belleza que yo aprecio pero que no ha sido fabricada por mí ni por mi época. Tendrá algo imposible de lograr hoy en día: una belleza que heredamos del antiguo Japón y que pasará hasta las generaciones posteriores en una piedra que no se destruye. 
Mi corta existencia entrará en la larga vida que fluye en esa piedra. Ni mi nombre ni mi edad estarán grabados porque voy a usar la piedra tal como fue elaborada. La reconocerán como mi tumba únicamente aquellos que sepan de ella. Los demás pasarán de largo después de contemplar su discreta hermosura. Y cuando llegue el tiempo en que nadie identifique mi tumba, mi piedra seguirá ahí, hermosamente erguida, y trasmitirá un pedazo de la belleza de Japón.

Mientras uno está vivo no hay razón para ponerse a pensar en la tumba que tendrá cuando muera. Pero cuando empiezan a multiplicarse las tumbas de los amigos y conocidos, hay momentos en que la idea nos pasa por la cabeza. 
He visto construir tumbas para personas que siempre dijeron que no querían una. Mi capricho por tener una piedra como Rikyu y Sansai se debe tal vez a lo penoso que me resulta pensar en cómo será mi tumba. En este "valle de lágrimas" nada que se haga después de la muerte puede ser bello.
Un conocido que tiene un almacén de antigüedades me dijo que tenía una stupa de trece niveles del período Kamakura. Al mirar el jardín de mi casa, pensé en lo maravilloso que sería comprar la stupa y verla levantarse allí, erguida en medio de la hierba que he dejado que crezca silvestre.
–Cuando en la mitad del jardín tenga una stupa de trece niveles proveniente de la época de Kamakura, no voy a necesitar nada más.
No dije que deseaba que fuera mi tumba después de mi muerte.
El muchacho de la tienda de antigüedades me dijo que podía transportarla en un camión.
–Sin embargo, ensamblar las piezas será muy delicado porque debe medir como unos siete metros de altura. Habrá que traer rocas para hacerle unos cimientos profundos.
Incluso asumiendo que una stupa de siete metros de altura pudiera servir de tumba, esta sería visible de lejos. Resultaría muy alta y desconcertaría a la gente.

Las stupa de roca de una sola pieza de Rankei Doryo, el fundador del Kenchoji, y de Mugaku Sogen servían bellamente de tumbas. El cuerpo ovalado de estas stupa, de las cuales se dice que encierran a todos los seres del cielo y la tierra, produce una sensación de profundidad y elegancia. Cuando asisto a una ceremonia del té y contemplo una muestra caligráfica de Rankei o de Mugaku me viene a la mente la silueta de las lápidas de sus tumbas. Hay también una hilera de stupa en Kahuen-ji, labradas para sucesivas generaciones de monjes, sus ovaladas cabezas todas alineadas. 
Me gustan las stupa hechas de una sola loza, pero esas siempre parecen señalar un sepulcro. Yo en todo caso preferiría evitar que un objeto que ya fue usado una vez por alguien que falleció primero, se convierta en lápida sepulcral de mi tumba. Pero si en este momento decidiera fabricar una stupa nueva, sin duda el resultado no sería agradable a la vista. Una vez más, las más bellas stupa de piedra hechas en una sola pieza fueron producidas durante el período Kamakura.

Si lo pienso bien, tengo la fortuna de vivir en Kamakura y de ver las obras en piedra de los templos mientras paseo. En el antiguo Japón no hubo construcciones en piedra ni grandes obras de arte esculpidas en roca. Se ha dicho que este es un signo de la fragilidad de la cultura japonesa. Y así debe ser, si pienso en lo austeras y simples que son las diferentes stupa (como las lápidas de una sola pieza, los relicarios de cenizas, las pagodas y los budas tallados en piedra que he visto en los templos de Kamakura). Son piedras viejas, de esas que se ocultan en el lado oscuro de las montañas y no poseen una belleza que obligue a levantar la mirada. Sin embargo, cuando una de estas rocas antiguas me llega a los ojos, una poderosa belleza que viene de adentro de la misma piedra me hace sentir una intimidad indescriptible con el Japón de otros tiempos.

Fue así como, cuando regresaba de ver las stupa de una sola pieza, mientras pisaba las hojas caídas del otoño, de repente me vino el recuerdo del crisantemo en la roca que había en la aldea de mis antepasados.
¿Si uno hace de esa roca la tumba de una mujer sin sepulcro, ese crisantemo hará entonces las veces de ofrenda? Es la historia de una mujer desafortunada, sin nombre, que venía de una familia de las montañas, una historia con un argumento ordinario: la mujer murió congelada esperando a su hombre detrás de la roca. La historia no es más.
Mi aldea queda en un valle al lado de un río en cuyas orillas y cauce se encuentran numerosas rocas. La mujer se ocultó detrás de una de ellas que destacaba por su tamaño. Si alguien hubiese pasado al lado de la roca no habría visto a la mujer. En la base había un charco pequeño y la sombra de la roca lo cubría de tal manera que no se distinguía la sombra del agua. Cansada de esperar, la mujer se subía de vez en cuando a la roca. Asomaba la cabeza y miraba el camino por donde había de llegar su hombre. La cara de mujer del espectro, que dicen se asoma por encima de la roca, debe tener la impresión de aquellos momentos. Para levantarse la mujer se paraba sobre la depresión de la roca. Por esta razón se sembró allí un crisantemo.

Salí por el portón del viejo templo de Kamakura y mientras cruzaba bajo una avenida de cedros me puse a conversar con el espectro de la mujer cuya cabeza flotaba sobre la roca de mi pueblo.
–Tienes el pelo mojado, ¿verdad? ¿Te lo empapó el llanto? ¿O fue que también de tu pelo rodaron lágrimas?
–Tal vez lo mojó la nieve de ayer. No tenía razón para llorar porque estaba feliz de esperarlo.
–Parece que va nevar de nuevo esta noche. ¡No te vayas a congelar! ¡Regresa a casa temprano! Hoy tampoco va a venir.
–Me dijo que lo esperara aquí. Seguro que viene si lo aguardo. Aunque regrese a casa mi corazón se quedará esperándolo detrás de la roca. Mi corazón y mi cuerpo pueden estar separados. Si permanezco aquí sólo con mi corazón tendré calor. No me dará frío.–¿Y siempre esperas de esta manera?
–Me dijo que lo esperara aquí todos los días. Por eso estoy siempre aquí.
–Pero, ¿no crees que por más días que lo esperes, no ha de venir? Ya debes tener las manos y los pies congelados. ¿Qué te parece si plantas un crisantemo en esta roca y dejas que la flor lo espere en lugar tuyo?
–¡Mientras esté viva, voy a esperarlo! Si me muero aquí seguro florecerá un crisantemo que espere por mí.
–No creo que venga aunque una flor de crisantemo lo esté esperando.
–¡Él sí quiere venir! Pero por alguna razón no puede hacerlo. Cuando estoy en el sitio donde me dijo que lo esperara siento como si él ya hubiese llegado. Venga o no venga la persona a la que espera, el crisantemo permanecerá en flor sin cambiar de color. ¡A mí me pasa lo mismo!
–El color de tu semblante es distinto. ¡Parece como si fueras a morir congelada!
–Si la flor del otoño de este año se marchita, el crisantemo del otoño del año que viene florecerá una vez más. Seré feliz cuando un crisantemo ocupe mi puesto.

El espectro de la cabeza de la mujer se desvaneció. La flor de un crisantemo quedó flotando como una ilusión. La nieve comenzó a caer sobre la roca. La roca y el crisantemo se tiñeron de la misma blancura. Se hizo imposible percibir la flor. Después, el gris ceniza del crepúsculo lo envolvió todo: la nieve, la roca, el crisantemo.
Pensé en esa roca natural en medio de la montaña convertida, tal como es, en la tumba de una mujer. "Esto es lo que se llama una stupa de una sola pieza", musité para mí mismo. El nombre de la mujer no está grabado en esa roca enorme ni en el pequeño pozo que se encuentra a su sombra.

Hace muchísimo tiempo en Nan Yang, durante la dinastía Tang, Dai Zong le preguntó al gran maestro Zhong qué deseaba para después de su muerte.
"Levántame una stupa de una sola pieza", se dice que contestó. Este tipo de monumento tiene su origen en la descripción de la stupa del gran maestro que se cuenta en la Crónica del desfiladero azul.
Lo que se llama "stupa de una sola pieza" es una loza entera sin uniones, un cuerpo de Buda imperceptible a los ojos. En este cuerpo sin forma ni figura están encerrados todos los seres. Por eso tomó la apariencia de un óvalo, como símbolo de aquello que no tiene fisura.
Las stupa de sucesivas generaciones que se ven en los cementerios de los templos se asemejan a filas de monjes de cabeza redonda. No cabe duda, sin embargo, de que las stupa de una sola pieza son obra de los hombres. La forma ovalada se les dio redondeando las piedras. Quizás una verdadera tumba sin fisuras seria una roca al natural. Como aquella roca de mi pueblo natal y muchas otras. ¿Es esa roca la tumba de una mujer sin sepultura? Si es así, no fue porque la mujer quisiera esa roca por tumba ni porque alguien hubiera levantado un sepulcro con ella. Fue porque un peñasco natural se convirtió espontáneamente en sepulcro. Pero, ¿existen lápidas sin fisuras? Aunque hay vidas de una sola pieza no creo que existan tumbas de una sola pieza. Si alguna existió, ¿no es aquella roca símbolo de una vida sin ninguna fisura? ¿No lo es también el crisantemo blanco que florece en la roca?

Mientras se abran flores en este mundo y se levanten rocas, yo no necesito construirme una tumba. Mi sepulcro será la naturaleza toda, todo el cielo y la tierra, y la leyenda de la mujer de mi pueblo natal.
Y así, pensando en que había podido pasearme contemplando las tumbas de la gente como si fueran obras de arte, mientras imaginaba con vanidad mi propia tumba, placer que me podía dar sólo porque estaba vivo, regresé a una Kamakura asaetada por los rayos del sol poniente.


Yukio Mishima / Después del combate





Yukio Mishima
DESPUÉS DEL BANQUETE



Primera Edición japonesa
Después del banquete (Utage no ato, en japonés) es una novela escrita por el muy célebre artista Yukio Mishima. Este escritor es una verdadera figura de culto, no solo en su país, sino en el mundo entero. Publicada en 1960, Depués del banquete fue reconocida por el New Yorker como el mejor trabajo de Mishima hasta ese momento, afirmación por demás hiperbólica. Como todo mundo sabe, Mishima, al igual que Kawabata, cometió suicidio, justo en el apogeo de su carrera, en 1970, a los cuarenta y cinco años.

Los temas
El tema de esta novela es la política, las elecciones, y cómo estas trastornan la vida de una mujer madura, dueña de un prestigioso restaurante, y un diplomático retirado que de repente se convierte en el candidato del Partido Radical por la Prefectura de Tokyo. También trata del poder del dinero en la democracia, en este caso la del Japón de finales de los años cincuenta, a menos de tres lustros de la rendición frente a los Estados Unidos. Pero en el fondo, es una novela que, a mi juicio, simboliza la emancipación femenina.

Los personajes
Kazu Fukuzawa, mujer madura, dueña de uno de los restaurantes más prestigiados de Tokyo, esposa de Noguchi.
Yuken Noguchi, diplomático retirado, candidato del Partido Radical por la prefectura de Tokyo, esposo de Kazu.
Soichi Yamazaki, funcionario del Partido Radical, promotor de la candidatura de Noguchi y fiel aliado de Kazu.
Genki Nagayama, funcionario del Partido Conservador, cliente de Kazu.
Setsugoan. Propiamente no es un personaje, sino el restaurante de Kazu, pero es tal su importancia en la novela, que alcanza un papel protagónico.

Argumento (La novela en unas cuantas líneas)
El argumento de la novela es simple y lineal: Kazu es la propietaria de un famoso restaurante en Tokyo, el Setsugoan, lugar frecuentado por financieros y miembros del Partido Conservador. En cierto banquete conoce a Noguchi, diplomático retirado. De inmediato surge una atracción de ella hacia él que culminará, en unos cuantos meses, en boda. Poco después, Noguchi recibe la invitación del Partido Radical para competir, como candidato, en la elección por la Prefectura de Tokyo. Este hecho despertará el entusiasmo de Kazu. Apoyará a su marido, aún cuando éste se oponga, y para ello comprometerá su patrimonio, el Setsugoan, a fin de proveer al Partido Radical de los recursos necesarios para ganar la elección. Así las cosas, el inmueble quedará hipotecado y cuando Noguchi pierda la elección no le quedará más remedio a Kazu que vender el Setsugoan, pagar las deudas y resignarse a vivir una vida limitada en lo económico, al amparo y bajo la tutela de su anticuado esposo. No obstante, cuando ya está todo perdido y Kazu se da cuenta que tanto esfuerzo no fue agradecido por Noguchi, acudirá al Partido Conservador, cuya probidad en la elección estará en duda, y, mediante suscripciones de algunos de sus miembros, logrará rescatar el Setsugoan. A cambio perderá su matrimonio. Después del banquete es la historia de una mujer independiente que, a pesar de todo, se mantendrá fiel a sí misma y romperá con ese pesado tradicionalismo japonés para afirmarse como ser humano.

Análisis y reflexiones
La novela se desarrolla en un lapso de tiempo relativamente corto. Todo comienza con un banquete en el Setsugoan, al que acuden miembros del Club Kagen, viejos diplomáticos entre los que se encuentra Noguchi. La cena tiene lugar en noviembre, y ya para el año nuevo la pareja tiene su primer beso. Es más un enamoramiento de ella hacia él que viceversa. Noguchi es un caballero muy culto, que domina el alemán y otras lenguas extranjeras, aunque económicamente está limitado y vive de una pensión de la Dieta, a la que ha pertenecido. Su nivel cultural y su posición como antiguo diplomático, y el hecho de que perteneció a varios gabinetes antes de la guerra, colocan a Noguchi en un nivel muy atractivo para Kazu, que no tiene más activos que el dinero que obtiene de su muy exitoso restaurante. Hay un cierto complejo de inferioridad cultural por parte de Kazu que se ve muy claramente en la escena en donde Noguchi pide a la mujer que le auxilia en el servicio doméstico un tomo de su amplia biblioteca, con título en alemán, y la mujer, entendiendo perfectamente, se lo lleva. “Desde aquel instante –escribe Mishima (p. 60)– Kazu odió a la mujer.” Y también una cierta inseguridad, pues ese mismo día de año nuevo Noguchi luce una impecable indumentaria. Kazu, presa de los celos, se pregunta quién lo habrá ayudado a vestirse. Además, Kazu tiene incertidumbre en cuanto a su suerte después de la muerte. No habrá quien le lloré, y por eso se resuelve a casarse y llevar una vida normal (p. 72), todo dentro de ese contexto tan tradicionalista y patriarcal del Japón.

Edición italiana
Hay un detalle muy fino, muy del erotismo japonés. Después de que Kazu y Noguchi pasan el día en Nara, observando el festival del Omitzutori, el lector intuye que los personajes han hecho el amor. Y es que el encanto del erotismo japonés, que se puede descubrir en Kawabata, en Mishima, en Yoshimoto o en Murakami, está más en lo que no se dice que en lo que se dice, y en eso es radicalmente distinto al erotismo explícito de occidente:

"Aquella mañana, al amanecer, un hombre de más de sesenta años y una mujer de cincuenta se durmieron en la misma cama." (p. 76)


Cualquier autor occidental hubiese llenado al menos una página en la narración del acto sexual. Mishima ocupa tres líneas.

Por fin llega el día de anunciar la boda, y lo harán con un banquete en el Setsugoan –es muy notable cómo Mishima nos deleita con los menús y nos regala exquisitas descripciones culinarias–. Es el 22 de marzo y la noche es inusualmente cálida. Kazu sabe que se convertirá en la mujer de un hombre distinguido, gran salto teniendo en consideración su origen campesino. No obstante, Mishima tiene cuidado en subrayar que Kazu no está actuando por interés.

Edición norteamericana
Como he dicho al principio, a mi juicio el fondo de esta novela es la emancipación de la mujer, una verdadera liberación femenina, ello a pesar de que Mishima era un nostálgico de aquel Japón imperial extinto con la guerra. Y Kazu logrará esa emancipación y vencerá las fuerzas que se le opongan, empezando por su marido y los miembros tanto del Partido Conservador como del Radical. Por ejemplo, cuando la noticia del enlace sale publicada en los diarios, Genki Nagayama, cliente asiduo del Setsugoan y personaje destacado en el Partido Conservador, le reprocha haber actuado sin su consentimiento, como si él fuese su padre o hermano mayor (p. 86); o el hecho de que, desde que están casados, Kazu quiere comprar camisas a su esposo, y que las que tiene estén siempre listas, planchadas y dispuestas, cosa que a este digno japonés incomoda, pues ¿cómo aparecer con ropa nueva cuando sus amigos saben de la escasez de sus ingresos? (p. 98) A pesar de que Kazu está consciente de su superioridad económica, se llena de orgullo ahora que pertenece a una familia distinguida, pero esta no será razón suficiente para que se someta o pierda su identidad, y en el momento en que se vea obligada a apostarlo todo, se elegirá a sí misma.

Otro tema central de la novela es la política. Cierto día, Noguchi recibe la visita de miembros del Partido Radical que le ofrecen la candidatura a la Prefectura de Tokyo. Noguchi acepta. Kazu se enterará, no por boca de su marido, sino por los miembros del Partido Radical y de Nagayama, quien ve la decisión de Noguchi como un disparate. La noticia de la candidatura sale en la prensa, y Noguchi por fin informa a su esposa de su decisión, pensando que ella nada sabe. Kazu tiene talento político y desde que conoce a Soichi Yamazaki ve en él a un fiel aliado. Desde que Kazu se entera de la noticia, todo cambia: la monotonía de la vida diaria se rompe y su imaginación se llena de ensoñaciones:

“Los senos de Kazu se dilataron bajo su ceñido obi de Nagoya y sus fantasías dieron a sus párpados una apariencia henchida y de embriaguez. Sintió como si su cuerpo febril se extendiera por la oscuridad hasta absorber la gran metrópoli.” (p. 121)


Esta pincelada de Mishima me hace visualizar a la mexicana Josefina Vázquez, a la argentina Cristina Fernández o a la brasileña Dilma Rousseff en el momento en que supieron que serían las candidatas de sus partidos a la presidencia de sus respectivas repúblicas: senos dilatados, apariencia henchida y la embriaguez delirante de quien ya se vio en el cargo.


Pero volvamos a Japón. En este punto de la novela yo supuse que la trama se tornaría una especie de Lady Macbeth al estilo japonés, que Kazu haría lo que fuese necesario para que su esposo ganara, aún violando la ley, y que, como esposa del gobernador de Tokyo, Kazu haría de las suyas, desataría una orgía de sangre y todo acabaría trágicamente. Esa fue mi suposición, pero me equivoqué. Faltaban aún diez meses para la elección y Kazu estaba resuelta a iniciar una campaña preelectoral, aún cuando estuviesen prohibidas por la ley. Habrá que llenar los ciento sesenta mil postes telegráficos de Tokyo con carteles de Noguchi, y eso va a requerir mucho dinero. Kazu sabe que una elección no se gana con argumentos lógicos, sino con armas emocionales y dinero:

“Lo único que importa en unas elecciones es el dinero y los sentimientos. Después de todo, soy una mujer sin instrucción, pero tengo en mí entusiasmo suficiente para repartirlo entre cinco millones de personas y que aún me sobre.” (p. 125)


Los miembros del Partido Conservador dejan de ir al Setsugoan. Nagayama reprocha a Kazu que esté ahora enseñando sus secretos a ese “infantil Partido Radical” y tiene el descaro de decir que los trucos sucios han sido siempre propiedad exclusiva de su partido (p. 141). Recordemos que la clientela del Setsogoan esta conformada en gran medida por miembros del Partido Conservador y que, por ende, Kazu les conocía y tenía contactos con ellos. Por eso a sus otrora amigos y clientes les parece que Kazu los ha de algún modo traicionado, más aún si, ante la amenaza de Nagayama en el sentido de que la precampaña de Kazu ha violado la ley electoral y que, en consecuencia, podrían ir algunos radicales a la cárcel, Kazu responde a su vez con otra amenaza y advierte a Nagayama que, en caso de ser cogida, tiene ella “cosillas” que decir al fiscal (p. 142).

Edición francesa
Kazu actuará sin su marido y a pesar de él. Al enterarse de que Noguchi solicitó al emperador que iniciara conversaciones de paz con los aliados, meses antes de aquel fatídico agosto de 1945, se pregunta cómo es que este hecho no ha sido debidamente explotado y dado a conocer en un panfleto. Sabe que su marido se opondrá a un folleto tal, y no le quedará más remedio que actuar a sus espaldas, con la complicidad de Yamazaki. Es aquí donde decide hipotecar el Setsugoan y obtener fondos. Realmente piensa que la elección es la tarea que el cielo le ha confiado (p. 146).

Al enterarse que su esposa ha actuado ocultamente, Noguchi monta en cólera, la golpea y le prohíbe ir al Setsugoan. La idea es tenerla como prisionera, vigilada para impedirle cualquier acción. Es más, Noguchi le advierte que en caso de desobedecer, tendrá que divorciarse de ella, cosa que a Kazu le parece terrible: “Si se divorcia de mí, no habrá nadie que cuide de mi tumba cuando yo haya muerto.” (p. 152) Así las cosas, no habrá más remedio que poner a la venta el Setsugoan, a pesar de lo triste y lo difícil que resultará para Kazu abandonarlo.

Nagayama sigue moviendo hilos. Bloqueará los intentos de venta del Setsogoan para poner de rodillas a Noguchi. Tanto le temen los conservadores, que Nagayama propone a Noguchi la retirada del candidato conservador de la elección si Noguchi designa como subgobernador a un miembro del Partido Conservador. Esto le garantizaría el triunfo a Noguchi, pero es tan testarudo que rechaza la oferta. Nagayama entonces intenta chantajear a Kazu advirtiéndole que si Noguchi sigue con su negativa, bloqueará la venta del restaurante. El poder de Nagayama y los manejos oscuros llegan a tal grado que el mismo primer ministro Saeki, miembro del Partido Conservador, llama a un comprador del restaurante para decirle que no compre el inmueble. Es más, promueven los conservadores, a través de un tal Totsuka, antiguo conocido de Kazu, un panfleto difamatorio que lleva por título “La vida de la señora Yuken Noguchi”, en el que la pobre Kazu aparece como una ninfómana que, a través del sexo, logra sus ambiciones. Totsuka exige un millón de yenes por su silencio. Kazu no tiene más remedio que dárselos y, a pesar de ello, el panfleto es distribuido masivamente.

La guerra sucia ha iniciado. Yamazaki informa a los radicales de la compra de votos realizada por los conservadores en diversos distritos, y de que los carteles de Noguchi son arrancados y sustituidos por carteles de Tobita, el candidato rival. Los conservadores emplean su maquinaria pesada: altavoces denigrando la imagen de Noguchi en puntos estratégicos de Tokyo, rumores falsos sobre una grave enfermedad de Noguchi, notas en los diarios diciendo que Noguchi está moribundo, etcétera. Kazu está desesperada:

“¡Qué cosa tan sucia! ¡Y hacernos esto en el último minuto! Si provoca nuestra derrota en las elecciones, moriré, eso es seguro. He perdido todo lo que tenía. ¡Pero si somos vencidos por culpa de esto, mataré a quien lo hizo!” (p. 187)


Las elecciones tienen lugar un 15 de agosto. Noguchi pierde por corto margen. Kazu sabe que la derrota se debió a trampas siniestras de los conservadores, y al dinero que invirtieron en la candidatura de Tobita:

“El dinero corría por las calles con loco frenesí para apoderarse de los espiritualmente depravados y de los acosados por pobreza. El dinero brillaba como un sol a través de las nubes, un sol maligno y funesto.” (p. 194)


Expresar palabras de apoyo al candidato perdedor equivale a dar un pésame. La noche de la elección, la casa de Noguchi parece un velorio. Él y Kazu lloran ante la mirada triste del fiel Yamazaki. Noguchi sabe que todo terminó y renuncia para siempre a la política. Kazu está dispuesta a pelear, pues sabe que perdieron por la trampa, por el dinero, por la influencia del mismo primer ministro Saeki y por los trucos sucios de Nagayama. Los conservadores violaron la ley a más no poder y Kazu pregunta a Yamazaki si, ante tanta violación, existe aún algún medio para impugnar y derribar a Tobita.

Kazu está acabada. Tiene una onerosa deuda que pagar y sobre el Setsugoan pesan tres hipotecas. Está derrotada y quebrada. Ahora bien, si el Partido Conservador ganó a base de dinero y medios sucios, es justo que dicho partido compense a Kazu por la pérdida del Setsugoan. Kazu se pondrá en contacto con Sawamura, figura importantísima del conservadurismo que ha ocupado varias veces el cargo de primer ministro, para que la ayude. Sawamura sabe que su partido no se valió de medios limpios para ganar y de algún modo accede a firmar el libro de suscripciones que Kazu le lleva. Ella sabe que si Sawamura firma, nadie podrá negarse a darle apoyo. Sawamura acepta hacer una aportación simbólica y escribe en el libro: “Diez mil yenes. In Sawamura.” Con esta firma, las aportaciones del mimso Saeki, de Nagayama y demás miembros del Partido Conservador y de importantes hombres del mundo financiero, están garantizadas. El mismo Nagayama, que será severamente reprendido por Kazu –“eres lo más bajo de la especie humana”, le increpa Kazu a propósito del panfleto difamatorio (p. 236)– firmará el libro con trescientos mil yenes y hará las gestiones necesarias para que Yamanashi, del Banco Imperial, dé la mayor cantidad de dinero posible. Así pues, el Setsugoan se ha salvado. Claro que el hecho de pedir dinero a quienes vencieron a su marido en las elecciones no puede tener una consecuencia feliz, y Kazu lo sabe. Sabe que cuando Noguchi se entere, su matrimonio estará acabado. Tendrá que elegir entre el Setsugoan y su independencia, o su matrimonio y la implícita sumisión a su marido.

A fin de cuentas, Noguchi representa –a pesar de ser el candidato progresista– a ese Japón austero y anticuado, patriarcal y tradicionalista, mientras que, a mi parecer, Kazu representa al nuevo Japón, más moderno e independiente. Así entendido, Después del banquete es una metáfora.

Noguchi finalmente confronta a su esposa. A su juicio, la actitud de Kazu es equiparable a la infidelidad:

“La castidad política de una adúltera y la traición política de una mujer casta representan el mismo tipo de inmoralidad. El peor crimen de un acto de traición consistía en extender la infección a sucesivas personas, acelerando así el colapso de toda la estructura de principios. Según su anticuada filosofía política de estilo chino, el hecho de que Kazu hubiese hecho circular un libro de suscripciones entre los enemigos políticos de Noguchi equivalía a un adulterio: se había ‘acostado’ con aquellos hombres.” (p. 245)


Aún así, Noguchi está dispuesto a perdonarla si abandona sus planes de reabrir el Setsugoan. Kazu seguirá adelante, pagará la deuda que tiene, reabrirá el restaurante y seguirá con su vida. El libro termina con una carta que le manda Yamazaki, y en la cual se congratula de la reapertura próxima del Setsugoan y confirma su asistencia. Rescato algunas de estas últimas líneas que expresan la esencia de la política, no solo en Japón, sino en cualquier lugar del mundo:

“Pero ahora me parece –escribe Yamazaki– que no cabe decir de las elecciones que fueran un infortunio en un sentido auténtico, porque acabó con todo género de falsa identidad y determinó que el señor Noguchi y usted se mostraran mutuamente sus verdaderas personalidades. He estado chapoteando largo tiempo en el lodazal de la política y, en realidad, ha llegado a gustarme. Allí la corrupción limpia a las gentes, la hipocresía revela el carácter humano más que una tibia honestidad y el vicio puede, al menos por un instante, resucitar una confianza abandonada… De la misma manera que cuando usted lanza la ropa a una centrifugadora para que se seque, gira tan de prisa que la camisa o la ropa interior arrojadas desparecen ante sus ojos; así, lo que normalmente llamamos naturaleza humana desaparece instantáneamente en el torbellino de la política.” (p. 257)


Después del banquete es una novela que vale la pena leer. Más aún en tiempos electorales, como los que ahora vive mi país.

Kimitake Hiraoka, mejor conocido como Yukio Mishima


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