jueves, 30 de junio de 2016

Marcos Ordoñez / Maldito Martin Amis

Martin Amis
Maldito Amis

Me parece una autoridad. Lo que sabe este hombre, qué envidia me da


Marcos Ordoñez
7 de octubre de 2015

Leo una entrevista con Martin Amis en el Jot Down del domingo. Muy buena entrevista. Hacia el final, estas líneas me pegan un macetazo: “La edad diluye a los escritores. El peor de todos los destinos trágicos es perder la habilidad de impartir vida a tus creaciones (tus creaciones, en otras palabras, ya nacen muertas)”. Tremendo párrafo. Un poco ególatra, si me permiten. ¿El peor de todos los destinos trágicos? Se me ocurren tres infinitamente peores: la pérdida de un ser querido, un cáncer sin remisión, la borradura del alzhéimer. Espero que Amis no entienda "destino" en el sentido helénico de predeterminación. También me fastidia un poco lo de "tus creaciones". Muy pomposo me suena eso. Muy teatral. En Francia lo vi escrito por vez primera. Allí no dicen (o muy poco) "spectacle", dicen "création". En el programa del festival de Avignon de cada año hay más "créations" que en la isla del doctor Moreau. Pues eso: que en vez de "tus creaciones" preferiría "tu mirada", lo que haces a la hora de escribir con tu mirada, con tu imaginación, con tu memoria.

Martin Amis / El fracaso de la ficción

Martin Amis

Martin Amis

El fracaso de la ficción


JAVIER RODRÍGUEZ MARCOS
12 ENE 2016 - 17:48 COT

¿Por qué naufraga la última novela de Martin AmisLa Zona de Interés, traducida por Jesús Zulaika para Anagrama? Por lo mismo que naufraga casi toda ficción novelesca sobre el Holocausto: los testimonios de los que lo vivieron tienen tanto voltaje literario que poco le queda que añadir a la imaginación destilada en palabras. Godard llegó a decir que el cine no cumplió con su deber al no filmar los campos de concentración, pero puede que ese incumplimiento haya sido su salvación.

Martin Amis / Holocausto con humor (y amor)


Martin Amis
Holocausto con humor (y amor)

Martin Amis logra risas con su manejo de la sátira en una novela distinta en un campo de exterminio


Carlos Zanón
Madrid. 1 de octubre de 2014

“Si lo que estamos haciendo es bueno ¿por qué huele tan mal?”, se pregunta uno de los personajes de la nueva novela de Martin Amis (Swansea, 1949). Un trabajo que viene, como es ya de rigor mediático, con la polémica necesaria para que no pases las hojas de cultura a golpe de bostezo. Una controversia que, una vez leído el libro, uno no acaba de entender. La Zona de Interés ha sido elogiada en Gran Bretaña y EE UU como la vuelta del mejor Amis. Cierto, aunque el peor Amis siempre suele ser más que el mejor de muchos otros. En 1991 con La flecha del tiempo ya entró, aunque fuera de modo indirecto, en este territorio del Holocausto. Aquí lo pone frente a nosotros de una manera fascinante y ese uno de los logros.

martes, 28 de junio de 2016

Martin Amis / “Ya no veo lejanas a las víctimas del Holocausto”


Martin Amis
Foto de Colin McPherson

Martin Amis

“Ya no veo lejanas a las víctimas del Holocausto”

El escritor publica en español su nueva novela, 'La Zona de Interés', que suscitó una agria polémica por abordar la Shoah con tono sarcástico


Amanda Mars
Nueva Yprk
20 de septiembre de 2015


Martin Amis (Oxford, Reino Unido, 1949) abre la puerta de su casa en Brooklyn el 11 de septiembre, un aniversario maldito en Estados Unidos, pero la cara de decepción del escritor tiene que ver esta vez con el tenis: “Serena ha perdido”, son las primeras palabras que arrastra en el recibidor. Amis publica a finales de este mes en español La Zona de Interés (Anagrama), una novela en la que vuelve a tratar el Holocausto y cuyo tono satírico levantó una polvareda de críticas al editarse hace un año. ¿Se puede hacer sátira del horror? Varios ejemplares del último libro con el que ha osado hacerlo, en distintos idiomas, se encuentran repartidos por la casa, pero sobre la mesa de la cocina reposa el Cartas a Véra,de Vladimir Nabokov, que está releyendo. Amis se muestra poco inclinado a frecuentar a los autores vivos.
Martin Amis, en su casa de Brooklyn, Nueva York.
Foto de  

Pregunta. ¿Por qué no lee nueva literatura?
Respuesta. Es sentido común. Leer a escritores jóvenes o más jóvenes que yo no es una forma eficiente de usar el tiempo de lectura. Solo leo a mis amigos: Zadie Smith, Will Self… Pero no porque sean jóvenes. El modo de juzgar el valor de una novela, un cuadro o un poema es cuánto perdura. El único juez de una obra es el tiempo. Si un libro perdura un siglo, probablemente es bueno; si dura 10 años, no demasiado. Así que suelo leer obras de autores muertos porque sus obras han sobrevivido, mientras que leer la novela de un autor de 25 años es una apuesta… Y no muy sensata.

Martin Amis / El holocausto como polémica literaria

Martin Amis

Martin Amis

El Holocausto como polémica literaria

La negativa de las editoriales alemana y francesa de Martin Amis a publicar su nueva novela, una sátira sobre la Shoah, reabre el debate sobre los límites de la creación


Winston Manrique Sabogal
Madrid, 1 de octubre de 2015


La controversia por el Holocausto en la literatura ha vuelto. Y con ella algunas preguntas eternas: ¿Las ideas políticas, religiosas o morales están por encima del arte? ¿Es lícito abordar cualquier tema? ¿O depende del enfoque? Planean estos interrogantes ahora debido a la última novela de Martin Amis, The Zone of Interest (La zona de interés), que trata el Holocausto a través de la mirada de tres comandantes nazis entre el humor y el sarcasmo. Ha recibido buenas críticas en Reino Unido, pero sus editoriales tradicionales de Alemania (Hanser) y Francia (Gallimard) han decidido no publicarla. No hablan de vetos, represalias o censura, sino de cuestiones de calidad y económicas.
Finalmente, en Francia el libro lo publicará Calmann-Lévy, la misma que hace siete años rechazó otra obra polémica: Las benévolas (RBA), de Jonathan Littell. En Alemania nadie se anima con el nuevo Amis... todavía. Y en España lo hará su editorial de siempre: Anagrama, en otoño de 2015. No es la primera vez que el autor inglés aborda este tema. Ya lo hizo en 1991 con La flecha del tiempo y en sus memorias, Experiencia, donde señala la importancia del genocidio judío en su cosmovisión creativa.

lunes, 27 de junio de 2016

Jonathan Littell / "La cultura no nos protege de nada. Los nazis son la prueba"



Jonathan Littell
JONATHAN LITTELL 

"La cultura no nos protege de nada. Los nazis son la prueba"

Jesús Ruiz Mantilla
27 de octubre de 2007

Una novela de casi mil páginas sobre un asesino nazi se ha convertido en el libro del año en Europa. Jonathan Littell asegura que con Las benévolas quiso responder a una cuestión: la naturaleza del crimen de Estado.

Hay que ser muy chulo para marcarse un libro de casi mil páginas sobre algo tan recurrente como el nazismo o el Holocausto, ganar el Premio Goncourt y ni molestarse en ir a recogerlo. Hace falta andar muy sobrado para conseguir las bendiciones de los popes de la literatura mundial como un salvador de la novela y después venir a decir que no sabe si volverá a escribir otra. Pero así es Jonathan Littell, un autor raro y controvertido, un tipo que manifiesta cierto aire de superioridad si se le insiste en algo que le molesta; que es políglota y nómada, entre nihilista y revolucionario -trabajó en ONG en Rusia y Chechenia-; que parece claramente desubicado en este periodo de la historia, amante de la cultura griega y de la música antigua; que nació en Estados Unidos (Nueva York, 1967), pero escribe en francés, su otra lengua madre: la de un país al que fue a caer con tres años y del que ha acabado escapando también para refugiarse desde hace un año en Barcelona. Por su nueva ciudad pretende que le dejen tranquilo, que nadie salga en su busca, esconderse de todo el ruido mundial que ha terminado armando Las benévolas (RBA en castellano. Quaderns Crema en catalán), una vasta y magistral novela que se adentra en el corazón de todas las tinieblas de la mano de Maximilian Aue, un verdugo nazi encargado de exterminar sin miramientos todo lo que se le ponga por delante. En Francia fue el libro del año la pasada temporada. A medida que aparecen las traducciones en los más de 20 países que han comprado sus derechos, sigue creando auténtico asombro por su ambición, por su contundencia, por cómo consigue desmontar tópicos y despojarnos de incertidumbres que nos dejan todavía más desnudos y sin respuestas ante el horror. La semana próxima se publica en España.

Jonathan Littell / Un soldado israelí no es mejor persona que un nazi



El escritor francés Jonathan Littell. (Foto: B. Loyseau)
Jonatahn Littell

Jonathan Littell
'Un soldado israelí no es mejor persona que un nazi'
  • 'Invertí un año en viajes, escribí el primer borrador en cuatro meses y dos años corrigiendo'

MATÍAS NÉSPOLO
Actualizado miércoles 24/10/2007 05:53 




BARCELONA.- Jonathan Littell, un escritor francés de origen americano de 40 años que se refugia en el anonimato barcelonés, saltó de la nada al ruedo literario en 2006 con 'Les Bienveillantes' (Gallimard). Una incómoda novela sobre el Holocausto narrada en forma de memorias de un oficial de las SS, Max Aue, quien participó directamente de la masacre.


En poco menos de un año, la obra se convirtió en un 'best seller' en Francia y se hizo con el prestigioso premio Goncourt y con el Grand Prix de la 'Académie Française'.

Un año después, 'Las benévolas' –que ya ha vendido más de un millón de ejemplares en todo el mundo– llega a las librerías, editada por RBA en español y por Quaderns Crema en catalán, el próximo viernes 26.

Annie Ernaux / Una mujer del pueblo







Annie Ernaux habla en su nuevo libro de sus 18 años.
Annie Ernaux habla en su nuevo libro de sus 18 años.


Annie Ernaux: una mujer del pueblo

La escritora francesa, que publica nuevo libro, es una referencia de la literatura autobiográfica


Patricia de Souza
27 de junio de 2016

Desde hace muchos años Annie Ernaux (Lilebonne, 1940) viene entonando una música distinta en el panorama literario francés, una música popular, curiosamente de estilo clásico, pese a sus expresiones coloquiales, su francés “ de la calle” que marca su estilo. Sus libros, son también parte de esa “memoria silenciosa” de una parte de la sociedad francesa, campesina, católica y rural. Annie Ernaux no es una escritora burguesa, sus libros, son el testimonio de alguien que logró, a través de ese fenómeno francés que fue los “treinta gloriosos”, salir de la austeridad mortal de un pueblo del norte a la gran ciudad, hacer estudios superiores, llegar a escribir de forma certera para “vengar a su raza”.
Como escribió Pierre Bourdieux, mujeres que rompen con “la dominación masculina”. Para entender a la Francia de esos años, para modelar una forma de subjetividad femenina, ella escribe la historia de una mujer que se piensa a través de ese gran Otro que es el hombre, que padece la dominación hasta el punto de la obsesión, incapaz de verse como una entidad completa, buscándose en modelos de mujeres libres, perdiéndose en ese laberinto. Era imprescindible la mujer que escribe llegando a ocupar un espacio en la "república de las letras", donde, hay que decirlo, obtener el reconocimiento es acceder al mundo de la aristocracia literaria, abandonar el silencio y dar voz a una clase oprimida, por invisible. Tal vez de ahí se entienda la fobia que muchos escritores sienten por Annie Ernaux, ella es la antítesis de Simone de Beauvoir, no hay Sartre y no hay burguesía, hay una mujer que revela detalles de su infancia en Ivetot, casas pequeñas, sin ducha, con baños en el jardín, un silo, en el mejor de los casos. Una joven que se pasea un día con su pobre padre en terno (como suele vestirse la gente de campo cuando sale de paseo) por Biarritz y que siente vergüenza por no llevar ropa de baño para bajar a la playa.








Annie Ernaux: una mujer del pueblo


“Recibir la vida como una cachetada”, es el epígrafe de Lautréamont que cita la autora en su último libro Mémoire de fille (Gallimard, 2016). Memoria de esa niña, luego adolescente, y más tarde mujer, ahora con 75 años, que hace el esfuerzo de recordar, de poner palabras ahí donde no hay texto, de recrear los hechos más traumáticos, el aborto (La ocupación, 2002), Los años (2008, época de Mitterrand) o La plaza (1983), sobre el padre y la vergüenza de clase, por citar algunos de sus libros más conocidos. En Francia el origen es un estigma, una “vergüenza social” que no se despega de la persona que la padece, por eso, su conciencia de clase la lleva a recorrer esos espacios que para otros escritores son un terreno ajeno. Ni Duras, ni Beauvoir, ni Colette, han hablado desde una clase inferior a la clase media alta, ni con tanto detalle, ni con tanta obsesión.
La madre de Ernaux es el espejo más importante, y así como Beauvoir escribirá Una muerte suave, Ernaux dedicará un libro a su madre enferma de Alzheimer, No he salido de la noche. Ahí describe la frustración de no poder comunicar con ella, a quien ve como un ave escapada de un corral, y con la que se instalará una especie de guerra de clases: esa madre que hablaba en dialecto francés y que ya no se reconoce en las expresiones rebuscadas de la hija. Todo este tiempo ha sido necesario, toda esta escritura, para que la autora pueda autorizarse a “ser ella misma” y acepte un día que sus libros son leídos por muchas mujeres que también están rodeadas por hombres dispuestos a lanzarles la primera piedra (Mémoire de fille). Como ella escribe en esta memoria intensa: Ella no tiene un yo determinado, sino varios que pasan de un libro al otro. Construcción de subjetividad en la historia, de un yo que se apoya en un lenguaje frío, en el detalle clínico que muchas de sus lectoras le reprochan, un francés casi quirúrgico. He leído muchas veces los reproches que le hacen sus lectoras por esa frialdad con la que habla de sus padres o de su infancia. O la vergüenza que es un sentimiento recurrente, no cambiar algunos patrones femeninos, estar orgullosa de haber llegado a ser “alguien” en el panorama literario francés. Pero es más complejo que eso, es haber construido su propio modelo de mujer, una historia de mujer con rostro, una suerte de antropología de clase media-baja, o sociología literaria, como ella quisiera llamarla. No es la Memoria de una joven burguesa, es la memoria fragmentada, con destellos brillantes, de una joven rural que ha completado una parte del panorama de la realidad en Francia. Es la exploradora de esa joven rural que se convirtió en Otra, con capacidad de decir cosas tantas veces disimuladas por otras mujeres tras una mueca, un silencio, traicionando sus orígenes. O detrás de la tercera persona, porque ella, Ernaux, busca que la identifiquen en primera persona, a la vista de todo el mundo, con nombre propio.
El adjetivo “popular”, no quita nada a la calidad de sus libros. La poesía está también en “la cultura popular” desdeñada por las clases dominantes y consideradas de mal gusto. Ella, las ennoblece y deliberadamente las coloca en el centro de sus ficciones invirtiendo las categorías, lo que es “de mal gusto”, cobra rango literario, esa es su pequeña revolución. Y se lo agradecemos. Música, maneras, reminiscencias populares, fotos un poco veladas, como las vacaciones pagadas, los campamentos de verano, etc. Es cierto, como ella dice, ninguno de los escritores franceses (ni Sagan, ni Robbe-Grillet, tampoco Duras o Beauvoir) han escrito sobre los supermercados, ni sobre el RER (tren de cercanías), menos han vivido en un pueblo olvidado en los altos de una tienda como la de los padres de Ernaux, pues no, no hay ese registro, como tampoco hay el de una mujer que decidió que ella no solo era escritora sino una memoria viva, que tenía la obligación de escribir como lo hace, con pasión, con impudor, con todo el cuerpo.
La editorial Cabaret Voltaire publicará en septiembre Mémoire de fille (Memoria de chica) en traducción de Lydia Vázquez Jiménez.

domingo, 26 de junio de 2016

Franz Kafka / Un artista del trapecio



Franz Kafka
BIOGRAFÍA
UN ARTISTA DEL TRAPECIO



Un artista del trapecio -como se sabe, este arte que se practica en lo alto de las cúpulas de los grandes circos es uno de los más difíciles entre todos los asequibles al hombre- había organizado su vida de tal manera -primero por afán profesional de perfección, después por costumbre que se había hecho tiránica- que, mientras trabajaba en la misma empresa, permanecía día y noche en el trapecio. Todas sus necesidades -por otra parte muy pequeñas- eran satisfechas por criados que se relevaban a intervalos y vigilaban debajo. Todo lo que arriba se necesitaba lo subían y bajaban en cestillos construidos para el caso.

Franz Kafka / Ser infeliz


Franz Kafka
BIOGRAFÍA
SER INFELIZ

Cuando ya eso se había vuelto insoportable -una vez al atardecer, en noviembre-, y yo me deslizaba sobre la estrecha alfombra de mi pieza como en una pista, estremecido por el aspecto de la calle iluminada, me di vuelta otra vez, y en lo hondo de la pieza, en el fondo del espejo, encontré no obstante un nuevo objetivo, y grité, solamente por oír el grito al que nada responde y al que tampoco nada le sustrae la fuerza de grito, que por lo tanto sube sin contrapeso y no puede cesar aunque enmudezca; entonces desde la pared se abrió la puerta hacia afuera así de rápido porque la prisa era, ciertamente, necesaria, e incluso vi los caballos de los coches abajo, en el pavimento, se levantaron como potros que, habiendo expuesto los cuellos al enemigo, se hubiesen enfurecido en la batalla. 

sábado, 25 de junio de 2016

Franz Kafka / El vecino

Personaje con bigote y sombrero
Poster de T. A.
Franz Kafka
BIOGRAFÍA
EL VECINO

El negocio descansa por entero sobre mis hombros.

Dos señoritas con sus máquinas de escribir y sus libros comerciales en la primera habitación, y una mesa de despacho, caja, butaca y teléfono constituyen todo mi aparato de trabajo. Resulta facilísimo dominarlo todo con un vistazo y dirigirlo. Soy muy joven y los negocios se acumulan a mis pies. No me quejo, no me quejo.

Carlos Falcó y Esther Doña / "Somos como un matrimonio, no tenemos secretos"

Carlos Falcó y Esther Doña
Carlos Falcó y Esther Doña
Foto de Jonathan Becker

"SOMOS COMO UN MATRIMONIO, NO TENEMOS SECRETOS"

Carlos Falcó y Esther Doña nos cuentan cómo ha sido su historia de amor y por qué se han inscrito en el registro de parejas de hecho. Un reportaje del número de julio que ahora les ofrecemos completo.

Marta del Riego
24 de julio de 2016


"Mi matrimonio en Londres duró solo seis meses y nunca se legalizó en España" (Esther Doña)


* Este reportaje se publicó originalmente en el número de julio de 2015 de nuestra revista.
El rey estuvo hace dos días probando el vino en la finca de Malpica. He reservado una barrica para los dos reyes, don Juan Carlos y don Felipe. Pertenece a una colección muy especial, Tempus Fugit, que celebra los 40 años de la plantación de mi primer cabernet sauvignon”, cuenta Carlos Falcó Fernández de Córdova, marqués de Griñón.
Nos encontramos en el vestíbulo-patio cubierto del palacete de El Rincón, al sur de Madrid. “Esta casa se construyó en 1862 y se renovó en 1908”. Techos altos, alcobas y antecámaras, escalinata de granito, escudos y fotos de Alfonso XIII y Victoria Eugenia. Y Esther Doña. Esther se mueve en este palacete como si hubiera crecido aquí. Muy delgada, flexible, con paso de bailarina y una camisola verde, bebe vino y da suaves caladas a su cigarrillo.
Carlos Falcó es uno de los viticultores más exquisitos de España, ha logrado situar su aceite de oliva en el podio de los mejores del mundo, ingeniero agrónomo pionero en trabajar con viñas y olivos de manera científica, amante apasionado de la ópera y la música clásica, lector adicto, padre comprensivo de cinco hijos de tres mujeres distintas (Jeannine Girod, Isabel Preysler y Fátima de la Cierva) , bon vivant que aplica a su vida un toque bohemio, sin dejar de ser un clásico y, claro, personaje buscado y perseguido por el papel cuché. Todo esto en una sola persona que, además, acaba de cumplir 80 años, aunque no los aparente.

Esther, por su lado, requiere de más explicación porque hasta hace pocos meses, cuando empezó a aparecer junto al marqués en fotos de paparazzi, era una completa desconocida. Es una mujer de aspecto delicado y voz con un ligerísimo deje malagueño. 38 años, ojos enormes y nariz fina. “Nefertiti”, la llama Carlos mostrándome una imagen del busto de la reina egipcia. “Me llevó a Berlín al Neues Museum para que la viera”, cuenta Esther, al tiempo que se sienta en el porche exterior del palacete con el cuello muy erguido y las piernas dobladas en una especie de postura del loto.
portada
Se nota que sabe posar. “Debuté a los seis años haciendo publicidad. Desfilé para Lorenzo Caprile. Trabajé unos años como modelo, me quise retirar y monté un centro de estética, tratamientos naturales, aromaterapia, vinoterapia, junto al Casino de Madrid. Estaba encantada y feliz. Pero empecé una relación y nos fuimos a vivir a Londres. Pasé allí siete años y luego regresé”.
—Vanity Fair: Madrid, Londres… ¿Dónde se cruzaron sus caminos?
—Carlos Falcó: En octubre acudí a Málaga a una presentación con nuestro distribuidor allí y me pidió que por la noche asistiera a una cena con sumilleres. No me apetecía, planeaba volver a Madrid en el último AVE.
—Esther Doña: Yo tampoco quería ir, me aburría el plan. Pero mi primo, que era el sumiller, me pidió que, ya que estaba en Málaga, les echara una mano.
—C. F.: Resultó que no podía cancelar la cena. Llegué un poco tocado, porque la feria estaba llena de gente y todas las mujeres se querían sacar fotos conmigo (risas) . Al entrar vi en la barra a esta señora, y salió el dueño y le pregunté (susurra) : “Esta señora con esos ojos azules verdes, ¿de qué nacionalidad es y qué hace aquí?”. “Es española y es prima hermana del sumiller”, respondió. “¿Podría sentarse a mi lado?”, le pedí. En la cena le pasé a Esther una tarjeta con mi móvil y una segunda en blanco para que apuntara su teléfono. ¡Se quedó con las dos!
—E. D.: No quería darle mi número. Al final nos hicimos una foto y se lo pasé.
—C. F.: Le envié un whatsapp diciendo que me había encantado conocerla y que estaba preparando un proyecto de aceites y cosmética, y como me había contado que tuvo un centro estético, igual le interesaba. Me fui a México al día siguiente con mi hija Xandra para estar dos meses por las Américas. Visitamos el canal de Panamá con el presidente de Sacyr y todo eso se lo iba contando por whatsapp.
— E. D.: Ahí empezamos a conocernos. Él me escribía en plan carta; yo, más breve.
—C. F.: A la vuelta los imprimí: 212 páginas.
—E. D.: Él no ligaba conmigo, me contaba lo que hacía...
—C. F.: Me levanté un día por la mañana y le escribí: “Te quiero”. Eso sucedió en la página 192. Y la contestación fue una línea entera: “Ja ja ja”. El problema es que no nos habíamos visto más que esa noche. Y yo me preguntaba: cuando nos volvamos a encontrar, qué va a pasar. Una noche dormí mal y le escribí: “He estado reflexionando, nuestra relación es completamente imposible. Si tuvieras mínimo 48 o 50...”. Ella contestó: “Sé maquillarme para aparentar 48 años”. ¡Nunca he encontrado a una señora que quiera maquillarse para parecer mayor!





Carlos Falcó y Esther Doña
¿Hay un momento en que las barreras de la edad desaparecen?
—C. F.: La última vez que me preguntaron la edad fue a la salida del Teatro Real y le contesté al periodista: “La edad es importante si eres un vino o un queso”.
—V. F.: ¿Y cómo fue el reencuentro?
—C. F.: La invité a comer al Ritz. La primera vez me dijo que no. Aceptó a la segunda. Fue bien. Pero yo pasaba las Navidades con mi familia en Malpica y Esther, en Málaga. En enero, los míos se iban a esquiar a Alemania y Austria, y le propuse ir con mi hijo Duarte a Málaga y conocer la provincia los tres juntos.
—E. D.: Sus hijos Duarte y Aldara son encantadores. Duarte pasa con nosotros mucho tiempo. Llegamos anoche de México y vino a dormir a casa.
—C. F.: Aldara ha decidido tomarse un año sabático y se ha ido a Múnich y Berlín. Habla alemán perfecto. Luego a la India con una ONG, y en otoño empezará Química y Matemáticas en Southampton.
—E. D.: En septiembre quiere que hagamos un viaje los cuatro, Duarte, ella, tú y yo.
—V. F.: ¿Qué tal con Xandra y Tamara?
—E. D.: Bien.

Carlos Falcó y Esther Dueña


Esther habla despacio, esquiva las preguntas muy personales y exhibe un cierto aire de misterio. Cuando le pregunto por un recuerdo de su infancia, cuenta que siempre quiso “vivir rodeada de perros y caballos”; sobre su educación explica que fue “católica. Con muchos principios y valores”; a la pregunta sobre su abuelo alemán responde con un silencio y luego afirma: “En casa hay cero información sobre eso. No lo hemos tratado. Son cosas de mi familia que nunca han contado. Mi padre lleva los apellidos de su madre”. Y sin embargo, a pesar de su hermetismo, hay algo dulce en ella, infantil, incluso. Que se trasluce en la forma en que se acerca a Carlos Falcó, en cómo se tocan el uno al instintivamente, sin mirarse.




—V. F.: En mayo se inscribieron en el registro de parejas de hecho. ¿Por qué?


—E. D.: Para formalizar la relación. No es una boda, pero es más que un noviazgo.


—C. F.: Porque esto no es una aventura, para tranquilizar a nuestro entorno y por una cuestión económica. Llevamos viviendo juntos desde enero.


—V. F.: O sea, un gesto más hacia afuera.


—C. F.: Para inscribirte necesitas estar divorciado, fue una manera de demostrar que lo estábamos. Porque Esther tenía dos matrimonios a sus espaldas, uno aquí y otro en Londres.


—E. D.: ¿Por qué vamos a hablar de mis matrimonios?


—C. F.: Del de Londres decían que no se había divorciado.


—V. F.: ¿Cuándo se divorció?


—C. F.: Antes de conocerme ¿no? Un mes antes.


—E. D.: En el fondo yo he estado casada una vez. La otra es como si lo hubiese hecho en Las Vegas.


—C. F.: Insinuaban que Esther no me lo había contado.


—E. D.: Es absurdo, porque mi matrimonio en Londres duró solo seis meses y nunca se legalizó en España. Para casarme con Carlos tendría que presentar solamente mi primer divorcio. En Reino Unido tienen otras normas. Lo comenté y no veas la que se armó. Montaron un programa de radio solo para contar que eso era falso, contactaron con el consulado británico y comprobaron que era verdad lo que yo decía. Y ahora pienso que no voy a contar nada porque todo lo que diga se tergiversa.


—C. F.: Una periodista me llamó 20 veces durante un viaje a Berlín. Cuando al fin hablé con ella le dije: “¿Qué pasa, han volado la Zarzuela?”. “Es por lo de la pareja de hecho. Además, está el tema del título, hemos consultado a la Diputación de la Grandeza a ver si puede usar el título y han dicho que no”. “Es una pregunta de periodistas ignorantes”, le respondí.


—V. F.: ¿Han pensado en casarse?


—E. D.: Ahora mismo siento que todo va muy rápido, que voy a contrarreloj (se lleva la mano al cuello) . Estamos superbien, superfelices y ya veremos. Acabamos de hacernos pareja de hecho, viene el verano, vamos a disfrutar un poquito, a descansar.


Carlos Falcó y Esther Doña
Mientras hablamos en el porche, los conejos corretean por el césped. También está Tiffany, la perrita de Esther, que se le sube al regazo al menor descuido, y hay perdices, jabalíes, pájaros y todo, rodeado de pinares y viñedos. El Rincón es una de las dos propiedades del marqués
donde se elabora vino, la otra, Malpica de Tajo, se sitúa en la provincia de Toledo. Allí se encuentran sus famosos viñedos de cabernet sauvignon, syrah, petit verdot… —agrupados bajo la DO Dominio de Valdepusa—, y sus olivos. Le pregunto a Esther cómo se ha adaptado a vivir en el campo. “Pasamos aquí un día y medio a la semana como mucho. Y estoy deseando llegar porque me encantan los caballos, pasear, la vida tranquila, comer al aire libre, al sol, la naturaleza…”.
Carlos Falcó y Esther Doña
—V. F.: ¿No es un poco solitario?
—E. D.: Siempre hay invitados. Duarte, por ejemplo, vive en el extranjero y cuando regresa viene a casa. Se lleva fenomenal conmigo, hace fiestas y quiere que sea yo la que esté aquí con sus amigos.
—V. F.: ¿Su concepto de familia es similar?
—E. D.: Tenemos una relación muy estrecha entre todos.
—C. F.: Y con mis exmujeres también (risas) .
—V. F.: ¿Y esto no le molesta, Esther?
—E. D.: Está todo clarísimo. Con Carlos no puedes ser celosa. Habla con quien sea y siempre me pone el altavoz y su teléfono lo tengo yo… Hay una confianza plena.
—C. F.: Yo no soy un experto en mantener una pareja... Pero pienso que a estas alturas lo que se necesita es una transparencia total.La familia es un tema importante en la relación. Falcó se anima cuando habla de sus hijos (Manolo, de 52; Xandra, de 48; Tamara de 34; Duarte de 21 y Aldara de 18) . “Tamara se ha encerrado para diseñar su colección de ropa. Aldara está en Berlín, Manolo en Londres, tenemos un chat, ‘Los Falcó’. Pero no es tan activo como el vuestro. ¡Os levantáis y ya os dais los buenos días!”, le dice a Esther Doña. Pero cuando le pregunto a ella por sus padres, responde él: “No los conozco, sí a una hermana periodista en ABC, en Madrid. Tiene otra, concejala del Ayuntamiento de Málaga, del PSOE. Como Esther es de derechas se pelean mucho. Con ella hablo por teléfono. También hay un hermano policía, que estaba con ella la noche en que nos conocimos”. Le insisto a Doña y me explica que prefiere no contar mucho de ellos. “Que los dejen en paz. Llaman a mi madre diciéndole que es una amiga mía que ha perdido mi número... ¡Los paparazzi me han llegado a perseguir con motos! Quiero dejar a mi familia fuera. Mis padres son felices, están ya jubilados. Llevan toda la vida juntos. A los seis meses de conocerse se casaron, y siguen tan enamorados”.


Carlos Falcó y Esther Doña
—V. F.: Y usted, ¿después de dos divorcios, es un poco más cauta con la pareja?
—E. D.: Sí, porque de las experiencias se aprende ¿no? Pero en ningún momento me ha quitado las ganas de volver a encontrar a una persona con la que conecte y con la que esté bien.
—V. F.: Pero prioriza cosas ¿no?
—E. D.: Sí, eso por supuesto, porque aprendes de todas las experiencias. La primera vez era más jovencita.
—V. F.: ¿Con qué edad se casó?
—E. D.: Pues si te soy sincera no recuerdo a qué edad me casé por primera vez… Veintitantos.
—V. F.: ¿Y ahí qué le importaba más?
—E. D.: Yo quería tener mi marido, mi familia, hijos... Al final no tengo hijos.
—V. F.: ¿Aún le gustaría tenerlos?
—E. D.: Ya no.
—V. F.: Y la segunda vez, ¿qué era lo que le importaba?
—E. D.: La segunda ya era otro tema diferente. Llevaba mucho tiempo con esta persona y estábamos mal y nos casamos para intentar arreglarlo. Fue un error absoluto porque duró seis meses.
—C. F.: Entre Esther y yo sumamos cinco matrimonios. Dos y medio per cápita (risas) .
Hay una parte de la vida de Carlos Falcó que está relacionada directamente con el glamour y los eventos sociales. Preside el Círculo Fortuny, que agrupa a las marcas de lujo en España —el próximo año estará también al frente de la asociación del lujo europeo— y trabaja activamente en ello: “Mi abuela vivía en el hotel Ritz de París y yo jugaba en la Place Vendôme y veía los escaparates de Cartier, Hermès, Vuitton… La industria del lujo ha crecido mucho este año y a Europa le corresponde el 70 por ciento. Para apoyarla se creó el Comité Colbert en Francia hace 62 años. El Círculo Fortuny se inspira en él, nació en 2011 y ahora he conseguido que el museo del Prado, el Thyssen y el Reina Sofía se unan a él”.
Cuando Falcó habla cuenta anécdotas en las que suenan nombres de reyes, exministros, empresarios, aristócratas. Sus almuerzos tienen lugar en el Ritz o en Horcher, participa en cacerías y viaja por todo el mundo. Por supuesto, Esther forma ya parte de ese universo. “Estábamos en una cacería en La Ventosilla, una finca cerca de Malpica, la cena era de 40 personas. Todo el mundo de largo y al día siguiente había un evento del Ritz y era también de esmoquin y vestido largo. Esther me echó una bronca porque no la había avisado… Para el Ritz se puso un vestido que no le convencía y llegamos a la cena y estaba mi ex Isabel [Preysler], y Marisa de Borbón, los dos Cortina, Elena Cué...”.
—E. D.: No tuve tiempo de arreglarme. Me hice una coleta.
—C. F.: Sabíamos que iba a haber paparazzi en la calle. Le dije a Esther que saliera primero, y lo hizo y mientras ya veía flashes. Es muy valiente.
—E. D.: Al principio le decía: “Eres tú el que estás acostumbrado y en cuanto ves flashes desapareces”.
—C. F.: Y luego fuimos a una cena en Horcher en Madrid con José María Aznar y Ana Botella...
—V. F.: Enfrentarse de golpe a esa vida social trepidante no debe de ser tan fácil.
—E. D.: Lo llevo bien, la verdad. Todo el mundo me ha tratado fenomenal. Yo ya me había movido en estos círculos, no es que fuese nueva.
—C. F.: Puesto que es una mujer muy atractiva, a los hombres los tiene ganados. A las mujeres algunas sí y a otras no. Isabel me llamó al día siguiente del encuentro para decirme lo mona que era.
—E. D.: Yo creo que lo dijo por educación, porque yo iba fatal.
—V. F.: ¿Y usted le ha dicho algo de Mario Vargas Llosa?
—C. F.: En los últimos años me he hecho íntimo de Mario. Venía a El Rincón, me pidió acompañarlo a visitar a Carmen Balcells poco antes de que muriera. Y comimos los cuatro, Carmen, Mario, Patricia y yo. Mario es un tío fantástico.
—V. F.: ¿Ha conocido a don Juan Carlos?
—E. D.: Eso se publicó, pero como tanto que se dice, es falso (casi enfadada) . Recientemente hubo una comida solo de hombres y Carlos le dijo al rey: “Este es el coche de mi pareja”, y él respondió: “Sí, de Esther”.
—C. F.: El rey me dijo: “Sales todos los días en televisión” (risas) .
—V. F.: Creo que Richard Gere estuvo aquí.
—E. D.: A través de un amigo mío, Alejandra Silva [pareja del actor] nos llamó para invitarnos. Richard estaba como loco por conocer las bodegas de Carlos. Lo pasaron en grande, a él le encantó el vino y el aceite.
—C. F.: Vamos a elaborar un aceite para su hotel en Nueva York. Tengo, además, un proyecto en el que me va a ayudar Esther. Estamos haciendo un estudio científico sobre las propiedades antioxidantes del aceite como cosmético. Y ella entiende de eso.

© JONATHAN BECKER

A medida que cae la tarde y la entrevista avanza, Esther se relaja. Cuenta que está leyendo un libro sobre Frida Kahlo, que apenas tiene tiempo libre y si lo tuviera le gustaría hacer yoga, pilates e impartir reiki. ¿Reiki? “Me lo doy yo o se lo doy al hijo de Carlos, a mi entorno… Y me interesa el tema de la alimentación macrobiótica. Una dieta y un estilo de vida diferente al de ahora. Tenemos un poco de descontrol. Pero con el tiempo se irá ordenando”. Toma un sorbo de vino. “Estamos en una etapa maravillosa que ojalá dure eternamente. A veces discutimos como todas las parejas, pero siempre son cosas sin importancia y al final acabamos riéndonos”. “La última discusión, ¿te acuerdas? —añade Falcó entre risas—. Era sobre si nos gustaba más un aceite u otro”.
—E. D.: Pasamos 24 horas juntos, pero no solos. Siempre con personas interesantes, siempre aprendo algo. Me siento como dentro de una cajita y pienso: “Dios, que esto no se rompa”.
—V. F.: ¿Y por qué creen que han encajado tan bien y tan rápido?
—E. D.: Somos muy parecidos.
—C. F.: Coincidimos en las prioridades. Creemos en los valores, valores importantes, como la lealtad, que no es solo fidelidad. El mundo actual piensa que el dinero es un valor absoluto y que si lo tienes puedes permitirte todo. Yo he tenido la suerte de no educarme así. Esther ha estado con otras personas que pensaban muy diferente a ella, pero no se ha contaminado, se mantiene fiel a sus valores.
—E. D.: La debilidad de Carlos son los suyos, sus hijos. Y su virtud es el optimismo. Siempre está contento, cuando hay un problema no lo ve, busca la solución.
—V. F.: ¿Y su peor defecto?
—E. D.: No tiene muchos defectos… No es egoísta, pero sí muy cabezota. Si quiere algo, da igual lo que pase… ¡Y lo cuenta todo! No tiene malicia.
—C. F.: Esther es muy valiente, cuando toma una decisión va “palante”. Lo hace con inteligencia, porque es prudente. Antes mide los riesgos y tiene los pies en la tierra más que yo, lo cual me viene muy bien.
—E. D.: La que le para a él soy yo.
—C. F.: Acabamos de estar en Cancún en un lujosísimo hotel y fuimos al spa. Cuando estábamos allí ya preparados, Esther preguntó cuánto costaba.
—E. D.: ¡Y eran 600 dólares! Le dije que no nos dábamos el masaje. Él no controla nunca. Se mueve por impulso.
—V. F.: Esther tendrá algún defecto…
—C. F.: A veces tiene un pronto, un carácter, pero a mí me parece muy bien. Es muy exigente y puede permitírselo (risas) .
—V. F.: Se les ve muy bien juntos.
—E. D.: Somos como un matrimonio, no tenemos secretos. Con dos divorcios ya, mantener una relación falsa en la que tenga que estar fingiendo ¿adónde me lleva? Y eso fue lo primero que yo le dije a Carlos: tenemos que tener una transparencia pura, contarnos todo. Si algo nos sienta mal, si algo nos ha podido hacer daño, si hay algo que te preocupa. Y lo ponemos en práctica y ahora ya forma parte de nosotros.