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jueves, 8 de mayo de 2025

La necesidad de la memoria en la “era del testigo”

 


Fotografía tomada el 16 de abril de 1945 en el cuartel 56 del campamento chico. El superviviente Mel Mermelstein está en la cuarta fila (cuarto desde la izquierda).


La necesidad de la memoria en la “era del testigo”

Testimonios como el del recién fallecido Mel Mermelstein, que aportó pruebas de los crímenes que se cometieron en Auschwitz frente a los negacionistas del Holocausto, son fundamentales para completar el relato de la Historia

martes, 19 de noviembre de 2024

La ‘zona gris’ de Auschwitz: Primo Levi y el destino de los presos del Kommando 98


Primo Levi, en una imagen tomada en Como, Italia.
Primo Levi, en una imagen tomada en Como, Italia.LEONARDO CENDAMO (GETTY IMAGES)


La ‘zona gris’ de Auschwitz: Primo Levi y el destino de los presos del Kommando 98

Un libro de Sergio Luzzatto investiga por primera vez quiénes eran y qué suerte corrieron los compañeros del escritor italiano en el campo de concentración, especialmente aquellos a los que juzgó duramente en ‘Si esto es un hombre’ por colaborar con los nazis


Íñigo Domínguez
ÍÑIGO DOMÍNGUEZ
Roma - 16 NOV 2024 - 23:15 COT

Al poco tiempo de volver de Auschwitz, ya en marzo de 1946, Primo Levi escribió una carta a su antiguo compañero del campo de concentración Jean Samuel: “¿Sabes algo de Brakier, Kandel, Szanto, Arnold…?”, y enumeraba los nombres de otros que compartieron su suerte. El escritor italiano, autor de uno de los libros clave del siglo XX, de referencia sobre el Holocausto, Si esto es un hombre, sintió enseguida la necesidad de saber de los demás, si se habían salvado o no. Encontró a algunos, pero en muchos casos no logró averiguar nada. Nadie hasta ahora se había preocupado de saberlo, de indagar qué fue de las personas reales que estaban detrás de esos personajes del libro. Lo ha hecho el historiador Sergio Luzzatto, en un libro que se acaba de publicar en Italia: Primo Levi e i suoi compagni (Primo Levi y sus compañeros, editorial Donzelli).

miércoles, 18 de noviembre de 2020

Luise Straus / Una vida a la sombra de Marx Ernest


Luise con Jimmy, el hijo que tuvo con Max Ernst. AUGUST SANDER ARCHIV, COLOGNE

Luise Straus, una vida a la sombra de Max Ernst y sepultada por los nazis


La artista alemana, asesinada en Auschwitz, fue recordada a la sombra de su exmarido, Max Ernst, pero encarnó un modelo de mujer avanzada borrada por el exilio y el machismo.
Silvia Cruz Lapeña
22 de marzo de 2018
YA NO necesitas un marido. Tienes 28 años. Lo sabes todo del amor”, le dijo Max Ernst a Luise Straus el día que rompió con ella. Corría 1921, Colonia era una ciudad abierta, tolerante y culturalmente intensa, pero Ernst había decidido irse a París para ampliar sus horizontes artísticos

También le empujaba a marcharse el romance a tres que vivía con Gala y Paul Eluard. Ante las lágrimas de Luise, el artista intentó un último consuelo: “Tienes un hijo. ¿Qué más quieres?”. Ella respondió con deses­peración: “¡Quiero vivir!”. Lo que Max Ernst no sabía es que estaba de nuevo embarazada. Y nunca lo sabría porque días después de ser abandonada, Luise Straus iniciaba un viaje a Insbruck para abortar.

viernes, 23 de marzo de 2018

Imre Kertész / La cifra de Auschwitz



Imre Kertész
BIOGRAFÍA

La cifra de Auschwitz




CECILIA DREYMÜLLER
31 MAR 2007

"Cuando escribimos sobre Auschwitz, hemos de tener en cuenta que, al menos en cierto sentido, Auschwitz ha dejado la literatura en suspenso". Imre Kertész constantemente plantea paradojas de este calado y los libros presentes se sitúan en los polos opuestos de la respuesta del escritor húngaro a ese dilema aparentemente irresoluble. En Un relato policíaco se manifiesta el fabulador, el profesional de la mano ligera, mientras La lengua exiliada pertenece a un pensador implicado y de expresión concisa. Cuando Kertész escribió, en 1976, Un relato policiaco, aún no había precisado la fórmula que pronunciaría en su discurso del Premio Nobel de 2002: "De Auschwitz sólo se puede escribir una novela negra". Tras el título irónico se esconde una áspera parábola política, condicionada por la anemia de los personajes y la trivialidad de los diálogos. Sin embargo, dentro de su corte esquemático, la historia del torturador arrepentido de un imaginario país suramericano, depara una introspección lúcida de la mente del verdugo convertido en víctima. La cínica lógica del poder acaba por enmarañar y destruir al policía igual que al niñato idealista y al oligarca intocable; donde no existe derecho rige "la fatalidad", un mecanismo que Kertész ha explorado a fondo en sus novelas. Como ensayista, Kertész es conocido del lector español por los ensayos de Un instante de silencio en el paredón (publicado por Herder en 1999), donde asombraba tanto por el vigor de su análisis como por la argumentación diáfana y la concreción de su pensamiento. Pero si aquellos artículos y conferencias se centraban en el análisis escrupuloso de los procesos psicológicos y sociales que condujeron a los cambios paradigmáticos del siglo XX, la experiencia de Auschwitz y del totalitarismo, La lengua exiliada pone el acento más sobre cuestiones literarias e identitarias. En unos apuntes de viajes entre Viena y Budapest confronta con ironía el apocamiento del ciudadano del este de Europa con la prepotencia del capitalismo ("quien es humillado en su país también es humillado en el extranjero"); en Jerusalén, Jerusalén el judío contra su voluntad descubre emocionado conceptos hasta entonces inaccesibles para él: "Nación, patria, hogar", un lujo puntual que se permite una mente esencialmente escéptica, incapaz de disimular el creciente extrañamiento con su país y el "racismo democrático".



LA LENGUA EXILIADA

IMRE KERTÉSZ
TRADUCCIÓN DE ADAN KOVASCICS
TAURUS. MADRID, 2007
168 PÁGINAS.
20 EUROS

UN RELATO POLICIACO

IMRE KERTÉSZ
TRADUCCIÓN DE ADAN KOVASCICS
ACANTILADO. BARCELONA, 2007
104 PÁGINAS. 12 EUROS

Con una refrescante amplitud de registros, los artículos y discursos surgidos a partir de 1989 trazan una línea de pensamiento directa desde la experiencia del campo de concentración a la realidad política de hoy y esto resulta incómodo. "Odio y mentira: probablemente éstos han sido los dos componentes más importantes de la educación política que recibió el hombre del siglo XX". Verdades como ésta, perteneciente a La libertad de autodeterminación, tan escuetas como evidentes, colocan las vergonzosas prácticas políticas actuales en un contexto universal: con Auschwitz se ha roto el consenso cultural humanista y sus consecuencias corruptoras nos alcanzan aquí y ahora.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 31 de marzo de 2007







jueves, 22 de marzo de 2018

Un folletín para Auschwitz

Un folletín para Auschwitz

Si los médicos no se resignan a aceptar lo incurable, ¿por qué habrían de resignarse los escritores a aceptar lo inefable?



JAVIER RODRÍGUEZ MARCOS
20 MAR 2018 - 18:03 COT



Marcell Nagy en un fotograma de 'Sin destino', película que evoca la historia personal de Imre Kertész, dirigida por el director húngaro Lajos Koltai.
Marcell Nagy en un fotograma de 'Sin destino', película que evoca la historia personal de Imre Kertész, dirigida por el director húngaro Lajos Koltai.

Un viejo mantra afirma que en literatura no hay temas buenos ni malos sino bien o mal tratados. Es cierto pero solo en parte. De cuando en cuando la humanidad se las ingenia para poner sobre la mesa asuntos que, precisamente porque sobrepasan lo imaginable, ponen a prueba la imaginación, o mejor, la capacidad del lenguaje para hacer su trabajo sin caer en el alivio del “no hay palabras”. Si los médicos no se resignan a aceptar lo incurable, ¿por qué habrían de resignarse los escritores a aceptar lo inefable? Su cometido es precisamente lidiar con temas que requieren desmontar una lengua de arriba abajo y volver a montarla. Sin duda, el Holocausto es uno de ellos.

viernes, 8 de abril de 2016

Elie Wiesel / La memoria de un testigo

Elie Wiesel

Elie Wiesel


La memoria de un testigo

EL PAÍS
Madrid 15 OCT 1986


Elie Wiesel
"Éste es un día muy importante para mí. Los recuerdos me invaden", dijo Elie Wiesel al conocer la noticia de que había sido premiado con el Nobel de la Paz. Los recuerdos serían, con toda seguridad, tan negros como la noche que un día prometió no olvidar: su primera noche en el campo de concentración de Auschwitz, donde vio morir a su padre y a una de sus hermanas. "No olvidaré jamás aquella noche, que ha transformado mi vida en una única larga noche... No olvidaré jamás los rostros de los niños cuyos cuerpos vi convertidos en coronas de humo bajo el silencioso cielo azul", escribió años más tarde. Wiesel se considera un experto en el recuerdo, tanto en la memoria propia como en la labor de refrescar la de los demás. "Después de todo yo he dedicado mi vida a una cierta causa, la causa de la memoria, la causa del recuerdo, y ahora tengo la impresión de que tendré una mejor ocasión para decir las mismas cosas, pero a un mucho mayor número de gente", ha declarado al agradecer el premio.

jueves, 7 de abril de 2016

Javier Rodríguez Marcos / Un hogar llamado Auschwitz





Primo Levi

Un hogar llamado Auschwitz

JAVIER RODRÍGUEZ MARCOS
6 ABR 2016 - 04:41 COT


“No es cosa fácil ser una excepción”. Imre Kertész, que murió en Budapest la semana pasada, repitió esta frase en varios de sus libros y en su discurso del Nobel de 2002. Se entiende la insistencia porque esas siete palabras explican bien la angustia que subyace en su obra y en la de otros supervivientes del Holocausto. Unos encontraron en la literatura un bálsamo. Otros, la vía hacia el suicidio. Fue el caso de Tadeusz Borowski, que se quitó la vida tras escribir los relatos de Nuestro hogar es Auschwitz (Alba), decisivos para el propio Kertész.



El año pasado se cumplieron 70 del final de la Segunda Guerra Mundial y de la liberación de los campos nazis y ambos hechos fueron conmemorados dignamente. Hay, sin embargo, un capítulo de la literatura concentracionaria menos trágico que el de los días de encierro pero casi tan desasosegante: la vuelta a casa de los supervivientes. Primo Levi, que dedicó La tregua (El Aleph) a la odisea de nueve meses que le llevó de Polonia a Italia, cierra su libro contando cómo tardó en perder la costumbre de andar mirando al suelo “como buscando algo que comer”. Lo que no consiguió fue sacudirse un sueño que empezaba con él rodeado de amigos y terminaba devolviéndolo al Lager. Sonaba entonces una sola palabra “temida y esperada”, la orden del amanecer en Auschwitz: “a levantarse, Wstawac”. Levi se tiró por el hueco de las escaleras el 11 de abril de 1987. La semana que viene hará 29 años.




Ese mismo día, macabra coincidencia, pero de 1945 las tropas de Patton liberaron a los prisioneros de Buchenwald. Uno de ellos era Jorge Semprún, que en La escritura o la vida recuerda el impacto que le causó el suicidio de Levi. Si él mismo, escribió, no hubiera esperado para narrar su experiencia habría corrido la misma suerte: o escribir o vivir. Semprún, del que acaba de publicarse Ejercicios de supervivencia (Tusquets), acudió a la conmemoración anual de la liberación de Buchenwald meses antes de morir en 2011. Estaba enfermo, sabía que era la última vez. Tomó allí la palabra y puso su esperanza en los niños y los adolescentes del campo. A ellos les tocaba seguir testimoniando. Uno de aquellos adolescentes era Imre Kertész, de ahí que su muerte produzca la sensación de que algo va a perderse definitivamente. No la historia de lo que sufrieron sino algo que obsesionaba a Semprún: el olor de los crematorios. Es difícil que un libro transmita eso.

 

En Sin destino, obra cumbre de Kertész, la reclusión compite en crudeza con el retorno a casa y con la mezquindad de los que le reciben. Traducidos recientemente, Y tú no regresaste (Salamandra), de Marceline Loridan-Ivens, o Quien así te ama (Ardicia), de Edith Bruck, retratan bien esa cara de la supervivencia. Bruck se autorretrató así en un poema: “Nacer por casualidad / nacer mujer / nacer pobre / nacer judía / es demasiado / para una sola vida”. Solo falta añadir el drama de ser una excepción.

Imre Kertész, Premio Nobel de Literatura, muere a los 86 años









El Nobel de Literatura Imre Kertész

Muere el Nobel de Literatura húngaro 

Imre Kertész a los 86 años


El escritor, que obtuvo el premio en 2002, 

fallece en su casa de Budapest, según la agencia MTI


GUILLERMO ALTARES
Madrid 31 MAR 2016 - 11:33 COT
El premio Nobel de Literatura húngaro, Imre Kertész, superviviente de Auschwitz, falleció este jueves a los 86 años en su ciudad natal, Budapest. Su obra, sobre todo su novela Sin destino (Acantilado), que tardó 13 años en escribir y publicó en 1975, ofrece tanto desde el punto de vista literario como testimonial una ventana única para observar el acontecimiento que define el siglo XX: el Holocausto. Kertész era un muchacho de 15 años cuando fue deportado en 1944 por la policía húngara al campo de exterminio alemán de Auschwitz, en Polonia. Cuando regresó a Hungría, no sólo halló el apartamento de sus padres ocupado por extraños, sino que se dio cuenta de que se encontraba totalmente solo, que toda su familia había sido engullida por la máquina de asesinar nazi.

domingo, 23 de diciembre de 2007

Imre Kertész / Es un deber vivir después de Auschwitz

Imre Kertész


Imre Kertész
BIOGRAFÍA

"Es un deber vivir después de Auschwitz"

Imre Kertész tenía hambre a las tres de la tarde del lunes en Berlín; llegó al hotel donde habíamos quedado, en el centro de la ciudad que simboliza para él tantas cosas, y se pidió en la barra un bocadillo de jamón de York que luego dejaría a la mitad. Tranquilo, pausado, el autor de Sin destino se dispuso a hablar del pasado como si fuera una herida, pero también como si fuera el sustento de una obra de arte.
Berlín, escribió una vez, "era la ciudad de Europa más expuesta al peligro", y era también la ciudad cuyo nombre evocaba ciertos azules de su infancia. Ese Berlín mítico fue luego, sobre todo, el lugar del que salía la rampa hacia los campos de concentración que rompieron su vida nada más empezar... Ahí vive, en medio de la memoria de su drama.

"Comunismo, nazismo; se ha desarrollado un patrón, está en las mentes, puede repetirse"

"La libertad de pensamiento de la que gozamos en Europa es el valor más importante"

"El arte tiene que descender al mal, tratar temas negativos, para sacar luz"

"Cuando los artistas hablan del amor y la felicidad, hablan de utopías"
Tenía dolor de espalda, estaba resfriado, pero se sentía feliz de hablar, y cuando empezó a hacerlo, aquel hombre humilde de ojos asombrados y cálidos alcanzó su verdadero poderío; dejó de ser el modesto viandante que en Berlín cruzaba la calle enfundado en un tupidísimo abrigo negro y se convirtió en Imre Kertész, el escritor húngaro que contó su experiencia en los campos de concentración y le puso un nudo en la garganta a los lectores de su límpida, terrible historia.
Su novela Sin destino, que como prácticamente toda su obra ha sido publicada en español por El Acantilado, es un clásico entre los testimonios de lo que sufrieron las víctimas de los campos, y se ha convertido en símbolo (ahora también en cine) de aquel horror, que él sufrió cuando era aún un adolescente tanto en Buchenwald como en Auschwitz; el resto de su obra, incluidas sus reflexiones y sus diarios, giran en torno a esa enloquecedora experiencia; convertida en literatura, su memoria le valió en 2002 el Premio Nobel.