Mostrando entradas con la etiqueta Louise Bourgeois. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Louise Bourgeois. Mostrar todas las entradas

jueves, 13 de julio de 2023

Los 10 mejores escultores del mundo

 


Escultura de Ron Mueck


Los 10 mejores escultores del mundo


SARA LEBLANC

La escultura es una de las bellas artes, en la cual, el artista o escultor puede exteriorizar sus emociones, conocimientos y conceptos a través de diversas técnicas.

El escultor puede modelar en barro, tallar en piedra, madera u otros materiales para crear volúmenes, los cuales serán exhibidos en un espacio; público o privado.

jueves, 18 de mayo de 2017

Louise Bourgeois / La niña que no entendía el mundo

Louise Bourgeois

EL CREADOR EN SU GUARIDA 
LOUISE BOURGEOIS
LA GRAN DAMA DE LA IMAGINACIÓN VISUAL

La niña que no entendía el mundo


Eduardo Lago
18 de mayo de 2008



Testigo y protagonista del devenir artístico del siglo XX, la incansable niña de 96 años Louise Bourgeois (París, 1911) recibe algunos domingos, en su casa de Nueva York, a un selecto grupo de seguidores. Éste es uno de esos domingos.

La casa, el jardín, las escaleras, todo tiene un aire de decrepitud. La artista se limita a clavar su mirada en quien le habla. Chelsea, Manhattan, Nueva York, domingo, unos minutos antes de las tres de la tarde. Un grupo de unas 12 personas aguarda en las escaleras de un viejo brownstone. Louise Bourgeois, una de las artistas esenciales del siglo XX, está a punto de dar comienzo a su célebre salón. A las tres en punto, una mujer que lleva el pelo cortado a lo garçon abre la puerta y pide a los invitados que la sigan hasta una sala en penumbra que da a un jardín. La artista, de 96 años de edad, aguarda sentada delante de una mesa. Su postura hierática hace pensar en sus esfinges talladas en mármol. Robert Storr, el prestigioso profesor de Yale, uno de los mejores conocedores de su obra, explica el ritual a seguir en el salón.
No es fácil resumir el universo de Louise Bourgeois. La ritualización de traumas infantiles, como el abandono por parte de su padre y la exploración de los abismos de la sexualidad, son sólo dos aspectos. Robert Mapplethorpe atrapó su enigmática personalidad en una foto en la que la artista, con el rostro acuchillado por las arrugas, sonríe mientras sostiene bajo el brazo una escultura que reproduce la forma de un falo de gran tamaño. Otras tallas igualmente impactantes son los híbridos de felino y mujer, dotadas de numerosos pechos, los miembros ortopédicos, las pesadillas arquitectónicas, las celdas donde los objetos cotidianos adquieren significados siniestros.
Pese a lo inquietante de estos símbolos, el mundo al que remiten no es necesariamente ominoso. Se trata más bien de señales que tratan de orientar a quienes se sienten perdidos en zonas de la experiencia para las que no hay un nombre definido. Uno de sus iconos más reconocibles son las arañas, que pueden alcanzar 10 metros de altura. El espacio que se abre entre sus patas gigantescas se configura como un entorno protector.


Las formas creadas por la imaginación visual de Louise Bourgeois se cuelan por entre las grietas de nuestra percepción, magnificando nuestras angustias más profundas. Sus escritos nos ayudan a acercarnos a los límites de su conciencia desgarrada. "En realidad", leemos en su diario, "nunca he dejado de ser una niña incapaz de entender el mundo, aunque jamás he encontrado a nadie lo suficientemente fuerte como para aceptarlo". Sólo que el mundo no se deja atrapar, no ofrece consuelo ni significado, y la única opción que le queda a la artista es disolver su biografía. "No tengo vida propia, mi autobiografía son mis obras".
Louise Joséphine Bourgeois nació en París el día de Navidad de 1911. Cuando tenía ocho años, sus padres adquirieron una propiedad a orillas del Biévre, río de aguas ricas en taninos, muy apreciadas para teñir telas para tapices. Los primeros en ver florecer su capacidad artística fueron maestros tapiceros. Ellos le encargaron sus primeros dibujos, cuando tenía apenas 12 años de edad. Se formó acudiendo a diversos estudios y academias de París. A los 28 años contrajo matrimonio con Robert Goldwater, conocido historiador del arte, y se trasladó a Nueva York con carácter permanente. Louise Bourgeois se sumergió de lleno en el mundo artístico de la ciudad.
Entre sus amigos figurarían nombres como Clement Greenberg, Leo Castelli, Peggy Guggenheim, Pierre Matisse, John Cage, Willem de Kooning, Franz Kline, Mark Rothko, Marcel Duchamp, Max Ernst, Giacometti, Yves Tanguy, Le Corbusier o Joan Miró, la historia viva del arte del siglo XX. Fue la primera mujer a la que el MoMA dedicó una retrospectiva.
Los invitados se van acomodando en sus lugares. Brigitte, la mujer que les abrió la puerta, les cuenta que la artista siente una gran simpatía por Barack Obama. En una mesa baja hay bombones y licores que nadie toca. Las paredes están llenas de recuerdos artísticos y testimonios fotográficos. La casa, el salón, el jardín, las escaleras, todo tiene un aire de decrepitud. Louise Bourgeois está sentada delante de una mesa. Lleva un gorro frigio, de color blanco, sayo gris, y un grueso arete de oro en la oreja izquierda. Se cubre el regazo con una manta roja. Su cuerpo es frágil y menudo. Su piel ha adquirido una transparencia que borra las arrugas. Más que una anciana parece una niña. Los ojos son dos ranuras finísimas, la boca parece un trazo de carbón.


Uno a uno, los asistentes se van acercando a la mesa desde la que la artista preside el salón para explicarle la razón por la que están allí. Alguien ha venido de París sólo para mostrarle unas fotos que ha sacado de la casa de campo donde la artista aprendió los rudimentos de su arte; una mujer le recita un poema porque hoy es el día de la madre; otra le muestra fotos de una carretera que pintó dejando que unos cubitos de pintura helada se fueran derritiendo al sol.
Joy, una chica muy joven, de rasgos orientales, le entrega un ramo de narcisos. Está tan emocionada que sólo es capaz de decir gracias. Louise Bourgeois se limita a clavar su mirada en quien le habla. Su cuerpo está allí, pero su alma sólo a medias. Tal vez le ocurra lo mismo que a su amigo Willem de Kooning. Cuando lo ponían delante del lienzo, su alzhéimer se aquietaba, y pintaba con una pureza desconocida porque lo hacía desde el otro lado de la vida. Alguien lee una fábula protagonizada por una mosca. Una profesora de literatura que se acaba de jubilar despliega unas láminas llenas de trazos abigarrados. Son obras literarias microscópicamente condensadas: El ser y la nada, de Sartre; el Infierno de Dante; una carta en un idioma inventado, cuya caligrafía remeda el alfabeto árabe. Intrigado, Robert Storr pide que le traigan una lupa. Es cierto, dice, tras examinar cuidadosamente una de las láminas, y le pasa la lente de aumento a la artista, que escruta el texto con la misma minuciosidad con que estudia los rostros de quienes han venido a verla. Anne, una mujer polaca que vive en Berlín y ha cogido un avión sólo para pasar unos minutos frente a ella, desnuda su alma como si no hubiera nadie más en la habitación.
Los ojos de Louise Bourgeois se abren levemente, como almendras cansadas. Nada existe cuando estás delante de ella. El universo se detiene para que la artista entienda qué haces tú allí. Nicole, una chica de Nueva Jersey, le regala una cebra diminuta, tallada en madera, que tiene una pierna humana. Louise Bourgeois sonríe, la única vez en toda la tarde, descubriendo unos dientes muy largos, y hace un comentario elogioso, pero enseguida vuelve a sellar su rostro. "Creo que esto es todo", dice Storr, pero la artista está mirando en mi dirección.
Le digo que he vivido durante 10 años en la misma calle que ella, que en mi novela hay una descripción imaginaria de su salón, en el que nunca había estado hasta hoy, que uno de los personajes es ella, sólo que con otro apellido. Quiere saber cuál. Lamarque, contesto. A las cuatro y veinte llega su hijo Jean Louis con su mujer. Es alto, y tiene el pelo muy largo, recogido en una coleta. Le trae un regalo por ser el Día de la Madre, dos paquetes de tapioca. Al igual que el resto de los objetos depositados en su mesa a lo largo de la tarde, caen en el vacío sin dejar huella, como los minutos de un reloj.
Nos indican que la artista está cansada y se quiere retirar. Durante años, la gente acudía a su salón para escucharla, pero su regalo de hoy ha sido el silencio. Seguramente, es el mejor recuerdo que nos podíamos llevar. Como ella misma escribió en su diario, "la tarea primordial de todo artista es alcanzar la perfección del silencio".
Eduardo Lago es escritor y dirige el Instituto Cervantes de Nueva York.
* Este artículo apareció en la edición impresa del domingo, 18 de mayo de 2008


lunes, 13 de abril de 2015

Mónica Alonso / Arte, feminismo y maternidad

CAPTURA VIDEO
Dibujo de Louise Bourgeois intervenido por Tracey Emin.

Mónica Alonso
Arte, feminismo y maternidad
Mónica Alonso, artista, Doctora en Bellas Artes

A veces las respuestas más sorprendentes vienen de la preguntas más inconvenientes. Soy artista, madre y persona curiosa. Procuro no quedarme con la primera impresión y si algo me sorprende intentar ir más allá.
Hace tiempo leí en los medios digitales una declaración de Marina Abramovic, a la que tampoco di mucha importancia y pasó por mi mente sin mayor poso. Pese a todo guardé la noticia como muchas otras esperando que quizás llegara su momento.

martes, 5 de noviembre de 2013

Berta Lucía Estrada / Louise Bourgeois

Janus Fleuri, 1968, bronce
Louise Bourgeois

LOUISE BOURGEOIS

Por Berta Lucía Estrada Estrada
“EL ARTE ES UNA GARANTÍA
DE SALUD MENTAL”
Fotografía de Annie Leibovitz
El 31 de mayo de 2010 murió en Nueva York una de las figuras más emblemáticas del arte contemporáneo, Louise Bourgeois; quien en diciembre próximo habría cumplido cien años. Recordé, entonces, que en 1978, hojeando el periódico, había leído por primera vez su nombre; estaba al pie de una foto que mostraba algo para lo que la sociedad no estaba aún preparada, y mucho menos yo, que venía de una provincia mojigata y conservadora. Se trataba de la exposición “A banquet fashion-A fashion show of body parts”.


Louise Bourgeois / La leyenda

Louise Bourgeois
Fotografía de Robert Mapplethorpe
Louise Bourgeois
LA ESCULTURA QUE YA ES LEYENDA
Por Mentxu de la Cuesta

La entrada de hoy va a ser breve y se va a concretar en un pequeño homenaje a una mujer artista. Ya que siempre he querido darles un lugar privilegiado en el Blog a las grandes olvidadas en la Historia del Arte, no podía dejar de nombrar aquí a una mujer que ha dejado su sello en el arte y que nos abandonaba hace unos días.





El 31 de mayo moría en la ciudad de Nueva York la escultora Louise Bourgeois.

En muchas ocasiones he traído hasta este Blog diferentes artistas cuya obra ha podido resultar controvertida y que ha despertado pasiones encendidas. Con Bourgeois sucedía algo de eso. A mi particularmente, su obra en metal es la que más me atrae, estéticamente hablando, sin embargo considero que es toda su producción la que merece un lugar en el Arte, más aún si entendemos que ese lugar le correspondía mucho antes de haberlo conseguido. La escultora Louise Bourgeois pago este retraso, primero por ser mujer y segundo por ser, hasta el fin de sus días, una rompedora en su vida y en su obra.

lunes, 4 de noviembre de 2013

Louise Bourgeois / Decir lo que no se puede decir

Louise Bourgeois
Foto de Michel Comte
Louise Bourgeois

Decir lo que no se puede decir
Por Sara Rivera

"El vértigo es algo diferente del miedo a la caída. El vértigo significa que la profundidad que se abre ante nosotros nos atrae, nos seduce, despierta en nosotros el deseo de caer, del cual nos defendemos espantados". Así definía el vértigo Milan Kundera, y así nos sentimos al enfrentarnos a una obra de Louise Bourgeois. Al contemplar alguna de sus Cells,el espacio construido por la artista y su iconografía producen una emoción siniestra, pero que no nos resulta ajena. No olvidemos que Bourgeois habla de sí misma, pero del mismo modo nos remite a nuestra identidad, que también está formada por recuerdos. La diferencia radica en el hecho de que ella revisita los suyos una y otra vez con el fin de dominar sus temores y encontrar su reafirmación. En cierto modo, Louise Bourgeois también siente vértigo.

"Mis obras son una reconstrucción del pasado. En ellas el pasado se ha vuelto tangible; pero al mismo tiempo están creadas con el fin de olvidar el pasado, para derrotarlo, para revivirlo en la memoria y posibilitar su olvido". Toda su producción gira en torno a las emociones provocadas por los recuerdos de su infancia, por ello se ubica en espacios domésticos llenos de objetos que son al mismo tiempo realidad y metáfora de aquello que no se puede decir.


Louise Bourgeois
Araña

miércoles, 30 de junio de 2010

Louise Bourgeois / El amor y la muerte


Louise Bourgeois
Fotografía de Robert Mapplethorpe

Louise Bourgeois
TRES CITAS
El amor y la muerte
Desde pequeña asocié el acto sexual con la muerte. Mis padres se juraban amor continuamente. Y eso a mí me resultaba muy extraño porque mi padre era una persona promiscua que le era infiel a mi madre cada vez que podía y mi madre lo sabía. Ése era un rasgo muy peculiar de mi padre, porque este hombre promiscuo que se acostaba con medio mundo tenía por ideal la historia de Píramo y Tisbe. Pensaba que si él moría su esposa ya no querría vivir, aunque no estoy muy segura de que eso funcionara en el sentido inverso. A mi madre no le gustaban mucho esas tonterías pero mi padre decía cosas como: "¡Te quiero tanto que si te murieras yo también me moriría!" El día anterior tenía marcas de lápiz de labios en la cara. Mi padre siempre tenía la cara manchada de lápiz de labios. Las declaraciones de amor siempre tenían que ver con la muerte. Mis padres concebían el amor como algo diferente del sexo.

Louise Bourgeois
Fotografía de Robert Mapplethorpe
Los artistas
Hay muchísimos artistas, pero la mayoría son muy poco interesantes, porque la expresión personal no puede ser un fin en sí mismo o, mejor dicho, la expresión personal puede ser un fin en sí mismo pero no es interesante. Millones de personas toman el desayuno por la mañana, pero es muy difícil lograr que el desayuno sea interesante, desde un punto de vista objetivo. Trabajo muy duro y sin embargo nunca -¡nunca!- consigo que la gente entienda lo que quiero decir. Quiero que entiendan que la tenacidad es una virtud y un fin en sí mismo. Más aún, deberían entender que quiero equiparar el sexo al asesinato, el sexo a la muerte. Pero nunca entenderán el problema de esta ecuación. Debería ser menos dura conmigo misma. No debería seguir persiguiendo el misterio, pero el misterio está siempre ahí y sigo aspirando a resolverlo.

Louise Bourgeois
Fotografía de Annie Leibovitz
El matrimonio y los hijos
El matrimonio funcionó. Correcto. Pero Robert no quería tener hijos. Solía decir: "Ya me tienes a mí". Se molestó bastante con la idea. Pero después, cuando llegaron los niños, fui yo la que perdí el interés y él se hizo cargo del cuidado de los niños. Era un padre muy afectuoso. Los hombres son extraños. Se supone que era yo la que sería más dulce con los niños pero no fue así, él era más dulce con ellos que yo. En realidad no hace falta tener hijos. Dios sabe que el mundo no necesita más niños.

Fuente: adn cultura
De una entrevista de Donald Kuspit, con traducción de Graciela Speranza.