
Colombia vota entre el miedo y la rabia
El ultraderechista Abelardo de la Espriella llega como favorito a unas elecciones presidenciales en las que pesa especialmente el voto anti
Los colombianos van a las urnas este domingo con dos emociones recorriéndoles el cuerpo: el miedo y la rabia. La carrera entre dos candidatos antagónicos ha dividido y polarizado al país y, más allá de las propuestas, los dos bandos se temen o se odian entre sí.
De la Espriella es el último exponente del fenómeno de la ultraderecha latinoamericana que, inspirado por Donald Trump, ha puesto presidentes en El Salvador, Argentina, Chile o Ecuador. Un candidato que se presenta como un outsidery que promete romper con la política tradicional y acabar con los problemas de violencia del país con puño de hierro y en tiempo récord. Enfrente está Iván Cepeda, filósofo, senador, un hombre de tono pausado y camisas sin cuello que encarna la continuidad del proyecto de Gustavo Petro, el primer presidente de izquierdas de la historia moderna de Colombia.
Ese terreno abonado para el insulto es el que han recorrido dos candidatos que no han compartido un solo debate. Que no se han dado la mano en campaña. El ultra ha mantenido un discurso beligerante que convierte al adversario en criminal: “narcoterrorista” y “bandido”, le espeta a Cepeda. “Drogadicto y miserable”, al presidente. El senador, mucho más pausado, solo ha subido el tono en la recta final: “Banal”, “peligroso”, “sin escrúpulos”, dijo de su contrincante.

Se temen o se desprecian, y transmiten ese temor y ese desprecio a sus electores. El historiador Daniel Gutiérrez describe esta batalla electoral como una nueva versión de una vieja pulsión sectaria: la misma que llevó a Colombia a las guerras civiles del siglo XIX, a la Violencia de mediados del XX, a las masacres paramilitares y a las tomas guerrilleras. No porque el país vaya necesariamente a caer en una guerra civil, sino porque la campaña ha dejado una ruptura interna que puede ser difícil de superar más adelante.
De la Espriella llega con ventaja a esta jornada electoral. El promedio de las encuestas le da un 80% de posibilidades de salir victorioso, pero él evita el triunfalismo. Es una batalla voto a voto, en un país con 17 millones de electores abstencionistas o que viven en zonas remotas y no pudieron ir a votar en la primera vuelta. El Tigre, como se hace llamar el candidato de la derecha, dio la sorpresa la primera vuelta del pasado 31 de mayo. Fue el candidato más votado con el 43,7% y más de 10,3 millones de votos, casi tres puntos por encima de los 9,7 de apoyos por Cepeda, quien hasta esa misma semana era el gran favorito.
El candidato de izquierda, con la maquinaria del Gobierno a su favor, se confió y creyó incluso que ganaría en primera vuelta. El batacazo dejó en shock a su equipo, que llegó a reconocer que los resultados les habían pillado con “los calzones abajo”. No tenían plan b. Cundió el miedo a la derrota.
Cepeda tuvo que reinventarse en las últimas tres semanas. El candidato sobrio y aburrido de la primera vuelta se lanzó a las redes, se rodeó de jóvenes y buscó la cercanía que le faltaba para competir con la campaña astuta, digital, pirotécnica y millonaria de De La Espriella. Su equipo le ha visto despegar, aunque quizá tarde.
En cualquier caso, la campaña sigue enquistada en el miedo, en movilizar el voto anti —anti-Petro de un lado, antifascista del otro, antisistema en los dos. Los de Cepeda advierten que De la Espriella no respetará los derechos humanos, ni las minorías, ni a las mujeres y que sus recortes caerán sobre los más pobres. Los de El Tigre pintan a Cepeda —defensor de la negociación con grupos armados— como un guerrillero y, sobre todo, como el relevo de Petro, un monstruo de siete cabezas para la derecha colombiana.

“Aunque suene fuerte, es real”, advierte Luis Duque, estratega de campaña de Paloma Valencia, la candidata del expresidente Álvaro Uribe que se quedó fuera de la contienda. “Abelardo, si es presidente, es gracias a la rabia contra Petro”. Juan Mesa, asesor político y secretario general de la Presidencia con Juan Manuel Santos, coincide: “Lo que más incide en esta votación se llama Gustavo Petro y su Gobierno”. La mitad del país, asegura, vota contra el actual presidente. “Durante meses, ese voto se dividió entre Paloma Valencia y Abelardo, pero él fue ganando terreno con algo que ella no tenía: un estilo de outsiderque conectó con un electorado popular que no se sentía representado ni por la izquierda ni por la derecha de siempre. Cuando quedó claro que era él quien podía ganarle a Cepeda, el voto útil hizo el resto.
Durante sus cuatro años en el poder, Petro también ha alimentado ese miedo y esa rabia. Elegido tras fuertes convulsiones sociales y con la histórica reivindicación de que un exguerrillero de izquierda llegara a la Casa de Nariño, ha dedicado buena parte de su esfuerzo a galvanizar a sus bases señalando a la oposición. Ha dividido al país entre quienes defienden “la política de la vida”, como él, y quienes representan “la política de la muerte”. Ha llamado “nazis” o “fascistas” a sus opositores. “Golpistas”, a los jueces o magistrados que fallan en su contra. “Ladrón”, a un líder gremial que rebatió una de sus reformas.
Colombia representa hoy algo parecido a lo que describió el sociólogo Manuel Castells, quien asegura que el miedo y la rabia son las emociones que más mueven el comportamiento político. Cuando aparecen, dice, “el otro deja de existir en sí y se convierte en una amenaza de la que hay que protegerse y, si es posible, destruir para estar a salvo”.
Duque coincide en que apelar al miedo y la rabia está en “el manual de estrategia de campaña para dummies”. “Los votantes de Cepeda sienten dos cosas”, explica Duque. “La rabia de los que nunca han tenido nada y el miedo a que De la Espriella vuelva a los 7.837 casos de falsos positivos [asesinatos de civiles por militares, que hicieron pasar por guerrilleros], o volverse un Trump porque va a reprender a todo el mundo”.

El propio De la Espriella es un candidato que despertó temor entre sus adversarios. Valencia evitó atacarle hasta el último minuto y empezó a hacerlo cuando ya era demasiado tarde, y la campaña de Cepeda se ha mostrado temerosa de los misiles que podría lanzarle el rival. De la Espriella no solo cuenta con un ejército en redes, sino que también tiene el favor de la revista Semana, uno de los medios más leídos del país. “La clave de Abelardo es que no tiene nada que perder y, si le atacas, se puede volver un kamikaze”, explica un estratega. “Un gato patas arriba que acababa con quien se le ponga enfrente”.
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