Foto de portada de Eduardo Penagos.
La llamada de… Kike Ferrari
Álvaro Colomer sigue empeñado en desvelar el mito fundacional oculto en la biografía de todos los escritores, es decir, indagar en los orígenes de su vocación, en el germen de su despertar al mundo de las letras, en el momento exacto en que sintieron la llamada no precisamente de Dios, sino de algo acaso más misterioso: la literatura.
*****
La pasión lectora de Kike Ferrari, y en verdad su vocación literaria, despertó el día en que su padre, panadero de profesión, le pidió que se sentara a su lado y prestara mucha atención. El niño de siete años que algún día habría de convertirse en escritor obedeció de inmediato y, aun así, su progenitor le puso las manos sobre los hombros y le insistió en la necesidad de que se concentrara al máximo, ya que se disponía a hacerle entrega del único objeto que diferenciaba a los seres humanos de los monos. El padre abrió entonces la bolsa y, en vez de una pelota de fútbol o de unos autos de plástico, sacó un libro. Impresionado por el hecho de tener entre las manos un artefacto de tamaña importancia, Kike Ferrari decidió en aquel momento dedicar su vida al noble arte de las letras o, lo que es lo mismo, a la no menos noble labor de diferenciarse de nuestros antepasados primates.
