viernes, 29 de enero de 2010

Salinger / La intimidad como arte

Salinger

ADIÓS AL GRAN ENIGMA DE LAS LETRAS ESTADOUNIDENSES

La intimidad como arte


Justo Navarro
29 de enero de 2010

Decía la novelista criminal P. D. James que la muerte abre los cajones secretos del difunto, y supongo que ya están registrando la mesa de J. D. Salinger, ese monstruo o escritor-espectáculo por haberse negado a ser un fenómeno de masas desde el éxito de El guardián entre el centeno (1951), su única novela, la novela de los años cincuenta, y desde entonces influencia fundamental sobre el lenguaje, los gestos, la mentalidad y el carácter de sucesivas generaciones de jóvenes. Cuando Salinger sintió el espanto de la popularidad, a la tercera edición de El guardián..., mandó eliminar su foto de la cubierta. Se convirtió en escritor clandestino. Públicas sólo debían ser sus obras.
El ansia combativa de desaparecer aumentó con los años. No bastaba con retirarse en 1952 a Cornish, en New Hampshire, donde, buen vecino, se sentía protegido por sus conciudadanos, acérrimos partidarios del respeto a la vida privada, como él. Pero, amigo de los estudiantes, pronto se sintió traicionado. Lo que parecía ser una conversación destinada a las páginas escolares del periódico local, apareció escandalosamente en primera página. En los años setenta descubrió una edición pirata de sus cuentos, en San Francisco, y sorprendentemente pidió una entrevista telefónica al The New York Times para quejarse de lo que juzgaba una intolerable invasión de su intimidad. "Me gusta escribir, pero sólo escribo para mí, por placer", dijo entonces. Lacey Fosburg tituló la entrevista: "J. D. Salinger habla de su silencio".
Era un señor que no quería que lo molestaran. Se parecía a los jóvenes taciturnos, airados, callados, de los años cincuenta, en unos Estados Unidos chillones, radiotelevisivos, donde se cazaba escandalosamente a los disconformes y en las escuelas se adiestraba a los niños para que denunciaran a sus vecinos antiamericanos o sospechosos de serlo. Seguro que había leído Salinger en la revista Harper's Magazine (julio de 1955) un irritado panfleto de William Faulkner, Privacy. ¿Qué ha sido del sueño americano? La igualdad en la libertad había sido sustituida, decía Faulkner, por "palabras vanas y altisonantes, vacías de todo significado, libertad, democracia, patriotismo". "Mi convicción es que sólo las obras de un escritor están a disposición del público y abiertas a la discusión y el estudio, desde el momento en que ha propuesto la publicación y ha aceptado dinero a cambio". Y Faulkner sentenciaba: "Su vida privada es únicamente suya". Defendía la intimidad. Hoy defenderíamos el derecho a venderla.
Abrirán los cajones del muerto, como decía P. D. James, y no encontrarán nada. Salinger practicaba el arte de la intimidad. Su silencio de estos años me recuerda a esa pieza pianística de John Cage, 4'33 (1952), en tres partes que se indican cerrando y abriendo la tapa del piano al final de cada parte. Ha empezado la época de la obra póstuma de J. D. Salinger.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 29 de enero de 2010


DE OTROS MUNDOS
La venganza de Peggy Salinger
El guardián entre el centeno sigue cautivando después de cincuenta años
La biografía de Salinger escrita por su hija retrata a un iluminado entregado a sí mismo
Rodrigo Fresán / Para Jerome, con amor y sordidez
Benjamín Prado / Adoptados
La revista malagueña Zut publica dos relatos inéditos de Salinger
Salinger / Thomas Pynchon / Cormac McCarthy / El talento de la evasión
El atronador silencio de Salinger
Salinger demanda al continuador de su novela
El juez da la razón a Salinger en su denuncia por plagio
Salinger / La intimidad como arte
Salinger / El aire del New Yorker
Salinger / El miedo a hacerse adulto
Salinger / Adiós al gran enigma de las letras estadounidenses
Charlie Chaplin le quitó la chica a Salinger
El cine cuenta la vida de Salinger
David Trueba / Sin salinger
Salinger / La ternura entre el centeno
Dulce y desconocido señor Salinger
El paulatino viraje al negro de Salinger
Enrique Vila-Matas / Salinger y los nuevos tiempos
Así comienza / El guardián entre el centeno
Kenneth Slawenski / Salinger podía ser intratable
Salinger / Nueve cartas
Salinger / Las zonas oscuras
Salinger / Escribir para sí mismo
Cinco volúmenes inéditos de Salinger verán la luz a partir de 2015
Elsa Fernández-Santos / Lo nunca visto en Salinger
Eduardo Lago / Asedio a la fortaleza de Salinger
Salinger / Bioficción
Tres cuentos inéditos de Salinger, filtrados en internet
A los cuatro años de la muerte de Salinger / Este muerto está muy harto
Salinger / Todos los agujeros negros
Salinger / Si quieres que te busquen, escóndete
Ni Guerra y paz ni Cincuenta sobras de Gray / Los libros más influyentes según Facebook
One-hit wonder / Embrión de un catálogo de casos literarios
Secretos de los libros únicos de un autor / Treinta eclipses memorables
Salinger / ¿Cuándo demonios vas a crecer de una vez?
Autor de culto / Un secreto de dioses
Salinger / Cómo se engendra un monstruo
Salinger por Salinger
Salinger y otros nueve desconocidos
Oona y Salinger / Dos atractivos personajes
Frédérick Beigdeber / El escritor que odia a los viejos
Salinger / Un joven enamorado





martes, 26 de enero de 2010

Primo Levi / "Quedamos nosotros seis"




KATOWICE, 6 JUNIO DE 1945

Primo Levi

"Quedamos nosotros seis"


"Bianca queridísima, por fin se me presenta una ocasión de comunicarme con Italia con alguna garantía de que llegue a su destino. [...] Como los pocos compañeros italianos supervivientes, estoy vivo de milagro. En el momento en que los alemanes dejaron la Alta Silesia, estaba convaleciente en el hospital de Monowitz con otros 800 enfermos; parece que los alemanes habían dado orden de matarnos [...], y quizá no tuvieron tiempo.
Conseguí quitarme el hambre de la mejor manera durante diez días, librándome de un tremendo bombardeo, y luego el 27 de enero llegaron los rusos. Después de bastantes peregrinajes, he acabado aquí, en un campo que llaman 'de espera'. Efectivamente, todos los extranjeros que han estado aquí han sido repartidos a sus respectivas patrias, solo los italianos esperan todavía. De los que vinieron conmigo de Fossoli quedamos ahora aquí seis.
De los inútiles para el trabajo (mujeres, viejos, niños) no tenemos más que escasísimas noticias, resulta por desgracia cierto que Vanda Maestro está muerta. Luciana Nissim salió en septiembre hacia Breslavia: quizá se ha salvado. De los 95 que estábamos en el campo de Monowitz, 75 murieron allí de hambre o de enfermedad; 14 fueron deportados por alemanes en fuga (entre ellos Alberto della Volta de Brescia, Franco Sacerdoti de Turín, el ing. Aldo Levi de Milán, Eugenio Gluecksmann de Milán). De ellos no hay noticias ciertas, pero corren voces muy preocupantes sobre su suerte. Quedamos nosotros seis".
Carta inédita de Primo Levi a Bianca Giudetti Serra.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 26 de enero de 2010

Primo Levi / "Bianca, estoy vivo de milagro"


PRIMO LEVI

"Bianca, estoy vivo de milagro"

Textos inéditos y una exposición recuerdan a Primo Levi en vísperas del Día de la Memoria - Turín reconstruye los años de juventud como partisano del autor de 'Si esto es un hombre'


MIGUEL MORA
Roma 26 ENE 2010
Hoy, víspera del Día de la Memoria, recobra con fuerza la de Primo Levi, escritor italiano, superviviente de Auschwitz (campo de concentración y símbolo de la barbarie liberado hace exactamente 65 años) y autor de Si esto es un hombre,recuento de sus vivencias como preso y uno de los más sobrecogedores retratos del horror del Holocausto. Su recuerdo resuena en Vivir para contar (Alpha Decay), que recobra para las librerías españolas textos inéditos en español y construidos al poco de que Levi volviese a la vida aquel día de su liberación del campo de exterminio. El lanzamiento se une a la reciente edición de sus Cuentos completos (El Aleph).
Italia también se suma al recuerdo de un hombre y un escritor valiente con una exposición diferente, que se celebra en el Archivo Estatal de Turín. A noi fu dato questo tempo in sorte (A nosotros nos tocó este tiempo en suerte) reconstruye un proyecto colectivo, la historia de una amistad: cuenta la vida de Primo Levi y de sus jóvenes compañeros, casi todos judíos y turineses como él, desde la promulgación de las leyes raciales, en 1938, hasta la publicación de Si esto es un hombre, en 1947.







'Vivir para contar' reúne escritos posteriores a la liberación de Levi
La muestra recorre también la vida de los compañeros judíos del literato





MÁS INFORMACIÓN



Las fotos y la memoria de los 13 protagonistas son las de una vida de provincias, sana y alegre, dedicada al estudio, la montaña, la amistad, el amor y... acaba arrollada por el tren de la Historia. "Casi todos, de una forma u otra, participaron en la resistencia contra el fascismo", recuerda la comisaria, Alessandra Chiappano.
"Eran chicos normales, judíos y estudiantes al 90%. A partir de 1943, cuando empezaron las redadas, comenzaron a temer por su vida y eligieron la resistencia de un modo instintivo". Se llamaban Alberto Salmoni, Bianca Guidetti Serra, Silvio Ortona (autor de la frase que da título a la exposición), Emanuele Artom, Luciana Nissim, Vanda Maestro, Eugenio Gentili Tedeschi, Giorgio Segre, Franco Momigliano, Giorgio Diena, Ada della Torre, Franco Sacerdoti y Primo Levi.
El escritor italiano formó con dos de ellos una pequeña banda partisana. Fueron arrestados en diciembre de 1943. Pasaron un mes en la cárcel de Aosta, donde se declararon judíos, y el 22 de febrero de 1944 fueron deportados, primero a Fossoli y luego a Auschwitz. Con ellos viajó también Franco Sacerdoti, que murió en enero de 1945. Maestro había caído en 1944. Luciana Nissim se salvó. Fue médico en Birkenau y Buchenwald. Liberada en abril de 1945, al volver a casa escribió su testimonio: Los recuerdos de la casa de los muertos se publicó en 1946 y fue uno de los primeros textos sobre el exterminio.
Primo Levi trabajó en el laboratorio de la fábrica de Monowitz hasta enero de 1945, cuando el campo fue liberado por los soviéticos. Tras una larga odisea, llegó a Turín. Dos años después publicaría Si esto es un hombre.
El 6 de junio de 1945 escribió desde Katowice una carta a Bianca Guidetti Serra, cercana al Partido Comunista y fundadora en Turín de los "Grupos de defensa de la mujer y para la asistencia a los combatientes de la libertad". La carta, guardada en el Archivo Terracini de Turín, ha sido rescatada por Chiappano porque explica la profundidad de aquella amistad. Se publica ahora completa por primera vez.Levi cuenta su historia ("Como los pocos compañeros italianos supervivientes, estoy vivo de milagro") y sobre todo da y pide noticias sobre la suerte de sus compañeros. También tiene tiempo para hablar del futuro y de las reparaciones debidas: "Llevaré (espero) a Italia el número de matrícula tatuado en el brazo izquierdo, certificado de infamia no para nosotros, sino para aquellos que ahora comienzan a expiar".

domingo, 24 de enero de 2010

Monika Zgustova / Un mundo de mujeres



Monika Zgustova
Un mundo de mujeres

El País

24 de enero de 2010


Mi editora alemana tiene en su equipo sólo a mujeres, como pude constatar durante mi última visita a la editorial con sede en Viena. Sólo hay un hombre: el señor de los recados, que también hace de manitas. Martina, la directora de esa prestigiosa editorial que nada tiene que ver con publicaciones feministas, me contó que, puesto que en el mundo editorial las mujeres son una aplastante mayoría, ella trabaja sólo con ellas. Entre mujeres solas, dice, reina un ambiente amistoso y relajado, sin rivalidades ni luchas de poder.
"En vez de implantar un horario fijo, el equipo editorial trabaja en horarios flexibles y se centra en cumplir los objetivos establecidos. Las prisas y los nervios son relativos", me contó, y personalmente sólo encontré concentración, calma y armonía. Aquel día, Martina sacó de la nevera una botella de Veuve Cliquot que compartió con varias redactoras de la casa, además de su autora.



La mujer ya no necesita muletas. El paternalismo de las cuotas le hace más daño que bien

No sé si Martina ha leído a Judy Rosener u otras feministas de la última generación, que afirman que la mujer no puede desplegar todo su potencial si actúa según las reglas masculinas. Según sus teorías, es preferible que la mujer se rodee de otras mujeres y trabaje según sus propias pautas, porque la mujer es, según ellas, "más interactiva, intuitiva y flexible", además de "poseer más inteligencia emocional, ser menos agresiva y menos obsesionada con el poder individual y más orientada hacia el trabajo colectivo".
Aunque esas teorías tengan razón, vete a saber si esos atributos son los esenciales en el mundo laboral. El tiempo lo dirá. Lo cierto es que en el mundo occidental no sólo cada vez hay más mujeres que trabajan, sino que, según las estadísticas más recientes, en algunos países empieza a haber tantas o más mujeres que hombres en el mercado laboral. (Por cierto, habría que empezar a pensar en otra expresión: mercado laboral suena a ganado expuesto al mejor postor).
En Estados Unidos las mujeres, en estos momentos, representan la mitad de los trabajadores (un 51%), y dirigen algunas de las mayores empresas mundiales, como PepsiCo. En Occidente, gran parte del crecimiento económico de las últimas tres décadas se debe a la incorporación de la mujer al mercado laboral.
Según la tendencia actual, en el futuro trabajará cada vez un mayor número de mujeres. En el mundo occidental, las mujeres obtienen un 60% de los títulos universitarios. En la Unión Europea, en los últimos diez años la mujer ocupó tres cuartas partes de los nuevos empleos. En Estados Unidos, tres de cada cuatro personas que han quedado en el paro desde el inicio de la crisis, son hombres, y el desempleo de las mujeres es del 8,6% contra el 11,2% de los hombres. Y se calcula que la creciente participación de la mujer en el mercado laboral hará que el PIB aumente un 19% en España y un 9% en Estados Unidos, Francia y Alemania (países donde la mujer se incorporó antes al mercado de trabajo).
¿Qué ha causado esa revolución pacífica de la mujer en esas últimas décadas? Las mujeres con carreras universitarias han querido poner sus conocimientos en práctica y se han convertido en profesionales con talento. Además, varias mujeres han accedido a puestos visibles e importantes, y han enseñado el camino a las demás: Madeleine Albright, Margaret Thatcher, Hillary Clinton o Angela Merkel, y en España, Carmen Alborch o Teresa Fernández de la Vega.
También fue muy importante la introducción de los electrodomésticos, y no olvidemos la píldora. Si hace medio siglo las mujeres estudiaban básicamente para llegar a ser enfermeras o maestras, hoy en Estados Unidos un 50% de las estudiantes saca el título en empresariales.
¿Y cómo reaccionan los hombres ante tanto cambio? Ellos han recibido esa revolución de las mujeres de modo sorprendentemente amistoso. Y no sólo eso: según ha demostrado una reciente encuesta en Estados Unidos, tres cuartas partes de los hombres consideran el cambio como positivo, y nueve de cada diez hombres americanos contestaron que no les causaba ningún problema que la mujer cobre un sueldo más elevado que ellos. Ahora urge que la mujer que es también madre gane el mismo sueldo que el hombre y que se le facilite la compaginación de la profesión y la maternidad.
Tras todo lo dicho queda claro que la mujer ya no necesita muletas. El paternalismo masculino, que se oculta detrás de programas progresistas orientados de cara al escaparate, como "el cupo" de Rodríguez Zapatero, es contraproducente porque provoca resentimiento en la sociedad, y a la imagen de la mujer profesional le hace más daño que bien. La mujer camina sola, llega lejos y sabe sacar adelante grandes negocios, además de disfrutarlos, como Martina y su equipo editorial vienés.
Monika Zgustova es escritora, su última novela es Jardín de invierno.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 24 de enero de 2010


sábado, 23 de enero de 2010

Stieg Larsson / Los libros más vendidos de 2009



Stieg Larson, 

auténtico fenómeno editorial 

de 2009


Falcones y Cercas, únicos españoles entre los autores más vendidos 

ANTONIO FRAGUAS Madrid 23 ENE 2010


La trilogía Millenium (Destino), de Stieg Larsson, ha sido el "auténtico fenómeno editorial de 2009", con unas ventas totales que superan los 2,7 millones de ejemplares, según el informe Bookscan que elabora la consultora Nielsen con datos de librerías. El primer título de la trilogía de Larsson, Los hombres que no amaban a las mujeres, supera el millón de ejemplares.
El símbolo perdido (Planeta), de Dan Brown, autor del célebre El Código Da Vinci, ocupa el cuarto puesto. En el quinto llega el único gran éxito de un autor español, La mano de Fátima (Grijalbo), de Ildefonso Falcones. La sexta, séptima, octava y décima plazas son para los cuatro títulos de la saga Crepúsculo (Alfaguara), de Stephenie Meyer. En el puesto número ocho se cuela el libro de no ficción más vendido, El Secreto (Urano), de Rhonda Byme.
"El éxito de ventas de Millenium en 2009 es aún más significativo si se tiene en cuenta que los dos primeros libros de la trilogía se publicaron en 2008, por lo que sus ventas totales en España superan ampliamente las realizadas el pasado año, cuando se editó el tercer volumen", señala el informe.
Se da el caso de que tanto Millenium como Crepúsculo cuentan con versiones cinematográficas lo que, según Nielsen, puede explicar su éxito editorial continuado.
Entre las obras de no ficción, además de la ya citada El Secreto, que ocupa el primer puesto de esta categoría, destacan La crisis ninja y otros misterios (Espasa), de Leopoldo Badía, Gomorra (Debolsillo), de Roberto Saviano, y Anatomía de un instante (Mondadori), de Javier Cercas.
Los 10 primeros puestos de literatura infantil y juvenil se los reparten la saga de Crepúsculo y los libros de Gerónimo Stilton (Planeta), el ratón periodista que, supuestamente, firma sus propias obras...


viernes, 22 de enero de 2010

La furia y la ironía de Lehane


Dennis Lehane


La furia y la ironía de Lehane

El autor de Mystic River es ya un clásico de la literatura negra estadounidense. En su último libro, Cualquier otro día, viaja al año 1919 en busca de la gran novela americana


22 de enero de 2010


Si hubiese que definir con dos palabras lo que escribe Dennis Lehane, uno elegiría "furia" e "ironía". No necesariamente en este orden. La ironía furiosa, o la furia irónica, le ha servido para convertirse en uno de los maestros del nuevo género negro estadounidense: Mystic River, Shutter Island y las cinco novelas protagonizadas por los detectives Kenzie y Gennaro son ya obras clásicas. Tal vez su última novela, Cualquier otro día, un relato histórico sobre el Boston de los años posteriores a la Primera Guerra Mundial que acaba de editar RBA, no se ajuste a los patrones convencionales del género, pero la turbulencia con que arrastra al lector a lo largo de 728 páginas es propia de los textos más negros y afilados.

 Dennis Lehane nació en Dorchester, un barrio obrero de Boston, en 1965. Dorchester es el escenario de la serie Kenzie-Gennaro y su mezcla de irlandeses, negros, alcohol y música ha embriagado a millones de lectores. Este corresponsal visitó Dorchester antes de acudir a su cita con Lehane y descubrió un barrio destartalado y afanoso, esencialmente vietnamita. "Lo siento, mi Dorchester es el de mi infancia, algo que ya no existe", explica Lehane, recién sentado a la mesa. Mira a su alrededor, la cafetería de una librería céntrica a las once de la mañana, y hace una pregunta al periodista: "¿Le importaría que fuéramos a un bar de verdad?". Ya en un bar de verdad, el escritor se alegra de que la conversación no haya comenzado con la cuestión que más le plantean estos días: ¿cómo es trabajar con Clint Eastwood y Martin Scorsese? En realidad, no ha trabajado con ninguno de los dos. Eastwood adaptó al cine Mystic River y Scorsese ha hecho lo mismo con Shutter Island, cuyo estreno está previsto para las próximas semanas. La película quedó lista en verano de 2009, pero ha pasado una temporada en el congelador. "Los productores se asustaron por los malos resultados de obras como Enemigo público o La sombra del poder, que tenían presupuestos similares a Shutter Island, en torno a los cien millones de dólares, y eran realmente buenas. "Ya ve", suspira, "hay dudas incluso con una película de Scorsese. Parece que ahora Hollywood sólo sirve para filmar historias de androides mutantes en el ciberespacio y cosas así, dirigidas a un público, digamos, intelectualmente elemental".

Las tramas argumentales de Lehane suelen funcionar como un reloj. Él admite, sin embargo, que son su punto flaco. "Cuando empiezo a escribir no tengo ni idea de lo que va a suceder, se perfila sobre la marcha; el desenlace de Mystic River, por ejemplo, se me ocurrió con el texto ya muy avanzado. Sólo tenía clara la historia desde el principio en Shutter Island, y fue horroroso: tardé sólo tres meses en terminarla, encerrado como un cavernícola, porque sabía de antemano todo lo que le iba a pasar al protagonista, y eso me hacía sufrir".

Shutter Island es realmente angustiosa, una combinación oscurísima de intriga policial, ambiente gótico y terrores nocturnos. Como es habitual en las novelas de Lehane, el arranque resulta plácido, casi benévolo. "Eso me lo han dicho otras veces. Vale, dos tipos que van en una lancha no proporcionan una primera página de vértigo. Pero cuidado, sabemos que esos dos tipos son policías, y sabemos que acuden a una isla de cuyo hospital psiquiátrico se ha escapado una asesina. ¿Le parece un principio poco interesante? No me gustan los artificios literarios ni las historias que arrancan a gran velocidad, creo que el arte de narrar es otra cosa".

El arte de narrar es una de las cualidades que se atribuyen a los irlandeses. Lehane lo es. No desciende de inmigrantes irlandeses del siglo XIX, sino de inmigrantes de este siglo. Su padre y su madre nacieron en Irlanda y viajaron a Boston en busca de trabajo. Él, como conserje en unos grandes almacenes; ella, como camarera en una cafetería. "Los irlandeses son una gente muy celosa de su intimidad y, a la vez, volcada en la comunicación interpersonal. ¿Cómo se las arreglan? Contando historias. Hablan de sí mismos indirectamente, a través de historias". El pequeño Dennis, el menor de cinco hermanos, aprendió a narrar en casa y en el barrio, escuchando frases, cadencias, la música del lenguaje. "Siempre supe que quería ser escritor", dice, "y desde el principio fui bueno con los diálogos: me bastaba con recordar los diálogos secos, mordaces, expresivos, que escuchaba a los irlandeses y a los negros en Dorchester".

Dennis Lehane había obtenido un gran éxito como autor de novelas policiacas y guionista ocasional de The Wire, la excepcional serie televisiva creada por David Simon y producida por HBO. Ningún escritor estadounidense, sin embargo, se libra de la tentación de Moby Dick, la tentación de acometer una obra magna, apoteósica. Eso es Cualquier otro día. Cinco años de trabajo rematados como suelen rematarse estas cosas. "Yo seguía escribiendo", explica, "y no veía aún el final del libro, y un día, para quitármela de encima, le dije a mi editora que la cosa estaría terminada para fin de año. Hablamos del verano de 2008. El problema es que me creyó, fue a la Feria de Francfort y vendió los derechos a varias editoriales europeas. ¿Qué podía hacer yo? ¿Defraudar a toda esa gente? Tuve que encerrarme y acabar a toda prisa".

En Cualquier otro día no se perciben las prisas, sino los cinco años y un talento narrativo cercano a la monstruosidad. Dos historias, la de un joven policía blanco y la de un joven buscavidas negro, se entrelazan en Boston con el terrorismo anarquista, con el incipiente movimiento por la igualdad racial, con el fenómeno del béisbol, con la corrupción política y con la gran huelga policial del 9 de septiembre de 1919, que desató el caos en la ciudad y cambió la historia de las relaciones laborales en el país. "Luther, el protagonista negro, fue quien comenzó: parecía hablarme personalmente, me resultaba muy fácil contar sus cosas; luego fue apareciendo todo lo demás".

Cualquier otro día rebosa también furia e ironía, esos elementos que señalábamos al principio. Deben ser consustanciales a Lehane, aunque, sentado en el bar con el periodista, sólo se perciba la ironía. Hasta que se aborda el tema de la infancia. Los niños maltratados son una constante en las obras de Lehane, y son fundamentales en el argumento de Mystic River y Desapareció una noche (Gone, baby, gone), una novela de la serie Kenzie-Gennaro adaptada al cine por Ben Affleck.

Mientras estudiaba, Dennis Lehane trabajó varios años como monitor en un centro de acogida para niños que habían sido víctimas de abusos sexuales. "He visto destrucción a gran escala", afirma, "vidas que son irrecuperables sin haber llegado a la adolescencia, y en este asunto de los niños maltratados acabo sintonizando con la derecha más extrema. Entiéndame, no pido la muerte para quienes violan a niños, pero sí la prisión para siempre. Que no les hagan daño, que tengan una vida cómoda, pero que no salgan nunca más a la calle. ¿Sabe lo que ocurre? Que el niño maltratado se convierte en un adulto maltratador y reproduce un círculo vicioso. Creo que si apartáramos de la sociedad a los maltratadores, en un par de generaciones se habría roto el círculo y el problema dejaría de ser tan espantoso como ahora. Hay mucho más de lo que vemos, se lo aseguro".

Por un momento, el tono de voz, sin alzarse, roza la furia. Luego, al referirse a su experiencia como profesor de narrativa, se zambulle de nuevo en la ironía. "Me cansé", explica. "Me cansé de esos alumnos que te dicen: 'Hace dos años que no leo un libro, pero el último que leí era uno suyo'. Me cansé de esos chicos que se pasan el curso mirándote en silencio. Me cansé de que en cada curso hubiera sólo un buen estudiante. Cansancio aparte, también habría que tener en cuenta, supongo, que ya no necesito el dinero de la universidad. Eso debe haber contribuido a mi decisión de abandonar la carrera docente".

Cuando aún enseñaba, justo después de su primera novela, Un trago antes de la guerra, Lehane dirigió en 1995 una película. El periodista creía que la película, Vecindarios, era un documental sobre Boston. "No, qué va, era una comedia romántica. Pero no me extraña su confusión, porque nadie la vio. Ni mi mujer la ha visto. Fue un fracaso rotundo. Imagino que no era tan mala, pero comprobé que dirigir no era lo mío. Sé decidir un encuadre, sé filmar una escena; ahora bien, cuando llega ese momento en el que dedicas tres horas a discutir con un actor sobre cómo debe sostener un cigarrillo, me exaspero. A Scorsese le encanta, yo no lo soporto. No habría llegado a nada".

Lehane tuvo un hijo en agosto y eso interrumpió su relativa disciplina de trabajo. Ahora está terminando una nueva entrega de la serie Kenzie-Gennaro. "Dejé la serie tras la quinta novela porque ahí hay que marcar la frontera. ¿Se ha fijado en que ninguna serie de televisión aguanta bien más allá de cinco temporadas? The Wire llegó a la quinta, y llegó bien, pero la quinta fue peor que la cuarta. Se alcanza un punto en el que hay que forzar demasiado a los personajes. ¿Podíamos los guionistas de The Wire inventar nuevas formas de putear al pobre McNulty? Eso me pasó con Kenzie y Gennaro. Ahora, sin embargo, han transcurrido diez años, el mundo ha cambiado, ellos han envejecido, y la cosa vuelve a ser interesante".

Cuando acabe la nueva entrega detectivesca, se sumergirá en la continuación de Cualquier otro día. El hermano menor del policía blanco protagonizará una historia con la Mafia como fondo. Quién sabe: tal vez se esté fraguando esa quimera, tan remota y peligrosa como Moby Dick, llamada la gran novela americana.

'Cualquier otro día'. Dennis Lehane. Traducción de Carlos Milla e Isabel Ferrer. RBA. Barcelona, 2010. 728 páginas. 23 euros.

EL PAÍS