viernes, 10 de febrero de 2017

Andrea Camilleri / Cinco novelas


Andrea Camilleri
CINCO NOVELAS



LA FORMA DEL AGUA

En una cálida noche siciliana, tras nadar un buen rato en las tranquilas aguas que se remansan a escasos metros de su casa a orillas del mar, Salvo Montalbano emerge de la oscuridad con las ideas más claras: la solución del caso le ronda las narices, así que sólo es cuestión de paciencia y método, para lo cual nada mejor que relajarse antes con algún manjar preparado por Adelina, su fiel asistenta. Si a los asiduos lectores de Andrea Camilleri esta escena les resultará familiar, los lectores no iniciados merecen una breve introducción: Salvo Montalbano tiene cuarenta y cinco años, conserva una novia en Génova y es comisario de policía del pequeño pueblo de Vigàta, en Sicilia, que si bien no se encuentra en ningún mapa de este mundo es más real que la vida misma. Fiel amigo de sus amigos, amante de la buena mesa y sabedor de que la tierra ha girado y girará muchas veces en torno al sol, Montalbano es el compendio vivo de las antiquísimas culturas mediterráneas. Su calidad humana, unida a su infalible perspicacia, han hecho de su creador, Andrea Camilleri, uno de los autores más leídos de Europa.

En esta ocasión, un conocido político y empresario aparece muerto semidesnudo en el interior de su coche en un arrabal donde reinan la prostitución y la droga. Todo apunta a que ha fallecido de un ataque al corazón después de haber mantenido relaciones íntimas con una persona desconocida. Sin embargo, el comisario Montalbano no se fía, y armado con su natural olfato para los comportamientos extraños, se propone descubrir la trama sexual y política que se esconde tras el presunto crimen.

Camilleri

LA EDAD DE LA DUDA


Tanto buscando series policiacas como si se quiere aventurar a probar un nuevo género, La edad de la duda de Andrea Camilleri (Editorial Salamandra) es una novela de uso y disfrute a cualquier hora y en cualquier lugar. El comisario siciliano Salvo Montalbano tiene tras de sí una larga lista de exitosos títulos desde que su creador le diese vida en 1994 y ésta no iba a ser menos.

L’età del dubbio vio la luz en Italia hace cuatro años, pero por fin lo tenemos dentro de nuestras fronteras listo para provocar risotadas y momentos de seriedad e intriga a partes iguales. Humor negro, pasión y misterio nos envuelven en una trama independiente capaz de despertar, al pasar la última página, la necesidad de rescatar todo lo que Camilleri ha escrito sobre el irreverente policía.

El Vanna, una visita inesperada

Últimamente, Montalbano tiene encuentros con su conciencia a través de pesadillas. La noche precedente al nuevo caso asiste a su propio funeral y observa desconcertado la ausencia de su novia Livia. A priori parece un acontecimiento insustancial, más aún cuando su mundo interior pasa a segundo plano a la mañana siguiente. El mar ha engullido la carretera y un vehículo está a punto de ser absorbido por el agua. En el interior hay una joven asustada que dice llamarse Vanna Digiulio.

La razón de su presencia en Vigàta es visitar a su tía, una viuda rica dedicada a navegar por el mundo en su velero de lujo. La próxima parada está precisamente allí. El nombre de la embarcación coincide con el de ella: Vanna. Montalbano decide estar al tanto de la llegada de la embarcación al puerto con el único fin de ayudar a la chica. Sin embargo, ese acto altruista será el inicio de la aventura más marítima de todas las experimentadas.

A bordo llevan el cadáver de un hombre desnudo con la cara destrozada encontrado en las inmediaciones. Antes de iniciar la investigación, la sobrina se esfuma. ¿Tomadura de pelo por parte de la señorita? ¿Simple coincidencia? ¿Es ella realmente familiar de la propietaria del Vanna? ¿Quién es el hombre de la cara desfigurada y cómo ha muerto? Montalbano intenta escaquearse sin suerte, aunque es indiscutible que la situación le despierta verdadera curiosidad.

La tentación del comisario

En medio de tantos interrogantes sin respuestas rápidas, Salvo Montalbano trabajará codo con codo con la teniente Laura Belladonna quien, haciendo honor a su apellido, goza de una belleza magnética difícilmente desapercibida y una juventud envidiable. Sin saber cómo, la atracción surge entre ellos y Salvo no sabrá de qué manera detener lo que empieza a sentir por ella. Belladonna le desestabiliza, lo desconcentra, pero nada impide que la investigación siga su curso ayudado de sus compañeros Fazio y Mimí Augello.

Las apariencias de su personalidad, insolente, mordaz y cargada de un humor a la que no cualquiera sabe llevar la corriente, chocan con su verdadera forma de pensar, cada vez más madura, más reflexiva. El drama de la inmigración tan común en las proximidades de la comisaría y su implicación en las labores encomendadas demuestran que Montalbano es humano, sufre, se inquieta, persigue soluciones.

Laura es, además, la tentación desequilibrante de algo intocable hasta el momento: su vida sentimental. A sus 58 años la única mujer dueña de sus pensamientos es Livia y por culpa del Vanna sus convicciones se irán al garete. Rememorará el nerviosismo, la euforia y de repente la tristeza, la soledad, la falta de control sobre los impulsos y el deseo de ser correspondido propios del primer romance adolescente. Un sinfín de contratiempos hace que nunca se encuentren y que el destino se empeñe en señalarles la imposibilidad de consumar la dicha de estar juntos.

El peculiar estilo de Camilleri

Al margen del drama y de las complicaciones surgidas en la obra, “La edad de la duda” consigue desprendernos carcajadas sinceras ya sea por el carácter del protagonista como por los personajes con los que interactúa. Catarella es uno de ellos. Desempeña la función de secretario-recepcionista en la comisaría y aparte de su extrañamente cómica forma de hablar, tiene el problema de no tomar los nombres de quienes llaman por teléfono correctamente. Los diálogos ágiles entre él y el comisario aceleran la prontitud con que te asaltarán las ganas de reír.

También llaman la atención las conversaciones de Montalbano con su “Pepito Grillo” particular. Éste trata de enseñarle el camino correcto ofreciéndole alternativas razonables, aunque casi siempre después de darle horas de excesivo trabajo a las neuronas tiende a dejarse llevar por lo que le pide el cuerpo. Camilleri, por cierto, no escatima en el empleo de insultos, mostrándonos el lado áspero y, a pesar de todo, socarrón de Montalbano. Podríamos decir que la única pega del libro es la rapidez con la que se pasan las páginas, plagadas de guiones que acortan el tiempo de lectura.

Si no conoce al autor…

Debe saber que nació en Sicilia en 1925 y que vive en Roma, donde impartió clases de arte dramático. La mayor parte de su vida la ha dedicado a crear guiones de teatro y televisión, pero sin duda escribir libros es uno de sus grandes dones. Fue hace 18 años cuando la inspiración dio lugar al personaje de Salvo Montalbano. A novela por año, Camilleri suele encabezar las listas de éxitos italianas y es uno de los escritores más leídos en Europa. ¿Será usted el próximo en sumarse a la inabarcable cifra de lectores?

LA DANZA DE LA GAVIOTA
Creo que no es la primera vez que os cuento que de todos, todos los detectives, comisarios e inspectores sobre los que leo, Montalbano es mi preferido. Y tampoco es la primera vez que os digo que Andrea Camilleri, su creador, es uno de los escritores que más me gusta. En fin, que, hoy, me toca repetirme un poco y hablar de un escritor que ya ha pasado por aquí más de una vez y de un personaje que es un viejo conocido.

Esta vez el misterio y la intriga llegan de la mano de Fazio, personaje entrañable y mano derecha de Montalbano desde sus primeras andanzas. Ha desaparecido y los pocos datos que en la comisaria tienen de él no hacen presagiar nada bueno. El comisario más preocupado de lo que nunca le hayamos visto y el resto de sus hombres no van a dejar piedra sin levantar hasta encontrarle, vivo ¿o muerto?

Cuando un escritor tiene una serie larga de novelas es inevitable que las cosas vayan cambiando porque los personajes crecen y maduran en cada nuevo título. También es inevitable que unos libros nos gusten más que otros. Desde que Montalbano empezó a hacerse mayor hubo algunas veces en que pensé que, aunque a mí seguían gustándome mucho, las historias habían perdido algo de frescura. Yo siempre he disfrutado leyendo lo que Camilleri escribe pero, de vez en cuando, echaba de menos al comisario de los primeros libros.

  Pues bien, esta vez, debo decir que este escritor, para mí tan genial, ha vuelto a superarse y ha escrito una novela fresca, como las del principio, llena de ese humor gamberro que tanto me gusta y cargada de acción y agilidad. Como siempre, ha conseguido que suelte una carcajada de esas que no puedes parar (siempre me pasa con Montalbano) y que disfrute mucho, muchísimo con esta lectura. Además, en esta ocasión, toda la novela tiene un fondo emotivo en el que se ve claramente que los vínculos del comisario con su gente, a la que ya conocemos de sobra, son fuertes y muy humanos. La preocupación del comisario por la desaparición de Fazio y varios momentos emocionantes dan un toque diferente a esta aventura.

En fin, para los que aún no conozcáis a Salvo Montalbano, a Fazio, a Mimí o al genial Catarella, ya sabéis, os recomiendo que les deis una oportunidad. Para los que ya os habéis encontrado con ellos y los apreciáis como yo, esta nueva aventura es tan estupenda como siempre.
      Curiosamente, hace unos días vi que este año en la editorial han cambiado la novela de corte intimista de Camilleri que suelen publicar por otra policiaca así que, aunque tenga ganas de volver a leer esa faceta del autor, espero poder sumergirme pronto las nuevas historias de mi querido comisario Montalbano.


EL CAMPO DEL ALFARERO
Creo que ya os he dicho que soy una gran lectora de novela policiaca. Me gusta mucho y siempre estoy buscando nuevos autores o historias por descubrir. Comparto esta afición con mi padre así que uno u otro nos vamos encontrando libros interesantes que viajan de su casa a la mía continuamente.

Este no es un descubrimiento actual, es, junto con Henning Mankell, uno de mis escritores favoritos del género y su personaje, seguramente al que más cariño tenga (miss Marple, Sherlock Holmes y Kurt Wallander le acompañan muy de cerca).

En este libro, nos encontramos al comisario Salvo Montalvano, ya maduro y cercano a su jubilación, ante un cadáver descuartizado (presumiblemente un castigo de la mafia a un traidor), con su segundo de un humor de perros y un par de episodios aislados aparentemente sin importancia. Salvo el problema con su compañero y amigo, nada le parece a nuestro comisario especialmente complicado pero, como en todas las novelas de misterios y asesinatos, las cosas no son lo que parecen y aún tendremos que dar muchas vueltas para ver todos estos temas con claridad.

Hemos acompañado al comisario durante gran parte de su carrera y hemos visto su evolución, en El campo del alfarero lo encontramos sereno y parece que ha asumido perfectamente que se va haciendo mayor. También conocemos a sus compañeros y el mal humor de Mimí Aguello, subcomisario de Vigata nos entristece pero, sobre todo, nos intriga.

Esta vez, además, intuimos que el asesinato al que nos enfrentamos no es tan sencillo y que las desapariciones y episodios que rodean la trama principal no son tan insignificantes como parecen aunque, ¿quién sabe? Tratándose de la mafia, nunca se sabe. Sobre todo, si tenemos en cuenta que, los grandes jefes ya son mayores y las nuevas generaciones no comulgan con sus códigos de honor y sus maneras “elegantes”.

Andrea Camilleri es, para mí, un maestro de la palabra, un gran escritor que, independientemente de que nos guste o no lo que escribe (a mí me encanta) tiene la capacidad de saber poner la palabra justa en el momento adecuado y la facilidad de elaborar diálogos geniales.

Su literatura, cuando abandona a su personaje más conocido, suele ser intimista y tierna pero siempre ágil y fácil de leer. Es de esos autores nada presuntuosos que siempre tienen algo bonito para regalarnos.

Me gusta especialmente su capacidad para llevarnos a lo más recóndito de la isla de Sicilia y hacer que conozcamos a sus gentes y sus costumbres como si estuviéramos allí mismo. Siempre con cariño y con humor.



      Cuando es una aventura de Montalvano la que tenemos entre manos, podemos perfectamente pasear por los pasillos de la comisaria, sentir el calor sofocante de los veranos y conocer, como si conviviéramos con ellos a diario a las dos familias mafiosas que se reparten Viagata.

Aunque nos encontremos ante crímenes de los mas macabros, su manera de contárnoslos siempre es sencilla y acompañamos al comisario en su resolución con facilidad pero siempre intrigados.

Además, los libros de Camilleri, especialmente estos, rezuman humor por todas partes, un humor sano y coloquial. No os exagero si os digo que yo siempre, siempre, en todos sus libros, encuentro un pasaje en el que me río hasta que se me saltan las lágrimas. No sé si a todo el mundo le pasa pero yo sonrío durante toda la lectura y en algún momento me carcajeo como una loca.

Tal vez yo no sea muy objetiva a la hora de juzgar sus novelas, a mí, simplemente me encantan y solo les veo un fallo, en dos días me las he terminado.




EL HOMBRE DEL TRAJE GRIS
Ya os he contado más de una vez que me encanta Andrea Camilleri y que me gustan, no solo sus novelas policiacas, sino también las que no lo son, que suelen tener un corte más intimista. Pues bien, la que traigo hoy es una de estas últimas.

Andaba yo a la caza de El campo del alfarero cuando descubrí El traje gris. La Madrina (la hermana de mi abuela) me había hablado de él y me había contado que le había gustado mucho, ¡pero se olvidó de contarme quién era su autor! Así que yo apunté el título en mi lista de pendientes y cuando fui a bichear a la librería me llevé la agradable sorpresa de encontrarme con un nuevo libro de uno de mis autores favoritos. Ya os imaginaréis que no lo dudé y cayó, sin remedio, en mi linda bolsa roja de tela, que es donde caen los libros nuevos antes de llegar a casa.

Nos encontramos a Febo Germosino, el protagonista de esta historia, justo la mañana de su primer día jubilado. Algo confuso, sin saber muy bien qué hacer y tratando de acostumbrarse a su nueva situación. Una de las primeras cosas que hará será revisa sus cajones y allí encontrará las tres únicas cartas anónimas que ha recibido a lo largo de su vida. Estas le harán pensar y recordar y así sabremos quién es y ha sido él, cómo fue su trabajo y sobre todo, conoceremos a Adele, su mujer y empezaremos a entrever y a sospechar que su matrimonio no es, lo que se dice, muy convencional.

A partir de ahí Camilleri nos llevará de la mano por diferentes momentos y episodios de la vida de Febo Germosino, se encarga de sorprendernos y de que nos encariñemos con los personajes y de manera tranquila y pausada iremos viendo cómo pasan los días y sintiendo un sin fin de sensaciones porque, los hechos, nos gustarán más o menos, pero no nos dejarán indiferentes.

Solo puedo ponerle una pega a este libro y es que, literalmente, me duró dos ratos. Lo empecé por la noche y la tarde siguiente, después de comer, lo retomé y ya no pude soltarlo hasta que se acabó. Es un libro cortito y absorbente así qué, era de esperar que me durara poco.

Decir que El traje gris es una delicia es quedarse corto. Como todos los libros de Camilleri ajenos a la serie del comisario Montalvano, las pasiones y los sentimientos humanos llenan todas su páginas, en la mayoría de los casos con una ternura triste que llega al alma. Y con claros ramalazos de un erotismo elegante, en este caso muy presentes, que nos ayudan a conocer a los personajes y que nos muestran las escenas con tanta claridad como si las estuviéramos viendo.

Como siempre, al autor utiliza una prosa fácil pero elaborada que,manteniendo siempre le ritmo que le interesa, nos hace leer con agilidad, sin cansarnos en ningún momento y queriendo saber más de lo que nos cuentan.



     En fin, que a mí me gustó muchísimo este libro, pasé dos ratos realmente agradables leyéndolo y confirmé que Andrea Camilleri es uno de esos autores que siempre me hace disfrutar y que, para mí, representa eso que tanto digo a la hora de fomentar la lectura infantil. Leer tiene que ser divertido, tiene que hacer que los momentos que dejamos en el sofá con un libro entre las manos nos apetezcan más que hacer cualquier otra cosa.



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