sábado, 25 de febrero de 2017

Philippe Besson / James Dean

James Dean, por James Dean

Philippe Besson fantasea en el libro ‘Vive deprisa’ sobre el mítico actor

La obra cuenta su biografía a través de la gente que le rodeó


GREGORIO BELINCHÓN
Madrid 30 SEP 2015 - 15:55 COT



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James Dean, en 1955 en Nueva York.  MAGNUM PHOTOS

¿Alguien sabe de verdad que le pasaba por la cabeza a James Dean?Probablemente quien más cerca estuvo fue Dennis Stock, el fotógrafo. Pero hubo mucha más gente en su vida, desde familiares a amigos, amantes y novias. El escritor francés Philippe Besson –autor de Son frère, Un chico italiano o Un instante de abandono- juguetea con la biografía del mítico actor –del que hoy se cumplen sesenta años de su muerte- en Vive deprisa (Alianza editorial). Es una biografía ficcionada porque cada capítulo está escrito en primera persona, reproduciendo la voz del personaje que protagoniza ese episodio: algunos de ellos como su madre, su padre, sus tíos o el mismo Dean aparecen en varios momentos de esta epopeya coral.

Foto de Dennis Stock
Poster de T.A.

Philippe Besson sale bien parado de este reto usando esos sesenta episodios para que el lector aprehenda la vida y los sentimientos de Dean en 200 páginas. Ya desde la primera página, el francés rinde culto al hombre que analiza abriendo su relato con la famosa frase de Willard Motley en Llamad a cualquier puerta: “Vive deprisa, muere joven y deja un bonito cadáver”. La primera en hablar es la madre del actor, Mildred Dean, de soltera Wilson, que arranca así: “Me morí el 14 de julio de 1940. Jimmy tenía nueve años”. Y retrocede hasta el día que conoció a su futuro marido, un rubio Winton Dean del que cayó perdidamente enamorada.
En realidad el escritor se ha planteado la novela como un documental en el que habla todo el que tuviera cierta importancia en la vida de Dean, incluido Donald Turnupseed, el conductor del Ford Tudor Cupé contra el que el 30 de septiembre de 1955 se estrelló el Spyder 550 de Dean. Entre medias, mucha sinceridad. Como Rock Hudson, al que Besson le hace decir: “Me han preguntado por activa y por pasiva cómo es que no me enamoré de él. Yo, que he estado con tantos hombres, yo, que lo pagué con mi vida, por lo visto debería haberme sentido atraído por él. Pero uno no va hacia el diablo. Y si te vas con él, lo haces a ciegas, sin saber que es el diablo”. O Elizabeth Taylor, que le conoce en el rodaje de Gigante e inmediatamente ve sus similitudes con Montgomery Clift: “Los hermanos pequeños que nos inventamos, que mimamos y que tratamos de salvar de las tormentas, acaba siendo arrastrados por el huracán. Yo era fuerte. Mucho más fuerte. Los sobreviví medio siglo”. También Sal Mineo, enamorado con locura de Dean, y roto por su muerte: “Qué quiere que le diga, América, esta gran nación, no es más que una madre monstruosa, una hija de puta que devora a sus triunfadores y sus ídolos”.
Besson logra que su libro se lea de forma rápida y fluida, cuando en realidad ha debido de ser muy complicado de escribir, al reproducir la forma de hablar de cada personaje (Elia Kazan, George Stevens, Nicholas Ray, Natalie Wood, Tennessee Williams, Pier Angeli…) y absorber todos los datos biográficos y los pensamientos y sentimientos de ellos.
Por Vive deprisa aparecen Marlon Brando, que apenas le conoció una hora, cuando visitó el rodaje de Al este del edén (“Parecía saber lo que quería. Más tarde fui a ver sus películas y entonces comprendí. Me di cuenta de que era un puto genio”), Dennis Stock, fotógrafo que debe su fama a los míticos retratos de Dean, y al que agradece su carrera... Y por supuesto, aparece Dean, que en la última línea suspira: “¿Ves, mamá? Yo tenía razón; no hemos estado separados mucho tiempo”.

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