viernes, 4 de diciembre de 2015

Jhumpa Lahiri / Intérprete de emociones

Jhumpa Lahiri

Jhumpa Lahiri

BIOGRAFÍA 

INTÉRPRETE DE EMOCIONES


Por Carlos Ramos
15 de enero de 2006
Ganar el Pulitzer suele ser el resultado de una larga trayectoria en el ojo público. Obtenerlo es casi siempre la culminación de una carrera brillante. Jhumpa Lahiri consiguió en el año 2000 algo extraordinario: lo ganó siendo joven y con su primer libro. Sus amigos enloquecimos con la noticia. Ella parece que no.
El primer indicio que tuvimos quienes la conocíamos de que Jhumpa podía tener por delante una carrera como escritora fue justo al acabar su doctorado, mientras disfrutaba de una beca de creación en Provincetown (Cape Cod, en la costa de Massachusetts), y todos andábamos, con distintas intensidades, preocupados por el futuro y sus incógnitas. En poco tiempo, encontró un agente, vendió su libro Interpreter of Maladies (Intérprete de emociones, Ediciones del Bronce, 2000) y publicó una historia en The New Yorker. Era el año 1998 y lo mejor estaba aún por llegar. La colección se publicó en 1999 y fue recibida con entusiasmo por críticos y lectores. En abril de 2000, la bomba: el Pulitzer.




Intérprete de emociones contiene nueve historias con protagonistas ubicados en India y en los Estados Unidos y frecuentemente a caballo entre los dos espacios. Los desplazamientos culturales que experimentan emigrantes indios de primera y segunda generación y los trasiegos de sus sentimientos dotan a los personajes de una complejidad que no afecta a la prosa, que es siempre limpia y fluida. Decía Chekhov que en un relato corto no era preciso resolver un problema, sólo plantearlo adecuadamente, y eso es lo que consiguió Jhumpa en ese libro con facilidad pasmosa. Se trata de una escritura austera y precisa, pero de una profundidad al tratar los temas de la identidad y las relaciones interpersonales que convirtió al libro y a la autora en revelaciones instantáneas.

Jhumpa Lahiri / El triunfo del cuento

Jhumpa Lahiri

El triunfo del cuento

La literatura nos ayuda a "entender la parte más difícil de la vida", afirma Jhumpa Lahiri. La autora estadounidense de origen indio publica Tierra desacostumbrada, un conmovedor libro de relatos que se plantea como una de las sorpresas del año.



El inmenso talento literario de Jhumpa Lahiri (Londres, 1967) se basa en que es capaz de contar una y otra vez la misma historia, relatos de inmigrantes indios en la Costa Este de Estados Unidos, y que siempre sea diferente. La crítica la ha comparado con una miniaturista por su capacidad para describir con precisión un mundo pequeño mientras lo convierte en universal. Pero sus relatos son mucho más, se quedan flotando en la memoria durante horas, durante días porque, en el fondo, tocan los temas más importantes de la vida: el amor, la familia y la identidad.
Su último libro, Tierra desacostumbrada, que sale esta semana en España editado por Salamandra, reúne ocho cuentos, aunque los tres últimos forman en realidad una pequeña novela, la historia de Hema y Kaushik. El relato arranca en su niñez, sigue en su juventud y acaba reuniéndolos en Roma cuando ella es una experta en el mundo clásico, que investiga la civilización etrusca, y él un fotógrafo de guerra a punto de colgar las cámaras. Estas cien páginas constituyen una joya literaria que genera constantes emociones en el lector. Su viaje a la ciudad toscana de Volterra, solitaria, herida, magnífica, llena de fantasmas etruscos, será algo muy difícil de olvidar para todos aquellos que recorran estas páginas.

Jhumpa Lahiri
Poster de T.A.


"Las historias de este libro son completamente inventadas, no se apoyan en una realidad concreta"

"La literatura puede analizar las relaciones humanas de una forma que otras artes no pueden conseguir"

"Estados Unidos parece haber descubierto por fin la importancia de la comida, y es algo que en mi familia siempre ha sido obvio"

"Para mí, las cosas que no se dicen entre personas muy cercanas son muy interesantes, y mucho más como narradora"
Por su primer libro, El intérprete de enfermedades, recibió el Premio Pulitzer a la mejor obra de ficción cuando acababa de cumplir 32 años. Fue un galardón sorprendente, que Jhumpa Lahiri vivió con una mezcla de ilusión e incredulidad. Luego escribió una novela, El buen nombre,que relata la historia de una familia india desde que emigra a Estados Unidos hasta que sus hijos crecen ya convertidos en ciudadanos del nuevo mundo. El libro fue llevado al cine por la realizadora india Mira Nair en 2006. Con Tierra desacostumbrada -título tomado de Nathaniel Hawthorne-, regresa a sus temas eternos, al mundo de los pequeños dramas familiares, de los indios que luchan toda su vida por adaptarse a un mundo nuevo, a las historias de amor cansadas, a lo nunca dicho que pesa mucho más que lo dicho. Es una lectura absorbente, llena de sorpresas.

Jhumpa Lahiri

La entrevista (en un viaje organizado por Salamandra) tiene lugar en la casa de Lahiri en Brooklyn. Fuera cae una intensa nevada, aunque la luz se cuela desde el jardín. La escritora, tímida, guapa, está casada con un periodista guatemalteco, Alberto Vourvoulias-Bush, director de La Prensa, el diario en español más importante de Nueva York. Tienen dos hijos cuyas risas lejanas acompañan la conversación. Nació en Londres de padres indios, aunque se trasladaron a Rhode Island cuando era una niña y creció en Kingston. Sus hijos son una mezcla de culturas que viven en el barrio de Nueva York que simboliza precisamente ese mundo en el que la identidad cultural se diluye. Y, sí, podría ser tal vez uno de sus personajes, aunque la diferencia es que sus libros están llenos de historias de amor tristes (a veces parecen variaciones sobre la frase con la que arranca Anna Karenina: "Todas las familias felices se parecen, las desdichadas lo son cada una a su modo"), mientras que su casa, su mirada, exhalan tranquilidad y felicidad.

jueves, 3 de diciembre de 2015

Jhumpa Lahiri / Una medida temporal


Jhumpa Lahiri
BIOGRAFÍA
UNA MEDIDA TEMPORAL

El aviso les informó de que la medida era temporal: durante cinco días les cortarían la electricidad por espacio de una hora, a partir de las ocho de la noche. La última tormenta de nieve había producido una avería en el suministro y los empleados de la compañia iban a acometer la reparación a primera hora de la noche, cuando el clima era algo más clemente. La reparación iba a afectar solamente a las casas de la tranquila calle arbolada, cercana a una hilera de tiendas con fachadas de ladrillo y una parada de tranvía, en la que Shoba y Shukumar habían vivido durante tres años.

Haruki Murakami / Días de cigarrillos y gatos

Haruki Murakami


Haruki Murakami

Días de cigarrillos y gatos

Murakami escribió estas dos primeras novelas sin referencias ni casi tradición. La clave es leerlas como un cómic con diálogos de humanoides incapaces de comunicarse


CARLOS ZANÓN
3 DIC 2015

Murakami (Kioto, 1949) accedió, a petición de sus seguidores, a publicar en castellano sus dos primeras novelas en japonés, que hasta ahora solo habían sido traducidas al inglés. Escucha la canción del viento fue en 1979 y Pinball 1973 un año después. El propio Murakami añade un prólogo explicando cómo y cuándo nació su decisión de ser escritor, y la génesis de ambos libros. Novelas escritas en la mesa de la cocina las llama. Murakami es de esos autores que no deja indiferente a nadie, polarizando las reacciones a sus obras, sus declaraciones y su personaje. En el propio prólogo, redunda en una mitología epifánica muy de su gusto que propicia éxtasis espiritual a sus devotos y uñas deslizándose por una pizarra a los que no lo son. Así, decidió, sin habérselo planteado antes, ser novelista cuando vio un bateo de un jugador de los Yakult Swallows, hermoso golpe que le propició seguir hasta la segunda base —ojos en blanco para fans o tics nerviosos para los tibios—. Una vez escrita Escucha la canción del viento la envió a un concurso y, al encontrarse una paloma enferma en la calle, supo que ganaría el certamen y no dejaría de escribir —levitación para unos y arrojarse por la ventana más cercana para los otros—. Murakami no tiene punto medio: o lo tomas o lo dejas.
Centrándonos en estos libros breves, no es menor el tratar de imaginar qué significaron ambos en el año de publicación. Novelas como llegadas de ningún sitio, cómics pop, sin referencias ni casi tradición. No se puede discutir de Murakami la creación de un universo par­ticular, extraño y, hasta cierto punto, mecanizado, alienígena. No se trata sólo de una ventana a un mundo —el japonés— menos conocido para nosotros que, por ejemplo, el anglosajón, sino que los personajes y las relaciones de éstos en las novelas de Murakami obedecen a sus propias leyes, hallazgo enorme este de creación de un universo personal, no natural que remite a un realismo que no es tal. Por eso Murakami es un grande.
Parte de esa sensación de alteridad, de leer sobre personajes que nos escriben desde detrás de mamparas, está en la peripecia explicada en el propio prólogo de Murakami por encontrar su voz, su tono. La primera novela fue escrita en japonés, pero su autor tuvo la sensación de que no había conseguido dominar ese idioma para eliminar lo superfluo. Así que tradujo su propio libro a una lengua, el inglés, que no dominaba. El resultado, pobre en cuanto fondo de armario, le propició algo de lo que buscaba: frescor, esencialidad, una asunción de riesgo. Así que realizó una tercera operación, esta de trasplante, en sus propias palabras, al japonés nuevamente. El resultado ya fue de su agrado.




Días de cigarrillos y gatos


En la primera de las novelas, Escucha la canción del viento, ya aparece mucho del mundo de su autor: la música jazz y pop, bares donde te instalarías a vivir, mujeres misteriosas que aparecen y se van, gatos, cigarrillos, adolescentes discretas y suicidas, relaciones sentimentales impedidas, que se desvanecen antes de empezar, soledades morbosas, lejanías y un intento de fuga del entorno, del pozo, de uno mismo. Escrita en 1979, Murakami ofrece una desfachatez elogiable en lo estilístico, pergeñando una novela desmañada y casi perezosa, sin concesiones, arrogante y peculiar, que dejaba entrever que sin mirar lo que se hacía en ese momento, en su país y fuera de él, mostraba una literatura rabiosamente moderna y epatante. Uno de los protagonistas, El Rata, y el bar ancla, el Jay’s, reaparecen en la segunda novela, Pinball 1973, bordeando una fábula sci-fi, en la pasión de su protagonista —amigo de El Rata que en una subtrama escribe una novela— por las máquinas de flippers a que hace referencia el título. Este convive con dos gemelas de las que nada sabemos y que se despiden de igual manera, y su modo de vida excéntrico y, a ratos, absurdo, hace las paces con el lector no fan cuando aceptas el envite a la baja, así como la multiplicación de gatos y la tonelada de cigarrillos fumados por sus protagonistas. La clave, quizás, es leerlo como un cómic, con diálogos de ese tenor, con humanoides replicantes ante la imposibilidad absoluta de comunicarse, al haber renunciado a los usos sociales, a la hipocresía, a la sociabilidad de la conversación de ascensor. Abocados a la confusión de creer que sienten cuando se obsesionan. ¿De qué? De cualquier cosa que mediante un comportamiento compulsivo permita rellenar tu vida: un fracaso amoroso, una cita anulada, recoger bolas de golf extraviadas, escuchar Rubber Soul o una máquina de pinball. Murakami exhibe en esta segunda novela semejante sentido del riesgo pero más hechuras de narrador, preámbulo de una manera de escribir y de organizar sus libros en mecanos distantes, fríos, extravagantes, a ratos insospechablemente cercanos, mágicos o desesperantes golosinas, con sentencias vergonzantes, dependiendo de los gustos. Un placer para los admiradores del japonés, que se merecían poder leer estas novelas en su idioma. Para los tibios, hay montañas de libros mejores entre los que elegir —algunos del propio Murakami—. Para los detractores, nada, porque habrán abandonado toda esperanza y esta reseña hace rato.
Escucha la canción del viento. Pinball 1973 /Escolta la cançó del vent. Pinball 1973. Haruki Murakami. Traducción de Lourdes Porta. Tusquets / Empúries. Barcelona, 2015. 288 páginas. 18,05 euros.

Actriz de Two and a half men reveló que es lesbiana y ya presentó a su novia

Sarah Paulson y Holland Taylor


Actriz de Two and 

a half men reveló 

que es lesbiana 

y ya presentó a su novia

Se trata de Holland Taylor, que hacía
de madre de Charlie Harper.

Holland Taylor, recordada por su papel de madre del personaje de Charlie Sheen en Two and a half men, confesó hace unos días que es lesbiana.
Consultada por la periodista Anna Sale acerca de su interés por el matrimonio, Taylor afirmó: "Mi relación es con una mujer y dada mi edad, no es algo que automáticamente se me hubiese ocurrido. Como un símbolo, como una prenda, como una muestra de fidelidad, sería algo maravilloso de hacer".
"No había salido (del clóset) porque estoy fuera. Vivo fuera", dijo luego la actriz de 72 años.
Después de esta revelación se conoció que Taylor está en pareja con la actriz Sarah Paulson, de 40 años, al menos hace 6 meses.


miércoles, 2 de diciembre de 2015

New York Stories / Historias de Nueva York


NEW YORK STORIES
HISTORIAS DE NUEVA YORK
New York Stories es una película ómnibus de Estados Unidos estrenada en dicho país en marzo de 1989.
La película está compuesta por tres historias que tienen como tema central la Ciudad de Nueva York. Ellas son:
  • Life Lessons (Apuntes al natural), dirigida por Martin Scorsese y escrita por Richard Price.
  • Life Without Zoe (Vida sin Zoe), dirigida por Francis Ford Coppola y escrita por éste junto a Sofia Coppola.
  • Oedipus Wrecks (Edipo reprimido), escrita y dirigida por Woody Allen.
Las críticas, por lo general, fueron positivas para Life Lessons y Oedipus Wrecks, pero no para Life Without Zoe. Por ejemplo, Hal Hinson, del periódico The Washington Post dijo de la historia de Coppola: "es, de lejos, el peor trabajo del director hasta la fecha".
Life Without Zoe cuenta con Talia Shire y Giancarlo Giannini.


APUNTES AL NATURAL

Lionel Dobie es un maduro pintor que se encuentra atrapado entre su pasión por el arte y el amor que siente por su sensual y joven asistente. Ha conseguido que ésta siga ocupando una habitación en su estudio pero parece imposible reanudar la relación.


New York Stories
Life Lessons

VIDA SIN ZOÉ
La pequeña Zoe pretenderá conseguir que sus padres, siempre ausentes, se reconcilien. La niña lleva una vida aburrida y millonaria hasta que, en el mismo día, dos acontecimientos lo cambian todo: descubre a su primer amigo, un príncipe árabe y el lujoso hotel en el que vive sufre el asalto de una peligrosa banda.

EDIPO REDIMIDO
Principalmente Woody Allen con esta película, trata de crear un mundo infraternal. Un empresario que termina con su novia y consigue problemas laborales a causa de su madre. Son las decadencias que se les imponen. Siendo solución a todo esto la desaparición de su madre por un mago; gracias a esta desaparición, encuentra un nuevo amor en una adivina. Llega a lo irónico cuando su madre aparece como una especie de conciencia que lo juzga delante de todos. Al final se queda con su nuevo amor y su metiche madre. Allen expone con esto su clásico problema psicoanalista que lo atormenta.


Woody Allen / Con el sello de Bergman

Woody Allen, Interiores
Hugo Caligaris
CON EL SÉPTIMO SELLO DE WOODY
BIOGRAFÍA
Buenos Aires, La Nación
Viernes 7 de enero de 2011

Woody Allen, Hannah y sus hermanas




Woody Allen hubiera querido ser Bergman, lo que prueba su buen gusto en materia de cine. Como era previsible, no lo consiguió: cuando uno se pone metas demasiado altas debe estar listo para trabajar mucho y fracasar todavía más. Por suerte, el humor lo salvó y, junto con él, a los honestos cinéfilos, que no se merecían una mala réplica. Y si bien en la inclinación por plantearse grandes cuestiones existenciales Woody se iguala con el sueco, se difererencia de él en materia de gracia. Cuando ríe, Bergman puede ser directo y fresco (recordar, por ejemplo, Sonrisas de una noche de verano). El humor de Allen tiene su propio sello. No es el séptimo sello bergmaniano, sino el sello de la Séptima Avenida, de los teatros, los cafés y las librerías de Manhattan. Es un humor filoso, intelectual, autoincriminatorio, que se articula con un talento poco usual para el vodevil y con un sentido del ridículo que apunta siempre como primer objetivo contra la figura del mismo comediante. A los 75 años, Woody expresa como nadie el brillo y los traumas de una ciudad que nunca fue tan Nueva York como en sus películas.

William Boyd / Suave caricia / Reseña

William Boyd


Este libro nos acaricia

William Boyd seduce con una trama redonda escrita con solidez: la historia de una fotógrafa que recorre el siglo XX


JOSÉ MARÍA GUELBENZU
2 DIC 2015 - 18:04 COT







Oswald Mosley, en Londres en 1939.
Oswald Mosley, en Londres en 1939. POPPERFOTO (GETTY)

Ningún título más apropiado para esta novela, Suave caricia, porque eso es lo que siente el lector cuando la lee. ­William Boyd cuenta en ella la historia personal de Amory Clay, nacida al comienzo del siglo XX en una familia compuesta por el padre, un modesto autor teatral y hombre de letras que, tras la Primera Guerra Mundial, queda seriamente afectado y alejado de la familia; la madre, una mujer tradicional y de carácter, y los hermanos de Amory, Elizabeth y Xan. A diferencia de su hermana Elizabeth, que recibe estudios superiores de música, Amory, una vez que abandona el colegio, debe buscarse la vida y a ello la ayudará su tío Greville, un reputado fotógrafo de sociedad que le regala una cámara y la introduce en la revista BeauMonde.

martes, 1 de diciembre de 2015

Triunfo Arciniegas / El final de Annie Hall




Triunfo Arciniegas
EL FINAL DE ANNIE HALL

Vi Annie Hall por primera vez en mi adolescencia y durante años sólo recordé su brillante final. Es una de las mejores películas de Woody Allen, sin duda. En 1978 se llevó unos cuantos Oscar. La escena de las langostas, la escena de la araña, la escena de la invitación después del partido de tenis y la escena de la mujer que se desdobla en la cama son, desde luego, maravillosas, y conforman una obra maestra. Pero el chiste del final de la película es en verdad doloroso, muy cierto y de alguna manera esperanzador.
Transcribo el texto en inglés:

Annie and I had lunch some after that and just kicked around old times.
After that, it go late and we both had to go. But it was great seeing Annie again. I realize what a terrific person she was and how much fun it was just knowing her.
And I thought of that old joke. This guy goes to a psychiatrist and says, “Doc, my brother’s crazy. He thinks he’s a chicken.” The doctor says, “Why don’t you turn him in?” The guy says, “I would, but I need the eggs.”
Well, I guess that’s, now, how I feel about relationship. They’re totally irrational, crazy and absurd. But I guess we keep going throught it… because most of us need the eggs.




Esta es mi traducción al español:

Annie y yo comimos después de aquella vez y entonces recordamos viejos tiempos.
Luego se hizo tarde y tuvimos que irnos. Pero fue grandioso volver a ver a Annie. Me di cuenta de la tremenda persona que era y de lo divertido que resultaba tan solo conocerla.
Y entonces pensé en aquel viejo chiste. Un tipo va al sicoanalista y le dice: “Doctor, mi hermano está loco. Piensa que es una gallina”. Y el doctor dice: “¿Porqué no lo interna?” El tipo dice: “Lo haría pero necesito los huevos”.                                                                                                   
Pienso lo mismo de las relaciones. Son totalmente irracionales, locas y absurdas. Pero creo que las mantenemos porque la mayoría de nosotros necesita los huevos.




La metafóra de la gallina y los huevos es literal. Así la escribió Woody Allen en el guión de Annie Hall. Pero existe un doblaje con metáfora de bombilla que me sorprende y me encanta. La última frase de la película nos queda en la memoria cuando salimos del cine, cuando llegamos a casa, cuando nos despertamos al día siguiente, y sigue y sigue rondando en nuestra mente durante días, meses y años, porque es bella y porque la hacemos nuestra. Dice así:

Annie y yo almorzamos juntos poco después y solo recordamos viejos tiempos.
Después de eso se hizo muy tarde. Ambos tuvimos que irnos. Pero fue grandioso volver a ver a Annie. Sí. Me di cuenta de la estupenda persona que es ella y lo divertido que era tan solo conocerla.
Y recordé aquella vieja anécdota. La del hombre que va al sicoanalista y le dice: “Doctor, mi hermano está loco. Cree que es una bombilla”. Y el doctor dice: “¿Por qué no lo trae?” Y el hombre dice: “Lo haría, per me quedaría sin luz”.
Bueno, creo que eso se parece mucho a lo que yo opino de las relaciones. ¿Entienden? Son complemente irracionales, locas, absurdas, pero creo que seguimos con ellas porque la mayoría necesitamos que alguien nos ilumine.

Triunfo Arciniegas
Guadalajara, México, 1 de diciembre 2015

Feliz cumpleaños, Woody Allen


Woody Allen

¡Feliz cumpleaños, Woody!


El próximo martes, 1 de diciembre, Allan Stewart Konigsberg, más conocido como Woody Allen, cumple 80 años


    Si les decimos que el próximo martes, 1 de diciembre, Allan Stewart Konigsberg cumple 80 años probablemente no les diga nada. Pero si les aclaramos que tras ese nombre se esconde nada menos que Woody Allen la cosa cambia, y mucho. Porque nos encontramos indudablemente ante uno de los cineastas más importantes, no únicamente de las últimas cuatro décadas, sino de toda la historia del cine.
    TCM celebra este cumpleaños por todo lo alto con una programación especial. Ese día y todos los domingos del mes, el canal emitirá algunas de las mejores películas de la filmografía de Woody Allen como Días de radio, Manhattan, Hannah y sus hermanas, Todos dicen I Love You, Delitos y faltas o La rosa púrpura de El Cairo, una selección de títulos que permiten al espectador recorrer su vida y entender su forma de ser.
    Muchos pueden pensar que detrás de esas gafas de pasta y esa pinta de genio despistado se encuentra un sesudo intelectual. Nada más lejos de la realidad. “Me críe en las calles de Brooklyn y me echaron en el primer año de Universidad”, aclara el propio Woody. “Mi padre era taxista y se buscaba la vida en los billares o apostando en las carreras de caballos. Pertenezco a la clase baja. Soy de esos tipos que están en camiseta en casa bebiendo cerveza y viendo el fútbol americano en la tele. No ando leyendo a los novelistas rusos. Lo he hecho para estar a la altura de mis novias”, dice con una sonrisa.
    Desde muy niño Woody Allen se sintió fascinado por los seriales radiofónicos y por la música, sobre todo por el jazz. Comenzó tocando el violín para, más tarde, decantarse definitivamente por el clarinete. A los dieciséis años inició su carrera como humorista escribiendo chistes para columnistas de periódicos y actuando en pequeños locales. Otro de los mundos que también le apasionaba era el de la magia. “Hay un sentido religioso en la magia. Cuando ves un truco estás ante algo que desafía la realidad”, explica.
    Pero para Allen el cine es la manera más eficaz de evadirse de esa dura realidad del día a día, de escapar de una triste existencia que es, en el fondo, absurda. Él, según confiesa, sigue rodando películas como si fuera una terapia ocupacional, apartando sus pensamientos de las cosas horribles que hay en el mundo. “Vivo en un mundo falso durante diez meses. Creo a unos personajes, convivo con ellos, les visto, les pongo música, les coloco en un decorado. Durante ese tiempo estoy con mujeres hermosas y hombres brillantes que saben lo que dicen y que son valientes. Es mi manera de desafiar o de esconderme de la realidad”.
    Y así, a sus 80 años, el director neoyorquino sigue tejiendo proyectos sin parar. Hace unos meses anunció que escribiría y dirigiría una serie de televisión de seis episodios y para 2016 nos aguarda su próxima película, aún sin título definitivo, protagonizada por Kristen Stewart, Blake Lively, Steve Carell y Jesse Eisenberg. Y mientras tanto, al otro lado de la pantalla, millones de espectadores ya aguardan impacientes la próxima cita con este genial cineasta. Esos que el próximo 1 de diciembre exclamarán con fuerza: ¡We love you Woody Allen! ¡Feliz cumpleaños! y que nos regales muchas historias más.